Lluvia en la Cara, guerrero sioux: biografía de Eastman

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por , traducido por Jorge A. Vergara
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Sioux Warrior Rain-in-the-Face (by Orlando Scott Goff, Public Domain)
Guerrero sioux Lluvia en la Cara Orlando Scott Goff (Public Domain)

Lluvia en la Cara (Ite Omagazu, en torno a 1835-1905) fue un guerrero y jefe de guerra sioux lakota durante la guerra de Nube Roja (1866-1868) y la batalla de Little Bighorn (1876), tras la cual se hizo famoso por ser considerado el hombre que mató al teniente coronel George Armstrong Custer, a su hermano, el capitán Thomas Custer, o a ambos.

No está claro cómo Lluvia en la Cara llegó a ser identificado por primera vez como el asesino de Custer, pero la afirmación fue popularizada por el poema The Revenge of Rain-in-the-Face (La venganza de Lluvia en la Cara), de Henry Wadsworth Longfellow, el poeta estadounidense más vendido de su época, publicado en Keramos and Other Poems (Keramos y otros poemas) (1878). Aunque los autores contemporáneos citan el poema como prueba de que Lluvia en la Cara mató a Thomas Custer, parece claro que el «jefe blanco de cabello amarillo» (verso 9 del poema) alude a George Custer y que es el corazón de George, no el de Thomas, el que Lluvia en la Cara se lleva consigo al final de la composición.

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Lluvia en la Cara es conocido hoy principalmente por dos relatos sobre su vida y el papel que desempeñó en la batalla de Little Bighorn: el informe de 1894 del periodista estadounidense W. Kent Thomas, basado en una «entrevista» realizada en Coney Island, y la biografía publicada en 1905 por el autor y médico sioux Charles A. Eastman (también conocido como Ohiyesa, 1858-1939), los cuales se contradicen entre sí.

El relato de Eastman constituye una respetuosa transcripción de la historia de vida del anciano guerrero y suele considerarse históricamente más fiable.

En la entrevista de Thomas, Lluvia en la Cara afirma que mató a Thomas Custer, le arrancó el corazón y le escupió parte de este en el rostro durante la batalla de Little Bighorn como venganza por haber sido arrestado injustamente por el capitán Custer en 1874. En el relato de Eastman, en cambio, niega el asesinato de cualquiera de los dos hermanos y, además, sostiene que la batalla de Little Bighorn fue tan caótica que nadie podía saber con certeza a quién había dado muerte.

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Dado que la entrevista de W. Kent Thomas se realizó después de que el periodista emborrachara a Lluvia en la Cara con el propósito expreso de obtener la «verdadera historia» de la muerte de Custer, mientras que el relato de Eastman constituye una respetuosa transcripción de la historia de vida del anciano guerrero, este último suele considerarse históricamente más fiable.

Texto

El siguiente texto procede de Indian Heroes and Great Chieftains (Héroes indígenas y grandes jefes) publicado en 1916, por Eastman, en su edición de 1939, republicada en 2016. Ha sido editado por razones de espacio, pero la versión completa puede consultarse más abajo, en la sección «Enlaces externos».

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El célebre guerrero sioux Lluvia en la Cara, cuyo nombre llegó a infundir temor en toda la frontera, murió en su hogar de la reserva de Standing Rock, en Dakota del Norte, el 14 de septiembre de 1905. Aproximadamente dos meses antes de su muerte, fui a visitarlo por última vez, cuando yacía postrado por la enfermedad de la que nunca volvería a levantarse, y recogí de sus propios labios el relato de su vida.

Mi experiencia me había enseñado que no se puede lograr que un indígena cuente una historia, ni siquiera que diga su propio nombre, si se le pregunta directamente.

—Amigo —le dije—, incluso un hombre que sigue una pista reciente se detiene para fumar. En los buenos tiempos de antaño, antes de un ataque, se fumaba. En el hogar, junto al fuego, cuando se pedía a los ancianos que contaran sus hazañas, la pipa volvía a circular. Así pues, ven; fumemos ahora en memoria de aquellos tiempos.

Tomó un poco de mi tabaco, llenó su larga pipa y fumamos. Luego le conté una vieja historia divertida para animarlo a relatar la historia de su vida.

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El anciano yacía en una cama de hierro, cubierto con una manta roja, en un rincón de la pequeña cabaña de troncos. Aquel día estaba completamente solo; únicamente un viejo perro permanecía a los pies de su amo, silencioso y vigilante.

Por fin, alzó la vista y dijo con una sonrisa amable:

—Es cierto, amigo; ¡es una antigua costumbre volver sobre el propio rastro antes de abandonarlo para siempre! Sé que me encuentro a las puertas de la morada de los espíritus.

—Nací cerca de las bifurcaciones del río Cheyenne, hace unos setenta años... Cuando era niño, me gustaba pelear —continuó—. En todos nuestros juegos infantiles tenía fama de ser difícil de vencer, y me enorgullecía mucho de ello.

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—Tenía unos diez años cuando nos encontramos con un grupo de cheyenes. Mantenían relaciones amistosas con nosotros, pero los muchachos siempre participábamos en combates simulados en ocasiones como aquella, y esta vez terminé envuelto en una pelea de verdad con un muchacho cheyene mayor que yo. Logré vencerlo, pero me golpeó varias veces con fuerza en el rostro, y terminé con la cara salpicada de sangre y marcada por las huellas que dejó la pintura al correrse. Los muchachos sioux comenzaron a gritar y exclamaron:

—¡Su enemigo ha caído, y su rostro está salpicado como por la lluvia! ¡Lluvia en la Cara! ¡Su nombre será Lluvia en la Cara!

—Más tarde, cuando ya era un joven, emprendimos una expedición de guerra contra los gros ventres. Robamos algunos de sus caballos, pero nos dieron alcance y tuvimos que abandonar los animales y luchar por nuestras vidas. Yo quería que mi rostro representara el sol parcialmente cubierto por la oscuridad, así que me lo pinté mitad de negro y mitad de rojo. Combatimos durante todo el día bajo la lluvia, y la pintura de mi rostro parcialmente se corrió, dejando vetas rojas y negras; por eso me dieron nuevamente el nombre de Lluvia en la Cara. Lo considerábamos un nombre honorable.

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—Había participado en muchas expediciones de guerra, pero no obtuve éxitos destacados hasta la época en que los sioux comenzaron a combatir contra los hombres blancos...

—Algún tiempo después atacamos un fuerte situado al oeste de las montañas Negras [Fort Phil Kearny, Wyoming]. Fue allí donde matamos a cien soldados. [Los informes militares hablan de ochenta hombres, bajo el mando del capitán Fetterman; ¡no quedó ni uno solo con vida para contarlo!] En aquella batalla estuvieron representadas casi todas las bandas de la nación sioux: Nube Roja, Cola Manchada, Caballo Loco, Toro Sentado, Pie Grande y todos nuestros grandes jefes participaron en ella. Por supuesto, hombres como yo eran entonces relativamente desconocidos. Sin embargo, había muchos jóvenes guerreros célebres, entre ellos Espada, el adolescente Joven Temeroso, Caballo Americano [quien más tarde llegaría a ser jefe], Rey Cuervo y otros.

—Este fue el plan acordado tras numerosos consejos. La principal fuerza guerrera estaba en una emboscada, y se designó a algunos de los jóvenes más valientes para atacar a los leñadores destinados a completar la construcción del fuerte. Se nos ordenó no matarlos, sino perseguirlos hasta el fuerte y retirarnos lentamente mientras desafiábamos a los hombres blancos; si los soldados nos seguían, debíamos conducirlos hasta la emboscada. ¡Mordieron el anzuelo exactamente como habíamos esperado! Todo ocurrió en cuestión de minutos, pues todos los soldados yacían muertos en menos tiempo del que se tarda en aniquilar una pequeña manada de búfalos.

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—Este ataque se precipitó porque la mayoría de los sioux que vivían a lo largo del río Misuri y más al este habían comenzado a hablar de hacer la paz. Pero ni siquiera esto logró detener el movimiento en favor de la paz. Al año siguiente, casi todos los jefes sioux firmaron un tratado en Fort Rice, Territorio de Dakota, en virtud del cual el Gran Padre en Washington acordaba que todas las tierras situadas al norte del río Republican, en Nebraska, incluidas las montañas Negras y las montañas Big Horn, serían para siempre territorio sioux y que ningún hombre blanco podría entrar en ellas sin nuestro consentimiento. Sin embargo, ni siquiera este acuerdo dejó conformes a Toro Sentado y Caballo Loco, quienes se negaron a firmarlo...

—Fue cuando los hombres blancos descubrieron el metal amarillo en nuestro país y acudieron en gran número, ahuyentando nuestra caza, cuando tomamos las armas contra ellos por última vez. Debo decir aquí que los jefes que más insistían en la guerra estuvieron entre los primeros en rendirse y aceptar la vida en las reservas. Cola Manchada era un gran guerrero, pero fue uno de los primeros en ceder porque los jefes militares le prometieron que lo convertirían en jefe de todos los sioux. ¡Uf! Habría permanecido junto a Toro Sentado hasta el final de no haber sido por su ambición.

—Por aquel entonces, nosotros, los jóvenes guerreros, comenzamos a vigilar los caminos que los hombres blancos utilizaban para entrar en las motanñas Negras y, cuando veíamos acercarse una carreta, nos ocultábamos junto a un vado y los matábamos a todos sin demasiada dificultad. Hacíamos esto para disuadir a los blancos de entrar en nuestro país sin nuestro permiso...

—Había algunos indígenas que eran mentirosos y que nunca participaban en expediciones de guerra; se dedicaban a hacer de «buenos indios» ante los agentes indígenas y los jefes militares de los fuertes. Algunos de esos individuos desleales me traicionaron y contaron más de lo que yo jamás había dicho. Fui capturado por un hermano [Tom Custer] del Jefe de Guerra de la Cabellera Larga y llevado al fuerte cercano a Bismarck, en Dakota del Norte [Fort Abraham Lincoln], donde fui encarcelado. Aquellos mismos indígenas embusteros, que vendían sus servicios como exploradores a los hombres blancos, me dijeron que iba a ser fusilado o ahorcado de un árbol. Les respondí que no temía a la muerte.

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—Sin embargo, había un viejo soldado que solía traerme la comida y vigilarme; era un hombre blanco, es cierto, ¡pero tenía corazón de indígena! Un día se acercó a mí y me quitó la cadena y la bola de hierro con las que habían sujetado mi pierna, mientras me decía mediante señas y con el poco sioux que lograba hablar:

—«¡Vete, amigo! Llévate la cadena y la bola de hierro. Dispararé, pero la voz del fusil mentirá».

—Cuando me hizo comprender lo que quería decir, ¡puede imaginar cuánto corrí! Ya casi había alcanzado la cima de la ribera cuando disparó varias veces contra mí, pero para entonces ya había encontrado refugio y estaba a salvo. Nunca había contado esto antes, ni lo habría hecho, por temor a causarle algún perjuicio, pero ya era un hombre anciano en aquel entonces, y estoy seguro de que murió hace muchos años. Aquel viejo soldado me enseñó que algunos hombres blancos tienen corazón —añadió con bastante seriedad.

—Esa misma noche regresé a Standing Rock y tuve que permanecer escondido durante varios días en el bosque, donde mis familiares me llevaban comida...

—En la primavera, los sioux hostiles volvieron a reunirse junto al río Tongue. Fue uno de los mayores campamentos sioux que he visto en toda mi vida... Habíamos decidido combatir contra los soldados blancos hasta que no quedara un solo guerrero con vida.

En ese momento, Lluvia en la Cara tomó su bolsa de tabaco y volvió a llenar la pipa...

—Había gran agitación entre la gente, y se congregó un gran consejo. Muchos tomaron la palabra. Me preguntaron cuál era la situación de aquellos indígenas que habían ido a vivir a las reservas, y les dije honestamente que no eran más que prisioneros. Se decidió ir al encuentro con Tres Estrellas [general Crook] a una distancia prudente de nuestro campamento.

—Nos encontramos con él junto al Little Rosebud. Creo que, si hubiéramos esperado y le hubiéramos permitido lanzar el ataque, no le habría ido mejor que a Custer. Se encontraba demasiado bien atrincherado donde estaba y creo también que se salvó en parte gracias a sus aliados indígenas, porque los exploradores nos descubrieron primero y fueron los primeros en combatirnos, dándole así tiempo para hacer sus preparativos. ¡Creo que era más prudente que valiente! Después de que abandonáramos aquella región, él podría haber seguido avanzando y reunirse con el Jefe de la Cabellera Larga. Eso habría salvado a Custer y quizá le habría dado la victoria.

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—Cuando nos trasladamos desde el río Tongue hasta el Little Bighorn, debido a la escasez de caza, no esperábamos más enfrentamientos. Nuestros exploradores habían descubierto que Crook había regresado hasta Goose Creek, y no creíamos que los hombres blancos quisieran seguirnos más adentro de aquel territorio agreste.

—De repente apareció el Jefe de la Cabellera Larga con sus hombres. ¡Fue una sorpresa!

—¿En qué parte del campamento se encontraba usted cuando los soldados atacaron el extremo inferior? —pregunté.

—Me habían invitado a un festín en la tienda de unos jóvenes guerreros [una especie de club]. Había un guerrero que se estaba preparando para emprender una expedición contra los crow, y yo también había decidido unirme —respondió.

—Mientras comía mi carne, oímos el grito de guerra. Todos salimos precipitadamente y vimos a un guerrero que cabalgaba a toda velocidad desde la parte baja del campamento, lanzando la alarma a medida que avanzaba. Entonces oímos los disparos de las armas de los soldados, cuyo sonido era distinto del de las armas que empleaba nuestra gente en combate.

—Corrí hasta mi tipi y tomé mi fusil, un arco y un carcaj lleno de flechas. Ya llevaba conmigo mi maza de guerra de piedra, pues, como sabe, solíamos llevarlas como adorno. Justo cuando me disponía a salir al encuentro de Reno, apareció un grupo de soldados casi frente a nosotros, al borde de una larga línea de acantilados al otro lado del río.

—Todos los que estábamos montados y listos partimos de inmediato río abajo en dirección al vado. Había oglalas, miniconjous, cheyenes y algunos hunkpapas, y los que me rodeaban parecían ser casi todos jóvenes guerreros.

—¡Mirad, hay una joven entre nosotros! —grité—. ¡Que ningún joven se esconda tras sus faldas! Sabía que aquello haría valientes a aquellos jóvenes.

—La mujer era Tashenamani, o Túnica en Movimiento, cuyo hermano acababa de morir en el combate contra Tres Estrellas. Sosteniendo en alto el bastón de guerra de su hermano y reclinada hacia delante sobre su caballo de guerra, parecía tan hermosa como un pájaro. Siempre que una mujer participa en una carga, los guerreros compiten entre sí por demostrar su valor —añadió.

—Los guerreros que iban a la cabeza casi habían rodeado a los hombres blancos, y cada vez más combatientes cruzaban la corriente. Los soldados habían desmontado y disparaban contra el campamento desde lo alto del acantilado.

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—Amigo mío, ¿participó Toro Sentado en esta batalla? —pregunté.

—No lo vi allí, pero más tarde supe que se encontraba entre quienes se enfrentaron a Reno, y aquello ocurrió a unas tres o cuatro millas, según la medida de los blancos, de la posición de Custer. Después se unió al ataque contra Custer, aunque no figuró entre los que iban a la cabeza.

—Cuando las tropas quedaron rodeadas por dos flancos, con el río a sus espaldas, llegó la orden de cargar. Había muchos jóvenes guerreros, algunos de los cuales solo llevaban un bastón de guerra o una maza de guerra de piedra, que se lanzaron contra la columna, derribando a los soldados y desbocando sus caballos.

—Los soldados habían montado de nuevo y comenzaron a retirarse, pero cuando se produjo la carga, volvieron a desmontar y se dividieron en varios grupos, orientados en distintas direcciones. Disparaban tan rápido como podían recargar sus armas, mientras que nosotros utilizábamos principalmente arcos y mazas de guerra. Parecía haber dos movimientos distintos entre los indígenas: un grupo se desplazaba continuamente en círculo, mientras que el otro cabalgaba directamente contra las tropas y las atravesaba.

—Al poco tiempo, algunos de los soldados volvieron a montar y huyeron a lo largo de la cresta en dirección a la posición de Reno; pero nuestros guerreros los persiguieron como cientos de mirlos tras un halcón. Un grupo más numeroso permaneció unido en el extremo superior de un pequeño barranco y luchó valerosamente hasta ser aniquilado. Siempre había pensado que los hombres blancos eran cobardes, pero después de aquel día les profesé un gran respeto.

—Por lo general se dice que un joven guerrero que no llevaba más que un bastón de guerra logró abrirse paso entre las tropas y derribó a su jefe muy al comienzo del combate. Supusimos que era el jefe porque permanecía de pie, completamente expuesto a la vista de todos, blandiendo su gran cuchillo [espada] sobre la cabeza y hablando fuerte. Más tarde, alguien cuya identidad se desconoce abatió a aquel jefe, y es probable que también matara al joven guerrero; pues, de no haber sido así, habría contado la hazaña y habría llamado a otros para que dieran testimonio de ella. Por eso nadie sabe quién dio muerte al Jefe de la Cabellera Larga [general Custer].

—Una vez concluida la primera embestida, se contaron los golpes de honor, como era costumbre, sobre los cuerpos de los caídos. Ya sabe que sobre el cuerpo de un enemigo podían contarse cuatro golpes [o toques], y quien realizaba el primero [es decir, quien lo tocaba por primera vez] tenía derecho a la «primera pluma».

»Había por aquí un indígena llamado Alce que Aparece, que murió hace poco tiempo. Resultó levemente herido durante la carga. Tenía algunas de las armas del Jefe de la Cabellera Larga, y, después de que llegamos a la reserva, los indígenas solían bromear diciendo que Alce que Aparece debía de haber matado al jefe, ¡porque tenía su espada! Sin embargo, la disputa por el botín no comenzó hasta que todos estuvieron muertos. No creo que él matara a Custer y, de haberlo hecho, el momento de reclamar ese honor habría sido inmediatamente después del combate.

—Se han contado muchas mentiras sobre mí. Algunos dicen que maté al Jefe, y otros que le arranqué el corazón a su hermano [Tom Custer], porque había provocado mi encarcelamiento. Pero ¿cómo podría haber sido así? En aquella batalla la confusión era tan grande que apenas reconocíamos a nuestros amigos más cercanos. Todo ocurrió en un instante. Después del combate, nosotros, los jóvenes guerreros, perseguíamos caballos por toda la pradera, mientras los ancianos y las mujeres recogían el botín de los cuerpos; y, si hubo alguna mutilación, fue obra de los hombres mayores.

—He vivido en paz desde que llegamos a la reserva. Nadie puede decir que Lluvia en la Cara haya quebrantado las normas del Gran Padre. Luché por mi pueblo y por mi país. Cuando fuimos derrotados, guardé silencio, como corresponde a un guerrero. Lluvia en la Cara fue asesinado cuando depuso sus armas ante el Gran Padre. Su espíritu murió entonces; solo su pobre cuerpo continuó viviendo, y ahora también está casi listo para descansar por última vez. ¡Ho, hechetu! [Está bien.]

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Preguntas y respuestas

¿Quién fue Lluvia en la Cara?

Lluvia en la Cara fue un guerrero y jefe de guerra sioux lakota, conocido principalmente por ser considerado el hombre que mató al teniente coronel George Armstrong Custer, al capitán Thomas Custer o a ambos en la batalla de Little Bighorn, aunque no existe ninguna prueba que respalde esa afirmación.

¿Cómo llego Lluvia en la Cara a ser conocido como el asesino de Custer?

Lluvia en la Cara llegó a ser conocido como el asesino de Custer por el poema popular «The Revenge of Rain-in-the-Face» (La venganza de Lluvia en la Cara) por Henry Wadsworth Long, publicado en 1878.

¿Qué tan fiable fue la entrevista que Lluvia en la Cara concedió a W. Kent Thomas en 1894?

Los historiadores siguen debatiendo la fiabilidad de la entrevista realizada a Lluvia en la Cara en 1894, ya que Thomas lo emborrachó para obtener una buena historia. El relato de Eastman sobre la vida de Lluvia en la Cara se considera más fiable.

¿Cómo murió Lluvia en la Cara?

Lluvia en la Cara murió por causas naturales en 1905 en la reserva de Standing Rock.

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Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2026, junio 18). Lluvia en la Cara, guerrero sioux: biografía de Eastman. (J. A. Vergara, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22963/lluvia-en-la-cara-guerrero-sioux-biografia-de-east/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Lluvia en la Cara, guerrero sioux: biografía de Eastman." Traducido por Jorge A. Vergara. World History Encyclopedia, junio 18, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22963/lluvia-en-la-cara-guerrero-sioux-biografia-de-east/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Lluvia en la Cara, guerrero sioux: biografía de Eastman." Traducido por Jorge A. Vergara. World History Encyclopedia, 18 jun 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22963/lluvia-en-la-cara-guerrero-sioux-biografia-de-east/.

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