La masacre de los valdenses de Mérindol en el siglo XVI

Artículo

Stephen M Davis
por , traducido por Agustina Cardozo
Publicado el 05 agosto 2022
X
translations icon
Disponible en otros idiomas: inglés, francés

A medida que la Reforma se desarrollaba en Francia en la primera mitad del siglo XVI, se produjeron varios episodios de fuerte represión que precedieron a las Guerras de Religión (1562-1598). Fueron tiempos de gran penuria y opresión contra los que abrazaban las enseñanzas protestantes. Un capítulo significativo de la persecución tuvo lugar en la región francesa de Luberon contra los valdenses (vaudois), descendientes espirituales de Pierre Waldo, que condujo a la masacre de Mérindol en 1545.

Massacre of the Waldensians of Merindol
Masacre de los valdenses de Mérindol
Gustave Dore (Public Domain)

Las primeras persecuciones

A principios del siglo XII, Pierre Waldo (1140-1218) hizo un voto de pobreza, confirmado por el Papa Alejandro III (en el cargo de 1159 a 1181), y se convirtió en el líder de una secta conocida como los valdenses. Waldo fue uno de los precursores de la Reforma que buscó purificar y reformar la Iglesia católica desde dentro mediante un retorno a la enseñanza apostólica. Al principio, no buscaba la separación de la Iglesia católica ni el establecimiento de una nueva secta. Con el tiempo, en parte debido a su énfasis en la predicación del evangelio en la lengua local, el Papa Lucio III (en el cargo de 1181 a 1185) prohibió a Waldo y a sus seguidores predicar. Waldo fue excomulgado en el Concilio de Verona en 1184, y la enseñanza valdense fue condenada en el Cuarto Concilio de Letrán en 1215.

Eliminar publicidad

Advertisement

al integrarse a un movimiento europeo más amplio, los valdenses dejaron de sentirse aislados.

Exiliados de su ciudad de Lyon, los valdenses se extendieron a los valles del Delfinado y los Alpes del Piamonte, al Languedoc y a España. La Inquisición no consiguió acabar con ellos y muchos de los exiliados se instalaron en la región del Luberon, en el sur de Francia. Los valdenses buscaron vivir en paz en los valles protegidos del Luberon, donde drenaron los pantanos y cultivaron las tierras de los señores italianos. Se dice que los habitantes de las llanuras temían a los valdenses, que tenían fama de hechiceros. En aquella época, tenían líderes espirituales llamados tíos (barbes) que tenían autoridad sobre el pueblo. Los barbes eran considerados sabios y venerables, y se les atribuían poderes misteriosos. Sus hermanos del Delfinado habían sufrido anteriormente persecuciones y muchos habían huido a Luberon en busca de seguridad.

El arzobispo de Aix temía que esta concentración de herejes pudiera abrazar la Reforma. Hacia 1530, se envió al inquisidor Jean de Roma a investigar a los valdenses, donde cometió atrocidades y se enriqueció a costa de ellos. Como resultado de esta violencia inicial, dos valdenses, Maurel y Masson, cruzaron las fronteras de Alsacia y Suiza para consultar con los líderes reformados en Ginebra. Se los convenció de la necesidad de reformar sus creencias, de romper definitivamente con las prácticas supersticiosas, y se los envió de regreso con cartas para sus hermanos de Mérindol. Solo Maurel llegó sano y salvo; Masson fue arrestado y quemado vivo en Dijon. En 1532 se realizó una reunión decisiva en el Piamonte con dirigentes valdenses de diferentes regiones. Al cabo de seis días, Guillaume Farel (1489-1565) los convenció de conservar solo dos sacramentos, el bautismo y la eucaristía, sin el sentido místico que les daba la Iglesia católica. Farel los acogió en la fe reformada con entusiasmo y los llamó "los hijos mayores de la Reforma".

Eliminar publicidad

Advertisement

Intervención papal y real

Con su integración en un movimiento europeo más amplio, los valdenses dejaron de sentirse aislados. Acogieron a todos los que buscaban refugio en sus montañas, en particular a los antiguos sacerdotes católicos, que eran valorados por su alfabetización. Ante el temor de que la nueva religión se propagara al enclave papal de Venaissin, el Papa Clemente VII (en funciones entre 1523 y 1534) ofreció una indulgencia plenaria a los valdenses que renunciaran a su fe reformada en un plazo de dos meses. Durante el período de espera, sus soldados se apoderaron de mujeres y niños para convertirlos por la fuerza, y las jóvenes fueron secuestradas en el pueblo de Cabrières-du-Comtat. Sus padres, armados con palos y horquillas, no fueron rivales para los soldados entrenados y se los detuvo sin dificultad. La noticia de los secuestros y del encuentro armado circuló por todo el pueblo. Se formó una turba que provocó la muerte de funcionarios en Agoult y Apt. El Papa escribió al rey Francisco I (que reinó de 1515 a 1547) para informarle de la violencia que se estaba produciendo en las puertas de los estados pontificios. El rey dio instrucciones al Parlamento de Aix para que interviniera y siete valdenses fueron quemados en la hoguera, entre ellos un barbe.

Statue of Pierre Waldo
Estatua de Pierre Waldo
Alexander Hoernigk (CC BY)

La intervención del rey propulsó a las comunidades a la revuelta. Se calcula que unos 6000 hombres pertenecían a la secta valdense en ese momento, y los obispos de Sisteron, Apt y Cavaillon temían la propagación del movimiento por toda Provenza. Los miembros de la secta fueron perseguidos y arrestados porque negaban el purgatorio, no rezaban a los santos y se negaban a pagar el diezmo al clero. Los valdenses más activos fueron encarcelados y algunos fueron ejecutados. Enfurecidos por la actuación de los tribunales eclesiásticos, los valdenses tomaron las armas para liberar a sus hermanos y asaltaron las cárceles de Apt, Cavaillon y Roussillon. El rey, informado de estos acontecimientos, ofreció clemencia a los herejes y la liberación de todos los prisioneros aún no liberados con la condición de que renunciasen a su fe en un plazo de seis meses. Sin embargo, nadie aceptó su propuesta y en 1538 el rey ordenó la detención de los herejes y la confiscación de sus bienes.

¿Te gusta la historia?

¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!

Mientras reinaba un clima de pánico en Aix, circularon más rumores infundados de que los valdenses estaban construyendo fortalezas.

Rumores y arrestos

En el Parlamento de Aix se rumoreaba que los valdenses se preparaban para un asedio y que habían almacenado pólvora y armas. Se arrestó a más de 150 valdenses, 14 de ellos de Mérindol. Un juez de Apt procedió a la detención de un molinero y confiscó su molino tras su ejecución. En represalia, los habitantes de Mérindol se levantaron en armas, quemaron el molino hasta los cimientos, saquearon granjas y robaron ovejas por el camino. Se ordenó la detención de otros diecinueve habitantes de Mérindol, algunos con sus familias, a partir de denuncias anónimas. Mientras reinaba un clima de pánico en Aix, circularon más rumores infundados de que los valdenses estaban construyendo fortalezas en los bosques y que había 600 hombres en Mérindol armados con arcabuces, un tipo de arma larga. La cantidad total exagerada aumentó a 8000 combatientes. Poco después se dio la orden de detención que incluía la captura de mujeres embarazadas, pero antes de que se llevara a cabo, los parlamentarios se dieron cuenta de que los líderes locales los habían engañado. En realidad, los mérindoles habían huido a sus montañas para evitar el arresto tras enterarse de que el 18 de noviembre de 1540 se había dado una orden por la que se condenaba a 19 de ellos a ser quemados en la hoguera en tres lugares diferentes: Tourves, Apt y Aix. Las casas de Mérindol se demolieron, la zona quedó inhabitable y sus posesiones se confiscaron.

Indulto temporal

Farel fue avisado por correo de la orden y se puso en contacto con ciudades suizas y alemanas para interceder diplomáticamente ante Francisco I. El rey encargó al gobernador del Piamonte, Guillaume du Ballay, que investigara a los valdenses. Cuando Ballay entregó un informe favorable, el rey suspendió la orden y exigió la comparecencia de los ancianos valdenses ante el Parlamento en un plazo de tres meses. La persecución se desarrollaba en todo el reino y el rey no podía permitirse tratar a los valdenses a la ligera. En lugar de enviar a los ancianos ante el Parlamento para que renunciaran a su fe, el 6 de abril de 1541 los valdenses enviaron a sus barbes para explicar su fe en Jesucristo y las Escrituras, y afirmar su espíritu de obediencia a las autoridades civiles. Estaban dispuestos a someterse a todas las leyes, pero pedían que se les permitiera practicar su fe. Los inflexibles parlamentarios denunciaron la audacia de esta súplica y la reafirmación de los artículos de fe de los valdenses. El rey concedió otro plazo de tres meses y el Parlamento envió al obispo de Cavaillon a Mérindol para que recibiera su renuncia in situ.

Eliminar publicidad

Advertisement

Waldensians as Witches
Mujeres valdenses como brujas
Unknown Artist (Public Domain)

Tras nuevos retrasos y el rechazo de la renuncia, el rey finalmente resolvió ejecutar la orden contra Mérindol en marzo de 1543. Una vez más, los príncipes protestantes alemanes, instados por Farel y Calvino, intervinieron ante el rey. En abril de 1544, los valdenses presentaron una petición al rey para obtener justicia de quienes les reprochaban su fe con la intención de confiscar sus posesiones. El rey era consciente de la avaricia de los obispos y legados papales, y también sabía que los parlamentarios de Aix no estaban libres de reproches. También dudaba en enviar fuerzas militares a una provincia lejana. Así que decidió enviar a tres miembros de su consejo y a un teólogo para determinar si los valdenses eran herejes. En caso de ser herejes, se les concedería un plazo de dos meses para renunciar a su fe. El Parlamento de Aix recibió la orden de ceder sus responsabilidades al Parlamento de Grenoble. Como resultado, los valdenses intuyeron que el rey dudaba en emplear la fuerza contra ellos y que los defendería de la codicia de los príncipes de la Iglesia. Muchos refugiados acudieron a los valles valdenses para refugiarse de la persecución. Los de Ginebra llegaron a pensar que habían hecho retroceder el poder real. Al menos por un tiempo.

Vana resistencia

En diciembre de 1543, Jean Meynier (1495-1558) sustituyó a Chassané como presidente del Parlamento de Aix. Había jurado obtener la revocación de las cartas de indulto y aniquilar a los valdenses. El cardenal Francisco de Tournon, enemigo declarado de la herejía, estuvo de acuerdo. El gobernador local confirmó el informe de Meynier de que los valdenses tenían una fuerza de 10.000 hombres armados listos para marchar sobre Marsella. Los valdenses, con poca confianza en los señores de Aix y Aviñón, fortificaron sus pueblos, especialmente Cabrières. El rey firmó una orden el 1 de enero de 1545, aparentemente sin leerla, donde revocaba el indulto que había concedido. La persecución en Francia se reanudó con la quema de estacas en Toulouse, Burdeos y Grenoble. Meynier ocultó el texto a sus colegas parlamentarios mientras esperaba la llegada a Provenza de un capitán procedente de Italia, Paulin de La Garde (1498-1578). Era el líder de una temible banda de mercenarios errantes que había luchado bajo el mando de Francisco I. Una vez que llegó, el Parlamento dio la orden de proceder a la aniquilación total de los herejes.

Statue of Francis I of France
Estatua de Francisco I de Francia
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

La Garde marchó sobre Cabrières-d'Aygues, donde al parecer había 600 valdenses reunidos. Los valdenses huyeron y dejaron a La Garde preguntándose por qué lo habían llamado a emplear su ejército contra los débiles aldeanos. En Cadenet, los líderes del ejército y del Parlamento de Aix acordaron capturar a los herejes y quemar sus casas como ejemplo para los demás. Los hombres de La Garde eran soldados profesionales, a los que se unieron las tropas reunidas por Meynier y los voluntarios deseosos de beneficiarse del saqueo. Los habitantes de Mérindol huyeron a los bosques del Luberon mientras se quemaban 200 granjas. Escondidos en los barrancos, los aldeanos se enteraron de que el ejército había entrado en Mérindol y lo vieron arder desde la distancia. Los hombres subieron y se unieron a sus hermanos en los pueblos de La Coste y Cabrières-du-Comtat. En la aldea fortificada de Cabrières, decidieron resistir con 300 combatientes valdenses.

Eliminar publicidad

Advertisement

En un mes, se quemaron 900 casas, se destruyeron 24 pueblos y se masacraron 3000 personas.

En el combate que siguió, hubo muchos muertos y heridos en ambos bandos. Dirigidos por Marron, los valdenses hicieron todo lo posible, pero no estuvieron a la altura de la tarea de resistir los cañones del enemigo. Propusieron abrir las puertas si se les prometía un pasaje seguro a Alemania o si se les daba la promesa de un juicio justo. Recibida la promesa, Marron y sus partisanos salieron primero del pueblo. Inmediatamente fueron apresados y ejecutados en un prado cercano. Solo se salvaron Marron y el pastor Guillaume Serre, que fueron llevados en custodia por el legado del Papa a Aviñón para ser juzgados y quemados vivos. Las combatientes fueron encerradas en un granero que fue incendiado. Las que intentaron escapar fueron masacradas, sus cabezas se llevaron en triunfo en las puntas de las lanzas. Los soldados buscaron a los supervivientes y forzaron la puerta de la iglesia. En el santuario, las mujeres fueron violadas, degolladas y algunas arrojadas desde el campanario. Las pocas mujeres que sobrevivieron se vendieron como esclavas en L'Isle-sur-le-Sorgue. En un mes se quemaron 900 casas, se destruyeron 24 pueblos y se masacraron 3000 personas. Solo se salvaron los hombres más robustos y se vendieron para pasar sus últimos días en las galeras del rey. El Parlamento tipificó como delito la asistencia a los miserables que morían de hambre. Cualquiera que mostrara piedad sufría la confiscación de sus bienes. La caballería de Agoult, instalada en la Tour-d'Aigues, recorrió el campo cometiendo atrocidades. Los campesinos se vieron obligados a viajar a Aix o Marsella para encontrar y pedir rescate por sus hijos secuestrados. Cuando el Parlamento envió a dos miembros a investigar la barbarie, regresaron horrorizados. Los campesinos de Luberon ya no podían trabajar sus tierras sin que los soldados les robaran los bueyes y asaltaran a las mujeres. En función de este informe, el Parlamento dictó una nueva orden que autorizaba a las autoridades a ayudar a la población.

Encubrimiento y controversia

El rey ordenó una investigación y exigió la rendición de cuentas de la expedición. De Tournon apoyó la causa de Meynier y el 8 de agosto de 1545 el rey emitió su veredicto, donde aprobó las medidas tomadas para exterminar a los valdenses. Calvino y Farel quedaron desolados por la noticia y solicitaron la intervención de los suizos. La justificación del rey ante los suizos fue que los valdenses eran súbditos desleales y castigados porque se negaban a pagar el diezmo. A la muerte de Francisco I, las cosas cambiaron. Meynier trató de continuar la persecución y arrestó a dos hombres con fuertes conexiones en el Parlamento. De Tournon cayó en desgracia ante el rey Enrique II de Francia (que reinó de 1547 a 1559), quien designó una comisión para investigar a Meynier y a otros implicados en los crímenes. El acta de acusación contra Meynier lo acusó de falsear la verdad sobre los herejes, de emprender las masacres por iniciativa propia y de condenar a los vagabundos a morir de hambre. Se salvó gracias a su elocuencia y no expresó ningún remordimiento por sus acciones contra los valdenses. Al final, Jean Meynier fue liberado, restituido en sus funciones y nombrado caballero de San Juan de Letrán por el Papa.

Conclusión

¿Qué fue de los valdenses? Algunos escaparon a Ginebra, donde fueron bien recibidos. Otros se refugiaron en comunidades del Delfinado. En cualquier caso, ayudaron mucho a que la causa reformada se afianzara en las Cevenas y el Languedoc. Varios años más tarde, Sébastian Castellion (1515-1564), que ejerció su ministerio junto a Calvino durante un tiempo en Ginebra, escribió en el prefacio de su Traité des hérétiques: "¿Quién querría hacerse cristiano cuando ve que los que confiesan el nombre de Cristo son heridos por las manos de los cristianos, por el fuego, por el agua, por la espada, y tratados más cruelmente que los ladrones y los asesinos?"

Eliminar publicidad

Advertisement

Eliminar publicidad

Publicidad

Bibliografía

Sobre el traductor

Agustina Cardozo
Agustina es traductora pública y vive en Uruguay. Tiene estudios avanzados de lingüística, le encantan la historia y las humanidades en general. Es la editora de español de la World History Encyclopedia.

Sobre el autor

Stephen M Davis
Stephen M. Davis (PhD) es élder de la iglesia Grace de Filadelfia. Es autor de varios libros, entre ellos "Rise of French Laïcité" y "The French Huguenots and Wars of Religion".

Cita este trabajo

Estilo APA

Davis, S. M. (2022, agosto 05). La masacre de los valdenses de Mérindol en el siglo XVI [The Sixteenth-Century Massacre of the Waldensians of Mérindol]. (A. Cardozo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2057/la-masacre-de-los-valdenses-de-merindol-en-el-sigl/

Estilo Chicago

Davis, Stephen M. "La masacre de los valdenses de Mérindol en el siglo XVI." Traducido por Agustina Cardozo. World History Encyclopedia. Última modificación agosto 05, 2022. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2057/la-masacre-de-los-valdenses-de-merindol-en-el-sigl/.

Estilo MLA

Davis, Stephen M. "La masacre de los valdenses de Mérindol en el siglo XVI." Traducido por Agustina Cardozo. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 05 ago 2022. Web. 26 sep 2022.

Afiliación