Los pasteles sagrados en la antigua Grecia eran panes horneados, galletas, pasteles y bizcochos endulzados con miel (meli) y preparados como ofrendas sin quemar para los dioses, diosas y otros seres divinos. Las ofrendas sin quemar eran sustitutos o complementos de los sacrificios de animales, cuyos huesos y grasa se quemaban en el altar, mientras que su carne se servía en un banquete ritual.
Desde al menos finales de la civilización minoica, en el II milenio a.C., los griegos ya horneaban pasteles y otros postres tanto para celebraciones religiosas como para cenas cotidianas. Similar a una panadería actual, los hornos del mundo helénico producían una gran variedad de productos: bollos dulces, bizcochos, tartas de queso, panes planos, pasteles, donas e incluso elaboraciones por capas, en diferentes formas y tamaños. Estos pasteles se preparaban con distintas harinas de trigo o cebada, mezcladas con ingredientes como queso, hierbas, frutas y semillas de sésamo. A menudo se rellenaban o decoraban con frutas y frutos secos. Los llamados «pasteles sagrados» eran ofrendas dirigidas a los dioses y diosas, pero también a reyes y héroes que habían sido conmemorados e inmortalizados como fundadores de ciudades, salvadores o antepasados. Eran una de las principales formas de ofrenda votiva, utilizadas en rituales privados y públicos. En estos últimos, se llevaban en procesiones solemnes, portados por personas elegidas especialmente para esta tarea. Además, era común ofrecer pasteles sagrados o incluso réplicas de arcilla en templos y santuarios durante oraciones diarias o actos de agradecimiento.
los pasteles sagrados griegos podrían contener el origen de tradiciones como los pasteles de boda, los pasteles de cumpleaños, Y además, la costumbre de colocar velas sobre estos últimos.
Está de más decir que los pasteles de la antigüedad no han dejado restos arqueológicos directos. Sin embargo, contamos con una gran variedad de sus representaciones artísticas en frescos, vasijas pintadas y esculturas. Incluso, varios autores clásicos como Homero, Hesíodo, Heródoto, Eurípides, Aristófanes,Píndaro y Ateneo mencionan diferentes tipos de pasteles y postres en el contexto de celebraciones religiosas o banquetes y también han descrito recetas que resultan bastante apetitosas. Los pasteles sagrados también aparecen en listas de ofrendas grabadas en piedra, arcilla o tablillas de metal. Estas referencias, tanto en el arte como en la cultura material, se mantuvieron a lo largo del periodo clásico (aproximadamente entre el 480 y el 323 a.C.) y alcanzaron su apogeo en el período helenístico (alrededor del 323 al 31 a.C.), cuando empezaron a influir en la gastronomía romana. Un buen ejemplo de este legado culinario es la evolución del placenta, un pan plano romano con queso, derivado del plakous griego, una tarta de queso en capas. Algunos investigadores incluso han planteado que ambos podrían considerarse antecesores de la pizza. También se ha sugerido que los pasteles sagrados griegos podrían contener el origen de tradiciones modernas como los pasteles de boda, los pasteles de cumpleaños, y además, la costumbre de colocar velas sobre estos últimos.
La repostería y otras tareas culinarias se consideraban un trabajo de mujeres, independientemente de su posición social o económica, reflejado en las numerosas representaciones pictóricas y escultóricas de mujeres horneando en la antigua Grecia, con o sin joyas, todas ellas vestidas con peploi sin mangas y con el cabello recogido bajo un gorro llamado kekryphalos. Por otro lado, también tenemos imágenes y estatuas de hombres panaderos que nos recuerdan algunas indicaciones escritas sobre la panadería industrial, por ejemplo, del filósofo griego Platón (428/427 - 348/347 a.C.), que creía en la superioridad de los hombres sobre las mujeres en todos los aspectos imaginables, incluyendo «tejer y vigilar los panqueques» (La república, 5.455c), y consideró que el pináculo de un artesano del horno era el joven Thearion, que podía proporcionar «panes admirables» (Gorgias, 518c).
Concurso griego de repostería, edición arqueológica
Aunque los escritos antiguos y las pruebas visuales arrojan bastante luz sobre los pasteles y la repostería en la antigua Grecia, no siempre es fácil relacionar el nombre de un pastel con una forma específica que se parezca a él. Sin duda, podemos encontrar muchos nombres que sugieren cómo debía ser el pastel asociado a ellos (por ejemplo, pyramis = pirámide), e incluso pueden indicarnos cuándo y/o dónde se ofrecía el pastel (por ejemplo, elaphos = pastel con forma de ciervo ofrecido a Artemisa en el mes primaveral de Elafebolión). Sin embargo, algunos escritores se refieren simplemente a un pastel sagrado con un nombre genérico como melotoessa (pastel de miel), plakous (pastel de queso), pemma (dulce) o pelanos (pastel de sacrificio). Por lo tanto, los investigadores suelen preferir estudiar los pasteles sagrados griegos en el contexto de una práctica o evento cultual.
En muchas regiones del mundo helénico —como Atenas, Beocia, Cartago, Chipre, Creta y Acanto, en la península de Athos, no lejos de Tesalónica— se han hallado figurillas de arcilla que representan diversas etapas del proceso de horneado: la molienda de granos, el amasado y la extensión de la masa. Estas piezas también muestran diferentes tipos de hornos, tanto empotrados en el suelo como independientes, que fueron comunes en el mundo mediterráneo durante siglos. Algunas de las figurillas más antiguas relacionadas con la panadería datan del periodo arcaico, en el primer milenio a.C.
Una ilustración aún más antigua de pasteles sagrados puede verse en el sarcófago de Hagia Triada, de Creta, que data aproximadamente del año 1400 a.C. Uno de los lados más largos de este ataúd de piedra caliza está decorado con una colorida pintura de una escena de sacrificio. El punto culminante de esta imagen ceremonial es una joven, tal vez una sacerdotisa, que descansa ambas manos sobre un altar en un gesto de colocar una ofrenda y/o dirigir las oraciones. Mira hacia arriba, hacia una cesta de pasteles redondos blancos y rojos que cuelga frente a su rostro, al alcance de su mano. Una segunda fila de pasteles similares también se alinea en el altar principal, cuya importancia se enfatiza con cuatro pares de cuernos de toro sagrados.
Algunos estudiosos han sugerido que los «pasteles» redondos podrían representar en realidad frutas, una cuestión que sigue sin estar clara debido a la actual ausencia de textos legibles de la cultura minoica. No obstante, cabe destacar que muchos pasteles sagrados de la antigua Grecia estaban hechos, rellenos o moldeados con forma de frutas. Un ejemplo destacado es pankarpia, un pastel redondo cuyo nombre significa «toda fruta». Se trataba de una masa enriquecida con semillas de sésamo y hervida en miel, lo que hacía que la masa se hinchara y formara una corteza crujiente y glaseada, similar a la de una dona o rosquilla. La pankarpia ocupaba un lugar especial en las fiestas agrícolas en honor a Zeus Ktesios (que presidía las semillas plantadas) y Zeus Georgos (que ayudaba a los agricultores, especialmente en la cosecha).
Pausanias, geógrafo griego del siglo II d.C., atribuye la introducción de los pasteles en los ritos sagrados al mítico rey y fundador de Atenas, Cécrope, venerado también por enseñar al pueblo varias prácticas características de la vida civilizada, como la alfabetización, el matrimonio y los ritos religiosos. Cécrope es conocido por ser el primer gobernante griego que reconoció a Zeus como el más importante de los dioses de la mitología griega y estableció un culto estatal en su honor. Para civilizar las prácticas de culto primitivas, Cécrope sustituyó el ritual de derramamiento de sangre de animales, especialmente de toros, por la ofrenda de pasteles con forma de toro llamados pelanoi. Como resultado, los pelanos se convirtieron en una especie de pastel nacional para los atenienses, y su nombre se utilizó más tarde como término genérico para referirse a los bollos dulces (8.2.3).
Cécrope fue también el testigo mítico que aseguró la victoria de Atenea sobre Poseidón en su competición por el patrocinio de Atenas. Según una de las muchas variaciones de la historia (Biblioteca dePseudo-Apolodoro, 3.14.2), él les dijo a los doce olímpicos, quienes habían sido convocados por Zeus para actuar como jueces, que Atenea había logrado plantar su olivo eterno antes de que Poseidón tuviera la oportunidad de golpear la colina con su tridente para expulsar agua salada. Como Cécrope nació mitad hombre y mitad serpiente, llevaba el título de «rey serpiente», supuestamente encarnado en las oikouros ofis o «serpientes domésticas» que residían en el templo de Atenea en la Acrópolis. Heródoto escribió con escepticismo que los atenienses creen que una gran serpiente vive allí como guardiana de su ciudad. La alimentan con ofrendas mensuales de pasteles de miel (melitoessa) y consideran el consumo del pastel como un presagio bendito. Es por eso que, durante la segunda invasión persa de Grecia, los atenienses evacuaron la ciudad, ya que la sacerdotisa de Atenea anunció que la serpiente sagrada no había comido el pastel y lo interpretaron como una señal de que la diosa ya no los protegía (8.41.2-3).
Pasteles sagrados en rituales religiosos
Los ritos de culto en honor a los dioses, diosas y otras figuras inmortalizadas solían incluir una procesión con danzas corales o rituales rítmicos. El transporte de objetos sagrados y ofrendas votivas en dichas procesiones era una tarea que solía recaer en personas cuidadosamente seleccionadas entre los ciudadanos de noble cuna y reputación. Las jóvenes de belleza y modales ejemplares se designaban especialmente para entregar pasteles sagrados. Probablemente, porque sus habilidades para bailar y mantener el equilibrio les ofrecían una forma de atraer a los mejores pretendientes. Este papel de portadora de pasteles también podía ser desempeñado por sacerdotisas más jóvenes que servían en un santuario o templo.
Las pequeñas choetes estaban decoradas con imágenes de niños jugando con objetos rituales, incluidos pasteles sagrados.
El mayor grupo de pasteles votivos aparece en las pequeñas jarras de vino atenienses (choetes; sing.chous) que se solían regalar a los niños de tres años en la fiesta de Antesterias. Esta celebración de tres días era una fiesta de fin de invierno (febrero/marzo) en la que se abrían las jarras de vino nuevo (fermentado a partir de las uvas de la última cosecha) y se disfrutaba de ellas con bailes y canciones griegas, dando gracias y alabanzas al dios del vino, Dioniso. Las pequeñas choetes estaban decoradas con imágenes de niños (en su mayoría, pero no exclusivamente, chicos), jugando con objetos rituales, incluidos pasteles sagrados.
Cuando las mujeres aparecen en estas pinturas, pueden llevar o vender pasteles redondos con forma de hogaza que se corresponden con el pastel omphalos (ombligo o protuberancia), a veces con una protuberancia central en la parte superior. Los panes planos más grandes, especialmente los que tienen uno o más pares de líneas cruzadas en la corteza superior, pueden representar el plakous, un pastel de queso en capas aromatizado con frutas, nueces o hierbas. Este pastel fue adoptado más tarde por los romanos como el pastel placenta, y su gran popularidad en la Antigua Italia ha inspirado hipótesis sobre su posible origen como precursor de la pizza.
Tanto el omphalos como el plakous tienen fuertes vínculos con los conceptos de (re)nacimiento y fertilidad, ampliamente personificados en Deméter y su hija, Perséfone, la diosa de la primavera. En la misma línea, una importante fiesta primaveral eran las Muniquias, que se celebraba alrededor del 16 o 17 del mes ateniense Muniquión (que corresponde aproximadamente al 27 hasta el 29 de abril) en la época de la luna llena. Como diosa de la luna, Artemisa Mounichia recibía bandejas de pasteles en capas llamados amphiphones («las dos luces» o «doble iluminación»), coronados con una ronda de pequeñas antorchas (llamados dadia).
Una vez más, hay un buen número de pinturas en vasijas griegas que muestran imágenes de mujeres jóvenes con sus mejores ropas y adornos, que llevan estas bandejas-amphiphon mientras bailan en una celebración primaveral. Al igual que con placenta, existen algunas hipótesis sólidas sobre los vínculos históricos entre el amphiphon y la costumbre actual de poner velas en los pasteles de cumpleaños.
¿Te gusta la historia?
¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!
En la cultura religiosa helénica, las ofrendas se dividían en tres categorías:
Sacrificios quemados o de sangre, que incluían la matanza de animales en el altar y la quema de su grasa y huesos.
Ofrendas no quemadas, que iban desde alimentos como cereales y pasteles hasta prendas de vestir, estatuas o maquetas, objetos significativos, etc.
Libaciones: vino o agua vertidos, a veces sobre el altar.
Las ofrendas de comida se compartían entre los participantes del culto, tanto el clero como los laicos, quienes se sentaban a comer juntos como símbolo de pertenencia a una misma comunidad. Esta acción reforzaba su sentido de unidad y compañerismo, y les permitía integrarse con la deidad adorada a través del acto de comer el pastel o el pan, que simbolizaba su encarnación material. Aunque la práctica ritual de establecer una conexión interna con una divinidad mediante el consumo de elementos simbólicos de su cuerpo no comenzó con los griegos, su adopción por religiones posteriores, como el cristianismo, es una muestra visible de la influencia cultural griega en el Imperio romano y más allá.
Sí. En la antigua Grecia, los pasteles sagrados eran panes horneados, galletas, masas y bizcochos endulzados con miel (meli), preparados como ofrendas no quemadas para los dioses, las diosas y otras entidades divinas.
¿Cuál es el propósito del pan y los pasteles como ofrendas sacrificiales?
Las ofrendas no quemadas, como el pan y los pasteles, eran un sustituto o complemento de los sacrificios animales en los rituales de adoración a dioses, diosas e incluso a reyes y héroes.
¿Existe un dios griego de la repostería?
Hestia era la diosa del hogar, el lugar donde se horneaban el pan y los pasteles.
Bibliografía
Allaire Brumfield. "Cakes in the Liknon: Votives from the Sanctuary of Demeter and Kore on Acrocorinth." Hesperia, no. 66, 1997, pp. 147-172.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Nathalie es traductora e investigadora independiente de la danza en el mundo antiguo, sobre todo en la Grecia antigua y el Oriente Próximo. Ha publicado obras sobre la danza, la etnomusicología y la literatura antiguas. Le encanta aprender y compartir conocimientos.
Escrito por Nathalie Choubineh, publicado el 15 septiembre 2021. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.