Yamm, también conocido con los nombres de Yam y Yam-Nahar, era el dios del mar y de la tormenta en el panteón fenicio-cananeo. El nombre proviene del vocablo semita «yam», que significa «mar». Era hermano de Mot, el dios de la muerte, y se describe de manera invariable como tiránico, colérico, violento y severo. El Ciclo ugarítico de Baal relata la historia de Yamm, en la que está asociado directamente con el caos.
Esta vinculación se ve reforzada por su identificación con Lotan, el Leviatán, el monstruo que agita los mares. Bajo la designación de Yam-Nahar, cuyo significado literal es «mar» y «río», personificaba los aspectos destructivos de ambos elementos. Era hijo de El, el dios supremo de los panteones cananeo y fenicio; asimismo, la mitología de la región lo designa como «Príncipe Yamm» o «Amado de El».
Yamm se conoce mejor por el poema ugarítico llamado Ciclo de Baal, que relata su conflicto con el dios de la fertilidad Baal, su derrota, y la supremacía de Baal sobre el caos y la muerte. Las tablillas que contienen el Ciclo de Baal fueron desenterradas durante las excavaciones realizadas en Ugarit, en la actual Siria, tras el descubrimiento de la antigua ciudad en 1928. Si bien las tablillas datan de alrededor de 1500 a.C., se cree que constituyen un registro escrito de una historia mucho más antigua, transmitida de manera oral.
En el ciclo de baal, yamm no incurre en la usurpación del poder ni en asegurar la victoria de la causa del caos, sino en el ejercicio abusivo de la autoridad legítima que se le ha concedido.
A menudo la historia se compara con la epopeya mesopotámica Enuma Elish, pero existen diferencias notables entre ambos mitos. A diferencia del Enuma Elish, una cosmogonía que detalla el comienzo del mundo y el universo, el Ciclo de Baal no aborda ese tema; además, no define el carácter villano de los personajes Yamm y Mot con la misma nitidez que el texto mesopotámico asigna a Tiamat y Quingu.
No obstante, ambas historias cumplen la función de explicar el mundo a sus respectivas audiencias.Enuma Elish detalla la manera en que el orden surgió del caos y cómo se formaron los mundos visibles e invisibles. El Ciclo de Baal describe el modo en que funciona un universo preexistente y explica las causas por las que ocurren los acontecimientos. Al igual que en todas las culturas de la antigüedad, las deidades permitían esclarecer lo que en apariencia era inexplicable y aportaban razones por las que ocurrían eventos que podrían considerarse aleatorios o misteriosos. Los investigadores Michael D. Coogan y Mark S. Smith comentan:
Como grupo, los dioses y diosas del panteón cananeo son figuras que trascienden lo humano. Se desplazan con pasos colosales, de «mil campos, diez mil acres en cada zancada», y ejercen un dominio absoluto sobre el destino de los hombres. En sus formas personificadas las deidades encarnan realidades que escapan al entendimiento humano: desde las tormentas vitales para generar prosperidad e incluso supervivencia hasta los poderosos impulsos del sexo, la violencia, y el enigma final de la muerte. Los dioses y diosas pertenecen a una sociedad divina que refleja la sociedad terrenal; ejemplo de ello es que ambas comparten la institución patriarcal de la monarquía. La resolución de los conflictos de esa «ciudad celestial» presentada en sus historias infundía en los cananeos esperanza en el porvenir. (8)
En este sentido, el panteón cananeo no se diferenciaba de los de otras civilizaciones de la antigüedad, y los relatos que contaba el pueblo tenían el mismo propósito. La simbología y los motivos del Ciclo de Baal también están presentes en otras obras religiosas del Cercano Oriente, y la narración de la lucha entre el orden y el caos aparece en textos que abarcan desde Mesopotamia y Egipto, hasta Grecia y otras regiones.
Sin embargo, un aspecto interesante del Ciclo de Baal es la forma en que Yamm, el supuesto villano de la pieza junto con Mot, no es culpable de usurpar el poder, al contrario de lo que ocurre en el mito egipcio de Set, en el que este asesina al dios rey Osiris. Asimismo, Yamm no busca asegurar la victoria del caos como fin último, acción que en la mitología griega sí asumen los titanes en su conflicto con Zeus. La transgresión de Yamm radica en el ejercicio abusivo de un poder otorgado de manera legítima.
Resumen del Ciclo de Baal
[Nota del autor: El presente resumen se basa en la traducción de Mark S Smith, El ciclo ugarítico de Baal (The Ugaritic Baal Cycle), volumen I, Ediciones Brill, 1994]
Baal, hijo de Dagón, anhela que El, soberano de los dioses, lo unja como rey; no obstante, la deidad suprema concede la corona a su hijo, el príncipe Yamm. Dadas la omnisciencia y la benevolencia de El, los dioses suponen que la elección de Yamm redundaría en beneficio del interés común. Sin embargo, una vez investido de poder, Yamm se convierte en tirano y somete al resto de las deidades a trabajar para él. Los dioses imploran a su madre, Asera, la esposa de El, quien comparece ante Yamm con el fin de interceder por ellos. La diosa le propone diversos dones y mercedes que el dios rechaza, hasta que ella le ofrece su propio cuerpo. Yamm acepta el trato y Asera regresa a la corte divina de El para comunicar el acuerdo.
Los demás dioses reunidos en concilio parecen coincidir con Asera en que el plan es acertado, pero Baal se siente indignado por el pacto y porque los demás dioses osaran permitirlo. Juró entonces que él mismo daría muerte a Yamm para poner fin a su tiranía. Algunos dioses que se encuentran presentes alertan a Yamm de la traición de Baal, y Yamm despacha heraldos a la corte de El con la exigencia imperiosa de que entreguen a Baal para someterlo a castigo.
El resto de las deidades inclinan la cabeza ante los enviados, a excepción de Baal, quien los desafía y reprende a los demás dioses por su cobardía. Yamm envía un segundo grupo de emisarios que, una vez más, exigen a los dioses que entreguen a Baal. Los nuevos mensajeros no muestran respeto hacia El ni hacia los otros dioses, y se niegan a participar en la más elemental de las ceremonias de cortesía. No obstante, en lugar de reprender su insolencia o castigarlos, El les informa que entregará a Baal y que este comparecerá ante Yamm portando tributos de oro.
Ardiente de ira, Baal se abalanza sobre los mensajeros, mas su hermana Anat, la diosa de la guerra, y su consorte Astarté, la diosa del amor, lo contienen. Ambas le advierten que no puede matar a los emisarios, puesto que solo son portavoces de la voluntad de su señor, sin autoridad para decidir sobre los hechos. Baal cede y los perdona, pero jura una vez más que no reconocerá a Yamm y no se entregará. Sin embargo, no puede derrotar a Yamm en combate debido a su gran fuerza; pero en este momento interviene Kothar-wa-Khasis, dios de la artesanía, la forja y la fabricación de armas.
yamm simboliza el aspecto violento e intransigente de la naturaleza según la experimentaban los fenicio-cananeos en sus viajes por mar
Kothar, señor de la forja, le dice a Baal que fabricará dos mazos, Yagrush y Aymur, capaces de aniquilar a Yamm. Kother entrega los mazos y Baal avanza hasta Yamm para entrar en combate. Baal descarga el garrote Yagrush sobre los hombros del rey, pero este no cae y Baal retrocede. Kothar le ordena que utilice a Aymur y golpee la cabeza de Yamm entre los ojos. Baal le pega, el dios cae derrotado, y Baal arrastra al vencido hasta el salón del concilio. Acto seguido, se proclama soberano y proscribe a Yamm de las esferas celestiales, condenándolo a regresar a su antiguo dominio sobre el mar.
En la segunda parte del poema, Baal ofende a Mot, el dios de la muerte, quien busca la forma de destruirlo. Mot envía a la criatura marina Lotan, asociada a Yamm como alter ego o camarada, a matar a Baal, pero en lugar de ello, Baal liquida a Lotan. Mot jura no hallar descanso hasta dar muerte a Baal y devorarlo. Para escapar de Mot, Baal finge que lo han asesinado y se oculta. Su treta engaña a los demás dioses, e impulsa a su hermana Anat a vengarse. Anat da muerte a Mot, quien debido a la naturaleza inmortal común a todas las divinidades, regresa a la vida. En este punto, Baal retorna de su escondite y doblega a Mot; aunque, por supuesto, no puede matarlo. Mot regresa a su tenebroso dominio y Baal reina como rey de los dioses.
Yamm en el poema y en la cultura cananea
Yamm asume el rol de villano de la obra, condicionado, sobre todo, por su inseguridad. En lugar de tratar a los demás dioses con respeto, los somete para encumbrarse y mantener el control de la situación. Al contrario que su padre El, partidario de escuchar a los demás y sopesar sus consejos, la inseguridad de Yamm en su desempeño como rey le impide dialogar, y se convierte en un tirano para reprimir cualquier desafío a su autoridad. El dios evita hacer concesiones, puesto que desde su punto de vista, incurrir en tales actos se interpretaría como debilidad.
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Yamm y Baal se representan con la misma edad. Son dos dioses jóvenes, que al contrario de El y de Asherah, carecen de experiencia. La diferencia entre ellos radica en la capacidad de Baal de escuchar a otros y respetar sus consejos, como ocurre cuando atiende a Anat y a Astarté y trata con piedad a los mensajeros de Yamm. En el plano simbólico, Baal representa los aspectos de colaboración y fecundidad de la naturaleza, que se hacen patentes en su rol de dios de la lluvia, fertilizador de la tierra y causante del crecimiento de los cultivos. Yamm, como dios del mar y de los ríos, simboliza el carácter violento e implacable de la naturaleza, experimentado por los fenicio-cananeos en sus viajes por los mares, y en las inundaciones periódicas de las tierras.
Los griegos conocían a los fenicio-cananeos como el «pueblo púrpura», a causa del tinte producido en Sidón, de uso profuso en Tiro. También los llamaban «el pueblo de los caballos», debido a las tallas de cabezas equinas que decoraban las proas de sus embarcaciones. Estos mascarones constituían tributos dedicados al poder de Yamm, y su función en los navíos era aplacar a la deidad, quien, al igual que el dios griego Poseidón, se asociaba a los caballos. Los marinos debían apaciguar a Yamm sin descanso, para prevenir que por capricho destruyera los buques en alta mar.
A pesar de esto, a Yamm no se le consideraba una fuerza maligna, como tampoco a Mot, sino solo como alguien a quien había que tomar en consideración y reconocer. El académico Aaron Tugendhaft, entre otros, destaca la presencia en Ugarit de censos y actas administrativas que contienen antropónimos que prueban el culto a Yamm en calidad de benefactor, entre los que se mencionan «Siervo de Yamm», «Yamm es dios», y «Yamm es rey» (150). Además, Tugendhaft escribe que a Yamm se lo consideraba digno de sacrificios rituales, de igual forma que a Baal, El, y otros dioses, y recibía el mismo carnero sacrificial que ellos (149).
Por lo tanto, aunque se consideraba a Yamm como el villano del Ciclo de Baal, los fenicios no lo contemplaban como un dios malvado ni ruin. A pesar de todo, es probable que Yamm sirviera de modelo en obras posteriores protagonizadas por seres sobrenaturales malignos, y que fuera reflejo de relatos anteriores que trataban el mismo tema del orden enfrentado al caos, en particular en Egipto.
Yamm y los mitos de otras culturas
En algunas versiones del mito fenicio, Yamm, la fuerza del caos, está en constante conflicto con Baal, la fuerza del orden. Baal y Yamm se enfrentan en combate en las llanuras celestiales, y tras ser derrotado, Yamm sufre la expulsión de las esferas celestiales hacia los abismos oceánicos del caos. No obstante, Yamm persiste en destronar a Baal y reinar en los cielos, por lo que estas versiones relatan su retorno de las simas marinas para disputar las puertas del cielo, con lo que una y otra vez trae consigo el caos, en un interminable ciclo.
Aun así, cada reintento de Yamm resulta en su exilio a los mares, donde dirige su furia contra los humanos y conspira contra Baal hasta que puede lanzar otro asalto a los cielos. Yamm y Baal se matan el uno al otro, resucitan, luchan y mueren de forma continua, solo para retornar una vez más a la vida. Se piensa que esta versión del relato constituye una explicación simbólica del ciclo de las estaciones en Canaán y Fenicia, y que aborda el mismo fenómeno tratado por la narración de Deméter y Perséfone en la antigua Grecia. En el Ciclo de Baal, Yamm y luego Mot interrumpen el funcionamiento normal del universo, lo cual se interpreta como símbolo de los períodos de sequía o de inundaciones y las hambrunas que asolan la tierra: Yamm o Mot alteraban el orden mediante el cual Baal gobernaba y regulaba los ciclos de la naturaleza.
Tugendhaft expone que, a diferencia de una cosmogonía como la de Enuma Elish, en el Ciclo de Baal la jerarquía real y el orden del universo ya están establecidos, y por lo tanto, no debería haber problemas con su continuidad (154). Sin embargo, el hecho de que los seres humanos experimentaran sufrimiento en forma de inundaciones, sequías, hambrunas y muerte, exigía alguna explicación, misma que el Ciclo de Baal proporcionó.
El propósito del Ciclo de Baal es similar al del ciclo de Osiris-Set del antiguo Egipto, en el que el reinado ya se encontraba establecido e imperaba el orden, con Osiris como gobernante benevolente al inicio del relato. Su hermano Set, tan inexperto en asuntos de gobierno como Yamm, asesina a Osiris y usurpa el trono, acto que sume al país en el caos. Set, al igual que Yamm, tampoco se identifica como una deidad malvada y, en algunas épocas de la historia egipcia, se lo consideraba uno de los dioses que salvaba al dios sol de ser destruido por la serpiente primordial Apofis.
Del mismo modo que Yamm, Set también era venerado con nombres personales, como el de Seti. Los egipcios creían que su tierra era perfecta, que les había sido otorgada por los dioses y estaba impregnada de armonía; pero a pesar de esto sufrían diversas calamidades naturales. De manera similar al Ciclo de Baal,la historia de Set y de Osiris explicaba al pueblo que el origen del sufrimiento se debía a la pugna del caos por la supremacía, lo cual perturbaba el equilibrio natural del universo.
Con posterioridad, el tema del enfrentamiento del orden contra el caos fue retomado por distintos escribas religiosos. La batalla entre Baal y Yamm, que culmina con el destierro de Yamm de los cielos y su posterior venganza contra las creaciones de El, se ha citado por diversas fuentes como modelo del ulterior mito cristiano de la caída de Lucifer, y del subsiguiente acoso incesante que desde aquel suceso el Diablo ejerce sobre la humanidad.
Otros investigadores identifican a Yamm con el dios Lotan, representado como serpiente o dragón policéfalo, y observan en él al modelo original de Satanás en el libro bíblico de Apocalipsis (12:9). Se considera probable que el mito inspirara la tradición que vincula al diablo cristiano con una serpiente; en particular, la serpiente del Jardín del Edén mencionada en el tercer capítulo del libro de Génesis, pero esta afirmación ha sido cuestionada. Sin embargo, la asociación de Yamm con Lotan parece haber influido en los escribas bíblicos respecto a la creación de Leviatán, la criatura o monstruo marino al que se hace referencia en los libros de Job y de Jonás, y en otros pasajes.
Yamm también se ha asociado con el dios griego Poseidón en sus momentos de mayor violencia y rencor. Aunque algunos también han intentado establecer una conexión entre Yamm y la diosa griega del caos, Eris, se observan importantes diferencias en cuanto a sus motivaciones y formas de actuar. Eris es calculadora y astuta en su afán de subvertir el orden, y sus acciones son sutiles, mientras que en el caso de Yamm, el ego parece ser la única motivación que lo impulsa; además, sus acciones son claras y manifiestan sin ambages su desprecio hacia el resto de las deidades y sus insignificantes creaciones: los seres humanos.
Conclusión
Pese a sus faltas, los cananeos juzgaban a Yamm como una deidad digna de culto. Aunque podía embravecer los mares para hundir barcos y provocar inundaciones, también facilitaba a los marineros el arribo seguro a sus destinos y proveía sustento a las poblaciones de la región, a condición de que se le honrara y reconociera.
Al venerarlo, los fenicios-cananeos aceptaban la incertidumbre de la existencia humana y depositaban sus esperanzas en el dios que podía causarles gran daño o traerles el mayor de los bienes. En última instancia, los relatos concernientes a Yamm, como los de cualquier sistema de creencias moderno o de la antigüedad, otorgaban sentido a las tragedias que el pueblo enfrentaba a lo largo de la vida, que de otra manera habrían resultado intolerables.
Yamm representa al dios del mar y la tormenta en el panteón fenicio-cananeo. El Ciclo ugarítico de Baal narra toda su historia.
¿Cuándo surge el Ciclo ugarítico de Baal?
El Ciclo ugarítico de Baal se remonta de manera aproximada a 1500 a.C., aunque los expertos sostienen que sus tablillas parten de un relato mucho más antiguo.
¿Dónde se descubrió el Ciclo ugarítico de Baal?
El hallazgo de las tablillas que relatan el Ciclo ugarítico de Baal tuvo lugar en las ruinas de Ugarit, en el actual territorio de Siria, en el año 1928.
¿De qué trata el Ciclo ugarítico de Baal?
El Ciclo ugarítico de Baal relata la historia del desafío de Yamm al mandato del dios Baal, el triunfo de Baal sobre el caos y el restablecimiento del orden. La crítica lo ha comparado con el Enuma Elish de Mesopotamia, poema que goza de mayor celebridad.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 15 enero 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.