Jenófanes de Colofón (en torno a 570 - alrededor de 478 a.C.) fue un filósofo griego nacido a unos 80 kilómetros (50 millas) al norte de Mileto, ciudad famosa por ser la cuna de la filosofía y el lugar de origen del primer filósofo occidental, Tales de Mileto (en torno a 585 a.C.). Está considerado como uno de los más importantes de los llamados filósofos presocráticos.
Jenófanes es muy apreciado por su desarrollo y síntesis de las obras anteriores de Anaximandro (en torno a 610-546 a.C.) y Anaxímenes (en torno a 546 a.C.), pero, sobre todo, por sus argumentos sobre los dioses. La creencia predominante de la época era que había muchos dioses que se parecían a los mortales y se comportaban de manera muy similar a ellos. Sin embargo, Jenófanes afirmaba que solo había un Dios, un ser eterno, que no compartía ningún atributo con los seres humanos.
Sus ideas sobre la divinidad puede que derivasen de la religión egipcia, ya que el faraónAkenatón (que reinó en 1353-1336 a.C.) había desarrollado este pensamiento monoteísta siglos antes y, según algunos estudiosos (y Sigmund Freud), este modelo egipcio inspiró el monoteísmo del Moisés bíblico. Sin embargo, esta afirmación ha sido cuestionada en repetidas ocasiones, y muchos estudiosos creen que Jenófanes llegó a sus conclusiones de forma independiente. Una prueba de esta afirmación es el hecho de que no parece que ninguno de sus contemporáneos respondiese positivamente a su monoteísmo, como tampoco lo apoyó ningún movimiento.
Primeros años y antecedentes
Jenófanes era de Colofón, en el continente de Anatolia (Asia Menor), y contemporáneo del filósofo Pitágoras (en torno a 571 - en torno a 497 a.C.), quien también creía que las creencias religiosas de su época eran erróneas y enseñaba la doctrina de la transmigración de las almas (reencarnación) y una teología basada en dicha doctrina que solo estaba al alcance de sus discípulos, por lo que los debates o definiciones de sus creencias en la actualidad no pueden ser sino especulativos.
Los filósofos jónicos anteriores, Anaximandro y Anaxímenes, se centraron principalmente en identificar la sustancia básica del «ser», de la realidad que conforma la vida y el mundo. Anaximandro identificó esta sustancia como lo apeiron, lo ilimitado o lo infinito, con lo que se refería a algo que proporcionaba la forma subyacente de la existencia. Su discípulo Anaxímenes desarrolló esta teoría al afirmar que el aire era la sustancia básica, ya que el aire era «ilimitado e infinito», pero que los efectos del aire (viento, aliento) podían observarse. En lugar de un apeiron invisible, pues, había un fenómeno observable disponible que estudiar. Anaxímenes reconoció que:
Por rarefacción, el aire se convierte en fuego y, por condensación, el aire se convierte, sucesivamente, en viento, agua y tierra. Las diferencias cualitativas observables (fuego, viento, agua, tierra) son el resultado de cambios cuantitativos, es decir, de la densidad con la que se agrupa el principio básico. (Baird, 12)
Jenófanes se basó en ambas teorías anteriores, pero reconoció en ellas un significado religioso. Según Jenófanes, lo apeiron de Anaximandro y el aire de Anaximenes apuntaban a una fuerza mayor que cualquiera de ambos conceptos como Causa primordial, que podía ser sencillamente Dios: un ser eterno, singular e increado que había puesto en movimiento todas las demás cosas y gobernaba sus movimientos desde el momento de la creación.
Jenófanes escribe que este Dios «lo ve todo, lo piensa todo, lo oye todo. Permanece siempre en el mismo lugar, sin moverse; ni es propio de él ir y venir, primero a un lugar y luego a otro. Pero sin esfuerzo pone todas las cosas en movimiento con el pensamiento de su mente» (Robinson, 53). Estas afirmaciones sobre una deidad suponían una ruptura radical con los dioses antropomórficos del Olimpo, de quienes se creía que interactuaban e interferían a diario en las vidas de los mortales. El dios de Jenófanes era un espíritu trascendente, no creado e invisible.
Jenófanes descartó la concepción popular de los dioses porque la consideraba superstición.
Desestimó la concepción popular de los dioses porque la consideraba superstición y afirmó que la concepción tradicional de las deidades basada en los escritos de Hesíodo y Homero (ambos del siglo VIII a.C. aproximadamente) era errónea:
Homero y Hesíodo les atribuyeron a los dioses todo lo que entre los hombres es infamia y reproche: el robo, el adulterio y el engaño mutuo. (Baird, 17)
Jenófanes argumentó que la naturaleza trascendente de Dios se comprendía fácilmente en el mundo natural y que la deidad suprema no necesitaba ficciones para explicarse a sí misma, ya que había proporcionado indicios más sencillos para reconocer su creación. Mientras que el arcoíris, según la creencia griega, se consideraba una manifestación de la diosa Iris, Jenófanes afirmó que «Aquella a quien los hombres llaman "Iris" es en realidad una nube, púrpura, roja y verde a la vista». (Robinson, 52). Además, argumentaba:
Los mortales suponen que los dioses nacen y tienen ropas, voces y formas como las suyas. Pero si los bueyes, los caballos y los leones tuvieran manos o pudieran pintar con ellas y crear obras como lo hacen los hombres, los caballos pintarían imágenes de dioses parecidas a los caballos y los bueyes, a los bueyes, y cada uno crearía cuerpos como los suyos. Los etíopes consideran a los dioses de nariz chata y negros; los tracios, de ojos azules y pelirrojos. Hay un dios, el más grande entre los dioses y los hombres, que no se parece en nada a los mortales, ni en cuerpo ni en mente. (Diógenes Laercio, Vidas)
Aunque esto pueda parecer una interpretación teológica familiar en la actualidad, en la época de Jenófanes no era en absoluto un concepto común. Parece que enmarcó a su único Dios junto al panteón aceptado de las muchas deidades de Grecia con el fin de hacer el concepto más aceptable para su audiencia. Aunque habla constantemente de «muchos dioses», está claro que no cree que existan en ningún lugar salvo en la mente de las personas.
Por ejemplo, señala que «los mortales suponen que los dioses nacen y tienen ropas, voces y formas como las suyas», al tiempo que se burla y ridiculiza claramente esta creencia por considerarla infantil (Baird, 17). Sin embargo, tales afirmaciones constituían una grave ofensa en aquella época, y puede que Jenófanes incluyese sus referencias a muchos dioses sencillamente para evitarse problemas, ya que claramente consideraba que el concepto era ridículo.
Escritores posteriores, tal vez influidos por dos breves descripciones de Jenófanes realizadas por Platón (Sofista 242c-d) y Aristóteles (Metafísica 986b18-27), lo identificaron como el fundador de la Escuela eleática de filosofía, la cual afirmaba que, a pesar de la ilusión de los sentidos, lo que existe es en realidad un Uno inmutable, inmóvil y eterno. Sin embargo, en general esta visión se ha rechazado y ahora se considera a Jenófanes una figura solitaria que criticaba a las deidades antropomórficas de su época (reconociendo a Parménides, con razón, como el fundador de la escuela filosófica eleática).
Aun así, se dice que Jenófanes fue maestro de Parménides y que ambos filósofos comparten el concepto fundamental de que la existencia proviene de una única fuerza unificadora. Tal y como dice Jenófanes:
Hay un solo dios, el más grande entre los dioses y los hombres, que no se parece en nada a los mortales ni en cuerpo ni en mente. Ve como un todo, piensa como un todo y oye como un todo. Permanece siempre en el mismo lugar, sin moverse en absoluto, ni le corresponde cambiar de posición en momentos diferentes. (Baird, 18)
Según Jenófanes, el reconocimiento de esta fuerza permite obtener una comprensión más clara y precisa del mundo y del lugar que uno ocupa en él. Esta línea de pensamiento se exploraría más a fondo posteriormente en los diálogos de Platón. Platón hace hincapié en este concepto a través de su análisis de la «verdadera mentira» (también conocida como la mentira en el alma) en el Libro II de su República. En este pasaje, Platón afirma que lo que más odia la gente es creer erróneamente sobre los aspectos más importantes de la propia vida. Este concepto, así como la famosa teoría de las formas de Platón, que postula un reino de la Verdad objetivo, externo y superior que hace verdaderas todas las cosas que uno valora en la tierra, se remonta a la obra de Jenófanes.
Legado
Jenófanes viajó mucho, recitando su poesía y, al hacerlo, difundió sus creencias. Entre ellas se encontraba su reconocimiento de la relatividad y la limitación del entendimiento humano. Escribe: «Los dioses no han revelado todas las cosas desde el principio a los mortales, pero, al buscar, los hombres descubren, con el tiempo, lo que es mejor» (Robinson, 56). Solo buscando la verdad se encuentra esa verdad. Según Jenófanes, no se deben aceptar sin más las creencias de la propia comunidad como «verdad» sin cuestionar la validez de los conceptos aceptados.
La afirmación de Jenófanes influyó sin duda en escritores posteriores, sobre todo en Sócrates y, tras él (como se ha señalado), en Platón. Ambos filósofos posteriores insistieron en seguir un camino individual en la búsqueda de la verdad y la sabiduría. El concepto de Jenófanes del Dios único, como se ha señalado anteriormente, influyó en el reconocimiento de la unidad por parte de Parménides y los eleáticos, y su obra contribuyó a la Teoría de las Formas de Platón y al Motor Inmóvil de Aristóteles, proporcionando una base filosófica para el desarrollo del monoteísmo.
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Aunque bastante diferentes en los detalles, las Formas de Platón y el Motor Inmóvil de Aristóteles postulan ambos la existencia de un reino «superior» de la realidad que es responsable del mundo observable. Es muy probable que Jenófanes hubiera estado de acuerdo con ambas teorías, pero, en consonancia con su insistencia en el limitado alcance del entendimiento humano, habría sugerido que ambas se acercaban a la verdad sin ser realmente ciertas. Jenófanes ni siquiera consideraba que sus propias opiniones fueran objetivamente verdaderas, sino solo más válidas que las creencias de quienes le rodeaban.
En cuanto a su enseñanza, escribe: «Que estas cosas, pues, se tomen como similares a la verdad», no como la verdad misma. Solo el único Dios conoce la Verdad, afirmaba Jenófanes, y los mortales solo pueden acercarse a ella, sin llegar a comprenderla plenamente. Diferentes personas y diferentes culturas interpretarán la verdad última de manera diferente, pero estas, al fin y al cabo, son simplemente reflejos de la Verdad que solo se conoce a sí misma.
Jenófanes de Colofón fue un filósofo presocrático que rechazó el politeísmo tradicional al afirmar que no existía más que un Dios.
¿Por qué es conocido Jenófanes de Colofón?
Jenófanes de Colofón es famoso por sintetizar las teorías de los filósofos griegos anteriores y por afirmar que solo había un único Dios que era distinto de los seres humanos en todos los aspectos.
¿Desarrolló Jenófanes su monoteísom a partir de fuentes egipcias?
Aunque se ha sugerido que Jenófanes desarrolló su monoteísmo a partir del faraón egipcio Akenatón, no hay ninguna evidencia que lo respalde. Parece que Jenófanes llegó a esta conclusión por su cuenta.
¿Por qué es importante Jenófanes de Colofón?
Jenófanes de Colofón es importante en el desarrollo de la filosofía griega porque su afirmación de la existencia de un único Dios eterno diferente del ser humano influyó el trabajo posterior de Platón y de Aristóteles, que daría forma a las religiones monoteístas de la actualidad.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 02 septiembre 2009. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.