Athelstan

Michael McComb
por , traducido por Rosa Baranda
publicado el
Translations
Versión en audio Imprimir PDF
Aethelstan (by Corpus Christi College, Cambridge, Public Domain)
Athelstan, rey anglosajón Corpus Christi College, Cambridge (Public Domain)

Athelstan fue el primer rey de Inglaterra, que gobernó de 927 a 939. Hijo de Eduardo el Viejo (que reinó de 899-924) y nieto de Alfredo el Grande (que reinó de 871-899), heredó el reino anglosajón del sur en 924 antes de capturar la ciudad vikinga de York en 927 y establecer su gobierno en el norte de Inglaterra. Haría mucho por unificar bajo su gobierno a los diferentes pueblos de su reino, incluidos los mercios, los sajones occidentales, los daneses y los northumbrios, mediante concilios nacionales, leyes reformadoras y animando a la unidad a través de la fe cristiana.

Su influencia fue más allá de Inglaterra, ya que subyugó a los reyes de Gales, Escocia y Strathclyde y forjó alianzas con los gobernantes de Francia, Alemania y Noruega. Su mayor prueba llegó en 937 cuando una alianza de escoceses, celtas y vikingos intentó conquistar el norte de Inglaterra. Sin embargo, la derrota de los invasores en la batalla de Brunanburh marcó un momento crucial, la primera gran victoria de un reino inglés unido.

Eliminar publicidad
Publicidad

Mucho de lo que se sabe sobre Athelstan proviene de un conjunto de anales de la época, la Crónica anglosajona, que proporciona detalles clave, aunque limitados, y que fue expandida por el historiador del siglo XII William de Malmesbury que decía trabajar a partir de un libro, ahora perdido, sobre el rey. Como Athelstan era un mecenas importante de la abadía de Malmesbury, es comprensible que William admirara al rey, de quien creía que «sus súbditos lo adoraban sobremanera por su admiración por la fuerza y la humildad, [y] era terrible contra los que se rebelaban contra él mediante su valentía invencible». También nos dice que el rey era «de una altura adecuada, delgado, de pelo rubio,» que, según las propias investigaciones de William en el ataúd de Athelstan, estaba «arreglado en hermosas trenzas doradas» (Sharpe, 134).

Juventud

Athelstan nació en 894, hijo de Eduardo y su primera esposa, Egwina. Eduardo, que todavía era un hombre joven, era el heredero al reino sureño de Wessex, gobernado por su padre, Alfredo el Grande, que lideró con tenacidad la resistencia contra los invasores vikingos y los derrotó en la batalla de Edington en 878 después de que hubieran conquistado el norte y el este de Inglaterra.

Eliminar publicidad
Publicidad
Athelstan lideró a las tropas y construyó fortalezas en nombre de Ethelfleda lo que le dio renombre y le brindó el respeto de los mercios.

Alfredo adoraba a su nieto. Cuando Athelstan tenía unos cinco años, Alfredo celebró una ceremonia pública en honor del joven príncipe y le regaló una capa escarlata, un cinturón tachonado de diamantes y una espada con una vaina de oro que presentaban al niño como un príncipe «digno del trono». Enviaron a Athelstan a las Midlands occidentales (el centro del país) al cuidado de la hija de Alfredo, Ethelfleda, señora de los mercios (que reinó de 911-918) y su esposo, Etelredo, señor de los mercios (que reinó de 881-911), un vasallo leal de Wessex.

Athelstan, que más tarde sería elogiado como «el gobernante más culto que tuvieron nunca [los ingleses]», aprendió a leer y escribir tanto en inglés como en latín (Foot, 29). También es probable que estudiara obras clásicas de teología y filosofía, incluidos los Soliloquios de Agustín de Hipona y la Consolación de la filosofía de Boecio. De igual importancia es que también aprendió a montar, a cazar, cetrería y las técnicas bélicas anglosajonas.

Eliminar publicidad
Publicidad

Cuando Eduardo se convirtió en rey de Wessex a la muerte de su padre en 899, su primera decisión importante fue deshacerse de, Egwina, la madre de Athelstan que no tenía mucha relevancia política, en favor de una consorte más prestigiosa, Elfleda de Wiltshire. Su nueva esposa era hija del ealdorman (regidor) Ethelhelm de Wiltshire (muerto en 897), un señor poderoso que había sido en otro tiempo uno de los principales comandantes militares de Alfredo. Aunque esta unión mejoró la posición de Eduardo, socavó la de Athelstan, dado que el hijo del segundo matrimonio de Eduardo, Ethelweard, podía presumir de un linaje materno superior al de su hermanastro mayor. Ethelweard también creció en Wessex junto a su padre, donde formaría lazos con la gente que manejaba el poder en el reino, mientras Athelstan estaba lejos, en Mercia.

Statue of Aethelflaed
Estatua de Ethelfleda Elliot Brown (CC BY)

No obstante, Athelstan se embarcó en el aprendizaje real perfecto. Los mercios, que ahora estaban liderados por Ethelfleda tras la muerte de su esposo en 911, libraron la guerra contra los vikingos en las Midlands orientales. Como uno de los tenientes principales de su tía, Athelstan lideró a las tropas y construyó fuertes en su nombre y se ganó el reconocimiento y el respeto de los mercios. Cuando Ethelfleda murió en 918 y Mercia pasó a su hermano Eduardo, Athelstan continuó en este papel y puede que incluso actuara como representante de su padre en Mercia, con lo que adquirió más experiencia tanto política como militar.

Sucesión y el norte

Tras un reinado de éxito en la guerra y la expansión de su reino, Eduardo murió en el verano de 924. No obstante, sus planes de sucesión no estaban claros. Los mercios y los sajones occidentales (los habitantes de Wessex) ambos convocaron su propio witan (un concilio de señores y obispos) para discutir la sucesión; los sajones occidentales nombraron rey a Ethelweard. Razonaron que Athelstan llevaba lejos demasiado tiempo y era más mercio que sajón occidental. Algo aún más escandaloso fue que empezaron a correr rumores de que la madre de Athelstan era realmente una concubina de Eduardo en vez de su esposa legítima, algo que, convenientemente, le restaba legitimidad a su reclamo al trono. Aun así, cuando empezaron a hacerse los preparativos de la coronación de Ethelweard, tan solo dos semanas después de la muerte de Eduardo, el futuro rey murió. Ahora era el turno de los mercios, que declararon rey a Athelstan, y los sajones occidentales, que querían conservar la unión entre los dos reinos, accedieron a recibirlo como su verdadero gobernante.

Eliminar publicidad
Publicidad

Su coronación se celebró al año siguiente en Kingston-upon-Thames, una finca real cerca de Londres, en la frontera entre Mercia y Wessex. Athelstan juró gobernar por igual sobre ambos pueblos bajo el mismo título que habían usado su padre y su abuelo, «rey de los anglosajones». A pesar de eso, además de promover la unidad y la continuidad, la coronación de Athelstan también dejaba ver su gran ambición. Tradicionalmente, los reyes anglosajones se coronaban con la imposición de un anillo, una espada, un cetro, una vara y un casco ceremonial de guerra. Pero cuando Athelstan se arrodilló ante el arzobispo Ethelhelm de Canterbury, en vez de un casco le colocaron una corona en la cabeza. El nuevo rey dejaba clara así su intención de crear un imperio sobre Britania, las tierras gobernadas por los emperadores de Roma, cuyas monedas en el pasado habían estado decoradas con coronas y se presentó al estilo de Carlomagno (que reinó de 768-814), el rey franco que fue coronado como un emperador romano restaurado en 800.

The Coronation Stone at Kingston-upon-Thames
Piedra de la coronación en Kingston-upon-Thames Hellodavey1902 (CC BY-SA)

La herencia de Athelstan abarcaba el actual sur de Inglaterra (Wessex), las Midlands (Mercia, el centro del país) y Anglia Oriental (que Eduardo conquistó de los vikingos). Al oeste, protegido por el dique de Offa, había varios reinos galeses y al norte estaba el reino vikingo de York. En un principio, en 926 Athelstan había negociado la paz con el rey Sihtric de York (que reinó de 921-927). Pero cuando Sihtric murió al año siguiente y su hermano, Guthrith de Dublín (que reinó de 921-934) zarpó en dirección este para tomar el trono, Athelstan marchó al norte, tomó York primero y se autoproclamó señor de la ciudad.

Aunque en general los norteños sospechaban de los reyes sureños, muchos cristianos se quedaron en la región. Así, para crear una causa común, Athelstan asoció la Iglesia del norte a su gobierno en Northumbria y le concedió muchas tierras al arzobispado de York para garantizarse su lealtad y su apoyo. También visitó el santuario de san Cutberto en la catedral de Durham, que era el más admirado del norte, y le presentó regalos.

Eliminar publicidad
Publicidad

Tras asegurar York, Athelstan convocó a varios gobernantes norteños de Escocia, Strathclyde (un reino celta noroccidental) y Bamburgh (tierras inglesas al norte de Yorkshire) a un encuentro en Eamont Bridge en Cumbria, en la frontera noroccidental de su reino. En este encuentro todos le juraron lealtad a Athelstan y, como reyes cristianos, prometieron no aliarse nunca con los vikingos paganos. Sin duda, Athelstan seguía con la mirada puesta en los ambiciosos parientes de Sihtric en Dublín, que todavía reclamaban York.

British Isles at the Beginning of the 10th Century
Islas Británicas a principios del siglo X d.C. Ikonact (CC BY-SA)

Después de establecer su imperio en el norte, regresó al sur, a Hereford, cerca de la frontera galesa, donde los reyes galeses también se sometieron a su autoridad y le concedieron en conjunto un tributo anual de «veinte libras de oro y trescientas libras de plata, además de entregar 25.000 bueyes y tantos perros [de caza] como le placiera... y aves de presa» (Sharpe, 134).

La reputación de Athelstan y la inmensidad de su reino eran tales que sus rivales se habían sometido con la simple amenaza de violencia o, tal y como lo cuenta William de Malmesbury, «por el simple terror a su nombre» (Sharpe, 132). Pero ¿cómo podría este «rey de toda Gran Bretaña», que era como se autoproclamaba ahora Athelstan, gobernar y mantener unido su nuevo imperio?

¿Te gusta la historia?

¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!

Gobernación, ley y los concilios reales

Tradicionalmente, un rey anglosajón ejercía su autoridad a través de concilios reales compuestos de sus seguidores principales. Sin embargo, como gobernante de un reino recién formado y ampliado, los concilios de Athelstan tenían más el aspecto de asambleas nacionales, algunas de las cuales contaban con más de 100 señores y clérigos procedentes de toda Inglaterra. Según la descripción de Michael Wood, estos concilios «le permitían hablar con los líderes de las regiones, consultar sobre crímenes y castigos, promulgar leyes, recibir embajadores extranjeros y establecer su política. Cara a cara, podía persuadir, recompensar y, de ser necesario, amenazar» (21).

También servían para romper el separatismo regional. Los sajones occidentales, que en el pasado habían favorecido a su hermano, y los mercios, que habían crecido con Athelstan, ahora se sentaban juntos en un concilio común. En este concilio también estaban presentes sus antiguos rivales, los caudillos vikingos subyugados del este y el norte de Inglaterra. Mientras tanto, los arzobispos de Canterbury y York se unieron por primera vez gracias a un proyecto político compartido y podían regocijarse de que su nuevo protector fuera un hombre devoto y estudioso de verdad.

11th-Century Depiction of a Biblical King and His Council
Representación de un rey bíblico y su Consejo, del siglo XI Old English Illustrated Hexateuch (Public Domain)

Las leyes decretadas por Athelstan en estos concilios dejan ver a un gobernante enérgico deseoso de imponer la estabilidad. La acuñación de monedas y el comercio general fuera de los burhs (los burgos, las ciudades amuralladas) estaban prohibidos para alentar la actividad comercial en las ciudades, donde los agentes de la corona podían regular la compraventa. Estos agentes se aseguraban de que las disputas comerciales se resolvieran rápidamente y de que las monedas nuevas se atenían a los requisitos de peso y al estándar de plata. Entre estas leyes más severas estaban la pena de muerte por robo, un problema constante durante su reinado, aunque más tarde, y después de pensarlo mejor, subió la edad de la pena de muerte de 12 a 15 años porque le parecía «demasiado cruel matar a un hombre tan joven» (Whitelock, 428). También promulgó las primeras leyes inglesas para ayudar a los pobres:

Eliminar publicidad
Publicidad

Es mi deseo que vosotros [los terratenientes] proveáis siempre a los ingleses indigentes de alimento, si tenéis a uno [en vuestras tierras], o si encontráis a uno [en otra parte].
(Leyes de Athelstan)

Para Athelstan, ayudar a los pobres y los vulnerables era parte de su deber como gobernante cristiano, responsable de las almas de sus súbditos. Entre estas responsabilidades también estaba proteger a la Iglesia y garantizar que se ofreciera el cuidado pastoral en todo su reino. También fundó iglesias nuevas en Milton Abbas y en Muchelney al sureste de Inglaterra, y varias iglesias y monasterios, incluida la abadía de Malmesbury, se beneficiaron de sus donaciones de tierras, libros y reliquias. Tal generosidad atrajo estudiosos y monjes del continente, lo que garantizó que estas casas religiosas estuvieran bien dotadas de personal y que continuasen los programas educativos iniciados por Alfredo.

Familia y política exterior

Athelstan fue algo inusual entre los reyes medievales porque no se casó. Aunque en la película Siete reyes deben morir (2023) se lo representa como homosexual, no hay pruebas de la época que lo respalden. De cualquier manera, había motivos políticos para que permaneciera soltero. Athelstan tenía dos hermanos muy jóvenes: Edmundo (nacido en 921) y Eadred (nacido en 923), del matrimonio de su padre con Eadgifu de Kent, a quienes básicamente adoptó y preparó para gobernar. Casarse y tener hijos propios habría llevado sin duda a un enfrentamiento entre sus hijos y sus hermanos y, como él mismo se había visto envuelto en una crisis de sucesión en 924, Athelstan quería evitar crear otra.

Statue of King Aethelstan
Estatua del rey Athelstan Smabs Sputzer (CC BY)

Aparte de eso, tampoco necesitaba casarse para formar alianzas extranjeras. Ya tenía buenas conexiones con el continente y arregló matrimonios para sus hermanas para profundizar estos lazos. Estos vínculos con Europa incluían a un primo, el conde Arnulfo (que reinó de 918-965), que gobernaba cerca de Flandes, y un sobrino, el príncipe Luis (que reinó de 936-954), heredero del trono francés, aunque creció en Inglaterra después de que su familia, los carolingios, fuera depuesta en 922.

Athelstan fue el primer rey inglés en convertirse en una figura significativa en Europa.

A medida que la dinastía carolingia se retiraba de toda Europa (eran los antiguos gobernantes de Francia y Alemania), fueron surgiendo nuevas familias gobernantes deseosas de casarse con la casa de Wessex, mejor establecida, más prestigiosa y consolidada. En 926 la hermana del rey, Eadhilda, se casó con Hugh, duque de los francos, quien honró a Athelstan con la espada de Constantino el Grande y la lanza de Carlomagno. Otra hermana, Edith, se casó con el príncipe Otón (futuro rey de Alemania que reinó de 936-973) y otra más, Aelfgifu, se casó con un príncipe borgoñón ese mismo año. Todas estas conexiones ayudaron a Athelstan a restaurar a su sobrino Luís en el trono francés cuando llegó a la mayoría de edad, y tanto Hugh de Francia como Arnulf de Flandes apoyaron su acceso al trono en 936.

Eliminar publicidad
Publicidad

Además de Luís, Athelstan también tenía varios príncipes extranjeros en su corte, incluidos Haakon de Noruega (que reinó de 934-961) y Alan II de Bretaña (que reinó de 938-952), ambos de los cuales recibirían en su momento una flota y soldados para establecerse como gobernantes de sus patrias en la década de 930. Estos matrimonios e intervenciones hicieron que Athelstan fuera el primer rey inglés en ser alguien importante en Europa. De hecho, para finales de la década de 930, casi todos los gobernantes cristianos de la costa occidental de Europa eran aliados suyos.

La batalla de Brunanburh

Las conquistas y los tratados de Athelstan con los gobernantes del norte le brindaron seis años de paz a Gran Bretaña, durante los cuales «hubo paz en todas partes y una abundancia de todo», señaló un cronista nostálgico (Campbell, 54). Por desgracia la paz se acabó en 933 cuando el rey Constantino II de Escocia (que reinó de 900-943) quiso liberarse del yugo de Athelstan y retiró su alianza con los ingleses. En respuesta, Athelstan condujo una campaña al norte, saqueó Escocia y suprimió la revuelta. Arrastraron a Constantino al sur, a Buckingham, donde volvió a jurarle lealtad a Athelstan.

Sin embargo, no había dejado sus planes de lado. De vuelta en casa, Constantino empezó a conspirar una vez más, esta vez con aliados entre los que se contaban Owain de Strathclyde (en torno a la década de 930), que también quería librarse del yugo inglés, y Olaf de Dublín (que reinó de 934-939), hijo de Guthrith, que había perdido York a manos de Athelstan en 927. Tras heredar Dublín en 934, Olaf era temido en todo el mar de Irlanda; contaba con la lealtad de varios reyes de los mares vikingos y muchos lo consideraban el heredero legítimo de York. Y si podía reclamar York, los reyes del norte recuperarían un Estado intermedio y un poderoso aliado contra los ingleses.

Los aliados zarparon en dirección al norte de Inglaterra el verano de 937 y se encontraron en Brunanburh (probablemente la actual ciudad de Wirral en Bromborough) en el mar de Irlanda. Athelstan marchó lentamente desde el sur seguido de los guerreros de Mercia y Wessex y llegó a Wirral alrededor de octubre de 937.

Battle of Brunanburh
Batalla de Brunanburh Medieval Warfare Magazine / Karwansaray Publishers (Copyright)

Brunanburh fue una de las batallas más grandes de la época anglosajona, ya que ambos bandos contaban entre 5.000 y 10.000 guerreros. Athelstan comandó personalmente el flanco izquierdo del ejército inglés contra los vikingos, mientras que el príncipe Edmundo, entonces de 16 años, lideró la derecha contra los escoceses y los britanos de Strathclyde. El enfrentamiento de Brunanburh fue una demostración de gran brutalidad y los supervivientes lo conocerían después sencillamente como «la gran batalla» (Campbell, 54). Un poeta contemporáneo horrorizado, que documentó la muerte de varios de los líderes de la invasión, comentó: «Nunca hubo más masacres en esta isla» (Livingston, 43). A medida que la batalla avanzaba, a última hora del día, las fuerzas inglesas rompieron el muro de escudos de sus enemigos y el caos se extendió a través de sus líneas de batalla a medida que los invasores eran masacrados o huían.

Athelstan salió victorioso, pero el costo fue alto. Perdió gran parte de su ejército lo que le impidió establecer la hegemonía sobre Escocia y Strathclyde. Aun así, la batalla fue un punto de inflexión para los ingleses y se recuerda como la primera gran victoria en defensa de su patria.

Eliminar publicidad
Publicidad

Muerte y legado

El 27 de octubre de 939, mientras presidía la corte en Gloucester, Athelstan murió a los 45 años. Sigue sin saberse cuál fue la causa de la muerte. La Crónica anglosajona se limita a decir: «Este año el rey Athelstan murió en Gloucester» (Giles, 65). Su cuerpo se llevó y se enterró en la abadía de Malmesbury. Esto rompió con la tradición, ya que normalmente los reyes de Wessex se enterraban en Winchester, la sede del obispo principal de Wessex. Sin embargo, la preferencia que demostró la ciudad por Aelfweard en 924 había enfriado la relación con el rey. Malmesbury, por su parte, era una casa religiosa favorita de Athelstan y se encontraba en la frontera entre Mercia y Wessex, lo que demostraba que, incluso en la muerte, se sentía igual de vinculado a su herencia sajona como a su educación mercia.

Tomb of King Aethelstan in Malmesbury Abbey
Tumba del rey Athelstan en la abadía de Malmesbury Adrian Pingstone (Public Domain)

A diferencia de su padre, Athelstan había establecido su sucesión y, a su muerte, el trono pasó a su hermano Edmundo (que reinó de 939-946), el joven veterano de Brunanburh, con el apoyo total de los señores ingleses. Sin embargo, los colonos vikingos del norte y el este del reino, a quienes Athelstan y su tía Ethelfleda habían conquistado, retiraron inmediatamente su lealtad a los ingleses e instaron a Olaf de Dublín a que los guiara. Puede que temieran a Athelstan, pero Edmundo no había sembrado el miedo (todavía) en los corazones de sus enemigos como había hecho su hermano. No obstante, lucharía por controlar el norte de Inglaterra, una batalla que duraría una generación y terminaría con un tercer hermano, el rey Eadred (que reinó de 946-955), que estableció el control de Wessex sobre Northumbria por última vez en 954.

Aunque su imperio se desmoronó a su muerte, en vida Athelstan se mantuvo invicto en la batalla y nunca lo conquistaron. Ciertamente, sus contemporáneos lo reconocieron como un gobernante destacado. Un poeta de su corte proclamó que Athelstan «era célebre en todo el mundo» (Foot, 94). Aparte, un monje irlandés lo alabó como «el pilar de la dignidad del mundo occidental» y llegando incluso a Islandia se lo recordaba como «Athelstan el Victorioso» (Foot, 106 y 179). Aunque logró gobernar sobre toda Gran Bretaña durante décadas, presentándose a sí mismo como un emperador romano tardío, al final pasaría a la historia como el primer rey de Inglaterra

Eliminar publicidad
Publicidad

Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Michael McComb
Michael Mccomb se graduó de la universidad Manchester Metropolitan con una Maestría en Historia en el 2022 y ha escrito para las revistas Historians Magazine, Collector, Medieval Living y Lessons from History.

Cita este trabajo

Estilo APA

McComb, M. (2025, agosto 21). Athelstan. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24653/athelstan/

Estilo Chicago

McComb, Michael. "Athelstan." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, agosto 21, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24653/athelstan/.

Estilo MLA

McComb, Michael. "Athelstan." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 21 ago 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-24653/athelstan/.

Apóyanos Eliminar publicidad