Marco Junio Bruto (85 a 42 a.C.) fue un senador romano famoso por su papel en el asesinato de Julio César en los idus de marzo (15 de marzo) del 44 a.C. Se decía que descendía del semilegendario fundador de la República romana y llegó a oponerse al autocrático comportamiento mostrado por César después de que éste último se hiciese dictador. Después de matar a César, Bruto huyó al este, donde él y su compañero de conspiración, Cayo Casio Longino reunieron un ejército. Finalmente, Bruto fue derrotado por los sucesores de César en la batalla de Filipos, en el 42 a.C. y, al poco tiempo, cometería suicidio. Es recordado tanto como un hombre noble que actuó en oposición a la tiranía y como uno de los traidores más notorios de la historia.
Familia y primeros años de vida
Bruto nació a finales del año 85 a.C. en el seno de la gens Junia, una de las familias de Roma más ilustres. Según la leyenda, fue su ancestro, Lucio Junio Bruto, quien habría expulsado al último de los reyes y establecido la República romana, sirviendo como uno de sus primeros dos cónsules elegidos. El historiador romano Livio escribe que este Junio Bruto había hecho un juramento sagrado de expulsar al rey y a su despiadada familia de la ciudad y que él nunca permitiría de nuevo que ni «ellos ni cualquier otro hombre fuese rey en Roma» (1.58). Y por siglos el juramento de Bruto se mantuvo firme. Sin duda, la República había tenido sus crisis y baños de sangre, sus demagogos y dictadores. Pero no había habido más reyes. La familia Junia estaba orgullosa de su tradición como defensores de la libertad romana. Ya de adulto, Marco Junio Bruto exhibía un árbol genealógico en el tablinum de su casa.
EN EL AÑO 59 A.C., BRUTO FUE IMPLICADO EN EL CASO DE VETTIUS, UN COMPLOT PARA ASESINAR A POMPEYO.
La Roma de su nacimiento era un lugar convulso. Su padre, también llamado Marco Junio Bruto, se rebeló contra el Senado romano en 77 a.C. Fue asediado por las fuerzas bajo Pompeyo el Grande y, al quedar claro que la resistencia ulterior era inútil, se rindió con el compromiso de que se le concedería la amnistía. Pero esto fue una mentira; Bruto el Mayor fue aprehendido y ejecutado, ya fuese por órdenes de Pompeyo o de uno de sus subordinados. Desde entonces, la familia de Bruto desarrolló un profundo odio por Pompeyo. Su madre, Servilia, estaba entre las mujeres más influyentes en Roma. Era una astuta operadora política quien negoció matrimonios ventajosos para sus tres hijas. El que ella fuese amante de Julio César era un secreto a voces y a menudo actuaba como su confidente y agente de sus negociaciones políticas. Como consecuencia, se rumoreaba que Bruto era realmente hijo ilegítimo de César. Pero, debido a que César solo contaba con 15 años cuando Bruto nació, los eruditos modernos lo estiman como poco probable.
Al crecer, Bruto era un joven inteligente, apuesto, con un profundo interés en la filosofía, en particular por los platónicos. Tenía una mata de cabello rizado y espeso, ojos penetrantes y profundos, nariz recta y cuello musculoso. Según el historiador Barry Strauss era «orgulloso, talentoso, sobrio, noble y, probablemente, un poco vanidoso» (15). Debido a la mancillada reputación de su padre, no pudo iniciar una carrera política hasta un momento tardío en su vida. Por ello, culpaba a Pompeyo, una aversión que casi se hizo violenta. En el año 59 a.C., Bruto se vio implicado en el asunto Vettius, una conspiración para asesinar a Pompeyo. Pero Bruto se salvó de encarar ningún tipo de consecuencias cuando su nombre fue extraído de la lista de conspiradores. Debido a que ese año César servía como cónsul, es plausible que rescatase a Bruto como un favor a Servilia.
En torno al año 59 a.C., Bruto fue adoptado por un pariente, Quinto Servilio Cépio. Aunque continuó usando su nombre de nacimiento antes que su nuevo nombre adoptivo, Quinto Servilio Cépio Bruto, la adopción sirvió para borrar las manchas de la traición de su padre y le permitió iniciar su carrera política. Su primer trabajo fue en 58 a.C., cuando se trasladó a Chipre para servir como un asistente de su tío materno, Catón el Joven, gobernador de la provincia. Según el historiador Plutarco, Bruto era bastante hábil para este puesto. También aprovechó la oportunidad para aprender con su tío materno, un hombre a quien respetaba y que a menudo se veía como el epítome de los ideales republicanos romanos.
En 54 a.C., Bruto se casó con Claudia, hija del cónsul en funciones Apio Claudio Pulcro. El matrimonio en la poderosa familia Claudia probablemente le ayudó a impulsar su carrera; al año siguiente fue elegido cuestor y admitido en el Senado romano. En el año 53 a.C. fue a Cilicia para servir bajo las órdenes de su suegro como vicegobernador o teniente gobernador. Como muchos otros gobernadores romanos de la época, usó su cargo para enriquecerse mediante la extorsión de las poblaciones locales. En un caso particularmente notorio, le otorgó un préstamo a la ciudad de Salamina, en Chipre, a la exorbitante tasa de interés anual del 48%. Cuando los hombres que lideraban la ciudad incumplieron en el pago de la deuda, envió a unos cobradores armados para encerrarlos en la sede del concejo de la ciudad hasta que pudiesen recolectar el dinero. Para el momento en que todo terminó, cinco de los miembros del concejo habían muerto de hambre.
Cuando Bruto retornó a Roma en el 52 a.C., se encontró una ciudad sumergida en el caos. Su tío político, el agitador y líder de una banda, Publio Clodio Pulcro, apenas había sido asesinado y Pompeyo había sido elegido como único cónsul para restaurar la ley y el orden. Esta era una acción sin precedentes que Bruto temía que fuese la precursora de una dictadura. Escribió un panfleto titulado De Dictatura Pompei («Sobre la dictadura de Pompeyo») en el cual se oponía virulentamente a la concentración de demasiado poder en las manos de un hombre. «Es mejor no gobernar a nadie que ser esclavo de otro hombre,» escribió en uno de los pocos fragmentos que sobreviven, «pues se puede vivir honorablemente sin poder, pero vivir como un esclavo es imposible» (citado en Tempest, 50).
En torno al 51 a.C. Bruto fue elegido pontífice máximo, un importante cargo sacerdotal que supervisaba la religión y la ley. Es probable que consiguiese ese cargo gracias al apoyo de César, quien estaba lejos, librando su controvertida guerra en la Galia. Para entonces, Pompeyo y César eran los dos hombres más poderosos en Roma y estaba claro que las relaciones entre ellos se estaban deteriorando. Los optimates, una facción conservadora de senadores romanos, querían que César abandonara a sus legiones y retornase a Roma para responder por crímenes que él supuestamente había cometido tanto antes como durante sus guerras galas. De no hacerlo, estaban dispuestos a requerirle a Pompeyo que liderara un ejército contra él y lo llevara ante la justicia. En la medida en que las tensiones aumentaban, Bruto permaneció en silencio, rehusando a tomar partido públicamente.
Pero entonces, cuando César cruzó el Rubicón con sus legiones en enero del 49 a.C., la neutralidad ya no era una opción. Bruto, en la guerra civil subsiguiente, se puso del lado de Pompeyo y los optimates; a pesar de su odio hacia Pompeyo, actuó por lealtad a la República, la cual estaba siendo invadida por César, o porque los hombres que él más admiraba, como su tío Catón y el orador Marco Tulio Cicerón, ya se habían inclinado por los pompeyanos. Se desconoce si estuvo presente en la batalla de Farsalia en 48 a.C., cuando Pompeyo fue derrotado decisivamente por César (Pompeyo fue asesinado poco tiempo después en Egipto). No obstante, según Plutarco, antes de la batalla, César había ordenado a sus hombres hacer prisionero a Bruto si él se rendía, pero no hacerle daño si seguía peleando.
DESPUES DE FARSALIA, BRUTO LE ESCRIBIÓ A CÉSAR PIDIENDO CLEMENCIA. CÉSAR ESTABA FELIZ DE COMPLACERLE Y LE CONCEDIÓ EL PERDÓN TOTAL.
Después de Farsalia, Bruto le escribió a César pidiendo clemencia. César estaba feliz de concederle el perdón total. Algunos académicos han especulado que César perdonó a Bruto por amor a Servilia, mientras que otros sostienen que él vio el valor propagandístico de contar con alguien tan respetado como Bruto de su lado. En todo caso, César premió a Bruto con el prestigioso puesto de gobernador de la Galia Cisalpina en 46 a.C. Esta vez, Bruto no extorsionó a la población local; la mayoría de estos provincianos era leales a César, quien no hubiese permitido que se sacara ventaja de ellos. Por esta restricción, Bruto demostró ser un gobernador popular y, al final de su mandato de un año, se erigió una estatua suya en Mediolanum (Milán). César, a finales del 45 a.C., designó a Bruto pretor urbano y le prometió futuros cargos, incluyendo el de cónsul.
Conspiración
La carrera de Bruto, sin dudas, iba bien bajo César y es probable que sintiera afecto por el viejo estadista. Sin embargo, no podía sentirse menos que perturbado por la forma en que progresaban las cosas. César había sido nombrado dictador por primera vez poco después de haberse iniciado la guerra civil, pero en 44 a.C. fue designado dictador vitalicio (dictator perpetuo). Para entonces, había empezado a comportarse cada vez más como un monarca. Tomaba decisiones importantes sin consultar al Senado, tales como designar a sus propios oficiales, adjudicar tierras a sus soldados veteranos y cambiar el calendario. Comenzó a usar botas rojas altas y asistía a las reuniones del Senado sentado en una silla dorada, ambas reminiscencias del período monárquico romano. Pareció insultar al Senado al no levantarse ante una comisión senatorial, destituyó a dos tribunos elegidos apropiadamente y, en el festival de las lupercales, su lugarteniente Marco Antonio le ofreció reiteradamente una corona.
Comenzaron a incrementarse los rumores de que César quería hacerse oficialmente rey antes de partir en una expedición militar hacia Partia para finales de marzo del 44 a.C. Bruto sentía sobre sus hombros la pesada carga del legado de su familia. Aparecieron grafitis en la tribuna donde él se sentaba como pretor urbano y sobre las estatuas de su ancestro legendario, llamándole a la acción con frases como «¡Despierta Bruto!» y «Tú realmente no eres Bruto» (citadas en Strauss, 80). Su amigo Cicerón le escribió cartas solicitándole reconsiderar su lealtad con César, al igual que su esposa, Porcia (se había divorciado de Claudia en 45 a.C.). Hija de Catón el Joven, (y, por lo tanto, prima de Bruto) compartía los ideales republicanos de su difunto padre y, según algunas fuentes antiguas, fue fundamental para convencer a Bruto de que actuara. El golpe de gracia llegó en la noche del 22 de febrero del 44 a.C., cuando Bruto fue visitado por su cuñado Cayo Casio Longino. Casio persuadió a Bruto de que algo había que hacer para detener a César y de que sin él ninguna conspiración sería exitosa.
Bruto no solo se unió a la conspiración, sino que pronto estaría entre sus líderes. Junto con Casio y su primo lejano Décimo Bruto Albino, reclutó a otros senadores descontentos quienes tenían razones para oponerse al dictador. Finalmente, eran probablemente unos 60 conspiradores, de los cuales solo alrededor de 20 participarían directamente en el asesinato. Aunque estaba de acuerdo en que César debía morir, Bruto insistió en que solo estaban actuando para eliminar a un tirano y les instó a que se abstuvieran de realizar cualquier cosa que pareciera un golpe de Estado o cambio de régimen. A tal fin, disuadió a Casio de asesinar también a Marco Antonio y, afortunadamente, argumentó con éxito en contra de tomar el control de cualquier fuerza militar. Después de cavilar sobre diferentes planes, Bruto y los demás conspiradores decidieron atacar a César en la próxima sesión del Senado, la cual tendría lugar en la sede del Senado, en el Pórtico de Pompeyo, en los idus de marzo.
Los idus
Bruto y Casio llegaron temprano al pórtico el día en que César moriría. Como pretor urbano, era el trabajo de Bruto escuchar a los suplicantes quienes tenían asuntos de justicia que discutir y, por lo tanto, invirtió estas horas agotadoras de nervios en discusiones calmadas con los hombres quienes tenían asuntos con él. Plutarco enfatiza que «cualquiera que supiese lo que iba a suceder habría estado asombrado de la calma imperturbable y presencia de ánimo que [Bruto y Casio] demostraban a medida que el momento crítico se acercaba» (citado en Tempest, 1). César llegó tarde a la reunión; inicialmente él había decidido no venir pero Décimo Bruto, su viejo compañero de guerra, lo había convencido para que fuera. Cuando César entró en el edificio solo y sin llevar guardaespaldas, los conspiradores lo cercaron y desenvainaron sus dagas.
«¿Por qué?, ¡esto es violencia!» gritó el dictador poco antes de ser apuñalado una vez, luego dos veces. Pronto fue rodeado por una multitud enardecida de senadores. A medida que ellos ciegamente cortaban y desgarraban (César finalmente recibiría 23 puñaladas) algunos de los asesinos accidentalmente se apuñalaron entre ellos, y Bruto sufrió una herida en la mano por confusión. Al principio, César se defendió empujando a los asaltantes lejos; es decir, según Plutarco, hasta que él notó a Bruto allí de pie, daga en mano. A esta altura, parece que se rindió, enterró el rostro en sus ropas y se dejó golpear por los asesinos.William Shakespeare le hace gritar la famosa «Et tu, brute?» pero esto solo fue una invención del bardo. Algunas fuentes antiguas sostienen que vociferó «¿Y tú, mi hijo?» al ver a Bruto, lo cual puede haber sido un reconocimiento de último minuto de que Bruto era su hijo (poco probable) o una maldición. Otras fuentes afirman que sencillamente se quedó en silencio. En todo caso, pronto estuvo muerto, su oscura sangre esparcida por el augusto suelo de la sede del Senado.
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La última contienda por la República
Los asesinos, o «Libertadores», como se autodenominaban, marcharon desde la sede del Senado a la colina Capitolina, sus manos y togas literalmente manchadas con la sangre de César. Defendidos por gladiadores contratados por Décimo Bruto, se atrincheraron en la Capitolina por dos tensos días, pronunciando discursos que condenaban la tiranía de César y justificaban sus acciones por el bien de la república. El 17 de marzo se alcanzó un acuerdo en el Senado para evitar un mayor derramamiento de sangre: se les concedería amnistía a los Libertadores y, en contrapartida, se mantendrían las designaciones políticas y las reformas de César. Bruto y Casio descendieron de la colina, pero unos días más tarde, una revuelta en el funeral de César, quizás orquestada por Antonio, hizo que temiesen por sus vidas. A mediados de abril, abandonaron Roma y huyeron a Antium (Anzio).
Bruto y Casio esperaron allí hasta principios de agosto, cuando se dirigieron al este, ya que los sucesores de César estaban consolidando sus fuerzas y la guerra civil parecía inminente. Bruto se despidió con llanto de Porcia en la Italia meridional, donde se separaron en frente de una pintura de Héctor y Andrómaca, la trágica pareja heroica de la Ilíada. Luego, Bruto fue a Grecia, donde disfrutó de mucha simpatía entre los jóvenes hijos ricos de la nobleza romana quienes estaban estudiando en Atenas. En parte gracias al apoyo de los estudiantes romanos en Atenas pero, principalmente, mediante el pillaje a las ciudades griegas, reunió fondos suficientes para levantar un ejército y, en enero del 43 a.C., marchó al norte, entrando a Macedonia. Allí capturó a Cayo, hermano de Marco Antonio (a quien posteriormente ejecutó), y pasó los siguientes meses reuniendo fuerzas, observando el discurrir de los acontecimientos en Italia.
Para entonces, las cosas no lucían muy buenas para los Libertadores. Los cesarianos, tras una breve guerra civil por la herencia de César, se habían reconciliado y formado una alianza de poder conocida como el Segundo Triunvirato; estos nuevos triunviros incluían a Marco Antonio, Marco Lépido y Octaviano, el sobrino nieto de César, de 19 años, a quien el dictador había adoptado póstumamente en su testamento. Los triunviros rescindieron la amnistía concedida a los Libertadores y Bruto, Casio y los demás conspiradores fueron todos condenados por asesinato in absentia. Bruto, intentando evitar la pena más intensa por la noticia de la inesperada muerte de Porcia en Italia, sabía que debía actuar rápido. En enero del 42 a.C., unió fuerzas con Casio, quien había estado ocupado reclutando 12 legiones por su cuenta en Siria. Una vez combinados sus ejércitos, decidieron esperar que esos triunviros llegaran y sellar el destino de la república de una vez por todas.
Los triunviros llegaron y, a principios de octubre del 42 a.C., los ejércitos oponentes estaban desplegados a las afueras de Filipos, en Macedonia oriental. El ejército del triunvirato, al mando de Octaviano y Antonio, tenía alrededor de 95.000 efectivos de infantería y 13.000 de caballería, mientras que Bruto y Casio tenían cerca de 85.000 en la infantería y 20.000 en la caballería. Inicialmente, la suerte parecía estar a favor de los Libertadores, ya que tenían acceso a suministros frescos y y controlaban el terreno alto. Pero Bruto no sentía que la fortuna estuviese de su lado. Varios meses antes, tuvo una visión de un espíritu que le dijo «Me verás en Filipos» (citado por Strauss, 221). Aún así, encaró con valentía su destino, escribiéndole a un amigo que o bien liberarían al pueblo romano en los campos de Filipos, o morirían y se liberarían ellos mismos de la esclavitud.
La primera batalla llegó el 3 de octubre, cuando Antonio flanqueó al ejército de Casio y arrasó su campamento. El mismo día, los soldados de Bruto lograron asolar el campamento de Octaviano, pero Casio, temiendo que todo se había perdido, cometió suicidio antes de saber de la victoria de Bruto. Después de la batalla cada bando retornó a su posición inicial y los hombres de Bruto tomaron el campamento de Casio. Este estancamiento continuó hasta el 23 de octubre, cuando Bruto atacó y fue vencido. Se las arregló para escapar del campo de batalla y huyó a las colinas con cuatro legiones. Al caer la noche y brillar las estrellas en el firmamento negro como la tinta, Bruto invirtió el tiempo citando literatura griega, contándoles a sus amigos que culpaba a la fortuna por su derrota y que moriría contento. Esa noche se suicidó al dejarse caer sobre su espada. Según Plutarco, sus últimas palabras fueron «Por todos los medios debemos huir, pero con nuestras manos, no con nuestros pies» (citado en Tempest, 208). En los milenios que seguirían sería recordado tanto como uno de los más grandes defensores de la libertad en la historia y como uno de sus traidores más notorios.
Muchos llegaron a creer que César se estaba convirtiendo más en una figura divina que en un gobernante, gradualmente alejándose de los valores tradicionales de la República romana que tenían la esperanza de que restaurase. Después de que César se convirtiera en dictador vitalicio, Bruto, quien creía en los valores tradicionales de la República romana, se unió a la conspiración contra César.
¿Qué pasó con Bruto después de matar a César?
Después de los idus de marzo, Bruto recibió la amnistía, pero pronto estalló de nuevo la guerra civil. Bruto y Casio fueron derrotados por las fuerzas de Octaviano y Marco Antonio en la batalla de Filipos, en el año 42 a.C. Bruto, para evitar ser capturado, cometió suicidio.
Carlos es ingeniero metalúrgico de Barquisimeto, Venezuela. Desde la infancia se sintió muy atraído por la geografía y la historia antigua. Leer sobre estos temas se convirtió en una afición y fortaleció sus conocimientos sobre historia.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 06 febrero 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.