Thomas Wolsey

Mark Cartwright
por , traducido por Eliana Rua Boiero
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Cardinal Wolsey (by Unknown Artist, Public Domain)
El cardenal Wolsey Unknown Artist (Public Domain)

Thomas Wolsey, el cardenal arzobispo de York (hacia 1473-1530), fue el lord canciller de Enrique VIII de Inglaterra (que reinó de 1509 a 1547) desde alrededor de 1532 a 1529. Wolsey llegó a ser el hombre más poderoso de Inglaterra después del rey; creó el tribunal de equidad, trabajó en la política exterior de Inglaterra con cierto éxito y construyó el famoso palacio de Hampton Court cerca de Londres. Incapaz de conseguir que el papa anulara el primer matrimonio de Enrique con Catalina de Aragón (1485-1536), Wolsey cayó en desgracia con su amigo y monarca. Tras ser acusado de traición, el cardenal, que ya estaba enfermo de gravedad, murió de camino a su encarcelamiento y juicio en noviembre de 1530.

Primeros años y ascenso en la Iglesia

Thomas Wolsey, hijo de un carnicero, nació hacia 1473 en Ipswich. Estudió en la universidad y se convirtió en el capellán de Enrique VII de Inglaterra (que reinó de 1485 a 1509), donde obtuvo una experiencia invaluable en la política de los Tudor de su patrocinador, el consejero y obispo Richard Fox (1448-1528). Sin embargo, fue durante el reinado de Enrique VIII cuando la carrera de Wolsey realmente despegó. Efectivamente, tras ser nombrado limosnero (dador de limosnas) real en 1509, y como el nuevo rey decidió rodearse de sus propios consejeros en lugar de los de su padre, Wolsey disfrutó de un ascenso meteórico al poder en 1514. En marzo de ese mismo año, se convirtió en el obispo de Lincoln y unos meses después, en septiembre, lo nombraron arzobispo de York y así se convirtió en el segundo funcionario eclesiástico más poderoso de Inglaterra.

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El cardenal Wolsey se convirtió en una enorme araña política, con una red de subordinados que se extendía a cada rincón del reino.

Wolsey, ansioso por ser el hombre principal de Inglaterra, pero a sabiendas de que el actual arzobispo de Canterbury tenía su posición asegurada, lo salteó y abordó directamente al papa. En 1515, Wolsey se convirtió en cardenal, de modo que ahora tenía un rango superior al arzobispo; era, verdaderamente, un «príncipe de la Iglesia». En 1518, avanzó un paso más y se convirtió en un legado papal (legatus a latere), es decir, un representante del papa que tiene derecho a tomar decisiones en su nombre. Normalmente, los legados recibían su autoridad solo por tiempo limitado y con un fin específico, como una conferencia internacional. En 1524, el cardenal Wolsey recibió el poder de legado de por vida. Thomas no podía creer que, un día, podría incluso estar en la posición de ser el papa.

Aun antes de estos avances eclesiásticos trascendentales y un hecho mucho más importante para la historia, Wolsey se había convertido en lord canciller en alrededor de 1513 (o tal vez en 1515; los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre la fecha). Efectivamente, con este cargo, era el único ministro de Enrique VIII, la cúspide misma de la pirámide de poder político de Inglaterra. Gracias a sus habilidades administrativas y buena relación con el rey, Wolsey se convirtió en una enorme araña política, con una red de subordinados que se extendía a cada rincón del reino.

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Henry VIII by Holbein
Enrique VIII, por Holbein Hans Holbein (Public Domain)

Como lo resume la historiadora S. Brigden, Wolsey desarrolló una relación laboral muy especial con su volátil monarca:

Se seguía consultando al consejo [del rey], pero solo después de que Wolsey y el rey, en una especie de sociedad, hubieran determinado la política. Primero, Wolsey le «insinuaba» cierta idea a Enrique; el rey «soñaba con ella cada vez más seguido», y recién en ese momento se informaba al consejo. La influencia de Wolsey parecía suprema, y su casa, en su magnificencia, parecía rivalizar la corte real. Se veía a sí mismo como el alter rex (el otro rey) de forma tan completa que se afirmaba que decía: «El rey y yo deseamos que hagan esto: el rey y yo les agradecemos cordialmente». Su orgullo y esplendor eran legendarios: le llevaban cruces, pilares y alabardas, símbolos odiados de su autoridad; los condes y los señores lo servían. (106)

El lord canciller y el «gran asunto»

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y a Wolsey se le encargó una tarea delicada y para nada sencilla: conseguirle un divorcio al rey. Enrique VIII se había casado con Catalina de Aragón en junio de 1509, pero, al no tener hijos varones, empezó a buscar una alternativa. Esta se presentó en la forma de la joven y atractiva dama de compañía Ana Bolena (hacia 1501-1536). Ana se negó a acostarse con el rey hasta que estuvieran casados y, en cualquier caso, el rey necesitaba un heredero legítimo (ya tenía uno ilegítimo). Se debía seguir el procedimiento adecuado, por lo que Enrique primero tenía que divorciarse de Catalina. La Iglesia católica no permitía el divorcio, pero los matrimonios podían anularse bajo ciertos argumentos, y Enrique creía tenerlos. En 1501, Catalina se había casado con Arturo, el difunto hermano de Enrique (nacido en 1486) y, así, Enrique escribió una carta al papa Clemente VII (que ocupó el cargo entre 1523 y 1534) en 1527 en la que sugería que la falta de un heredero varón era un castigo de Dios por haberse casado con la esposa de su difunto hermano, un argumento respaldado por el libro del Levítico en el Antiguo Testamento. En consecuencia, el rey deseaba que el papa anulara el matrimonio porque nunca debería haberse permitido en primer lugar.

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Wolsey fue enviado a reunirse personalmente con el papa en Roma y promover el caso de divorcio de Enrique, el «gran asunto».

Sin embargo, hubo problemas. En primer lugar, en términos prácticos, Catalina tenía el apoyo tanto de los plebeyos como de los nobles, e incluso el arzobispo de Canterbury de Enrique se oponía rotundamente a un divorcio real. Segundo, había alegatos legales y eclesiásticos que contraargumentar. Era poco probable que Catalina y Arturo, siendo tan jóvenes, se hubieran acostado juntos, por lo que la «Prohibición del Levítico» no se aplicaba en este caso. Además, otro pasaje de la Biblia, esta vez en el Deuteronomio, parecía contradecir el Levítico.

Wolsey fue enviado a reunirse personalmente con el papa en Roma y promover el caso de Enrique. Deseaba demostrar que el predecesor de Clemente no debería haber aprobado el matrimonio y que ahora debían delegarle el asunto a él como legado papal. Incluso le dijo a su superior clerical que su propio cargo estaba en riesgo si no tenía éxito en este asunto delicado. Clemente se mostró impávido y, probablemente más para posponer una decisión que otra cosa, solo aceptó enviar a otro legado, el cardenal Lorenzo Campeggio, a Inglaterra para investigar el «gran asunto» en más detalle. A Campeggio se le instruyó que se tomara su tiempo para llegar a destino y empezara fijándose si podía reconciliar a Enrique y Catalina. No era un panorama alentador para Enrique o Wolsey.

Pope Clement VII by Sebastiano del Piombo
El papa Clemente VII, por Sebastiano del Piombo Sebastiano del Piombo (Public Domain)

La corte que escuchó el caso, incluidos los lados de Enrique y de Catalina (que no quería divorciarse), se reunió en el verano de 1529, pero no llegó a ningún veredicto, y Campeggio regresó a Roma para seguir hablando del tema con el papa. En realidad, no había mucho que Wolsey pudiera hacer para presionar al papa, ya que este no necesitaba apoyo político ni económico de Inglaterra. Además, Clemente VII estaba obligado a mantener el favor del hombre más poderoso de Europa, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos I de España y V de Alemania (que reinó de 1519 a 1556), quien, de forma significativa, era sobrino de Catalina. Además, Enrique y Wolsey tenían que andar cautelosamente, ya que, si un papa excomulgaba a un monarca, en teoría, cualquier monarca rival podía desafiar su derecho a gobernar, lo que podría llevar a una invasión de Inglaterra por parte de una potencia extranjera. Por el momento, los participantes en este complejo juego de ajedrez, donde la reina estaba en disputa continua, se encontraban en un punto muerto. Wolsey no pudo cumplir el deseo de su rey y pagaría el peor precio, ya que el siguiente paso de Enrique fue sacrificar a su alfil para obtener una reina.

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Los tribunales

El «gran asunto» ha eclipsado el ejercicio de Wolsey como canciller, pero ciertamente fue un administrador muy talentoso y exhibía una energía inagotable en su trabajo. El cardenal también hizo un trabajo brillante para adquirir títulos, propiedades y riquezas para sí mismo. Los historiadores calculan que, en su apogeo, Wolsey amasaba 35.000 libras al año, seis veces más que su colega más rico en Inglaterra. Uno de sus éxitos duraderos fue la creación del tribunal de equidad, una corte independiente de los tribunales de justicia habituales y libre de las leyes comunes molestas e inflexibles que pocas personas ordinarias entendían. El tribunal de equidad estaba dirigido por el canciller, y se alentaba a la gente a presentarle sus demandas directamente a él si sentían que habían sufrido una injusticia. Los fallos se basaban en el sentido común y las ideas de la justicia natural, y se emitían mucho más rápido que en los tribunales de justicia normales. Por lo tanto, es irónico que, a lo largo de los siglos, el tribunal de equidad desarrolló tantas convenciones y reglas propias que adquirió mala fama por su lentitud y complejidad, subsumiendo a demandantes, demandados y sus riquezas, como se describe de forma cómica en obras literarias como Casa desolada de Charles Dickens (1852).

Otra área de expansión que Wolsey supervisó fue el enorme incremento del número de jueces de paz (funcionarios locales nombrados por la Corona para ejecutar las leyes nuevas y administrar justicia). Wolsey insistió en que se convocara a los jueces de paz a Londres con regularidad, donde un comité liderado por el propio Wolsey se reunía en la Cámara de la Estrella del palacio de Westminster y examinaba sus acciones. También era miembro de un tercer tribunal, el tribunal de peticiones, que estaba diseñado para darles a los ciudadanos más pobres acceso a la justicia monárquica. Así, el cardenal buscaba erradicar la corrupción y la injusticia sin descanso, aunque este no era un sistema de administración muy eficaz, ya que giraba por completo en torno a una sola persona; tampoco se ganó la simpatía de sus colegas. Como dice el historiador J. Morrill:

(...) Su estilo beligerante y autoritario acompañaba su propuesta ostentosa de impartir justicia de forma imparcial a los pobres, lo que insinuaba que antes estos habían recibido muy poca satisfacción de los ricos. (42)

A pesar de la sed de justicia, es cierto, como se ha visto anteriormente, que Wolsey también utilizaba estos tribunales para sus propios fines. El cardenal utilizó la ley para perseguir a aquellos que lo habían demandado, buscar a los que lo habían perjudicado o desafiado su monopolio de poder, y acumular su enorme riqueza; este objetivo parece haber sido siempre más importante que cualquier deseo de realizar reformas judiciales reales y duraderas. Las finanzas también resultaron ser un área difícil de reformar, ya que los intereses personales de los nobles poderosos bloqueaban el progreso a la hora de hacer al sistema más eficiente y al gasto monárquico más manejable.

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Thomas Wolsey, Cardinal Archbishop of York
Thomas Wolsey, cardenal arzobispo de York Unknown Artist (Public Domain)

Política exterior

Otra área en la que Wolsey se destacó fue en la de los asuntos exteriores. El cardenal administró la increíble logística de mover a los ejércitos de un lado al otro del canal, empezando con la fuerza expedicionaria de 1513, que capturó Tournai para Enrique. Luego negoció un acuerdo de paz con Francia para ponerle fin a una guerra costosa, y en última instancia improductiva, con esa nación. El 6 de agosto de 1514, las dos potencias firmaron un tratado. Como parte de él, la hermana de Enrique, María (nacida en 1496), se casó con Luis XII de Francia (1498-1515) en 1514. En 1518, Enrique se conformó con el statu quo en Europa y firmó un acuerdo de defensa mutua, el tratado de Londres, con Francia, España y el Sacro Imperio Romano Germánico. Dos firmantes adicionales fueron los Países Bajos y Borgoña, de modo que, para variar, las potencias europeas (aunque ciertamente de forma breve) trabajaron en conjunto por el bien común de todos.

Otro éxito de la política exterior de Wolsey fue el Campo del Paño de Oro, un magnífico espectáculo de pompa y boato celebrado a las afueras de Calais en junio de 1520. Wolsey organizó este evento como una especie de reunión de la cumbre internacional e incluía justas, caza y banquetes. El espectáculo contaba con muchísimas tiendas de lujo (de ahí su nombre) y se celebró como una magnífica, aunque algo vacía, muestra de amistad entre Inglaterra y Francia: Enrique y el nuevo rey, Francisco I de Francia (que reinó de 1515 a 1547). Al igual que muchas reuniones políticas internacionales modernas, el Campo del Paño de Oro resultó ser muy agradable a la vista pero decepcionante en sus logros.

El último éxito de Wolsey respecto de la política exterior fue el tratado de More de 1525, que renovaba las relaciones amistosas entre Inglaterra y Francia. A pesar de estos éxitos, tal vez es justo decir que ningún tratado jamás duró mucho tiempo, ya que Inglaterra desempeñaba un papel menor en el equilibrio de poder siempre cambiante entre el papado y las dos potencias mucho más ricas de Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico. Es posible que Enrique VIII deseara convertirse en el rey de Francia, pero esto nunca iba a pasar debido a los recursos limitados de su reino. El verdadero éxito de Wolsey, entonces, fue su flexibilidad y administración para evitar el aislamiento en Europa de todas las demás potencias aliadas contra Inglaterra.

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Hampton Court

La espléndida residencia de campo del cardenal Wolsey era el palacio de Hampton Court, que se encontraba a 19 km al sudoeste de Londres. En el lugar solo había una mansión, que le había pertenecido a la orden de los caballeros hospitalarios cuando Wolsey la adquirió en 1514. Cuando el cardenal estaba en Londres, vivía en el palacio de Whitehall. Wolsey le entregó Hampton Court a su rey en un intento infructuoso de recuperar su favor tras el fracaso del «gran asunto». Cuando el rey visitó su nuevo hogar en 1529, quedó asombrado por su opulencia y tal vez entonces se dio cuenta de toda la riqueza que Wolsey había acumulado durante su mandato como lord canciller.

Sin embargo, Enrique decidió hacer al palacio más grandioso y le agregó un nuevo Gran Salón, el Patio Verde del Claustro, una bolera y canchas de tenis, y mejoró la capilla y las cocinas. Enrique estaba tan complacido con el lugar que decidió vivir allí con Ana Bolena, y Eduardo VI de Inglaterra (que reinó de 1547 a 1553) nació allí. Siguió siendo una residencia real importante hasta el reinado de Jorge II (que reinó de 1760 a 1820).

El impuesto voluntario

Mientras que el «gran asunto» significó el final de la carrera de Wolsey, se destaca otro fracaso durante su mandato como lord canciller: el impuesto voluntario (Amicable Grant) de 1525. Este fue un impuesto exigido a los plebeyos y a la Iglesia sin el consentimiento del Parlamento (ese organismo solo se convocó dos veces durante el mandato de Wolsey). El equipo de comisionados de Wolsey realizaba una inspección extensa, denominada la «proscripción general» de 1522, para evaluar la riqueza, y por lo tanto la obligación, de cada persona. Este impuesto era distinto de los impuestos de tasa fija habituales; era muy alto y significaba que muchos de los que no habían pagado impuestos antes ahora tenían que hacerlo. No es de sorprender, entonces, que el impuesto fuera profundamente impopular y en absoluto «voluntario». Estos factores, la escasez de monedas y el mal estado de la economía que había motivado a Wolsey a imponer el impuesto (así como la necesidad de pagar por otra campaña en Francia) crecieron hasta convertirse en una oleada de hostilidad hacia el rey y su Gobierno. En consecuencia, estallaron rebeliones, en especial en Suffolk e incluso en Londres. A diferencia de todas las otras rebeliones durante el período Tudor, esta cumplió su cometido, ya que los ministros le asesoraron al rey que cediera y luego culpara a Wolsey de toda la debacle. Esto fue lo que sucedió, y así empezó la lenta caída en desgracia del lord canciller con el rey. Cuando el «gran asunto» resultó ser irresoluble tras muchos años de diplomacia infructuosa, la carrera de Wolsey colapsó de forma repentina y pasó al olvido.

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Caída y muerte

En 1529, Wolsey fue destituido de su cargo en el Consejo Privado y como lord canciller. Ahora, la estrategia permanente de Wolsey de monopolizar el poder y enemistarse con algunas secciones de la nobleza, junto con sus orígenes humildes nunca olvidados, se volvió todo en su contra. Sin el favor del rey para protegerlo, el cardenal tenía una larga lista de enemigos, todos demasiado ansiosos por verlo caer. Las cartas de súplica que Wolsey le escribió al rey Enrique no le hicieron cambiar de opinión. Con el tiempo, lo acusaron de traición, un acto fomentado por Ana Bolena y otros cortesanos que hizo que el rey se pusiera en contra de su viejo amigo, aunque había algunos fundamentos para la acusación, ya que el cardenal había contactado a las potencias extranjeras desde su caída en desgracia. Wolsey al menos evitó la vergüenza de un juicio falso y la conclusión inevitable de la pena de muerte, ya que murió en la abadía de Leicester de camino a Londres para enfrentar la justicia el 29 de noviembre de 1530. Al enterarse de la muerte del cardenal, Ana organizó un entretenimiento en el palacio llamado The Going to Hell of Cardinal Wolsey (La ida al infierno del cardenal Wolsey).

En 1529, Wolsey fue sucedido por sir Tomás Moro (1478-1535) como lord canciller, un cargo que ostentaría hasta 1532, cuando también cayó en desgracia con el rey por su «gran asunto». Luego, Enrique empleó los servicios del exsecretario de Wolsey, Thomas Cromwell (hacia 1485-1540), como lord canciller, y junto con el nuevo arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer (en el cargo de 1533 a 1555), el trío tomaría la medida radical de separar a la Iglesia de Inglaterra de Roma, lo que finalmente le permitió a Enrique anular su matrimonio en 1533. Luego, las enormes consecuencias del fracaso de Wolsey y la falta de voluntad para llegar a un compromiso de parte de Enrique o el papa llevaron, en última instancia, a la Reforma inglesa.

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Cartwright, M. (2026, julio 11). Thomas Wolsey. (E. R. Boiero, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18861/thomas-wolsey/

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Cartwright, Mark. "Thomas Wolsey." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, julio 11, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18861/thomas-wolsey/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Thomas Wolsey." Traducido por Eliana Rua Boiero. World History Encyclopedia, 11 jul 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-18861/thomas-wolsey/.

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