Mavia (que reinó de en torno a 375 a alrededor de 425 d.C.) fue una reina guerrera de la tribu árabe seminómada de los tanújidas, originaria de Siria y Jordania, que lideró una insurrección exitosa contra Roma en el año 378 d.C. También se la conoce como Maowiva, Mu`awiya, Mauia, Mania y Mawiyya. Parece seguro que controlaba el sur de Siria hasta Jordania, pero se discute hasta dónde se extendía su control más allá de esa zona. Ascendió al poder tras la muerte de su marido (cuya identidad se desconoce), descrito como «rey» o «filarca» (que significa «gobernante de una tribu»), y solo se la conoce por su rebelión contra Roma, en la que salió triunfante y pudo dictar condiciones.
Aunque se habla de ella como «reina de Siria», esta designación no es precisa. Mavia nunca gobernó Siria propiamente dicha, sino que lideró una coalición de tribus árabes en esa región. No se sabe qué fue lo que causó la revuelta, pero puede que tuviera algo que ver con la exigencia de Roma de reclutar hombres de sus tierras como auxiliares en su Ejército.
Tras su victoria, Mavia tenía suficiente poder como para dictar las condiciones de las negociaciones. Exigió que un monje cristiano ortodoxo, Moisés, fuera nombrado obispo de su pueblo. Parece que esta fue la única condición que impuso, lo que ha llevado a algunos a interpretar que Mavia y su pueblo eran cristianos. Sin embargo, los historiadores antiguos sugieren claramente que no lo eran. Probablemente eran paganos que admiraban a Moisés por su devoción a su dios y lo querían como su líder espiritual.
Roma aceptó esta condición y Moisés negoció la paz para después convertirse en obispo de las tribus. Mavia entregó a su hija en matrimonio al comandante en jefe romano Víctor, para sellar la paz, y más tarde envió tropas de su coalición para proteger la ciudad de Constantinopla tras la derrota romana a manos de los godos en la batalla de Adrianópolis en agosto del año 378 d.C.
La tribu de Mavia, bajo el liderazgo de su marido, era un foederatus de Roma; sus miembros servían como auxiliares en el ejército romano a cambio de ciertos beneficios proporcionados por roma.
Se supone que gobernó al menos hasta alrededor de 425 d.C., aunque esto es objeto de controversia, y no se sabe nada de su muerte. A menudo se la compara con la reina Zenobia de Palmira (que reinó en torno a 270-272 d.C.), más famosa, que también desafió a Roma.
Fuentes
La fuente principal de su historia es Rufino de Aquilea (en torno a 345-411 d.C.), quien ofrece el único relato contemporáneo de su revuelta en su Historia eclesiástica, libro XI.6.Sócrates el Escolástico (en torno a 380-439 d.C.) narra la misma historia en su Historia eclesiástica, libro IV.36. El historiador Teodoreto de Ciro (en torno a 393- alrededor de 458 d.C.) también recoge la rebelión de Mavia (Historia eclesiástica, libro IV.20) y luego Sozomeno (en torno a 400-450 d.C.) continúa su relato, donde llama a la reina Mania y amplía la historia en su Historia (libro VI.38).
Cualquier relato posterior de la rebelión de Mavia se basa en estos cuatro autores, así como en el texto conocido como Ammonii MonachiRelatio (Informe de Amonio el Monje, escrito en torno a 373-377 d.C.), que da cuenta de la masacre de monjes por parte de los sarracenos en los monasterios del monte Sinaí y Raitu. Esta obra menciona a un monje llamado «Moisés», que algunos estudiosos sugieren que es el mismo hombre al que Mavia tanto admiraba. Este Moisés se salva del ataque sarraceno, pero no se explica por qué y tampoco está claro qué provocó la masacre. Aunque la Ammonii Monachi Relatio se ha datado hacia el año 373 d.C., tiene más sentido situar la obra en torno a 377-378 d.C., más cerca de la época de la rebelión de Mavia en la zona que parece estar narrando.
Los tanújidas como foederati romanos
La tribu de Mavia, bajo el liderazgo de su marido, era un foederatus de Roma. Los foederati eran Estados-nación o tribus que servían como auxiliares en el Ejército romano a cambio de ciertos beneficios proporcionados por Roma. Esta clase de acuerdo se negociaba entre el rey o filarca de un Estado-nación o tribu y el emperador de Roma, pero parece que solo se mantenía vigente durante los reinados de los líderes que lo habían suscrito. Un sucesor no tenía la obligación de prestar el mismo servicio a menos que se llegara a un nuevo acuerdo al acceder al poder.
Los tanújidas habían emigrado a la región de la actual Jordania en algún momento del siglo II d.C., pero hay pruebas de que ya antes había miembros de la tribu allí que compartieron la prosperidad del Reino de Nabatea (en torno a 168 a.C.-106 d.C.). Cuando cayó el reino nabateo, Roma anexionó la región y las tribus que habían formado la coalición nabatea se alinearon a favor o en contra de la ciudad; los tanújidas eligieron a Roma, aunque no está claro exactamente por qué ni cuándo. Lo único que se sabe con certeza es que eran foederati romanos bajo el mando del marido de Mavia.
Se esperaba que los foederati lucharan por Roma cuando esta los convocase, y el marido de Mavia respetó esta política. No obstante, tras su muerte parece que ella tenía el derecho a solicitar negociaciones para formar un nuevo acuerdo, y es posible que Roma ignorara este derecho al suponer quizá que ella seguiría cumpliendo con las obligaciones de su difunto marido.
Claramente, Mavia era una comandante militar muy capaz. Dirigió sus ejércitos personalmente y arrasó la región desde Siria por todo el Levante, dispersando a cualquier fuerza que enviasen contra ella.
En el siglo IV d.C. Roma se enfrentaba a diversas incursiones y, bajo el emperador Valente (que reinó en 364-378 d.C.), estaba teniendo dificultades para hacer frente a los godos. Los godos habían aparecido por primera vez en territorios romanos en el año 238 d.C. y, desde entonces, se dedicaron a realizaron incursiones periódicas y destructivas. La más famosa fue la del rey godo Cniva (en torno a 250- en torno a 270 d.C.), quien mató al emperador romanoDecio (249-251 d.C.) y a su sucesor en la batalla de Abrito en el año 251 d.C.
Valente había luchado contra el rey godo Atanarico (fallecido en 381 d.C.) entre los años 367 y 369 d.C. y había acogido en territorio romano al rey rival de Atanarico, Fritigerno (fallecido en 380 d.C.), cuando este último solicitó asilo frente a la invasión de los hunos. Sin embargo, una vez dentro de las fronteras de Roma, los gobernadores provinciales trataron tan mal a los godos de Fritigerno que se acabaron rebelando, lo que desencadenó la primera guerra gótica de 376-382 d.C. Valente necesitaba mano de obra para sofocar esta revuelta y pidió a sus foederati que aportaran tropas. Lo más probable es que Mavia se negara porque no habían consultado con ella antes de hacer esta petición para negociar un nuevo acuerdo para los tanújidas como foederati de Roma. Sin embargo, cabe señalar que los historiadores antiguos no dan ninguna razón clara para la revuelta.
Los relatos dejan claro que la insurrección de Mavia estaba bien organizada y que ella era una comandante militar muy capaz que destruyó grandes zonas de la región y dispersó a cualquier fuerza enviada contra ella. Mavia dirigió personalmente sus ejércitos y devastó la región desde Siria por todo el Levante. La descripción de Sozomeno es la más detallada de los relatos:
Por aquella época, murió el rey de los sarracenos y se rompió la paz que había existido anteriormente entre esa nación y los romanos. Mania [Mavia], la viuda del difunto monarca, tras alcanzar el gobierno de su pueblo, condujo a sus tropas a Fenicia y Palestina, hasta las regiones de Egipto situadas a la izquierda de quienes navegan hacia la fuente del Nilo, y que generalmente se denominan Arabia. Esta guerra no fue en absoluto insignificante, aunque la dirigiera una mujer.
Se dice que los romanos la consideraban tan ardua y tan peligrosa que el general de las tropas fenicias solicitó ayuda al general de toda la caballería y la infantería de Oriente. Este último se burló de la petición y se comprometió a dar batalla en solitario. En consecuencia, atacó a Mania, que comandaba sus propias tropas en persona, y fue rescatado con dificultad por el general de las tropas de Palestina y Fenicia. Al percibir la gravedad del peligro, este general consideró innecesario obedecer las órdenes que había recibido de mantenerse al margen del combate; por lo tanto, se abalanzó sobre los bárbaros y proporcionó a su superior una oportunidad para una retirada segura, mientras él mismo cedía terreno y disparaba a los que huían, y repelía con sus flechas a los enemigos que le acosaban. Este suceso aún se recuerda entre la gente del país y los sarracenos lo celebran en canciones. (Libro VI:38)
Según los relatos antiguos, el ejército de Mavia era invencible según iba arrasando la región. Rufino escribe que «perturbó» las regiones de Palestina y Arabia y «devastó las provincias vecinas» (XI.6), mientras que Sócrates el Escolástico afirma que «todas las regiones del este en aquel momento estaban devastadas por los sarracenos» (IV.36) y Teodoreto relata que «En aquella época, los ismaelitas [sarracenos] estaban devastando el país en las proximidades de la frontera romana. Estaban liderados por Mavia, una princesa que no tenía en cuenta el sexo que la naturaleza le había dado y mostraba el espíritu y el valor de un hombre» (IV.20).
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Cuando los romanos se dieron cuenta de que no podían derrotarla, pidieron condiciones de paz y, según todos los relatos, Mavia solo tenía una: deseaba que un monje de su región fuera nombrado obispo de su pueblo. Aunque esta exigencia se ha interpretado en el sentido de que Mavia y su pueblo eran cristianos, esto no es necesariamente así y, como se ha señalado, no está respaldado por los relatos antiguos.
Moisés negocia la paz
Quienes sostienen que Mavia era cristiana ortodoxa afirman que se oponía a la ordenación de un obispo cristiano arriano al frente de su tribu cristiana nicena. Valente era cristiano arriano, al igual que muchos de los obispos y clérigos que entonces servían a la Iglesia de Roma; Moisés era cristiano niceno y, según suponen algunos estudiosos, también lo era el pueblo de Mavia.
Los arrianos eran cristianos que afirmaban que Jesús era un ser creado, engendrado por Dios, mientras que los cristianos ortodoxos nicenos creían que era uno con Dios, nunca creado, eterno. La diferencia entre estas creencias radica en que los arrianos afirmaban que Jesús era un semidiós, mientras que los cristianos nicenos sostenían que era Dios. De los relatos se desprende claramente que Moisés era un cristiano ortodoxo, pero esto no significa que Mavia o su tribu lo fueran. Sozomeno deja claro que había pocos cristianos en la tribu de Mavia cuando Moisés se convirtió en su obispo y que él los convirtió después de haber establecido la paz entre ellos y Roma.
Se describe a Moisés como un cristiano árabe que llevaba una vida de reclusión, y se ha demostrado que los monjes cristianos, al llevar una vida irreprochable de devoción, tuvieron un impacto significativo en la conversión de los árabes paganos al cristianismo en esa época. Es mucho más probable que Mavia eligiera a Moisés como líder espiritual de su tribu basándose en sus méritos personales que por que fuera una cristiana ortodoxa que se oponía a una supuesta propuesta de Roma de aceptar a un obispo arriano.
Los relatos originales de la rebelión, y de Moisés como negociador, mencionan al obispo arriano Lucio de Alejandría como el hombre que tendría que ordenar a Moisés como obispo. Sin embargo, no hacen tanto hincapié en el conflicto entre cristianos arrianos y nicenos como en el desdén personal de Moisés hacia Lucio. Sócrates el Escolástico señala que, después de que los romanos y Mavia hubieran acordado los términos:
Moisés fue, por consiguiente, apresado y llevado del desierto a Alejandría, con el fin de ser iniciado en las funciones sacerdotales; pero al ser presentado para tal fin ante Lucio, quien en aquel momento presidía las iglesias de aquella ciudad, se negó a ser ordenado por él, protestando contra ello con estas palabras: «Me considero, en verdad, indigno del sagrado oficio; pero si las exigencias del Estado requieren que lo asuma, no será con Lucio imponiendo sus manos sobre mí, pues estas se han manchado de sangre». Cuando Lucio le dijo que era su deber aprender de él los principios de la religión, y no proferir palabras de reproche, Moisés respondió: «Las cuestiones de fe no están ahora en tela de juicio; pero vuestras infames prácticas contra los hermanos demuestran suficientemente la incompatibilidad de vuestras doctrinas con la verdad cristiana. Un cristiano no es un agresor, no injuria, no lucha; pues no corresponde a un siervo del Señor luchar. Pero tus obras claman contra ti por medio de aquellos que han sido enviados al exilio, que han sido expuestos a las bestias salvajes y que han sido entregados a las llamas. Aquellas cosas que nuestros propios ojos han contemplado son mucho más convincentes que lo que recibimos del relato de otro» (IV.36).
Aquí, Moisés no dice nada sobre el arrianismo; su objeción tiene que ver exclusivamente con comportamiento personal de Lucio. Se niega a ser ordenado por Lucio y, en su lugar, es consagrado obispo por cristianos ortodoxos que viven en el exilio. No hay nada que sugiera el cristianismo de Mavia y en ninguna parte de los relatos se menciona que Valente o cualquier otra persona tuviera la intención de colocar a un obispo arriano al frente de la tribu de Mavia.
Lo más probable es que Mavia se rebelara contra Roma porque se había sentido menospreciada como reina. Los romanos habían dado por sentado que ella respetaría el acuerdo de su marido con ellos, pero no le mostraron el respeto de negociar directamente con ella. Tras su trato en la consecución del acuerdo de paz, los relatos no mencionan nada sobre cristianos arrianos o nicenos. Para sellar la paz, Mavia entregó a su hija en matrimonio a un oficial romano llamado Víctor, comandante en jefe del ejército, con lo que la narración de su rebelión llega a su fin.
Una vez establecida la paz, ya no tenía que preocuparse por una insurrección generalizada en la región, de modo que Valente centró su atención en los godos. Se enfrentó a Fritigerno y su ejército en la batalla de Adrianópolis, donde murió y el ejército romano fue derrotado en agosto de 378 d.C. Tras la batalla, cuando Roma temía ataques inminentes de los godos contra sus ciudades, Mavia envió caballería para defender Constantinopla.
Teodosio I (379-395 d.C.) negoció la paz con los godos en torno al año 382 d.C., pero parece que las condiciones fueron tan favorables que los tanújidas se sintieron traicionados y se rebelaron de nuevo en el año 383 d.C. No se menciona a Mavia en esta revuelta y es posible que ya hubiera fallecido y que su sucesor, desconocido, liderara la insurrección. No obstante, se cree que seguía siendo reina en torno al año 425 d.C., basándose en una inscripción fechada en ese año que lleva su nombre.
El estudioso Irfan Shahid es el principal defensor de esta fecha, pero otros estudiosos han señalado que «Mavia» era un nombre común en aquella época y que la inscripción podría referirse a otra mujer. Sin embargo, Shahid señala que es más probable que la inscripción se refiera a la famosa reina que a una mujer desconocida del mismo nombre; su afirmación está más o menos aceptada.
No se sabe cómo reinó ni qué fue de ella tras la revuelta, pero se la describe como una reina y comandante militar brillante y despiadada. Todos los relatos antiguos mencionan explícitamente, o dan a entender, que los romanos la desestimaron inicialmente por ser mujer y que su suposición de que una mujer no podía suponer una amenaza les costó muy caro. En las palabras de Sozomeno se puede entrever un tono de satisfacción cuando describe la arrogancia del comandante romano, que tuvo que ser rescatado por su subordinado del ataque de Mavia. Sea lo que sea lo que le deparó el destino, causó una gran impresión en sus enemigos, cuyos historiadores la inmortalizaron con frases a menudo elogiosas.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 12 marzo 2018. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.