«Emperadores de cuartel» es un término que fue acuñado por historiadores posteriores para referirse a los emperadores romanos elegidos y respaldados por el Ejército romano durante el periodo conocido como la crisis del siglo III (también conocida como la crisis imperial, 235-284).
En 235, el emperador Alejandro Severo (que reinó de 222-235) fue asesinado por sus tropas, que a continuación eligieron a su comandante, Maximino el Tracio (que reinó de 235-238), como gobernante. Maximino se convirtió en el primero de estos llamados «emperadores de cuartel», que continuarían gobernando Roma hasta el reinado de Carino (quién reinó de 283-285) y que caracterizon el periodo de inestabilidad que vivió Roma durante esta época. Sería el emperador Diocleciano (que reinó de 284-305) quien resolvería la crisis del siglo III al abordar sus causas y asegurar el futuro de Roma.
Los emperadores de cuartel surgieron en respuesta a una serie de amenazas a la estabilidad del Estado, tanto internas como externas. La dinastía severa, de la que Alejandro fue el último, había iniciado la práctica de ampliar el ejército romano al tiempo que aumentaba la paga de los soldados. Para poder mantener este gran ejército, Septimio Severo (que reinó de 193-211) devaluó la moneda añadiendo menos metal precioso a las monedas con el fin de acuñar más. Los emperadores posteriores seguirían esta misma política, lo que provocó una inflación generalizada y una falta de confianza en el poder adquisitivo por parte de los ciudadanos.
el ejército elegía a Los emperadores de cuartel en función de su popularidad entre las tropas y su capacidad para obtener resultados inmediatos y perceptibles.
Además de los problemas monetarios, una plaga asoló el territorio, despoblando y desestabilizando las comunidades rurales que constituían la clase trabajadora. Además, las incursiones de tribus bárbaras a través de las fronteras romanas también estaban alterando el equilibrio social y económico del Estado.
Al mismo tiempo, la importancia que le concedió la dinastía severa al Ejército (más necesario que nunca para combatir invasiones y otras amenazas externas) puso al emperador en una posición casi subordinada a los comandantes de su Ejército. Con esto, ahora los emperadores sentían que tenían que apaciguar a los soldados y ganarse su favor en lugar de gobernar objetivamente por el bien de todos los ciudadanos de Roma.
El emperador romano siempre había contado con el apoyo del ejército en cierta medida, pero ahora ese apoyo se había vuelto imprescindible. Mientras que en el pasado un emperador llegaba al poder a través de un sistema de sucesión, ya fuera como hijo o heredero adoptivo del emperador, ahora lo elegía el Ejército en función de su popularidad entre las tropas, su generosidad hacia el Ejército y su capacidad para obtener resultados inmediatos y perceptibles. Cuando alguno de estos criterios no se cumplía, especialmente el último, lo asesinaban y lo sustituían por otro. Este paradigma caracterizó a todos los emperadores de cuartel y constituye la principal diferencia entre este grupo y los gobernantes tanto anteriores como posteriores a la crisis del siglo III.
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Los emperadores y sus reinados
Los emperadores de cuartel eran todos individuos únicos con sus propios puntos fuertes y debilidades, triunfos y fracasos, pero en términos generales se caracterizaban por un deseo de obtener los beneficios personales del poder sin poseer el carácter necesario para ejercerlo de manera eficaz. Debido a la incertidumbre de la época y a la amenaza real o percibida entre el pueblo, el Senado y el Ejército de una invasión inminente, un hombre que se mostrara como un líder militar fuerte, valiente y, lo más importante, eficaz sería elegido emperador por sus tropas. Después, o bien el Senado romano respaldaba esta decisión en función de la reputación de la persona en cuestión, o el Ejécito se lo imponía.
A lo largo de la crisis del siglo III, hubo más de 20 emperadores que ascendieron rápidamente al poder y, en muchos casos, fueron destituidos con la misma rapidez. Incluso un hombre que hubiera sido un emperador capaz y aceptable en otra época podía resultar insuficiente en este periodo, y no había margen de error en su comportamiento o su forma de dirigir las campañas militares.Cualquier signo de debilidad o ineficacia podía considerarse causa justificada para destituir a un emperador y sustituirlo por otro mejor.
Los emperadores de cuartel y sus respectivos logros, así como sus finales oportunos o antes de tiempo, fueron:
Maximino el Tracio (235-238), un comandante tracio que, debido a su nacionalidad, temía que el Senado o la ciudadanía no lo respetase, por lo que optópor labrarse su propia fama a través de campañas en Germania. Aunque exitosas, estas campañas fueron tan costosas que agotaron el tesoro. Maximino actuaba según sus propios caprichos, sin tener en cuenta la presión a la que se veían sometidas sus tropas ni el bien común del imperio. Su reinado desembocó en una guerra civil, ya que el Senado elevó a otros y los envió para destituirlo. Sus propios comandantes lo asesinaron en un intento de poner fin a las hostilidades.
Gordiano I y Gordiano II (238, marzo-abril) eran padre e hijo y participaron en el intento de derrocar a Maximino. Gordiano II murió en combate luchando contra las fuerzas en favor de Maximino, y Gordiano I se suicidó al enterarse de la muerte de su hijo.
Balbino y Pupieno (238, abril-julio) fueron dos emperadores que elegidos por el Senado para oponerse a Maximino. Eran impopulares entre el pueblo, que incluso les lanzaba piedras cuando caminaban por la calle, y finalmente fueron asesinados por la Guardia Pretoriana.
Gordiano III (238-244) gobernó conjuntamente con Balbino y Pupieno hasta que estos fueron asesinados, y luego fue proclamado emperador por los partidarios militares de Gordiano I y Gordiano II. Tenía solo 13 años cuando llegó al poder y estaba controlado por su madre y, más tarde, por su suegro. Su reinado se consideró ineficaz y fue asesinado, probablemente por su sucesor, Filipo el Árabe.
Filipo el Árabe (244-249), también conocido como Julio Filipo, fue prefecto pretoriano bajo Gordiano III y tomó el poder tras asesinarlo. Para asegurar una sucesión sin contratiempos, nombró coemperador a su hijo Filipo II y emprendió una serie de campañas exitosas. Concluyó la paz con Persia y obtuvo varias victorias sobre los godos, tras lo cual celebró el milenio de Roma como ciudad. Sin embargo, los comandantes del ejército provincial le tenían aversión y al final lo asesinó uno de ellos en combate: su sucesor Decio.Filipo II también fue asesinado poco después de la muerte de su padre.
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Decio (249-251) fue senador y cónsul antes de ser nombrado comandante en la región del Danubio, donde ascendió al poder con el apoyo de sus tropas. Inauguró la persecución sistemática de la secta cristiana exigiendo a los ciudadanos que ofrecieran sacrificios a los dioses del Estado en presencia de los funcionarios. Esta política y el consiguiente martirio de muchos cristianos no hicieron más que popularizar la nueva fe. Siguió la política de Filipo y nombró a su hijo coemperador, pero ambos murieron en combate contra los godos del rey Cniva en la batalla de Abrito en 251.
Hostiliano (251, junio-noviembre), el hijo menor de Decio, fue nombrado coemperador por Galo tras la muerte de Decio en combate. Murió poco después a causa de la peste.
Galo (251-253) fue un comandante al servicio de Decio que se convirtió en emperador tras la muerte de este. También nombró coemperador a su hijo Volusiano, pero ambos fueron asesinados por sus propias tropas, que elevaron al poder a Emiliano.
Emiliano (253, agosto-octubre) fue un gobernador regional elegido por las tropas que resultó decepcionante, por lo que no tardaron en asesinarlo en favor de Valeriano.
Valeriano (253-260) nombró a su hijo Galieno coemperador al darse cuenta de que el imperio era demasiado grande para que lo gobernara un solo hombre. Galieno se encargó de la parte occidental y Valeriano de la sección oriental del reino. Durante una campaña en Oriente, fue capturado por los persas sasánidas y murió mientras era prisionero. Fue el primer emperador romano en ser capturado por el enemigo y, dado que seguía la política de Decio de perseguir severamente al cristianismo, los cristianos interpretaron este hecho como un acto de su dios y una reivindicación de su secta.
Galieno (253-268) fue un gobernante y líder militar eficaz que logró controlar el caos del Imperio romano hasta tal punto que bajo su reinado se desarrollaron avances culturales, literarios y filosóficos. También inició una serie de cambios importantes en el ejército, entre los que destaca la ampliación del papel de la caballería. Aun así, no pudo escapar del clima de la época y fue asesinado por sus propias tropas durante una campaña, en una conspiración en la que participó el futuro emperador Aureliano.
Claudio el Gótico (268-270) fue un oficial de caballería al servicio de Galieno que demostró ser un líder y administrador competente. Derrotó a los alamanes, sofocó una rebelión del aspirante a usurpador Aureolo y recibió su epíteto honorífico «el Gótico» tras sus victorias sobre los godos. Claudio podría haber alcanzado mayores logros, pero murió víctima de la peste.
Quintilo (270), hermano de Claudio el Gótico, llegó al poder brevemente tras la muerte de este, pero murió poco después, probablemente asesinado por Aureliano.
Aureliano (270-275) fue comandante adjunto de la caballería de Galieno junto con Claudio y, cuando Claudio llegó al poder, sirvió bajo sus órdenes. Aureliano, al igual que Galieno y Claudio, es uno de los pocos emperadores de cuartel que antepuso el bien de Roma a su propia ambición personal. Restauró el imperio asegurando sus fronteras y devolviendo al control romano los territorios separatistas de los imperios galo y palmireno. Aun así, ninguno de estos logros fue suficiente para protegerlo y lo asesinaron sus comandantes, que temían que planease ejecutarlos.
Tácito (275-276) fue un senador de avanzada edad elegido por el Senado como emperador tras el asesinato de Aureliano. Gobernó durante solo nueve meses, en los que se vio envuelto en constantes guerras antes de morir, ya fuera por causas naturales o más probablemente asesinado.
Floriano (276) era hermano de Tácito y reinó solo tres meses antes de ser asesinado por sus propias tropas en favor de Probo.
Probo (276-282) contó con el apoyo entusiasta de sus tropas en la región de los Balcanes y se convirtió en emperador tras la muerte de Floriano. Su reinado estuvo marcado por campañas militares casi continuas, pero, dado que tenía experiencia en la agricultura, hizo hincapié en la importancia de esta entre una batalla y otra. Según un informe, puede que este interés fuera el que lo llevó a la ruina. Uno de sus oficiales, Caro, se fue haciendo cada vez más popular entre los hombres que al final lo proclamaron emperador, mientras que Probo fue asesinado por las tropas que se habían cansado de los trabajos forzados en el campo.
Caro (282-283) era el prefecto de la Guardia Pretoriana bajo el mando de Probo y, tras llegar al poder, vengó el asesinato de su antiguo emperador. Nombró coemperadores a sus hijos Numeriano y Carino y les confió el control del oeste mientras él partía de campaña hacia el este contra los persas sasánidas. Según se dice, murió durante la campaña al ser alcanzado por un rayo.
Numeriano y Carino (283-285), hijos de Caro, fueron coemperadores tras la muerte de su padre. Ambos lideraron campañas militares para intentar asegurar las fronteras, y Carino también sofocó con éxito una revuelta dentro del imperio. Numeriano desarrolló una enfermedad ocular y murió por causas naturales o fue asesinado, mientras que Carino fue asesinado por sus propias tropas en una batalla contra su sucesor, Diocleciano.
A series of facial reconstructions of Roman emperors during the Crisis of the Third Century (235-284 CE), including the Gordian Emperors. These so-called...
Junto a estos emperadores de cuartel, hubo otros dos gobernantes cuyas acciones tendrían un impacto significativo en el rumbo de Roma durante la crisis: Póstumo (260-269) en el oeste, que fundó el Imperio Galo, y Zenobia (267-272) en el este, reina del Imperio de Palmira.
Imperios separatistas
Bajo el reinado de Galieno, Póstumo era gobernador de la Germania Superior e Inferior. Cuando Valeriano fue capturado por los persas sasánidas, Galieno se quedó solo para defender el imperio, lo que animó a Póstumo a hacer valer su autoridad. Habían enviado al hijo y heredero de Galieno, Salonino, a la región de Póstumo por motivos de seguridad, junto con Silvano, el prefecto de la Guardia Pretoriana, para defenderlo. Póstumo ya había derrotado a las tribus germánicas merodeadoras que realizaban incursiones en sus territorios, pero sus poderes estaban limitados por su cargo; no era más que un gobernador regional, no el emperador, y carecía de la autoridad que consideraba necesaria para defender su territorio. Galieno estaba totalmente absorto en sus propias batallas y en Colonia Salonino era incapaz o no estaba dispuesto a asumir el nivel de liderazgo en la región que le parecía necesario a Póstumo.
En 260, Póstumo marchó sobre Colonia, tomó la ciudad y ejecutó a Salonino y a Silvano; a continuación, se proclamó emperador de la región. Le envió mensajes a Galieno explicándole su conducta, profesando su lealtad a Roma y prometiendo que no levantaría las armas contra el imperio ni invadiría ningún territorio romano. A pesar de ello, Galieno no podía permitirse que una parte tan grande de su imperio compuesta por la Galia, la Germania, la Hispania y la Britania se le escapara sin más. En el año 263, Galieno condujo a sus tropas a la Galia en un intento por desalojar a Póstumo, pero resultó herido por una flecha en la batalla y se retiró.
Póstumo continuó su reinado y cumplió su promesa de proteger y defender Roma hasta que fue asesinado por sus propias tropas en el año 269 cuando se negó a permitirles saquear una de sus propias ciudades (la actual Maguncia), que se había rebelado. Entonces, un herrero, y posiblemente soldado de infantería del ejército, llamado Mario (que reinó en 269) fue proclamado emperador por las tropas, pero fue asesinado poco después, y el tribuno pretoriano Victorino (que reinó entre 269 y 271) se convirtió en emperador. Aunque Victorino era un hábil comandante militar, su incapacidad para dejar en paz a las esposas de otros hombres le llevó a ser asesinado por uno de sus comandantes, y el usurpador Domiciano (que reinó en 271) tomó el control. Este fue derrotado en batalla por Tétrico I (que reinó en 271-274), un hábil administrador y líder militar, considerado el único verdadero sucesor de Póstumo.
Tétrico I nombró coemperador a su hijo, también llamado Tétrico, para compartir las responsabilidades del gobierno y dirigir el imperio de forma más eficiente. Estabilizó la región, sofocando las rebeliones de las tribus germánicas, pero su reinado fue interrumpido por Aureliano, que le puso fin en el año 274 en la batalla de Châlons. Aureliano marchó sobre el Imperio galo tras derrotar y reabsorber el Imperio de Palmira, que se había formado bajo el mando de la reina Zenobia, esposa del difunto gobernador romano de la región, Odaenato.
Cuando Valeriano fue capturado en el año 260, y Galieno no pudo hacer nada al respecto, el gobernador romano de Siria, Odaenato, reunió un ejército y atacó a los persas. Aunque no logró liberar a Valeriano, sí consiguió hacer retroceder a las fuerzas persas desde las fronteras del lado oriental del Imperio romano. Además, sirvió a Galieno ayudándole a sofocar una rebelión dentro del imperio por parte de un aspirante a usurpador y, por estos esfuerzos, Galieno lo nombró gobernador de toda la parte oriental del imperio, que se extendía desde Siria hasta el Levante.
Odaenato murió durante una partida de caza en 266/267, y su esposa Zenobia se convirtió en regente de su joven hijo Vabalato. Zenobia, al igual que Póstumo, tuvo cuidado de no alejar su reino de Roma ni enemistarse con el emperador, pero entabló negociaciones con los estados vecinos, anexionó Egipto, acuñó su propia moneda y se hizo llamar, a sí misma y a su hijo, con títulos reservados únicamente para la familia gobernante de Roma.
Tenía su propia corte, su propio sello, su propio comandante en jefe y su propio Ejército, y era emperatriz de su propio imperio en todo menos en el título oficial. Parece que esperaba, al igual que Póstumo, que al mantener buenas relaciones con Roma y prestar servicios militares que solo beneficiaban al imperio, la dejarían en paz para gobernar su región y que su hijo pudiera ser elegido emperador algún día.
De hecho, Roma dejó en paz a Zenobia mientras sus emperadores se enzarzaban en sus perpetuas guerras contra amenazas externas y entre ellos, pero cuando Aureliano llegó al poder, dirigió su atención hacia el este tan pronto como le fue posible. En el año 272 derrotó a las fuerzas de Zenobia en la batalla de Immae y la obligó a retroceder hasta Emesa, donde, en un segundo enfrentamiento, volvió a salir victorioso. Una vez hubo derrotado a Zenobia y tras devolver el Imperio de Palmira al seno de Roma, Aureliano marchó hacia el oeste y derrotó a Tétrico I en el año 274, poniendo fin al Imperio Galo.
Aureliano mostró clemencia tanto con Zenobia como con Tétrico I, así como con la mayoría de las ciudades y pueblos por los que marchó y, tras restaurar el imperio, se dedicó a la tarea de remediar las causas subyacentes de la crisis del siglo III. Probablemente pensaba que esa clemencia hacia sus enemigos disuadiría futuras rebeliones, pero nunca llegó a comprobarlo porque sus comandantes lo asesinaron en 275.
Las reformas de Diocleciano
La crisis del siglo III y el reinado de los emperadores de cuartel continuarían tras Aureliano hasta que Diocleciano llegó al poder en el año 284. Diocleciano desarrolló las políticas de los mejores emperadores de cuartel, Galieno y Aureliano, reformando el ejército, reforzando las fronteras del imperio e introduciendo también reformas en la moneda y el Gobierno. Su tetrarquía (gobierno de cuatro) dividió el funcionamiento del Gobierno entre dos hombres que ya contaban con sucesores cuando asumían el cargo; de esta manera, se garantizaba una sucesión fluida y evitaba el surgimiento de posibles usurpadores.
La época de la crisis y de los emperadores de cuartel pasó a la historia cuando Diocleciano fue más allá y dividió el imperio en dos, el Imperio romano de Oriente y el Imperio romano de Occidente, al darse cuenta de que el reino se había vuelto demasiado vasto como para que lo gobernara un solo hombre, o incluso cuatro. El error cometido por la mayoría de los emperadores de cuartel fue la creencia de que se podía ejercer el poder político principalmente en beneficio propio, en lugar de por el bien del Estado y de los conciudadanos.
En consecuencia, podían ser fácilmente sustituidos cuando sus métodos o decisiones personales ya no le convenían al Ejército o a los ciudadanos. Ni un grupo ni el otro tenía nada que perder al sustituir a un gobernante egoísta por otro más de su agrado. Este modelo se llegó a aceptar de tal manera que ni siquiera los mejores emperadores pudieron sentirse seguros en sus cargos. El modelo solo cambiaría tras las reformas de Diocleciano con las que se aseguró el futuro de Roma para las generaciones venideras.
¿Qué fueron los emperadores de cuartel durante el Imperio romano?
Los emperadores de cuartel fueron comandantes militares que se convirtieron en emperadores durante la crisis del siglo III. El término «emperadores de cuartel» es una designación moderna.
¿Qué problema hubo con el Gobierno de los emperadores de cuartel en Roma?
Los emperadores de cuartel llegaban al poder gracias a su popularidad entre los soldados y solo lo mantenían mientras seguían siendo populares. En cuanto los consideraban débiles o inefectivos, los asesinaban y elegían al siguiente.
¿Quién fue el más efectivo de los emperadores de cuartel en Roma?
El más efectivo de los emperadores de cuartel en Roma fue Aureliano, que conquistó el Imperio galo y el de Palmira, uniendo ambos bajo el Imperio romano.
¿Quién le puso fin al reinado de los emperadores de cuartel en Roma?
El emperador que le puso fin al periodo de los emperadores de cuartel en Roma fue Diocleciano, que también resolvió la crisis del siglo III.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 10 febrero 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.