Neit (o también Net, Neith o Nit) es una de las deidades más antiguas de Egipto, adorada desde principios del periodo predinástico (en torno a 6000 - 3150 a.C.) y cuyo culto perduró hasta el final de la dinastía ptolemaica (323 - 30 a.C.), la última en gobernar Egipto antes de la llegada de Roma.
Era una diosa de la guerra, de la creación, una diosa madre que inventó el nacimiento y la diosa funeraria que cuidaba de las almas de los muertos y ayudaba a vestirlas. Su centro de culto estaba en Sais, en el delta del Nilo, y siguió siendo la diosa más popular del Bajo Egipto incluso después de que sus atributos se traspasaran a Isis o Hathor y estas se convirtieran en diosas más populares. A lo largo de la historia de Egipto se adoró a Neit como la diosa patrona de Sais, ya que se la consideraba una gran protectora del pueblo y la mediadora más efectiva entre la humanidad y los dioses.
Se dice que Neit estuvo presente en la creación del mundo y, en algunas historias, es incluso la propia creadora que dio a luz a Atum (Ra), que después completó el acto de creación. Siempre se la representa como una diosa extremadamente sabia y justa, como en la historia de La disputa de Horus y Set, donde resuelve la cuestión de quién será el gobernante de Egipto y, por extensión, del mundo. Es una de las cuatro diosas, junto a Isis, Neftis y Serket, que aparece en los vasos canopes de la tumba de Tutankamón y hoy en día es probablemente por sus estatuas en esta tumba por lo que mejor se la conoce.
Ella vela por Duamutef, uno de los cuatro hijos de Horus, guardianes de los vasos canopes en las tumbas, y también aparece junto a Osiris, Anubis y Thot como una jueza justa de los muertos en la otra vida. Sus símbolos son el arco y las flechas y una espada y escudo como diosa de la guerra, una lanzadera de tejer como diosa funeraria, y la corona roja del Bajo Egipto como diosa de la creación y diosa madre. A menudo se representa a Neit sentada en su trono sosteniendo un cetro o bien un arco y flechas. En ocasiones también se ve como una vaca, lo que la vincula a Hathor o a la Gran Vaca que era la madre de Ra.
Nombre y orígenes
Neit también se conoce como Net, Neith y Nit, todos los cuales, según la experta Geraldine Pinch, puede que signifiquen «la terrible», a causa de su inmenso poder y gran alcance (169). También la llamaban la «madre de los dioses», «abuela de los dioses» y «gran diosa».
Su culto empezó en el Bajo Egipto en torno a la ciudad de Sais y se cree que en origen era una diosa de la caza. Las representaciones más antiguas de la diosa la muestran con un arco y flechas, pero, según Geraldine Pinch, esto fue una interpretación posterior de un símbolo anterior: «El curioso símbolo que representaba a Neit en una primera época puede que fuera originalmente un escarabajo elatérido. Más tarde, este símbolo se reinterpretó como dos flechas que cruzaban un escudo. Los escarabajos elatéridos se suelen encontrar cerca del agua y Neit se solía equiparar a Meheturet, una diosa primigenia cuyo nombre significa Gran Diluvio» (170).
Sin embargo, no cabe duda de que se convirtió en una diosa de la guerra para la época del Periodo arcaico (en torno a 3150-2613 a.C.) porque entre los nombres que utilizaban para ella en esta época están «Neit lucha», «Neit victoriosa» y, para la época del Imperio Antiguo (en torno a 2613-2181 a.C.) se la consideraba una veterana sabia y una mediadora de fiar entre los propios dioses y entre los dioses y la humanidad. El estudioso Richard H. Wilkinson comenta lo siguiente:
Neit es una de las deidades más antiguas conocidas de Egipto. Hay amplia evidencia de que era una de las deidades más importantes de los periodos prehistórico y arcaico y resulta impresionante que su culto perdurara hasta el final mismo de la era faraónica. Su carácter era complejo ya que su mitología siguió creciendo durante todo ese tiempo y, aunque sin duda muchos de los primeros mitos sobre la diosa se han perdido, la imagen que podemos redescubrir de ella sigue siendo la de una deidad poderosa cuyos roles abarcaban aspectos de esta vida y del más allá. (156-157)
Según un mito, Neit precedía a la creación y estuvo presente cuando las aguas de Nun comenzaron a arremolinarse a sus órdenes para dar lugar al ben-ben (el montículo primordial) sobre el que Ra (Atum) se alzó para completar la tarea. En otra versión de la historia, Neit creó el mundo y luego se fue directamente a fundar su ciudad en Sais, dejando el resto del trabajo para Atum. Para la época del final de la dinastía ptolemaica Neit se seguía reconociendo como una fuerza creadora de gran poder que «creó el mundo al pronunciar las siete palabras mágicas» (Pinch, 170).
Estaba estrechamente asociada con el elemento creador del agua y era «la personificación de las aguas fértiles primigenias» además de «la madre de todas las serpientes y cocodrilos»; también era «la gran madre que dio a luz a Ra y que instituyó el parto donde no había existido antes» (Pinch, 170). En otros mitos más es Neit, no Isis, la madre de Horus el hijo divino y restaurador del orden.
Puede que en un principio Neit fuera una deidad de la fertilidad correspondiente a la diosa Tanit que más tarde se adoraría en el norte de África, en Cartago, ya que Ta-Nit en egipcio significa «la tierra de Nit» y también se puede interpretar como «de la tierra de Nit», como se conocía la región. También se asocia con Astarté en Fenicia y, a través de esta, con Ishtar en Mesopotamia. Heródoto afirma que la gente de Sais era muy devota a Neit como la creadora y conservadora de todo y la identificó con la diosa griega Atenea.
Platón también hace un comentario sobre este vínculo entre Neit y Atenea en su diálogo el Timeo, donde escribe: «Los ciudadanos [de Sais]» tienen una deidad por fundadora; en la lengua egipcia se llama Neit y afirman que es la misma que los helenos llaman Atenea» (21e). Plutarco (en torno a 50 - 120 d.C.) observa su identificación como la fuerza creativa más poderosa del universo y escribe que el templo de Neit en Sais tenía esta inscripción: «Yo soy todo lo que ha sido, lo que es y lo que será. Ningún mortal ha conseguido todavía levantar el velo que me cubre». Resulta interesante destacar que su nombre, entre muchas otras connotaciones, enlaza con la raíz de la palabra «tejer» que entraña el significado de «hacer que exista», «crear» o «ser».
La gran diosa Neit
La vida religiosa egipcia, que no se diferenciaba de ninguna manera de la vida cotidiana, se centraba en el concepto de ma'at (la armonía y el equilibro) y había muchas deidades además de Ma'at que personificaban y mantenían este concepto. Thot, por ejemplo, sanó y ayudó tanto a Horus como a Set en su lucha por la supremacía para que la contienda estuviera equilibrada.
Neit realizaba esta misma función porque se dice que su saliva creó a la monstruosa serpiente Apofis que todas las noches intentaba destruir el barco del dios sol y así revertir el orden del universo al caos y, al mismo tiempo, era la madre del dios sol y su protectora. Se la representa destruyendo a su hijo Apofis y, al mismo tiempo, creándolo igual que también se la puede ver protegiendo a su hijo Ra a la vez que ha creado a su archienemigo; con todo esto, lo que se consigue es equilibrio.
De la misma manera, Neit inventó el nacimiento y dio vida a la humanidad, pero también está ahí cuando la persona muere para ayudarla a adaptarse al nuevo mundo de la otra vida. Ayudaba a vestir a los muertos y a abrirles el camino a la otra vida y la esperanza de la inmortalidad en el paraíso del Campo de los Juncos. Como estaba asociada con la acción de tejer o hilar, también se la asoció con las diosas Tatet y Neftis que ayudaban a preparar a las almas para seguir su camino y con Qebhet que cuidaba de los muertos y se aseguraba de que tenían agua fresca para beber mientras esperaban a ser juzgados.
Al igual que con muchas, si no todas, las deidades egipcias, Neit era parte de la vida de una persona desde su nacimiento hasta su muerte y durante el más allá. Uno nunca estaba solo en el universo porque los dioses velaban constantemente por la gente, la guiaban en su camino, un camino que era eterno por muy temporal que pudiera parecerle a la gente en la tierra.
Culto de la diosa
A Neit se la adoraba en todo Egipto, pero especialmente en Sais, en el Bajo Egipto. Era parte de la Tríada de Latópolis (Esna) junto con Jnum («el gran alfarero» que modeló a los seres humanos) y Heka (dios de la magia y la medicina) en sustitución de la diosa Menhet, que en realidad puede que fuera tan solo un aspecto de Neit. También se la adoraba como consorte de Set, dios del caos, en otro ejemplo de la importancia del equilibrio en la religión egipcia.
En La disputa de Horus y Set, Neit les dice a los dioses del tribunal que Horus debería ser declarado rey tras la muerte y resurrección de su padre Osiris y que Set debería gobernar las tierras salvajes más allá de las fronteras de Egipto y recibir dos diosas, Anat y Astarté como consortes para que le den compañía. También estaba asociada con Osiris y vela por su cuerpo momificado para mantenerlo a salvo de Set y que Isis y Neftis puedan revivirlo. De nuevo, en todos estos aspectos, se entiende como una entidad que mantiene el equilibrio. Aunque puede que fuera consorte de Set también era amiga de su adversario Osiris y se pone de parte del hijo de Osiris, Horus, contra Set en interés de la justicia y la armonía. Parece que este era su papel principal desde los principios de la historia egipcia, tal y como observa Wilkinson cuando escribe sobre su longevidad:
La importancia de Neit en la primera época dinástica, que se puede apreciar en inscripciones de la dinastía I y en los nombres de sus sacerdotisas y de las reinas de la época como Neithotep y Merneith, sugiere que la diosa ya se adoraba desde los inicios de la cultura egipcia. De hecho, la representación más antigua de lo que se cree que es un santuario sagrado en Egipto está asociada con Neit. (158)
Su relación con el equilibrio se puede apreciar en su iconografía, donde se representa con tres cabezas que representan tres puntos de vista, además de como una mujer con un falo erecto que representa tanto el aspecto femenino como el masculino. En estas representaciones también tiene alas extendidas y los brazos abiertos a modo de acogida a todo el que acude a ella.
El clero de Neit era femenino y su templo en Sais, según Heródoto, era uno de los más impresionantes en todo Egipto. La adoración diaria de Neit se habría producido de acuerdo con las costumbres relativas a todos los dioses, es decir, que la suma sacerdotisa, que era la única que podía entrar en el santuario interior, se ocupaba de su estatua y las sacerdotisas menores se ocupaban de las demás cámaras. La gente que acudía al templo solo tenía permitido adentrarse hasta los patios exteriores, donde hacían ofrendas de sacrificios a la diosa y peticiones de ayuda o agradecían la ayuda prestada.
Su festival anual se celebraba en el día 13 del tercer mes de verano y se conocía como Festival de las Lámparas. Ese día, la gente llegaba de todo Egipto para rendir respeto a la diosa y ofrecerle regalos. Por la noche encendían las lámparas que, según Heródoto, eran «platillos llenos de sal y aceite donde flotaba la mecha y ardían toda la noche», e incluso los que no asistían al festival encendían estas lámparas en sus casas, en otros templos y en los palacios de manera que todo Egipto se iluminaba toda la noche (Historias, II.62). Creían que estas lámparas reflejaban las estrellas del cielo nocturno, que se decía que eran deidades o los caminos hacia esas deidades.
Creían que en el festival de Neit el velo entre el reino terrenal y la tierra de los muertos se abría y la gente podía ver y hablar con sus amigos y familiares ya fallecidos. Las luces en la tierra que reflejaban las estrellas ayudaban a abrir este velo porque la tierra y los cielos tenían la misma apariencia para vivos y muertos. El festival aludía en cierto modo al mito de Osiris y el papel de Neit en su resurrección cuando abría el camino para que los muertos se comunicaran con los vivos de la misma manera que había ayudado a Isis y Neftis a traer a Osiris de vuelta a la vida.
Wilkinson apunta que «la adoración de Neit abarcó prácticamente toda la historia de Egipto y hasta el final siguió siendo "Neit la Grande"» (159). Aunque muchos de sus atributos se traspasaron a Isis y a Hathor, como ya se ha dicho, su culto nunca decayó. Incluso durante las eras en las que otras deidades más populares recibieron una mayor atención, Neit siguió considerándose con reverencia y sobrecogimiento y su festival se consideraba uno de los más importantes del antiguo Egipto.
