Tukulti Ninurta I (que reinó de 1244-1208 a.C.) fue un rey del Imperio asirio durante el periodo conocido como Imperio Medio. Era hijo de Salmanasar I (que reinó de 1274-1245 a.C.), quien había completado el trabajo de su padre, Adad Nirari I, al conquistar y asegurar las tierras que antes habían sido el reino de Mitani. Por tanto, Tukulti Ninurta I, heredó un imperio enorme que en gran medida estaba seguro. No contento con dormirse en los laureles de su padre y su abuelo, Tukulti Ninurta I amplió aún más las posesiones de Asiria, derrocó el reino de los hititas, aplastó al pueblo nairi de Anatolia y enriqueció las arcas de palacio con el botín de sus conquistas. Además de ser un gran guerrero y estadista, también era un hombre culto y fue el primer rey asirio en empezar a recopilar tablillas para una biblioteca en la ciudad capital de Assur. Por lo que mejor se lo conoce es por su saqueo de Babilonia y por desvalijar el templo sagrado de la ciudad; también se lo ha identificado como el rey conocido como Nimrod en el libro bíblico del Génesis 10:8-10, que era un gran guerrero, un cazador famoso y rey de Asiria. La historiadora Susan Wise Bauer comenta lo siguiente sobre la identificación de Nimrod con Tukulti Ninurta I y escribe:
La cronología es difícil, pero Tukulti Ninurta es probablemente el rey al que llaman Nimrod en Génesis 10:10, un gran guerrero y cazador cuyo reino incluía Babilonia, Erech [Uruk] Acadia, y Nínive, la misma expansión que reclamaba Tukulti Ninurta para Asiria. Curiosamente, la versión hebrea del nombre del gran rey asirio ha llegado al inglés como un sinónimo de un hombre inefectivo y estúpido. La única etimología que puedo encontrar al respecto sugiere que, gracias a algún guionista conocedor de la Biblia [el personaje de dibujos] Bugs Bunny una vez llamó a Elmer Fudd un «pobre nimrod» refiriéndose de manera irónica al «gran cazador». Por lo visto, todos los espectadores mañaneros, olvidándose del todo de las genealogías del Génesis, entendieron la ironía como un insulto general y empezaron a aplicárselo a cualquiera que se comportase como Elmer. Así, el eco distorsionado del poderío militar de Tukulti Ninurta fue rebotando, a través de los comentarios de un conejo, hasta el vocabulario del siglo XX (270).
Reinado y primeras campañas
Los hititas, a las órdenes de su rey Suppiluliuma I (1344-1322 a.C.) conquistaron el reino Mitani antes del ascenso de los asirios. Adad Nirari I y Salmanasar I, como ya se ha dicho, habían asegurado la región bajo el gobierno asirio para cuando Tukulti Ninurta I ascendió al trono. Los hititas, bajo el rey Tudhaliya IV, ya no se consideraban la potencia formidable de la región que habían sido en los días de Suppiluliuma I y su hijo Mursili II. Tudhaliya IV, que quería mejorar su reputación como gobernante, se centró en proyectos arquitectónicos grandiosos, incluidos 26 templos nuevos y renovaciones de su palacio, ya de por sí lujoso. Al mismo tiempo, destinó fondos al desarrollo urbano. Sin embargo, el país estaba sufriendo una hambruna tan seria que tuvo que escribirle a Egipto y pedirle grano para que su pueblo no se muriera de hambre. Además, la economía hitita estaba en quiebra y no habían pagado al Ejército. Cuando las ciudades a lo largo de la frontera occidental del reino se rebelaron, Tudhaliya las sometió, pero Tukulti Ninurta I notó el esfuerzo que había supuesto tal represión y, al reconocer la debilidad de los hititas, decidió atacar.
Tudhaliya IV se enfrentó a él en el campo de Erbila y, según una carta que Tukulti Ninurta I le envió a uno de sus aliados, intentó ganar la batalla con engaños porque temía no poder hacerlo mediante la fuerza de las armas. La carta de Tukulti Ninurta I dice:
Tudhaliya me escribió y dijo: «Has capturado a los comerciantes que me son leales. Peleemos pues; me dispongo contra ti en la batalla».
Preparé mi ejército y mis carros. Pero antes de que pudiera llegar a su ciudad, Tudhaliya, rey de los hititas, envió un mensajero que llevaba dos tablillas con palabras hostiles y una con palabras amistosas. Primero me enseñó las tablillas con el desafío hostil. Cuando mi Ejército oyó estas palabras, estaba deseoso de luchar, listo para salir inmediatamente. Y el mensajero lo notó. Así que me dio la tercera tablilla, que decía: «no soy hostil al rey de Assur, hermano. ¿Por qué habríamos de ir a la guerra nosotros, hermanos?»
Pero llevé a mi Ejército. Estaba estacionado con sus soldados en la ciudad de Nihriya, así que le envié un mensaje que decía: «Asediaré la ciudad. Si en verdad eres mi amigo, saldrás de inmediato». Pero no respondió a mi mensaje.
Así que retiré a mi Ejército un poco de la ciudad. Luego, un desertor hitita huyó del Ejército de Tudhaliya y vino a mí. Dijo: «Puede que el rey te escriba con evasivas, en tono amistoso, pero sus tropas están listas para la batalla; está listo para marchar». Así que convoqué a mis tropas y marchamos contra él y gané una gran victoria (Bauer, 269).
Tukulti Ninurta I afirmaría después que había capturado a 28.800 prisioneros de guerra hititas y, aunque puede que sea una exageración, el registro histórico respalda su afirmación sobre una gran victoria en la batalla de Nihriya en torno a 1245 a.C. Podría haber perseguido a Tudhaliya IV y destruido lo que quedaba del Ejército hitita, pero, en vez de eso, decidió dirigirse a Assur con sus prisioneros y todo lo que pudo llevarse como botín. Mientras se enfrentaba a los hititas, la ciudad de Babilonia al sur se movilizó contra los territorios asirios en la frontera y los reclamó para sí. La cuestión de los Estados fronterizos entre Babilonia y Asiria se había resuelto con un tratado que ahora el rey babilonio decidió ignorar. Respecto a este tema, Bauer escribe:
Babilonia había tenido una relación ambigua con Asiria desde hacía tiempo. Ambas ciudades habían reclamado el derecho a gobernar sobre la otra en varias ocasiones. Babilonia y Assur no solo contaban con una fuerza parecida, sino que su cultura también era similar. En el pasado habían formado parte del mismo imperio con Hammurabi, y la marca que había dejado Babilonia en toda la región seguía siendo evidente. Asiria y Babilonia compartían los mismos dioses, aunque con algunas diferencias de nombres; sus dioses tenían las mismas historias y los asirios utilizaban el cuneiforme babilónico en sus inscripciones y anales. Esta similitud hizo que los reyes asirios en general se mostraran reticentes a saquear e incendiar Babilonia, incluso cuando tenían la oportunidad. Pero Tukulti Ninurta no se decantó por la moderación. En sus inscripciones se jactaba del destino de todo el que lo desafiaba: «Llené las cuevas y los barrancos de las montañas con sus cadáveres», anuncia, «hice pilas con sus cuerpos, como grano apilado junto a las puertas; saqueé sus ciudades, las convertí en colinas ruinosas» (270).
El rey casita de Babilonia, Kashtiliash IV, tomó las regiones fronterizas entre Babilonia y Asiria y las fortificó. Al parecer sintió que Tukulti Ninurta I se pasaría largo tiempo lidiando con los hititas y no se preocuparía por Babilonia o los territorios disputados. Bauer comenta sobre este escrito: «No sabemos casi nada sobre este rey, Kashtiliash IV, excepto que no se le daba bien juzgar el carácter de la gente. Tukulti Ninurta marchó a Babilonia y saqueó los templos» (270). El Ejército asirio saqueó Babilonia y Tukulti Ninurta I escribió que se enfrentó al rey babilonio personalmente en la batalla y «le pisoteé su cuello regio con mis pies como un escabel». Con Babilonia en ruinas, se llevó los tesoros de los dioses, incluida la estatua del gran dios Marduk, de vuelta a la ciudad de Assur. También se llevó una parte importante de la población como esclavos, incluido el rey, a quien hizo caminar «desnudo y encadenado» a Assur y luego instaló a un oficial asirio a cargo de la reconstrucción y el gobierno de Babilonia. En ese momento, el Imperio asirio abarcaba más tierras que con cualquier otro rey anterior y los historiadores han afirmado durante mucho tiempo que fue entonces cuando Tukulti Ninurta I construyó su ciudad de Kar-Tukulti-Ninurta para celebrar su gran victoria con la creación de una capital nueva distinta de Assur.
Kar-Tukulti-Ninurta
La ciudad de Kar-Tukulti-Ninurta (Puerto de Tukulti Ninurta) era el proyecto personal del rey y durante mucho tiempo se ha considerado que se empezó a construir después del saqueo de Babilonia. El historiador Marc Van De Mieroop escribe: «El proyecto más importante fue la construcción de Tukulti Ninurta de una capital nueva, llamada Kar-Tukulti-Ninurta, frente a Assur a orillas del Tigris. Se construyó después de que derrotara a Babilonia y puede que el botín de esa campaña ayudara a financiar el proyecto» (183). Bauer también cita esta misma versión de los acontecimientos y afirma que la ciudad se construyó tras el saqueo de Babilonia. A pesar de que esta es la versión que se ha mantenido durante mucho tiempo, recientemente se ha cuestionado, ya que algunos estudiosos afirman que la ciudad fue uno de los primeros proyectos del rey y que solo se renovó, no se construyó, tras la caída de Babilonia. La historiadora Alesandra Gilibert escribe:
Entre octubre de 1913 y marzo de 1914 un equipo alemán liderado por Walter Bachman excavó el yacimiento. El trabajo de campo se reanudó en 1986 y de nuevo en 1987… Basándonos en los resultados de estas excavaciones y en las evidencias textuales, [deberíamos] cuestionar dos tesis que, aunque rara vez se han comentado adecuadamente, se han convertido en la opinión común en la literatura académica. Estas tesis tienen que ver con las primeras décadas de la historia de la ciudad y se pueden resumir de la siguiente manera: 1. Kar Tukulti Ninurta se fundó y completó en un periodo de tiempo relativamente corto tras la conquista militar de Babilonia; 2. Kar Tukulti Ninurta se concibió como un contrapunto de Assur… ambas afirmaciones están basadas en malinterpretaciones y suposiciones falsas y en consecuencia deberían revisarse (179).
Basándonos en los indicios arqueológicos y las inscripciones encontradas en el yacimiento y en otras partes, realmente parece que la ciudad se inició mucho antes de la fecha tradicional que se le asigna. La historia aceptada del surgimiento de la ciudad tras la caída de Babilonia proviene de inscripciones encontradas en los edificios de las ruinas de Kar-Tukulti-Ninurta, en las inscripciones del rey y en la suposición de que, tras el saqueo de Babilonia, el rey quería distinguirse de la gente de Assur que no aprobó su campaña, por lo que construyó una capital nueva. Sin embargo, las inscripciones presentes en la ciudad se encuentran todas en edificios que fueron renovados en vez de construidos tras la caída de Babilonia y la parte vieja de la ciudad es anterior a la caída de Babilonia en torno a 1225 a.C. Parece más probable que la ciudad nueva cuyo palacio Tukulti Ninurta I llamaba «mi residencia real» se construyera a principios de su reinado, no para reemplazar a Assur como la capital, sino simplemente para complementarla. Los registros indican que los mismos oficiales que trabajaban en las oficinas administrativas de Assur también trabajaban al otro lado del río en las oficinas de Kar-Tukulti-Ninurta, así que la afirmación de que la ciudad nueva se construyó para sustituir a la antigua capital es insostenible. Las inscripciones del rey que afirman que se construyó rápidamente tras la caída de Babilonia parecen más bien propaganda política que hechos históricos, y lo más probable es que en realidad se refieran a las renovaciones de la ciudad, no a su fundación. Estas inscripciones dejan clara la victoria total de Tukulti Ninurta I sobre los casitas de Babilonia y que los visitantes de la ciudad deberían recordarla. Estos escritos corresponden a otra obra encargada por el rey, La epopeya de Tukulti Ninurta, que justifica su campaña contra Babilonia y el saqueo de los templos.
La epopeya de Tukulti Ninurta
El historiador Stephen Bertman escribe: «En la literatura, la victoria de Tukulti Ninurta sobre Kashtiliash se celebró en una epopeya, La epopeya de Tukulti Ninurta, que es la única asiria que poseemos» (108). En este poema, el rey afirma que no tuvo más opción que saquear Babilonia porque el rey casita había quebrantado las leyes ordenadas por los dioses. En su comentario al respecto, el historiador Christoph O. Schroeder escribe:
El propósito de La epopeya de Tukulti Ninurta, de Asiria, es proporcionar una legitimación teológica a la destrucción de Babilonia a manos del rey asirio... Su intención es justificar la destrucción de la ciudad como el resultado de una guerra justa. Para lograrlo, presenta a Kashtiliash IV, el rey babilonio, como alguien que ha quebrantado juramentos y que ha violado el tratado de paridad que había constituido la base de las relaciones entre Asiria y Babilonia desde la época de los padres del rey (147).
El poema empieza con Tukulti Ninurta I que se dirige al dios sol Shamash, al que le dice: «Yo respeté tu juramento, temí tu grandeza» y luego pasa a explicar que el rey de Babilonia no lo ha hecho: «Él no tuvo miedo de tu juramento; transgredió tus órdenes, planeó un acto de malicia». De manera que Tukulti Ninurta I no hizo más que cumplir la voluntad de los dioses cuando saqueó la ciudad y se llevó los tesoros del templo de vuelta a Assur. Aunque era cierto que Kashtiliash IV había iniciado las hostilidades, el pueblo, tanto babilonio como asirio, sintió que el trato que le dio el rey a la ciudad fue demasiado duro por la transgresión de reclamar los territorios fronterizos y romper el tratado. Bauer escribe:
La propia Babilonia se sorprendió del saqueo de los templos: «Pasó a los babilonios a cuchillo», cuenta la Crónica babilónica, «sacó el tesoro de Babilonia de manera profana y se llevó al gran señor Marduk a Asiria». Y los devotos de su propio país tampoco estaban de acuerdo con la destrucción. La epopeya asiria que encargó Tukulti Ninurta para celebrar su victoria sobre Babilonia tiene un claro tono defensivo; hace todo lo posible por explicar que en realidad Tukulti Ninurta quería la paz con Babilonia y que intentó ser amigo de Kashtiliash lo mejor que pudo, pero que el rey babilonio insistió en adentrarse en el territorio asirio y robar y quemar, razón por la cual los dioses de Babilonia abandonaron a la ciudad y dejaron que los asirios la castigaran. Claramente, el gran rey se sintió presionado a explicar no solo por qué había saqueado Babilonia sino también por qué se llevó las imágenes sagradas de vuelta a su propia capital. Pero esta explicación no fue convincente y el sacrilegio de Tukulti Ninurta supuso su fin (271).
Siglos más tarde, el rey asirio Senaquerib saquearía Babilonia y su hijo Asarhaddón utilizaría la misma justificación teológica para explicar el destino de la ciudad. No obstante, Asarhaddón no era más que un príncipe joven cuando su padre conquistó Babilonia y obviamente no tuvo nada que ver con la conquista. Su explicación de que los dioses habían destruido Babilonia por los pecados de su pueblo, que omitía mención alguna del papel de su padre en la destrucción de la ciudad, parecía tener sentido porque estaba reconstruyendo la ciudad tras su caída y no participó en su destrucción. El pueblo no aceptó la inscripción de Tukulti Ninurta I porque sabía lo que había hecho y cómo se había beneficiado personalmente de la riqueza que les había robado a los dioses. Tanto si Kar-Tukulti-Ninurta se construyó al principio o a finales de su reinado, sin duda se renovó profusamente con las riquezas robadas de Babilonia y el rey se retiró a su vivienda real y dejó la política de Assur en manos de los administradores de la corte. Durante mucho tiempo se ha supuesto que lo hizo porque la opinión popular se volvió contra él por cómo había tratado Babilonia.
Muerte y legado
Las Crónicas de Babilonia dicen que «En cuanto a Tukulti Ninurta, que había traído el mal a Babilonia, su hijo y los nobles de Asiria se rebelaron y lo echaron del trono; lo encarcelaron en su propio palacio y luego lo mataron con una espada». Su muerte sumió el país en el caos de una guerra civil tras la cual su hijo Ashur-Nadin-Apli, que en general se considera su asesino o como mínimo uno de los principales conspiradores, tomó el trono y restauró el orden. Aun así, el país se sumió en una especie de estancamiento y ni empeoró ni mejoró. En torno a 1200 a.C. toda la región sufrió bastante durante el llamado colapso de la Edad del Bronce, pero Asiria se mantendría relativamente intacta. Aun así, el imperio sufrió tras la muerte de Tukulti Ninurta I y ningún rey posterior volvería a hacer avanzar al país hasta la llegada de Tiglat-Pileser I (1115-1076 a.C.).
Aunque había gobernado durante 37 años, la decisión de Tukulti Ninurta I de saquear Babilonia, y su posterior asesinato, son los acontecimientos por los que sería conocido después, gracias al trabajo de los escribas babilonios que escribieron las Crónicas. No obstante, su legado podría ser más grande de lo que se imaginaron cuando escribieron sobre él hace siglos. Van De Mieroop apunta que «la cultura de Babilonia tuvo un impacto en toda la esfera de Oriente Próximo... Tukulti Ninurta I, por ejemplo, tras saquear Babilonia, se llevó tablillas literarias a modo de botín. Puede que con eso sentara las bases de una biblioteca real en Asiria llena de manuscritos babilónicos. Estos escritos influyeron en los autores locales» (179). Estos autores asirios transcribirían tales obras como el mito de Adapa, las inscripciones de Sargón el Grande, la Epopeya de Gilgamesh, los mitos de los dioses de Babilonia específicamente y de Sumeria en general y, al hacerlo, les transmitieron estas historias a otras generaciones de asirios. A medida que el Imperio asirio se hizo más grande y conquistó otros territorios, la literatura de Babilonia se dispersó por esas tierras, influyendo en las culturas y las tradiciones literarias de la Antigüedad.
