Pisístrato (alrededor de 600-527 a.C.), o Peisístratos, fue un antiguo tirano griego que gobernó la ciudad-Estado de Atenas. Inicialmente fue un discípulo del legislador y filósofo político Solón. Pisístrato se presentó como el defensor de las masas pobres y marginadas de Atenas, y utilizó su apoyo para tomar el poder en el 560 a.C. Aunque fue expulsado de la ciudad cinco años después, fue restituido dos veces y llegó al poder por tercera y última vez en el 546 a.C. Gobernó como tirano, lo que, en el contexto de la antigua Grecia, no tenía necesariamente la connotación negativa que tiene hoy, sino que simplemente se refería a un gobernante con un poder casi absoluto. Como tirano, apaciguó a los pobres otorgándoles nuevas tierras de cultivo y dedicó los últimos años de su gobierno al desarrollo de la propia ciudad de Atenas, facilitando el crecimiento del comercio, la religión y la cultura. Tras su muerte en el 527 a.C., sus dos hijos, los pisistrátidas, le sucedieron en la tiranía.
Infancia
Poco se sabe acerca de la infancia de Pisístrato, salvo que nació hacia el año 600 a.C. en el deme de Filidas, al este de Ática, y que fue hijo de un hombre llamado Hipócrates. Según Heródoto (alrededor de 484 a 425/413 a.C.), el padre de Pisístrato asistió como espectador a los Juegos Olímpicos unos años antes del nacimiento de su hijo (probablemente en el 608 o 604 a.C.), donde ofreció un sacrificio a los dioses. Durante el sacrificio, los calderos llenos de carne y agua hirvieron y rebosaron, a pesar de que el fuego aún no se había encendido. Esto fue presenciado por Quilón de Esparta, quien llevó a Hipócrates aparte y le dijo que se trataba de un presagio divino. Le advirtió a Hipócrates que evitara traer una esposa en edad fértil a su casa y que la despidiera en caso de estar con una. Como mínimo, Quilón le dijo que debía evitar tener un hijo varón y que debía repudiar de inmediato a cualquier hijo que pudiera nacer. Por supuesto, Hipócrates hizo caso omiso del consejo de Quilón.
Pisístrato sentía una clara devoción por Solón, en particular por sus reformas democráticas.
Pisístrato se convirtió en un joven apuesto e inteligente. En su adolescencia, se convirtió en un discípulo cercano del legislador ateniense Solón (en torno a 630-560 a.C.), pariente de su madre, con quien posiblemente mantuvo una relación sexual. En aquella época, era común que un hombre maduro de entre veinte y treinta años acogiera a un adolescente bajo su protección en una relación que era en parte instructiva y en parte erótica. El mayor era conocido como erastes y el joven como el eromenos. Como señala el historiador Anthony Everitt, Solón ciertamente mantuvo este tipo de relación y, de hecho, pudo haber estado pensando en Pisístrato cuando escribió parte de su poesía erótica. En uno de estos poemas, el legislador ateniense escribe sobre enamorarse «de un muchacho en la flor de la juventud / deseando sus muslos y su dulce boca» (citado en Everitt, pág. 73). Pero, sea cual sea la naturaleza exacta de la relación entre ambos, Pisístrato sentía una clara devoción por Solón, en particular por sus reformas democráticas. Solón, por supuesto, era conocido por reestructurar el código legal ateniense, inicialmente establecido por el tirano Dracón; sus reformas incluían la reconstituida jerarquía de clases, nuevas instituciones políticas democráticas como el Consejo de los 400 y la eliminación de la esclavitud por deudas, entre otras. Pisístrato apoyó fervientemente estas reformas hasta el punto de ser, según Plutarco, un "demócrata extremo" (citado en Bauer, pág. 519).
En la década de 560 a.C., Atenas entró en disputa con la ciudad-Estado de Mégara por el control de Salamina, una isla rocosa a 3 km (2 millas) de la costa del Ática. Solón y sus partidarios creían que el control de la isla era fundamental para la protección del lucrativo comercio de aceite de oliva de Atenas y comenzaron a buscar apoyo para arrebatársela a Mégara. «Vayamos a Salamina», escribió Solón, «a luchar por una hermosa isla / y a limpiar la amarga desgracia» (citado en Everitt, pág. 72). Pisístrato también apoyó la anexión de Salamina y transmitió el mensaje de su mentor a la ciudadanía ateniense. En poco tiempo, los atenienses se convencieron de declarar la guerra a Mégara. El propio Solón lideró la expedición militar a Salamina y, mediante engaños o una exitosa batalla, triunfó sobre el ejército megariano en el 565 a.C. Pisístrato, que servía como oficial del estado mayor de Solón, resultó herido en la campaña. A pesar de su derrota, Mégara se negó a renunciar a sus derechos sobre la isla, y el arbitraje pasó a manos de Esparta. Pero gracias a los elocuentes argumentos de Solón, los espartanos se convencieron de juzgar a favor de Atenas, y Salamina quedó bajo control ateniense.
Tras la guerra con Mégara, Pisístrato se convirtió en una figura prominente en Atenas. Con unos 35 años, se encontraba en la flor de la vida y era reconocido tanto como discípulo de Solón como héroe de guerra que había sido herido al servicio de Atenas. Además, se había convertido en un hombre muy carismático. Según Plutarco, «había algo sutilmente encantador en su forma de hablar... era tan hábil simulando facultades con las que no estaba naturalmente dotado, que se le atribuían más que a quienes realmente las poseían» (citado en Bauer, pág. 519). Gracias a estos factores, se hizo popular entre los thetes, la clase social más pobre y numerosa de Atenas, que comenzó a verlo como un salvador.
En este papel, Pisístrato rompió con su antiguo mentor al afirmar que las reformas de Solón no habían sido suficientes; lo que Atenas realmente necesitaba, según él, era una democracia total, en la que los ciudadanos más empobrecidos y marginados tuvieran los mismos derechos que el resto. Los seguidores de Pisístrato pronto se unieron en una facción política conocida por los historiadores como los «Hombres de las Colinas». Rivalizaban con otras dos facciones políticas: los «Hombres de las Costas», que apoyaban las reformas de Solón y querían mantenerlas tal como estaban, y los «Hombres de las Llanuras», un grupo de antiguas familias aristocráticas que deseaban concentrar el poder en manos de los ricos. Aunque los Hombres de la Costa y los Hombres de las Llanuras se odiaban, ambos se sentían amenazados por Pisístrato y sus Hombres de las Colinas, a quienes consideraban una amenaza para todo el orden social.
Un día del año 560 a.C., Pisístrato entró en el ágora (el mercado) en un carro, sangrando visiblemente de una herida. Afirmó haber sobrevivido a un intento de asesinato y acusó a sus oponentes políticos de haber conspirado contra su vida. Mientras los ciudadanos se reunían para contemplar con asombro su herida, apareció el anciano Solón y expresó sus sospechas sobre las intenciones de su antiguo alumno. «Se escuchan las palabras de un hombre astuto», advirtió, «pero no lo que hace» (citado en Everitt, p. 76). Esa noche, el asunto se trató en una reunión, en la que Pisístrato pidió protección al pueblo ateniense, recordándoles los muchos servicios que les había prestado. Ante las dudas de Solón, se decidió que se le otorgaría a Pisístrato una escolta de 50 hombres armados con garrotes. Con este pequeño ejército, Pisístrato organizó una revuelta varios días después, tomando el control de la Acrópolis y erigiéndose tirano de Atenas. No tomó medidas para castigar a Solón por oponerse a él; Everitt supone que «su pasado común y amoroso presumiblemente protegió al anciano» (77). En vez de eso, el tirano permitió que Solón siguiera viviendo en la ciudad hasta su muerte, unos meses después.
Primer exilio y regreso al poder
Tras tomar las riendas del poder, Pisístrato no actuó con la suficiente rapidez para consolidar su nuevo régimen. Tanto los Hombres de la Costa como los Hombres de las Llanuras se opusieron a su tiranía, considerándolo un peligroso demagogo. Cinco años después del golpe inicial de Pisístrato, ambas facciones dejaron de lado su odio mutuo y unieron fuerzas, lo que finalmente condujo al tirano al exilio. Pero esta frágil alianza duró poco. Tan pronto como Pisístrato fue expulsado de Atenas, los Hombres de la Costa y los Hombres de las Llanuras reanudaron sus viejas disputas. El astuto Pisístrato estaba ansioso por aprovechar esta lucha interna en su beneficio. Se puso en contacto en secreto con Megacles, líder de los Hombres de la Costa, y le ofreció un trato: si Megacles lo ayudaba a recuperar el poder, Pisístrato le devolvería el favor deshaciéndose de los Hombres de las Llanuras. La alianza se consolidaría con el matrimonio de Pisístrato con la hija de Megacles. A regañadientes, Megacles accedió, creyendo que podría gobernar a través de Pisístrato.
Tras llegar a un acuerdo, Pisístrato y Megacles necesitaban una forma de asegurar la transición fluida del tirano al poder. Heródoto describió su idea como «el plan más absurdo que he oído jamás» (1.60). Fueron al campo y encontraron a una mujer llamada Fía, que medía «casi seis pies de altura y era de una belleza impresionante» (ibidem). Después de vestirla con una armadura y enseñarle a comportarse como una diosa, la hicieron entrar en el ágora en un carro y proclamar ser Atenea, la diosa protectora de la ciudad. «Atenienses», dijo, «saluden a Pisístrato y recíbanlo con alegría, pues Atenea misma lo trae a su propia acrópolis, honrándolo por encima de todos los hombres» (ibidem). Por supuesto, la mayoría de los atenienses habrían sabido que esta mujer no era en realidad Atenea, sin embargo, habrían comprendido el mensaje implícito de esta pieza de teatro político: que el tirano Pisístrato había regresado al poder y que, esta vez, no se iría a ninguna parte.
Pero la segunda tiranía de Pisístrato sería aún más corta que la primera. Megacles, quien parece haber sido un aliado particularmente voluble, se arrepintió del acuerdo poco después del matrimonio de Pisístrato con su hija. Casualmente, el tirano ya tenía dos hijos adultos de su primera esposa y no quería arriesgarse a dejar embarazada a su nueva esposa, consciente de que el nacimiento de otro hijo solo complicaría la sucesión. Para evitar esta eventualidad, no mantuvo relaciones sexuales regulares con su esposa, sino que solo se relacionó con ella de una manera que Heródoto, ruborizado, describe como «una forma indecente», probablemente refiriéndose al sexo anal. La esposa, dice Heródoto, «al principio lo mantuvo en secreto, pero más tarde (no sé si fue interrogada o no) se lo contó a su madre, quien a su vez se lo contó a su marido» (1.61). Para los antiguos griegos, ser víctima de tales actos sexuales era una humillación; por lo tanto, Megacles creía que Pisístrato lo insultaba intencionadamente a él y a toda su familia. Enfurecido, contactó con los enemigos de Pisístrato y comenzó a conspirar contra él. Cuando el tirano se enteró, supo que lo superarían en número. En lugar de esperar a que sus enemigos atacaran, huyó de Atenas por la noche y se retiró con sus hijos a Eretria, una ciudad en la cercana isla de Eubea.
Tercer retorno al poder
Durante meses, había sido evidente que el extirano planeaba un ataque, y los atenienses esperaban ansiosamente su llegada.
Esta vez, el exilio de Pisístrato duró una década. A medida que los años lo fueron desvaneciendo de la memoria colectiva de Atenas, sus enemigos debieron asumir que se había ido para siempre. Sin embargo, el extirano no había sido derrotado; simplemente estaba aguardando el momento oportuno mientras planeaba su regreso. Reclamó todas las deudas y favores que había acumulado de otras ciudades-Estado durante sus años como tirano y se apoderó de las minas de oro y plata abandonadas en los montes Pangeo, en Tracia. Para el 546 a.C., era lo suficientemente rico como para contratar un pequeño ejército de mercenarios. Respaldado por las ciudades-Estado rivales de Atenas, sobre todo Tebas, navegó por la estrecha franja de agua entre Eretria y Atenas, desembarcando en una playa llamada Maratón. Durante meses, había sido evidente que el ex tirano planeaba un ataque, y los atenienses esperaban ansiosamente su llegada; el ambiente era una mezcla de anticipación y temor.
Otros no quisieron esperar y fueron a Maratón para unirse al ejército de Pisístrato, apostando a que saldría victorioso. De estos atenienses, Heródoto escribe mordazmente que eran «hombres que encontraban la tiranía más bienvenida que la libertad» (1.62). Poco después, el ejército de mercenarios y exiliados atenienses de Pisístrato abandonó Maratón y avanzó hacia la ciudad. Las élites atenienses, presas del pánico, rápidamente formaron su propio ejército para oponerse a él, y ambas fuerzas se dispusieron a combatir cerca del santuario de Atenea Palenia en el monte Himeto. Justo antes del combate, un vidente se acercó a Pisístrato con una profecía divina:
La red ha sido lanzada y la trampa está tendida;
Los atunes pulularán en la noche de luna.
(Heródoto, 1.62)
Pisístrato interpretó este presagio favorablemente y se dedicó a la tarea en cuestión, creyendo que los dioses estaban de su lado. Para entonces, era mediodía; los atenienses del ejército enemigo, tras haber almorzado, holgazaneaban, durmiendo o jugando a los dados, convencidos de que Pisístrato no atacaría ese día. Así que, cuando Pisístrato atacó, fueron tomados completamente por sorpresa y derrotados fácilmente. Tras la batalla, el tirano envió a sus dos hijos a caballo por delante. Alcanzaron a los soldados atenienses que huían y prometieron que no habría represalias mientras los soldados regresaran a sus hogares y no hicieran más intentos de resistirse a la llegada de Pisístrato. Los soldados hicieron exactamente eso, sin dejar nada que se interpusiera entre Pisístrato y la ciudad. En consecuencia, el tirano hizo su entrada triunfal en Atenas, retomando el poder por tercera y última vez.
Habiendo ganado y perdido el poder dos veces antes, Pisístrato había aprendido de sus errores. Confiscó todas las armas a los atenienses comunes para que no pudieran rebelarse contra él y tomó rehenes de las familias más prominentes de la ciudad, reteniéndolos en la isla de Naxos. Mantuvo una guardia personal, compuesta en parte por arqueros escitas, para imponer su autoridad y vigilar cualquier signo de disidencia. Sin embargo, Pisístrato no olvidó que su base de apoyo provenía de las masas pobres y sin tierras; sabía que para aferrarse al poder, primero debía complacerlas. Empezó a hacerlo confiscando las propiedades de aristócratas como Megacles, que se habían opuesto a él. Luego, reorganizó estas tierras en lotes y las redistribuyó entre quienes consideraba más necesitados, es decir, jornaleros sin tierra y urbanitas desempleados. Ofreció préstamos a estos hombres para que pudieran obtener animales de trabajo y equipo agrícola. Al repartir estas tierras rurales y proporcionarles dinero a los agricultores, Pisístrato esperaba mantenerlos tan ocupados en el campo que no tuvieran tiempo para dedicarse a la política.
Bajo el reinado de Pisístrato, el comercio ateniense floreció. Al igual que Solón antes que él, reconoció el valor del comercio del aceite de oliva y fomentó la plantación de nuevos olivos, facilitando al mismo tiempo el comercio con las ciudades-Estado vecinas. La cerámica ática era otro valioso producto comercial, y Atenas pronto superó a Corinto como principal exportador de antigua cerámica griega en todo el mundo mediterráneo. De hecho, se ha encontrado cerámica ateniense de figuras negras de este período tanto al este de Siria como al oeste de España. La riqueza que este comercio trajo a Atenas se reflejó en las nuevas monedas acuñadas durante este período con plata proveniente de las minas de Pisístrato en las montañas de Tracia. El tirano utilizó estas riquezas para mejorar la ciudad, ya que, en ese momento, Atenas aún no era la poderosa polisque estaba destinada a ser, sino más bien una desordenada concentración de aldeas. Pisístrato construyó nuevas carreteras, restauró edificios antiguos y mejoró el suministro de agua de la ciudad mediante la construcción de un acueducto que alimentaba una fuente en el ágora. También embelleció el ágora, dotándola de una majestuosidad que reflejaba la gloria y el poder de su reinado.
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Como tirano, Pisístrato comprendió el poder propagandístico de la religión y la cultura, y tomó medidas para someterlas al control estatal. Tomó el control directo del templo de Deméter en Eleusis e incorporó todos los cultos rurales a Artemisa a la ciudad, donde podía supervisarlos mejor. Fomentó el culto a Atenea como deidad principal de la ciudad y construyó una puerta de entrada a la Acrópolis dedicada a ella. También comenzó la construcción de un templo dedicado a Zeus Olímpico, aunque no se terminaría hasta la época del emperador romano Adriano (reinado 117-138 d.C.). Pisístrato apoyó el desarrollo de los Juegos Panatenaicos, celebrados cada cuatro años en honor a Atenea, que incluían competiciones atléticas y representaciones de tragedias griegas a cargo de poetas como Anacreonte (alrededor de 573-495 a.C.), quien residió en la corte de Pisístrato. El tirano tenía un gran interés en convertir Atenas en el centro literario de Grecia y patrocinó el primer intento de edición definitiva de las epopeyas de Homero. De hecho, Pisístrato afirmaba descender de Néstor, uno de los héroes homéricos de la guerra de Troya.
Muerte y sucesión
Pisístrato falleció en el 527 a.C., alrededor de los 73 años, tras haber logrado mantener la tiranía hasta su muerte. Le sucedieron sus dos hijos, Hipias e Hiparco, quienes posiblemente gobernaron conjuntamente y fueron conocidos como los pisistrátidas. Continuaron el próspero y pacífico reinado de su padre hasta el 514 a.C., cuando Hiparco fue asesinado en un acto de venganza personal. El asesinato de su hermano aparentemente llevó a Hipias al límite, convirtiéndolo en un tirano paranoico y amargado. Ordenó el destierro y la ejecución de un gran número de personas sospechosas de conspirar contra él. La tiranía de Hipias llegó a su fin alrededor del 510 a.C., cuando el rey espartano Cleómenes I (que reinó en torno a 524-490 a.C.) marchó sobre Atenas y lo expulsó. Así, menos de dos décadas después de la muerte de Pisístrato, el reinado de su dinastía llegó a su fin, lo que permitió dar pasos en dirección a la democracia ateniense.
Pisístrato fue un estadista y tirano de la antigua Grecia que tomó el poder en Atenas tres veces entre el 560 y el 546 a.C. Su reinado marcó una época de paz y prosperidad para Atenas.
¿Dónde desembarcó el ejército de Pisístrato?
Durante su tercer intento de tomar el poder en Atenas, Pisístrato desembarcó su ejército en las playas de Maratón, que se convertiría en el escenario de una importante batalla contra los persas unas décadas más tarde.
¿Cómo llegó Pisístrato al poder?
De acuerdo con Heródoto, Pisístrato llegó al poder tres veces, cada una de forma distinta. La primera fue mediante la persuasión y la rebelión; la segunda, mediante el engaño y la astucia; y la tercera y última, mediante la fuerza militar bruta.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Harrison Mark es historiador y escritor en World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 18 septiembre 2025. El titular de los derechos de autor ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Tenga en cuenta que el contenido vinculado desde esta página puede tener términos de licencia diferentes.