Lo bonito de ser arqueóloga es tener la suerte de encontrarme en una excavación arqueológica algo que se conserva en un estado relativamente bueno. En mayor o menor grado, hay quien estudia cómo la naturaleza ayuda a conservar los objetos y los edificios; y hay quien estudia los agentes naturales de destrucción, como un pH concreto en el suelo, una serie de desbordamientos de un río o cualquier otro suceso catastrófico. Puede que las erupciones volcánicas hayan borrado del mapa civilizaciones enteras, pero, a la inversa, la ceniza y el hollín que originan son especialmente buenos a la hora de preservar los objetos antiguos. Además, los depósitos de hollín a menudo permiten identificar la época de una erupción concreta, incluso a miles de kilómetros de distancia del cráter en cuestión.
Por el contrario, los terremotos siempre han sido una molestia para la humanidad. La tierra está viva: se mueve y actúa ininterrumpidamente; y, al igual que nadie es capaz de prevenir las inundaciones, nadie puede predecir cuándo volverá a temblar la tierra. Los fenómenos naturales que afectan a nuestros terruños suelen ser impredecibles y, desde luego, inevitables. Pese a ello, la gente continúa viviendo y construyendo en zonas de alto riesgo sísmico (como, por ejemplo, California, Italia y Japón), algo que nos cuesta comprender. En algunos países, los avances en las técnicas de construcción han permitido desarrollar medidas que contrarrestan los efectos destructivos de los terremotos. En otros países, sin embargo, este no ha sido el caso y hasta los edificios modernos corren el riesgo de que un terremoto los dañe considerablemente. Entonces, imaginémonos qué destino les espera en estos lugares a los edificios que hayan podido sobrevivir desde la Antigüedad o la Edad Media.
Italia, abundante en edificios históricos, lleva desde hace milenios muy a merced de estos fenómenos inexorables, que cambian constantemente el perfil de sus tierras. Hace millones de años que el escudo o placa africana empuja con un movimiento de subducción la placa euroasiática (es decir, la placa africana se está deslizando por debajo de la euroasiática). Las dos placas intentan contrarrestarse mutuamente, por lo que se va acumulando muchísima fuerza; entonces, en el momento en que las placas no soportan más la presión, se libera una fuerza tan tremenda que crea una onda de choque. Desde épocas inmemoriales, este mecanismo siempre ha sido el mismo: empuje, acumulación de energía, liberación repentina de una cantidad espectacular de energía acumulada y generación de los consiguientes terremotos.
Para quien haya estudiado de cerca la geología y la topografía de la antigua Italia, el nombre de Julio Obsecuente no le resultará desconocido. Fue un escritor e historiador romano que describió estos fenómenos sísmicos extraordinarios: esos prodigios del cielo estrellado, de la naturaleza, y en particular los terremotos. Julio los describió por orden cronológico siguiendo la lista de los cónsules romanos (las partes que han llegado a nosotros oscilan entre el 249 a.C. y el 12 a.C.); él es nuestra fuente primaria para comprender cómo los terremotos han azotado Italia a lo largo de los siglos.
Julio Obsecuente escribió en su Libro de los prodigios que, después de un terremoto en el 100 a.C., partes de los muros seguían sorprendentemente en pie. En concreto, lo que le chocaba a Obsecuente era que solo permaneciesen intactos los muros exteriores de las casas. En el curso de la historia, nos hemos dejado por el camino una larga serie de monumentos, a veces ciudades enteras, por culpa de los desastres naturales. Solemos pensar que toda esta destrucción es consecuencia de que antes, quizás, no tenían unos conocimientos adecuados; de que las construcciones no eran lo suficientemente sólidas; o hasta de que intervenían fenómenos sobrenaturales, como los que le llevaron a Julio a plantearse cómo era posible que un muro torcido pudiese mantener el equilibrio sin que nada, aparentemente, lo sostuviese.
Sin embargo, los terremotos de época romana de los que tenemos constancia son el resultado de una selección deliberada, que tendía a centrarse en grandes ciudades como Atenas y Roma o, en los tiempos republicanos que documentó Julio, en la parte de Italia que estaba bajo el dominio de Roma. Los seísmos que afectaban a las aldeas y las zonas rurales se solían ignorar. Estos sucesos prodigiosos, tal y como nos los transmitió Julio, siempre estaban relacionados con sucesos políticos y se interpretaban como una reacción al quebrantamiento de la pax deorum (o paz de los dioses) por parte de la humanidad. Los pecados que causaban estos sucesos se expiaban con sacrificios rituales y ceremonias religiosas. Un ejemplo del que habló Julio es el terremoto del 91 a.C., que se notó en todo el sur de Italia. Se asoció a un suceso concreto de la historia de Roma: la guerra civil entre los romanos y ciertos aliados que pedían la ciudadanía romana.
En el contexto de la Antigüedad europea, Italia siempre fue la gran protagonista de los desastres naturales de la historia, pero las erupciones volcánicas y los terremotos también causaron mucha destrucción (o conservación en algunos casos) por todo el Mediterráneo. Una piensa en la erupción minoica (II milenio a.C.) de Thera, la actual Santorini, o en la erupción del Vesubio del 79 d.C.
Por lo que respecta a los terremotos, un estudio impresionante del Laboratorio Avanzado de Sismología Histórica (CFTILab) del Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología (INGV) italiano compiló una gran base de datos de actividad sísmica, que abarca del 461 a.C. a 1997 d.C. para la zona de Italia y del 760 a.C. a 1500 d.C. para la zona del Mediterráneo. Además, algunos de los terremotos están directamente relacionados con la actividad volcánica, como puede verse yendo a Herculano en el mapa, donde la sacudida del 25 de agosto del 79 d.C. aparece marcada en rojo (https://storing.ingv.it/cfti/cfti5/quake.php?50043IT).
Debemos decir que, probablemente, lo que nos quede del mundo antiguo de aquí en adelante dependa solo de nosotros y no de la naturaleza; sin duda, los restos que tenemos son más sólidos que los que ha destruido el paso del tiempo. En la actualidad, es difícil imaginarse (aunque no imposible) que un terremoto pueda llevarse lo poco que nos queda del mundo antiguo. Los materiales y las técnicas de construcción que se empleaban en la Antigüedad eran mucho más sólidos y consistentes que después en la Edad Media. Siempre recordamos Herculano y Pompeya, donde vemos cómo, a pesar de la gran sacudida, los edificios se han mantenido en pie estructuralmente bien: los muros eran más fuertes y espesos y estaban mejor cohesionados, por lo que hasta se han conservado algunas ventanas. Esto contrasta con algunas torres medievales, cuyos elementos constructivos más pequeños y peor ensamblados que los de las construcciones romanas se han caído en mil pedazos.
El actual estado italiano perdió L'Aquila el 6 de abril de 2009 en un terremoto de magnitud 6,3 que destruyó la ciudad, quebró vidas y ocasionó momentos de angustia. No es muy probable que el patrimonio cultural dañado en el terremoto recupere el esplendor del pasado y las bajas humanas ponen en un segundo plano esta clase de preocupaciones por los edificios históricamente importantes. Solo el tiempo sanará las heridas. En 2012, otra catástrofe sísmica volvió a azotar Italia, esta vez en Emilia‑Romaña, ligeramente al norte de la ciudad de L'Aquila.
En Emilia‑Romaña, una oleada continua de terremotos (1.600 sacudidas) no paró de desestabilizar y atormentar a toda la región durante dos meses. La oleada, con picos de 5,8 y 5,9 en la escala Richter, destruyó algunos de los símbolos medievales más importantes de Italia. La zona afectada incluyó todo el norte de Italia y los terremotos también se notaron en Suiza. Durante dos meses, todo el mundo, yo incluida, caminamos con el temor de que otra sacudida nos llevase a todos por delante.
Sin embargo, ahora que la oleada de destrucción se ha calmado, comienza la reconstrucción de los daños materiales. Por ejemplo, con respecto a la torre de los Modeneses (municipio de Finale Emilia), construida en el siglo XIII, un grupo de voluntarios se ha encargado de reunir y catalogar uno por uno los ladrillos caídos e intentará reconstruir la torre con los mejores fragmentos. En cambio, el castillo de los Este (Finale Emilia), construido en 1402 y cuyas torres se cayeron al suelo una por una, ha tenido menos suerte y puede que su reconstrucción sea imposible. Muy lejos de allí, han aparecido grietas en las iglesias de Pisa, Venecia, Mantua y Padua, donde la basílica de San Antonio de Padua se ha visto especialmente dañada.
Julio Obsecuente se preguntaba qué clase de prodigio impedía que los muros se desmoronasen en el 100 a.C. Ahora, casi 2.000 años después, nos encontramos en la misma situación en Italia y nos preguntamos por qué, a pesar de la evidencia, la tragedia y los datos científicos, nos empeñamos en seguir construyendo en estas zonas. Puede que los terremotos de Italia parezcan poca cosa comparados con los de Los Ángeles o Tokio, pero es que nosotros los italianos custodiamos cosas frágiles, esas cosas que el tiempo solo puede mantener si le echamos una mano.
A continuación, viene una lista de los daños que causaron los terremotos en los sitios cultural e históricamente importantes de la zona afectada del 20 de mayo al 20 de julio de 2012.
Crevalcore, Bolonia Derrumbe del castillo de Ronchi. Derrumbe del castillo de Galeazza. Edificio del ayuntamiento inutilizable. El centro histórico, declarado zona peligrosa, se evacuó por completo.
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Molinella, Bolonia Diversos daños en los edificios del centro; daños en el nuevo polideportivo; y daños graves en el edificio del siglo XIX que albergaba el instituto de formación profesional (IPSIA) A. Fioravanti de la plaza Massarenti, que se declaró inutilizable tras las mediciones técnicas.
Brescia, Brescia Nuevos desperfectos delante del monte de piedad, así como en la iglesia de San Clemente.
Verolavecchia, Brescia Desperfectos en el campanario de la iglesia parroquial de los Santos Pedro y Pablo.
Casalmaggiore, Cremona Daños graves en la cúpula de la catedral de San Esteban, que, ya dañada en los dos terremotos previos de enero de 2012, se declaró inutilizable.
Cremona, Cremona Daños leves en algunos edificios antiguos; evacuados todos los colegios de la ciudad, algunos seriamente dañados.
Scandolara Ravara, Cremona Daños graves en la iglesia de la Asunción.
Bondeno, Ferrara Varios edificios dañados. Derrumbe total o parcial de distintas construcciones, sobre todo históricas e industriales. Daños graves en las iglesias de las fracciones (pedanías) de Scortichino, Burana, Gavello y Pilastri; en esta última, además, el edificio histórico del palacio de los Mosti se vio seriamente dañado.
Burana (fracción de Bondeno), Ferrara Daños graves en la iglesia y en el campanario del pueblo.
Ferrara, Ferrara Daños en distintas construcciones, superficiales en su mayoría. Los peores destrozos se dieron en los edificios históricos y en las viviendas del casco antiguo. Daños en los bienes patrimoniales e históricos de la ciudad cuantificables en decenas de millones de euros.
Mirabello, Ferrara Muchos edificios dañados y parcialmente derrumbados. Derrumbes parciales y daños graves en la iglesia de San Pablo.
Poggio Renatico, Ferrara Daños graves en el castillo de los Lambertini (derrumbe de la torre) y en la iglesia abacial de San Miguel (daños en el campanario y en la cúpula).
Pilastri (fracción de Bondeno), Ferrara Daños graves en la iglesia y en el edificio histórico del palacio de los Mosti.
Mantua, Mantua Desplome de la linterna de la cúpula, parcialmente dañada, del campanario de la basílica palatina de Santa Bárbara, anexa al palacio ducal, algunas de cuyas áreas se vieron dañadas. Daños en la basílica de San Andrés, el museo diocesano, el palacio del Podestá, el palacio de la Razón y el palacio del Té.
Poggio Rusco, Mantua La iglesia se vio seriamente dañada, sobre todo en el terremoto del 29 de mayo, que provocó el desplazamiento de la torre, así como daños graves en el ayuntamiento y numerosas grietas y derrumbes en la Falconiera (la torre que es símbolo del municipio).
Roncoferraro, Mantua Dañada la iglesia de la fracción de Villa Garibaldi.
Sabbioneta, Mantua Dañada la iglesia parroquial de la fracción de Villa Pasquali y prohibido el uso de la iglesia del Carmen de Sabbioneta. Monumentos históricos levemente dañados. Evacuada la ermita de San Remigio.
San Giacomo delle Segnate, Mantua Iglesia seriamente dañada: derrumbe de parte del frontón y derrumbe de las bóvedas del interior. Campanil inclinado, con riesgo de desplome. Seriamente dañada la villa Arrigona.
Suzzara, Mantua Dañado el campanario de la iglesia de la Inmaculada Concepción, al que se le retiró la cúpula. Daños leves en la torre.
Carpi, Módena Daños superficiales en algunos edificios; la peor parte se la llevó el patrimonio artístico, con un desprendimiento en la catedral de la localidad que hirió al sacerdote.
Cavezzo, Módena Se calcula que un 75 % de los edificios del municipio resultaron seriamente dañados.
Mirandola, Módena Graves perjuicios o derrumbes parciales en muchos edificios del casco histórico, que se evacuó y se declaró zona peligrosa. Daños graves en el muro oeste del castillo de los Pico, cuya estructura ha quedado muy comprometida. Daños en el ayuntamiento, donde los soportales quedaron separados del edificio principal; daños estructurales y en el soportal norte, así como desplome de los pisos. Bóvedas desplomadas en la iglesia de Jesús. Derrumbe de la catedral (techo y naves) y de la iglesia de San Francisco (que se vino completamente abajo, incluida la campana). Muy dañados otros edificios históricos y públicos.
Finale Emilia, Módena Derrumbe de la fortaleza (rocca) de los Este en el terremoto del 20 de mayo de 2012. Desplome de la torre de los Modeneses, también llamada «torre del Reloj».
San Felice sul Panaro, Módena Se estableció una zona peligrosa en el casco histórico, que se había evacuado previamente debido a los derrumbes generalizados. Derrumbes parciales y daños graves en la fortaleza de los Este. Desplome de la catedral y de su campanario y daños graves en otras iglesias y monumentos históricos. Derrumbe de la torre del reloj.
San Possidonio, Módena Derrumbes en el campanario de la iglesia de San Posidonio.
Padua, Padua Daños menores en la basílica de San Antonio; en la abadía de Santa Justina (con un herido leve); y en otros lugares de culto y edificios históricos (algunos de los cuales se han cerrado al público). Daños graves en la iglesia de Santa Lucía, cuya fachada es ahora un peligro. El palacio Maldura, seriamente dañado e inutilizable, se ha estado rehabilitando para hacerlo accesible a los estudiantes al comienzo del nuevo curso académico en la Universidad de Padua.
Pisa, Pisa Dañado el palacio de la Sabiduría.
Brescello, Reggio Emilia Daños leves en la iglesia de la Natividad de la Virgen María.
Correggio, Reggio Emilia Daños generalizados en todo el patrimonio histórico. Daños en la torre cívica y en la basílica adyacente de San Quirino, así como en el salón del concejo, la iglesia de Santa María de la Misericordia, la iglesia de Santa Clara y el santuario de la Virgen de la Rosa.
Guastalla, Reggio Emilia Daños estructurales en el palacio ducal, en el centro de la ciudad; declarada inutilizable una parte del casco histórico; y varios edificios dañados.
Gualtieri, Reggio Emilia Daños estructurales de considerable magnitud en el palacio de los Bentivoglio, en el centro de la ciudad, así como en el palacio de los Greppi y en la iglesia de Santa Victoria, ambos en el pueblecito homónimo de Santa Vittoria.
Reggiolo, Reggio Emilia Dañados algunos edificios, la fortaleza y construcciones agrícolas: daños similares a la mayoría de los registrados en la provincia de Reggio Emilia.
Ficarolo, Rovigo Dañados algunos edificios. El campanario, ya inclinado, se ha ladeado todavía más y corre el riesgo de derrumbarse.
Venecia, Venecia Caída de una estatua cerca de una mujer en los jardines Papadopoli.
Soy una traductora autónoma del inglés e italiano al español especializada en los campos del turismo y la historia. A mis yayos y sus relatos del pasado les debo mi pasión por esta última.
Escrito por Irene Fanizza, publicado el 15 octubre 2012. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.