Segunda batalla del Marne

El principio del fin de Alemania en la Primera Guerra Mundial
Mark Cartwright
por , traducido por Nico Chacur
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La segunda batalla del Marne sucedió entre julio y agosto de 1918 y contempló cómo el último rescoldo de la ofensiva de primavera alemana era rechazado por un demoledor contraataque aliado. Mediante la llegada de miles de tropas estadounidenses cada mes, y con cientos de tanques recién salidos de fábrica a su disposición, las divisiones aliadas (que incluían tropas de Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Canadá y Australia) arremetieron contra el ejército alemán al punto de dejarlo en un estado de retirada permanente. El 2.º Batallón de Marne fue, por tanto, en muchos aspectos, el tan anhelado punto de inflexión de la Gran Guerra.

British, French, & Italian Officers, 1918
Oficiales británicos, franceses e italianos, 1918 Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

La ofensiva de primavera

El ejército de Alemania se sometió a un gran desgaste a través de cinco campañas en el frente occidental desde abril hasta junio de 1918, una serie de ataques conocidos de forma colectiva como la ofensiva de primavera alemana. El comandante en jefe germano, el general Erich von Ludendorff (1865-1937), había buscado romper la situación estática que implicaba la guerra de trincheras antes de que los Aliados se vieran impulsados de forma significativa por el arribo de nuevas divisiones estadounidenses. La quinta y última ofensiva fue la del Marne, cuando Ludendorff quiso avanzar sobre ambos lados de Reims y cruzar el río Marne al este de París, motivo por el cual también se conoce como la batalla de Reims. Esta área ya había visto enfrentamientos durante la primera batalla del Marne, en septiembre de 1914. Esta batalla se conocería como el «Milagro del Marne», dado que las tropas francesas y británicas, a pesar de que estaban recibiendo una paliza, lograron reagruparse para aprovechar una separación entre las fuerzas alemanas y propinarles una derrota estratégica, cuando ya parecía que poseían todas las cartas para expandirse a través de Francia y hacerse con el control de París.

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Se estableció una cabeza de puente alemana en lo profundo del territorio, pero el avance al final se frenó el 17 de julio.

Hacia el otro extremo de la Gran Guerra, el mando alemán, incluido el káiser Guillermo II, se congregó el 3 de julio para discutir unos planes que continuaban desentendiéndose de la realidad militar del frente y de la escasez de suministros en Alemania, producto del bloqueo naval aliado. Se decidió dar un impulso que llevara a la economía imperial a convertirse en una economía bélica completa, para compensar la falta de recursos, y se sancionó un avance en el campo para hacerse con las tierras ricas en hierro y carbón de Lorena. Ludendorff recibió el visto bueno para lanzar otra nueva ofensiva.

La tarea de ejecutar el nuevo plan de Ludendorff para concretar el dominio alemán sobre Europa se les encomendó a los Ejércitos 1.º, 3.º, 7.º y 9.º. El avance del 1.º y 3.º Ejércitos sobre el este de Reims comenzó el 15 de julio a lo largo de un frente que comprendía 42 km (26 millas) de largo. Esta parte del ataque fue un absoluto fracaso debido a que fue bloqueada por el 1.° Ejército de Francia, bajo las órdenes del general Henri Gouraud (1867-1946). La artillería gala demostró ser un obstaculo infranqueable y las tácticas de Gouraud, que consistían en defender en profundidad y no mantener una delgada línea de defensa de forma rígida, demostraron ser altamente efectivas. Mientras tanto, al oeste de Reims, el 7.º y 9.º Ejércitos alemanes avanzaron a lo largo de 35 km (22 millas). Los incursores lograron un mejor avance contra el 6.° Ejército de Francia y consiguieron cruzar el Marne. Se estableció una cabeza de puente en lo profundo del territorio, pero el avance al final fue frenado el 17 de julio por el 9.° Ejército francés con el apoyo de tropas británicas, italianas y estadounidenses.

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Map of the Western Front in World War I, 1914-1918
Mapa del frente oriental en la Primera Guerra Mundial, 1914-1918 Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

A pesar del éxito inicial de la ofensiva de primavera, la campaña se vio trunca debido a que las tropas alemanas se chocaron contra una resistencia feroz y se vieron en la imposibilidad de recibir suministros debido a la carencia de transporte suficiente. Alemania había desgastado a sus mejores elementos porque no adoptó el método de rotación usado por los Aliados, en el que los soldados no permanecían luchando de forma permanente en las localizaciones más extremas del frente. Además, los generales alemanes de mayor rango, a diferencia de su contraparte entre los Aliados, no habían visto el potencial de las armas modernas, como los tanques o los beneficios de un despliegue coordinado de diferentes ramas militares (artillería, infantería y apoyo aéreo).

Ludendorf había perdido 800.000 hombres (entre muertos y heridos) en sus ataques que, para completar, no lograron otorgar grandes ventajas estratégicas. El fracaso a la hora de asegurar las terminales ferroviarias, en manos aliadas, significó que el enemigo pudiera seguir abasteciéndose a voluntad. Hacia agosto, Estados Unidos contaba con 1,4 millones de soldados en Francia y embarcaba otros 250.000 cada mes. Las tropas estadounidenses desplegadas en territorio francés se encontraban dispuestas en 25 divisiones (que eran más grandes que las de otros países), mientras que en territorio americano se organizaban otras 55 divisiones.

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Alemania, en cambio, no contaba con reservistas a los que convocar debido a que ya había llamado a todos los hombres con edad apta para el combate que no fueran vitales para otras industrias. La próxima generación de conscriptos elegibles no estaría disponible hasta noviembre, y necesitarían varios meses de adiestramiento. La jugada le salió mal a Ludendorff, ya no podrían alcanzar la victoria en la guerra y la única opción en pie era retrasar la derrota para poder conseguir términos de rendición más favorables.

Renault Tank, Second Battle of the Marne
Tanque Renault, segunda batalla del Marne T.K. Aitken - Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

La moral de los soldados alemanes que permanecían en el campo de batalla estaba por los suelos y se podía sentir un motín en el aire. Los oficiales de las fuerzas del káiser ya estaban teniendo dificultades para evitar que sus subordinados depusieran sus armas y se hicieran un festín con los suministros aliados con los que se topaban. La moral alemana recibió otra estocada por parte de la gripe española, junto a las escasas raciones de alimento. La pandemia de gripe de 1918 golpeó a las filas alemanas unas semanas antes que a las aliadas y, en junio, barrió a 500.000 soldados de las líneas del frente, afectando seriamente la capacidad de combate de 13 divisiones. En efecto, estos problemas tenían cierta relación con la dieta pobre que recibían los soldados alemanes, dado que suponía que su resistencia a los virus estaba más mermada que la de los soldados del bando de los Aliados.

Contraataque de los Aliados

La vanguardia del ataque estaba conformada por la 1.ª y 2.ª división de los Estados Unidos.

Los Aliados sabían que uno o dos golpes devastadores a las líneas alemanas podrían llevar a una capitulación inmediata. Además, se vieron beneficiados en gran medida por una estructura de mando más unificada con el mariscal Ferdinand Foch (1851-1929), ahora como el principal a cargo de las operaciones. El 18 de julio, Foch lanzó una contraofensiva inmensa, la segunda parte de lo que se conocería como la segunda batalla del Marne. El bando aliado, compuesto por Francia, Reino Unido, el Imperio británico (principalmente divisiones canadienses y australianas), Italia y divisiones estadounidenses, atacó a la saliente alemana alrededor del Marne.

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El 10.° Ejército galo, comandado por el general Charles Mangin (1866-1925), conocido por su agresividad, llevó adelante una ofensiva contra el saliente oeste del Marne. Mientras que los otros dos lados estaban siendo atacados por el 6.° ejército de Francia, dirigido por Jean Degoutte (1866-1938). La vanguardia de la ofensiva estaba conformada por la 1.ª y 2.ª División del Ejército estadounidense. Las divisiones se desempeñaron particularmente bien, y «estas tropas frescas lucharon haciendo caso omiso de las bajas, algo apenas visto en el frente occidental desde el inicio de la guerra» (Keegan, p. 409).

US Troops, WWI
Tropas estadounidenses, Primera Guerra Mundial US National Archives (Public Domain)

Otras 14 divisiones aliadas suministraron apoyo y, quizá lo más importante de todo, los Aliados pudieron desplegar 750 tanques contra el enemigo (incluidos los nuevos tanques ligeros Renault). Además contaban con el dominio de los cielos: la aviación aliada superaba a los alemanes en una escala de 5 a 1. Utilizaron aeronaves para identificar posiciones de artillería alemanas y puntos fuertemente defendidos. Los combatientes aliados se aseguraron de que la fuerza aérea alemana no pudiera proporcionarles las mismas capacidades a sus comandantes en tierra. Por último, incluso en el campo de la artillería, a pesar de que era una rama en la que los alemanes por tradición contaban con superioridad numérica, los Aliados doblaban en número la cantidad de piezas de artillería desplegadas en combate. El bando aliado utilizaba su artillería como una «cortina progresiva», que protegía el avance de sus soldados de forma constante detrás de la lluvia de proyectiles, que se disparaban de forma progresiva cada vez más lejos. El rol de la artillería en el ataque era intenso, disparando «un [proyectil] pesado cada 1,27 yardas de terreno, y tres proyectiles ligeros de piezas móviles por yarda» (Strachan, p. 280).

En menos de 48 horas, los aliados habían avanzado entre 8 y 9,5 kilómetros (5-6 millas). Desde el oeste, el 5.° y 9.° Ejércitos de Francia se unieron al avance. Los alemanes comenzaron una retirada de la saliente del Marne, y Soissons fue recuperada el 4 de agosto, haciéndose con 35.000 soldados alemanes prisioneros y 700 armas en el proceso. Los germanos, habiendo perdido casi la totalidad de la saliente que habían conquistado durante la primera parte de julio, se replegaron hacia una línea defensiva a lo largo de los ríos Aisne y Vesle.

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Los Aliados no podían realizar incursiones más profundas contra los enemigos, ahora atrincherados. El altercado en el Marne derivó en 95.000 bajas francesas y 165.000 alemanas, una cifra que incluye tanto a los hombres que perdieron la vida como los que pasaron a ser prisioneros de guerra (Bruce, p. 245). Dada la cantidad insuficiente de soldados bajo su mando, Ludendorff se vio forzado a abandonar cualquier plan que le quedara para atacar a los británicos en Flandes. En efecto, el solo hecho de sostener la línea defensiva de Hindenburg (conocida como Línea Sigfrido por los alemanes), la última línea defendible del frente, constituía un esfuerzo titánico. Enviaron a 70.000 convalescientes y heridos de vuelta al frente. Además, fue necesario reorganizar las divisiones alemanas, eliminando a aquellas que se encontraban demasiado débiles para operar y usando sus remanentes para nutrir las filas de las restantes.

Walking Wounded, Western Front 1918
Movilización de heridos, frente occidental, 1918. J.W. Brooke - Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

Desde este momento, el ejército alemán se vería empujado hacia Alemania de forma constante, comenzando por la batalla de Amiens, el comienzo de lo que se suele llamar la ofensiva de los Cien Días. En este punto, Foch no repitió el error de Ludendorff, que permitió que los comandantes en el campo se sintieran tentados por avances desmesurados para tomar ventaja de la aparente vulnerabilidad del enemigo, lo que solo derivó en la creación de salientes vulnerables mantenidos por tropas agotadas. En vez de eso, las fuerzas aliadas se desplazaban con más cautela, siempre esperando el arribo de la artillería para que brindara apoyo a la infantería.

Las divisiones francesas, británicas y canadienses que combatieron en Amiens se vieron beneficiadas por el despliegue de 435 tanques. En menos de 48 horas, se tomaron 30.000 prisioneros alemanes, a medida que su moral cayó por los suelos en muchas unidades. Ludendorff describió la derrota en Amiens como «el día más negro del Ejército alemán» (Bruce, p. 231). Los alemanes no tenían manera de contrarrestar la cantidad ingente de soldados aliados o su efectividad en el uso combinado de artillería, infantería, aviones y tanques. A medida que la inquietud comenzó a rozar niveles nunca antes vistos en las Fuerzas Armadas de Alemania y entre la población civil, la guerra llegó a su fin con la firma del Armisticio de 1918 con Alemania.

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Cartwright, M. (2026, agosto 01). Segunda batalla del Marne: El principio del fin de Alemania en la Primera Guerra Mundial. (N. Chacur, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2899/segunda-batalla-del-marne/

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Cartwright, Mark. "Segunda batalla del Marne: El principio del fin de Alemania en la Primera Guerra Mundial." Traducido por Nico Chacur. World History Encyclopedia, agosto 01, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2899/segunda-batalla-del-marne/.

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Cartwright, Mark. "Segunda batalla del Marne: El principio del fin de Alemania en la Primera Guerra Mundial." Traducido por Nico Chacur. World History Encyclopedia, 01 ago 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2899/segunda-batalla-del-marne/.

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