Por qué Alemania perdió la Primera Guerra Mundial

Mark Cartwright
por , traducido por Marco Antonio Delgado Delgado
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Alemania comenzó la Primera Guerra Mundial (1914-18) en la creencia de que sus Fuerzas Armadas podrían ganar una rápida y decisiva victoria primero contra Francia y luego contra Rusia. La realidad se fue complicando a medida que mas países resultaron implicados en una guerra global que duró cinco años. Claramente, un título alternativo a este artículo podría ser, «Por qué los Aliados ganaron la guerra». Indudablemente, los Aliados lucharon con coraje y determinación para derrotar a Alemania, pero también es verdad que la propia Alemania, por sus errores internos, fue a menudo su peor enemigo. Al final, la justicia prevaleció y las naciones agresoras perdieron un conflicto global que causó alrededor de 16 millones de muertes y un número aún más grande de heridos.

German Grave, WWI
Tumba alemana, Primera Guerra Mundial D. McLellan - Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

Las razones por las que Alemania perdió la Primera Guerra Mundial fueron:

  • Los aliados de Alemania eran mucho más débiles militarmente que los del bando opuesto.
  • El plan Schlieffen de Alemania, pensado en 1914 para conseguir una rápida victoria, contenía serios fallos y fue ejecutado con torpeza.
  • Durante cuatro años Alemania se vió obligada a luchar en dos frentes: Este y Oeste.
  • Los Aliados fueron capaces de absorber, resistir y contrarrestar la invasión alemana.
  • Alemania nunca se organizó como una plena economía de guerra.
  • El bloqueo naval por los Aliados privó a Alemania de recursos vitales como el carbón.
  • El uso de minas, el apoyo aéreo y la organización en convoyes impidió que la campaña de los submarinos alemanes (u-boots) fuera capaz de destruir suficientes navíos mercantes y de guerra de los Aliados.
  • Alemania invirtió en un tipo de armamento que no logró ninguna ventaja estratégica, principalmente buques de guerra, zepelines y piezas gigantes de artillería.
  • Los generales alemanes nunca llegaron a captar el potencial de los tanques en la guerra moderna.
  • Los generales alemanes en el campo de batalla a menudo persiguieron objetivos ajenos a la estrategia global de una ofensiva.
  • En sus avances, el Ejército alemán careció de suficiente transporte ferroviario o motorizado para suministrar a las tropas de vanguardia.
  • A diferencia de los aliados, el Ejército alemán no reemplazaba sus tropas en los frentes de combate, por lo que los hombres estaban exhaustos y las divisiones debilitadas.
  • La guerra submarina alemana, sin restricciones, contribuyó a que los Estados Unidos decidieran entrar en la guerra.
  • En 1918, Estados Unidos aportó un flujo masivo de soldados y material.
  • Alemania no tuvo respuesta al uso combinado de armas (artillería, infantería, aviación y tanques) por parte de los aliados.
  • En 1918, Alemania ya no pudo competir por más tiempo con los aliados ni en el tamaño de los ejércitos en el campo de batalla ni en la tecnología de sus equipamientos.
  • A mitad de 1918, las tropas y la población civil alemanas, con la moral destrozada, pedían a sus dirigentes la paz, cada vez más insistentemente.

Los aliados débiles de Alemania

El primer problema de Alemania en su esfuerzo para ganar una guerra global fue tener pocos aliados y no muy fuertes, desde el punto de vista militar. En el sistema de alianzas previo a la Primera Guerra Mundial, la Triple Entente de Gran Bretaña, Francia y Rusia se enfrentaba a la Triple Alianza de Alemania, Austria-Hungría e Italia. Sobre el papel, la Triple Alianza era la más débil ya que el ejército austro-húngaro estaba anticuado e Italia era un aliado poco fiable, como se demostró cuando Italia se unió más tarde al grupo de la Triple Entente. Alemania estaba unida al Imperio otomano y a estados como Bulgaria pero ninguno de ellos tenía ejércitos o marinas de primera clase. Por último, el imperio alemán era muy pequeño comparado con el inglés o el francés. Colonias alemanas como la del sudoeste de Africa y Nueva Guinea difícilmente estaban en posición de ayudar sustancialmente en hombres o material a una guerra que ocurría en Europa. Alemania tuvo que apuntalar constantemente a sus aliados ya que «sin el suministro de una importante ayuda financiera y material, sin el envío de armas, municiones y soldados a sus aliados, los varios frentes abiertos no se habrían mantenido» (Winter, 168). Cuando estos aliados fueron vencidos y el enemigo pudo concentrarse solo en Alemania, «a Alemania le resultó imposible resistir mucho más tiempo» (ibidem).

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British, French, & Italian Officers, 1918
Oficiales británicos, franceses e italianos, 1918 Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

Como contraste, en los eventos decisivos, Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos trabajaron juntos para formar una fuerte alianza. También hubo un fuerte apoyo de las colonias francesas (casi un millón de hombres) y diferentes regiones del Imperio británico (particularmente Canadá, Australia, Nueva Zelanda e India). Otros importantes aliados fueron Bélgica, Italia, Japón y, hasta 1917, Rusia. Todos estos estados tenían sus propios motivos para participar en la guerra, pero un propósito común era evitar que una hiperagresiva Alemania dominara Europa. Los aliados de Alemania, sin embargo, no tenían ningún objetivo común.

El Ejército de los Estados Unidos solo entró en la guerra en su año final aunque el Gobierno había estado ayudando a sus aliados, financiera y materialmente, durante todo el conflicto. Hacia el final de la guerra, los Estados Unidos habían prestado ya a sus Aliados diez mil millones de dólares. Armamentos, municiones y alimentos cruzaban el Atlántico desafiando la amenaza de los submarinos alemanes, dándoles a los aliados los medios para igualar y luego superar a Alemania en el campo de batalla, en el mar y en el aire.

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Las tropas alemanas luchaban por la expansion del imperio alemán, no por la defensa de su patria.

El fallo del plan Schlieffen

El plan Schlieffen se preparó en 1905 con modificaciones posteriores. Esencialmente, consistía en atacar Francia y dejarla fuera de combate en un plazo de unas seis semanas para luego concentrar los recursos alemanes contra Rusia en el este. Incluso los generales alemanes reconocían que el plan era ambicioso y que el Ejército alemán probablemente no era lo suficientemente potente como para alcanzar estos objetivos. Claramente, no solo el flanco del ataque se vería comprometido si el Ejército francés contratacaba en otras zonas, sino que además la ruta del Ejército alemán a través de los Países Bajos se reducía a un estrecho corredor a través de la neutral Bélgica, lo que creaba un cuello de botella en términos de logística.

Cuando el plan fue finalmente ejecutado en agosto de 1914, los Aliados demostraron más resistencia de la esperada, empezando por la dura defensa de los bien construidos fuertes belgas. A pesar de ser rechazados en casi todos los frentes, los Aliados consiguieron finalmente contraatacar el avance alemán en la primera batalla del Marne en septiembre. Ambos bandos se atrincheraron en un frente defensivo y estático creando una situación de tablas que no se rompería hasta el año final de la guerra. Simplemente, Alemania no estaba preparada para una guerra larga.

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Map of the Schlieffen Plan v. the 1914 Reality
El plan Schlieffen: el mapa ideal y la cruda realidad de 1914 Simeon Netchev (CC BY-NC-ND)

El plan Schlieffen trajo otras consecuencias. Alemania había comenzado la guerra desplegándose a través de la neutral Bélgica y por tanto asumiendo un claro papel agresor. Así, las tropas aliadas luchaban para liberar de los alemanes su propia tierra y la de sus aliados, una situación que robusteció la moral en el lado de los Aliados durante todo el conflicto. Las tropas alemanas, por el contrario, luchaban por expandir el Imperio alemán, no por la defensa de su patria.

El fracaso del plan Schlieffen también puso al descubierto un profundo fallo del sistema alemán de mando. En la larga tradición de los ejércitos prusianos y alemanes, el alto mando alemán permitía a sus generales en el campo de batalla decidir por ellos mismos si aprovechar o no cualquier oportunidad ventajosa que apareciera. Esta doctrina trajo consigo que los ejércitos alemanes a veces se engañaran, implicándose en avances extravagantes para aprovechar supuestas bolsas enemigas débiles, ataques que solo originaban salientes vulnerables, sostenidos por tropas exhaustas. Además, se sacrificaban los objetivos estratégicos globales, más importantes, en beneficio de iniciativas individuales. Eso fue exactamente lo que sucedió con el plan Schlieffen cuando dejaron de lado el objetivo de tomar París a fin de perseguir y destruir al Ejército francés en retirada, un propósito que nunca se consiguió pero que, en consecuencia, dejó el flanco del ejército alemán expuesto al ataque enemigo. Una vez y otra, en diversas batallas a lo largo de la guerra, los generales alemanes desperdiciarían un buen comienzo y un objetivo global importante por la gloria del corto plazo.

Por último, la ejecución del plan Schlieffen demostró que mover ejércitos sobre un mapa es una cosa y aprovisionarlos con la munición, los alimentos y los refuerzos requeridos para luchar mes tras mes es otra cosa muy distinta. Las tropas de vanguardia que ejecutaron el plan Schlieffen agotaron todo ello tras sólo unas pocas semanas. Realmente, el mismo éxito en el avance implicó que las líneas de aprovisionamiento se alargaran y alargaran, volviéndose más y más tenues. La incapacidad de responder a los desafíos logísticos de una guerra moderna sería el talón de Aquiles del Ejército alemán durante toda la guerra.

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German Gas Tests, WWI
Pruebas con gas del ejército alemán, Primera Guerra Mundial Unknown Photographer (CC BY-NC-SA)

Fallos en armamento y logística

El armamento alemán fue superior en los primeros años de la guerra, cuando armas como la ametralladora MG08 había demostrado ser letal contra el ataque de la infantería. Los alemanes habían sido innovadores en el uso de lanzallamas y los primeros en el uso de gases tóxicos pero estas ventajas se contrarrestaron pronto: los francotiradores disparaban prioritariamente a cualquier hombre con un tanque de gasolina en su espalda y el uso de máscaras de gas ayudó a paliar los peores efectos de las granadas cargadas con gases.

El ejercito alemán no pudo reabastecer a sus hombres con alimentos o material ya que carecía de suficiente capacidad de transporte.

Otra innovación alemana que prometía mucho pero no cumplió expectativas fue el uso de los dirigibles Zeppelin para bombardear poblaciones civiles del enemigo. París, Londres y otras muchas ciudades fueron alcanzadas pero la pobre tecnología de las bombas lanzadas, el limitado número de dirigibles y su vulnerabilidad a aviones de caza más rápidos significó que los bombardeos de los zepelines resultaran definitivamente poco exitosos a la hora de conseguir alguna ventaja estratégica. A pesar de toda la propaganda emitida durante el conflicto, los Zeppelines hicieron poco daño sustancial a las infraestructuras del enemigo o a la moral de la población civil.

A medida que la guerra continuaba fueron los Aliados los que demostraron dominar la innovación militar. El alto mando alemán, en cambio, no se había percatado del potencial del armamento moderno como los tanques o las ventajas de los ataques conjuntos de todas las armas (artillería, infantería, tanques y apoyo aéreo). A decir verdad, los generales aliados tardaron mucho tiempo en comprender la mejor manera de usar con efectividad los tanques, pero el uso masivo de tanques en la batalla de Cambray en noviembre-diciembre de 1917 demostró su gran valor. Para Alemania, la lección llegó demasiado tarde y, como señala el historiador militar J. Keegan , «La incapacidad de Alemania para igualar a los Aliados en el desarrollo de tanques debe considerarse como uno de los peores errores militares de la guerra» (410).

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French Saint-Chamond Tank, 1918
Tanque francés Saint-Chamond, 1918 Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

El ejército alemán no pudo abastecer a sus hombres con suficientes alimentos o material ya que carecía de medios adecuados de transporte. Las líneas de ferrocarril iban quedando atrás a medida que el Ejército alemán avanzaba y la dependencia del transporte por caballería demostró ser una auténtica debilidad. En 1918, el ejército alemán tenia sólo 23.000 camiones en comparación con los 100.000 de los Aliados. Además, el bloqueo por los Aliados originó la escasez de materiales y suministros. A pesar de su debilidad, sólo fue en el verano de 1918 cuándo finalmente se decidió un esfuerzo organizado para transformar la economía alemana en una plena economía de guerra total.

La idea alemana de las tropas de asalto – usar los mejores hombres con el armamento más moderno en grupos pequeños para causar el desconcierto y la destrucción de las líneas y la retaguardia enemiga – fue una excelente idea pero, inherentemente, implicaba un alto coste de vidas. De esta manera, los alemanes gastaron poco a poco sus mejores tropas. Además, no adoptaron el método de reemplazo de los aliados por el que los soldados no luchaban continuamente en los puntos más encarnizados del frente, sino que eran reemplazados y movidos temporalmente a puntos más tranquilos dónde podían recuperarse, aun parcialmente, tanto física como mentalmente.

La pérdida de la guerra en el mar

Antes incluso de empezar la guerra, Alemania ya tenía dos problemas. El primer problema era construir un Ejército suficientemente grande para desafiar al francés y el segundo construir una Armada suficientemente grande para desafiar a la Armada británica. Esto fue realmente un gran desafío. El drama de la carrera armamentística entre Alemania y Gran Bretaña fascinó a la prensa durante la primera década del siglo XX pero esta era una carrera que Alemania nunca hubiera podido ganar. Gran Bretaña, en 1914 aún el país más rico del mundo, permanecía absolutamente determinada a mantenerse por delante en cualquier carrera armamentística, especialmente en lo que concernía a la Armada Real, el enlace marítimo vital entre los muy distantes puntos del Imperio británico global. Su imperio abarcaba unos 400 millones de personas en más de 50 países. Alemania había gastado grandes cantidades en navíos, pero aun así la suya era la segunda Armada del mundo. A la altura de 1914, Gran Bretaña que también había gastado abundantemente, tenía dos veces más acorazados que Alemania y un número superior de cruceros de batalla.

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WWI U-Boat & Crew
Un u-boot de la Primera Guerra Mundial y su tripulación Unknown Photographer (CC BY-NC-SA)

Aún peor que ser los segundos en la carrera armamentística, los militares alemanes se percataron de haber invertido en el tipo inapropiado de armamento. Los días de las grandes batallas navales con navíos cañoneándose en mar abierto ya habían terminado. Durante la Primera Guerra Mundial solo hubo una batalla naval importante, la batalla de Jutlandia, en mayo-junio de 1916. Ambos bandos se arrogaron una incierta victoria, pero lo relevante es que tras la batalla de Jutlandia la potencia de la Armada Real británica obligó a la flota alemana a permanecer en sus puertos, fuera de peligro, durante el resto de la guerra. Como en aquellos días publicó el New York Times: «La Armada alemana ha asaltado a su carcelero, pero sigue en la cárcel» (Winter, 335).

Posteriormente, Alemania se decidió por la guerra submarina como la mejor forma de hacer daño al enemigo, con consecuencias que quizás no fueron bien evaluadas por el alto mando. A pesar de los éxitos iniciales, a largo plazo las campañas submarinas contra los barcos aliados fueron progresivamente menos efectivas a medida que el enemigo utilizó convoyes armados, apoyo aéreo y minas antisubmarinos para disminuir sus pérdidas. Quizás la contramedida más efectiva fue el sistema de convoyes. Sólo 436 barcos de los 88.000 que cruzaron el Atlántico de esta manera fueron alcanzados por torpedos. De esta manera la construcción de nuevos barcos por los aliados superó las pérdidas en el mar, permitiendo la llegada a Europa de suministros vitales. A pesar del hundimiento de más de 5.000 buques aliados durante el conflicto, Alemania no podía ganar la guerra sólo con submarinos como había esperado en los primeros años de conflicto.

La decisión alemana de emprender y sostener una guerra submarina indiscriminada trajo importantes decisiones diplomáticas. El hundimiento del transatlántico RMS Lusitania por U-20 en mayo de 1915 fue un claro ejemplo de ello. Entre los 1.198 civiles muertos se encontraban 128 ciudadanos estadounidenses y en Estados Unidos se generó un gran y escándalo airado contra Alemania. A consecuencia de lo anterior y desde septiembre 1915, la armada alemana impuso restricciones de objetivos a los capitanes de los submarinos pero desde febrero 1917 la guerra continuó sin restricciones. Lo anterior y la filtración del telegrama Zimmerman que le proponía a México una alianza militar con Alemania, enfureció tanto al Gobierno de los Estados Unidos que finalmente declaró la guerra a Alemania, trasladando a Europa el peso de su poder militar.

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German Preparations for the Spring Offensive
Preparativos alemanes para la ofensiva de primavera Imperial War Museums (CC BY-NC-SA)

La crisis de 1918

La última oportunidad para la victoria alemana vino en la primavera de 1918. La revolución bolchevique de 1917 había excluido a Rusia de la guerra lo que permitió a Alemania retirar tropas y material del frente del este y potenciar el oeste. 44 divisiones se trasladaron al oeste. En este frente, cada contendiente contaba sobre el terreno con 4 millones de hombres, pero decenas de miles de soldados americanos desembarcaban cada semana en Europa. La paridad de hombres en el frente oeste no podía durar mucho. El comandante en jefe alemán, el general Erich von Ludendorff (1865-1937) se vio en una situación de ahora o nunca por lo que lanzó cinco importantes ofensivas, colectivamente llamadas la ofensiva alemana de primavera u ofensiva Ludendorff.

Al final, esta ofensiva de primavera costó 800.000 bajas (entre muertos y heridos) y no consiguió ninguna ganancia estratégica significativa. A pesar de los éxitos iniciales, Ludendorff no pudo apoderarse de los nudos ferroviarios controlados por los aliados, de manera que el enemigo se abastecía según sus necesidades. La primera acción con participación de tropas americanas fue en mayo de 1918. En agosto, los Estados Unidos tenían 1,4 millones de soldados en Francia y enviaba 250.000 adicionales cada mes. Por el contrario, Alemania ya no tenía reservas que alistar, todos los hombres en edad de luchar ya habían sido alistados o trabajaban en industrias vitales. La siguiente generación de reclutas no estaría disponible hasta noviembre y necesitaría varios meses de entrenamiento. Ludendorff había malgastado su último cartucho.

En el frente, la moral de los soldados alemanes, cansados y hambrientos, era muy baja y el amotinamiento se percibía en el ambiente. Los oficiales alemanes se esforzaban en evitar que sus hombres dejaran de combatir simplemente para comer cualquier suministro aliado que hubieran logrado conseguir. Otro golpe a la moral alemana, además de las pobres raciones, fue la propagación de la gripe española. La epidemia de gripe de 1918 golpeó las líneas alemanas unas semanas antes que a los aliados, retirando en junio 500.000 soldados del frente y afectando seriamente la capacidad de lucha de 13 divisiones. Realmente ambos problemas, el hambre y la enfermedad, estaban relacionados ya que la pobre dieta de los soldados alemanes resultaba en menor resistencia al virus que en el lado aliado.

Alemania no solo se había visto superada en hombres. En 1918, la aviación aliada era superior a la alemana en proporción de 5 a 1. Los aviones se utilizaban para identificar las posiciones de la artillería alemana y los puntos más fuertes de defensa. Los cazas aliados se aseguraron de que la fuerza aérea alemana no pudiera dar el mismo servicio a sus comandantes en tierra. La disparidad en tanques era aún mayor. En 1918, los aliados podían desplegar 800 tanques contra solo 10 tanques alemanes.

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Men & Women in a US Car Celebrating the 1918 Armistice
Hombres y mujeres en un coche estadounidense celebrando el Armisticio de 1918 Unknown Photographer (CC BY-NC-SA)

Los aliados lanzaron su contrataque a la ofensiva de primavera en la segunda batalla del Marne en julio de 1918, continuando su empuje en la llamada ofensiva de los 100 días. Los aliados consiguieron aplastantes victorias, como la de la batalla de Amiens en agosto. Alemania no tenía respuesta a la superioridad de los aliados en hombres y en el uso combinado de las armas.

En 100 días los aliados apresaron 363.000 soldados alemanes (el 25% de las fuerzas del frente) y capturaron 6.400 cañones (el 50% de toda la artillería alemana en el frente oeste). Estas cifras demuestran la eficacia de la estrategia aliada y la baja moral de los soldados alemanes.
(Winter, 170)

La rebelión creció en el Ejército y la Armada alemanes hasta niveles sin precedentes, al igual que entre la población civil en territorio alemán. La guerra acabó con la firma de un armisticio en 1918. El káiser Guillermo II (1859-1941) se vio obligada a abdicar. Bajo los términos de paz del Tratado de Versalles, Alemania tuvo que declararse culpable de haber iniciado la guerra, pagar reparaciones a los vencedores, aceptar restricciones en sus fuerzas armadas, y ceder algunos territorios en la propia Alemania y todas sus colonias.

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Cartwright, M. (2026, julio 14). Por qué Alemania perdió la Primera Guerra Mundial. (M. A. D. Delgado, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2901/por-que-alemania-perdio-la-primera-guerra-mundial/

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Cartwright, Mark. "Por qué Alemania perdió la Primera Guerra Mundial." Traducido por Marco Antonio Delgado Delgado. World History Encyclopedia, julio 14, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2901/por-que-alemania-perdio-la-primera-guerra-mundial/.

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Cartwright, Mark. "Por qué Alemania perdió la Primera Guerra Mundial." Traducido por Marco Antonio Delgado Delgado. World History Encyclopedia, 14 jul 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2901/por-que-alemania-perdio-la-primera-guerra-mundial/.

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