Mujeres en la Antigua Mesopotamia

Artículo

Joshua J. Mark
por , traducido por Recaredo Castillo
Publicado el 07 octubre 2022
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Disponible en otros idiomas: inglés, árabe, francés

La vida de las mujeres en la antigua Mesopotamia no se puede caracterizar tan fácilmente como la de otras civilizaciones, debido a que la región albergó diferentes culturas a lo largo del tiempo. De todos modos, hablando en general, las mujeres de la Mesopotamia tenían significativos derechos, podían administrar sus propios negocios, comprar y vender tierras, vivir solas, iniciar un divorcio y, aunque eran oficialmente inferiores a los hombres, encontraron la manera de afirmar su autonomía.

Statue of a Sumerian Woman
Estatua de una mujer sumeria
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Los estudiosos están de acuerdo, en general, en que las mujeres gozaban de grandes libertades en los primeros tiempos del desarrollo cultural de la Mesopotamia, desde el Período Uruk (4100-2900 a.C.) hasta el Período Dinástico Arcaico (2900-2334 a.C.) antes del ascenso de Sargón de Acad (que reinó de 2334-2279 a.C.). Se hace notar, sin embargo, que Sargón escogió una deidad femenina (Inanna/Ishtar) como su protectora, instalando a su hija Enheduanna (2285-2250 a.C.) como sumo sacerdotisa de Ur, y los registros indican que las mujeres conservaban todavía los mismos derechos que tenían anteriormente.

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Lo mismo se afirma respecto de Hammurabi de Babilonia (que reinó de 1795-1750 a.C.) pero, aunque es verdad que el culto de las deidades femeninas y los derechos de las mujeres disminuyeron bajo su reinado, todavía hay evidencias de autonomía femenina, y este paradigma continúa a través del Imperio asirio (en torno a 1900-612 a.C.) y desde el Imperio aqueménida (en torno a 550-330 a.C.) hasta la caída del Imperio sasánida en torno a 651 d.C. Aunque el patriarcado buscó controlar los derechos de las mujeres y sus opciones personales, los registros siguen mostrando a las mujeres como terratenientes, propietarias de negocios, administradoras, burócratas, doctoras, escribas, sacerdotisas, y en algunos casos, incluso monarcas.

Después del 651 d.C. hay un claro deterioro de los derechos de las mujeres en la región.

La sociedad mesopotámica, como cualquier otra, era jerárquica y estaba dividida en cinco clases: nobleza, sacerdocio, clase alta, clase baja, y esclavos. Algunas veces se simplificaba en tres estamentos: libre, dependiente, y esclavo. El papel de las mujeres estaba determinado por esta jerarquía, con las mujeres de la elite arriba y las esclavas en el fondo. Entre estas dos existía también una clase de mujeres semilibres, que los estudiosos modernos han tenido dificultades para definir claramente, puesto que no eran ni completamente libres ni tampoco esclavas, por lo que el término "dependientes" parece definirlas mejor. Esas mujeres (y había hombres también) normalmente estaban vinculadas a un templo de alguna manera.

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Las mujeres continuaron estando definidas, más o menos, por su jerarquía, y mantuvieron sus derechos hasta la caída del Imperio sasánida ante los árabes musulmanes en el 651 d.C. Después de esto, los derechos de las mujeres se deterioraron más aún de lo que habían sido durante los reinados de Sargón o Hammurabi. Algunos eruditos han correlacionado la disminución del estatus femenino con el ascenso de las deidades masculinas y una mayor tendencia hacia los sistemas religiosos fuertemente patriarcales, pero esta relación ha sido muy discutida. Como sea, después del 651 d.C. los derechos de las mujeres disminuyeron fuertemente en la región.

Clasificación de las mujeres

Las mujeres estaban clasificadas de acuerdo con su estatus social (al igual que los hombres) y, según la jerarquía, los términos incluidos eran:

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  • Mujeres libres de la nobleza/clase alta (awilatum en acadio)
  • Mujeres libres ejerciendo el sacerdocio (algunas conocidas como naditu en babilonio)
  • Mujeres administradoras (sakintu en el período Neoasirio)
  • Mujeres libres de clase baja (conocidas con diferentes denominaciones)
  • Prostitutas y/o mujeres solteras (harimtu en acadio)
  • Mujeres dependientes que no pertenecían a un hogar masculino (sirkus en babilonio)
  • Mujeres esclavas (amtu en babilonio)

Los nombres para esta clasificación cambian según el tiempo y la cultura dominante, pero la jerarquía se mantiene igual. Las mujeres estaban subordinadas, primero a sus padres y luego a sus maridos (con algunas excepciones como el sacerdocio o cierta nobleza acaudalada) y, más adelante, a sus hijos. Aunque algunas mujeres podían arreglárselas para seguir su propio camino, esto era raro, y la mayoría vivía de acuerdo con las tradiciones, las reglas y los criterios del patriarcado.

Situación de la mujer y el matrimonio

A lo largo de la historia de la Mesopotamia, se esperaba que la mujer se casara, tuviera hijos, y los criara mientras atendía la casa. La excepción eran las mujeres naditu de la ciudad de Sippar en torno a 1880-1550 a.C., quienes eran sacerdotisas dedicadas a una deidad masculina. Se esperaba que estas mujeres se casaran, aunque no que tuvieran hijos, y sus maridos tomaban esposas secundarias. Las naditu estaban vinculadas al edificio del templo, realizaban las tareas del cuidado del dios, y se “involucraban en actividades comerciales” (Leick, 189).

Female Worshipper Statue, Mesopotamia
Estatua de una adoradora, Mesopotamia
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

La única palabra asociada con una mujer soltera de edad casadera es harimtu, término que según parece podía referirse tanto a una prostituta como a una mujer soltera. La definición precisa de este término está todavía en discusión, pero si se aplica a una mujer soltera, esta sería o bien lo bastante rica como para vivir según sus propias reglas, o bien pertenecía a la clase dependiente (ni libre ni esclava), vinculada a un templo. Según la estudiosa Kristin Kleber, esas mujeres (o podían ser hombres) eran conocidas en las comunidades neo-babilónicas del siglo VI a.C. como sirkus:

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Los (las) sirkus son caracterizados a menudo como esclavos del templo y, en general, se sostiene que su destino era mejor que el de otros tipos de esclavos porque los dioses del templo, como propietarios, no ejercían directamente los derechos de propiedad. Yo defiendo que los sirkus no eran esclavos de hecho, sino que se entenderían mejor como dependientes de una institución, y cuya libertad limitada, en comparación con la de los ciudadanos libres de una ciudad babilónica, era el resultado de su subordinación social al recinto institucional del templo. (Culbertson, 101)

Sin considerar a las naditu y las sirkus, una viuda adinerada podría optar por no volver a casarse, y ciertamente habría otras excepciones a la regla, pero, en general, una vez que una mujer joven estaba en edad de casarse, su padre organizaba una boda con una pareja adecuada en lo que se consideraba beneficioso para ambas partes. El acuerdo de matrimonio era un contrato comercial legal, que no tenía nada que ver con los deseos o intereses de los contrayentes. El erudito Jean Bottero analiza el proceso:

Para un hombre, el matrimonio consistía en "tomar posesión de la propia esposa" – del mismo verbo (ahazu) comúnmente usado para la captura de personas o la incautación de cualquier territorio o bienes. Era la familia del futuro esposo quien iniciaba el asunto y que, habiendo elegido a la niña, tras un acuerdo pagaba a su familia una cantidad compensatoria, en fin, una transacción que necesariamente recuerda a una forma de compra. Después de esto, la niña así "adquirida'", era apartada de su propia familia por la ceremonia matrimonial e introducida en la familia de su esposo donde, salvo accidente, permanecería hasta su muerte. (114-115)

Había cinco pasos en el proceso del matrimonio, todos los cuales debían observarse de acuerdo con la tradición, que debían cumplirse en forma precisa para que la unión fuera reconocida como legal y vinculante:

  • contrato de compromiso/matrimonio
  • pago del precio de la novia al padre de la novia y de la dote al padre del novio
  • ceremonia y fiesta de bodas
  • mudanza de la novia a la casa de su suegro
  • verificación de la relación sexual la noche de la boda con la expectativa de que la novia quedara embarazada

Se consideraba que la esposa era propiedad de su esposo en el sentido de que se esperaba que le obedeciera completamente, y el esposo podía divorciarse de ella y "repudiarla" si así lo decidía y tenía motivos legales para ello (mientras que era más difícil para una mujer pedir el divorcio), pero, como en todos los aspectos de la vida de las mujeres en Mesopotamia, esto se entiende como una generalidad. Bottero hace notar como las mujeres podían autoafirmarse y mantener la autonomía:

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En Mesopotamia, como en otros lugares, toda mujer tenía bajo la manga dos cartas seguras para enfrentarse a cualquier representante del llamado sexo "fuerte", e incluso para dominarlo, a pesar de todas las restricciones legales o consuetudinarias: primero, su feminidad; luego, su personalidad, espíritu y carácter. Y dependía de ella hacer uso de estas para nadar contra la corriente opuesta de la mentalidad contemporánea. (118-119)

Este parece ser el caso en todas las épocas de la historia de Mesopotamia, pero, al mismo tiempo, algunos períodos dan evidencia, en general, de una mayor igualdad de los sexos que en otros.

Uruk y el Período Dinástico Arcaico

Los sumerios de los períodos Uruk y Dinástico Arcaico (y después el Período Ur III, 2047-1750 a.C.) proporcionan las mayores evidencias de igualdad para las mujeres. En el período Uruk se desarrollaron los sellos cilíndricos, y muchos de los de este período pertenecían a mujeres, sugiriendo que les estaba permitido firmar contratos y establecer acuerdos comerciales en ese tiempo. El período Uruk vio también el incremento de la urbanización y el desarrollo de la escritura, y ambos aspectos muestran claramente que las deidades femeninas, tales como Gula, Inanna, Ninhursag, Nisaba, y Ninkasi entre otras, eran mucho más veneradas que las masculinas.

Marriage of Inanna and Dumuzi
Matrimonio de Inanna y Dumuzi
TangLung (Public Domain)

Durante el Período Dinástico Arcaico I (2900-2800 a.C.), el hogar estaba asociado a la deidad protectora de la ciudad, la que era a menudo una diosa. Las mujeres de la clase alta gozaban casi de una igualdad de derechos, pero las de la clase baja tenían poca si es que tenían alguna (aunque lo mismo se aplicaba a los hombres de esa clase), pero durante el Período Dinástico Arcaico II (2800-2600 a.C.), el aumento de la producción de alimentos condujo a la diversificación en la división del trabajo, abriendo más oportunidades a las mujeres como artesanas, molineras, panaderas, cerveceras, y tejedoras. Las telas comenzaron a asociarse con las mujeres en este tiempo y así continuaría siendo de ahí en adelante.

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Se sabe de dos mujeres que gobernaron por derecho propio durante el Período Dinástico Arcaico III: la reina Puabi de Ur y la reina Kubaba de Kish.

Durante el Período Dinástico Arcaico III (2600-2334 a.C.), la situación de la mujer permaneció igual o mejoró. Se sabe de dos mujeres que gobernaron por derecho propio en esta era: la reina Puabi de Ur (conocida por su tumba en el Cementerio Real de Ur) y la reina Kubaba de Kish, la única mujer cuyo nombre aparece como el de una reina en la Lista Sumeria de los Reyes (compuesta en torno a 2100 a.C.). Del sello cilíndrico de Puabi y el nombre de Kubaba en la Lista de los reyes, se desprende que ambas mujeres gobernaron solas, sin un consorte masculino. Durante ese mismo período la reina Barag-irnun de Umma gobernó junto con su esposo Gisa-kudu y fue considerada lo suficientemente importante como para que su nombre se incluyera en la placa dedicatoria del templo del dios Shara en Umma.

La movilidad social era rara pero posible, como lo evidencia Kubaba, a quien se menciona como una ex tabernera. Hay pocos registros de mujeres (o de cualquiera) escalando en la sociedad, pero está claro que muchas ocupaban posiciones ajenas al hogar, junto con notables mujeres monarcas, escribas, sacerdotisas, y doctoras, trabajaban como artistas, artesanas, panaderas, cesteras, cerveceras, escanciadoras, danzarinas, administradoras inmobiliarias, granjeras, orfebres, joyeras, mercaderes, músicas, perfumeras, ceramistas, prostitutas, taberneras y tejedoras, entre otras ocupaciones.

Período acadio y Ur III

Los estudiosos ha notado que este modelo cambió bajo el Imperio acadio de Sargón el Grande y que esto se debió sobre todo a su enfoque en el poder militar y la conquista, que llevaron a la percepción de la mujer como "el sexo débil" en un momento en que la fuerza militar adquirió un mayor valor. Sargón y sus sucesores realizaron campañas regulares contra las regiones insurgentes y separatistas, manteniendo un ejército permanente que servía también como una fuerza policial en la ciudad. El historiador Paul Kriwaczek comenta:

Esta debió ser una sociedad altamente militarizada, a menudo con guerreros armados patrullando las calles, en particular en las ciudades provinciales en cuya lealtad no siempre podía confiar el poder central. Sargón escribió que todos los días 5400 hombres, tal vez el núcleo de su ejército permanente, comían en su presencia en Acad. (125)

Hay pocos registros de mujeres ejerciendo cargos de importancia, pero es que hay pocos registros en general, y los eruditos modernos todavía no tienen una idea clara de dónde estaba ubicada Acad. Pero no parece que Sargón tuviera un interés especial en suprimir los derechos de las mujeres, puesto que atribuyó a su madre su salvación y el haberlo encauzado hacia su destino, invocó a Inanna/Ishtar como como su divinidad protectora personal, e instaló a su hija Enheduanna como sumo sacerdotisa de la ciudad de Ur. Según Kriwaczek, las ofrendas debidas a las sacerdotisas difuntas seguían haciéndose en su honor mucho tiempo después de su muerte. (120)

The Akkadian Empire, c. 2334 - 2218 BCE
El Imperio acadio, en torno a 2334 - 2218 a.C.
Simeon Netchev (CC BY-NC-SA)

Bottero, al igual que otros historiadores, cita la naturaleza semítica del Imperio acadio como la razón para el deterioro de la situación de las mujeres, puesto que los hombres (y las deidades masculinas) eran consideradas superiores a las femeninas en todo. Sin embargo, este paradigma puede observarse también en las antiguas culturas de China, Japón, India, Grecia, Roma y muchas más sin una relación con el ámbito semita. En la famosa inscripción de Sargón en Nippur, él nombra primero a Inanna antes que a los dioses masculinos Anu y Enlil, y se ve que Inanna continúa siendo venerada durante el Período Acádico. Es más probable que cualquier disminución en el estatus de la mujer estuviera relacionado con el mayor valor adquirido por el masculino arte de la guerra y las deidades normalmente masculinas asociadas a la conquista militar. Incluso Inanna se invoca regularmente no como la diosa del amor y la sexualidad, sino como la de la guerra.

Babilonios y Asirios

Sin embargo, en el caso de los babilonios la exaltación de los dioses masculinos (especialmente Marduk) supuso la disminución del prestigio de las deidades femeninas y del estatus de la mujer. Bajo Hammurabi (también un monarca semita), las deidades femeninas fueron desplazadas por las masculinas (la diosa Nisaba, por ejemplo, fue reemplazada por el dios Nabu, como protector de la escritura), y el Código de Hammurabi regula estrictamente la conducta femenina y enfatiza el papel de la mujer como esposa y madre. El profesor Bertman comenta:

La creencia en el carácter fundamental del matrimonio se establece claramente en el Código babilónico de Hammurabi. De sus 282 artículos, casi una cuarta parte está dedicada a las leyes de la familia. (275)

En estas leyes encontramos las relacionadas con la infidelidad o el abandono del esposo por parte de la mujer por otro hombre. En esos casos, y especialmente cuando se sorprendía juntos a los amantes, se los ataba el uno al otro y se los arrojaba al río. Al ahogarse, se entendía que ese era el juicio justo de los dioses para con dos personas que habían violado el valor fundamental del matrimonio y la familia. Sin embargo, un esposo podía tomar tantas mujeres secundarias como estuviera en condiciones de permitirse, o aún divorciarse de su mujer para tomar otra sin correr la misma clase de riesgo.

El concepto de la mujer como esposa y madre no era nada nuevo, pero bajo Hammurabi se hizo más impositivo al mismo tiempo que las deidades femeninas perdían importancia. Esto ha llevado a los estudiosos a concluir que existe una relación directa entre la situación de la mujer y el sexo de la deidad que adopta una comunidad o una cultura determinadas. De todos modos, todavía queda claro en el Código de Hammurabi que las mujeres tenían labores que hacer fuera del hogar y que seguían encontrando oportunidades dentro de los confines del sistema patriarcal.

Code of Hammurabi
Código de Hammurabi
Larry Koester (CC BY)

Este mismo modelo se encuentra en los períodos Asirio y Neo-asirio durante los cuales el dios Assur adquiere tal prominencia que eclipsa a todos los demás dioses y su culto se aproxima el monoteísmo. Pero todavía la ciudad de Asur, la sede del principal templo de Assur a comienzos de en torno a 1900 a.C., comercia regularmente con la ciudad portuaria de Karum Kanesh, y las mujeres eran las administradoras principales y las facilitadoras de ese comercio. Las administradoras femeninas (sakintu) supervisaban la fabricación y luego el envío de las telas entre Asur y Karum Kanesh y mantenían correspondencia regular, tanto con los hombres que transportaban las mercaderías entre las dos ciudades como con los mercaderes que manejaban las ventas.

La gran reina asiria Sammu-Ramat (que reinó de 811-806 a.C.) vivió también durante este período, y su reinado debió ser muy notable, puesto que inspiró después la figura legendaria de la reina Semíramis. La Reina Madre Zakutu (en torno a 728 - en torno a 668 a.C.) es otra mujer famosa del período Neoasirio, quien ascendió de la posición de esposa secundaria de Sanaquerib (que reinó de 705-681 a.C.) a ser la Reina Madre de su sucesor Asarhaddón (que reinó de 681-669 a.C.) y abuela de Asurbanipal (que reinó de 668-627 a.C.), y que se hizo famosa por el tratado que aseguró la ascensión de su nieto al trono sin ningún problema.

Las mujeres persas

Las mujeres persas recibían un trato igualitario durante el Período aqueménida y, casi seguro, incluso desde antes. Las mujeres en la antigua Persia recibían una paga igual a la de los hombres por su trabajo, cosa que no ocurría en ninguna otra parte, ni siquiera en Sumeria, podían viajar solas, poseer tierras y empresas, e iniciar un proceso de divorcio sin complicaciones. Las mujeres en el Imperio persa aqueménida no solo trabajaban a la par con los hombres, sino que a menudo eran supervisoras mejor pagadas que los hombres cuando tenían mayores responsabilidades. Las mujeres embarazadas recibían un salario más alto, como también durante el primer mes después del parto.

Statue of a Sitting Woman from Hatra
Estatua de una mujer sentada, de Hatra
Osama Shukir Muhammed Amin (Copyright)

Las mujeres en el Imperio aqueménida, en Partia y en el Imperio sasánida podían servir en el ejército, manejar los negocios al igual que los hombres, y aun comandarlos en la batalla. En el Período sasánida, las danzarinas, músicas y narradoras de cuentos tenían el estatus de las celebridades modernas, y se cree que la reina sasánida Azadokht Shahbanu, esposa de Sapor I (que reinó de 240-270 d.C.) fue la gestora del establecimiento de Gundesshapur, el gran centro cultural, hospital-escuela de medicina y biblioteca.

Conclusión

El Imperio sasánida cayó ante los árabes musulmanes en el 651 d.C., y la situación de las mujeres en la antigua Mesopotamia se deterioró notablemente. Esto sucedió debido en parte al simple hecho que los conquistadores buscaron suprimir los valores de los conquistados, como sucede siempre. En el caso de la conquista de Mesopotamia, sin embargo, la supresión de los valores de la región tuvo una relación directa con la manera en que la religión de los conquistadores y de los conquistados consideraba la situación de la mujer. Aunque la diosa persa Anahita ya no era considerada una diosa por derecho propio, sino más bien un avatar de Ahura Mazda, la deidad suprema del zoroastrismo, todavía era muy venerada en el tiempo de la conquista y continuó proveyendo a las mujeres con una fuerte imagen de divinidad durante siglos.

La conquista árabe musulmana eliminó a Anahita y otras figuras femeninas divinas como Cibeles, la diosa madre de Anatolia que se cree que fue inspirada por la reina Kubaba o la semidivina Semíramis, que fueron reemplazadas entonces por Alá, la deidad masculina suprema del Islam. Este mismo patrón es evidente en otros lugares. Según los académicos que concuerdan con Kramer y Spencer, cuando los sistemas de creencias monoteístas patriarcales dominan a las creencias politeístas anteriores que celebran el principio femenino, el estatus de la mujer en la sociedad sufre inevitablemente y se pierde la igualdad.

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Preguntas y respuestas

¿Qué derechos tenían las mujeres en la antigua Mesopotamia?

En la antigua Mesopotamia las mujeres podían manejar sus propios negocios, comprar y vender tierras y esclavos, algunas veces vivir independientes, convertirse en sacerdotisas, manejar propiedades y tener trabajos fuera del hogar.

¿Cuál era el rol primario de las mujeres en la antigua Mesopotamia?

En la antigua Mesopotamia se esperaba que las mujeres se convirtieran en esposas, obedecieran a sus maridos, tuvieran hijos y atendieran el hogar.

¿Quiénes fueron algunas de las mujeres más famosas de la antigua Mesopotamia?

La mujer más famosa de la antigua Mesopotamia es Enheduanna, la primera escritora del mundo conocida por su nombre. Otras son la reina Puabi, la reina Kubaba, y la reina Sammu-Ramat (quien inspiró a Semíramis).

¿Qué llevó al deterioro de los derechos de las mujeres en la antigua Mesopotamia?

De acuerdo con algunos historiadores, el deterioro de los derechos de las mujeres en la antigua Mesopotamia (o de cualquier civilización) es el resultado natural del predominio de un sistema patriarcal de creencias religiosas. En la antigua Mesopotamia, los derechos de las mujeres disminuyeron dramáticamente después de la conquista de los árabes musulmanes en el 651 d.C.

Sobre el traductor

Recaredo Castillo
Una persona sin preparación académica especial, pero que gusta de la Historia y quiere aportar con la traducción de artículos de la Enciclopedia.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark es un escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York. Vivió en Grecia y Alemania y ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura, literatura y filosofía.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2022, octubre 07). Mujeres en la Antigua Mesopotamia [Women in Ancient Mesopotamia]. (R. Castillo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2081/mujeres-en-la-antigua-mesopotamia/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Mujeres en la Antigua Mesopotamia." Traducido por Recaredo Castillo. World History Encyclopedia. Última modificación octubre 07, 2022. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-2081/mujeres-en-la-antigua-mesopotamia/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Mujeres en la Antigua Mesopotamia." Traducido por Recaredo Castillo. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 07 oct 2022. Web. 24 abr 2024.

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