Estructura social en el antiguo Egipto

Artículo

Joshua J. Mark
por , traducido por Waldo Reboredo Arroyo
Publicado el 21 septiembre 2017
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Disponible en otros idiomas: inglés

La sociedad del antiguo Egipto estaba dividida en estrictas jerarquías, con el rey en la cúspide seguido de su visir, los miembros de la corte, los sacerdotes y escribas, los gobernadores regionales (más tarde denominados «nomarcas») y los generales de los ejércitos (después del período del Nuevo Imperio, c. 1570-1069 a. C.); a continuación venían los artistas y los artesanos, los superintendentes (supervisores) gubernamentales de obras, los labriegos y los agricultores y por último, los esclavos.

No se alentaba la movilidad social, ni existió durante la mayor parte de la historia de Egipto, ya que se pensaba que los dioses habían decretado un orden social perfecto, de conformidad con el valor central de la cultura: ma'at (armonía y balance). Ma'at era la ley universal que permitía que el mundo funcionara como debía y se creía que la jerarquía social del antiguo Egipto reflejaba este principio.

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El pueblo estaba convencido que los dioses les habían proporcionado todo lo que necesitaban y los habían situado en la más perfecta de las tierras del mundo, para entonces colocar al rey por encima de ellos, como intermediario entre los reinos de lo divino y lo mortal. La primera responsabilidad del monarca era la de mantener el ma´at y, si lo lograba, todas las demás obligaciones de su gobierno encajarían en su lugar de manera natural.

Egyptian Workers
Trabajadores egipcios
Horus3 (CC BY-SA)

Sin embargo, el monarca egipcio no podía supervisar todos los aspectos de la sociedad y por lo tanto, en época tan remota como el período de la primera dinastía (c. 3150 - c. 2613 a. C.), se creó el puesto de visir: una especie de primer ministro que delegaba tareas a otros miembros de la corte mediante el envío de mensajes a través de escribas. El visir también supervisaba lo militar y la operación de los gobernadores regionales, los proyectos de obras públicas y el cobro de impuestos, entre sus muchos deberes.

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En el último escalón de la jerarquía se encontraban los esclavos (personas que no podían pagar sus deudas, delincuentes, o prisioneros de guerra). Justo por encima de ellos estaban los campesinos y los que labraban la tierra, quienes conformaban el 80 % de la población y proveían los recursos que permitieron la supervivencia y desarrollo de la civilización a lo largo de más de 3000 años

El surgimiento de los dioses y las ciudades

LAS PERSONAS SE AGRUPARON EN TRIBUS PARA PROTEGERSE DE LOS PELIGROS Y UNA DE SUS principales DEFENSAS ERA LA CREENCIA EN EL PODER PROTECTOR DE SUS DIOSES PERSONALES.

Hasta donde se sabe, los seres humanos poblaron la región del desierto del Sahara alrededor del 8000 a. C. y migraron hacia el valle del río Nilo para asentarse en la exuberante región del Fayum (también Fayún). En esta área se establecieron comunidades agrícolas ya en el 5200 a. C.; en la misma región, además, se encontró alfarería de alrededor del 5500 a. C. Se debe subrayar que estas fechas están relacionadas solo con las comunidades agrarias ya afincadas, no con el proceso inicial de asentamiento de los seres humanos en la región del Fayum, que data de cerca del 7200 a. C.

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Alrededor del 5200 a. C., el Fayum era un paraíso exuberante en el que las personas disfrutaban de vidas relativamente confortables, con abundante agua y recursos naturales. Sin embargo, parece que en algún momento alrededor del 4000 a. C. la sequía cambió esas condiciones ideales de vida. Las aguas desaparecieron y la fauna silvestre se trasladó hacia entornos más convenientes.

Los pueblos que se habían establecido en la región migraron hacia el valle del río Nilo y la llanura del Fayum quedó casi desierta. Estas gentes formaron entonces las comunidades que se convertirían en las primeras ciudades egipcias alrededor del Nilo. La migración en cuestión se produjo dentro del período predinástico egipcio (c. 6000-c. 3150 a. C.), antes del establecimiento de la monarquía.

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Nile Delta
El delta del Nilo
Jacques Descloitres (NASA) (CC BY-NC-SA)

Se piensa que en aquel momento estos hombres se constituyeron en tribus para protegerse del entorno, los animales salvajes y otras tribus. Una de sus principales defensas contra todos estos peligros era la creencia en el poder protector de sus dioses personales. La historiadora y egiptóloga Margaret Bunson comenta lo siguiente:

Los egipcios convivían con fuerzas que no comprendían. Las tormentas, los sismos, las inundaciones y los períodos de sequía, todos parecían inexplicables; sin embargo, poseían un profundo entendimiento del impacto que las fuerzas naturales tenían sobre los asuntos humanos. Los espíritus de la naturaleza se consideraban poderosos a causa de los daños que podían infligir a los seres humanos. (98).

No obstante, del mismo modo que las personas reconocían la capacidad de estas fuerzas para hacer daño, también creían que podían proteger y sanar. Esta temprana creencia en las fuerzas sobrenaturales se expresaba de tres maneras distintas:

  • Animismo: la creencia que los objetos inanimados, las plantas, los animales y la propia tierra poseían almas y estaban imbuidas de la chispa divina.
  • Fetichismo: la creencia que un objeto posee conciencia y poderes sobrenaturales.
  • Totemismo: la creencia que los individuos o los clanes guardan una relación espiritual con ciertas plantas, animales o símbolos.

En el período predinástico, las primeras nociones acerca del universo fueron animistas, de manera similar a lo que ocurrió con los primeros pueblos de la mayoría de las culturas. Bunson escribe: «La humanidad trató de explicar las fuerzas naturales y el lugar que ocupaban los seres humanos en la trama de la vida en la tierra, a través del animismo». (98). Con el tiempo, el animismo llevó al desarrollo del fetichismo a través de la creación de símbolos (tales como el djed o el ankh), que representaban un concepto más avanzado y poseían sus propios poderes intrínsecos.

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Egyptian Djed
Dyed egipcio
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

El fetichismo derivó entonces en totemismo a través del desarrollo de fuerzas espirituales específicas que observaban y guiaban al individuo, la tribu o la comunidad. Una vez que el totemismo se convirtió en la explicación más aceptada del funcionamiento del mundo, se les adjudicaron características antropomórficas (humanas) a estas fuerzas y se convirtieron en los dioses y las diosas del antiguo Egipto.

Estas deidades constituyeron la base de la cultura durante los siguientes 3000 años. Los dioses habían creado al mundo y a todas las personas que lo habitaban, y habían dado origen a todo bajo el principio de la armonía y el balance. El ma´at se estableció en el momento de la creación del mundo, empoderado por heka (la magia) y fue así que la armonía se valoró en la cultura egipcia como el concepto definitorio de una vida productiva y estable.

LAS CLASES BAJAS PROVEÍAN LOS MEDIOS PARA QUE LOS QUE ESTABAN POR ENCIMA VIVIERAN VIDAS CONFORTABLES Y LA NOBLEZA CUIDABA DE LOS DE ABAJO proporcionando TRABAJO Y DISTRIBUYendo ALIMENTOS.

Si se vivía de manera balanceada, conforme a la voluntad de los dioses, se podía disfrutar de una vida plena y, lo que era igualmente importante, se contribuía a la felicidad y el éxito de la comunidad a la que se pertenecía y, por extensión, al país. Todos se beneficiaban de conocer el lugar que les correspondía en el universo y lo que se esperaba de cada quien, y fue este entendimiento lo que dio origen a la estructura social de esa civilización.

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Las clases sociales

Como ocurre con la mayoría, si no con todas las civilizaciones desde los orígenes de la historia escrita, las clases bajas proveían los medios para que los que estaban por encima de ellas vivieran vidas confortables, pero en Egipto la nobleza cuidaba de los que estaban por debajo proporcionando trabajo y distribuyendo alimentos. Dado que el rey representaba a los dioses y los dioses habían creado al mundo, el rey era el dueño oficial de todas las tierras. Conforme al ma´at, sin embargo, no solo podía quitarles a las personas lo que se le antojara, sino que recibía productos y servicios a través de los impuestos. Los tributos se tasaban y cobraban a través de las oficinas del visir y una vez almacenados, los bienes se le redistribuían al pueblo.

Se conocen bien los trabajos de las clases superiores. El rey gobernaba mediante la delegación de responsabilidades a su visir, quien a su vez elegía a los mejores de entre los que estaban por debajo de él para efectuar las tareas que se necesitaran. Los burócratas, los arquitectos, los ingenieros y los artistas ejecutaban los proyectos locales de construcción y ponían en práctica las políticas, mientras los líderes militares se encargaban de la defensa. Los sacerdotes servían a los dioses, no a la población, y se encargaban del templo y de las estatuas de los dioses; por su parte, los médicos, los dentistas, los astrólogos y los exorcistas atendían las necesidades de los clientes de manera directa a través de sus habilidades mágicas y de la aplicación de medicamentos.

Se necesitaba trabajar para poder comer, pero en ningún momento de la historia egipcia hubo carencia de trabajo y todas las labores se consideraban nobles y respetables. Por lo tanto, la redistribución no constituía «limosna» ni caridad, sino una justa compensación por el trabajo realizado. Egipto fue una sociedad sin dinero hasta la llegada de los persas en el 525 a. C., de modo que el comercio se llevaba a cabo mediante el sistema de trueque, basado sobre una unidad monetaria conocida como deben.

Sennedjem in the Afterlife
Sennedjem en la vida de ultratumba
Jeff Dahl (Public Domain)

La moneda denominada deben nunca existió, pero un deben representaba la unidad monetaria aceptada universalmente para fijar el valor de un producto. Si una esterilla tejida costaba un deben y un cuarto de galón de cerveza costaba lo mismo, el cambio de la esterilla por la cerveza era justo. La labor que un trabajador hacía en un día se solía pagar con cerveza, ya que se consideraba más saludable y nutritivo tomar cerveza que las aguas egipcias, pero el trabajo de la gente también se pagaba con pan, ropas y otros bienes.

Conocemos los trabajos que realizaba la población gracias a los registros médicos sobre el tratamiento de lesiones, y a los escritos y documentos relativos a distintas profesiones. También por obras de la literatura (como La sátira de los oficios), las inscripciones de las tumbas y las representaciones artísticas. Estas pruebas presentan una visión abarcadora del quehacer cotidiano en el antiguo Egipto; cómo se efectuaban los trabajos, y en ocasiones, lo que pensaban los trabajadores acerca de sus labores. Al parecer los egipcios sentían orgullo por su trabajo, cualquiera fuera su ocupación. Todos tenían algo que contribuir a la comunidad y todas las habilidades se consideraban imprescindibles. El alfarero que producía tazas y cazuelas era tan importante para la comunidad como el escriba, y el fabricante de amuletos era tan vital como el médico.

Parte de ganarse la vida independientemente de las habilidades de cada quien era participar en los monumentales proyectos del rey. Aunque por lo general se cree que los grandes monumentos y templos egipcios se levantaron con labor esclava, en específico hebrea, no existe absolutamente ninguna evidencia que sustente esta afirmación. Las pirámides y otros monumentos se construyeron por trabajadores egipcios que donaban su tiempo a las labores comunitarias o se les pagaba por su trabajo.

Desde la cúspide de la jerarquía hasta la base, todos comprendían su lugar y lo que se requería de ellos para su propio éxito y el del reino. Durante la mayor parte de la historia de Egipto, la cultura prosperó con total adherencia a esta estructura. Incluso durante las eras conocidas como «períodos intermedios» en que el gobierno central era débil o estaba dividido, se reconocía que la jerarquía social era inmutable, ya que era obvio que funcionaba y producía resultados. Sin embargo, hacia el final del Nuevo Reino el sistema comenzó a resquebrajarse debido a que los que estaban arriba comenzaron a desatender a los de la base y los miembros de las clases más bajas perdieron la confianza en su rey.

Imhotep
Imhotep
Trustees of the British Museum (Copyright)

Deterioro de la jerarquía

El principal deber del rey era mantener el ma´at y el balance entre el pueblo y sus dioses. Al hacerlo, necesitaba asegurarse de que todos los que estaban por debajo estuvieran bien atendidos, que las fronteras fueran seguras y que los ritos se celebraran conforme a las tradiciones aceptadas. Todas estas consideraciones proporcionaban bienestar al pueblo y al país, ya que el mandato del rey conllevaba que todos tuvieran trabajo y conocieran su puesto en la jerarquía social. Sin embargo, esta organización comenzó a colapsar hacia el final del reinado de Ramsés III (1186-1155 a. C.), cuando la burocracia que lo sostenía se tambaleó por falta de recursos.

Se considera que Ramsés III fue el último buen faraón del Nuevo Reino. Defendió las fronteras egipcias, capeó el temporal de incertidumbre ocasionado por las cambiantes relaciones con los poderes extranjeros e hizo que se restauraran y renovaran los templos y monumentos de la nación. Deseaba que se le recordara del mismo modo que a Ramsés II (1279-1213 a. C.), como un gran rey y padre de su pueblo, lo cual logró al principio de su reino.

Sin embargo, bajo Ramsés III Egipto no fue el poder supremo que había sido durante Ramsés II. El país gobernado por Ramsés III sufrió una pérdida de estatus acompañada de una disminución de recursos provenientes del comercio y de los impuestos. La causa de estos problemas radicó en los gastos ocasionados por el montaje de la defensa contra la invasión de los Pueblos del Mar en 1178 a. C., así como por los costos de mantener las provincias del Imperio egipcio.

LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DE LAS TUMBAS marcó EL INICIO DEL FIN DEL SISTEMA DE CREENCIAS QUE SUSTENTABA A LA JERARQUÍA EGIPCIA.

A pesar de todo, Ramsés III hizo todo lo que pudo por su pueblo durante más de 20 años y al aproximarse a su trigésimo año se echaron a andar los planes de celebración para honrarlo por ese aniversario. A diferencia del pasado, el problema estaba en que sencillamente no existían los recursos para montar fiestas tan elaboradas. Para ofrecerle a Ramsés III su celebración, había que sacrificar a alguien de la parte más baja de la jerarquía y ese «alguien» resultó ser el grupo de trabajadores de las tumbas bien remunerados de Deir el-Medina, de las afueras de Tebas.

Estos artesanos estaban entre los más respetados y bien recompensados de Egipto. Construían y decoraban las tumbas de los reyes y nobles, y dado que las mismas se consideraban como los hogares de los fallecidos para el resto de la eternidad, se tenía en alta estima a los que trabajaban en ellas. En el 1159 a. C., tres años antes del festival de Ramsés III, los salarios mensuales de estos obreros llegaban con casi un mes de demora. El escriba Amennakht, quien también parece haber oficiado como una especie de ayudante de taller, negoció con los oficiales locales la distribución de maíz para los trabajadores, lo cual no era más que una solución temporal de un serio problema: la incapacidad del monarca egipcio para mantener el balance en el territorio.

En vez de averiguar qué había causado la dificultad con la entrega de los salarios de los obreros para evitar su repetición, los funcionarios continuaron los preparativos del grandioso festival como si no hubiera obstáculo alguno. El pago a los obreros de Deir el-Medina continuó demorándose una y otra vez hasta que, como escribe el egiptólogo Toby Wilkinson, «el sistema de pago de los trabajadores de la necrópolis se desarticuló por completo y se produjeron las primeras huelgas que se hayan registrado en la historia». (335). Los artesanos aguardaron 18 días después de vencido el término de pago y se negaron a seguir esperando. Abandonaron sus herramientas y marcharon hacia Tebas para exigir lo que se les debía.

Worker's Tomb, Deir el-Medina
Tumba de un trabajador, Deir el-Medina
Rémih (CC BY-SA)

Los administrativos de Tebas no tenían idea de cómo tratar con la crisis, porque jamás había ocurrido algo similar. Según su experiencia, era imposible que los obreros rehusaran hacer su trabajo, y mucho menos que se movilizaran y se manifestaran contra sus superiores. Tras intentarse una serie de remedios insuficientes (entre ellos tratar de aplacar a los trabajadores sirviéndoles pastelería), el gobierno halló la forma de pagarles y la huelga concluyó. No obstante, el problema no se había resuelto y en los años subsiguientes los pagos a los obreros se retrasarían de nuevo.

La huelga de los trabajadores de las tumbas resulta importante porque marcó el inicio del fin del sistema de creencias que sustentaba a la jerarquía egipcia. Los artesanos de los sepulcros tenían razón al protestar: el rey les había fallado y al hacerlo, había fracasado en mantener el ma´at. El trabajo de los obreros no consistía en reconocer y mantenerle el ma´at al rey, sino todo lo contrario, y una vez que la cúspide de la jerarquía perdió el balance, los que conformaban la muy importante base perdieron la fe.

Esto no quiere decir que la sociedad egipcia se derrumbó debido a la huelga de los trabajadores de las tumbas de 1159 a. C. La jerarquía continuaría en su forma tradicional a lo largo del tercer período intermedio (c. 1069-525 a. C.) y hasta que Roma anexó a Egipto en el 30 a. C. Sin embargo, aunque la estructura social permaneció siendo la misma, la comprensión del significado de ma´at y la creencia en la supremacía y la naturaleza divina del rey habían cambiado, al punto que en períodos ulteriores jamás volvió a recuperar por completo su anterior fuerza.

Esta pérdida de fe afectó la cohesión de la sociedad y contribuyó a un mayor resquebrajamiento de la burocracia y de la ley fundamentada en el ma´at. El robo de las tumbas se hizo común, así como la corrupción de la policía, los sacerdotes y los funcionarios del gobierno. Cuando los persas llegaron en el 525 a. C. encontraron un Egipto muy distinto al de los poderosos días del imperio; una vez fracturado el valor fundacional del ma´at, todo lo que se había levantado sobre él se hizo inestable.

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Sobre el traductor

Waldo Reboredo Arroyo
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Escritor independiente y antiguo profesor de filosofía a tiempo parcial en el Marist College de Nueva York, Joshua J. Mark ha vivido en Grecia y Alemania; también ha viajado por Egipto. Ha sido profesor universitario de historia, escritura, literatura y filosofía.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2017, septiembre 21). Estructura social en el antiguo Egipto [Social Structure in Ancient Egypt]. (W. R. Arroyo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1123/estructura-social-en-el-antiguo-egipto/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Estructura social en el antiguo Egipto." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. Última modificación septiembre 21, 2017. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1123/estructura-social-en-el-antiguo-egipto/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Estructura social en el antiguo Egipto." Traducido por Waldo Reboredo Arroyo. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 21 sep 2017. Web. 19 ago 2022.

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