Sargón II (que reinó entre 722 y 705 a.C.) fue uno de los reyes más importantes del Imperio neoasirio y fundó la dinastía sargónida que gobernaría el imperio durante el próximo siglo hasta su caída. Era un gran líder militar, estratega, mecenas de las artes y de la cultura, y un constructor prolífico de monumentos, templos e incluso una ciudad.
Su proyecto de construcción más importante fue la ciudad de Dur Sharrukin («La fortaleza de Sargón», la actual Khorsabad, en Irak) que se convirtió en la capital del Imperio asirio bajo su reinado. Era el hijo de Tiglat-Pileser III (que reinó entre 745 y 727 a.C.) y posiblemente el hermano menor de Salmanasar V (que reinó entre 727 y 722 a.C.). No era el heredero elegido, pero le quitó el trono a su hermano bajo circunstancias que aún no están claras.
Sin embargo, es probable que organizara un golpe de Estado luego de cansarse de observar la ineptitud de su hermano como rey. Al igual que el gran Sargón de Acadia (que reinó entre 2334 y 2279 a.C.), fundador del Imperio acadio, a quien tomó como ejemplo, ascendió al trono con el nombre Sargón, que significa «rey legítimo»; los académicos han interpretado esto como un medio para legitimarse luego del golpe de Estado.
Se desconoce su nombre real, al igual que el cargo que ocupaba en la corte antes de asumir el trono. Aunque las regiones del imperio se rebelaron cuando tomó el control y no parece haber tenido el apoyo de la corte, Sargón II mantuvo las políticas y estrategias iniciadas por su padre, mejoró el ejército y la economía, y llevó al Imperio asirio a su máximo esplendor en términos políticos y militares. Su reinado se considera el auge del Imperio neoasirio. Lo sucedió su hijo Senaquerib (que reinó entre 705 y 681 a.C.).
Sargón II era de mediana edad cuando ascendió al trono. Se desconoce qué función tenía en el gobierno de su padre, ya que ninguna inscripción identifica al hijo menor de Tiglat-Pileser III por nombre. La única razón por la que los académicos saben que Sargón II era hijo de Tiglat-Pileser III es por las propias inscripciones de Sargón II y los documentos de su reinado. Sargón II también se refiere a Salmanasar V como su hermano de sangre y no como un título honorario.
Salmanasar V se esforzó por mantener unido el imperio de su padre y expandirlo, lo que logró en cierta medida, pero sus éxitos militares no tuvieron la velocidad y eficacia que habían marcado el reinado de su padre, y sus políticas fiscales y laborales no eran populares entre el pueblo. Los registros asirios no dicen nada sobre cómo murió. La académica Susan Wise Bauer comenta al respecto:
En este punto [de la historia], los relatos asirios callan. Cuando vuelven a hablar, Salmanasar V, que llevaba cinco años en el trono y estaba realizando dos asedios al mismo tiempo, estaba muerto. Un nuevo rey ha tomado el trono bajo el nombre monárquico de Sargón II. Si Salmanasar hubiera muerto en la batalla, [los registros] probablemente lo hubieran mencionado. Es más probable que Sargón II fuera el hijo menor de Tiglat-Pileser y se hubiera aprovechado de la debilidad de su hermano para hacerse con el poder; esos largos y aparentemente infructuosos asedios no pueden haber sido populares entre el ejército, y Salmanasar V también había perdido popularidad en casa al intentar obligar al pueblo de Assur a realizar trabajos forzados. Esto no había sido bien recibido. (374)
Sargón II elevó el Imperio asirio hasta las cotas más altas en el ámbito político y militar.
Sargón II ascendió al trono, abolió las políticas fiscales y laborales, y terminó los asedios que el gobierno de su hermano había prolongado. Conquistó Samaria y destruyó el reino de Israel. En las inscripciones de Sargón, consta que deportó a 27.290 israelitas de su tierra natal y los reasentó en las regiones de todo el imperio, desde Anatolia hasta el otro lado de los montes Zagros (la extensión del Imperio asirio bajo su reinado, según se cita en Pritchard, pág. 195).
Al hacer esto, simplemente estaba siguiendo el procedimiento político y militar asirio que había iniciado el rey Adad-Nirari I (que reinó entre 1307 y 1275 a.C.) y que practicó desde entonces. Este incidente particular que implicaba la política de reasentamiento asiria provocó la famosa pérdida de las diez tribus de Israel. Bauer observa que, sin importar qué tan bien se hubiera tratado a los deportados:
La deportación fue un tipo de genocidio, el asesinato no de personas, sino del sentido de identidad de una nación. Estos israelitas se volvieron conocidos como las «diez tribus perdidas», no porque las personas se hubieran perdido, sino porque su identidad como descendientes de Abraham y adoradores de Jehová se disipó en las nuevas zonas agrestes donde ahora estaban obligados a vivir. (375)
Luego de conquistar Israel y finalizar las campañas militares de su hermano, Sargón II giró su atención a las regiones del imperio que se habían rebelado contra él.
En 720 a.C., marchó a la ciudad de Hamat (en la región de Siria) y la destruyó. Luego aplastó a las otras ciudades que se habían unido a la rebelión, Damasco y Arpad, en la batalla de Qarqar. Una vez restaurado el orden en las regiones sirias, volvió a su capital en Kalhu y ordenó la deportación y el reasentamiento de aquellas comunidades asirias de la región que no habían apoyado su ascenso al trono o se habían rebelado activamente contra él. Más de 6.000 «ciudadanos desagradecidos» fueron deportados a Siria para reconstruir Hamat y los otros asentamientos y ciudades destruidos durante la campaña de Sargón II.
Fue en este momento cuando la corte se enteró de que un jefe tribal llamado Merodach-Baladan había tomado el control de la ciudad de Babilonia. Sargón II dejó Kalhu a la cabeza de su ejército y se enfrentó a las fuerzas combinadas de Babilonia y Elam en las llanuras afuera de la ciudad de Dur. Los elamitas rechazaron al ejército de Sargón II (los babilonios llegaron demasiado tarde para tener un impacto) y los obligaron a retirarse; así, Sargón II perdió la ciudad de Babilonia y las regiones del sur.
Una vez más, Sargón II regresó a Kalhu y puso su administración en orden. En torno a 717 a.C., concibió por primera vez la idea de construir su propia capital en tierra virgen y encargó su construcción. Esta ciudad sería Dur Sharrukin, una preocupación central para el rey durante todo su reinado. Él mismo diseñó la ciudad y eligió la ubicación, pero luego tuvo que ocuparse de asuntos militares, de modo que designó a su hijo, el príncipe heredero Senaquerib, como su administrador y luego se fue de campaña.
La ciudad de Carchemish era la capital de un reino muy rico que había disfrutado de prosperidad durante mucho tiempo debido a su ubicación en una ruta comercial. En 717 a.C., Sargón II acusó al rey de Carchemish de intriga con sus enemigos de Asiria e invadió la ciudad con todo su ejército. Carchemish no tenía un ejército para desplegar, así que Sargón tomó la ciudad con facilidad y envió a los prisioneros y el enorme tesoro de la ciudad a Kalhu.
Este tesoro era tan rico en plata que «cambió la economía asiria de una basada en bronce a una que dependía de la plata según el estándar de Carchemish» (Radner, 1). En 716 a.C., conquistó a los mannai (un pueblo del actual Irán) y saqueó sus templos, y, en 715, conquistó las ciudades y los asentamientos de Media y envió sus riquezas y prisioneros a Kalhu.
Sin embargo, durante este tiempo, había un problema persistente en el norte. El padre de Sargón había conquistado el reino de Urartu pero nunca por completo. Durante el reinado de Salmanasar V, Urartu se había vuelto a alzar y estaba haciendo incursiones en Asiria desde bases a lo largo de la frontera. En 719 y 717 a.C., Sargón II tuvo que enviar tropas a sus fronteras contra los urartios que habían invadido e instigado un conflicto entre los asentamientos. En 715, Urartu organizó una invasión a gran escala y tomó 22 ciudades asirias a lo largo de la frontera. Sargón II tomó represalias recuperando las ciudades, expulsando a las fuerzas urartias de las tierras asirias y arrasando sus provincias del sur a lo largo de la frontera.
¿Te gusta la historia?
¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!
Sin embargo, entendió que este tipo de invasiones continuaría y que tendría que dedicar mucho tiempo y recursos para lidiar con ellos. Para proteger a su imperio de incursiones futuras, Sargón II tenía que derrotar a Urartu de forma definitiva. La dificultad yacía en la ubicación estratégica del reino, que estaba enclavado en las estribaciones de los montes Tauro y contaba con una defensa fuerte. Era por este motivo que los reyes asirios anteriores que se habían enfrentado a Urartu nunca habían podido vencerlos por completo. Las fuerzas urartias siempre podían escapar a las montañas después de un ataque, reagruparse y luego regresar a acosar al imperio.
El reino de Urartu (también conocido como el reino bíblico de Ararat y el reino de Van) había adquirido poder durante los siglos XIII a XI a.C. El templo de Jaldi, en la ciudad santa de Mushashir en Urartu, había sido un importante centro de peregrinaje desde el tercer milenio a.C., y su tesoro estaba lleno de ofrendas de reyes, príncipes, nobles y comerciantes. Los urartios habían aumentado su riqueza gracias al comercio y las caravanas de peregrinos que visitaban Mushashir. Para asegurar una prosperidad continua, los urartios intentaron mantener las tierras bajas alrededor de su reino bajo su control. Desde su fortaleza en las montañas, invadían y anexaban los territorios de las tierras bajas constantemente.
Los urartios eran feroces guerreros que criaban algunos de los mejores caballos en la región específicamente para el combate. Salmanasar I (que reinó entre 1274 y 1245 a.C.) mencionó a Urartu por primera vez en las inscripciones asirias en relación con su conquista del reino, pero, desde entonces, los urartios se mostraron resistentes e ingeniosos en el sentido de que, cada vez que caían, volvían a alzarse. Sargón II escribe sobre ellos con respeto aunque fueran sus enemigos, como observa Bauer:
Los propios relatos de Sargón hablan con admiración del rey urartio Rusa y la red de canales y pozos que construyó, de las manadas de caballos bien criados y protegidos en los valles hasta que los necesitaban para la guerra, de la eficacia espléndida de la comunicación urartia, con torres de vigilancia erigidas bien alto en los picos montañosos que protegían pilas de combustible que se podía encender en un momento. Una almenara, encendida, brotaba sobre su cima montañosa como una enorme fogata que aparecía como una chispa para el próximo puesto distante, donde entonces podían encender la próxima fogata. Brillaban como «estrellas sobre las cimas montañosas», para citar al propio Sargón, y difundían la noticia de una invasión más rápido de lo que un mensajero podía cabalgar. (376)
En estas mismas inscripciones, Sargón II señala la existencia del sistema de irrigación qanat que se volvería fundamental en el Imperio aqueménida posterior bajo Ciro II (el Grande, que reinó entre alrededor de 550 y 530 a.C.). Si bien el sistema qanat (una innovación brillante que lleva el agua subterránea a la superficie) suele atribuirse a Ciro el Grande, en verdad fue un invento persa anterior.
Sargón II entendió que la única manera de vencer a los urartios era sorprendiéndolos. Por lo tanto, en 714 a.C. lanzó una invasión de Urartu que evitaba cuidadosamente un ataque frontal evidente. Marchó hacia el este al frente de su ejército y bordeó la fortaleza de Urartu con la esperanza de llevar a sus fuerzas, de forma desapercibida, al otro lado de las tierras llanas y sorprender a Urartu por detrás.
Los asirios eran un pueblo de tierras bajas sin experiencia en el conflicto armado en la montaña. Los reyes asirios anteriores que se habían enfrentado a Urartu los expulsaron de las tierras bajas, pero nunca subieron por las pendientes de la montaña. Las fuerzas de Sargón II se encontraron con lo siguiente:
Pendientes amenazantes y extrañas cubiertas con bosques densos, donde un enemigo desconocido los esperaba. (…) Los bosques de cedros en las colinas montañosas, como aquellos en los que Gilgamesh se había aventurado hace tantos años, protegían a un enemigo que era más aterrador porque era invisible. (Bauer, 376)
Por lo tanto, Sargón II envió a la vanguardia de su ejército a despejar el camino para que sus fuerzas avanzaran. Lo describe en una carta que le escribió al diosAshur en la que también deja en claro los grandes desafíos que enfrentó en su campaña:
Simirria, un gran pico montañoso que se alza como una lanza y asoma la cabeza sobre la montaña donde vive la diosa Belet-ili, cuyos dos picos se apoyan contra el cielo en lo alto, cuya base se extiende hasta el centro del inframundo de abajo, que, como el lomo de un pez, no tiene un camino que lo atraviese de lado a lado y cuyo ascenso es difícil desde adelante o atrás; tiene barrancos y abismos profundamente labrados en el costado y, vista desde lejos, está envuelta en miedo; no es bueno subirla en carros o con caballos al galope, y es muy difícil hacer que la infantería avance por ella; no obstante, con la inteligencia y sabiduría que los dioses Ea y Belet-ili me han otorgado, y gracias a que estos ensancharon mis zancadas para aplanar la tierra enemiga, hice que mis ingenieros llevaran pesadas hachas de bronce, destrozaran los picos de la montaña alta como si fuera piedra caliza y alisaran el camino. Me puse al frente de mi ejército e hice que los carros, la caballería y las tropas de batalla que me acompañaban volaran sobre ella como águilas. Hice que las tropas de apoyo y los soldados a pie los siguieran, y los camellos y mulas de carga saltaran sobre los picos como cabras de montaña. Hice que el diluvio creciente de asirios cruzara su difícil altura con facilidad y acampé en la cima de esa montaña. (Van de Mieroop, 216)
Para este momento, el ejército había estado marchando por un terreno difícil a principios del verano y, aunque se había reaprovisionado de agua y alimentos gracias a los medos que conquistaron previamente, estaban exhaustos para cuando acamparon en el último lugar. Sargón escribe cómo «su moral se volvió amotinada. No podía aliviar su cansancio ni calmar su sed». Seleccionó un campo de batalla y desplegó a sus tropas justo cuando el rey Rusa llegaba con sus fuerzas para la batalla, pero el ejército de Sargón se negó a pelear. Habían viajado demasiado lejos y soportado demasiado en la marcha, y ahora, con el objetivo frente a ellos, se negaron a atacar al enemigo.
Sargón II había llegado demasiado lejos y gastado demasiados recursos como para limitarse a retirarse o rendirse. Como escribe Bauer, llamó a su guardia personal y luego:
Los lideró en un ataque frenético y suicida contra el ala más cercana de la fuerza de Rusas. Frente a este salvajismo desesperado, el ala cedió terreno y, según su propio relato, el ejército de Sargón, al verlo arrojarse hacia la línea, tomó coraje y lo siguió. El ejército urartio titubeó, rompió filas y empezó la retirada, que se convirtió en una derrota aplastante. El ejército asirio persiguió al enemigo que se desintegraba hacia el oeste, pasando el lago Urmia y hacia su propio territorio. Rusa abandonó cualquier intento de defender su propia ciudad capital, Turushpa, y huyó a las montañas. (377)
Tras la derrota de Urartu, y por temor a que sus tropas se amotinaran si las obligaba a adentrarse más en la montaña, Sargón II dio vuelta a sus fuerzas y regresó a Asiria. Sin embargo, se detuvo en la ciudad de Mushashir, la saqueó y vació el templo sagrado de Jaldi, de donde se llevó toneladas de oro, plata y piedras preciosas.
Sargón escribe que, cuando el rey Rusa se enteró del saqueo de Mushashir, «el esplendor de Assur lo abrumó y se quitó la vida apuñalándose en el corazón con su propia daga de hierro, como un cerdo». Los urartios habían sido derrotados, y en menos de seis meses de campaña, y así Sargón II regresó a Kalhu a la cabeza de su ejército lleno de gloria con la inmensa riqueza de Mushashir.
Para celebrar su victoria y crear un monumento duradero a su campaña, se dedicó a la construcción y decoración de su ciudad Dur Sharrukin en el año 713 a.C. La ciudad sería decorada con relieves que representaran las conquistas de Sargón II y, en particular, el saqueo de Mushashir. Tomó un interés personal en cada aspecto de la construcción de la ciudad. Sus cartas oficiales, que se hallaron en los archivos de Kalhu y de Nínive, dejan en claro lo involucrado que estaba en el proyecto. En una carta, escribe lo siguiente:
La palabra del rey al gobernador de Kalhu: Para el primero del mes de Kislev, deben llegar a Dur Sharrukin 700 fardos de paja y 700 manojos de juncos, cada uno más de lo que un asno pueda cargar. Si llegan un día tarde, morirás.
Durante tres años, Sargón II supervisó la construcción de Dur Sharrukin mientras entretenía a los emisarios de Egipto, Nubia y otras naciones en su palacio en Kalhu. Controlaba todo el norte de Mesopotamia y Anatolia, y había sometido al reino de Urartu, pero aún no había recuperado Babilonia y las tierras del sur de Merodach-Baladan. La última vez que se había enfrentado a Babilonia y sus aliados elamitas, había utilizado un enfoque directo y lo habían derrotado; esta vez, decidió usar otra táctica.
En 710 a.C., Sargón II dejó la construcción de Dur Sharrukin y la administración del imperio en manos de Senaquerib y marchó a la cabeza de su ejército hacia el este, a Elam. Devastó las aldeas y ciudades, y luego dio media vuelta y atacó Babilonia desde el sudeste. Merodach-Baladan huyó de la ciudad con todas las riquezas que se pudo llevar, incluidos sus muebles reales: una cama, un trono y una mesa de plata, la jarra real para lavados rituales y su propio collar (Bauer, 379). Envió todo esto como regalos al rey de Elam a cambio de refugio.
La inscripción de Sargón II respecto de lo que sucedió luego dice lo siguiente: «El canalla elamita aceptó su soborno, pero temía mi poder militar, así que bloqueó el camino de Merodach-Baladan y le prohibió ir a Elam». Merodach-Baladan huyó a su ciudad natal de Bit-Yakin en el golfo Pérsico, adonde las fuerzas de Sargón II lo siguieron y atacaron y destruyeron la ciudad. Sargón II informa: «La quemé con fuego e incluso sus cimientos quedaron destrozados».
Sin embargo, le permitió a Merodach-Baladan vivir, y esta decisión ha desconcertado a los historiadores y académicos desde entonces. Este mismo jefe caldeo emergería más tarde para causarle problemas al sucesor de Sargón II, Senaquerib, quien lidiaba con el gobierno diario del imperio mientras su padre estaba de campaña.
Últimos años y legado
Luego de conquistar el sur, Sargón II marchó a Babilonia y reclamó el trono. Ahora gobernaba toda Mesopotamia, y el Imperio asirio disfrutaba de su mayor expansión, riqueza y poder hasta la fecha. Eligió residir en Babilonia y entretenía a los emisarios de otros reyes y naciones, incluidos los del rey Mita de Frigia, a quien algunos académicos han identificado con el rey Midas, famoso por su toque dorado.
Durante tres años, Sargón II se quedó en Babilonia y recibía actualizaciones a diario de Senaquerib en Kalhu sobre el avance de Dur Sharrukin; finalmente, en 707 a.C., le avisaron que su ciudad estaba completa. Entonces dejó Babilonia y se mudó a su palacio en Dur Sharrukin en 706 a.C. Convirtió su nueva ciudad en la capital asiria y se dedicó a proyectos de construcción, a encargar obras de arte y a escribir sobre sus conquistas. Bauer observa lo siguiente:
Los relieves de su nuevo palacio en [Dur Sharrukin] muestran su grandeza; su enorme figura opaca incluso las formas de los dioses. Era el segundo Sargón, el segundo fundador del imperio, el rey de una segunda Asiria con nuevas fronteras, una nueva ciudad capital y un nuevo poder imponente. (381)
Finalmente había construido la ciudad que quería en su honor, pero no la disfrutaría durante mucho tiempo.
El pueblo de Tabal, una provincia en el centro de Anatolia, se había separado del imperio, y Sargón II necesitaba recobrar el control de la región. En lugar de enviar a alguien más a manejar la campaña, Sargón II volvió a dejar a Senaquerib a cargo del Gobierno y lideró a su ejército a través de Mesopotamia y hacia Anatolia en 705 a.C.
Tabal se resistió firmemente a las fuerzas asirias, y Sargón II murió en combate. La batalla fue tan feroz que los hombres de Sargón no pudieron recuperar su cuerpo y quedó en campo enemigo. Los asirios tuvieron que retirarse y regresaron a casa sin su líder.
La muerte del rey y la pérdida de su cuerpo se consideraron una enorme tragedia y un mal presagio. El pueblo creyó que, de alguna manera, Sargón II había cometido un pecado para que los dioses lo hubieran abandonado de forma tan absoluta en el campo de batalla. Dur Sharrukin se abandonó de inmediato y Senaquerib mudó la capital a Nínive. El nuevo rey, que siempre se había quedado en casa mientras Sargón II se embarcaba en gloriosas campañas, claramente resentía a su padre, ya que no escribió nada ni construyó nada para honrar su memoria. Ninguna de las inscripciones de Senaquerib menciona a su padre en absoluto, y no se construyó ningún edificio o monumento en su nombre.
La habilidad de Sargón como líder militar y político amplió el Imperio neoasirio y lo llevó a su apogeo como el mayor imperio de Oriente Próximo, y, no obstante, su muerte en combate y el hecho de que su hijo no quisiera reconocerlo tras su muerte dañaron sus logros para aquellos que vinieron inmediatamente después. Dur Sharrukin, con sus grandiosos relieves y pinturas, quedó vacía, ya que todo lo que podía moverse se trasladó a Nínive. Es a partir de las propias inscripciones de Sargón y los escritos de cronistas posteriores que se conocen las hazañas y los logros del rey Sargón II hoy en día, y es a partir de ellas que se terminó reconociendo su legado como gran rey. Sin embargo, directamente después de su muerte, parece que se alentó al pueblo a olvidar que alguna vez reinó tal rey.
Sargón II (que reinó entre 722 y 705 a.C.) fue el fundador de la dinastía sargónida del Imperio neoasirio, considerado el mejor de sus reyes y quien llevó al imperio a su máximo esplendor.
¿Por qué es famoso Sargón II?
Sargón II es famoso como un gran rey que expandió el Imperio neoasirio a través de las victorias militares y alentó el desarrollo cultural de su pueblo. Es más conocido por su campaña contra Urartu en 714 a.C. y por la construcción de su ciudad, Dur Sharrukin.
¿Por qué la campaña contra Urartu de Sargón II es tan famosa?
La campaña contra Urartu de Sargón II en 714 a.C. es famosa por la determinación y el coraje que mostró el rey para ganar contra viento y marea cuando incluso su propio ejército quería rendirse. Su victoria sobre Urartu es uno de sus mayores logros.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Joshua J. Mark es cofundador de World History Encyclopedia's y Director de Contenidos. Ha sido profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde ha enseñado historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado por todo el mundo y ha vivido en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 03 julio 2014. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.