Tito Andrónico es la tragedia más temprana de William Shakespeare (en torno a 1564-1616), escrita probablemente entre 1589 y 1593 y estrenada en 1594. Es infame por su violencia gratuita y sus personajes bidimensionales, lo que la hace muy diferente de las demás obras de Shakespeare. De hecho, aunque en un principio fue bastante popular entre el público isabelino, se ha acabado convirtiendo en su obra menos apreciada.
Contexto
A pesar de su popularidad inicial entre las multitudes del teatro isabelino, desde el siglo XVIII Tito Andrónico no se ha apreciado demasiado y hoy en día se sigue considerando una de las peores obras de Shakespeare. El Dr. Samuel Johnson, activo en el siglo XVIII, afirma que el uso de la violencia bárbara «apenas se puede considerar tolerable para cualquier audiencia», mientras que T. S. Eliot, que escribió dos siglos más tarde, la desecha por completo cuando la califica como «una de las obras más estúpidas y faltas de inspiración jamás escritas» (Bloom 78; McDonald, 1213). A lo largo de los siglos, los eruditos literarios se han quedado desconcertados al pensar que el autor de Tito Andrónico pudiera ser realmente el mismo genio que escribió obras como Macbeth y Otelo y, de hecho, varios han sugerido que Shakespeare no fue realmente el autor. Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos estarían de acuerdo no solo en que Shakespeare sí que escribió la obra, sino en que fue un paso importante en el desarrollo de su carrera. Tal y como dice el erudito literario Harold Bloom: «[Tito Andrónico] es importante solo porque, por desgracia, sin duda Shakespeare la escribió, y al hacerlo se sacó a Marlowe y a Kyd de la imaginación» (86).
Al hablar de Christopher Marlowe y Thomas Kyd, Bloom está aludiendo a la clasificación de Tito Andrónico como una «obra de venganza», un género que estaba muy de moda a principios de la década de 1590. De hecho, Marlowe era muy célebre por tales obras de venganza como El judío de Malta (en torno a 1589), mientras que la principal contribución de Kyd al género, La tragedia española (en torno a 1587), fue probablemente la obra más popular en los escenarios ingleses hasta la llegada de Hamlet (en torno a 1600). Como un joven dramaturgo que intentaba labrarse una reputación en Londres, probablemente Shakespeare esperaba emular el éxito de Marlowe y Kyd al escribir su propia obra de venganza, y su influencia se puede ver claramente en Tito Andrónico. Por ejemplo, el personaje villano de Shakespeare, Aaron el Moro, parece haberse basado en Barrabás, el antihéroe malvado de El judío de Malta de Marlowe. Bloom demuestra las similitudes entre ambos personajes al yuxtaponer sus respectivos monólogos, en donde los dos se deleitan en cometer actos malignos por el simple hecho de hacerlo. Pero mientras que el Barrabás de Marlowe se deleita fijando mensajes burlones en los cadáveres de hombres que se han ahorcado, el Aaron de Shakespeare va un paso más allá y talla sus mensajes directamente en la piel de los muertos. Por lo tanto, Bloom sostiene que Shakespeare ha creado un «monstruo marloviano más escandaloso que nadie en las obras de Marlowe» y que, por lo tanto, lo ha superado (82). En consecuencia, Tito Andrónico no destaca necesariamente por sus propios méritos, sino porque le permitió a Shakespeare dominar la obra de venganza, lograr reconocimiento como dramaturgo y alejarse de la influencia de figuras como Marlowe y Kyd.
Al ir a ver una tragedia de venganza, los espectadores isabelinos habrían esperado una cierta cantidad de sangre y violencia, de la misma manera que se lo esperaría un espectador moderno al ver una película gore. Ciertamente Tito Andrónico habría cumplido en ese sentido: entre otras atrocidades que se cometen a lo largo de la obra, hay 14 asesinatos, varias mutilaciones, una violación grupal, un enterramiento en vida y un acto de canibalismo. Los primeros actos atroces los comete el propio héroe que le da nombre a la obra; no hemos hecho más que conocer a Tito Andrónico cuando ordena con crueldad el sacrificio ritual del hijo mayor de la reina Tamora, poco antes de asesinar a su propio hijo en un ataque de ira. A partir de este momento, son Tito y su familia los que sufren la violencia: Tito no solo pierde dos hijos más y una mano, sino que su hija Lavinia es violada y mutilada brutalmente. Su venganza final resulta un acto vacuo: tras hacer pasteles de carne con Demetrio y Quirón, los violadores de su hija, se los sirve a su madre y después Tito mata a Lavinia en un asesinato por honor. Tal y como señala Bloom, «siento que la atormentada Lavinia debería haber tenido alguna elección» en su propia muerte (80). Aparte de que muchos de los personajes son bidimensionales, Bloom argumenta que tampoco tienen ninguna cualidad que los redima, a excepción de Aaron el Moro, cuya maldad es tan exagerada que resulta cómica. De hecho, es el diálogo de Aaron el que contiene gran parte de los juegos de palabras de la obra y es él quien tiene el honor de pronunciar la versión shakespeareana de una burla sobre madres:
DEMETRIO
Villano, ¿qué has hecho?AARÓN
Lo que no puedes deshacer.QUIRÓN
Has echado a perder a nuestra madre.AARÓN
Villano, yo me he perdido en vuestra madre.(4.2.73-76).
Por último, también hay que señalar que Tito Andrónico es la única de las obras sobre la antigua Roma de Shakespeare que no se basa en una fuente histórica o semihistórica. Parece que se inspiró en las obras de Séneca, en particular Tiestes (en torno a 62 d.C.), que era la que había inspirado en un principio la tendencia de las obras de venganza isabelinas. El momento en que Atreo cocina a los hijos de Tiestes y se los sirve a su padre, que no sabe nada, fue especialmente importante para el clímax de la obra de Shakespeare. Aparte de eso, también se basó en las Metamorfosis de Ovidio y hace referencias constantes a la trágica historia de Filomela, violada por Tereo. El académico Russ McDonald señala que el paisaje político violento que lo rodeaba en aquel momento probablemente también fue una influencia, ya que en la década de 1590 Inglaterra era «un reino tenebroso de intriga religiosa, habladurías de traición, intentos de asesinato y artimañas realizadas por la policía secreta de la reina» (1217). Un método de castigo por calumniar a la reina consistía en cortarle la mano al culpable, algo que ocurre varias veces en Tito Andrónico; esto ha llevado a McDonald a suponer que Shakespeare consideró la Inglaterra en la que vivía como un modelo para este drama romano.
Acto I
La obra comienza poco después de la muerte del emperador romano, cuyos dos hijos, Saturnino y Basiano, se presentan ante las masas para reclamar el trono imperial. Saturnino basa su reclamo en su derecho como primogénito, mientras que Basiano hace una súplica emotiva y le recuerda a la gente su virtud. En medio de la discusión aparece Marco Andrónico, el tribuno del pueblo, que anuncia que su hermano Tito acaba de regresar de diez años de guerra contra los godos y que el pueblo ya lo ha proclamado emperador. Tito Andrónico, un general y héroe de guerra entrado en años, pero todavía fuerte, entra triunfal. Tras él llegan los cuatro hijos que le quedan, Lucio, Quinto, Marcio y Mucio, ya que los otros 21 han muerto todos en el campo de batalla. Tito también trae prisioneros: Tamora, reina de los godos, es su cautiva, al igual que sus tres hijos, Alarbo, Demetrio y Quirón, y el amante de la reina, Aarón el Moro.
Tito proclama su victoria sobre los godos y declara que van a sacrificar a Alarbo en un ritual en retribución por la muerte de sus propios hijos. Tamora ruega por la vida de su hijo mayor, pero los romanos no la escuchan mientras los hijos de Tito se llevan a Alarbo a rastras para «cortar sus miembros hasta que estén del todo consumidos» (1,1.129). Tras saciar su deseo de venganza, Tito pasa al tema de la sucesión. Se niega a convertirse en emperador, porque dice que es demasiado viejo, y en vez de eso respalda el reclamo de Saturnino porque cree que el primogénito debería ser el que hereda. Saturnino está agradecido por el apoyo y ofrece devolverle el favor casándose con Lavinia, la hija adorada de Tito, una oferta que el general acepta. Sin embargo, Basiano ya se había prometido con Lavinia y está enamorado de ella, así que, antes que verla casada con otro hombre, la secuestra con la ayuda de los hijos de Tito. Tito los persigue, pero su hijo menor Mucio se lo impide. En un ataque de rabia, Tito mata a Mucio por su insolencia y se niega incluso a enterrarlo en la tumba familiar hasta que sus otros hijos intercedan en nombre de su hermano.
Mientras tanto, Saturnino se siente humillado por todo este asunto. Como cree que Lavinia lo ha despreciado deliberadamente, se niega a casarse con ella; en vez de eso, toma a Tamora como emperatriz y se casa con ella inmediatamente. En ese momento vuelven a entrar Basiano y Lavinia, que también se han casado apresuradamente, junto con los hijos de Tito y Tamora le ruega a su nuevo esposo que los perdone. Se lo lleva aparte y en privado le explica que este perdón es solo público y que pronto destruirá a los Andrónicos para vengar la muerte de su hijo. Saturnino está de acuerdo y en público «perdona» a Tito y a sus hijos por sus transgresiones. Por su parte, Tito invita al nuevo emperador y emperatriz a una caza a la mañana siguiente. Todos los personajes salen excepto Aarón el Moro, que se queda solo en el escenario.
Actos II y III
Aarón, que hasta ahora ha guardado silencio, expresa su alegría de que Tamora se haya convertido en emperatriz; como su amante, seguramente le brindará nuevas oportunidades. Sus pensamientos se ven interrumpidos por los dos hijos de Tamora, Demetrio y Quirón, que entran discutiendo entre sí. Ambos afirman estar enamorados de Lavinia y discuten sobre cuál de ellos se merece su amor. Aarón siente que lo que buscan no es realmente su amor y les sugiere que durante la caza del día siguiente colaboren para atrapar a Lavinia y violarla. Los muchachos están de acuerdo con el plan, y, cuando la partida de caza se reúne a la mañana siguiente, Demetrio le recuerda a su hermano que «no cazamos, nosotros, con caballo ni sabueso / pero esperamos arrancarle una cierva delicada a la tierra» (2,2.26-27). Siguiendo el plan de Aarón, Demetrio y Quirón matan a Basiano a puñaladas y arrojan su cuerpo a una zanja para después llevarse a Lavinia a rastras al bosque y violarla. Cuando terminan, le cortan las manos y le arrancan la lengua para que no pueda identificar a sus atacantes.
Mientras tanto, dos de los hijos restantes de Tito, Quinto y Marcio, se tropiezan con el cadáver de Basiano. La partida del emperador los descubre en ese momento y los arresta por asesinato porque Aarón ha falsificado una carta que los implica en la muerte de Basiano. Poco después, el tío de Lavinia, Marco, se la encuentra vagando por los campos sin lengua ni manos. Al darse cuenta de lo que ha sucedido, Marco pronuncia un largo monólogo en el que lamenta el destino de la muchacha, que se ha vuelto célebre por su combinación de lenguaje poético con imágenes espeluznantes:
Por desgracia, un río carmesí de sangre caliente,
Como una fuente que borbotea agitada por el viento,
Surge y cae de entre tus labios rosos,
Que va y viene con tu aliento de miel.
Pero seguro que algún Tereo te ha desflorado,
Y, para que no lo detectes, corta tu lengua…
…O, hubiera visto el monstruo estas manos de lirio
Temblar como hojas de álamo sobre un laúd
Y hacer que las cuerdas de seda se deleiten al besarlas,
No las habría tocado por nada del mundo.
(2.4.22-37).
Marco decide llevar a Lavinia con su padre, a pesar de que verla así seguramente lo destruya. De hecho, Tito ha estado rogando por las vidas de Quinto y Marcio, que han sido condenados a muerte. Los jueces se han negado a escuchar sus súplicas, y dejan a Tito «contándoles mis penas a las piedras / que, aunque no pueden responder a mi angustia / de alguna manera son mejores que los tribunos" (3,1.37-39). En ese momento, Marco entra con Lavinia y los miembros de la familia lloran juntos por la horrible maldad que le ha ocurrido. La conmovedora escena se ve interrumpida por Aarón, que trae un mensaje del emperador: Quinto y Marcio serán perdonados si Tito se arrepiente de sus pecados cortándose una mano. Tito está de acuerdo y hace que Aarón le corte una mano. Pero después de que el moro se haya ido, un mensajero entra con las cabezas cortadas de Quinto y Marcio; la oferta de Aarón no era real, sino una simple artimaña. Tito, al que no le quedan más lágrimas que derramar, no puede más que reírse. Le ordena a su hijo mayor Lucio, el único que le queda, que huya de Roma y forme un ejército de godos para luchar contra Tamora y Saturnino.
Actos IV y V
Tito vuelve a casa con Marco, Lavinia y su nieto, el joven Lucio. El joven huye de Lavinia, creyendo que se ha vuelto loca; en realidad, está tratando de tomar el libro que lleva el, una copia de las Metamorfosis de Ovidio. Lavinia pasa las páginas hasta la historia de Filomela y Tereo, y así le revela a su padre que la han violado. Luego, sosteniendo un bastón con la boca y los muñones, escribe los nombres de sus atacantes en la arena: «Stuprum («violación» en latín). Quirón. Demetrio» (4,1.78). Tito jura vengarse de Tamora y sus hijos. Mientras tanto, Tamora ha dado a luz a un bebé; como el color de la piel del bebé será una prueba obvia de que ha engañado a Saturnino con Aarón, quiere que maten al niño. Aarón se niega a dejar que suceda, mata a la nodriza del bebé y huye con el niño. Dice que regresará con los godos y lo criará allí. Esta compasión repentina por su hijo recién nacido revela un lado diferente de Aarón, quien hasta ahora solo ha cometido actos malvados.
Tito y sus parientes salen y disparan flechas que llevan atadas peticiones que enumeran los crímenes de Saturnino. Saturnino entra en cólera cuando se entera y se enfada aún más al saber que Lucio está convocando un ejército de godos. Sabe que Lucio es más popular que él y que podría suplantarlo fácilmente como emperador. Tamora le dice a su esposo que no se preocupe y promete suavizar las cosas con Tito llenándole «las orejas envejecidas / con promesas doradas» (4,4.97-98). Tamora cree que Tito está loco así que acude a él disfrazada de la diosa Venganza; Quirón y Demetrio la acompañan, disfrazados de sus ayudantes, Violación y Asesinato. Tamora vestida de Venganza promete destruir a los enemigos de Tito si invita a Lucio a un banquete en su casa. Lo que quiere es sembrar la confusión entre los godos mientras Lucio está lejos, dejándolos sin líder. Tito accede, pero solo si Venganza deja a sus ayudantes, Violación y Asesinato, con él. Cuando Tamora se marcha, Tito y sus parientes capturan a Quirón y Demetrio y los atan. Lavinia sostiene un cuenco con los muñones para recoger la sangre mientras Tito les corta la garganta y promete «moler sus huesos hasta que hacerlos polvo / y templarlo con este licor odioso, / y en esa pasta hornearé sus viles cabezas» (5,2.198-200).
Mientras tanto Aarón ha sido capturado por un soldado godo, que se lo entrega a Lucio en su campamento junto con su hijo. En un primer momento Lucio quiere ahorcar al niño primero y obligar a Aarón a mirar, pero el moro le implora que si Lucio le perdona la vida al niño admitirá todo lo que ha hecho. Cuando Lucio accede a este trato, Aarón no solo le cuenta la verdad sobre la violación de Lavinia y el asesinato de Basiano, sino que también le cuenta todos los demás males que ha cometido. Cuando Lucius, sorprendido, le pregunta si se arrepiente de sus acciones atroces, Aarón le responde que solo se arrepiente de no haber cometido más:
Incluso ahora maldigo el día, aunque creo
Que pocos hay en la brújula de mi trayecto,
En el que no cometiera algún mal notorio;
Como matar a un hombre, o bien idear su muerte;
Violar a una doncella, o discurrir la manera de hacerlo;
Acusar a algún inocente, y jurar en falso…
…A menudo he sacado a hombres muertos de sus tumbas
Y los he puesto en pie a la puerta de sus queridos amigos
Incluso cuando sus penas casi estaban olvidadas,
Y en sus pieles, como en la corteza de los árboles,
He tallado con mi cuchillo, en letras romanas,
«No dejes que tu tristeza muera, aunque yo esté muerto.»
Pero he hecho mil cosas terribles
Con tanta voluntad como mataría a una mosca,
Y nada me entristece de verdad
Que no pueda hacer diez mil veces más.
(5.1.125-145).
Cuando Aarón termina de hablar, Lucio considera que ahorcarlo será un castigo demasiado benévolo y ordena que lo amordacen. Luego le informan sobre el banquete y regresa a la casa de su padre, donde Tito, vestido de cocinero, se prepara para recibir al emperador y la emperatriz. Después de servir el pastel, Tito le pregunta a Saturnino si es correcto que un padre mate a su hija después de que la violen para preservar su honor. Cuando el emperador está de acuerdo en que sería correcto, Tito mata abruptamente a Lavinia con las siguientes palabras: «Muere, muere Lavinia, y tu vergüenza contigo, / Y con tu vergüenza muera la tristeza de tu padre» (5,3.46-47). Entonces Tito revela que sabe que Quirón y Demetrio han violado a Lavinia; cuando Saturnino exige que los traigan, Tito le responde que ya están ahí, en los pasteles que se han estado comiendo. Luego, en rápida sucesión, Tito mata a Tamora y este, a su vez, muere a manos de Saturnino; en ese momento llega Lucio y mata al emperador. La obra termina cuando Lucio, proclamado como el nuevo emperador de Roma, decide enterrar a Aarón hasta el pecho y dejar que se muera de hambre y arroja el cadáver de Tamora a las fieras.

