Etelredo II, también conocido como Etelredo el Indeciso, fue rey de los ingleses en 978-1013, y de nuevo en 1014-1016. Su largo reinado tuvo un principio estable, pero los ataques vikingos contra Inglaterra se intensificaron a partir de la década de 990. Las incursiones vikingas acabaron por agravarse tanto que Inglaterra tuvo dificultades para organizar una resistencia eficaz, y Etelredo fue derrocado temporalmente por el rey danés Svend Barba partida en 1013.
Etelredo recuperó su reino tras la muerte de Svend a principios de 1014, y su «segundo reinado» fue testigo de campañas militares más eficaces contra los vikingos, pero también de altos niveles de desunión y recelo en la corte. El rey murió en 1016 y dejó la lucha contra los vikingos en manos de su hijo Edmundo II. Etelredo reinó durante casi 38 años, más tiempo que cualquier otro rey de Inglaterra antes de la conquista normanda.
El infame apodo de Etelredo, «el Indeciso», en realidad no se refiere a que estuviera desprevenido. Se trata de un juego de palabras en inglés antiguo que se burla del nombre de pila de Etelredo, que significaba «Noble Consejo». La palabra del inglés antiguo unraed significaba «mal consejo» y era una forma de señalar la ironía de que un rey llamado «Noble Consejo» tuviera que luchar por mantener la lealtad de la nobleza inglesa. A medida que fue evolucionando el inglés, unraed se corrompió hasta convertirse en unready (indeciso o deprevenido en castellano), aunque «Etelredo el Mal Aconsejado» sería una traducción más precisa.
Camino al trono y primeros años de reinado
Etelredo nació en algún momento entre 966 y 968 en una Inglaterra recientemente unificada. Era hijo del rey Edgar (que reinó en 959-975) y de la reina Elfrida. Edgar era posiblemente el primer rey que veía a Inglaterra mantenerse como un reino estable y coherente durante un largo periodo de tiempo, ya que sus tres predecesores habían visto a Inglaterra fragmentarse de nuevo en reinos más pequeños en un momento u otro. Sin embargo, cuando Edgar murió en 975, Inglaterra se encontró una vez más profundamente dividida y posiblemente al borde de una nueva fragmentación. Edgar había fallecido dejando tres hijos tras de sí, cada uno de una madre diferente. Los nobles ingleses lograron preservar la unidad de su reino al acordar finalmente que el hijo mayor, el adolescente Eduardo, sería el próximo rey. Evidentemente, no todos estaban satisfechos con este acuerdo, y Eduardo fue asesinado en 978, tan solo tres años después de que lo nombraran rey.
Etelredo expulsó a su madre de la corte y comenzó a rodearse de designados nuevos.
Tras el asesinato de Eduardo, Etelredo era el único hijo de Edgar que quedaba, y ascendió al trono cuando tenía unos diez o doce años. La madre de Etelredo, Elfrida, y su influyente tutor, el obispo Ethelwoldo, se encontraban entre las figuras más destacadas de la corte del joven rey. Cuando el obispo Ethelwoldo murió en 984, el rey Etelredo comenzó a ejercer una mayor influencia. Expulsó a su madre de la corte y comenzó a rodearse de nuevos nombramientos en lugar de confiar en la vieja guardia. También se casó con Elgiva de York por esas fechas, y pronto tuvieron varios hijos, incluido el futuro rey Edmundo II.
En la década de 980 se produjeron algunas incursiones vikingas contra Inglaterra, y la Crónica anglosajona recoge que estas flotas a menudo no sumaban más que un puñado de barcos. Las fuerzas inglesas locales a veces se encargaban de ellas por su cuenta, como cuando un grupo de vikingos fue derrotado en Devon, según La vida de san Osvaldo. En ocasiones, los vikingos desaparecían durante años, como entre 983 y 987, cuando no se registró ningún ataque. A pesar de las incursiones aisladas, Etelredo gobernó un reino estable y próspero en la década de 980, libre para centrarse en reunir su propio núcleo de consejeros y afianzar su recién adquirida autoridad.
En la década de 990, Inglaterra sufrió las primeras grandes invasiones vikingas del reinado de Etelredo, lideradas por Olaf Tryggvason, un señor de la guerra de Noruega, y Svend Barba partida, rey de Dinamarca. La respuesta inglesa se caracteriza en la Crónica anglosajona como una serie de fracasos por poco y derrotas por un estrecho margen: los ingleses resistieron ferozmente en la batalla de Maldon en 991, pero fueron derrotados; Etelredo reunió una flota para defender sus costas en 992, pero no logró detener a los vikingos; un ejército se enfrentó a los vikingos en 993, pero se desmoronó cuando tres de sus líderes huyeron.
El uso del tributo por parte de Etelredo puso fin a las invasiones vikingas masivas de la década de 990.
Tras repetidos intentos de defender Inglaterra por medios militares, Etelredo ofreció el pago de tributos a los vikingos en dos ocasiones durante esta época: una vez tras la batalla de Maldon en 991 y otra vez en 994. El uso del tributo, el acto de pagar a un enemigo para evitar la destrucción, es uno de los aspectos más controvertidos e incomprendidos del reinado de Etelredo. Los escritores del siglo XIX y principios del XX le acusaban con frecuencia de intentar resolver los problemas de Inglaterra con dinero, lo que supuestamente solo animaba a sus enemigos vikingos a volver en busca de más. Sin embargo, los críticos victorianos no reconocieron el contexto de la época de Etelredo, en la que tales tácticas eran comunes y aceptables. Etelredo solo recurría a pagar tributos tras intentar primero la resistencia militar, y otros gobernantes como Guillermo el Conquistador (en torno a 1027-1087) y Alfredo el Grande (que reinó en 871-899) también ofrecieron tributos.
El uso del tributo por parte de Etelredo puso fin a las invasiones masivas de la década de 990. También comenzó a adoptar una forma de «realeza penitencial», buscando restaurar el favor de Inglaterra ante Dios enmendando su propia conducta. El rey devolvió las propiedades que había confiscado injustamente en su juventud. También destituyó a sus favoritos sin escrúpulos y trajo de vuelta a su madre, la reina Elfrida, que había estado ausente de la corte durante casi una década.
A medida que se acercaba el año 1000, había motivos para el optimismo en Inglaterra. Las severas invasiones de principios de la década de 990 habían dado paso a flotas vikingas más pequeñas, y Etelredo no tuvo que pagar ningún tributo entre 994 y 1002. La literatura anglosajona también estaba en pleno apogeo. Algunos de los escritores más prolíficos en inglés antiguo desarrollaron su actividad durante el reinado de Etelredo, entre ellos Aelfric de Eynsham y Wulfstan II de York. Por lo general se cree que el manuscrito de Beowulf que se conserva, probablemente la obra más famosa de todo el periodo anglosajón, se copió en algún momento durante el largo reinado de Etelredo. Otro de los grandes poemas en inglés antiguo, La batalla de Maldon, también data de esta época y conmemora la trágica y heroica derrota de 991.
El propio Etelredo se encontraba en campaña a principios del milenio, atacando regiones bajo influencia nórdica. En el año 1000 ordenó un saqueo de la Isla de Man y, según la Crónica anglosajona, ese mismo año dirigió personalmente un ejército inglés a Strathclyde, donde saqueó y devastó toda la zona. Por esas mismas fechas se envió una flota inglesa a saquear Normandía, lo que pudo haber sido el catalizador del matrimonio de Etelredo con Emma, la hermana del duque normando, en 1002.
Pero ese mismo año, Etelredo se enteró de una conspiración liderada por los vikingos para asesinarlo y derrocar su administración.La Crónica anglosajona dice que, en respuesta, el rey ordenó que «todos los hombres daneses que se encontraban en Inglaterra» fueran asesinados el 13 de noviembre de 1002. Este acontecimiento se conoció como la masacre del Día de San Bricio, llamada así por la festividad en la que tuvo lugar, y es quizás el acto más infame del rey. Aunque los historiadores del siglo XX consideraban el Día de San Bricio como un intento de genocidio, las recientes reevaluaciones y los hallazgos arqueológicos han cambiado esta percepción. Ahora se cree que la masacre fue de menor escala y que se dirigió contra los guerreros escandinavos en Inglaterra, especialmente aquellos que servían a Etelredo como mercenarios. Sin embargo, el propio Etelredo admite en una carta de 1004 que el día de San Bricio había provocado la muerte de personas que buscaban refugio en una iglesia de Oxford, y el rey parece estar orgulloso de sus acciones, calificándolas de «un exterminio de lo más justo».
A mediados y finales del siglo XI, Inglaterra se vio de nuevo asolada por graves invasiones procedentes de Escandinavia, lideradas por el rey danés Svend y un poderoso señor de la guerra danés llamado Thorkell el Alto. Sus ejércitos merodeadores podían permanecer en Inglaterra durante años. Sin embargo, Etelredo y sus nobles lograban a veces dar caza a los ejércitos vikingos. Un líder inglés llamado Ulfcytel libró una feroz batalla contra el ejército de Svend en 1004. Los vikingos «dijeron que nunca se habían enfrentado a una lucha peor en Inglaterra que la que les infligió Ulfcytel», recuerda la Crónica anglosajona. El rey Etelredo, al frente de su ejército en persona, interceptó a las fuerzas de Thorkell en 1009, pero ninguna de las partes atacó a la otra. El historiador Tom License ha sugerido que puede que la propia contención fuera uno de los objetivos de Etelredo.
El rey construyó una nueva flota inglesa en 1009 y orquestó una campaña masiva de fabricación de armaduras. Los esfuerzos dieron como resultado unos 200 barcos y miles de cascos y cotas de malla, pero la falta de unidad en la corte socavó estos esfuerzos. Mientras la flota inglesa se reunía en Sandwich, una disputa entre dos nobles provocó la destrucción de 100 barcos, y Etelredo decidió que los barcos restantes debían retirarse al Támesis.
Envió un ejército tras otro con resultados cada vez menores, y en 1012 la resistencia inglesa al ejército de Thorkell se había derrumbado. Ese año se pagó un tributo especialmente cuantioso, lo que detuvo las incursiones pero no impidió que unos vikingos ebrios asesinaran al arzobispo de Canterbury, uno de los momentos más bajos de toda la guerra. Finalmente, Etelredo convenció a Thorkell de cambiarse de bando tras el pago del tributo de 1012, con lo que convirtió a su oponente en aliado. Thorkell, ahora rico gracias a los tributos recibidos, se convirtió en el defensor de Etelredo.
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Al año siguiente, Svend regresó con un gran ejército. Inglaterra había soportado años de guerra y altos impuestos, y Svend recibió la sumisión de cada condado por el que marchaba.La Crónica anglosajona da la impresión de que ningún líder estaba dispuesto a contraatacar, excepto Thorkell y Etelredo, quienes lograron defender Londres. Sin embargo, cuando Svend regresó más tarde en 1013, los londinenses reconocieron que no podrían resistir para siempre. Londres abandonó a Etelredo, quien envió a la reina Emma y a sus hijos pequeños a Normandía por su seguridad. Etelredo se quedó atrás al principio, pero pronto escapó a la isla de Wight. Para finales de año, él también se encontraba en el exilio con su familia en Normandía.
La Crónica anglosajona se refiere a Svend como «rey de pleno derecho» de Inglaterra a finales de 1013, incluso cuando Etelredo aún resistía desde Londres. La huida de Etelredo a Normandía no hizo más que confirmar lo obvio: Svend había conquistado Inglaterra. Este planeaba que su dinastía continuara en Inglaterra y hizo que su hijo, Canuto, se casara con una prominente noble inglesa llamada Aelfgifu de Northampton. Pero Svend se murió repentinamente el 3 de febrero de 1014. Solo habían pasado unas pocas semanas desde que Etelredo se había ido a Normandía.
Canuto reivindicó su derecho como heredero de su padre y fue proclamado rey por la flota vikinga. Pero algunos de los nobles ingleses vieron una oportunidad para revertir la conquista danesa. Le pidieron a Etelredo que regresara a Inglaterra y reinara de nuevo. Sin embargo, le impusieron ciertas condiciones: para ser aceptado de nuevo como rey, Etelredo tenía que comprometerse a «gobernarlos con mayor justicia», en palabras de la Crónica anglosajona. Los nobles también le pidieron que perdonara todo lo que le habían hecho. Etelredo accedió, y la Crónica anglosajona dice que entonces «regresó a casa con su propio pueblo y fue recibido con alegría por todos ellos».
Con un ejército al completo, Etelredo marchó hacia Lindsey (la actual Lincolnshire), donde se encontraba el campamento de Canuto y sus vikingos. Etelredo y su ejército mataron a todos los que pudieron encontrar, infligiendo una grave derrota a Canuto y sus aliados. Canuto logró escapar de la matanza, y el Encomium Emmae Reginae (Encomio de la reina Emma) incluye el detalle de que Canuto regresó a Dinamarca con un número notablemente menor de barcos. Etelredo había expulsado a un ejército vikingo por la fuerza, la primera vez en generaciones que un rey inglés lo lograba.
A pesar de la impresión de unidad que da la Crónica anglosajona, no todo el mundo habría estado contento con el regreso de Etelredo, sobre todo teniendo en cuenta que algunas familias nobles habían entregado rehenes a Svend y a Canuto. Las fuentes escandinavas afirman que Etelredo sí encontró cierta resistencia y libró al menos dos batallas más tras su regreso a Inglaterra: con la ayuda del mercenario vikingo Olaf Haraldsson, Etelredo reconquistó Londres, y él y Olaf ganaron una batalla contra Ulfcytel, el mismo líder que se había resistido tenazmente a Svend en 1004.
Una vez reconquistada Inglaterra, Etelredo se sentía lo suficientemente seguro en 1015 como para retomar sus viejos hábitos. Dos nobles que probablemente habían apoyado a Canuto fueron asesinados por orden de Eadric Streona, el poderoso regidor de Mercia que a veces actuaba como ejecutor del rey. Después, Etelredo se apoderó de sus tierras. A pesar de su promesa de gobernar «con mayor justicia» en su acuerdo de restauración de 1014, el rey volvía a su práctica de purgar a sus nobles de forma violenta, como ya había hecho anteriormente en 993 y 1006. Edmundo, el hijo mayor del rey, al parecer tenía una relación estrecha con estos nobles asesinados y decidió rebelarse. El rey solía reaccionar ante los actos de desobediencia, reales o imaginarios, con un castigo rápido, pero no pudo actuar contra Edmundo en 1015 porque cayó enfermo repentinamente.
Mientras Edmundo se rebelaba y el rey estaba incapacitado, Canuto regresó con una nueva flota. Pronto contaría también con el apoyo del poderoso Eadric Streona, quien cambió de bando cuando Etelredo cayó enfermo. Con la ayuda de Eadric, Canuto llevó a cabo una campaña por toda Inglaterra en 1015 y 1016. Edmundo salió al campo de batalla con sus propios ejércitos, pero no logró hacerles frente.
Edmundo se dio cuenta de que necesitaba la ayuda de su padre para derrotar a Canuto y le pidió al rey que liderara el ejército desde Londres. Etelredo accedió y partió hacia la última campaña de su vida. Sin embargo, al unirse a las tropas de Edmundo, a Etelredo le llegó información de una traición inminente. Enfermo y temiendo por su seguridad, regresó a Londres, donde murió el 23 de abril de 1016. Tenía unos 50 años.
La resistencia inglesa pasó a manos de Edmundo, que ahora era el rey Edmundo II, quien se enfrentó a Canuto en una rápida sucesión de batallas y escaramuzas a lo largo de 1016. Edmundo, apodado Costillas de Hierro por sus habilidades militares, parecía estar ganando ventaja. Sin embargo, Canuto le infligió una derrota catastrófica en la batalla de Assandun el 18 de octubre. Edmundo murió pocas semanas después, con lo que Canuto se consolidó como el siguiente rey de Inglaterra. La conquista danesa de Inglaterra sya era completa, y Canuto y sus hijos gobernarían Inglaterra durante una generación. El hijo de Ethelredo, Eduardo el Confesor, acabó por restaurar el poder de su dinastía en 1042 y gobernó hasta justo antes de la conquista normanda de Inglaterra en 1066.
Los escritores medievales recordarían a Etelredo de maneras muy diferentes. Algunas fuentes inglesas, como La vida de San Osvaldo o Juan de Worcester, describen a Etelredo de forma positiva, como un gobernante elegante y apuesto. Otros escritores ingleses, como Guillermo de Malmesbury, recogieron relatos dudosos sobre el estilo de vida libertino y perezoso del rey, retratándolo como un adicto al vino y a las mujeres. La descripción de Guillermo contribuyó a un deterioro de la reputación de Etelredo en Inglaterra del que nunca se recuperó del todo. En Escandinavia, la reputación de Etelredo siguió el camino opuesto, con sagas que lo describían como un gobernante eficaz y belicoso, no muy diferente de sus oponentes vikingos: Etelredo es «un buen príncipe» al que los ejércitos «temían como a un dios» en la Saga de Gunnlaug Lengua de Serpiente. También aparece como «un verdadero amigo de los guerreros» en una saga en honor a Olaf Haraldsson, el mercenario que había luchado a su lado en 1014.
Del mismo modo, los historiadores modernos han interpretado el largo y complejo reinado de Etelredo de muchas maneras diferentes, y siguen divididos sobre si Etelredo fue un rey fracasado, un superviviente infravalorado o algo entre medias. Quizás la valoración más concisa de Etelredo sea también la más antigua: la Crónica anglosajona, escrita apenas unos años después de la muerte de Etelredo, lo elogia con cierta simpatía como un rey que «había mantenido su reino con gran esfuerzo y muchas dificultades».
Al rey inglés Etelredo II se lo conocía como «el Indeciso», ya que la palabra en inglés, «unraed», significaba «mal consejo» y hacía referencia a las dificultades del rey para ganarse la lealtad de sus nobles.
¿Quién sucedió a Etelredo el Indeciso?
A Etelredo el Indeciso le sucedió su hijo Edmundo Costillas de Hierro (que reinó en 1016).
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
El trabajo de Brandon M. Bender sobre la Inglaterra medieval ha aparecido en publicaciones revisadas por especialistas (The Year's Work in Medievalism y Rounded Globe) y otras publicaciones para un público más amplio (Medieval World, Epoch History Magazine o Camedieval entre otras).
Escrito por Brandon M. Bender, publicado el 16 agosto 2024. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.