Montesquieu

Mark Cartwright
por , traducido por Ruth Baranda
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Portrait of Montesquieu (by Jacques-Antoine Dassier, Public Domain)
Retrato de Montesquieu Jacques-Antoine Dassier (Public Domain)

Montesquieu (1689 - 1757) fue un filósofo francés cuyas ideas, plasmadas en obras como El espíritu de las leyes, contribuyeron a lanzar el movimiento de la Ilustración en Europa. Sus ideas sobre la separación de poderes, es decir, entre el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial, influyeron en otros pensadores de la Ilustración, así como en las Trece Colonias que se convertirían en los Estados Unidos de América.

Primeros años

Charles-Louis de Secondat, barón de La Brède, más conocido como Montesquieu, nació en una familia noble de Burdeos, Francia, el 18 de enero de 1689. Heredo el título de la baronía de La Brède en 1696. Educado en sus primeros años por la orden cristiana de Oratoria de Jesús en el colegio de Juilly, en su juventud estudió derecho en la Universidad de Burdeos. Tras graduarse en 1708, empezó su carrera legal y practicó en el Parlamento de Burdeos, una corte del rey. Se convirtió en juez en 1714. En 1715 se casó con Jeanne de Lartigue, una mujer de medios independientes con quien tuvo tres hijos. En 1716, siguiendo la peculiar costumbre en Francia de heredar títulos legales, Montesquieu heredó tanto el baronía de Montesquieu como la posición de Président à mortier en el Parlamento de Burdeos de un tío. Vendió el título en 1725 tras decidir retirarse a los 36 años.

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Montesquieu vivía de las rentas de la hacienda familiar en La Brède, que incluía grandes áreas de granja y viñedos. El historiados H. Chisick describe su modo de llevar la hacienda como «práctico, testarudo y frugal» (281). Aquí pasaba la mayor parte de su tiempo. Además de inspeccionar personalmente lo que hacían los trabajadores de la hacienda, también estaba interesado en ampliar sus conocimientos de literatura y escribir sus pensamientos sobre los sistemas de gobierno tanto pasados como presentes.

Cartas persas

Montesquieu presenta la lógica como un arma mejor que la fe para gobernar cómo vivir moralmente.

Montesquieu había estado interesado desde hacía tiempo en conocimientos más allá del derecho. Había sido elegido a la Academia de Burdeos en 1716. Publicó sus Cartas persas en 1721. Esta obra, que constituye el principio de lo que consideramos actualmente los pensamientos del autor en relación a la Ilustración, «logra presentar los temas más serios de una manera entretenida, rompiendo con la tradición de enormes libros de estudio» (Chisick, 282). Montesquieu usa personajes los ficticios de dos nobles persas que viajan por Francia y que se corresponden por correo con amigos y esposas en su país de origen como modo de presentar todo tipo de ideas. Hay incluso una historia de amor en el libro. Utilizar el recurso de los turistas persas probablemente le ayudó a evitar la censura de algunas de sus ideas más radicales, pues el autor podía argumentar que esas ideas simplemente estaban expresadas por un extranjero «ignorante» y no reflejaban sus propias opiniones.

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Château de la Brède
Castillo de La Brède Michael Duxbury (CC BY)

Cartas persas se publicó anónimamente en los Países Bajos, tal vez porque el autor no sabía cómo de radicales se percibirían sus ideas, como por ejemplo la crítica velada a la naturaleza autoritaria de una monarquía absolutista. En este libro, Montesquieu presenta sus ideas a través de una crítica al Gobierno persa, pero lo que realmente quiere expresar es un aviso sobre cómo el Gobierno de Francia podría descender en el totalitarismo en el que los súbditos son poco más que esclavos. El libro también critica las religiones porque varios credos confirman tener la verdad absoluta, lo que es imposible (solo una puede estar en lo cierto). La razón se presenta como una herramienta mejor que la fe para gobernar cómo podemos vivir moralmente, pero Montesquieu fomenta la tolerancia a las diferentes creencias. En su opinión, «el primer objetivo de una persona religiosa tiene que ser complacer a la divinidad que estableció la religión que profesa. Pero la mejor manera de llegar a ese objetivo es, sin ninguna duda, respetando las normas de la sociedad y las obligaciones de la humanidad» (Hampson, 104-105). Por encima de todo, el derecho natural debe gobernar el pensamiento de la humanidad, y la dignidad del individuo (tanto hombres como mujeres) debe ser primordial para los gobernantes. El libro fue un éxito de ventas y reimpreso en nuevas ediciones posteriores.

Una creciente reputación como intelectual

Montesquieu participó en los famosos salones de Madame Lambert (1647-1733) y Madame Tencin (1681-1749) en París en la década de 1720. Los Salones eran reuniones informales donde los asistentes, seleccionados por su riqueza o talento intelectual (o ambos como en el caso de Montesquieu) comían, bebían, se relacionaban y aprendían sobre el progreso de todas las actividades intelectuales y las artes, e intercambiaban ideas.

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El interés académico de Montesquieu se enfocó primero en las materias de historia natural y física. Tal vez le atrajo la regularidad y normas de la naturaleza, algo que ahora aspiraba a aplicar en la filosofía política. El escritor también compuso poesía en alguna ocasión, como por ejemplo los versos eróticos de Templo de Venus en Cnido. Su valor intelectual fue reconocido en 1727 cuando fue elegido por la prestigiosa Academia Francesa.

Entre los años 1728 y 1731, Montesquieu abrió sus horizontes y viajo a Alemania, Austria, Italia, los Países Bajos e Inglaterra. Su mujer, quizás de manera significativa, no lo acompañó en estos viajes. En 1731 se estableció de nuevo en su hogar para organizar sus ideas sobre cómo formar un sistema político ideal. Mostró gran interés por aprender sobre otros sistemas políticos del pasado y llegó a publicar en 1734 su valoración de la antigua Roma en su libro Consideraciones sobre las causas de la grandeza y la decadencia de los romanos. La culminación de las ideas políticas de Montesquieu fue la publicación en Suiza en 1748 de su libro El espíritu de las leyes.

El espíritu de las leyes

Montesquieu fundó la ciencia política con El espíritu de las leyes, una obra monumental que combina historia, antropología y teoría política. Su estudio de las sociedades antiguas y contemporáneas con las ventajas y desventajas de sus sistemas políticos impulsó un nuevo enfoque para encontrar mejores maneras de gobernar un país. Este estudio, que también llevaron a cabo otros pensadores de la Ilustración, tenía su origen en la Revolución Científica (1500-1700), en la que los científicos (también llamados filósofos naturales) trataron de explicar el mundo utilizando lo que hoy llamaríamos leyes universales, matemáticas, hechos y razón. Si la naturaleza tiene leyes, como por ejemplo la gravedad, entonces la humanidad, que es parte de la naturaleza, también tiene que tener una moral y códigos universales. Posiblemente, una de las mayores contribuciones de Montesquieu al movimiento de la Ilustración sea que, armado con la razón y la «ciencia», proporcionó un patrón a seguir para encontrar el sistema político ideal estudiando todos los aspectos del comportamiento de la humanidad y la sociedad. De este modo, se convirtió el primer sociólogo.

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La opinión de Montesquieu sobre la separación de poderes del estado es un reflejo de los tiempos turbulentos que vivía Francia.

Una idea esencial de El espíritu de las leyes es la separación de poderes; es decir, la idea de que un sistema de gobierno en el que las diferentes ramas están separadas y son independientes entre ellas limita el abuso potencial de los derechos de los ciudadanos. Montesquieu no fue el primer filósofo en proponer esta idea, que ya había sido introducida por el filósofo inglés John Locke (1632-1704) en su libro Dos tratados sobre gobierno civil, publicado en 1690. Montesquieu desarrolló esta teoría y consideraba que el poder ejecutivo (el rey), el legislativo (el Parlamento popular) y el judicial (las leyes) deberían estar separados para poder preservar la libertad individual. Si se concentra demasiado poder en una de las ramas, particularmente la ejecutiva, el resultado es el despotismo. El historiador R. Robertson resume así las funciones de los tres poderes en esta idea de Montesquieu: «El poder de concretar qué dicen las leyes debe recaer en un cuerpo; el poder de ejecutarlas o hacerlas cumplir en otro cuerpo; y el juzgar si estas leyes se han ejecutado correctamente o no en un tercero» (517). Si una rama tiene todos los poderes, se convierte en despotismo.

Montesquieu consideraba que el mejor ejemplo, aunque imperfecto, de lo que se necesitaba para llevar la separación de poderes a la práctica era el modelo inglés, donde la monarquía, la Cámara de los lores y la Cámara de los comunes compartían el poder judicial. A Montesquieu le preocupaba principalmente la situación política en Francia y toda su obra es una reflexión de los tiempos revueltos que vivía el país, que acabaría desembocando en la Revolución francesa de 1789. El filósofo estaba ansioso por mantener el estatus de la clase alta a la que pertenecía y que veía peligrar por la monarquía autoritaria por encima y una población rebelde por debajo. Cuando pedía un equilibrio del poder, no quería un cambio completo del sistema de gobierno francés, sino que más bien proveía un modo en que la monarquía y la aristocracia pudieran trabajar mejor juntas, ya que ambas eran el público principal de sus obras. Abogado y juez ante todo, Montesquieu aboga por la moderación a la hora de abandonar leyes bien establecidas. Los legisladores deben proteger las leyes que, aunque no sean perfectas, «solo deben tocarse con manos temblorosas» (Hampson, 112). Montesquieu no pedía una revolución si no una manipulación cuidadosa del sistema político existente para preservarlo, una esperanza que acabaría destrozada por la guillotina pocas décadas después de su muerte.

Robespierre Taken to the Guillotine
Robespierre llevado a la guillotina Alfred Mouillard (Public Domain)

Montes se preocupó de explicar en sus obra cómo había evolucionado el sistema político de modo que el pueblo al que gobernaba pudiera entender por qué existían ciertas instituciones y leyes; de nuevo, como modo de justificar un sistema político imperfecto. Una de sus preocupaciones era que los Gobiernos debían permitirle al pueblo convertirse en mejores ciudadanos. Consideraba que la mejor manera de conseguirlo era garantizar dos conceptos a su parecer inherentemente positivos: libertad y justicia. Estos eran esenciales precisamente porque un buen Gobierno no es lo única cosa que se necesita. Montesquieu señaló: «la humanidad está gobernada por muchas cosas: clima, religión, leyes y preceptos del Gobierno, historia, hábitos, maneras. De la suma de estos emerge un espíritu general» (Cameron, 284). La idea de Montesquieu de que el clima afecta la naturaleza y el carácter de las personas, un área a la que dedicó muchas páginas, ahora está anticuada, pero esto no afecta en exceso a sus argumentos políticos, dado que la idea principal es que hay varios factores que afectan a la humanidad y el clima no es más que uno de ellos, de los menos importantes.

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En el entorno político adecuado, las personas trabajarían naturalmente por el bien general de la sociedad, ya que Montesquieu creía que la naturaleza debía haber previsto que las personas vivieran en sociedades pacíficas porque poseen un deseo y un talento para la interacción social y un código moral instintivo. Además, Montesquieu escribió que una sociedad funcionaría si el Gobierno se lo permite dado que «todo el mundo busca el bien común con la impresión de estar siguiendo su propio interés privado» (Hampson, 100). Montesquieu argumenta que un buen Gobierno no debe interferir en gran medida en la vida de aquellos que gobierna.

De modo similar, también propone que hay que tolerar la religión porque cree que el objetivo de los cristianos (y otros creyentes) debe ser complacer a dios siendo buenas personas. De este modo, las creencias religiosas no evitan que se creen buenos Gobiernos o ciudadanos. Consideraba que los negocios y el comercio también son beneficiosos para la sociedad, dado que ayudan a cohesionarla. El deseo de comerciar asegura que diferentes sociedades y grupos de la misma sociedad mantengan relaciones pacíficas para que se puedan realizar más negocios de forma más rentable. Por último, Montesquieu consideraba que otras sociedades, que entendía como organismos naturales, compartían esencialmente las mismas aspiraciones, por lo menos en Europa. Por ello, se describió a sí mismo como «un hombre por necesidad y francés por accidente» (Cameron, 281). Esta idea de la necesidad común de todo hombre de libertad, equidad y felicidad llevó a Montesquieu a denunciar el esclavismo como abominable.

Declaration of the Rights of Man and of the Citizen, 1789
Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, 1789 Jean-Jacques-François Le Barbier (Public Domain)

La gran obra de Montesquieu fue bien recibida por los pensadores ilustrados y vendió muchas copias para ser una obra académica. El historiador N. Hampson anotó que el libro «se publicó en 22 ediciones en dieciocho meses de publicación, lo que suponía ventas de unas 35.000 copias» (128). Recibió críticas por parte de algunas figuras de la Iglesia que al final consiguieron añadirlo al Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica en 1751; esto a pesar de que Montesquieu se les adelantara escribiendo una apasionada defensa de sus ideas el año anterior en Defensa de «El espíritu de las leyes». Los conservadores tampoco se lo tomaron bien, ya que consideraban que las ideas de Montesquieu eran demasiado escépticas con respecto a quienes ya ostentaban el poder y su capacidad para gobernar benévolamente por el bien de todos.

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Influencia en las Trece Colonias

En términos más prácticos, las ideas de Montesquieu de necesitar libertad, de separación de poderes, de que los Gobiernos permitan en vez de obligar y de que las repúblicas se unan bajo una federación para reforzarse mutuamente tuvieron una gran influencia en los líderes de las Trece Colonias en Norteamérica que estaban deseando separase del Imperio británico y formar su propio sistema de gobierno conjunto. Los colonos sacaron varias citas jugosas de El espíritu de las leyes que veían particularmente relevantes y aplicables al rey Jorge III de Gran Bretaña (que reinó de 1760-1820). Citas como «la experiencia demuestra que todo hombre que tiene poder es apto a abusarlo» y «es necesario, por la propia naturaleza de las cosas, que el poder sea un control del poder» (Libro XI, capítulo 4). Los estadounidenses tomaron la idea de la separación de poderes y la hicieron central en su sistema de gobierno, aunque hay cierta verdad en lo que dicen los críticos de Montesquieu en que demasiados controles dentro de un sistema que prioriza el equilibrio de poderes corren el riesgo de que ninguna parte del Gobierno tenga el poder suficiente para funcionar de forma independiente.

Obras principales de Montesquieu

Essay on Natural History (1717)
Cartas persas (1721)
El templo de Venus en Cnido (1725)
Ensayo sobre el gusto (1726)
Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734)
El espíritu de las leyes (1748)
La defensa de «El espíritu de las leyes» (1750)

Ten Franc Coin with Montesquieu
Moneda de diez francos con Montesquieu Choloepus (Public Domain)

Muerte y legado

Montesquieu murió en París el 10 de febrero de 1755. En su lecho de muerte, al menos de acuerdo con un jesuita irlandés, se convirtió al catolicismo. Mientras vivía, Montesquieu era deísta; es decir, alguien que creía en dios como creador, pero que, como un relojero que después abandona su trabajo, dios no está disponible en el mundo que ha creado. De modo que la religión y todas sus ceremonias y rituales están al servicio de la necesidad de los hombres más que de dios. Quizás Montesquieu cambió su apuesta en sus últimos momentos.

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De todos los filósofos de la Ilustración, Montesquieu «fue probablemente aquel cuya obra más se apreció y aceptó en el siglo XVIII y el menos polémico» (Chisick, 281). Para ser un pensador político moderado, su obra fue celebrada por revolucionarios, tanto en Francia como en Estados Unidos. Los gobernantes también estaban interesados en sus ideas nuevas. Catalina la Grande (que reinó de 1762-1796), por ejemplo, encargó una Comisión legislativa para crear un nuevo código legal en 1767 y muchas de las ideas de Montesquieu en El espíritu de las leyes influyeron en el código final.

La idea de la separación de poderes propuesta por Montesquieu continúa inspirando a aquellos que buscan Gobiernos más justos y, a través de medios como Parlamentos autónomos, un sistema político donde cada poder del Estado está limitado por los demás. Hoy en día Montesquieu se considera uno de los filósofos políticos más importantes de la historia y, sin duda, de la Ilustración francesa, en cuyo contexto forma parte del cuarteto inseparable de filósofos junto con Voltaire (1694-1778), Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) y Denis Diderot (1713-1784). Los cuatro se han convertido en componentes esenciales de cualquier plan de estudios que abarque la filosofía política.

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Preguntas y respuestas

¿Por qué es más conocido Montesquieu?

Montesquieu es un filósofo político francés más conocido por defender la libertad y la separación de poderes de las diferentes ramas del Gobierno: ejecutivo, legislativo y judicial. Sus ideas influyeron a los fundadores de los Estados Unidos.

¿Cuáles fueron tres de las ideas de Montesquieu?

Tres ideas de Monstequieu son: la libertad es esencial para la felicidad, ninguna rama del Gobierno debería tener demasiado poder y los Estados deberían juntarse para formar federaciones.

Sobre el traductor

Ruth Baranda
Soy una mujer española que lleva viviendo en el Reino Unido desde 2010. Me interesa la historia, especialmente los temas relacionados con mi licenciatura en derecho, como las personas que desarrollaron los sistemas de gobierno y el derecho actuales y su historia.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

Estilo APA

Cartwright, M. (2025, diciembre 11). Montesquieu. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22386/montesquieu/

Estilo Chicago

Cartwright, Mark. "Montesquieu." Traducido por Ruth Baranda. World History Encyclopedia, diciembre 11, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22386/montesquieu/.

Estilo MLA

Cartwright, Mark. "Montesquieu." Traducido por Ruth Baranda. World History Encyclopedia, 11 dic 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-22386/montesquieu/.

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