Marco Aurelio: ¿emperador filósofo o rey filósofo?

Artículo

Steven Umbrello
por , traducido por Luis Mario Caso González
Publicado el 22 julio 2015
Disponible en otros idiomas: inglés, afrikáans
X
En coautoría con Steven Umbrello y Tina Forsee.

Es muy común escuchar tanto en círculos académicos como en círculos estoicos más íntimos que se refieran a Marco Aurelio (121-180 d.C.) como el rey filósofo. Ésta idea no es sujeto de debate. Marco Aurelio fue sin duda un individuo asombroso. Fue adoptado primero por el emperador Adriano (76 – 138 d.C.) y luego por Antonino Pío (86 – 161 d.C.). Marco fue educado por los mejores profesores de retórica, poesía, griego, latín y, por supuesto, filosofía. Esta última era su materia preferida y fue la que mayor influencia tuvo en el joven. El historiador romano del siglo II Dión Casio (155 – 235 d.C.) dijo de él:

Además de poseer todas las demás virtudes, gobernaba mejor que cualquier otro que hubiera ocupado posición de poder alguna. Sin duda, no podía vanagloriarse de muchas hazañas físicas; sin embargo, había desarrollado su cuerpo desde uno muy débil a uno capaz de la mayor resistencia... Él mismo, entonces, se abstenía de toda ofensa y no obró con malicia, ya sea voluntaria o involuntariamente; pero toleraba las ofensas de los demás, particularmente las de su esposa, y ni las investigó ni las castigó. Mientras una persona hiciera algo bueno, la alababa y utilizaba en el servicio en el que se destacaba, pero a su otra conducta no le prestaba atención; porque afirmaba que era imposible crear los hombres que uno desea tener, y por eso conviene emplear a los que ya existen para cualquier servicio que cada uno de ellos pueda prestar al Estado. Y está claro que toda su conducta no se debía a ninguna pretensión sino a una excelencia real; porque, aunque vivió cincuenta y ocho años, diez meses y veintidós días, de los cuales había pasado una parte considerable como asistente del primer Antonino [Pío], y había sido emperador él mismo diecinueve años y once días, desde el primero al último permaneció igual y no cambió en lo más mínimo. Era un hombre verdaderamente bueno y carente de toda pretensión. (Dion Casio, Historia romana, 72. 34-35)

Marco se recuerda sobre todo por su texto titulado Las meditaciones. Era el diario personal del emperador, que relata sus pensamientos más íntimos. Vemos en Las meditaciones que Marco utilizó su conocimiento de la filosofía estoica para modificar su comportamiento; literalmente estaba participando en lo que ahora conocemos como terapia cognitivo-conductual. Su fuerza y su gentileza le valieron el respeto tanto de las clases altas como de los plebeyos.

Eliminar publicidad
Publicidad
MARCO AURELIO VIÓ QUE TENÍA UN DEBER FUNDAMENTAL HACIA LOS DEMÁS SERES HUMANOS Y SE CONSIDERÓ COMO UN CIUDADANO DEL MUNDO, UN verdadero COSMOPOLITA.

El objetivo de Marco era convertirse en la mejor persona, la más virtuosa que pudiera llegar a ser. Se vio a sí mismo y vio al mundo tumultuoso en el que vivía desde una perspectiva cósmica. Al ver que tenía un deber fundamental para con los demás seres humanos, como Sócrates, no se veía a sí mismo simplemente como el emperador de Roma, ni como un ciudadano romano, ni como un ciudadano latino, sino más bien como un ciudadano del mundo, un verdadero cosmopolita.

El estoicismo de Marco era único. A diferencia de sus predecesores estoicos, vemos cómo el emperador supo hacer frente a las increíbles dificultades que se le presentaron. Era un hombre enfermizo, que tenía que afrontar constantes intrigas políticas, guerras en las fronteras y asuntos familiares difíciles. A pesar de todo esto todavía era capaz de mantener su control emocional, gobernar de manera ordenada y justa y por supuesto cultivar su propia virtud. Por eso Dion escribe:

Eliminar publicidad
Publicidad

Sin embargo, no tuvo la buena suerte que merecía, pues no era fuerte de cuerpo y se vio envuelto en multitud de problemas a lo largo de prácticamente todo su reinado. Pero, por mi parte, lo admiro aún más por esta misma razón: en medio de dificultades inusuales y extraordinarias, sobrevivió él mismo y preservó el imperio. (Dion Casio, Historia romana, 72. 36)

Marco Aurelio fue emperador de toda Roma, rey de cientos de miles de personas, además de filósofo. Fue rey filósofo de Roma durante diecinueve años. Pero la pregunta es: ¿fue Marco Aurelio un rey filósofo sólo en el sentido más literal, o fue un rey filósofo, como lo describe Platón en su obra maestra, la República? Cuando la gente llama rey a Marco el Filósofo, es difícil discernir a cuál de estos dos tipos de monarcas filosóficos se refieren. Esperamos que este artículo arroje algo de luz sobre la diferencia y describa con precisión el reinado filosófico de Marco.

Roman Emperor Marcus Aurelius
Emperador romano Marco Aurelio
Bibi Saint-Pol (Public Domain)

La paradoja del rey filósofo

El escepticismo hacia las virtudes de la filosofía realmente no ha cambiado mucho en más de dos mil años. Aristófanes ridiculizó a Sócrates por tener la cabeza en las nubes, y Platón relata la historia de Tales, donde aquel cae a un pozo mientras observaba las estrellas. Incluso entonces, los filósofos no eran considerados más que un grupo de charlatanes y oscurantistas que no sabían atarse los cordones de los zapatos. O, para ser menos anacrónico, eran oscurantistas que no usaban zapatos, como para alardear de su pobreza y falta de preocupación por lo material.

Eliminar publicidad
Publicidad

Cuando Platón insistió en que la única forma en que puede existir la justicia es si un filósofo se convierte en rey, o viceversa, era muy consciente de la percepción negativa que el público tenía de la filosofía. La filosofía enseñaría a los niños que está bien golpear a sus padres. La filosofía enseñaría a la gente que está bien asesinar porque la verdad es relativa. La filosofía pondría a sus practicantes en contra de la religión tradicional. Los filósofos te cobrarían una tarifa considerable sólo para enseñarte cómo hacer que el argumento más débil derrote al más fuerte. La filosofía te convertiría en un ciudadano inútil.

La idea de un rey filósofo era tan repulsiva entonces como lo es ahora. ¿Reyes filósofos? ¿Qué mejor caldo de cultivo retórico para dictadores tiránicos como Hitler y Stalin? Pocos toman en serio la idea. Incluso entre muchos filósofos, la idea es repugnante.

Sin embargo, Platón no estaba bromeando. Paradójico, audaz, tal vez incluso agresivo, pero no jocoso. Para él, la práctica de la filosofía era algo muy diferente de lo que en su época se llamaba filosofía. Debemos recordar que el verdadero filósofo es un ideal. Esta persona debe tener conocimiento del Bien. En este caso no existe en esta persona falibilidad ni debilidad humana. Si tal persona existiera, Platón predijo que nadie reconocería la sabiduría de este filósofo. Lograr una sociedad verdaderamente justa es casi imposible.

Eliminar publicidad
Publicidad

Platón compara al verdadero filósofo con el capitán de un barco a quien su tripulación considera un inútil observador de estrellas. Una metáfora adecuada que juega con la historia de Tales. Platón maneja la metáfora con una equivocación intencional: la navegación, por supuesto, depende de la observación de las estrellas, aunque en el caso del capitán presumiblemente no hay investigaciones metafísicas. Aquí vemos la observación de estrellas como techne, un oficio, un arte práctico. El conocimiento que tiene el capitán sobre las estrellas es como el conocimiento que tiene el médico sobre la salud, o el conocimiento que tiene el experto en informática sobre cómo eliminar un virus de una computadora. En estos casos, recurrimos a expertos en busca de ayuda porque sabemos que no sabemos. En la metáfora del barco, nosotros, los lectores, vemos la locura de que la tripulación desestime los conocimientos del capitán.

La cuestión es que el rey filósofo ideal de Platón es un experto en política que realmente sabe cómo hacer justicia. Si pudiéramos saber que esa persona existe, automáticamente recurriríamos a este filósofo en busca de ayuda. Pero ahí se encuentra el problema: no podemos. ¿Y cómo podemos? En cada caso la prueba está en la experiencia directa de los hechos.

Aquí radica la paradoja del rey filósofo: si todos fuéramos expertos en justicia, podríamos reconocer a un rey filósofo, pero entonces no lo necesitaríamos. Dado que no somos expertos, ¿cómo sabemos quién de nosotros es un rey filósofo? Sin conocimiento de lo que es bueno (en Platón, el Bien) no podemos distinguirlo. ¿Los filósofos son buenos gobernantes? Lo máximo que podemos hacer es mirar al pasado en busca de una aproximación, de manera indirecta.

Eliminar publicidad
Publicidad

Marcus Aurelius Equestrian Statue
Estatua ecuestre de Marco Aurelio
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

La prueba está en su Poder

Traición, peste y guerra; a pesar de todo esto, Marco pudo reunir la voluntad para mantener bajo control el delicado equilibrio de poder y preservar el imperio. Mantuvo lo que se conoce como la Edad de Plata de Roma e hizo todo lo que pudo para que la vida de sus ciudadanos fuera lo más próspera y estable posible. Se decía del carácter de Marco que "era austero, pero no endurecido, modesto, pero no tímido, y serio, pero no sombrío". (Historia Augusta. 4. 5) Sus interacciones con personas de todos los estratos se describieron de esta manera:

De hecho, hacia el pueblo no se compartaba de manera diferente a como se comporta uno en libertad. Era en todos los sentidos notablemente moderado, al disuadir a la gente del mal y alentarlos al bien, generoso al recompensar, indulgente al perdonar y, como tal, hacía que los malos fueran buenos y los buenos muy buenos, incluso sufriendo con moderación las críticas de no pocos. (Historia Augusta. 12. 1)

Como estoico, Marco tenía un inquebrantable sentido del deber hacia aquellos que estaban debajo de él en la jerarquía; era un hombre de servicio y haría todo lo necesario para ver cumplido su propósito. Cuando las tribus germanas comenzaron a atacar la frontera norte, Marco, en lugar de aumentar los impuestos para financiar la campaña, vendió todas sus posesiones imperiales para pagar la empresa. Consideró que tal acto no sólo era una acción necesaria, sino que era exigida por su deber al estar en tal posición de riqueza y poder.

Cuando se trataba de distribuir castigos en el sistema judicial, la disciplina filosófica de Marco también dictaba sus decisiones. La Historia Augusta dice de Marco que:

¿Te gusta la historia?

¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!

Era normal que [Marco] castigara todos los delitos con sentencias más leves que las impuestas generalmente por las leyes, pero a veces, hacia aquellos que eran obviamente culpables de delitos graves, se mantenía inflexible... Observaba meticulosamente la justicia, incluso con enemigos capturados. Estableció a innumerables extranjeros en tierras romanas. (Historia Augusta, 24.1)

El emperador vivió toda su vida como un verdadero filósofo, hablaba como un filósofo y gobernaba como un filósofo.

Porque la propia serenidad de Marco era tan grande que nunca cambió su expresión (ni en el dolor ni en la alegría) dedicándose a la filosofía estoica, que había aprendido de los mejores maestros y que había adquirido él mismo de todas las fuentes. (Historia Augusta, 16.3)

Era generoso, indulgente y encarnaba muchas nociones modernas del republicanismo, mientras que al mismo tiempo ocupaba el puesto más alto del poder imperial.

Una democracia filosófica

Valoramos la democracia porque tenemos el poder de expulsar del trono a un tirano. La democracia es realista en la evaluación humana: habrá tantos reyes filósofos fraudulentos, si no más, como mecánicos de automóviles inescrupulosos. La democracia nos permite denunciarlos, advertir a los demás, poner a estos impostores en su lugar. Es crucial salvaguardar la libertad de expresión.

Sin embargo, un sistema democrático se basa en el supuesto de que todos sabemos lo que es bueno para nosotros, que el bien puede lograrse a través de nuestro conocimiento colectivo. Sucederán cosas malas, pero el cambio siempre está en el horizonte. El “cambio” es algo de lo que nos hemos enamorado, pero este lema político se basa en un presunto descontento general y en la suposición de que el cambio será para mejor.

Pero ¿somos colectivamente expertos en virtud y justicia? Si todos conducimos el barco, ¿hacia dónde se dirige? Los vientos empujan en una dirección y luego en otra. La educación es de suma importancia en una democracia, pero la educación en sí misma es otro elemento azotado por la tormenta de las opiniones. Los problemas de los estados, o de la humanidad misma, no tendrán fin hasta que los filósofos se conviertan en reyes de este mundo, o hasta que aquellos que ahora llamamos reyes y gobernantes se conviertan real y verdaderamente en filósofos, y el poder político y la filosofía lleguen así a las mismas manos.

Democracia es una palabra que ahora tiene connotaciones positivas, y por buenas razones. Pero la educación no estaba destinada a democratizarse. Una educación filosófica nos enseñaría como mínimo cómo distinguir la retórica vacía de los argumentos sólidos, cómo detectar falacias informales. Esto es necesario a la hora de elegir a nuestros “capitanes” y debería incluirse en la educación pública.

Marcus Aurelius Statue, Ny Carlsberg Glyptotek
Estatua de Marco Aurelio, Ny Carlsberg Glyptotek
Carole Raddato (CC BY-SA)

El niño que se convertiría en filósofo

Marco Aurelio fue un verdadero guerrero, jamás bailó con su vida; más bien, fue un boxeo constante. Hizo todo lo posible para mantener la cabeza en alto e inspirar a quienes lo rodeaban a ser mejores de lo que eran.

Estudió intensamente filosofía, incluso cuando aún era un niño. Cuando tenía doce años adoptó la vestimenta de filósofo y, más tarde, la resistencia: estudió vistiendo un manto y durmió en el suelo. Sin embargo, (con algunas dificultades) su madre lo convenció de dormir en un sofá cubierto de pieles. (Historia Augusta. 2. 6.)

En sus últimos días podemos ver cómo incluso el ejército, a quien dirigió en batalla en el norte, respondió cuando se enteraron de su enfermedad que acabaría quitándole la vida: “El ejército, cuando se enteró de su enfermedad, lloró ruidosamente, porque solo lo amaban a él”. (Historia Augusta. 28. 1) Incluso en su lecho de muerte, Marco fue implacable en su práctica de la virtud estoica. Actuando con indiferencia ante el inevitable fallecimiento, dijo a los seres queridos que lo observaban: “no lloréis por mí, sino pensad en la enfermedad y la muerte de tantos otros” (Historia Augusta. 28. 1).

El imperio vivió en sincronía con Marco; el imperio resistió tanto y tan bien como él. Su muerte marcó el fin de una era y el comienzo de la caída del imperio. Dion Casio escribe sobre la muerte de Marco que, "... nuestra historia ahora desciende de un reino de oro a uno de hierro y óxido". (Dion Casio, Historia Romana, 72. 36)

Y ahora finalmente llegamos a la pregunta abordada al principio de este artículo: ¿fue Marco Aurelio el rey filósofo de Platón?

El concepto de la Kallipolis de Platón y su rey filósofo gobernante está profundamente matizado y encarna muchas nociones estrictas como la armonización de las virtudes cardinales de “sabiduría, coraje, autodisciplina y moralidad” (Platón, República 427e), así como el conocimiento del Bien. Marco puede encajar o no en la descripción. La vida y el reinado de Marco definitivamente habrían sido un consuelo para Platón, ya que un filósofo puede ser rey y un gobernante así podría vivir un estilo de vida filosófico e impartir esa sabiduría a su administración pública. Marco, aunque quizá no fuera el rey filósofo de la Kallipolis de Platón, seguía siendo un rey filósofo en el sentido más literal.

Por supuesto, la noción estoica de sabio y la noción platónica de alma armonizada difieren; sin embargo, ambas coinciden en que la clave para una sociedad justa es un gobernante que encarne sus respectivas ideas de virtud armonizada. Edward Gibbon en su obra maestra, Decadencia y caída del Imperio Romano, vio la magnificencia del gobierno Antonino y afirmó:

Si se pidiera a un hombre que fijase el período de la historia del mundo durante el cual la condición de la raza humana fue más feliz y próspera, nombraría sin dudarlo el que transcurrió desde el ascenso de Nerva hasta la muerte de Marco Aurelio. Los reinados unidos de los cinco emperadores de la época son posiblemente el único período de la historia en el que la felicidad de un gran pueblo fue el único objeto del gobierno. Las formas de la administración civil fueron preservadas cuidadosamente por Nerva, Trajano, Adriano y los Antoninos, quienes se deleitaban con la imagen de la libertad y se complacían en considerarse ministros responsables de las leyes. Tales príncipes merecían el honor de restaurar la república, si los romanos de su época hubieran sido capaces de disfrutar de una libertad racional”. (Gibbon, 1909, pág. 78)

Puede que Marco no sea el rey filósofo de Platón, pero sin duda fue el emperador filósofo.

Apéndice

Muchas de las citas utilizadas para justificar los argumentos planteados en este artículo sobre la vida, el gobierno y el carácter de Marco Aurelio fueron tomadas del texto antiguo conocido como Historia Augusta, que es notoriamente debatido por ser poco confiable en muchas partes. Sin embargo, independientemente de su validez, muchos de los textos que tratan su vida, incluido Dion Casio, coinciden coherentemente con la representación que la Historia Augusta hace de Marco Aurelio.

Eliminar publicidad
Publicidad

Sobre el traductor

Luis Mario Caso González
Soy un joven graduado de inglés y ruso. Me encanta la historia, el arte y la filosofía. A través de la traducción puedo ayudar a acceder al conocimiento para entender mejor el mundo y tomar buenas decisiones.

Sobre el autor

Steven Umbrello
Steven Umbrello estudi o literatura clásica y filosofía en la Universidad de Toronto. LA filosofía del estoicismo, el transhumanismo y la ética de las nuevas tecnologías constituyens sus intereses investigativos.

Cita este trabajo

Estilo APA

Umbrello, S. (2015, julio 22). Marco Aurelio: ¿emperador filósofo o rey filósofo? [Marcus Aurelius: Philosopher Emperor or Philosopher-King?]. (L. M. C. González, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-817/marco-aurelio-emperador-filosofo-o-rey-filosofo/

Estilo Chicago

Umbrello, Steven. "Marco Aurelio: ¿emperador filósofo o rey filósofo?." Traducido por Luis Mario Caso González. World History Encyclopedia. Última modificación julio 22, 2015. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-817/marco-aurelio-emperador-filosofo-o-rey-filosofo/.

Estilo MLA

Umbrello, Steven. "Marco Aurelio: ¿emperador filósofo o rey filósofo?." Traducido por Luis Mario Caso González. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 22 jul 2015. Web. 27 may 2024.

Afiliación