Marco Aurelio: un ejemplo del rey filósofo de Platón

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Artículo

Joshua J. Mark
por , traducido por Luis Mario Caso González
Publicado el 09 mayo 2018
Disponible en otros idiomas: inglés
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El emperador romano Marco Aurelio Antonino (r. 161-180 d.C.), fue el último de los Cinco Emperadores Buenos y un devoto estudiante del estoicismo, cuyos principios influyeron tanto en su vida como en su reinado. Marco Aurelio es ampliamente aceptado como el mejor ejemplo del concepto de Platón del Rey Filósofo, o sea, un gobernante guiado según preceptos filosóficos y verdades superiores.

El erudito Michael Grant describe a Aurelio como “el más noble de todos los hombres que, por pura inteligencia y fuerza de carácter, han apreciado y alcanzado la bondad por el valor de sí misma y no por recompensa alguna” (Grant, 139). Esta es la opinión generalizada sobre Aurelio, cuyo reinado se caracterizó por la devoción a su pueblo y una disciplina estoica expresada claramente en su obra Meditaciones, su diario privado que, una vez publicado, se convirtio en su mayor legado.

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Aurelio fue muy respetado en vida y fuentes antiguas posteriores, como Dion Casio (c. 155-235 d.C.) y los autores de la Historia Augusta (siglo IV d.C.), una historia de los emperadores romanos, se refieren a él como “el filósofo”. De ambas fuentes se desprende claramente que conocían las Meditaciones de Aurelio, pero los autores se centran no sólo en la obra escrita (que Aurelio nunca tuvo la intención de publicar) sino en cómo vivió acorde a su filosofía a lo largo de su reinado.

Roman Emperor Marcus Aurelius
Emperador romano Marco Aurelio
Bibi Saint-Pol (Public Domain)

Las Meditaciones son el diario de Aurelio, escrito entre c. 170-180 d.C. cuando estaba en campañas militares en Germania, y expresan su visión filosófica, particularmente estoica, de la vida. La obra es una reflexión privada sobre cómo vivir la mejor vida posible (no es un tratado filosófico pulido) y repite una serie de temas a lo largo de sus doce libros mientras Aurelio se enfrenta a las mismas cuestiones serias en momentos diferentes. El académico Gregory Hays explica:

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Las preguntas que las Meditaciones intentan responder son principalmente metafísicas y éticas: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cómo debemos vivir nuestras vidas? ¿Cómo podemos asegurarnos de hacer lo correcto? ¿Cómo podemos protegernos contra el estrés y las presiones de la vida diaria? ¿Cómo debemos afrontar el dolor y la desgracia? ¿Cómo podemos vivir sabiendo que algún día ya no existiremos? (xxiv-xxv)

Sus Meditaciones han inspirado a innumerables personas a lo largo de los siglos, pero, en la actualidad, probablemente sea más conocido por su representación en películas populares de Hollywood como Gladiador (2000). Si bien su representación en Gladiador es ficticia, especialmente en lo que respecta a la causa de su muerte y su "visión" de Roma, el hecho de que se le interprete con tanta simpatía en la película es un testimonio de su legado.

Cualquiera que sea la licencia artística que la película haya tomado con los hechos de la vida de Aurelio, el espíritu del hombre se presenta como una aproximación cercana al concepto de Platón del Rey Filósofo articulado en el Libro V de la República. Platón escribe:

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A menos que los filósofos se conviertan en reyes de sus países, o que aquellos que ahora se llaman reyes y gobernantes lleguen a estar suficientemente inspirados por un deseo genuino de sabiduría; es decir, a menos que el poder político y la filosofía se unan... no puede haber descanso de los problemas. (República V.473d)

Al propio Aurelio nunca se le habría ocurrido compararse favorablemente con la visión de Platón ni con el ideal de un emperador romano encarnado por su noble predecesor Antonino Pío (r. 138-161 d.C.), quien lo adoptó como sucesor. Se veía a sí mismo como un estudiante de filosofía, no como un “filósofo”, y como un hombre que luchaba por cumplir con sus obligaciones para con el pueblo que tenía fe en él, no como un “emperador”. Es precisamente su humilde visión de sí mismo lo que lo convierte en el candidato ideal como Rey Filósofo. El concepto de Platón estipula que es precisamente el hombre que ama la sabiduría más que el poder el más adecuado para gobernar.

Antonino Pío adoptó y preparó a Aurelio como emperador romano, pero está claro que el joven habría preferido la vida del filósofo. En sus Meditaciones vuelve constantemente al tema de la importancia de vivir honestamente y encontrar la paz interior en lugar de prestar atención a las trampas del poder y el tipo de responsabilidades inherentes a gobernar un imperio.

LAS MEDITACIONES SON EL DIARIO DE MARCO AURELIO, ESCRITO EN DOCE LIBROS DURANTE SUS CAMPAÑAS EN EL DANUBIO.

Juventud e introducción a la filosofía

Aurelio nació en España en el año 121 d.C. en una familia aristocrática romana con conexiones políticas. Fue llamado como su padre, Marco Annio Vero, que había recibido el nombre de su padre y del padre de su padre, todos senadores. Su madre, Domicia Lucila (c. 155-161 d.C.) también era una patricia rica y con buenas conexiones políticas. A partir de los tres años, tras la muerte de su padre alrededor de 124 d.C., Aurelio fue criado principalmente por sus abuelos y nodrizas.

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Cuando tenía once años conoció el pensamiento filosófico de la mano de uno de sus maestros, Diogneto, e internalizó la disciplina que lo guiaría durante el resto de su vida. En sus Meditaciones, Aurelio agradece a Diogneto las lecciones que aprendió y las enumera:

No perder el tiempo en tonterías. No dejarse engañar por magos o brujos con sus charlas sobre encantamientos, exorcismos y cosas por el estilo. No obsesionarse con las peleas de codornices u otras locuras por el estilo. Escuchar verdades no deseadas. Practicar filosofía… escribir diálogos como estudiante. Elegir el estilo de vida griego: el catre y la capa. (I.6)

La referencia de Aurelio al “catre y la capa” sugiere que la escuela de filosofía cínica fue la primera que tuvo un impacto importante en él. La Escuela Cínica fue fundada por Antístenes de Atenas (c. 445-365 a.C.), un alumno de Sócrates (c. 469/470-399 a.C.) y sus enseñanzas se encarnaron posteriormente en las vidas de Diógenes de Sinope (c. 404-323 a.C.) y Crates de Tebas (c. 360-280 a.C.). Los filósofos cínicos, así como Platón, influirían en Zenón de Citio (c. 336-265 a.C.), quien fundó la Escuela Estoica que llegaría a tener más adelante un profundo impacto en la vida y el pensamiento de Aurelio.

Antisthenes Bust, Vatican Museums
Busto de Antístenes, Museos Vaticanos
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

La Escuela Cínica se caracterizó por el disciplinado rechazo de los lujos, el estatus social y la riqueza junto con los objetos materiales innecesarios. Al liberarse de todo lo no esencial –incluidas las convenciones sociales de modales educados y comportamiento “adecuado”– uno sería libre para simplemente ser uno mismo.

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Aurelio parece haber encontrado atractivo este tipo de vida y lo puso en práctica al elegir el “estilo griego”, como lo llamaba: dormir en el suelo de su habitación en lugar de su cama y vestir la sencilla capa de lana del filósofo. Si hubiera abrazado plenamente el cinismo, también habría renunciado a cualquier posesión lujosa, se habría contentado con la comida más sencilla y habría rechazado la higiene básica como expresión de vanidad. Sin embargo, su inmersión en este estilo de vida se vio rápidamente obstaculizada por su madre, que consideró que debía perseguir objetivos más acordes con el apellido de la familia y su estatus en la sociedad.

Su madre y su abuelo contrataron tutores para formar al niño y no se repararon en gastos. El historiador Will Durant comenta: “Nunca un niño fue educado con tanta perseverancia” y continúa: “cuatro gramáticos, cuatro retóricos, un jurista y ocho filósofos dividieron su alma entre ellos... estuvo vinculado en su niñez al servicio de templos y sacerdotes” (425). Su educación temprana también incluyó los servicios de los muy reputados oradores y retóricos Herodes Ático (c. 101-177 d.C.) y Marco Cornelio Fronto (muerto a finales del 160 d.C.), quienes ejercerían una influencia significativa sobre el niño. Aurelio y Fronto, de hecho, se convertirían en amigos para toda la vida.

Adopción y estoicismo

En el año 138 d.C., Antonino adoptó a Aurelio y a su futuro coemperador Lucio Vero (r. 161-169 d.C.) como sucesores según lo estipulado por su predecesor Adriano (r. 117-138 d.C.). Aurelio en ese momento tomó el nombre de Marco Aurelio Antonino y estaba comprometido con la hija de Antonino, Faustina. Antonino comenzó entonces a preparar cuidadosamente al joven como futuro emperador y esto incluyó no sólo responsabilidades en la corte sino también educación adicional por parte de tutores.

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Aurelio cumplió obedientemente con los deseos de su padre adoptivo, pero encontró su nueva vida insatisfactoria. En sus cartas a Fronto (aún existentes) se queja de sus aburridas lecciones de derecho, sus deberes como secretario y su vida en la corte. También expresa estos sentimientos en una de las líneas más famosas de sus Meditaciones:

Las cosas en las que piensas determinan la calidad de tu mente. Tu alma adquiere el color de tus pensamientos. Coloréalo con una serie de pensamientos como estos: Dondequiera que puedas llevar tu vida, puedes llevar una buena vida. Las vidas se llevan en la corte, así que las buenas también pueden serlo. (V.16)

Fronto había tratado de disuadir a su alumno de sus aspiraciones filosóficas, al pensar que eran una pérdida de tiempo, y lo dirigió hacia lo que él consideraba disciplinas más prácticas. Sin embargo, Aurelio siempre había estado predispuesto a la filosofía y su preocupación por el pensamiento introspectivo sobre el significado de cualquier acción determinada y de la vida en general continuaría durante toda su vida.

Fronto se sintió decepcionado cuando supo que, incluido en la educación de su antiguo alumno en la corte, recibiría lecciones de filosofía; pero esta noticia debió ser un gran alivio para el propio Aurelio. Antonino contrató a dos filósofos que impresionarían enormemente a Aurelio y cuyas enseñanzas influirían en el resto de la vida del joven: Apolonio de Calcedonia (fechas desconocidas) y Quinto Junio ​​Rústico (c. 100-170 d.C.), uno de los más grandes filósofos estoicos de su época.

Epictetus
Epicteto
MB (Public Domain)

Estos tutores lo instruyeron en el estoicismo, la escuela filosófica articulada por primera vez por Zenón de Citio pero expresada plenamente en los escritos de Epicteto (c. 50-130 d.C.) en sus Discursos y en el Enquiridión. El estoicismo sostenía que había una fuerza eterna que unía al universo llamada logos, de donde procedían todas las cosas. El logos lo infundió todo, lo unió y permitía a todo disiparse naturalmente a su debido tiempo según la naturaleza.

Por lo tanto, no había nada en la vida que pudiera llamarse “malo” porque todos los eventos observables y no observables fluían naturalmente del logos y los juicios sobre si una experiencia era “mala” o “buena” eran simplemente percepciones sensoriales transitorias del individuo. Una persona podría llevar una vida pacífica y armoniosa si se concentrara en la naturaleza del logos y controlara sus impresiones sensoriales. Epicteto escribe:

No son las circunstancias en sí mismas las que preocupan a las personas, sino sus juicios sobre esas circunstancias. Por ejemplo, la muerte no es nada terrible, porque si lo fuera, así se lo habría parecido a Sócrates; pero teniendo la opinión de que la muerte es terrible, esto es lo que la vuelve terrible. Por lo tanto, siempre que estemos frente a un obstáculo, que nos hallemos turbados o angustiados, nunca culpemos a los demás, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestros propios juicios. (Enquiridión I.5)

En sus Meditaciones, Aurelio agradece a Apolonio y a Rústico por sus instrucciones y señala que Rústico le presentó la obra de Epicteto, prestándole su propia copia (Meditaciones, I.7). La visión estoica pasó a ser la visión de Aurelio a partir de ese momento y así lo expresa en otro de los pasajes más conocidos de las Meditaciones:

Si es bueno para ti, oh Universo, también es bueno para mí. Tu armonía es la mía. Cualquiera que sea el momento que elijas, es el momento adecuado. Ni tarde ni temprano. Lo que me trae el cambio de tus estaciones cae como fruto maduro. Todas las cosas nacen de ti, existen en ti y regresan a ti. (IV.23)

En 161 d.C., Antonino murió y Aurelio se convirtió en emperador. El Senado prefirió ignorar el deseo de Adriano de que Vero cogobernara con él, ya que lo consideraban no apto para el cargo. Aurelio, sin embargo, les recordó que Antonino había prometido a su predecesor adoptarlo a él y a Vero como sucesores y se negó a asumir el poder a menos que Vero fuera nombrado coemperador; el Senado no tuvo más remedio que obedecer.

El rey filósofo

Vero era más joven que Aurelio y mucho más interesado en el placer que en los deberes imperiales. Organizaba fiestas extravagantes y costosas y entregaba lujosos obsequios a sus invitados. Aurelio, en cambio, siguió viviendo como siempre lo había hecho: con sencillez y sin pretensiones. Se tomó en serio sus responsabilidades, aunque no siempre se preocupara por ellas, y dedicó todas sus energías a asegurarse de que sus decisiones fueran justas. Dion Casio escribe:

El emperador, siempre que no se veía ocupado la guerra, reunía a la corte; solía dar mucho tiempo a los oradores y se detenía mucho en las investigaciones y exámenes preliminares, a fin de asegurar estricta justicia por todos los medios posibles. En consecuencia, a menudo juzgaba el mismo caso durante once o doce días, aunque a veces celebraba el juicio por la noche. Porque era trabajador y se aplicaba diligentemente a todos los deberes de su cargo; y no decía, ni escribía, ni hacía nada como si fuera un asunto menor, sino que a veces consumía días enteros en el más mínimo detalle, no pensando que era correcto que el emperador hiciera algo apresuradamente. Porque creía que, si despreciaba incluso el más mínimo detalle, ello acarrearía reproche sobre todas sus demás acciones. (Historia Romana, Libro LXXII.6)

Poco después de llegar al poder, la provincia de Siria se rebeló y el reino de Partia invadió Armenia, que estaba bajo la protección de Roma. Cuando Dion Casio señala cómo Aurelio cumplía con sus deberes cuando “no se veía ocupado la guerra”, en realidad se refiere a muy poco tiempo; pero Aurelio se vio presionado también por otros asuntos, tanto públicos como privados.

Marcus Aurelius Equestrian Statue
Estatua ecuestre de Marco Aurelio
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

A lo largo de los diecinueve años de su reinado, Aurelio se vio constantemente acosado por sangrientas campañas militares, desastres naturales y tragedias domésticas. De los cinco hijos que le dio Faustina, sólo uno, Cómodo (r. 177-192 d.C.) sobrevivió hasta la edad adulta. Aurelio sólo llevaba aproximadamente un año como emperador cuando el río Tíber se desbordó en el año 162 d.C., y destruyó cultivos y ganado, lo que provocó una hambruna generalizada.

Cuando Vero regresó a Roma de sus campañas militares contra Partia y los rebeldes sirios, sus tropas trajeron consigo la plaga. Vero, de hecho, moriría a causa de la plaga en el año 169 d.C., lo que dejó a Aurelio como gobernante único. Aproximadamente en esta misma época (c. 162-166 d.C.) hubo un aumento de las persecuciones hacia los cristianos que se han atribuido a Aurelio. Los estudiosos modernos, sin embargo, afirman que Aurelio nunca ordenó tal edicto y, de hecho, trató de proteger a los cristianos de prácticas injustas como impuestos más altos y confiscación de bienes. Melitón de Sardis (muerto en 180 d.C.), quien dirigió su Apología del cristianismo a Aurelio, se refiere claramente a él como un protector, no un perseguidor, al pedir su intervención.

Las tribus de los marcomanos y los cuados comenzaron a invadir las fronteras alrededor del 166 d.C. y Aurelio dedicó enormes esfuerzos para asegurar y mantener las fronteras, así como expandir el territorio de Roma hacia la región del Danubio como un amortiguador. Aunque Platón promete el “fin de los problemas” una vez que un filósofo se convierta en rey, Aurelio tuvo problemas sin fin durante su reinado. Aun así, como lo atestiguan la historia y sus propios escritos, Aurelio hizo todo lo posible por mantenerse firme frente a los desafíos, exhibiendo lo que Hemingway más tarde llamaría “gracia bajo presión”: la capacidad de permanecer firme y fiel a uno mismo sin importar las circunstancias.

Conclusión

Las decisiones que tomó Aurelio durante su reinado evidencian un alma amable, compasiva y disciplinada que valoraba mucho la lealtad a su verdadero yo y a los demás. Sin embargo, su insistencia en cumplir las promesas y defender la tradición lo llevó a veces a cometer errores, como se vio cuando se negó a gobernar a menos que se cumplieran los deseos de Adriano y Vero gobernara con él. Vero demostró ser un emperador muy inferior a Aurelio en todos los aspectos.

Sin embargo, su elección de Cómodo como su cogobernante y sucesor en 177 d.C. fue su mayor error, ya que su hijo nunca compartió sus altos ideales ni mostró su inteligencia. Que Cómodo esencialmente deshiciera todo el bien que Aurelio había hecho, entregara el gobierno de Roma a incompetentes y se divirtiera constantemente en su serrallo (que supuestamente estaba compuesto por 300 niñas y 300 niños) muestra exactamente cómo de errado podía llegar a ser el juicio de Aurelio. Aurelio parece haber intuido que su hijo nunca estaría a la altura del potencial que veía en él y, cuando murió en 180 d.n.e., Cómodo demostraría ser la peor elección posible como sucesor.

Sin embargo, es esta misma "humanidad", esta bondad y esperanza de que otros compartan su misma visión para convertirse en la mejor versión de sí mismos lo que hace que Aurelio sea tan admirable y las Meditaciones tan duraderas. La obra es un testimonio de la nobleza de su autor y perdura debido a su carácter inmensamente práctico y a la visión de la vida que expresa. No hay lugar para la autocompasión o las justificaciones en las páginas de Meditaciones; sólo la exhortación constante a hacer lo mejor que uno pueda en cualquier circunstancia y a usar el tiempo sabiamente, porque la vida es corta. Escribe:

Algún día debes darte cuenta por fin de qué cosmos eres parte y de qué Gobernante del cosmos proviene tu existencia, y que un límite de tiempo te ha sido reservado, y si no lo utilizas para despejar las nubes de tu mente desaparecerá, y tú desaparecerás, y nunca más volverá. (Libro II.4)

Aurelio entendió que, si uno quiere cambiar el mundo, no puede vivir como lo hace el resto del mundo. Incluso en la cima de su poder, nunca traicionó su visión filosófica o su creencia en un significado fundamental para la vida humana. Expresa este ideal en el Libro VIII.59 de Meditaciones: “Las personas existen unas para las otras; enséñales, entonces, o ten paciencia con ellas”.

En este pasaje, como en muchos otros, Aurelio prefigura los ideales posteriores de los existencialistas del siglo XX, quienes también sostenían que el propósito de la vida es ser el mejor ser humano posible, independientemente de las circunstancias o las acciones de los demás. Al mismo tiempo, por supuesto, encarna el concepto anterior del Rey Filósofo de Platón: el hombre que gobierna, no para sí mismo, sino para el bien de su pueblo.

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Preguntas y respuestas

¿Por qué se le llama a Marco Aurelio el Rey Filósofo?

El reinado de Aurelio se considera como un ejemplo del concepto platónico del Rey Filósofo: alguien que gobierna según principios filosóficos superiores para el bien del pueblo.

¿De dónde proviene el concepto del Rey Filósofo?

El concepto del Rey Filósofo proviene del Libro Cinco de "La República" de Platón.

¿Cómo ejemplificó el reinado de Aurelio el concepto del Rey Filósofo?

El reinado de Aurelio ejemplificó el concepto del Rey Filósofo a través de su cuidado por sus súbditos y su autodisciplina filosófica, lo que le permitió centrarse en sus responsabilidades en lugar de entregarse a la autoindulgencia.

¿De qué tratan las Meditaciones de Marco Aurelio?

Las "Meditaciones" de Marco Aurelio son su diario privado, escrito en los últimos años de su vida, donde expresa su filosofía estoica. La reputación de Aurelio como Rey Filósofo en la actualidad se basa tanto en las Meditaciones como en su reinado.

Sobre el traductor

Luis Mario Caso González
Soy un joven graduado de inglés y ruso. Me encanta la historia, el arte y la filosofía. A través de la traducción puedo ayudar a acceder al conocimiento para entender mejor el mundo y tomar buenas decisiones.

Sobre el autor

Joshua J. Mark
Joshua J. Mark no sólo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es su director de contenido. Anteriormente fue profesor en el Marist College (Nueva York), donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado a muchos lugares y vivió en Grecia y en Alemania.

Cita este trabajo

Estilo APA

Mark, J. J. (2018, mayo 09). Marco Aurelio: un ejemplo del rey filósofo de Platón [Marcus Aurelius: Plato's Philosopher King]. (L. M. C. González, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-174/marco-aurelio-un-ejemplo-del-rey-filosofo-de-plato/

Estilo Chicago

Mark, Joshua J.. "Marco Aurelio: un ejemplo del rey filósofo de Platón." Traducido por Luis Mario Caso González. World History Encyclopedia. Última modificación mayo 09, 2018. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-174/marco-aurelio-un-ejemplo-del-rey-filosofo-de-plato/.

Estilo MLA

Mark, Joshua J.. "Marco Aurelio: un ejemplo del rey filósofo de Platón." Traducido por Luis Mario Caso González. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 09 may 2018. Web. 19 jul 2024.

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