Jeremías

Rebecca Denova
por , traducido por Diana Reyes
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Jeremiah (by Michelangelo, Public Domain)
Jeremías Michelangelo (Public Domain)

Jeremías (en torno a 650-570 a.C.) fue uno de los principales profetas de Israel en la Biblia hebrea. Además de su libro de profecías, también se le atribuye la autoría de los libros de Reyes y Lamentaciones (posiblemente escritos por su escriba, Baruc). Recibió el llamado profético en torno al año 626 a.C.; sabemos más de la vida de Jeremías que de la de cualquier otro profeta.

Profetas

Los profetas son la versión judía de los oráculos o videntes en el mundo antiguo. «Oráculo» era un término utilizado tanto para una persona como para un lugar. Asociado a la adivinación, era el medio utilizado por las personas para comunicarse con sus dioses. La deidad poseía al vidente, que servía como intermediario para transmitir sus palabras. Algunas veces la deidad aparecía en una visión; en otras ocasiones, el profeta podía experimentar un viaje extracorporal al cielo y recibir un mensaje de Dios o de sus ángeles.

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Jeremías recibió el llamado de Dios para anunciar la inminente destrucción a manos de Babilonia.

En el año 722 a.C., el Imperio asirio conquistó y destruyó el Reino del Norte de Israel. Fue entonces cuando diez de las doce tribus de Israel se perdieron para la historia. En el año 587 a.C. el imperio de Babilonia conquistó y destruyó el Reino del Sur de Judá y el Templo de Salomón en Jerusalén. Los profetas de Israel interpretaron ambos acontecimientos como consecuencia del pecado de los israelitas (especialmente de su idolatría), que había provocado el castigo de Dios. Sin embargo, también ofrecieron un mensaje de esperanza: en el futuro, Dios intervendría una vez más en el fin de los tiempos (eschaton, en griego). En ese momento, restauraría la gloria de Israel y enmendaría toda injusticia.

El llamado de Jeremías

Dios llamó a Jeremías para anunciar la inminente destrucción a manos de los babilonios en el año 626 a.C. Era hijo del sacerdote Hilcías, de la ciudad de Anatot (en el territorio de la tribu de Benjamín).

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Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta de las naciones. Y yo dije: ¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. [...] Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar (Jeremías 1:4-10).

Las tribulaciones de Jeremías

Tanto a través de su predicación como de sus actos simbólicos, Jeremías sufrió persecución. Los hombres de su pueblo intentaron matarlo, pero Dios le advirtió que huyera. Un oficial del Templo ordenó golpearlo y encerrarlo en el cepo situado en la Puerta Superior de Benjamín durante un día. Bajo el reinado de Sedequías, Dios ordenó a Jeremías fabricar un yugo y llevarlo en su cuello alrededor del Templo. Esto advertía de que la nación muy pronto estaría bajo el dominio de Babilonia.

Dios le ordenó a Jeremías comprar una vasija de barro (o cántaro), quebrarla junto a la puerta oriental y decir al pueblo:

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He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos. Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes. Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal (Jeremías 19:3-5).

Anteriormente, Manasés, un rey malvado, hizo construir este tipo de altar en la parte alta del valle de Hinnón, en la ciudad, donde quemaba niños. Este lugar se convirtió en un símbolo de una versión primitiva del infierno, la Gehena.

Valley of Hinnom
Valle de Hinnón Deror avi (CC BY-SA)

Otro oficial instó al rey a condenarlo a muerte porque su predicación desanimaba a los soldados y al pueblo. Echaron a Jeremías en una cisterna y se hundió en el cieno. Un cusita (un judío etíope) lo sacó del barro, pero siguió encarcelado hasta la caída de Jerusalén en el año 587 a.C. La postura de los babilonios hacia Jeremías fue bastante diferente; lo liberaron y le permitieron elegir el lugar donde quería vivir. Se fue a Mizpa con Gedalías, que fue nombrado gobernador de Judá.

Tras el asesinato de Gedalías, Johanán asumió el mando, ignoró el consejo de Jeremías de no huir y trasladó al pueblo a Egipto. Se llevó consigo a Jeremías, a su escriba y a las hijas del rey.

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Así ha dicho Jehová de los Ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, [...] Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada. Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz. Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego (Jeremías 43:10-13).

Los babilonios sometieron a Egipto tras la batalla de Carquemís en el año 605 a.C. No hay registros de la muerte de Jeremías; probablemente pasó sus últimos años en Egipto.

Crítica en contra de las creencias ancestrales

Un tema predominante en la creación de posturas religiosas antiguas era la necesidad de la fertilidad: la fertilidad de las personas, las cosechas y los rebaños. Por ello, los dioses siempre se representaban acompañados de diosas (consortes), y la procreación humana llegó a ser esencial para la supervivencia. Los profetas de Israel utilizaron alegorías y metáforas del matrimonio y el divorcio para criticar estos conceptos, que afirmaban que el pecado de la idolatría conducía a la inmoralidad sexual. Dios era el esposo e Israel debía ser la esposa fiel.

En un pasaje conocido de Jeremías, este acusó a los judíos de adoptar otras creencias que llevaban a un estilo de vida inmoral:

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Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová. Alza tus ojos a las alturas y ve en qué lugar no te hayas prostituido. Junto a los caminos te sentabas para ellos como árabe en el desierto, y con tus fornicaciones y con tu maldad has contaminado la tierra. Por esta causa las aguas han sido detenidas, y faltó la lluvia tardía; y has tenido frente de ramera, y no quisiste tener vergüenza. [...] Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, allí fornica (Jeremías 3:1-6).

«Todo monte alto» y «debajo de todo árbol frondoso» son referencias a las imágenes de los Baales (dioses cananeos) y sus consortes femeninas. Reprendía a las mujeres que «ofrecían incienso a la reina del cielo» (Jeremías 44:19), Astarté. Cabe destacar que el discurso profético contra la idolatría de los israelitas no constituye, por sí mismo, una prueba histórica de tales pecados. La acusación es un argumento utilizado para explicar por qué Dios permitió la conquista y destrucción a manos de naciones extranjeras.

Confesiones y lamentaciones

Varios pasajes de Jeremías se describen como sus confesiones personales, concretamente lamenta el hecho de que sus predicaciones no hayan salvado a Israel. Las lamentaciones son composiciones poéticas inspiradas, posiblemente, en las antiguas tradiciones de lamentos de ciudades mesopotámicas. El lamento por una ciudad lloraba el abandono de los dioses tradicionales, lo cual permitió a un enemigo conquistar y masacrar. Así como un cántico fúnebre, los pasajes se dirigen a los muertos para esclarecer su destino. Sin embargo, los lamentos por la ciudad daban un mensaje de esperanza: la construcción de una nueva ciudad o nuevos templos. El libro de Lamentaciones, por el contrario, omite este concepto, ya que en el marco histórico Jerusalén aún no había sido restaurada.

Jeremiah Lamenting the Destruction of Jerusalem
Jeremías lamentando la destrucción de Jerusalén Rembrandt (Public Domain)

El arca perdida

Los libros de los Macabeos describen la rebelión en contra del gobernante griego del Imperio seléucida, Antíoco IV Epífanes (que reinó de 175 a 164 a.C.) en el año 167 a.C. Este intentó prohibir las costumbres judías y profanó el altar y el Templo con la erección de una estatua de Zeus. Los judíos, bajo el liderazgo de los hasmoneos, se rebelaron y los expulsaron.

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2 Macabeos comienza con una historia que se convirtió en leyenda:

Se encuentra en los documentos que el profeta Jeremías [antes de la conquista de Babilonia] [...] ordenó que la tienda y el arca lo siguieran, y que salió hacia el monte al que Moisés había subido y donde había contemplado la heredad de Dios [el monte Nebo]. Jeremías llegó y encontró una vivienda en una cueva, y llevó allí la tienda, el arca y el altar del incienso; luego selló la entrada. Algunos de los que lo seguían subieron con la intención de marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo. Cuando Jeremías lo supo, los reprendió y declaró: «El lugar permanecerá desconocido hasta que Dios reuna de nuevo a su pueblo y muestre su misericordia. Entonces el Señor revelará estas cosas, y aparecerán la gloria del Señor y la nube, como se mostraron en el caso de Moisés, y como Salomón pidió que el lugar fuera consagrado de manera especial» (2 Macabeos 2:1-8).

Tanto arqueólogos como aficionados aventureros han buscado continuamente en la región la ubicación del «arca perdida».

Judaísmo rabínico

La literatura rabínica posterior (la Agadá) utilizó una cita del discurso de despedida de Moisés en el que Dios decía: «Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú [Moisés]; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare» (Deuteronomio 18:18). Sostenían que Jeremías era este nuevo Moisés y comparaban sus experiencias (incluida la rebelión contra sus discursos).

Cristianismo

Hay 40 citas directas de Jeremías en el Nuevo Testamento cristiano. El uso más extendido se basa en Jeremías 31:31-34:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Istael después de aquellos días, dice Jehová. Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Dios tuvo que enviar a Jesús al mundo para declarar un nuevo pacto. Las denuncias de Jeremías en contra de la corrupción y la idolatría de los judíos sirvieron como una prueba para el cristianismo de por qué Dios había permitido a los romanos destruir Jerusalén y el Templo en el año 70 d.C. Al mismo tiempo, un «pacto escrito en sus corazones» fue la manera de justificar la aceptación de los gentiles creyentes sin las señas de identidad étnica de los judíos: la circuncisión, las leyes alimentarias y el día de reposo.

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Christ Driving the Money-changers from the Temple
Cristo expulsando a los cambistas del templo Theodoor Rombouts (Public Domain)

Los sufrimientos y persecuciones de Jeremías pudieron haber influido en la manera en que el Evangelio de Marcos relató el hostigamiento, la persecución y el eventual sufrimiento de Jesús a manos de los judíos desde el inicio de su ministerio. El incidente del Templo en Marcos, donde Jesús volcó las mesas de los vendedores de animales y cambistas, refleja las manifestaciones de Jeremías acerca de la ruina inminente en los atrios del Templo.

Pablo, el apóstol de los gentiles, utilizó un concepto similar al de Jeremías para argumentar que, en su visión de Jesús, fue llamado para su misión: «Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles» (Gálatas 1:15-16).

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Preguntas y respuestas

¿Quién fue el profeta Jeremías?

Jeremías (en torno a 650-570 a.C.) fue uno de los principales profetas de Israel en la Biblia hebrea; recibió el llamado profético en torno al año 626 a.C.

¿Qué escritos se asocian con Jeremías?

Además de su libro de profecías, también se le atribuye la autoría de los libros de Reyes y Lamentaciones.

Bibliografía

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Denova, R. (2026, noviembre 02). Jeremías. (D. Reyes, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20620/jeremias/

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Denova, Rebecca. "Jeremías." Traducido por Diana Reyes. World History Encyclopedia, noviembre 02, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20620/jeremias/.

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Denova, Rebecca. "Jeremías." Traducido por Diana Reyes. World History Encyclopedia, 02 nov 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20620/jeremias/.

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