Cayo Salustio Crispo (86-35 a.C.), más conocido como Salustio, fue un estadista e historiador romano. Abandonó una carrera infructuosa tanto en la política como en el Ejército romano y optó por dedicarse a la literatura, donde produjo tres obras fundamentales: Bellum Catilinae (La guerra de Catilina),Bellum Jugurthinum (La guerra de Jugurta) e Historias. Por desgracia, sus obras casi caerían en el olvido décadas más tarde. Su estilo literario y su perspectiva influirían tanto en los políticos estadounidenses como en los ingleses del siglo XVII.
Infancia y carrera política
Salustio era un sabino de Amiternum, nacido en el año 86 a.C. Aparte de la especulación de que puede que fuera miembro de la aristocracia local, se sabe poco de su juventud. Alcanzó prominencia en la política, el ejército y la historiografía romanas. Sus orígenes algo humildes influirían tanto en su escritura como en su perspectiva histórica. Aunque nadie de su familia se había dedicado nunca a la política, logró lo impensable al convertirse en tribuno de la plebe en el año 52 a.C. En su primera obra importante , Bellum Catilinae, escribió sobre su motivo para entrar en política y la conmoción que le causó lo que encontró:
Sin embargo, yo mismo cuando era joven me sentí impulsado al principio por inclinación… a dedicarme a los asuntos políticos, pero en esa búsqueda muchas circunstancias me fueron desfavorables, pues en lugar de modestia, templanza e integridad, prevalecían la desvergüenza, la corrupción y la rapacidad. (9)
Este disgusto se convertiría en un tema principal a lo largo de su obra. Era la época de la guerra de Julio César (100-44 a.C.) contra Pompeyo (106-48 a.C.), y Roma era una ciudad al borde del abismo. Durante aquellos días caóticos de la República romana, los tribunos habían adquirido un poder político considerable en el Gobierno romano, y Salustio aprovechó esto al máximo. Desgraciadamente, sus vehementes arremetidas contra el famoso orador y estadista Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) y el político T. Annio Milón (95-48 a.C.) acabarían provocando su expulsión del Senado romano en el año 50 a.C.
Tras solo dos años como tribuno, acusaron a Salustio de inmoralidad y lo expulsaron.
Milón, candidato a cónsul y rival de Julio César, estaba siendo juzgado, acusado de orquestar el asesinato del político sin escrúpulos Clodio Pulcro (93-52 a.C.), candidato a pretor. En el juicio, Cicerón defendió a Milón, pero Salustio y sus compañeros tribunos se pronunciaron en su contra, atacando verbalmente a Cicerón. Por desgracia para Milón, lo declararon culpable y lo exiliaron. Tras solo dos años como tribuno, acusaron a Salustio de inmoralidad y lo expulsaron; sin embargo, la mayoría cree que fueron sus acciones contra el influyente Cicerón las que provocaron su destitución.
Su estrecha amistad con Julio César lo salvó y, aunque tenía poca o ninguna experiencia militar, se le confió el mando, sin éxito, de una legión en el año 49 a.C. Dos años más tarde, en el 47 a.C., intentó sofocar un motín, pero fracasó; sin embargo, en 46 a.C., como pretor, obtuvo cierto éxito en la campaña africana de César. Como gobernador de África Nova, fue acusado de malversación; concretamente, de extorsión y saqueo. Una vez más, César acudió en su ayuda y Salustio evitó el juicio.
Más tarde escribiría sobre su ineficaz carrera política y diría que se había detestado las prácticas deshonestas que veía en la política, pero que se había dejado llevar por la ambición y el mismo «ánimo por los honores» (Bellum Catilinae, 9). Según el historiador Barry Strauss en su obra La muerte de César, Salustio le sugirió a César que fortaleciera la República de cara al futuro, no solo con armas para usar contra los enemigos de Roma, sino también con las «amables artes de la paz» (31). No se menciona cómo recibió César esta sugerencia. Tras sus fracasos en la política y el ámbito militar, Salustio decidió, y con razón, poner fin a su mediocre carrera y centrar su atención en la escritura. Su decisión de retirarse coincidió casualmente con el asesinato de César en el año 44 a.C.
En su primer libro, Bellum Catilinae (La guerra de Catilina), habla de su decisión de dedicarse a la escritura.
Cuando, por tanto, mi mente descansó de sus numerosas tribulaciones y pruebas, y había decidido pasar el resto de mis días alejado de la vida pública, no era mi intención desperdiciar mi valioso tiempo libre en la indolencia y la inactividad, ni dedicarme a ocupaciones serviles… sino volver a aquellos estudios de los que, en sus inicios, una ambición corrupta me había alejado. (10)
Con una mente influida, en sus propias palabras, por la esperanza y el temor, quería escribir sobre «las acciones del pueblo romano» (10). Para su primera obra, decidió escribir «con tanta verdad como pudiera» sobre la conjuración de Catilina debido a la «naturaleza de su culpa y sus peligros» (10).
Aunque el libro trata los cargos de conspiración contra Lucio Sergio Catilina, Salustio aprovechó la oportunidad para analizar lo que él identificaba como el mal de Roma: su declive moral. En su opinión, este declive comenzó tras la caída de Cartago en 149 a.C. y se agravó tras la dictadura de Sila (82-79 a.C.). En diciembre de 63 a.C., Catilina se presentó ante todo el Senado romano. Su acusador, Cicerón, lo describió como un hombre ambicioso que había intentado hacerse con el poder para su propio beneficio personal. El descubrimiento de la conspiración sería el punto álgido de la larga y distinguida carrera política de Cicerón. El complot ideado por Catilina preveía el asesinato de varios cargos electos y el incendio de la propia ciudad. El caos resultante le permitiría a Catilina asumir el papel de líder que tanto deseaba. No estaba actuando solo, sino que contaba con el apoyo de veteranos descontentos del Ejército romano y de los pobres (a quienes les prometió la condonación de sus deudas), así como de muchos que, al igual que Catilina, esperaban obtener beneficios económicos.
Salustio consideraba a Catilina un revolucionario y aceptó el juicio de Cicerón. Sin embargo, Salustio escribió que, aunque Catilina era un hombre de noble cuna, tenía «un carácter vicioso y depravado» (11). Aunque poseía una mente audaz y sutil, codiciaba las propiedades ajenas y buscaba objetos inalcanzables. Aunque elocuente, era un hombre de escasa sabiduría. Salustio creía que la dictadura de Sila llevó a Catilina a aprovechar la oportunidad para hacerse con el gobierno. Escribió que la moral corrupta del Estado, con su extravagancia, egoísmo y vicios destructivos, le proporcionó incentivos adicionales para actuar.
La Guerra de Jugurta de Salustio continuó el tema básico de todas sus obras, el declive tanto de la virtud en Roma como del conflicto político: el enfrentamiento entre el Senado y los plebeyos.
Probablemente, su historia personal le impidió al autor otorgarle a Cicerón el reconocimiento que merecía, ya que Salustio consideraba a César y a Catón como los verdaderos héroes por los conmovedores discursos que pronunciaron durante la audiencia ante el Senado. César, que en su día había sido amigo de Catilina, le pidió al Senado que no actuara precipitadamente y esperara los resultados de un juicio. Catón, por su parte, se mostró de acuerdo con Cicerón y abogó por la ejecución inmediata. Se ignoraron los deseos de César y los conspiradores fueron ejecutados sin juicio. Tras un intento fallido de fuga, Catilina murió durante su recaptura.
Esta conspiración representaba otro capítulo en el declive de Roma. Según la historiadora Mary Beard en su obra SPQR, la conjuración de Catilina fue emblemática de los fracasos de la ciudad en el siglo I a.C. La «fibra moral de la cultura romana» había quedado destruida no solo por la derrota de sus rivales y el dominio del mar Mediterráneo por parte de la ciudad, sino también por los ricos de la ciudad y su codicia y ansia de poder (Beard, 28). Todo esto surgió tras la derrota y destrucción tanto de Cartago como de Corinto (146 a.C.). Salustio escribió que la república había aumentado su poder «gracias a la perseverancia y la integridad» (Bellum Catilinae, 19). Había derrotadoa poderosos príncipes, había sometido a tribus bárbaras y «Cartago, la rival del dominio de Roma, había sido destruida, y el mar y la tierra yacían por doquier bajo su dominio». (19) La larga historia de la ciudad se consideraba un deseo de poder. «Al principio comenzó a prevalecer el amor al dinero, y luego el del poder, y estos se convirtieron, por así decirlo, en las fuentes de todo mal» (19). Esta codicia socavó tanto la honestidad como la integridad y las sustituyó por la inhumanidad, el desprecio por la religión y la decadencia general.
Salustio escribió dos libros más: Bellum Jugurthinum (La guerra de Jugurta) e Historias. Escrita entre los años 42 y 40 a.C., La guerra de Jugurta continuó con el tema básico de todas sus obras, el declive tanto de la virtud en Roma como del conflicto político: el enfrentamiento entre el Senado (la nobleza) y los plebeyos. Jugurta era el rey de Numidia y se había rebelado contra Roma en los últimos años del siglo II a.C. Salustio escribió:
Me propongo escribir sobre la guerra que el pueblo de Roma libró contra Jugurta, rey de los numidios: en primer lugar, porque fue larga, sangrienta y de suerte variable, y en segundo lugar, porque entonces se opuso resistencia a la insolencia de los nobles por primera vez. (Bellum Jugurthinum, 141)
Salustio achacó la mala gestión de la guerra a la lucha política que imperaba en el Senado romano. Hubo acusaciones tanto de incompetencia como de corrupción. La nobleza elitista optó por sacrificar a los demás en aras de su propia codicia. Tras una breve visita a Roma, Jugurta vio a Roma como una ciudad en venta «y que caerá tan pronto como encuentre un comprador» (Beard, 266). El cambio necesario llegó en forma de un «hombre nuevo»: Cayo Mario. El ascenso al poder de Mario como cónsul se consideró un ataque a la élite política. Al levantar un ejército, ignoró los requisitos de propiedad y reclutó a muchos de los romanos empobrecidos. Al final, derrotaron a Jugurta fue lo llevaron a Roma encadenado, donde acabó muriendo en prisión.
Aunque hay algunas referencias a acontecimientos anteriores, sus Historias, de las que solo quedan fragmentos, abarcan principalmente la historia romana desde 78 a.C. hasta aproximadamente 67 a.C. Su estilo demuestra su respeto por el historiador griego Tucídides. Al igual que en sus otras dos obras, Salustio sigue hablando del conflicto político y del declive de la moral romana. Tras la destitución del rey, los nobles comenzaron a tratar a los plebeyos como esclavos, «tomando decisiones sobre sus vidas y sus cuerpos a la manera de los reyes» (Historias, 1.10). Sin embargo, estos lograron algunos derechos a través de los tribunos y la asamblea plebeya. Las guerras púnicas pondrían fin temporalmente a la discordia; sin embargo, tras la guerra, esta disputa se reanudó. Una vez más, vuelve a una queja habitual: la destrucción de Cartago. «La discordia, la avaricia, la ambición y todos los demás males que surgen de la gran buena fortuna aumentaron tras la destrucción de Cartago» (Historias 1.10).
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Legado
Salustio murió en torno a 35 a.C. Aunque muchos denuncian que sus obras muestran inexactitudes y prejuicios, su estilo de escritura y su perspectiva política influyeron tanto en los padres fundadores estadounidenses como en los políticos ingleses del siglo XVII. En Inglaterra, era la época de la agitación y la Revolución Gloriosa, mientras que en América era la época de la revolución, y ambos creían en un Gobierno similar al de la antigua República romana.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Donald ha enseñado Historia de la Antigüedad, de la Edad Media y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y, desde que estudió a Alejandro Magno, siempre ha sido y será un estudiante de historia. Le encanta transmitir conocimientos a sus alumnos.
Escrito por Donald L. Wasson, publicado el 19 octubre 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.