Enrique V de Inglaterra reinó de 1413 a 1422. Tras suceder a su padre Enrique IV de Inglaterra (que reinó de 1399 a 1413), el príncipe Enrique se estableció como uno de los mejores líderes militares en las batallas contra los rebeldes ingleses y galeses en la primera década del 1400. Como rey, Enrique consiguió una famosa victoria contra Francia en la batalla de Azincourt en octubre de 1415; luego capturó Normandía y París, e incluso fue nominado como heredero al trono francés. El espectacular reinado de Enrique tuvo un abrupto e inesperado final cuando murió, probablemente de disentería, en agosto de 1422, mientras estaba de campaña en Francia; le sucedió su hijo Enrique VI de Inglaterra (que reinó de 1422 a 1461 y de 1470 a 1471).
Familia y juventud
Enrique nació el 16 de septiembre de 1387 en el castillo de Monmouth; era hijo de Enrique IV de Inglaterra, el primer rey de la Casa de Lancaster, y de María de Bohun (nacida hacia 1369). El derrocamiento de Ricardo II de Inglaterra (que reinó de 1377 a 1399) por Enrique IV en 1399 (cuando aún era conocido como Enrique Bolingbroke) y el asesinato del exmonarca en el castillo de Pontefract en 1400 se volverían en contra de la Casa de Lancaster, pero, por ahora, el príncipe Enrique no tenía dudas sobre su papel en el mundo: que un día gobernaría Inglaterra y luego conquistaría Francia.
ENRIQUE QUERÍA ADOPTAR UN ENFOQUE MUCHO MÁS MILITARISTA CON EL GRAN RIVAL DE INGLATERRA, FRANCIA, Y CONTINUAR EL CONFLICTO INTERMITENTE DE LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS.
Enrique, con frecuencia llamado Enrique de Monmouth antes de su ascenso al trono, era un hombre muy devoto que desarrolló un estilo de vida ascético como rey, pero, en su juventud, era conocido por sus fiestas. El joven Enrique pasaba el tiempo en la corte de Ricardo (incluso cuando su padre fue exiliado) y también aprendió sobre las armas y el conflicto armado de su guardián, el aclamado caballero medieval sir Henry Percy «el Temerario» (1364-1403). De hecho, el príncipe aprendió demasiado bien del maestro, y cuando «el Temerario» se volvió contra el rey, fue asesinado en la batalla de Shrewsbury en julio de 1403, donde Enrique, entonces de 16 años, peleó con aplomo, aunque a cambio recibió una herida facial.
El príncipe Enrique lideró el ejército real que finalmente aplastó la rebelión en Gales liderada por Owain Glyn Dwr (nacido hacia 1359). Tal vez se sintió ofendido porque Owain se había autoproclamado el príncipe de Gales, título que como hijo mayor del rey; le correspondía legítimamente a Enrique. En 1409, la fortaleza rebelde en el castillo de Harlech fue capturada, y Owain Glyn Dwr se retiró a las montañas y nunca se volvió a saber de él. Luego, el príncipe lideró un ejército a Francia para aprovechar la anarquía que existía allí tras la caída en la locura del rey Carlos VI de Francia (que reinó entre 1380 y 1422), pero la expedición fracasó. Aun así, el príncipe estaba eclipsando a su padre y se produjo cierta fricción entre los dos, sobre todo porque el príncipe deseaba adoptar un enfoque mucho más militarista con su gran rival Francia y continuar el conflicto intermitente conocido en la historia como la guerra de los Cien Años (1337-1453).
Enrique IV murió debido a una enfermedad el 20 de marzo de 1413. La salud del rey se venía deteriorando desde 1406, y el príncipe Enrique ya había empezado a tomar algunas responsabilidades de rey. El 9 de abril de 1413, cuando tenía 25 años, lo coronaron como Enrique V en la abadía de Westminster durante una tormenta de nieve. El nuevo rey tomó sus responsabilidades seriamente y se alejó de todos sus viejos camaradas de juergas, prohibiéndoles que estuvieran al menos a 10 millas (16 kilómetros) de su presencia. También se hizo un corte de cabello inusual, pero este estilo era el de los soldados e indicaba que el rey hablaba en serio cuando le dijo a su padre moribundo que defendería su corona con la espada.
El rey necesitaría su espada más pronto de lo que pensó, cuando tuvo que lidiar con una conspiración para asesinarlo en 1415 que pasó a la historia como el «complot de Southampton». El plan era poner en el trono a Edmundo Mortimer, conde de March y tataranieto de Eduardo III de Inglaterra (que reinó de 1327 a 1377). Los conspiradores estaban liderados por sir Thomas Grey, Enrique, lord Scrope de Marsham y el conde de Cambridge, nieto de Eduardo III. Los tres fueron ejecutados en agosto de 1415 después de que Mortimer en persona le informara al rey sobre el complot.
Sin embargo, Enrique no era solo un rey guerrero y, durante su reinado, alentó el uso del idioma inglés en la documentación oficial y la literatura frente al dominio previo del idioma francés. Otra área de inquietud para el rey era la iglesia medieval y la herejía de los «lolardos». Estos herejes creían que se podía rezar en privado y, por lo tanto, la Iglesia como institución no tenía por qué ser el puente entre Dios y la humanidad. Además, uno de los exponentes de los lolardos, el teólogo John Wycliffe (hacia 1325-1384), pidió una redistribución de la riqueza de la Iglesia, una idea que tomaron los miembros de la peligrosa revuelta de los campesinos de 1381. Al perseguir a los lolardos, acabar con sus manifestaciones alborotadas en enero de 1414 e incluso encarcelar por herejía a su propio amigo, sir John Oldcastle, Enrique obtuvo así el apoyo completo de la Iglesia, un aliado indispensable a la hora de reunir el dinero necesario para sus campañas militares.
La guerra de los Cien Años
La guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia había empezado notablemente bien para los ingleses durante el reinado de Eduardo III. Con la ayuda de su hijo Eduardo, el príncipe negro (1330-1376), lograron grandes victorias en Crécy en 1346 y en Poitiers en 1356. Sin embargo, Carlos V de Francia, también conocido como Carlos el Sabio (que reinó de 1364 a 1380), recuperó la iniciativa y, para 1375, las únicas tierras que quedaban en Francia pertenecientes a la Corona inglesa eran Calais y una parte de Gascuña. Sin embargo, ahora, con la muerte de Carlos VI, la nobleza francesa estaba dividida y el país, en caos. Además, los arcos largos utilizados por los ejércitos ingleses seguían siendo el arma más devastadora jamás vista en los campos de batalla medievales. Enrique IV y su hijo no estaban de acuerdo sobre la política para con Francia y qué facción respaldar: aquellos dirigidos por el duque de Borgoña (los borgoñeses) o los partidarios del duque de Orleans (los armagnacs). Enrique V estaba ahora ansioso por cumplir su expedición fallida en Francia cuando era príncipe y por seguir un curso mucho más decisivo contra su viejo enemigo.
Con el apoyo del país, Enrique estaba listo para retomar el reclamo de que era también el rey legítimo de Francia.
Con los piratas franceses fuera de control en el canal de la Mancha y la posibilidad de obtener tierras y botines en caso de invadir una Francia tambaleante, la mayoría de los barones ingleses y el Parlamento estaban entusiasmados por ver algo de acción. Otro factor útil fue la estabilidad en las fronteras con Gales y Escocia. Para ganarse el apoyo de los indecisos, Enrique restituyó las propiedades de los lores que habían estado en contra de su padre y, en una muestra de conciliación por las ofensas del pasado, ordenó volver a enterrar el cuerpo de Ricardo II en la abadía de Westminster (de Kings Langley). Con el apoyo del país, Enrique estaba listo para retomar un reclamo iniciado por el bisabuelo de Enrique, Eduardo III, sobrino de Carlos IV de Francia (que reinó de 1322 a 1328): el rey inglés era también el rey legítimo de Francia. Incluso el escudo de armas real seguía mostrando los tres leones de Inglaterra y la flor de lis de Francia.
Para tener tiempo de reunir los fondos y el ejército necesarios, Enrique inició acciones diplomáticas con ambas facciones francesas en 1415. Nada salió de estas conversaciones, excepto que, según cuenta la historia, el hijo y heredero de Carlos VI, el delfín (otro Carlos), le envió al joven Enrique una caja llena de pelotas de tenis con una nota en la que le aconsejaba concentrarse en los deportes en lugar de en la guerra. Enrique demostró sus claras intenciones cuando invadió Normandía a mediados de agosto con un ejército de alrededor de 10.000 soldados y capturó el puerto de Harfleur tras un asedio extenuante de cinco semanas. Con el invierno muy cerca y su ejército reducido a unos 6.000 o 7.000 soldados debido a las batallas y a una ola de disentería, Enrique decidió replegarse a Calais y reagruparse.
Durante la primera parte de la invasión, los franceses no se habían quedado de brazos cruzados; el alguacil de Francia, Charles d’Albert, reunió un ejército de alrededor de 20.000 hombres para enfrentarse al enemigo y abrumarlos con sus números aplastantes. Los dos ejércitos se enfrentaron el día de san Crispín, el 25 de octubre de 1415, cerca de la aldea de Azincourt. El terreno estaba en un estado escandaloso para una batalla, y era como un campo de barro para ambos bandos. Los ingleses tenían armaduras más ligeras que su contraparte francesa, lo que terminó siendo muy útil debido a las condiciones del terreno. Sin embargo, una vez más, fue el arco largo el que determinó el destino de la batalla, ya que los arqueros ingleses le disparaban al enemigo desde tres frentes. Los caballeros franceses eran derribados de sus caballos y sus armaduras, perforadas por las poderosas flechas inglesas.
Las bajas francesas fueron increíbles: alrededor de 7.000 hombres frente a tal vez unos 500 hombres del lado inglés. Las cifras fueron muy altas para los franceses porque Enrique había ordenado la ejecución de los prisioneros cuando un contingente del enemigo los atacaba por la retaguardia por miedo a que la lucha empezara de nuevo. Entre las bajas francesas estaba casi toda la nobleza, incluidos varios duques y condes, una situación que significaba que Enrique encontraría poca resistencia durante un enfrentamiento a campo abierto. Una vez más, el rey había liderado a sus tropas desde el frente y ganado, incluso si había recibido un fuerte golpe en el casco (que ahora cuelga sobre su tumba en la abadía de Westminster). El duque de Orleans fue capturado en Azincourt y luego encerrado en la Torre de Londres para el inicio de sus 25 años de confinamiento en Inglaterra.
Entre 1417 y 1419, Enrique conquistó Normandía mediante una guerra de asedio persistente en ciudades y fortificaciones de importancia estratégica. Caen, por ejemplo, fue tomada en 1417 tras un asedio donde no hubo tregua para ningún lado. Enrique les prohibió a sus hombres que saquearan las ciudades, pero, a pesar de que una vez mandó ahorcar a un arquero por robar una cajita de una iglesia, esto siempre era difícil de cumplir. El rey capturó Ruan, la capital normanda, en enero de 1419 tras un asedio en el que se utilizó la artillería del rey, y un Enrique despiadado ordenó tirar animales muertos en los pozos, lo que terminó causando tantas enfermedades en la ciudad que esta se vio obligada a rendirse. En consecuencia, Normandía estaba ahora bajo el control de Enrique, y las tierras se dividieron entre sus seguidores leales.
A fines de 1419, Enrique se concentró en París. Los partidarios del duque de Borgoña, después de que el padre del conde fuera asesinado por un rival francés, respaldaron el reclamo de Enrique de gobernar tanto Inglaterra como Francia. Este acuerdo se consolidó en mayo de 1420 con el tratado de Troyes. De acuerdo con dicho tratado, Enrique sería proclamado rey de Francia tras la muerte de Carlos VI. El nuevo régimen quedaría vinculado al antiguo a través del matrimonio del rey inglés con la hija de Carlos, Catalina de Valois (que vivió entre 1401 y 1437). Por último, Enrique tuvo que prometer que continuaría peleando contra el enemigo principal de Borgoña: el ahora desheredado Carlos, el delfín.
EL 2 de junio de 1420, en la catedral de Troyes, Enrique V se casó con Catalina, y la guerra contra el delfín continuó. Enrique estaba en la cúspide de su poder y era el gobernante más poderoso de la Europa occidental. En 1421, la pareja monárquica regresó a Inglaterra, donde fueron recibidos con un espectáculo ostentoso y coros en las calles de Londres, y Catalina tuvo su ceremonia de coronación.
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El 6 de diciembre de 1421, en el castillo de Windsor nació el único hijo del rey, otro Enrique. Sin embargo, la fortuna ya estaba cambiando para el rey inglés. En marzo de 1421, los ingleses perdieron la batalla de Baugé y el propio hermano del rey, Thomas, duque de Clarence, murió. Enrique regresó a Francia para continuar la guerra, así que no estuvo presente en el nacimiento de su hijo ni lo conoció jamás. Disfrutó de un último triunfo el 11 de mayo de 1422 cuando capturó Meaux tras ocho meses de asedio. La carrera de Enrique había sido brillante, pero también sería breve.
El 31 de agosto de 1422, Enrique murió probablemente de disentería (aunque tal vez haya sido cáncer de intestino) a los 35 años en Bois de Vincennes, Francia. Había perdido la oportunidad de convertirse en rey de Francia por menos de dos meses, ya que Carlos VI murió el 21 de octubre de 1422. El cuerpo de Enrique fue devuelto a Inglaterra y enterrado en la abadía de Westminster; lo sucedió su hijo, que todavía era un niño, a quien coronaron como Enrique VI en noviembre de 1429, también en la abadía de Westminster. Su padre ya había nombrado a los regentes del bebé: Humphrey, duque de Gloucester (que vivió de 1390 a 1447) sería su regente en Inglaterra y Juan, duque de Bedford (que vivió de 1389 a 1435), en Francia, ambos hermanos de Enrique V.
El reinado de Enrique VI resultó ser largo a pesar de una interrupción durante la década de 1460, pero no pudo detener un gran renacimiento francés que incluyó los esfuerzos heroicos de Juana de Arco (hacia 1412-1431) y la coronación del delfín como el rey Carlos VII de Francia (que reinó entre 1422 y 1461). Enrique había seguido reclamando el trono francés y, con el tiempo, lo coronaron como tal en la catedral de Notre-Dame en diciembre de 1431, aunque aquellos leales a Carlos VII disputaron su derecho a hacerlo. Enrique VI, que sufría de ataques de locura, terminó mal: lo asesinaron en la Torre de Londres en mayo de 1471 durante la batalla de las casas de Lancaster y York por el trono de Inglaterra que más tarde se conoció como la guerra de las Rosas (1455-1487).
El legado de Enrique V tal vez se había desmoronado más rápido de lo que esperaba, pero al menos pasó a la historia como uno de los grandes reyes de Inglaterra, un punto de vista que se benefició enormemente del tratamiento heroico que le dio William Shakespeare (1564-1616) en su obra Enrique V (1599), que contiene las siguientes líneas conmovedoras que Enrique le dijo a su ejército antes de la batalla de Azincourt:
Y Crispín Crispiniano nunca pasará,
desde hoy hasta que se acabe el mundo,
sin que en este seamos recordados
pocos, pocos y felices, nosotros, una banda de hermanos;
porque aquel que hoy derrame su sangre conmigo
será mi hermano; aunque fuese vil,
en este día su condición se hará noble:
Y los caballeros que permanecen en su lecho en Inglaterra
se considerarán malditos por no haber estado aquí,
y su hombría será humillada cuando alguno
que haya luchado con nosotros el día de San Crispín hable.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 31 enero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.