De Officiis

Definición

João Dickmann
por , traducido por Edilsa Sofia Monterrey
Publicado el 20 febrero 2019
Disponible en otros idiomas: inglés
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Cicero's De Officiis (by Henrykus, Public Domain)
Ejemplar del «De Officiis» de Cicerón
Henrykus (Public Domain)

De Officiis (De los deberes) es un tratado escrito por Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), estadista y orador romano, en forma de carta dirigida a su hijo; lo escribió en el año 44 a.C., justo después de la muerte de Julio César. Fuertemente influido por el estoicismo, el De Officiis está dividido en tres libros que reflejan el punto de vista del autor sobre cómo vivir una buena vida. Los dos primeros libros están basados en las enseñanzas del filósofo estoico Panecio de Rodas: en el Libro I, el autor analiza el honor y su fundamento, mientras que en el Libro II indaga lo que es útil y lo contrapone a lo que es beneficio propio. En el Libro III vincula el honor con lo útil y explora cuál de estos debería prevalecer.

Marco Tulio Cicerón

Cicerón fue un estadista y hombre político romano, nacido en el año 106 a.C., un miembro de la baja aristocracia llamada ordo equester, es decir, la clase ecuestre o los équites. Estudió en Atenas y en la isla de Rodas, de donde probablemente adoptó su inspiración estoica. Pasó a ser cuestor a la edad mínima en el año 75 a.C., edil en el 69 a.C., pretor en el 66 a.C. y finalmente cónsul en el 63 a.C.

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EL DE OFFICIIS ESTÁ DIVIDIDO EN TRES LIBROS QUE REFLEJAN EL PUNTO DE VISTA DEL AUTOR SOBRE CÓMO VIVIR UNA BUENA VIDA.

Probablemente, la cumbre de su carrera política fue su actuación al enfrentar la conjuración de Catilina cuando el Senado romano le otorgó poderes de emergencia, dándole después el título de pater patriae por haber salvado la República romana. Más tarde, Cicerón, en sus funciones como procónsul de Cilicia, fue uno de los principales partícipes en la política romana, apoyando a Pompeyo. Después de los idus de marzo, Cicerón volvió a Roma para defender la República contra Marco Antonio. En el año 43 a.C., mientras huía de Italia, Cicerón fue asesinado por orden de Marco Antonio.

Durante su vida y su carrera política, Cicerón escribió muchos tratados sobre diferentes temas. Al ser un orador exquisito, sus textos más famosos son las copias escritas de sus discursos. Algunos de estos fueron hechos en defensa de una figura pública ante una corte de justicia, como Pro Milone (el discurso en defensa de Tito Anio Milón), por ejemplo; mientras que otros acusaban a sus rivales políticos. Sin embargo, Cicerón también escribió algunas obras filosóficas importantes y entre las más famosas están De Re Publica (De la cosa pública), De Natura Deorum (Sobre la naturaleza de los dioses), De Legibus (De las leyes) y De Officiis (De los deberes).

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Libro I: El honor

El libro primero del De Officiis se centra en torno al honor y a los cuatro fundamentos principales que lo crean. Cicerón plantea el primer pilar del honor, la búsqueda de la verdad, en el sentido más metafísico de la existencia humana. Aunque la razón juega un papel importante en su argumento, examina la acción humana basada en la curiosidad. La búsqueda de la verdad es una propiedad muy singular de nuestra especie y el autor la reconoce como una de las principales fuerzas motrices que le dan significado a la vida social mientras afirma que: «el conocimiento de la verdad, es la [parte] que principalmente conviene a la naturaleza humana…» [1] (trad. B. Estrada Morán; Libro I, VI-1).

Sin embargo, Cicerón sostiene que esta búsqueda de la verdad tiene que tener alguna utilidad para el bien común y para la República. Estipula que el buen conocimiento es conocimiento útil, tal como la astronomía, la dialéctica, las leyes y las matemáticas. Según Cicerón, el conocimiento adquirido por medio del trabajo académico solamente puede ser elogiado como virtuoso si la teoría tuviera que ser aplicada en el ejercicio de un cargo público:

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…artes todas que se ocupan de la investigación de la verdad, siendo contra el deber apartarse, por el afán de ésta, de lo que tiene que hacerse. Porque todo mérito de la virtud consiste en la acción, la que, sin embargo, se abandona a menudo, sacrificando así demasiado en aras del estudio.

Cicerón, De Officiis. (Traducción de B. Estrada Morán; Libro I, VI-2; página 38/307)[2]

Como los humanos son seres sociales por naturaleza, el mantenimiento de las relaciones sociales es clave para el desarrollo pacífico y por consiguiente constituye el segundo pilar del honor. En una sociedad civilizada, hay dos virtudes principales que son fundamentales para alcanzar la felicidad: la justicia y la generosidad. Cicerón presenta una definición muy clara de la justicia: «El primer deber de la justicia consiste en que nadie haga daño a otro […] y después, en que cada quien use de las cosas comunes como tales…» [3] (trad. B. Estrada Morán; Libro I, VII-1).

Cicerón menciona el término fides, que aquí equivale a lealtad, como el propulsor principal de la justicia. Después critica a los senadores de su tiempo por haber perdido este rasgo virtuoso, especialmente Julio César, dando como ejemplo la conquista de Massalia, una colonia griega que era una antigua aliada de la República romana. El autor va más allá y enuncia que la razón principal de la incesante guerra civil era que los rasgos como el miedo y la codicia habían prevalecido sobre fides.

Cicero
Busto de Cicerón
Mary Harrsch (Photographed at the Capitoline Museum) (CC BY-NC-SA)

Para que la justicia prevalezca, la generosidad también tiene que jugar su papel en la ecuación. La compartición y la caridad son importantes en el desarrollo de la República. Sin embargo, la generosidad no puede exceder nuestros propios medios ni tampoco puede como consecuencia hacerles daño a otros. Mientras se es generoso, el primer objetivo a tener en mente debería ser el bienestar y la prosperidad de la República. Después, el autor pasa a criticar a César por no haber practicado la generosidad virtuosa sino que utilizó su dinero para sobornar a senadores y para comprar la lealtad de las clases bajas.

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El tercer pilar del honor, según Cicerón, es la fortaleza o grandeza del alma. Principalmente se asocia a la vida política y a los logros militares. Sin embargo, el objetivo de una conquista militar no debería ser buscar la gloria personal. La gloria debería venir como una recompensa por haber servido al propio país. Cicerón también asevera que uno debería llegar al estado de apatía, esto es, la eliminación total de las pasiones tales como el deseo, el miedo, el placer y la tristeza. Manifiesta que la peor pasión es la ira y que uno siempre debe tener un nivel moderado de clementia, es decir, tener piedad de nuestros enemigos.

Nos revela que el cuarto y último bastión del honor es el decorum. En la vida surgirán elecciones difíciles y dilemas; en estas situaciones, el decoro tiene que jugar su parte para guiar al individuo a que tome una decisión racional y honorable. Cicerón incluye lo decoroso en todos los pilares precedentes puesto que se manifiesta pasivamente en las acciones racionales: «Porque existe y se reconoce en toda virtud algo que es decoroso, lo cual puede ser separado de la virtud más por el pensamiento que realmente.» [4] (trad. B. Estrada Morán; Libro I, XXVII-3).

Libro II: Lo útil

En el libro segundo, Cicerón aborda los métodos para obtener y mantener el poder. Sin embargo, deja claro que considera que el libro primero es más importante.

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Pienso, hijo Marco, que ha sido explicado suficientemente, en el libro anterior, de qué manera los deberes se derivan de la honestidad y de toda clase de virtud. Es necesario, ahora, que trate de indagar esas especies de deberes que corresponden a la conveniencia de la vida, a la provisión de las cosas de que se sirven los hombres, a las riquezas y a los bienes de fortuna…[5]

Cicerón, De Officiis. (Traducción de B. Estrada Morán; Libro II, I-1; página 141/307).

En el libro segundo, Cicerón explora lo útil, definiéndolo como todo lo que puede ser utilizado como un medio para conseguir un fin. No obstante, uno siempre debería asociar lo que es útil con aquello que es honorable porque todo lo que es honorable siempre debería ser útil y viceversa.

Luego, Cicerón pone énfasis en la utilidad de las cosas físicas ordinarias que nos rodean y concluye que las cosas que producimos los humanos solo tienen valor debido a las relaciones humanas. Por ejemplo, si la sociedad no existiera, el oro no tendría absolutamente ningún valor. Las cosas más útiles para la humanidad son las propias personas y sus actos.

CICERÓN CONCLUYE QUE EL FIN NUNCA DEBE JUSTIFICAR LOS MEDIOS.

El autor sostiene que es mejor que un líder sea amado a que sea temido (más tarde Maquiavelo afirmó todo lo contrario en su obra El príncipe), pero nunca odiado. Según Cicerón, cuando el miedo existe en el entorno político (el tirano vive con miedo del pueblo y el pueblo le tiene miedo al tirano), no puede haber estabilidad ni progreso porque las relaciones sociales están comprometidas. Por otra parte, aunque la generosidad sea algo que promueve los lazos sociales, un proyecto político no puede basarse solamente en ella. La generosidad usa incentivos que tarde o temprano se agotan y entonces, como consecuencia, la inestabilidad social resurgirá. Por consiguiente, uno debería parecer generoso, pero manteniendo los fondos bajo control.

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Para tener éxito en la política, uno tiene que ganarse la confianza de la gente demostrando inteligencia. La gente necesita un líder con sentido común, que pueda decidir por toda la comunidad. Cicerón no sólo afirma que los hombres de Estado más exitosos son aquellos que adquieren la admiración a través de la virtud de la fortaleza, sino que también afirma que el camino para ser un hombre feliz y respetable es seguir una carrera política con virtud y honor.

Libro III: El honor frente a lo útil

En el libro tercero, Cicerón le explica a su hijo que la vida política debería prevalecer, la mayor parte del tiempo, sobre otras opciones. Esto se debe a que la vida política es la más virtuosa si se sigue bien. Sin embargo, el tiempo dedicado a la contemplación y al ocio no siempre es malo, siempre y cuando uno regrese al servicio público. El autor da el ejemplo de Publio Escipión el Africano quien decidió retirarse de su carrera política no por necesidad, sino por decisión personal. Como Escipión, Marco (el hijo de Cicerón) debería considerar sus estudios en Atenas no como un tiempo de ocio, sino como una oportunidad para adquirir conocimientos.

Cicero Denounces Catiline
«Cicerón denuncia a Catilina» fresco de C. Maccari
Cesare Macari (Public Domain)

Luego, el autor indaga haciendo un análisis comparativo entre la conveniencia y la rectitud moral, lo cual claramente es una batalla entre el honor y lo útil. Después de presentar muchos ejemplos de dilemas morales, el autor concluye que el fin nunca debe justificar los medios, como puede verse en el caso de Temístocles:

…Temístocles le dijo que la flota de los lacedemonios, que se había retirado a Giteo, podía ser incendiada ocultamente […]. De este modo, los atenienses ni siquiera consideraron útil lo que no fuera honesto, y desecharon […] toda aquella empresa...

Cicerón, De Officiis. (Traducción de B. Estrada Morán; Libro III, XI-4)[6]

Después de presentarle este ejemplo a su hijo, Cicerón concluye:

Quede, pues, entendido que nunca es útil lo que es malo, ni siquiera en el caso de que consigas lo que piensas ser útil…

Cicerón, De Officiis. (Traducción de B. Estrada Morán; Libro III, XII-1)[7]

Legado

La obra de Cicerón dejó un legado duradero que prevalece todavía hoy. Sus obras no sólo son analizadas como una fuente de conocimiento filosófico, sino que también constituyen una cápsula de tiempo para los historiadores en el estudio de la construcción social de la antigua República romana. Posteriormente, muchos filósofos políticos citaron a Cicerón en sus obras y lo estudiaron como una fuente para sus teorías políticas. Entre estos filósofos se encuentran san Agustín, santo Tomás de Aquino, Maquiavelo, Petrarca, Erasmo de Róterdam, John Locke y Voltaire. Los puntos de vista de Cicerón sobre el patriotismo, los valores morales y las virtudes, así como la estrategia política, todavía se reflejan en la filosofía moderna occidental, lo mismo que en conceptos tales como la ciudadanía moderna.

****

[1] Cicerón, Marco Tulio. De Officiis – De los Deberes. Versión española y notas por Baldomero Estrada Morán; introducción de Antonio Gómez Robledo; Ciudad de México, Universidad Autónoma de México (1948), Libro I, VI-1; página 39/307. https://archive.org/details/ciceron-marco-tulio.-de-los-deberes-de-officiis-bilingue-1948/mode/2up. Consultado el 03 de noviembre de 2023.

[2] Ibid., Libro I, VI-2; página 38/307.

[3] Ibid., Libro I, VII-1; página 40/307.

[4] Ibid., Libro I, XXVII-3; página 93/307.

[5] Ibid., Libro II, I-1; página 141/307.

[6] Ibid., Libro III, XI-4; página 239/307.

[7] Ibid., Libro III, XII-1, página 239/307.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Edilsa Sofia Monterrey
Edilsa Sofía es una antigua diplomática y educadora, especialmente interesada en las Artes y los asuntos culturales. Además de otros grados, tiene una maestría en traducción literaria.

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Dickmann, J. (2019, febrero 20). De Officiis [De Officiis]. (E. S. Monterrey, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-17934/de-officiis/

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Dickmann, João. "De Officiis." Traducido por Edilsa Sofia Monterrey. World History Encyclopedia. Última modificación febrero 20, 2019. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-17934/de-officiis/.

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Dickmann, João. "De Officiis." Traducido por Edilsa Sofia Monterrey. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 20 feb 2019. Web. 25 may 2024.

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