Luoyang (también conocida como Loyang) fue la capital de numerosas dinastías chinas de la Antigüedad, un estatus que solía alternar con Chang'an, normalmente cada vez que se producía un cambio de dinastía. Situada en la provincia de Henan, en la parte oriental de la llanura central de China, la ciudad destacaba por sus magníficos edificios, sus parques de recreo y su cultura literaria, especialmente en lo que respecta a los estudios confucianos.
Capital intermitente
La ciudad de Luoyang se encuentra en la confluencia de los ríos Luo e Yi, en la provincia de Henan, en el centro-este de China. Por lo tanto, Luoyang gozaba de una ubicación perfecta para controlar el transporte terrestre y fluvial en toda la región, un hecho importante si se tiene en cuenta que los impuestos recaudados en todo el imperio chino solían ser en forma de cereales. En consecuencia, Luoyang siempre fue una ciudad importante a lo largo de la historia de China, pero brilló especialmente cuando se convirtió en capital de la dinastía Zhou Oriental (770-255 a.C.), volvió a ser capital durante la última etapa de la dinastía Han (206 a.C. - 220 d.C.) y fue sede del gobierno de los Wei del Norte (386-535). Luoyang fue una de las tres capitales oficiales durante la breve dinastía Sui (581-618), floreció como la segunda ciudad y capital oriental de la dinastía Tang (618-907), e incluso fue brevemente la capital de la nueva y, en última instancia, fallida dinastía Zhou, proclamada por la emperatriz Wu Zetian en el año 690.
La ciudad prosperó durante la dinastía Tang y llegó a contar con una población de alrededor de dos millones de habitantes.
A menudo Luoyang compitió por ser la capital de China con Chang'an, situada más al oeste, aunque esta última gozaba quizá de una mejor ubicación estratégica para gobernar un territorio chino más extenso. Por el contrario, la larga historia de Luoyang le confería ventaja en términos de prestigio, gracias a su mayor tradición cultural, especialmente en la literatura confuciana, y a su pertenencia a una región más poderosa desde el punto de vista económico.
Trazado y arquitectura
Luoyang era más pequeña que Chang'an, pero tenía una mayor densidad de población, con más de medio millón de habitantes en el periodo Han. Esta población estaba compuesta no solo por lugareños, sino también por trabajadores, artesanos y funcionarios procedentes de todo el Imperio chino y de las regiones fronterizas. La ciudad abarcaba una superficie rectangular rodeada de altas murallas, que contaba con doce puertas de acceso. En general, los edificios eran más sencillos que los de Chang'an, y la ciudad presentaba un trazado más regular, lo que reflejaba una vez más la importancia del pensamiento confuciano en Luoyang y el consiguiente rechazo hacia los edificios ostentosos o las irregularidades. Especialmente tras el traslado de la capital hacia el año 23 d.C., el emperador Han y el Gobierno se esforzaron por diferenciar Luoyang de la capital de sus predecesores durante los períodos Qin y Han anterior. La ciudad debía marcar un nuevo comienzo, al igual que había ocurrido con el traslado de Chang'an a Luoyang, que había marcado la división entre las dinastías Zhou Occidental y Oriental ocho siglos antes. De manera similar, la elección de Luoyang por parte de los Wei del Norte a partir del año 494 tendría motivos políticos e indicaba su entusiasta aceptación de todo lo chino. En consecuencia, Luoyang resultaría ser un símbolo útil para varios regímenes y la nueva capital Han se planificó como tal por una razón más, tal y como explica aquí el historiador M. E. Lewis:
Una segunda consecuencia directa de este énfasis en la capital como creación política es la insistencia en su artificialidad. Las murallas, las puertas y la trama de calles marcaban la imposición del diseño humano sobre el mundo natural. Representaban la jerarquía y el control sobre una población en potencia rebelde. Este artificio también se manifestaba en los ámbitos de la moda y el gusto, para los que el gobernante y su corte debían ser las fuentes y los modelos por excelencia. (100)
A partir del siglo VII, bajo el reinado de los emperadores Tang, Luoyang se hizo aún más grandiosa. Ya no había ningún reparo en dotar a la ciudad de los edificios más bellos y grandiosos posibles. En su apogeo, la ciudad llegaría a contar con una población de alrededor de dos millones de personas. Al igual que otras ciudades chinas, Luoyang estaba compuesta de distritos diferenciados reservados para fines específicos, todos ellos dispuestos en un trazado cuadriculado separado por calles y avenidas.
Había dos palacios reales, cada uno rodeado por sus propias murallas y ambos alineados con precisión en un eje norte-sur, zonas residenciales, talleres de artesanos y diversos mercados. Contaba con una gran armería, el granero estatal, varios altares, una sala de rituales, edificios gubernamentales, las caballerizas imperiales, la Gran Academia de las Artes, una biblioteca con 370.000 pergaminos, museos de grandes obras de arte y una guarnición del ejército imperial. Había templos y monasterios budistas, sinagogas y mezquitas; tal era la diversidad cultural de una de las ciudades más grandiosas del mundo en aquella época. La siguiente descripción de los jardines de recreo de la ciudad, realizada por el historiador E. F. Fenollosa, capta el esplendor de la ciudad:
Los grandes jardines públicos y los museos le proporcionaban esparcimiento a la población. Los jardines privados de los palacios se alzaban sobre imponentes terrazas amuralladas, coronadas por pabellones, que disfrutaban de amplias vistas sobre lagos y bahías, o se hundían en frescos y sombreados pozos donde los ciruelos extendían sus ramas escamosas con forma de dragones, y los pinos centenarios se habían podado para que se retorcieran como serpientes a través de los intersticios de la piedra desgastada por el agua. Grandes jarras de cerámica de pasta dura recubiertas de esmaltes cremosos, y azulejos de tonos más intensos, probablemente púrpura y amarillo… aportaban brillo a la arquitectura paisajística. Los pabellones se alzaban sobre cimientos de granito y mármol en hileras sucesivas como un arcoíris: grandes salones de banquetes, toldos de seda azul y pesadas cortinas bordadas con hilo dorado que contribuían tanto a la noble frescura como a las transiciones estéticas. (164)
Luoyang, una ciudad verdaderamente cosmopolita, contaba con mercados que ofrecían productos exóticos procedentes de todo el Imperio chino, Japón y Asia Central, traídos a través de la Ruta de la Seda y de barcos que surcaban el océano Índico y el golfo Pérsico. Cada mercado tenía una torre desde la que el jefe del mercado y sus 36 empleados podían supervisar lo que ocurría; los mercados estaban estrictamente regulados en cuanto a la calidad de los productos que se ofrecían, sus precios estaban estandarizados y se llevaban registros de todas las transacciones. Había mercados distintos para la venta de caballos, uno para el oro y una gran plaza polivalente al sur, fuera de las murallas de la ciudad.
Destrucción
Al igual que otras ciudades importantes, Luoyang sufrió su buena dosis de destrucción, sobre todo cuando se producía un cambio de dinastía, momento en el que arrasar la capital de los predecesores parecía haberse convertido en una tradición. Un saqueo notable fue el perpetrado por el señor de la guerra Dong Zhuo, hacia el año 189 d.C., quien arrasó los edificios de madera de la ciudad. El célebre poeta del siglo III d.C., Cao Zhi, cantaría las virtudes perdidas de la ciudad de la dinastía Han, que se imaginó a sí mismo como un habitante de regreso a su antigua capital, ahora en ruinas:
Subiendo a la cresta del monte Beimang
Desde lejos contemplo Luoyang.
¡Luoyang, qué solitaria y silenciosa!
Palacios y casas, reducidos a cenizas.
Muros y vallas, todos rotos y con huecos.
Espinas y zarzas que se alzan hacia el cielo.
No veo a los ancianos;
solo veo a los jóvenes.
Me desvío, no hay ningún camino recto por el que caminar.
Campos abandonados, que ya no se aran.
He estado fuera tanto tiempo
que ya no reconozco los caminos.
En medio de los campos, cuán triste y desolado.
Mil millas sin humo de chimenea.
Pensando en la casa en la que viví todos esos años.
Mis emociones se entremezclan, no puedo hablar.
(Lewis, 101)
Durante la caída del Estado de los Wei del Norte, la ciudad fue saqueada de nuevo, esta vez por hordas nómadas de la estepa en el año 528, momento en el que gran parte de la élite de la corte fue ejecutada. Estos ataques y otros similares, sobre todo en las últimas décadas turbulentas de la dinastía Tang, aunados al predominio de la madera, las tejas y el barro seco en la arquitectura china antigua, han hecho que hoy en día quede muy poco, salvo los cimientos con los que los arqueólogos e historiadores pueden intentar reconstruir el esplendor perdido de una de las ciudades más grandiosas de la antigua Asia.
Editora de español para WHE. Con una licenciatura en Filología Inglesa y un máster en Traducción, trabaja traduciendo de inglés y francés a español con especialización en historia, belleza, subtitulación y juegos. Su interés gira principalmente en torno a la antigua Grecia, Mesopotamia y Egipto.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentran el arte, la arquitectura y el descubrimiento de ideas que se extienden a todas las civilizaciones.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 20 octubre 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.