Batalla del Gránico

Donald L. Wasson
por , traducido por Jorge A. Vergara
publicado el
Translations
Versión en audio Imprimir PDF
Battle of the Granicus (by Hohum, Public Domain)
Batalla del Gránico Hohum (Public Domain)

En mayo de 334 a.C., la batalla del Gránico fue la primera gran victoria de Alejandro Magno (356-323 a.C.) contra las fuerzas del Imperio aqueménida. Alejandro había cruzado el Helesponto con sus fuerzas combinadas de macedonios y griegos, y puso pie en las costas de Anatolia. Su objetivo era sencillo: derrotar a Darío III (que reinó de 336-330 a.C.) y conquistar el vasto Imperio persa. Ese mismo mes tuvo su primera oportunidad al enfrentarse a los persas en las orillas del río Gránico. Tras esta victoria sobre sus sátrapas, se mediría con Darío en dos ocasiones más: en la batalla de Issos y, posteriormente, en la batalla de Gaugamela.

Preludio

Tras la muerte de su padre, Filipo II de Macedonia (que reinó de 359-336 a.C.), Alejandro puso la mira en el imperio persa, buscando venganza por la invasión de su tierra natal durante las guerras médicas, llevada a cabo por Darío I y Jerjes, o al menos eso afirmaba. Una vez que logró estabilizar las tensiones entre las distintas ciudades-Estado griegas, cruzó el Helesponto y recorrió la costa norte de Anatolia (la actual Turquía), evitando las cordilleras de las tierras altas del norte hasta llegar al sitio de la antigua Troya. Los persas sabían poco de él, y el rey Darío no mostraba gran interés en enfrentarse directamente con Alejandro, confiando, en cambio, en su comandante de confianza, Memnón, y en los gobernadores locales (o sátrapas) para contener al joven aspirante. Además, el recién nombrado monarca estaba más preocupado por posibles rebeliones y disturbios entre sus sátrapas locales.

Eliminar publicidad
Publicidad

En Vida de Alejandro Magno, el historiador Plutarco relata el viaje de Alejandro a Troya, donde rindió homenaje al héroe de Homero, Aquiles. Plutarco escribió:

Cruzó el Helesponto y, en Troya, ofreció un sacrificio a Minerva, honrando la memoria de los héroes allí sepultados con solemnes libaciones, en especial a Aquiles, cuya piedra sepulcral ungió. Luego, junto a sus compañeros, según la antigua costumbre, corrió desnudo alrededor de su tumba y la coronó con guirnaldas, declarando cuán afortunado se consideraba por haber tenido, en vida, un amigo tan leal y, tras su muerte, un poeta tan célebre que inmortalizara sus hazañas.

Mientras Alejandro y sus hombres se encontraban en Troya, los persas convocaron un consejo de sátrapas locales para discutir la llegada del joven macedonio y las posibles estrategias para enfrentarlo. Memnón, un mercenario griego de alto rango leal a Darío, propuso aplicar una política de tierra quemada, que consistía en destruir cultivos, granjas y aldeas, privando así a Alejandro de cualquier provisión. Los sátrapas locales rechazaron la idea, en parte porque Memnón era griego y también porque no querían que sus tierras resultaran dañadas. Por supuesto, consideraban que la guerra persa era superior a las tácticas de los invasores griegos. El consejo decidió colocar a los macedonios a la defensiva, reuniendo sus fuerzas combinadas y esperándolos en el río Gránico. El Gránico tenía aproximadamente 18 metros (60 pies) de ancho, con una corriente rápida y riberas empinadas, lo que ellos consideraban que les confería ventaja.

Eliminar publicidad
Publicidad
La batalla comenzó por la tarde, pero duró apenas una hora.

Tras recibir noticias de sus exploradores sobre la ubicación de los persas en el Gránico, Alejandro avanzó hacia el río, consciente de que debía derrotarlos para obtener los recursos necesarios y continuar con su misión de conquistar Persia. Cuando las fuerzas macedonias se aproximaban al río, Parmenión, uno de los generales más leales de Alejandro y comandante de su flanco izquierdo, le aconsejó esperar hasta la mañana antes de atacar. Alejandro respondió, según Plutarco, que «sería una deshonra para el Helesponto temer al Gránico». El historiador Arriano relató este encuentro señalando que Alejandro comprendió que los persas no le temían porque no lo conocían. Alejandro rechazó la propuesta de Parmenión; la batalla comenzó esa misma tarde y duró apenas una hora. Aunque las cifras varían según las fuentes antiguas, los relatos modernos estiman que los persas contaban con 10.000 unidades de caballería y 5.000 mercenarios griegos de infantería, mientras que las fuerzas de Alejandro sumaban 5.000 de caballería y 13.000 de infantería.

La batalla

Una situación única y problemática para los persas fue la posición de su caballería en las orillas del Gránico, con la infantería mercenaria griega, 5.000 hombres, situada detrás de ellos. Algunos historiadores consideran que esta disposición les costó la batalla a los persas. La caballería persa no podía avanzar debido a las riberas del río ni retroceder por la posición de la infantería. Además, el arma característica de los persas, el carro con hoces, resultó casi inútil en la orilla fangosa del río. ¿Se trató de un error táctico o de pura arrogancia? Sumado a la falta de un liderazgo efectivo, aparte de Memnón, la batalla estaba perdida antes de comenzar.

Eliminar publicidad
Publicidad

Alexander the Great in Combat
Alejandro Magno en combate Warner Brothers (Copyright, fair use)

Según Arriano y otras fuentes, Alejandro se hacía extremadamente visible tanto por el «brillo de sus armas» como por la «actitud respetuosa de sus oficiales». También llamaba la atención por la gran pluma blanca de su casco. Esta notoriedad no pasó desapercibida para los persas, cuyo principal objetivo se convirtió en matar a Alejandro.

Por un breve instante, ambos ejércitos permanecieron en silencio frente a frente. Alejandro había dispuesto sus fuerzas en la margen occidental del río; Parmenión comandaba el flanco izquierdo, mientras que Alejandro, acompañado de sus ocho guardias personales, su caballería de Compañeros y tropas ligeras, se ubicaba en el extremo derecho. En el centro de la tradicional falange se encontraban la caballería tesalia y tropas ligeras adicionales. Alejandro tomó la iniciativa, enviando desde el centro a la caballería de Compañeros, lanceros y tropas ligeras a cruzar el río primero. Los persas respondieron con una lluvia de flechas y jabalinas, intentando atacar a los macedonios en el agua, donde el terreno era resbaladizo y dificultoso. Memnón mismo lideraba el centro persa. A medida que más persas se sumaban al ataque contra el centro macedonio, la atención se desviaba de Alejandro. Aunque causaban daños considerables al centro atacante, las armas persas no eran comparables con las macedonias: jabalinas ligeras frente a lanzas de 4,5 metros (15 pies).

En medio del sonido de las trompetas, Alejandro y sus hombres se lanzaron al agua y ascendieron en diagonal por la orilla opuesta. Arriano escribió:

Eliminar publicidad
Publicidad

Él mismo lideró el ala derecha al son de las trompetas, mientras los hombres alzaban el grito de guerra a Enialio. Entró en el vado, manteniendo la línea siempre extendida en oblicuo en la dirección en que la corriente se desviaba, de modo que los persas no lo atacaran mientras emergía del agua con sus hombres en columna, sino que pudiera, en la medida de lo posible, enfrentarlos con una línea amplia.

Al llegar a la orilla opuesta del río, el combate se convirtió en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Aunque sufrió varias bajas, Alejandro empezó a tomar ventaja, y muchos persas comenzaron a retirarse. Sin embargo, durante toda la batalla, la infantería mercenaria griega permaneció en su posición sin moverse.

Map of the Battle of the Granicus
Mapa de la batalla del Gránico US Military Academy (Public Domain)

Al salir de las aguas del Gránico, Alejandro vio a Mitrídates, yerno de Darío, cabalgando con un escuadrón de caballería separado de las fuerzas persas principales. Alejandro atacó, hiriendo a Mitrídates en el rostro. Resaces, un comandante sátrapa persa, advirtió el ataque y alzó su espada contra Alejandro, arrancándole parte de la pluma y dañando su casco. Alejandro lo atravesó rápidamente con su lanza. Espitrídates, otro comandante persa, levantó su arma para atacar a Alejandro, pero Clito el Negro lo sorprendió primero, cortándole el brazo y salvando la vida de Alejandro. Con la pérdida de varios de sus líderes, los persas se desorganizaron y, con la moral destruida, se retiraron.

Mientras los persas retrocedían, Alejandro, en lugar de perseguirlos en retirada, volvió su atención hacia los mercenarios griegos, quienes, a su vez, suplicaron clemencia. Parmenión, junto con los tesalios, rodeó por la izquierda a los griegos, mientras Alejandro y sus Compañeros se posicionaron a la derecha. Plutarco relató este encuentro diciendo:

Eliminar publicidad
Publicidad

Los mercenarios griegos, que, al atrincherarse sobre un terreno elevado, solicitaron clemencia, la cual Alejandro, guiado más por la pasión que por el juicio, se negó a conceder y cargó él mismo primero, mataron a su caballo (no Bucéfalo). Y esta obstinación suya de eliminar a estos hombres experimentados y desesperados le costó la vida a más de sus propios soldados que toda la batalla anterior, además de los que resultaron heridos.

Secuelas

De los 5.000 mercenarios griegos, solo 2.000 sobrevivieron y fueron enviados a Macedonia para trabajar en las minas; el resto fue masacrado. ¿Por qué ignoró Alejandro las súplicas de los mercenarios? Algunos creen que quiso dar un escarmiento por haber aceptado el dinero persa, mientras que otros sostienen que fue, sobre todo, la ira y la experiencia cercana a la muerte lo que lo impulsó.

El botín de guerra, oro y ricos tejidos, se envió a Olimpia, madre de Alejandro. Para honrar a todos los que habían caído en combate, Alejandro dio sepultura tanto a griegos como a persas (aunque los persas normalmente incineraban a sus muertos). Según recuentos modernos ajustados, los persas perdieron entre un 10 y un 20 % de sus fuerzas y dos tercios de sus comandantes. Las fuentes sobre las bajas de Alejandro varían: entre 25 y 30 Compañeros, posiblemente 120 en total. En su tierra natal, se erigieron estatuas en honor a los 25 Compañeros caídos en el santuario de Zeus en Dión, cerca del monte Olimpo. Trescientas armaduras persas fueron enviadas a Atenas para recordar a los griegos que el Gránico fue solo un paso en la guerra de venganza contra los persas.

Después del Gránico, hubo poca resistencia contra Alejandro y sus fuerzas. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se encontrara con el propio rey de Persia. En noviembre de 333 a.C., Alejandro y Darío se enfrentarían en Issos.

¿Te gusta la historia?

¡Suscríbete a nuestro boletín electrónico semanal gratuito!

Eliminar publicidad
Publicidad

Sobre el traductor

Jorge A. Vergara
Jorge es profesor de inglés independiente, estudiante de gramática y etimología inglesa. Diplomado IDELT Bridge y Asesor de Gramática Inglesa Bridge. Actualmente estudia traducción profesional inglés-español en la Escuela Americana de Traductores e Intérpretes.

Sobre el autor

Donald L. Wasson
Donald ha enseñado Historia de la Antigüedad, de la Edad Media y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y, desde que estudió a Alejandro Magno, siempre ha sido y será un estudiante de historia. Le encanta transmitir conocimientos a sus alumnos.

Cita este trabajo

Estilo APA

Wasson, D. L. (2025, octubre 14). Batalla del Gránico. (J. A. Vergara, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10481/batalla-del-granico/

Estilo Chicago

Wasson, Donald L.. "Batalla del Gránico." Traducido por Jorge A. Vergara. World History Encyclopedia, octubre 14, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10481/batalla-del-granico/.

Estilo MLA

Wasson, Donald L.. "Batalla del Gránico." Traducido por Jorge A. Vergara. World History Encyclopedia, 14 oct 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-10481/batalla-del-granico/.

Apóyanos Eliminar publicidad