Galeno (129-216 d.C.) fue un médico, autor y filósofo griego que trabajó en Roma y que influyó tanto en la teoría como en la práctica médica hasta mediados del siglo XVII d.C. Poseedor de una enorme biblioteca personal, escribió cientos de tratados médicos entre los que se cuentan obras de anatomía, fisiología, farmacéutica y terapia. Con principios basados en sus disecciones anatómicas, habló y escribió extensamente sobre la anatomía del cuerpo y enfatizó el papel del corazón, el cerebro y la sangre. Aunque muchos de sus contemporáneos lo criticaron, adoptó las ideas propuestas por el médico y teórico griego Hipócrates (460-370 a.C.), en especial su concepto de los cuatro humores que controlaban la condición humana: sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla.
Gran parte de nuestro conocimiento de la medicina primitiva proviene de las obras de Galeno. Al igual que Hipócrates y otros teóricos, Galeno creía que la enfermedad estaba causada por un desequilibrio, de manera que para restaurarlo había que utilizar sangrados, enemas y vómitos. Aparte de sus escritos sobre medicina, también escribió ampliamente sobre el lenguaje, la lógica, la psicología, la ética e incluso la filosofía moral. Por desgracia, la mayor parte de estas obras ya no existen, o solo nos quedan fragmentos de ellas. En 192 d.C. perdió gran parte de sus escritos, sus instrumentos y sus medicinas en un incendio en un almacén.
Primeros años y formación
Nacido en 129 d.C. en la ciudad de Pérgamo en Asia Menor, Galeno era hijo del rico arquitecto Nicón y en un principio estudió tanto retórica como filosofía. La Pérgamo de su juventud era el hogar de un santuario dedicado al dios de la medicina, Asclepio. Su padre, miembro de la élite romana, había ayudado en la renovación del complejo de templos de Pérgamo dedicados a Zeus. A los 16 años, Galeno cambió de dirección educativa, puede que a sugerencia de su padre, y decidió estudiar medicina. Completó su educación en Esmirna, en las costas del Egeo, y en Alejandría, donde estudió tanto ciencia anatómica como teoría fisiológica. En aquella época, Alejandría era el centro principal de estudio de la medicina en todo el mundo antiguo. Tras la muerte de su padre en 149/50 d.C., continuó sus estudios y viajó por todo el Mediterráneo. En 157 d.C. regresó a su ciudad natal de Pérgamo para trabajar como médico para un grupo de gladiadores, un puesto que le brindó la oportunidad de estudiar anatomía.
Carrera en Roma
Para el siglo II d.C., Pérgamo había caído bajo el control del Imperio romano. Galeno nunca se casó y se acabó marchando de la ciudad en 162 d.C. para buscarse la vida en Roma. Una vez allí dio varias demostraciones públicas sobre anatomía con cerdos, monos, ovejas y cabras. Aunque los médicos helenísticos habían estado realizando disecciones humanas en privado, los romanos no: ni en público ni en privado. A pesar de la indignación que causó, Galeno creía que conocer la anatomía era vital para un médico. Solo se marchó de Roma brevemente durante un brote de peste traído por las tropas que regresaban del Este. Aunque puede resultar conveniente culpar a la peste, probablemente hubo conspiradores hostiles que lo echaron de la ciudad.
A pesar de la oposición a su comportamiento poco ortodoxo, como sus conocimientos y sus capacidades eran evidentes, empezó a tratar a muchos de los ciudadanos más influyentes de Roma. Con el tiempo, se convirtió en el médico de la corte de los emperadores Marco Aurelio (que reinó de 161-180 d.C.), Cómodo (que reinó de 180-192 d.C.) y Septimio Severo (que reinó de 193-211 d.C.). Como era un estudiante y practicante de la filosofía estoica, el emperador Marco Aurelio dijo que era «el mejor de los médicos y el primero de los filósofos». Para Galeno, un buen médico también tenía que ser un buen filósofo. Su autobiografía Sobre mis propias opiniones habla de la correlación entre ambos. Tras regresar a la ciudad en 169 d.C. se quedó allí hasta su muerte en 216 d.C.; la fecha exacta y el lugar de entierro se desconocen.
Filosofía
Al borde del agnosticismo (era un monoteísta declarado), decía que era imposible saber si los dioses existían, cuántos había o siquiera si el alma era mortal. Aunque puede que tuviera dudas sobre la existencia de los dioses, creía que la medicina era una ciencia exacta, aunque humana. Para Galeno, el cuerpo era una construcción ordenada de la naturaleza. En una teoría que recuerda al pensamiento moderno, para lograr una salud óptima recomendaba ejercicio, una dieta equilibrada, una buena higiene y bañarse. Sus argumentos sobre la estructura del cuerpo iban mucho más allá de las teorías formadas por el filósofo griego Aristóteles. Las creencias de Galeno estaban basadas en las teorías de Herófilo y Erasístrato. Herófilo de Alejandría (330-260 a.C.) fundó una escuela de anatomía en Alejandría y fue uno de los primeros en realizar disecciones de cadáveres humanos en público. Escribió sobre el sistema nervioso y el pulso, así como de las válvulas y las cámaras del corazón humano. Herófilo estaba de acuerdo con la teoría aceptada de que un desequilibrio de los humores era lo que causaba la enfermedad. Su discípulo y colaborador, Erasístrato (315-240 a.C.) fue uno de los primeros en distinguir entre arterias y venas. Al igual que Herófilo, realizó disecciones públicas además de estudiar la respiración humana, el sistema nervioso y la actividad muscular.
Los intereses de Galeno iban desde el estudio de la sangre y el corazón hasta la tuberculosis e incluso el cáncer. Galeno demostró una lealtad profunda a muchas de las teorías del filósofo griego Platón. Los antiguos griegos y los egipcios en general creían que el cerebro no tenía ninguna importancia psicológica y que el corazón era la fuente primaria de la inteligencia, las emociones y las sensaciones de la persona. Con respecto al corazón humano, Platón desafió estas opiniones cardiocéntricas y dijo que el corazón no tenía relevancia cognitiva. Había una explicación tripartita para la relación entre el alma y el cuerpo, según la cual ciertas partes del alma (la mente, el espíritu, el deseo) se encontraban en el corazón, el cerebro y el hígado. Galeno reforzó estas ideas al decir que el cerebro era el centro de la sensación, del habla, del intelecto y de la consciencia.
Por desgracia, Galeno también creía que la ira se debía a un exceso de bilis en el corazón. Aparte de sus estudios sobre el sistema nervioso, también escribió sobre el cáncer o «karkinos», una palabra que significa cangrejo. Al igual que otros médicos griegos y romanos, creía que los tumores característicos del cáncer, de los que identificó 61 tipos, se debían a un exceso de bilis negra. Esto último fue una idea que no se cuestionaría por más de 1.500 años. Galeno, al igual que Hipócrates, estaba en contra de extirpar un tumor porque creía que el riesgo de muerte era mayor que la posibilidad de curación.
Aunque supuestamente se marchó de Roma durante la primera fase de la peste antonina, una decisión extraña para ser médico, otros brotes le brindarían a Galeno la oportunidad de demostrar y expandir sus habilidades como médico. Durante un brote de lo que algunos creen que fue viruela en Roma, Galeno pudo estudiar y escribir sobre casos individuales, recopilando descripciones detalladas de los síntomas. Sin embargo, en incontables casos tuvo que luchar contra las creencias arcaicas de muchos de los primeros médicos. Un ejemplo de esto fue con la cura para la tuberculosis o «ftisis», una palabra que significa «desvanecimiento gradual». Muchos griegos atribuían sus causas a «malos aires». La cura, según los antiguos romanos, consistía en bañarse en orina humana, beber sangre de elefante o comer hígado de lobo.
Muchas de sus teoría sobre el corazón y la circulación de la sangre seguirían siendo la norma hasta los estudios de William Harvey en el siglo XVII d.C. Desarrollando las teorías de Herófilo y Erasístrato sobre el corazón, Galeno cuestionó cómo se movía la sangre del ventrículo derecho al izquierdo y de las venas a las arterias. Creía que había «poros invisibles» que le permitían a la sangre filtrarse a través de las paredes del corazón. También propuso una teoría que decía que las venas, que transportaban sangre oscura, se originaban en el hígado donde le suministraban nutrientes. Al final, esta sangre llegaba a los pulmones y el corazón. Esta sangre nueva, o roja, que ahora estaba imbuida de los «espíritus vitales» fluía por las arterias para darle vida al cuerpo. Así que eran las arterias, no el corazón, las que impulsaban la sangre a través del cuerpo. Galeno llegó a estudiar el pulso, clasificó su ritmo y diferenció entre sus irregularidades, ya fuera relajado, rápido, regular o errático.
Obras
Galeno escribió a lo largo de la mayor parte de su vida. Se estima que sus obras abarcan un diez por ciento de toda la literatura griega que se conserva escrita antes de 350 d.C. Estas obras cubren temas sobre medicina, filosofía y lingüística. Muchas de sus obras están enumeradas en los dos volúmenes titulados Sobre mis libros y Sobre el orden de mis libros. Entre las obras más conocidas se encuentran:
- Sobre el arte de la medicina,
- Sobre la atrabilis o bilis negra,
- Está la sangre contenida naturalmente en las arterias,
- Sobre los elementos según Hipócrates,
- El mejor médico es también filósofo,
- Sobre los procedimientos anatómicos,
- Sobre los humores buenos y malos,
- Sobre el método para curar enfermedades,
- Sobre los poderes y las mezclas de remedios simples,
- Un tratado conciso sobre el pulso.
Legado
Durante más de 1.500 años después de su muerte, los tratados de Galeno se siguieron leyendo y estudiando por toda Europa. El físico, filósofo y autor había estudiado a aquellos que le precedieron: Herófilo, Erasístrato y principalmente el gran Hipócrates. Aceptó su trabajo, especialmente el de Hipócrates, el padre de la medicina moderna, que fue el primero en estudiar las causas de las enfermedades. Siglos más tarde, Galeno adoptó su concepto de los cuatro humores: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema. Por supuesto, esta noción se refutó durante la Era de la Ciencia con el trabajo de investigadores como Vesalio y Harvey. Y, como muchos de sus predecesores, Galeno creía que todo médico, por el beneficio de sus pacientes y de la raza humana, tenía que descubrir todo lo que pudiera sobre el cuerpo humano. Y, por esta razón, llevó a cabo muchas disecciones, primero en animales y más tarde en cadáveres. Fueron estos estudios los que hicieron que estuviera de acuerdo con la evaluación de Platón de que el cerebro, no el corazón, era el responsable de las emociones humanas, del habla y el intelecto. Sus estudios de los sistemas nervioso, cardíaco y circulatorio, aunque no eran perfectos, superaron a todo lo que vino antes. Aunque sus habilidades como médico llamaron la atención de los emperadores romanos, también le granjearon la ira de sus compañeros y posiblemente hicieron que se marchara de Roma y regresara a su hogar durante unos años.
Sus escritos, a menudo criticados por sus pares, fueron recopilados por eruditos musulmanes y con el tiempo llegaron a las universidades y los médicos de la Edad Media. Sin embargo, nada escrito, especialmente aquellos artículos escritos durante el siglo II d.C. o antes, se podía estudiar o leer sin la aprobación y el escrutinio de la Iglesia. Por suerte, los padres de la Iglesia aprobaron el trabajo de Galeno. Aunque era un monoteísta declarado que nunca profesó lealtad al cristianismo, Galeno creía que el cuerpo era creación de un solo dios. Y esto se ajustaba a las creencias de la Iglesia sobre la humanidad como una creación de Dios. Para Galeno, el cuerpo humano era una construcción ordenada de la naturaleza o, a ojos de la Iglesia, de Dios. Sin embargo, como la Iglesia prohibía las disecciones, las teorías de Galeno no se cuestionaron. Y como estaba tan bien aceptado, sus teorías tampoco se disputaron. No obstante, hoy en día la mayoría de las teorías de Galeno se han refutado. Pero los médicos modernos tienen que aceptar su recomendación de ejercicio, una dieta equilibrada, una buena higiene y bañarse. Sin embargo, hace mucho que se ha demostrado que muchas de sus ideas sobre el sistema circulatorio y el papel de las venas y las arterias eran incorrectas. Así que, ¿por qué deberíamos recordarlo? Porque Galeno cuestionó la norma. No aceptó las teorías de sus compañeros, ideas basadas en conjeturas en vez del estudio o la experimentación. Galeno revolucionó el estudio de la medicina y es por eso que se merece gratitud.

