Los Estados Unidos se mantuvieron neutrales durante los primeros tres años de la Primera Guerra Mundial (1914-18) pero finalmente se unieron al conflicto a fines de 1917, después de que se amenazara con librar una guerra submarina irrestricta contra buques mercantes estadounidenses y de que saliera a la luz un telegrama secreto que sugería que Alemania y México formarían una alianza para que este último pudiera tomar el control de tres estados del Sur. El deseo de defender los principios democráticos y la libertad de las naciones pequeñas, así como de tener control sobre el orden de posguerra en Europa y Eurasia, también motivaron al Gobierno estadounidense a unirse a la Primera Guerra Mundial.
Los Estados Unidos aportaron recursos materiales y económicos y sus tres fuerzas armadas (el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada) al esfuerzo bélico de los Aliados. Las fuerzas estadounidenses, que sufrieron unas 325.000 bajas, tuvieron un papel decisivo en victorias de los Aliados en el frente occidental, el mar del Norte y el Atlántico Norte a lo largo del último año de un conflicto que causó más de 28 millones de bajas militares entre todos los bandos.
A comienzos del siglo XX, los Estados Unidos disputaban al Reino Unido su posición como el país más rico y poderoso del mundo, si bien la Armada de este último superaba ampliamente en tamaño a la suya. La Primera Guerra Mundial estalló en agosto de 1914 después del asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo y de que varios países se declararan la guerra unos a otros conforme al sistema de alianzas previo a la Primera Guerra Mundial. Las potencias de la Triple Entente, Gran Bretaña, Francia y Rusia, se enfrentaron a la Triple Alianza de Alemania y Austria-Hungría. Estados Unidos, como Italia, se mantuvo neutral.
la incorporación de los estados unidos a la primera guerra mundial se debió principalmente a la interceptación de un telegrama cifrado.
El presidente de Estados Unidos en ese momento era Woodrow Wilson (1856-1924), quien ocupó el cargo entre 1913 y 1921. Wilson prometió en febrero de 1915 que se le exigiría «una estricta rendición de cuentas» (Bruce, 405) a Alemania por cada buque estadounidense perdido en alta mar como consecuencia de agresiones. El presidente Wilson se volvió más activo en 1916 y ofreció los servicios de los Estados Unidos como mediador en Europa, pero esta propuesta fue rechazada por ambos bandos. Por otro lado, a los Estados Unidos no le agradaron las repercusiones negativas del bloqueo de Alemania por parte de los Aliados en el comercio y en la «libertad de los mares». 1916 fue un año electoral y Wilson, quien resultó ganador (aunque por un estrecho margen), hizo de su capacidad para mantener a los Estados Unidos fuera de la guerra el eje de su campaña. Pese a su neutralidad, los bancos estadounidenses les prestaron alrededor de dos mil millones de dólares a los aliados para ayudarles a pagar material militar, cifra que habría ascendido a más de diez mil millones para el final de la guerra. También se enviaron armas, municiones y alimentos a través del Atlántico. Las empresas estadounidenses se beneficiaron de la guerra: «Entre 1915 y 1917 se duplicaron las exportaciones estadounidenses, de las cuales el 65 por ciento iban dirigidas a Gran Bretaña». (Winter, 512).
La presión para que Estados Unidos interviniera militarmente en la guerra fue en aumento después de que un U-boot alemán hundiera el transatlántico RMS Lusitania el 7 de mayo de 1915. El buque, que iba en camino a Liverpool desde Nueva York, se hundió frente a la costa de Irlanda. De los 1.200 civiles que perdieron la vida, 128 víctimas eran estadounidenses.
Los Estados Unidos estuvieron a punto de romper las relaciones diplomáticas con Alemania a consecuencia de la tragedia. El Gobierno alemán intentó justificar el hundimiento alegando, sin presentar prueba alguna, que el Lusitania operaba como mercante armado. El buque no llevaba ni tropas ni armamento a bordo, aunque sí transportaba pequeñas municiones, lo cual estaba permitido por las normas del comercio marítimo de la época. Se señaló que una embajada alemana en los Estados Unidos había advertido previamente a la población civil de los peligros de viajar a Europa por mar en tiempos de guerra. Alemania también recordó que se enfrentaba a un bloqueo y que ya había declarado que las aguas alrededor de las Islas Británicas eran zona de guerra y que todo buque mercante era un blanco legítimo. Al final, el revuelo diplomático no fue lo que llevó a los Estados Unidos a unirse a la guerra, y tras la catástrofe del Lusitania Alemania limitó sus ataques submarinos contra buques mercantes.
La incorporación de los Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial se debió principalmente a la interceptación de un telegrama cifrado, posteriormente conocido como el telegrama Zimmerman. El remitente del telegrama era Arthur Zimmerman, secretario de Estado de Asuntos Exteriores alemán. Iba dirigido al conde von Bernstorff, el embajador alemán en Washington. El telegrama, enviado en enero de 1917, mencionaba que Alemania había decidido retomar la guerra submarina irrestricta. El Gobierno alemán era consciente de que se trataba de una medida arriesgada y que podría dar lugar a la intervención militar de Estados Unidos en la guerra, pero se esperaba que pudieran infligir suficiente daño a la flota de los Aliados como para ganar la guerra antes de que Estados Unidos pudiera movilizar a sus fuerzas armadas. Incluso más perjudicial fue que el telegrama incluyera una propuesta para que México y Alemania formaran una alianza. México le declararía la guerra a los Estados Unidos y Alemania lo apoyaría en su ambición de tomar control de Texas, Nuevo México y Arizona. En un telegrama bastante extenso, se invitaba a Japón a unirse a esta alianza antiestadounidense entre Alemania y México. El contenido del telegrama se hizo público el 1 de marzo. Zimmermann confirmó que, efectivamente, había enviado dicho telegrama, mientras que el Gobierno mexicano lo negó todo. La opinión pública estadounidense se escandalizó. El hundimiento de cuatro buques mercantes el 22 de marzo no hizo más que agravar la crisis. El presidente Wilson instó al Congreso a que se promulgara una declaración de guerra. Wilson declaró que «hay que hacer del mundo un lugar seguro para la democracia» (Bruce, 406).
Los Estados Unidos se incorporan a la guerra
Los Estados Unidos finalmente le declararon la guerra a Alemania el 6 de abril de 1917 y posteriormente a los aliados de Alemania. Aumentó la ayuda económica y material que se brindaban a los Aliados y se envió a la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF) a Europa para ayudar a los aliados, pero los Estados unidos siguieron siendo «asociados» y no aliados de pleno derecho de Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Italia (que se unió en 1915) y Rusia, ya que Wilson se aseguró de no firmar acuerdos formales con otros Estados que pudieran ir en contra de los intereses de los Estados Unidos una vez ganada la guerra.
El aporte de los Estados Unidos a la guerra en tierra se vio limitado por el tamaño de su ejército, que en ese entonces apenas ocupaba el 17º puesto entre los más grandes del mundo. La AEF era pequeña, no tenía experiencia y le llevó un largo tiempo llegar a Europa: a finales de noviembre de 1917, ni siquiera había cuatro divisiones estadounidenses completas (130.000 hombres) en el frente y sus alrededores. Sin embargo, la AEF sí contaba con un líder competente: el general John Pershing (1860-1948). Conocido como «Black Jack» Pershing, el comandante estadounidense tenía una larga trayectoria que abarcaba la afamada expedición contra Pancho Villa, uno de los principales líderes de la Revolución mexicana. Pershing inquietó a sus superiores al solicitar inmediatamente que se desplegaran 3 millones de soldados en Europa, en lugar del millón que se había previsto. Al final, un millón y medio de hombres estadounidenses llegaron a Francia para el combate (Winter, 170) La cifra seguía siendo considerable y sin dudas alcanzó para debilitar la moral de las tropas en el frente alemán, quienes cobraron conciencia de que un nuevo y poderoso enemigo, con recursos que parecían no agotarse nunca, acababa de entrar al combate.
Los Aliados recibieron con particular entusiasmo la intervención estadounidense después de que Rusia se retirara del conflicto.
La mayor parte de las tropas estadounidenses se conformaba de jóvenes solteros sin personas a cargo, reclutados de manera selectiva. Conocidos como «doughboys», un nombre de origen incierto, necesitaron tres meses adicionales de entrenamiento en Francia antes de poder incorporarse al combate. Además, Pershing se mantuvo firme en que la AEF solo podría participar de manera efectiva en el frente occidental una vez que hubiera reunido un número suficiente de efectivos. Pershing y Wilson estaban decididos a que las fuerzas estadounidenses no se utilizaran únicamente como refuerzos para reponer las bajas de las divisiones francesas y británicas. Había motivos políticos de peso que explicaban esta vacilación: era necesario que en los Estados Unidos la intervención del país en la guerra se considerase un éxito, ya que muchos aún ponían en duda la presencia del Ejército estadounidense en la guerra. Lo que todos querían ver eran victorias donde la participación estadounidense fuera evidente. Además, existía la preocupación de que unificar las tropas estadounidenses con las de los aliados pudiera enturbiar el panorama político después de la guerra, cuando los Estados Unidos podrían tener objetivos distintos a los de Gran Bretaña y Francia.
Una vez que entraron en acción, la presencia militar de los Estados Unidos se reforzó rápidamente durante los primeros meses de 1918. En marzo había 430.000 tropas estadounidenses en Francia y en mayo esta cifra había ascendido a 650.000. Los Aliados recibieron con particular entusiasmo la intervención estadounidense, dado que Rusia se había retirado del conflicto tras la Revolución bolchevique de noviembre de 1917. Sin embargo, la insistencia del alto mando estadounidense en que las tropas estadounidenses siguieran funcionando como un ejército independiente enfureció a los generales aliados, que necesitaban con urgencia más efectivos en determinados puntos del frente , tanto más cuanto que Alemania emprendía su último gran esfuerzo por alcanzar la victoria total.
Las divisiones de infantería estadounidenses, que carecían de estos medios, dependían de las municiones, blindados y artillería de los Aliados, así como de su apoyo aéreo y logístico. Los doughboys gozaban de popularidad entre los locales y sus compañeros de armas, como explica aquí J. Keegan: «Su popularidad se hacía sentir por doquier. Los estadounidenses eran despreocupados, alegres, entusiastas y les restaban importancia a las dificultades. La actitud doughboy se resumía en "Ya lo resolveremos pronto"» (372).
Las tropas de infantería estadounidenses finalmente entraron al combate en las ofensivas alemanas de la primavera de 1918. Primero bajo el mando de los generales aliados, dado que Pershing había dado un paso atrás, las tropas estadounidenses siguieron combatiendo de forma independiente desde julio de 1918 como el Primer Ejército Estadounidense, principalmente en la región oriental de Verdún. Entre los éxitos de las fuerzas estadounidenses se contaban la toma de Cantigny de tropas de veteranos alemanas y la victoria en la batalla de Belleau Wood contra un enemigo que las superaba en número. Entre las unidades que combatieron allí se contaba el elemento más profesional de la AEF, el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Las tropas estadounidenses también participaron en las últimas etapas de la segunda batalla del Marne en julio de 1918, que terminó con la retirada de los alemanes, y la última ofensiva de los Aliados en el frente occidental, la ofensiva de Mosa-Argonne entre setiembre y noviembre de 1918, que persuadió a los generales alemanes de que el armisticio era su única salida. El ejército estadounidense sufrió alrededor de 300.000 bajas en la guerra.
La Armada estadounidense en la Primera Guerra Mundial
La Armada estadounidense se unió a la guerra en abril de 1917 cuando se enviaron destructores y submarinos como apoyo para los Aliados. Estas naves, que conformaban el cuarto escuadrón, operaban como parte de una flota británica más numerosa que se enfrentaba específicamente a la amenaza que representaban los U-boot alemanes. Las naves estadounidenses, entre las que se contaban cinco acorazados, también contribuyeron a reforzar el bloqueo de los Aliados a Alemania y a colocar un extenso tramo de minas en el mar del Norte. Este cinturón de minas, con el que se buscaba bloquear las aguas entre Noruega y Escocia, ayudaba a proteger la costa británica y fue responsable del hundimiento de cinco submarinos alemanes. A medida de que la guerra se acercaba a su fin y Alemania empleaba tácticas navales cada vez más desesperadas, se aumentó el número de naves estadounidenses que se enviaba a Europa, entre los que se contaban varios acorazados, esta vez para proteger a Irlanda. Queenstown, al sur de Irlanda, funcionaba como la base central de la flota estadounidense. Cuando terminó la guerra, la Armada estadounidense había perdido dos submarinos, dos destructores y un crucero armado. En total, los hundimientos supusieron una pérdida de 389.000 toneladas de cargamento para los Estados Unidos.
La Fuerza Aérea de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial
La Fuerza Aérea de los Estados Unidos participó en la Primera Guerra Mundial desde septiembre de 1917. La figura más destacada que estuvo al frente del Servicio Aéreo fue el general de brigada William Mitchell (1879-1936), pero permanecía bajo el mando general del general Pershing. Tras realizar sus primeras misiones de combate en la primavera de 1918, los pilotos estadounidenses atacaron a cazas enemigos y, ese verano, lanzaron bombardeos sobre las trincheras del Frente Occidental. Una de las batallas más destacadas en las que participaron pilotos estadounidenses fue la exitosa ofensiva en Saint-Mihiel en setiembre de 1918, el mayor enfrentamiento en el que habían participado las tropas estadounidenses desde la guerra de Secesión (1861-65). El piloto estadounidense más exitoso fue El capitán Edward Rickenbacker (1890-1973), quien curiosamente había ingresado a la guerra como chofer del general Pershing y acabó abatiendo 22 aviones enemigos y cuatro globos.
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Aunque sus primeros planes eran mucho más ambiciosos, los Estados Unidos llegaron a desplegar 45 escuadrones (con 800 pilotos y 840 aeronaves en servicio) en Francia. Dado que toda la flota aérea previa a 1917 había quedado obsoleta, las fuerzas aéreas estadounidenses volaron principalmente con aeronaves de fabricación francesa como los biplanos Spad. El armisticio impidió que se llevara a cabo el plan de Mitchel de lanzar intensos bombardeos contra objetivos enemigos dentro de Alemania.
El frente interno en Estados Unidos
En el frente interno estadounidense, se alentaba a los ciudadanos a contribuir a financiar la guerra mediante la compra de las War Savings Stamps (sellos de ahorro para la guerra) emitidas por el Tesoro Estadounidense. Circulaban afiches en los que aparecían heroínas del pasado, como Juana de Arco (quien defendió a Francia de los ataques ingleses en el siglo XV) que iban dirigidos específicamente a las mujeres estadounidenses, al igual que las campañas de reclutamiento para servir en hospitales de campaña estadounidenses. Se alentaba a personas de toda condición a comprar bonos de guerra en campañas en las que participaban las grandes estrellas de cine de la época, como Douglas Fairbanks y Mary Pickford. El cine contribuyó a mantener viva la presencia de la guerra en la sociedad mediante películas abiertamente propagandísticas, pero también a través del humor, como en ¡Armas al hombro!, de Charles Chaplin, que se burlaba de la vida en los campos de entrenamiento del Ejército estadounidense.
La guerra también produjo cambios sociales al retirar a tantos hombres de la población activa para enlistarse en las fuerzas armadas, como explica la historiadora social G. Brayson «… muchas empleadas domésticas blancas encontraron trabajo en fábricas, mientras que las mujeres negras se trasladaron desde el campo para ocupar sus lugares» (Strachan, 153). De hecho, se produjo un desplazamiento de alrededor de medio millón de personas negras desde los estados del Sur hacia los del norte, donde el sector industrial estaba más desarrollado.
En enero de 1918, Wilson, quien ya llevaba tiempo ideando un acuerdo de paz, creó su famosa lista de requisitos para la paz: los Catorce Puntos. La lista reflejaba el deseo estadounidense de ocupar un lugar central en los acuerdos de paz y con ello asegurarse de que sus intereses se vieran lo mejor representados posible en el nuevo orden mundial. Los puntos de la lista de Wilson proponían la libertad de los mares, el libre comercio, el desarme, nuevas delimitaciones del mapa europeo con base el principio de autodeterminación, el compromiso con la diplomacia abierta sin tratados secretos y la creación de una asamblea internacional de naciones.
Los Aliados ganaron la guerra una vez que Alemania firmó un armisticio el 11 de noviembre de 1918. Las fuerzas armadas estadounidenses habían sufrido alrededor de 325.000 bajas, entre las que se contaban 115.600 muertes. En comparación, las bajas militares ascendieron a unos 3,2 millones de británicos y el Imperio británico, 5,6 millones de franceses y 6,6 millones de rusos. A pesar de la influencia de Wilson en el proceso de paz y el Tratado de Versalles, y de la campaña personal del presidente a lo largo del país, los Estados Unidos retomaron su política aislacionista. Los Estados Unidos no ratificaron el Tratado de Versalles ni se unieron a la Sociedad de las Naciones, lo que mermó las posibilidades de una paz duradera tanto en Europa como fuera de sus fronteras.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentran el arte, la arquitectura y el descubrimiento de ideas que se extienden a todas las civilizaciones.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 15 octubre 2025. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.