Los colibríes, llamados huitzillin (pronunciado «ui-TZIL-in») en el idioma náhuatl de los aztecas, son una de las especies más reconocibles y llamativas del mundo aviar. Si bien estos polinizadores son conocidos en el imaginario occidental por sus vibrantes rasgos, metabolismo extremo y diminuto tamaño, los antiguos pueblos de Mesoamérica (en particular los aztecas) identificaban a estas extraordinarias aves con el sacrificio, la guerra y la sangre.
El aspecto fisiológico más notable de los colibríes es su cuerpo diminuto, ligero y extremadamente maniobrable. Son la especie de ave más pequeña y, como era de esperar, construyen los nidos más pequeños. De acuerdo con el Zoológico Nacional Smithsoniano, el colibrí abeja pesa tan solo 1,95 gramos (0,068 onzas), y el colibrí garganta rubí pone un huevo del tamaño aproximado de un guisante en un nido hecho con materia vegetal y telarañas, aproximadamente del tamaño de una cáscara de nuez.
los colibríes tienen fama de ser intrépidos y agresivos, y se sabe que atacan a criaturas mucho más grandes que ellos.
Sin embargo, la cualidad más singular de estas criaturas es su maniobrabilidad. Los colibríes baten sus alas con gran potencia de arriba hacia abajo, y son los únicos vertebrados capaces de mantenerse en el aire durante largos periodos. Sus alas (que baten unas 70 veces por segundo en vuelo directo y 200 veces por segundo en picado) les permiten volar tanto boca abajo como hacia atrás. Literalmente, surcando el aire, pueden alcanzar una velocidad máxima de 72 km/h (45 mph), emitiendo fuertes ruidos similares a los de los insectos cuando vuelan cerca. Para impulsar estas asombrosas proezas aéreas, sus corazones laten hasta 1.200 veces por minuto durante el vuelo, en comparación con las 225 pulsaciones por minuto en reposo. En contraste, el ser humano adulto promedio tiene una frecuencia cardíaca de 60 a 100 pulsaciones por minuto. Además, los colibríes son incansables en la búsqueda de recursos alimenticios, alimentándose del néctar de las flores, de insectos capturados en pleno vuelo y, cuando pueden conseguirla, de la savia que les proporcionan los pájaros carpinteros. Existen aproximadamente 340 especies de colibríes, todas nativas de América.
Agregado a esto, los colibríes utilizan una adaptación única para la supervivencia, conocida como letargo, mediante la cual ajustan sus funciones metabólicas, incluidas la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, al mínimo necesario para sobrevivir. En ese estado, un colibrí parece estar en un sueño profundo, comparable a la hibernación, aunque a diferencia de esta, puede entrar en letargo cualquier noche del año si las condiciones lo requieren, como la falta de alimento o el frío. El libro 11, folio 24r del Códice Florentino describe esto como un proceso mediante el cual el colibrí "inserta su pico en un árbol; [colgado] allí se encoge, se marchita y muda... cuando el sol calienta, cuando el árbol brota, cuando le salen las hojas, en ese momento [al colibrí] también le vuelven a crecer plumas. Y cuando truena anunciando lluvia, en ese momento despierta, se mueve, cobra vida" (traducido al inglés por Anderson y Dibble). De hecho, algunos colibríes cuelgan boca abajo y parece que se marchitan a medida que el letargo reduce sus funciones corporales.
A pesar de su pequeño tamaño, los colibríes tienen fama de ser intrépidos y agresivos, y se sabe que atacan a criaturas mucho más grandes que ellos. El Zoológico Nacional Smithsoniano los describe como «peleones y enérgicos», y las peleas en el aire y las persecuciones a toda velocidad son comunes cuando varios colibríes se encuentran cerca. Incluso en momentos durante la migración, los colibríes defienden una parcela de flores específica para asegurar sus recursos alimenticios. Las especies más grandes intentan dominar el suministro de néctar, mientras que las más pequeñas se esfuerzan por colarse entre los demás para beber.
Guerra y sacrificio
En su libro The Aztec Myths: A Guide to the Ancient Stories and Legends (Los mitos aztecas: una guía de las historias y leyendas antiguas), Camilla Townsend escribe:
Los aztecas amaban a los colibríes. A pesar de su pequeño tamaño, son admirablemente fuertes y hábiles para sobrevivir... Pueden parecer feroces con sus elegantes picos en forma de espada, que utilizan para alimentarse del néctar de las flores, que para los aztecas eran un símbolo de guerreros.
(pág. 62)
La resiliencia, la supervivencia y la destreza militar fueron pilares de la cultura azteca, especialmente en el apogeo de su imperio. Las historias aztecas narran su largo viaje a lo largo de generaciones hasta la ciudad de Tenochtitlán, liderado por su dios tutelar y supremo, Huitzilopochtli, cuyo nombre significa algo así como «colibrí del sur», «colibrí a la izquierda» o «zurdo como un colibrí» en náhuatl.
Para los aztecas, ser zurdo era algo especial y admirable, y, combinado con la ferocidad y la gracia de un colibrí, el nombre de Huitzilopochtli reflejaba la formidable naturaleza del dios. Uno de los líderes legendarios de la civilización azteca antes de su llegada a Tenochtitlán se llamaba Huitzilihuitl, que significa «pluma de colibrí». Además, el segundo tlatoani de Tenochtitlán, quien gobernó a su pueblo de 1395 a 1417, llevaba el mismo nombre, centrado en el colibrí. Este segundo Huitzilihuitl era hijo del primer tlatoani de la capital azteca, Acamapichtli («puñado de flechas», reinado 1375-1395), y sería el padre de dos de los gobernantes posteriores de Tenochtitlan, Chimalpopoca («escudo humeante», que reinó de 1417-1426) y Moctezuma Ilhuicama («señor enojado, arquero del cielo», que reinó de 1440-1469), quien también es conocido como «el Viejo» para distinguirlo de su sucesor más famoso.
Para el pueblo azteca, los colibríes representaban todos los rasgos deseables de sus guerreros y líderes militares.
Para el pueblo azteca, los colibríes representaban todos los rasgos deseables de sus guerreros y líderes militares. Fue Huitzilopochtli, coronado con plumas de colibrí, quien presidía la mitad del Heuteocalli o «gran templo», conocido hoy como el Templo Mayor, en el corazón de Tenochtitlán. Además, la historia que se conserva del nacimiento de Huitzilopochtli atribuye su concepción a una bola de plumas que encontró su madre, la diosa Coatlicue, mientras barría el templo. Lejos de una asociación vaga, el gran dios de la guerra de los aztecas parece haber estado íntimamente conectado con su homónimo aviar, tanto culturalmente como por las plumas a través de las cuales fue engendrado.
Los aztecas no fueron la única cultura en Mesoamérica que veneraba a los colibríes y los asociaba con dioses y prácticas sagradas. La sangría como forma de sacrificio a menudo se comparaba en el arte y las creencias mesoamericanas antiguas con los colibríes chupando el néctar de las flores. Dado que la sangría era un ritual practicado rutinariamente en toda la región, esta asociación vinculaba a los colibríes con los sacrificios por y para los dioses. La sangre de los dioses fue fundamental en la creación de la vida, en particular de la humanidad y del sol, y, a cambio de esta donación de vida, exigían ofrendas de sangre humana para sustentar la vida mortal en la tierra. Esta reciprocidad fue un aspecto clave de las culturas maya y azteca, y constituyó la piedra angular de los rituales desde la época de la civilización olmeca hasta los sacrificios aztecas.
Como resultado de esta asociación, los largos picos de los colibríes dieron forma a las hojas perforadoras hechas de jadeíta fina, utilizadas para la sangría desde la época de los olmecas. Los mayas solían representar a los colibríes perforando flores o con flores a la mitad del pico, y en el Templo Inferior de los Jaguares en Chichén Itzá, un colibrí perfora el corazón de un hombre que emerge de una flor. En el Códice Borgia, el dios azteca Quetzalcóatl aparece bajo la apariencia de un colibrí, de pie sobre una cascada de sangre marcada con jade y flores, símbolos del agua, la fertilidad y la vida misma.
Además, los colibríes se veían como una forma de vida idealizada que solo podían alcanzar los muertos más afortunados. Los aztecas creían que era la forma de morir, no las acciones en vida, lo que determinaba el destino de una persona después de la muerte. Por lo tanto, los muertos más afortunados eran aquellos que morían luchando por la vida, incluidos guerreros, sacrificios humanos a los dioses y mujeres que morían al dar a luz. Solo estos individuos se ganaban el derecho a regresar al mundo como colibríes para beber el néctar de las flores, surcar el aire sin miedo y brillar con vívidos colores a la luz del sol. Además, se creía que estos individuos se unían a Huitzilopochtli en su diario triunfo celestial sobre su media hermana Coyolxauhqui (que representaba la luna) y sus medio hermanos los Centzon Huitznahua (que representaban las estrellas). En la imaginación azteca, este destino era la máxima expresión de gloria, dignidad y plenitud. De hecho, era una razón para buscar la muerte en la guerra azteca o mediante el sacrificio. Ascender como compañero del dios sol colibrí, o regresar a la vida como la propia ave, estaba reservado solo para los más valientes.
Revoloteando, planeando, persiguiendo, atacando y danzando por el aire y entre fuentes de alimento, los colibríes son deslumbrantes. Sus plumas iridiscentes y vibrantes —en particular las de las gargantas— captan la luz solar desde ángulos únicos. Con un plumaje en una amplia gama de colores según la especie y el género, estas aves cautivaron la imaginación de los pueblos aztecas, y sus plumas se convirtieron en un bien preciado.
El Códice Florentino describe algunas de las especies de colibrí conocidas por los artesanos del Imperio azteca, en particular los amantecas, quienes se especializaban en el trabajo con plumas, un proceso mediante el cual las plumas de aves se utilizaban para crear cautivadoras obras de arte:
Colibrí coliancho: su garganta es de color rojo chile, la curva de sus alas rojiza. Su pecho es verde. Sus alas y su cola [plumas] se asemejan a las plumas de quetzal… el colibrí picoancho es de color verde claro; un tono turquesa; Verde hierba… el colibrí rufo es rojo y negro… el colibrí Allen, sus plumas son brillantes y resplandecientes.
(Libro 11, folio 24r, traducido al inglés por Anderson y Dibble)
Los aztecas apreciaban mucho la belleza y variedad de los colibríes, no solo por su uso artístico, sino como seres vivos. El Códice Florentino incluye imágenes pintadas de colibríes en vuelo. En esta representación, un colibrí está posado en un nido, otro se alimenta de una flor, uno parece estar en letargo, y algunos otros se alejan volando de la vegetación, con sus largos picos extendidos, sin duda en busca de su próxima presa.
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Aunque no eran las únicas aves utilizadas en el venerado arte azteca del plumaje, las plumas de colibrí ocupaban el segundo lugar en rareza, solo superadas por las del resplandeciente quetzal (Pharomacrus mocinno), cuyas fabulosas plumas verde esmeralda decoran el famoso tocado de Moctezuma II. Un ejemplo particularmente impresionante de plumas de colibrí, tal como se usaban en esta forma de arte, representa a san Juan Evangelista. En esta pequeña pieza, partes significativas de la imagen, incluyendo el cabello de San Juan, su túnica y el cielo tras él, están labradas con las plumas iridiscentes en forma de abanico de esta diminuta especie de ave. Poderosos, majestuosos y minúsculos, los colibríes eran mucho más que simples criaturas coloridas para los aztecas: eran guerreros, sobrevivientes y homónimos de dioses y reyes.
Mi interés por el pasado me llevó a colaborar como asistente en la restauración de arte sacro en el Templo de la Quinta Aparición Guadalupana y a ofrecerme como voluntario para la transcripción de documentos históricos para The Smithsonian Institutition.
Jordy es bibliotecaria, apasionada de la historia y una persona de curiosidad incansable. Le fascinan los mitos y el estudio de los sistemas de creencias, disfruta de las novelas gráficas, la cocina, contemplar el cielo entre nubes y aprender de otras personas curiosas, especialmente de los niños.
Escrito por Jordy Samuels, publicado el 08 octubre 2025. El titular de los derechos de autor ha publicado este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Tenga en cuenta que el contenido vinculado desde esta página puede tener términos de licencia diferentes.