Mujeres guerreras en la antigua Macedonia

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Artículo

David Grant
por , traducido por Montse de Paz
Publicado el 08 noviembre 2019
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Texto original en inglés: Warrior Women of the World of Ancient Macedon

El 8 de noviembres se celebra la festividad de los arcángeles en Grecia, pero ese mismo día, en el año 1977, ocurrió algo memorable: un equipo de excavadores dirigido por el profesor Manolis Andronikos se sumergió en la misteriosa penumbra de una tumba macedonia, intacta y sin profanar, en Vergina, al norte de Grecia. Dignatarios, policías, sacerdotes y multitud de arqueólogos aguardaban expectantes mientras los primeros rayos de luz penetraban en el interior del sepulcro, después de una larga noche de 2 300 años.

Lo que emergió de aquel gran túmulo fue el hallazgo arqueológico del siglo, que rivalizaría con los descubrimientos de Howard Carter en la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes y los de Heinrich Schliemann en lo que él afirmaba que era Troya. Dentro de la cámara principal de la estructura en bóveda de cañón de la llamada Tumba II, yacían toda clase de objetos de oro y plata, armas exquisitamente labradas y armaduras acompañadas por un sinfín de bienes suntuarios, propios de un miembro de la realeza. En el interior de un sarcófago de piedra se encontró un cofre de oro nunca visto, que contenía huesos cuidadosamente incinerados, envueltos en restos de un tejido púrpura. Andronikos propuso que se trataba nada menos que de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, que murió apuñalado en el año 336 a.C. en Aegae, la capital espiritual y cementerio de los reyes macedonios.

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Scythian Quiver & Armour of a Woman, Vergina
Aljaba escita y armadura femenina, Vergina
David Grant (Public Domain)

Para algunos observadores, el descubrimiento más llamativo fueron los restos del esqueleto de una mujer en la antecámara funeraria, recogidos en otro osario de oro. El equipo excavador había encontrado un raro enterramiento doble. Era tentador identificar a la mujer como una de las siete esposas conocidas de Filipo. Lo que complicaba la hipótesis fue la presencia de una aljaba con arco y flechas escitas, recubierta de oro. Andronikos quedó desconcertado: «El problema creado por la presencia de un enterramiento femenino y estas armas resulta ciertamente extraño... Podía tratarse de una mujer con inclinaciones propias de una amazona, familiarizada con las armas» (178). Andronikos se refería a las famosas guerreras que jugaron un papel tan relevante en las antiguas leyendas griegas, cuyas descendientes fueron las arqueras a caballo escitas.

La guerra de los huesos

«Las armas eran para los hombres, las joyas para las mujeres», se puede leer en una placa en el Museo de Vergina, erigido sobre las tumbas en 1997. Realmente, muchos comentaristas creyeron que las armas de la antecámara pertenecían al hombre que yacía en la otra sala, tal como parecía indicar su colocación de pie, contra la puerta que separaba las dos cámaras.

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Pronto dio comienzo una guerra de los huesos, librada a través de una serie de artículos académicos dirigidos a derribar la hipótesis de los contrarios.

Bajo este mismo túmulo se descubrió un racimo de estructuras, nombradas como Tumbas I a la IV. Este nuevo hallazgo suscitó 35 años de controversia entre historiadores y estudiosos, que proponían explicaciones diversas acerca de los ocupantes de la Tumba II: los de un bando afirmaban que eran Filipo II y una de sus esposas; según la facción opuesta, se trataba del hijo medio idiota de Filipo, coronado como Filipo III Arrideo, y su joven esposa Adea-Eurídice. Esta pareja real fue trágicamente ejecutada a manos de la madre de Alejandro, Olimpia, de modo que encaja con el escenario de un doble enterramiento. Las discusiones se agriaron, complicándose cada vez más y dividiendo a la comunidad académica, y no tardó en comenzar una encarnizada «guerra de los huesos», librada a través de una serie de artículos académicos dirigidos a derribar la hipótesis de los contrarios.

Lo que parecía un sesgo arqueológico de género sobre las armas de la antecámara resultó ser erróneo. En 2013, un equipo de antropológos dirigido por el profesor Theo Antikas y la profesora Laura Wynn-Antikas estudió los restos del esqueleto y encontró una fractura importante en la tibia, que había acortado la pierna izquierda de la mujer. Esto unía definitivamente el cadáver con la armadura hallada, porque la greba izquierda, que siempre había parecido bastante femenina en su aspecto, era 3,5 cm más corta y más estrecha que la derecha. Por consiguiente, las armas quedaban asociadas a la mujer. Los historiadores se encontraron con el enigma de una guerrera coja con un precioso artefacto procedente del mundo escita. El análisis minucioso de su hueso público reveló una edad de 30-34 años en el momento de su muerte, y esto descartaba a las esposas más prominentes de Filipo, que eran mucho mayores cuando él murió, y a su última novia adolescente, Cleopatra, así como a la joven reina Adea-Eurídice, la esposa de su hijo discapacitado.

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La cuestión seguía en pie: ¿qué hacía un arma escita en una tumba macedonia? ¿Había algún vínculo entre la familia de Alejandro Magno y el mundo escita, o, al menos, con una mujer de apariencia amazónica?

Amazonas y escitas

Amazonas legendarias y escitas muy reales eran mencionados a la par en la Grecia antigua. El dramaturgo Esquilo, en el siglo V a.C., las describe en su Prometeo encadenado como «Las amazonas de la Cólquide, las vírgenes intrépidas en combate, las hordas escitas que viven en los confines del mundo», mientras que el retórico Isócrates habla de «los escitas, dirigidos por las amazonas» en su Panegírico. En una de las muchas versiones de los mitos vinculados a estas mujeres guerreras que habitaban los confines del mundo griego, las tribus efectivamente se aliaron contra el Ática, intentando recuperar a Antíope, que había sido raptada por el rey Teseo, el héroe fundador de Atenas. Pero es Heródoto quien explica cómo el destino de las amazonas se cruzó con el de los escitas en la ribera norte del Mar Negro, donde los griegos solían comerciar (4, 110 ff.).

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Las mujeres atenienses, confinadas en el hogar, absorbían de buen grado estos relatos legendarios de amazonas que gobernaban en una ginecocracia que relegaba a los hombres. La imagen de unas arqueras formidables, sexualmente liberadas, con un solo pecho, vestidas con pantalones y botas, que recorrían las estepas montadas en caballos domados por ellas mismas, evocaba poderosamente la emancipación de las estrictas leyes griegas. Pero ¿existieron de verdad estas mujeres guerreras? Porque Herodoto, a decir verdad, siempre fue considerado un historiador más bien sensacionalista...

La elevada proporción de mujeres con armas en las tumbas sugiere que al menos un 25 % de los combatientes escitas eran mujeres.

En una serie de excavaciones recientes en los túmulos llamados kurganes, entre el Don y el Danubio, se han desenterrado más de 112 tumbas de mujeres enterradas con sus armas. El 70 % de ellas tenían entre 16 y 30 años de edad en el momento de su muerte. La elevada proporción de mujeres con armas en las tumbas sugiere que al menos un 25 % de los combatientes escitas eran mujeres, una cifra que parece aumentar a medida que se analiza el ADN de algunos esqueletos que se creían masculinos. Algunos restos muestran un desarrollo inusual de la musculatura del brazo derecho, lo cual indica el uso frecuente de un arco. El uso de un solo pendiente en las orejas también pudo diferenciar a las luchadoras femeninas del resto de mujeres de la tribu.

La leyenda afirma que los escitas descendían de uno de los tres nietos de Zeus; del cielo llovieron copiosos regalos de oro, señalando a uno de ellos, el hijo de Heracles llamado Scites, como el gobernante de la «más joven de las naciones», forjada apenas 1000 años antes de que Darío I cruzara el mar para atacar Grecia en la batalla de Maratón, en el 490 a.C. En tiempos de Herodoto, los escitas aún llevaban cinturones con pequeñas copas atadas, conmemorando a su heroico ancestro; posiblemente las usaban para llevar el veneno de serpiente con el que untaban sus flechas, o quizás para cumplir con los votos de sangre sobre la silla (Herodoto 4, 3 ff.).

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Los escitas disfrutaron de una temible reputación, al igual que sus compañeras amazonas, quienes, según Herodoto, fueron absorbidas por su raza, y barrieron a los cimerios de Ucrania y las estepas rusas mucho antes de su época. Herodoto describe las técnicas escitas para arrancar cabelleras: la piel del enemigo era violentamente extraída del cráneo y anudada en la brida de sus caballos, mientras que los brazos derechos del enemigo eran desollados para fabricar fundas para sus aljabas (4, 64).

Escitas en el mundo griego

Al no dejar registros escritos, no conocemos su lenguaje ni si tenían algún tipo de escritura, pero sus tribus se extendían desde el Danubio, por la ribera norte del Mar Negro y hasta el Mar Caspio. Desde allí, varias oleadas migratorias se desplazaron hacia el este, en el moderno Kazajstán, y los estados al sur de este. Escita, por tanto, era el nombre que los griegos daban a todos los nómadas euroasiáticos que compartían un estilo de vida común en la franja de territorio al norte del Imperio persa. Los persas los llamaban Saka, y los desiertos áridos en los que habitaban solían ser ridiculizados en algunos refranes griegos.

Traditional Scythian-Occupied Region East of Ukraine
Región ocupada tradicionalmente por los escitas, al este de Ucrania
David Grant (Public Domain)

Los escitas ciertamente habían penetrado en el mundo griego mucho antes de Filipo y Alejandro. Se cuenta que un filófoso Greco-escita, llamado Anacarsis, viajó a Atenas a principios del siglo VI a.C. Conocido por su candor y por su discurso plano y directo, le presentaron al gran legislador, Solón, y obtuvo el raro privilegio de la ciudadanía ateniense. Otra tradición cuenta que Anacarsis era uno de los siete sabios de Grecia, dejando como legado una serie de sabios dichos.

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Herodoto confirma que griegos y escitas coexistieron en la región que hoy abarca la Crimea oriental. Hacia el 480 a.C., los colonos griegos habían establecido una federación del Reino del Bósforo, animados por unas condiciones favorables para el comercio. Los relieves de piedra en las tumbas escitas sugieren que sus arquitectos fueron griegos del Bósforo, con lo cual se puede concluir que «la élite escita estaba fuertemente helenizada» (Tsetskhladze, 66). Un destino próspero y muy conocido era Panticapeo, un centro metalúrgico, identificado como la moderna Kerch en la península de Crimea.

El arte greco-escita, como la amazonomaquia en el escudo con incrustaciones de marfil y cristal hallado en la tumba II de Vergina, con su imaginería híbrida, griegos luchando contra bárbaros, también estaba bien consolidado en la región donde ambos mundos se solapaban, y aún puede apreciarse en la cerámica de la zona. Tampoco deberíamos olvidar el comercio de esclavos; cautivos escitas fueron embarcados hacia Grecia, especialmente Atenas, donde, paradójicamente, a mediados del siglo V a.C. emergió una policía urbana escita con la que nadie se podía enfrentar.

La tumba de Vergina

El enigma de la tumba de Vergina permanece sin resolver. Una hipótesis inicial proponía que la mujer era una presunta hija del rey Ateas, de los escitas del Danubio, que en un momento dado se alió con el rey macedonio adoptando a Filipo como su heredero, pese a tener ya un hijo. La relación inicialmente amistosa con Ateas se rompió, pero los estudiosos conjeturan que su hija, entregada libremente o acompañada por 20 000 mujeres cautivas, fue llevada a Macedonia tras la victoria de Filipo para convertirse en su séptima esposa, con lo cual el total de mujeres del rey sumaría ocho. Por elegante que suene esta hipótesis, en los textos antiguos no se menciona ninguna hija de Ateas. Adoptar a Filipo era una maniobra extraña si Ateas ya tenía una hija, pues entonces la vía más natural para forjar una alianza hubiera sido el matrimonio: casar a su hija con Filipo, incorporándola a su corte polígama.

La teoría de la hija de Ateas afronta más problemas: la colorida descripción que hace Herodoto de las prácticas pre-funerarias escitas incluía abrir el vientre del difunto, para limpiarlo y eviscerarlo, llenarlo de sustancias aromáticas y cubrir el cadáver con cera antes de exhibirlo ante toda la tribu. En contraste, la mujer de la Tumba II fue incinerada poco después de su muerte, sin ningún tipo de adorno femenino, cuando las mujeres escitas solían ser enterradas con sus joyas: cuentas de cristal, pendientes y collares de perlas, topacios, ágata y ámbar, así como espejos de bronce y pulseras decoradas. El misterio de Vergina se hacía más profundo.

Scythian Gold Comb
Peine de oro escita
Maqs (Public Domain)

Más problemático aún era el innombrado «elefante en el salón»: las fuentes antiguas nunca mencionan que una mujer fuera incinerada, preparada para un suicidio ritual o enterrada con Filipo. Esto sugiere que su enterramiento en la segunda cámara tuvo lugar después del primero, una hipótesis que encaja con lo que Andronikos observó tras excavar la tumba II: la cámara principal y la antecámara, con sus diferentes alturas y ángulos en la bóveda del techo, parecen haber sido construidas en diferentes fases.

¿Podía el reinado del hijo de Filipo, Alejandro, arrojar alguna luz sobre la guerrera de la Tumba II? Es más que probable que los relatos sobre las amazonas corrieran entre las tropas de Alejandro, que estaba decidido a seguir las huellas de estas llamativas sagas prehistóricas. Se dice que Alejandro cruzó el territorio de 300 tribus fabulosas durante la conquista de Persia, disfrutando de una cita de 13 días con la reina amazona, Thalestris, en Hircania, al sur del Mar Caspio, y satisfaciendo su deseo de engendrar un hijo de sangre real (Plutarco, 46, 1-3). El gobernador de Media también envió a 100 mujeres de la región, vestidas como las fabulosas amazonas, ante el rey macedonio. El deseo de Alejandro por emular a sus heroicos ancestros, como Heracles y Aquiles, era conocido por aquellos que buscaban su favor.

La madre, las hermanas y hermanastras de Alejandro pudieron recibir valiosos regalos que no se han documentado, incluyendo botín y objetos preciosos de los escitas.

Otros historiadores romanos nos han dejado testimonios más sobrios que recogen la presencia de embajadores diplomáticos de varias tribus escitas a medida que Alejandro se movía por las provincias del Imperio persa. Pero apenas tenemos registro de los tesoros que Alejandro enviaba a casa como trofeos de guerra. La madre, hermanas y hermanastras de Alejandro pudieron recibir valiosos regalos que no se han documentado, incluyendo botín y objetos preciosos de los escitas.

Lo que está claro es que Alejandro no tomó esposa entre los escitas, ni regresó a Macedonia con una concubina escita. Finalmente, las tribus escitas se mostraron hostiles ante el avance macedonio y argumentaron ante Alejandro que su vida, libre de pretensiones, podía resumirse en «una yunta de bueyes, un arado, una flecha, una lanza y una copa» (Curtius, 7, 8, 17). Tras reprenderlo por intentar «subyugar toda la raza humana» y «ambicionar lo que está fuera de su alcance», sumaron fuerzas con los rebeldes locales para combatir a los macedonios hasta que sus jefes fueron expulsados (Curtios 7, 9, 9 y 7, 8, 12). La presencia del carcaj escita en Vergina necesitaba otra explicación.

Otra tesis apuntada señala que una de las esposas de Filipo era la hija del rey Cotelas, de la tribu de los getas, en la región de Tracia, al sur del Danubio. Las mujeres escitas y getas, se dice, tenían la costumbre de suicidarse ritualmente para honrar la muerte de su rey. Herodoto explica que, entre los tracios, la esposa favorita se cortaba el cuello tras ser elogiada por los asistentes al funeral, mientras que las que permanecían vivas eran avergonzadas desde entonces. Las tierras tracias y escitas hacían frontera con el río Danubio, donde sus costumbres, lenguaje e incluso la afición por el tatuaje pudieron emerger. La muerte ritual de una esposa tracia, por tanto, podría explicar el doble enterramiento de la Tumba II.

Esta nueva teoría también descansa en fundamentos cuestionables. La esposa geta de Filipo carecía de vínculos marciales, por lo que resulta improbable que fuera honrada con ese suntuoso ajuar bélico. Además, y considerando la tierna edad de sus últimas mujeres, 30-34 años parece una edad excesiva para su esposa. En ningún texto se recoge que hubiera amazonas guerreras ni arqueras a caballo entre los tracios. Meda tampoco encaja con la aljaba de oro escita.

Una nueva candidata

El mundo escita y Macedonia habían trabado relaciones diplomáticas con éxito dispar. Para los que proponían que la mujer de la Tumba II era escita basándose en el carcaj era un salto deductivo lógico. Pero esta es la única arma escita hallada en la cámara; las demás armas y la coraza no lo son. Lo que quizás no se ha tenido en cuenta es que en tiempos de Filipo existía una floreciente industria metalúrgica en Macedonia, que pudo atraer a los mejores artesanos. Es posible que algún artesano local en Pella, la capital macedonia, fabricase objetos al estilo escita para exportar a los jefes de tribu escitas cuando las relaciones diplomáticas se extendían al norte del Danubio.

Como ejemplo, tenemos una aljaba de oro expuesta en el Museo Metropolitano de Nueva York. Su descripción dice así: «Aunque el carcaj es de tipo escita, la decoración es de estilo griego e indudablemente obra de manos griegas. Otros objetos de oro procedentes de la tumba real de Vergina en el norte de Grecia y de varios kurganes de gobernantes escitas al norte del Ponto están vinculados al mismo taller». El mismo taller parece ser el origen de otro raro ejemplar de oro hallado en Rusia; posee el mismo patrón grabado en el metal precioso que el de Vergina.

Scythian-style Scabbard Decoration
Vaina Decorada al Estilo Escita
Metropolitan Museum of Art (Copyright)

Desde 1997, cuando abrió sus puertas, el Museo Arqueológico de Vergina ha colocado carteles junto a las tumbas que atraen a miles de visitantes cada año. La Tumba II, reza el cartel, con bastante audacia, albergó los restos de Filipo II y su esposa Meda, de la tribu de los getas. Pero a la luz de los recientes estudios forenses de los huesos y la metalurgia, posiblemente estemos a las puertas de una nueva guerra de los huesos. Porque una nueva identidad, nunca antes mencionada, ha entrado en el debate: Cynane, hija de Filipo II, de la que sabemos por las fuentes antiguas que era una mujer guerrera e incluso mató a una reina iliria en combate singular. Las fuentes antiguas confirman que fue enterrada en Aegae con grandes honores, años después que su padre. La «amazona escita» pudo haber aprendido las artes de la guerra bastante más cerca de casa.

La arqueología en Grecia tiene abonado el terreno con los avances en datación por ADN, radiocarbono e isótopos estables. Si el Ministerio de Cultura permite finalmente que se analicen los huesos de las tumbas reales, el misterio de la reina amazona de Macedonia quedará definitivamente resuelto.

Bibliografía

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Sobre el traductor

Montse de Paz
Soy escritora y trabajo en una fundación humanitaria. Mi experiencia y la imaginación han nutrido mi fantasía y mi amor por las letras me impulsa a escribir cada día. Hija de una historiadora, me apasiona la historia y en ella encuentro inspiración para mis libros.

Sobre el autor

David Grant
David Grant es autor del volumen de 917 páginas En Busca del último testamento de Alejandro Magno (2017) y Desenterrando a la familia de Alejandro Magno (2019), escritos en estrecha colaboración con antropólogos y científicos de Grecia.

Cita este trabajo

Estilo APA

Grant, D. (2019, noviembre 08). Mujeres guerreras en la antigua Macedonia [Warrior Women of the World of Ancient Macedon]. (M. d. Paz, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1437/mujeres-guerreras-en-la-antigua-macedonia/

Estilo Chicago

Grant, David. "Mujeres guerreras en la antigua Macedonia." Traducido por Montse de Paz. World History Encyclopedia. Última modificación noviembre 08, 2019. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1437/mujeres-guerreras-en-la-antigua-macedonia/.

Estilo MLA

Grant, David. "Mujeres guerreras en la antigua Macedonia." Traducido por Montse de Paz. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 08 nov 2019. Web. 04 dic 2021.

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