Guerra escita

Definición

Patrick Scott Smith, M. A.
por , traducido por Emiliano S. Grill
Publicado el 21 febrero 2022
Disponible en otros idiomas: inglés, francés
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Scythians Shooting with Bows (by PHGCOM, CC BY-SA)
Escitas disparando con arcos
PHGCOM (CC BY-SA)

La guerra escita utilizaba arcos recurvos de última generación y tácticas de ataque y retirada contra formaciones de infantería establecidas. A lomos de caballos ágiles, los guerreros escitas podían lanzar una nube de flechas letales. Conocidos también por su uso innovador de las armaduras de escamas, luchaban también cuerpo a cuerpo con escudo y espada. Los nómadas escitas, que dominaron la estepa de Asia Central entre los siglos VII y III a.C., eran realmente formidables.

Armas y armaduras

Para su protección personal, además de utilizar grebas de una sola pieza para proteger las espinillas, los escitas eran especialistas en armaduras de escamas: sobre unos corsés de cuero blando, unían placas de hierro superpuestas a modo de escamas de pez utilizando tendones de animales. El tamaño de las placas podía variar en función de las partes del cuerpo cubiertas. Las escamas de los brazos y los hombros eran más pequeñas para facilitar el movimiento. Las escamas también se utilizaban para fabricar cascos y para recubrir escudos de madera. Con el tiempo, en la guerra escita también se utilizaron cascos completos de metal de tipo kobano y corintio.

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El arma más eficaz del guerrero escita era el arco.

Entre sus ajuares funerarios se encuentran hachas de batalla, mazas, lanzas y arpones. Algunas de las lanzas descubiertas tienen unos 3 metros de longitud, y las lanzas, 1,8 metros. Aunque la maza pudo ser más un símbolo de estatus, el uso de escudos y espadas era básico en cualquier maniobra de infantería. Además de los escudos cubiertos de placas de su caballería pesada, los soldados ordinarios utilizaban escudos más ligeros de mimbre tejido. Muchas de sus primeras espadas de doble hoja medían unos 60 cm y se estrechaban en la punta, mientras que las posteriores del siglo V se estrechaban desde la empuñadura hasta la punta en forma de triángulo alargado.

Sin embargo, el arma más eficaz del guerrero escita era el arco: fabricado con madera laminada, cuerno, tendones y colas, representaba la cúspide de la tecnología de arcos copiada por naciones posteriores como los partos, los mongoles y los turcos. Estos arcos tenían un perfil recurvo para maximizar la aceleración y la precisión a larga distancia de la flecha. Al ser más cortos, eran ideales para disparar flechas a caballo. Una vez encordados, la resistencia y elasticidad de las extremidades se acentuaban con un laminado de cuerno pegado en el interior de las extremidades y un laminado de tendón pegado en el exterior. El recurvo compuesto escita, un proceso laborioso que tardaba hasta dos años en ensamblarse, curarse y secarse, era un premio valioso, quizás incluso se intercambiaba con aliados selectos como sus socios griegos.

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Scythian Warrior
Guerrero escita
Janmad (CC BY)

En cuanto a su rendimiento, hay un relato inscrito en un monumento funerario griego en Olbia, en el Mar Negro, de un olbiano llamado Anaxágoras que ganó un concurso de tiro lanzando una flecha 521 metros. Como los olbianos eran comerciantes griegos que vivían en territorio escita, se cree que Anaxágoras recibió su arco de los escitas. Mucho más tarde, el sultán turco Selim III (1761-1808 d.C.), que participaba en el pasatiempo favorito de su nación, el tiro al vuelo, disparó una flecha 889 metros con un arco compuesto, descendiente tecnológico directo del arco escita. Mientras que los arcos y flechas de Anaxágoras y Selim se modificaron para una actuación concreta, el arco escita perduró durante siglos como arquetipo estándar. Dado que su modelo de fabricación y su aspecto permanecieron relativamente invariables durante cientos de años, su omnipresente adopción por parte de muchas naciones es un testimonio de su función y rendimiento, especialmente para los arqueros a caballo.

Para llevar sus arcos y hasta 75 flechas preparadas, los escitas fabricaron un interesante recipiente llamado gorytos. De esta funda de cuero, el guerrero escita podía sacar y soltar hasta 12 flechas por minuto. Con esta técnica de disparo rápido, «dados los cientos de arqueros a caballo que tomaban parte en la mayoría de los enfrentamientos, uno solo puede imaginar la lluvia de flechas mortales que caía entre sus enemigos» (Chernenko, 12). Además, si sus flechas no impactaban en una parte vital del cuerpo, el veneno en el que las sumergían los escitas terminaba el trabajo. Se dice que este veneno llamado Scythicon consistía en una mezcla de veneno de serpiente, carne de serpiente descompuesta y suero humano. Las puntas de flecha sumergidas en este brebaje letal podían, como afirma Renate Rolle, «provocar que la herida más leve fuera mortal» (65). Por último, para aumentar su efecto terrorífico, los escitas fabricaban algunas de sus flechas con puntas de púas, lo que las hacía insoportablemente difíciles de extraer.

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Organización militar

Aunque los escitas se organizaban en tribus separadas que compartían una cultura común, su organización militar comunal habría sido una parte no reconocida de su éxito. En Crimea, un vaso de oro fabricado en el siglo IV a.C. a partir del kurgán de Kul'-Oba muestra soldados acampando. Mientras dos de ellos, con lanzas y arcos preparados, parecen contemplar su destino en la acción inminente, otro demuestra cómo encordar un arco; otro le quita un diente a su camarada, mientras que otro venda la pierna herida de un compañero.

Kul-Oba Beaker
Jarra de Kul-Oba
Joanbanjo (CC BY-SA)

Otro artefacto en relieve dorado del mismo kurgán muestra un ritual común en el que dos guerreros beben juntos de un cuerno. Tales representaciones revelan modos de vida destinados a inculcar un propósito compartido y la camaradería entre los soldados, donde los individuos que luchan por los amigos contra el enemigo crean un frente unido y más resistente. No obstante, aunque la lealtad escita entre soldados era realmente sólida, la lealtad de grupo era hacia su tribu y su jefe.

Además, el eminente papel que desempeñaban las mujeres en la vida militar y política de su pueblo contribuyó a su éxito marcial: sin precedentes hasta la época moderna, parece que algunos grupos de mujeres adquirieron un estatus social igual al de sus hombres. Aunque el relato de las Amazonas se ha hecho un hueco en la tradición moderna, la realidad de su historia ha sido objeto de debate durante mucho tiempo. Heródoto cuenta la historia de una raza extranjera de mujeres guerreras que llegaron a las costas de Escitia. Como grupo, mantuvieron su independencia, pero acabaron mezclándose con un grupo de jóvenes escitas que les enviaron los ancianos escitas. Aunque hablaban lenguas diferentes, los dos grupos viajaron hacia el este para formar su propia tribu. Heródoto afirma que de esta unión surgieron los sármatas, que hablaban una lengua escita híbrida. Estas mujeres guerreras mantuvieron su independencia siguiendo sus antiguas costumbres, a menudo cazando solas y guerreando junto a sus hombres. También prohibían a sus hijas casarse hasta que hubieran matado a un hombre en combate.

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Apiano, un historiador romano, valida la condición de soberanas/guerreras de las mujeres escitas. Cuando describe el triunfo de Pompeyo (106-48 a.C.) por derrotar a Mitrídates VI (120-63 a.C.), incluye entre la procesión de reyes y generales capturados a «mujeres gobernantes de Escitia» (17.116-117). El hecho de que Apiano mencione a mujeres gobernantes, en plural y contemporáneas, indica un estatus de gobernante amplio, compartido, común y cooperativo. Además, la referencia de Heródoto a Tomiris, la reina guerrera escita, que derrotó a Ciro el Grande (c. 600-530 a.C.) en una batalla siglos antes, sugiere de nuevo una tradición de soberanía femenina. (1.205-214) Así pues, los escitas en su conjunto no dudaron en seguir a mujeres guerreras y gobernantes.

Amazon Warrior, Attic Relief Plaque
Guerrera Amazona, placa ática en relieve
Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

El registro arqueológico también sugiere un estatus guerrero considerable, e incluso soberano, para las mujeres escitas. En 1993, en el extremo oriental de la confederación escita, Ak-Alakha, localizado en la meseta de Ukok de las montañas Altai, los excavadores encontraron un enterramiento de una rica mujer escita. El hecho de que fuera la figura central del yacimiento, enterrada con objetos de estatus y rodeada de seis caballos ensillados, hace pensar que se trataba de la élite principal de su pueblo. Por último, según Cunliffe, en territorio sármata, «una quinta parte de los enterramientos guerreros excavados que datan de los siglos V-IV son femeninos, mientras que en territorio escita se conocen más de cuarenta enterramientos guerreros femeninos» (219).

Estrategia y táctica

Aunque Heródoto habla de un periodo de 28 años de incursiones fuera de su entorno conocido en el que derrotaron a los medos y recibieron sobornos por parte de los egipcios, su aventura duró poco. Mientras saqueaban y robaban riquezas, los medos acabaron por emborracharlos y mataron a muchos de ellos (1.103-106). Por lo demás, fueron expertos durante mucho tiempo en proteger la patria que conocían. Su estrategia más importante consistía en conocer y ceñirse a un territorio propicio para su estilo militar a caballo, evitando al mismo tiempo el enfrentamiento directo con formaciones de infantería establecidas. La geografía de la estepa abierta, la estepa desértica y las extensiones de bosque y estepa por las que se desplazaban era más favorable para el pastoreo de animales y los viajes a caballo que para un modo de vida sedentario que implicara la producción agrícola. De ahí su escasez de centros urbanos y su estilo de vida nómada.

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Con una estrategia de desgaste, los escitas frustraron la incursión de Darío.

Las victorias más espectaculares de Escitia fueron contra el Imperio persa, ya que frustraron en dos ocasiones los intentos de invasión del Imperio aqueménida. Cuando Darío I (rey entre 522 y 486 a.C.) invadió Escitia, su frustración por el hecho de que los escitas se mantuvieran firmes en su estrategia de no entablar combate quedó patente cuando, como cuenta Heródoto, retó a Idantirso a que se levantara y luchara "o que se acostumbrara a su nuevo amo" (4.97-142). Idantirso le contestó que esa no era la forma de hacer la guerra de Escitia, que ellos lucharían en sus propios términos.

Cuando los persas entraron en territorio escita en 513 a.C. tendiendo un puente sobre el Danubio, los escitas les negaron el sustento quemando sus propios campos y arruinando los pozos. A un día de marcha de los persas hacia el este, por encima del Mar Negro, los escitas atacaban a las partidas de forrajeo de Darío protegidos por su caballería. Los escitas siempre ganaban los enfrentamientos de caballería contra caballería, pero cuando la caballería persa se replegaba tras las líneas de infantería, los escitas se marchaban a caballo. A medida que estas tácticas se prolongaban día y noche, los escitas adentraban a los persas en territorio aliado, y luego en terreno desolado. Finalmente, después de que los escitas dieran la vuelta hacia el oeste, los persas, frustrados y agotados, optaron por retirarse. Fue en ese momento cuando los escitas decidieron realizar un triple ataque de caballería. Los escitas supusieron que encontrarían rápidamente a los persas buscando comida en zonas no quemadas, pero los persas siguieron su camino original. Como los escitas los perdieron, los persas escaparon por el Danubio. Así, con una estrategia de desgaste (llevar al enemigo hasta territorio amigo, cortar fuentes vitales, usar tácticas de atacar y huir y un plan para acabar con su oponente con su recurso más formidable: el arco y las flechas disparadas desde el caballo), los escitas frustraron la incursión de Darío.

Relief of a Scythian Warrior
Relieve de guerrero escita
Walters Art Museum (CC BY)

En definitiva, la clave de su táctica y estrategia eran sus caballos. Teniendo en cuenta que se trataba de una cultura ecuestre, se habrían desarrollado y empleado sofisticados sistemas específicos de cría, cuidado, adiestramiento y acorralamiento. Una vez que sus caballos estuvieran listos para el combate, como seguían su estrategia de combate en llanuras abiertas, evitar las incursiones nocturnas habría sido crucial. Teniendo en cuenta las relaciones entre partos y escitas, que los partos eran descendientes de los escitas e imitaban su estrategia y tácticas, Dion Casio menciona que no utilizaban atrincheramientos y que se alejaban mucho del campo de combate cuando llegaba la noche. (40.24) Retirarse a semejante distancia los habría hecho difíciles de atrapar, y mucho más difíciles de encontrar en la oscuridad. Los escitas, del mismo modo, habrían acampado a una distancia segura de sus combatientes. Al instalarse, habrían apostado centinelas en puntos de vigilancia seleccionados, ya que sus caballos (con su agudo sentido del oído y su estado de alerta) probablemente habrían servido de alarma adicional.

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Logística

Uno de los medios de supervivencia más importantes, que a menudo marca la diferencia entre ganar o perder una batalla, es un suministro adecuado de alimentos y agua. Igual de importante es la capacidad de sobrevivir cuando el sustento escasea. Tanto Dion Casio como Plutarco hablan del efecto ruinoso que la sed extrema tuvo sobre el ejército romano en la batalla de Carras, en el año 53 a.C., mientras luchaban contra los partos en medio del calor del mediodía estival. Cuando se trataba de sobrevivir sin agua, los partos, al igual que los escitas, tenían otras soluciones. Dion Casio escribe:

Debido a la costumbre pueden soportar el sol, que es muy abrasador, y han descubierto muchos remedios para la escasez y dificultad de suministro de bebida, hecho que les sirve de ayuda para repeler sin dificultad a los invasores de su tierra. (40.15)

También los escitas tenían fama de luchar sin comida ni agua. Antes de su batalla con Filipo II de Macedonia (rey entre 359 y 336 a.C.), Ateas (429-339 a.C.) se jactaba: «Tú reinas sobre los macedonios, hombres que han aprendido a luchar, pero yo sobre los escitas, que pueden luchar con hambre y sed» (Plutarco, Moralia, 3.174). Curiosamente, según Plinio, dos plantas descubiertas por primera vez por los escitas (el regaliz y el hipérico) mitigan el hambre y la sed. «Si una persona mantiene regaliz en la boca, nunca experimentará hambre ni sed». El hipérico, también importante para los escitas, tenía fama de producir un efecto similar en los caballos. Plinio reitera la leyenda de que «con la ayuda de estas dos plantas, los escitas podían soportar el hambre y la sed durante doce días» (25.43-44).

Scythians
Escitas
Simeon Netchev (CC BY-NC-SA)

Además, otra técnica de supervivencia utilizada durante mucho tiempo por los pueblos antiguos es el uso de la grasa. Los escitas podían obtenerla fácilmente de los animales que pastoreaban. Descendiente del extinto caballo turcomano de fama selyúcida de la estepa kazaja, se sabe que la dieta de la igualmente briosa raza de caballo llamada Akhal-Teké incluía (además de dátiles y cebada) grasa de carnero. También, el consumo personal de pemmican (grasa mezclada con carne seca) para evitar la inanición y soportar el frío estaba muy extendido entre los indios norteamericanos de latitudes similares. Además de su larga vida útil y su popular inclusión en la preparación de comidas, la fundición de grasa en uno de sus calderos para consumo selecto y aprovechamiento en tiempos de guerra era una opción natural para los escitas.

Otro medio de supervivencia, especialmente en la guerra antigua, habría sido la curación de golpes y cortes en el cuerpo. Los antiguos conocían la limpieza, el vendaje e incluso la sutura eficaces: como los colonos griegos vivían entre ellos, y los pueblos de China e India (adeptos a las curas medicinales desde hacía mucho tiempo) eran sus vecinos, la necesidad absoluta de los escitas de curar las heridas de su personal militar significa que sin duda habrían tomado prestadas, mejorado o inventado curas eficaces. Curiosamente, dado que los escitas eran notablemente expertos en la letalidad de sus flechas envenenadas, fueron los agari (tribu escita experta en toxicología) a quienes Mitrídates convirtió en parte habitual de su círculo íntimo. Asimismo, el propio Mitrídates fue un innovador en las recetas teriacas (el mitridato). Sin embargo, como relata Apiano de Alejandría: tras la batalla de Zela en el 67 a.C., fueron «los agari quienes curaron a Mitrídates de sus heridas tras ser gravemente herido por un dardo bajo el ojo y por una piedra en la rodilla» (13.88).

Batallas

Debido a su destreza militar, diferentes naciones solicitaban a menudo los servicios militares de los escitas. En el 490 a.C., los arqueros a caballo de la tribu saca (una tribu escita) ayudaron a los persas contra los griegos en la batalla de Maratón y de nuevo en la batalla de Platea en el 479 a.C. Los guerreros escitas también se unieron a Darío III (rey entre 336 y 330 a.C.) contra Alejandro Magno (356-323 a.C.) en la batalla de Gaugamela en el 331 a.C. Apiano, el historiador romano, muestra a príncipes escitas del Mar Negro como decisivos en la derrota de Mitrídates VI por Pompeyo en el 63 a.C. Además, como primos y vecinos de los partos, los escitas acudieron en ayuda de Partia cuando, tras problemas dinásticos, el rey parto Sinatruces I (rey entre 75 y 69 a.C., aproximadamente) fue instalado en el trono con ayuda escita. Y según Dion Casio, los escitas desempeñaron un papel clave en la ayuda a Artabano II (rey entre 12 y 38/41 a.C.), él mismo medio escita, para asegurar Armenia para Partia (57.26). Tácito apoya la afirmación de Dion Casio, que muestra a Artabano «reuniendo refuerzos en Escitia» antes de unirse a la batalla (Anales, 6.44.1).

Los escitas no solo ayudaron a reyes extranjeros o aliados, sino que también obtuvieron victorias espectaculares por sí mismos. Incluso durante su punto más bajo, ganaron dos batallas contra los poderosos partos, al parecer por una disputa de pagos. En un principio, los partos aceptaron pagar a los escitas para ayudar a proteger Siria de Antíoco VII (rey entre 138 y 129 a.C.), soberano del Imperio seléucida. Cuando los partos ganaron sin ellos y se negaron a pagar, se desencadenó una revuelta escita que acabó con la muerte del rey Fraates II (rey entre 132 y 127 a.C.), lo que animó a las tribus escitas del este a derrotar y matar a Artabano I (rey ente 127 y 124 a.C.). En su apogeo en el 530 a.C., Tomiris, la reina guerrera de los maságetas, consolidó la frontera sureste de Escitia al derrotar y matar a Ciro el Grande.

The Revenge of Tomyris
La venganza de Tomiris
Web Gallery of Art (CC BY-NC-SA)

Cuando los persas volvieron a atacarles desde el norte, los escitas provocaron la retirada de Darío el Grande (rey entre 522 y 486 a.C.). Esto les dio fama de invencibles. Finalmente, sumándose a ese éxito, Ateas (429-339 a.C.), rey de los escitas pónticos, expandió el poderío escita hacia Tracia, estableciendo uno de los tramos más occidentales de Escitia, desde el Don hasta el Danubio. Pero tras la derrota y muerte de Ateas a manos de Filipo II (rey entre 359 y 336 a.C.) en el 339 a.C., y su posterior caída en una trampa en el río Jaxartes por Alejandro Magno, los escitas nunca volverían a recuperar su reputación de inconquistables.

Los escitas sufrieron más derrotas cuando intentaron apoderarse del monopolio comercial de los griegos en el Mar Negro atacando sus colonias. Mitrídates VI, que acudió en ayuda de los griegos a finales del siglo II a.C., infligió a los escitas una derrota devastadora, al igual que haría el Imperio romano en el año 63 d.C. cuando los escitas volvieron a atacar el Quersoneso. Finalmente, en el siglo IV d.C., los escitas desaparecieron por completo de la historia al ser devastados por los hunos y asimilados por los godos. Pero en su apogeo, gracias a su habilidad como jinetes y a su perspicacia militar, la extensión territorial de los escitas, que abarcaba desde la llanura húngara en el oeste hasta las montañas del Gran Altai en el este, llegó a cubrir la asombrosa cifra de 2,4 millones de km².

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Emiliano S. Grill
Nacido y criado en Uruguay, Emiliano es un traductor, subtitulador y aficionado a la historia. Le apasionan los idiomas, la lectura y la escritura.

Sobre el autor

Patrick Scott Smith, M. A.
Patrick Smith, licenciado en humanidades, ha trabajado como investigador para las Escuelas Americanas de Investigación Oriental y la Academia de Ciencias de Missouri. Escritor de la Asociación para el Estudio Científico de la Religión, en 2015 fue galardonado con el Premio Frank Forwook a la Excelencia en Investigación.

Cita este trabajo

Estilo APA

A., P. S. S. M. (2022, febrero 21). Guerra escita [Scythian Warfare]. (E. S. Grill, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20528/guerra-escita/

Estilo Chicago

A., Patrick Scott Smith, M.. "Guerra escita." Traducido por Emiliano S. Grill. World History Encyclopedia. Última modificación febrero 21, 2022. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-20528/guerra-escita/.

Estilo MLA

A., Patrick Scott Smith, M.. "Guerra escita." Traducido por Emiliano S. Grill. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 21 feb 2022. Web. 25 may 2024.

Afiliación