Comercio en el Imperio bizantino

Mark Cartwright
por , traducido por Eva Bruzos Bruyel
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El comercio y los negocios fueron una de las piezas clave del éxito y la expansión del Imperio bizantino. El tráfico se realizaba en barco, si había que cubrir grandes distancias —aunque, por seguridad, la mayoría de los veleros se limitaba a navegar de abril a octubre, cuando hacía mejor tiempo—; o por tierra, aprovechando la antigua red viaria romana. Con estos dos medios de transporte, las mercancías no solo viajaban de una punta a otra del imperio, sino que también llegaban de lugares tan remotos como los actuales Afganistán, Rusia o Etiopía. Las ciudades más grandes tenían unos mercados prósperos y cosmopolitas; y Constantinopla se convirtió en uno de los mayores núcleos comerciales del mundo, donde los compradores podían pasearse por calles cubiertas y encontrar prácticamente de todo, desde lienzos búlgaros a perfumes árabes.

Constantinople
Constantinopla DeliDumrul (Public Domain)

Las actitudes hacia el comercio

La actitud hacia el comercio y los negocios en el Imperio bizantino había cambiado muy poco con respecto a la que se tenía en la Antigüedad o en las antiguas Grecia y Roma: no era una actividad muy bien valorada y, en general, los aristócratas terratenientes la consideraban un tanto indigna como para dedicarse a ella. Por ejemplo, es bien conocido el caso del emperador Teófilo (que gobernó durante los años 829‑842), que quemó un barco con toda su carga cuando descubrió que su mujer, Teodora, que había estado haciendo incursiones en el mundo de los negocios, tenía algún tipo de conexión financiera con la nave. Puede que esta actitud explique por qué los cronistas bizantinos solían eludir el tema por completo. De hecho, en el arte y la literatura bizantinos, a los negociantes, mercaderes, banqueros y prestamistas que habían intentado timar a sus clientes a menudo se les representaba poblando los niveles inferiores del infierno.

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Además, había una desconfianza general en los comerciantes y los empresarios (que podían ser tanto hombres como mujeres) por parte del pueblo y de las autoridades. Por eso, los emperadores solían ser muy exigentes a la hora de imponer y hacer que se respetasen cuestiones como la estandarización de los pesos, las medidas y, por supuesto, los precios. Las mercancías pesadas se pesaban escrupulosamente utilizando balanzas romanas y unos pesos en forma de busto del emperador o de la diosa Minerva (Atenea). Las mercancías más pequeñas como las especias se pesaban en una balanza cuyos pesos eran de vidrio o de una aleación de cobre. Para reducir los timos a la mínima expresión, los pesos de la balanza, que llevaban inscrito su peso correspondiente o su valor equivalente en monedas de oro, se revisaban con frecuencia.

La participación del Estado

Los puestos de aduanas estaban distribuidos a lo largo de las fronteras, así como en los principales puertos, y dos de los más importantes estaban en Abidos y Hierón.

Quizás debido a estas actitudes que consideraban el comercio una profesión no del todo respetable, el Estado intervino mucho más de lo que cabría esperar. A diferencia de en épocas anteriores, el Estado desempeñó un papel primordial en el comercio, así como, por ejemplo, en el abastecimiento de las principales ciudades, que casi nunca se dejaba en manos privadas. El comercio operaba a través de una serie de gremios hereditarios y los comerciantes que transportaban las mercancías (navicularii) no solo percibían subvenciones del Estado, sino también considerables rebajas fiscales en los aranceles y los peajes. Los impuestos sobre las importaciones (aranceles) los cobraban unos funcionarios del Estado conocidos como kommerkiarioi, encargados de recaudar los impuestos sobre todas las transacciones comerciales, así como de emitir un sello oficial de plomo para las mercancías que atravesaban con éxito el sistema de aduanas. Para limitar las posibles corruptelas, a los kommerkiarioi se les asignaba la plaza durante un año y, luego, se les trasladaba a otra en cualquier otra parte.

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Los puestos de aduanas estaban distribuidos a lo largo de las fronteras del imperio y en sus principales puertos; dos de los más importantes se encontraban en Abidos (en los Dardanelos) y Hierón y se encargaban de controlar los estrechos que hay entre el mar Negro y el Egeo. Aunque debió de haber bastante contrabando, se tomaron medidas para contenerlo, como el tratado del siglo VI entre los bizantinos y los sasánidas que estipulaba que todas las mercancías debían pasar por un puesto oficial de aduanas. Además, se llevaban de forma escrupulosa los registros, el más famoso de los cuales es el Libro del eparca de Constantinopla, que también resumía las normas que regían el comercio y los gremios en la ciudad.

Nomisma Coin of Basil II
Nomisma (moneda bizantina) de Basilio II The British Museum (Copyright)

Otro ejemplo de la intervención del Estado en el comercio es la estipulación de lo que había que hacer en los casos de pérdida o deterioro de las mercancías transportadas por mar. La Lex Rhodia o Ley Rodia (un código marítimo del siglo VII u VIII) disponía que, en tales circunstancias, los comerciantes recibirían una compensación fija. El Estado también se aseguraba de impedir la exportación de las mercancías que pudiesen resultarle útiles al enemigo —como el oro, la sal, la madera para los barcos, el hierro para las armas o el fuego griego (el arma secreta bizantina a base de un líquido muy inflamable)—. Tampoco se permitía la venta en el extranjero de la prestigiosa seda teñida con púrpura de Tiro.

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Otro de los ámbitos que el Estado supervisó muy de cerca fue, por supuesto, su moneda. Las monedas de cobre, plata y oro se acuñaban y emitían con las imágenes del emperador, sus herederos, la cruz, Jesucristo u otros motivos relacionados con la Iglesia. Aunque la razón primordial por la que el Estado comenzó a acuñarlas fue pagarles a los ejércitos y a los funcionarios, su uso acabó filtrándose y calando en todas las capas de la sociedad. Asimismo, se necesitaban para el pago de los impuestos anuales, que se realizaba en nomismas —una moneda estandarizada de oro equivalente al sólido romano (solidus)—. Es probable que las monedas escaseasen y que se tuviese que recurrir al trueque, sobre todo en las provincias, en las épocas en que hubo menos guerras y, por lo tanto, menos soldados y proveedores a los que tener que pagar; o cuando se debilitaron los tentáculos de la burocracia del Estado en el ámbito local en los siglos VII y VIII.

El control del comercio por parte del Estado bizantino se vio afectado por las conquistas árabes a partir del siglo VII. Además, las ciudades entraron en decadencia y se fueron haciendo más autosuficientes, al tiempo que el transporte en barco dependía cada vez más de comerciantes particulares. Cuando una mayor estabilidad en el Mediterráneo permitió el resurgimiento de unas redes comerciales más amplias a partir del siglo X, serían los Estados italianos los que aprovechasen la oportunidad de obtener beneficios con el transporte y la venta de mercancías de una punta a otra del mundo conocido. Incluso, los grandes comerciantes como los venecianos no solo tenían sus propias instalaciones en Constantinopla, sino que recibían un trato de favor en las regulaciones y los impuestos comerciales. Al principio, esto se hacía a cambio del apoyo naval en las guerras bizantinas, pero la presencia de los mercaderes italianos (de Amalfi, Pisa, Génova o Venecia) en los muelles de la capital se fue volviendo una constante. De este modo, Constantinopla pudo presumir de tener el mercado más animado y dinámico de Europa, donde los comerciantes de Siria, Rusia, Arabia y tantos otros lugares conformaban una población cosmopolita con residencia semipermanente. Los barrios proliferaron por toda una ciudad en la que los judíos construyeron sinagogas, los árabes mezquitas y los cristianos iglesias.

The Byzantine Empire in the mid-9th century CE
El Imperio bizantino a mediados del siglo IX Bigdaddy1204 (CC BY)

Las mercancías

Las mercancías más importantes de la Antigüedad continuaron siendo lo más fletado en el Imperio bizantino medieval: aceite de oliva, vino, trigo, miel y salsa de pescado. Del mismo modo, las ánforas de terracota siguieron siendo el recipiente preferido para almacenarlas. El diseño de las ánforas cambiaba en función de dónde se fabricasen, aunque las asas se agrandaron notablemente a partir del siglo X. El contenido se etiquetaba con sumo cuidado, para lo que se imprimían unas inscripciones en los laterales o se añadían unas etiquetas de arcilla. Se han hallado ánforas bizantinas por todo el Mediterráneo, así como en la antigua Gran Bretaña, el mar Negro, el mar Rojo y el mar Arábigo (mar de Omán). No sería hasta el siglo XII cuando el uso de los barriles de madera competiría con el de las ánforas y acabaría imponiéndose.

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Se han hallado ánforas bizantinas por todo el Mediterráneo, así como en la antigua Gran Bretaña, el mar Negro, el mar Rojo y el mar Arábigo.

Otros productos que se comerciaban entre regiones eran reses, ovejas, cerdos, panceta, verdura, fruta, pimienta y otras especias, medicinas, incienso, perfumes, jabón, cera, madera, metales, gemas labradas, lapislázuli (de Afganistán), vidrio, marfil (de la India y África), hueso labrado, lino, lana, telas, lienzos (de Bulgaria), pieles (de Rusia), vajillas de plata, esmaltes, ámbar (del Báltico), recipientes de bronce y objetos de latón (sobre todo, cubos y entrepaños decorados para puertas, con destino a Italia en su mayoría). El comercio de esclavos, a menudo provistos desde Rusia, continuó siendo importante asimismo.

Las vajillas de loza también solían estar presentes en el cargamento de cualquier barco, como evidencian los pecios. La cerámica de engobe rojo decorada con impresiones o con aplicaciones fue de uso corriente hasta el siglo VII, cuando comenzó a sustituirla poco a poco una cerámica más fina vidriada con plomo, que era blanca y, a partir del siglo IX, roja. La decoración, si la había, estaba impresa, incisa o pintada. Constantinopla era uno de los principales centros productores de cerámica blanca, mientras que Corinto produjo una gran cantidad de cerámica roja desde el siglo XI.

Amphorae
Ánforas Mark Cartwright (CC BY-NC-SA)

La seda se introdujo por primera vez de China, pero la seda producida en las granjas de moreras (el alimento de los gusanos de seda) de Fenicia y, desde el año 568, de Constantinopla acabó sustituyendo a la seda cruda importada. La fábrica de seda de la capital bizantina estaba bajo el control imperial y los cinco gremios sederos, bajo la protección del prefecto imperial de la ciudad (eparca). Otros lugares del imperio que se distinguían por la producción de seda eran el sur de Italia, la Tebas griega y Corinto.

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El mármol, que siempre tuvo demanda por todo el imperio, lo utilizaban quienes se lo podían permitir en edificios, suelos, altares de iglesias, ornamentos y muebles. El típico mármol entre blanco y grisáceo —un imprescindible en los proyectos de todo arquitecto bizantino— se extrajo en grandes cantidades de la isla de Proconeso, en el mar de Mármara, hasta el siglo VII, mientras que los mármoles más exóticos procedían de Grecia, Bitinia y Frigia. Por los pecios sabemos que el mármol se trabajaba antes de que lo embarcasen hacia su destino final. Muchos monumentos antiguos, sobre todo los paganos, sufrieron saqueos por todo el Mediterráneo en busca de cualquier pedazo útil de mármol que pudiese reutilizarse y transportarse al sitio que fuese. Cícico, en el mar de Mármara, se convirtió en un destacado centro para la producción y el reciclado de mármol desde el siglo VIII.

Byzantine Steelyard Rod with Weight
Brazo de una balanza romana bizantina con un peso Metropolitan Museum of Art (Copyright)

Los mercados y las tiendas

El común de los ciudadanos podía hacer sus compras tanto en los mercados que se organizaban en unas plazas específicas como en las hileras de tiendas permanentes que bordeaban las calles de los pueblos y las ciudades más grandes. Las tiendas solían tener dos pisos: la planta baja, a ras del suelo, donde se fabricaban, almacenaban y vendían los productos; y el piso superior, donde vivía el tendero o el artesano con su familia. En estas calles había unos pasajes porticados y a menudo pavimentados (con losas de mármol y mosaicos) cuyas columnas y techos protegían del sol y la lluvia a los compradores. Algunas de las calles comerciales estaban peatonalizadas y, para impedir el acceso del tráfico rodado, tenían unos grandes escalones a cada extremo. En algunas ciudades, se contaba con que fuesen los propios tenderos los que alumbrasen las calles con lámparas apostadas fuera de sus negocios. Como en la actualidad, los tenderos trataban de desplegar sus artículos lo máximo posible para llamar la atención del comprador ocasional; hay constancia en los registros imperiales de las quejas contra esta práctica.

Market in Constantinople (Artist's Impression)
Mercado de Constantinopla (recreación artística) Mohawk Games (Copyright)

Por último, otras de las fechas señaladas dentro del calendario comercial eran las fiestas y las ferias que conmemoraban aniversarios religiosos importantes como el nacimiento o la muerte de un santo. Entonces las iglesias, sobre todo las que tenían reliquias que atraían a visitantes y peregrinos de todos los rincones, se convertían en el epicentro de unos mercados temporales en cuyos puestos se vendía todo tipo de productos. Una de las mayores de estas ferias estaba en Éfeso y conmemoraba el aniversario de la muerte de san Juan. Por lo general, el 10 % de los impuestos sobre las ventas que recaudaban los kommerkiarioi del Estado en dichos eventos constituía una buena suma: según consta en un registro, nada menos que 45 kilos (100 libras) de oro.

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Bibliografía

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Sobre el traductor

Eva Bruzos Bruyel
Soy una traductora autónoma del inglés e italiano al español especializada en los campos del turismo y la historia. A mis yayos y sus relatos del pasado les debo mi pasión por esta última.

Sobre el autor

Mark Cartwright
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.

Cita este trabajo

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Cartwright, M. (2025, agosto 16). Comercio en el Imperio bizantino. (E. B. Bruyel, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1179/comercio-en-el-imperio-bizantino/

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Cartwright, Mark. "Comercio en el Imperio bizantino." Traducido por Eva Bruzos Bruyel. World History Encyclopedia, agosto 16, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1179/comercio-en-el-imperio-bizantino/.

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Cartwright, Mark. "Comercio en el Imperio bizantino." Traducido por Eva Bruzos Bruyel. World History Encyclopedia, 16 ago 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1179/comercio-en-el-imperio-bizantino/.

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