La guerra de las Rosas (1455-1487) fue un conflicto dinástico entre la nobleza inglesa y la monarquía que llevó a cuatro décadas de batallas intermitentes, ejecuciones y complots de asesinatos. La élite en Inglaterra estaba dividida en dos bandos y cada uno se centraba en un descendiente de Eduardo III de Inglaterra (1327-1377): los yorkistas y los lancastrianos, que acabarían ganando.
El nombre de la guerra deriva de la insignia de la librea de cada bando, aunque no se usaban tan comúnmente en ese momento: la rosa roja de Lancaster y la rosa blanca de York. El rey loco de los Lancaster, Enrique VI de Inglaterra (que reinó en 1422-61 y en 1470-71) sería amenazado por Ricardo, duque de York (1411-1460), cuyo hijo se convirtió en el rey Eduardo IV de Inglaterra (en 1461-70 y en 1471-83). Al final sería el hermano de Eduardo IV, Ricardo III de Inglaterra (1483-1485), quien lo sucedería, cuya infame asociación con la muerte de los jóvenes herederos de Eduardo, «los príncipes de la torre» conmocionó a la nobleza. En consecuencia, se abrió la puerta para que Enrique Tudor, un lancastriano, entrara y tomara el trono después de la muerte de Ricardo en la batalla de Bosworth en 1485. Enrique Tudor se convirtió en Enrique VII de Inglaterra (que reinó de 1485-1509) y, a través de su matrimonio con Isabel de York, unió las dos casas y creó una nueva: la casa de los Tudor. Puede que el conflicto no tuviera más que un impacto limitado en la población en general, pero ciertamente sacudió a la nobleza a medida que las familias ascendían y caían. El conflicto nunca ha dejado de cautivar la imaginación popular de autores de ficción que van desde Shakespeare hasta las adaptaciones de las obras George R. R. Martin con la serie de televisión Juego de tronos.
El nombre romántico del conflicto dinástico que afectó a la Inglaterra del siglo XV «la guerra de las Rosas» fue acuñado por el novelista sir Walter Scot (1771-1832) en honor a las insignias posteriores de las dos familias principales involucradas (ninguna de las dos libreas se usaba realmente en ese momento): un rosa roja para la familia Lancaster y una rosa blanca para la casa de York. La división fue un poco más compleja que eso, pues en realidad participaron otras familias nobles de Inglaterra quienes se unieron a alguno de los dos amplios bandos, los lancastrianos y los yorkistas. Los aliados de ambos lados cambiaron de lado a lo largo del conflicto en función de los favores, las muertes y las oportunidades. Otro problema con el nombre acuñado es que en realidad el conflicto dinástico no fue una guerra como tal, sino una serie de batallas intermitentes y escaramuzas, algunos asedios menores, ejecuciones e intentos de asesinato. Es muy dudoso que las personas que vivían en la Inglaterra del siglo XV alguna vez se consideraran a sí mismas parte de un conjunto cohesivo de eventos históricos que ahora reunimos y en la práctica llamamos la guerra de las Rosas.
Causas de la guerra de las Rosas
Son muchas las causas que originaron la guerra de las rosas y, a medida que avanzaba, entraron en juego nuevos actores y motivaciones que la alargaron aún más. Quizás, la causa más temprana fue la acción de Enrique de Bolingbroke, quien, en 1399, tomó el trono por la fuerza, se autoproclamó Enrique IV de Inglaterra (que reinó de 1399-1413) y luego asesinó a su predecesor Ricardo II de Inglaterra (que reinó de 1377-1399). Enrique se convirtió así en el primer rey de la casa de Lancaster (su padre fue Juan de Gante, duque de Lancaster). El regicidio se había convertido en una estrategia política chocante pero no fallida.
Mucho más cercana a la guerra fue el inicio del incompetente reinado de Enrique VI. El rey había sido puesto en el trono de bebé tras la muerte repentina de su padre Enrique V (que reinó de 1413-1422). Rodeado de regentes y miembros de la corte ambiciosos y sin escrúpulos, su reinado estuvo marcado por la anarquía en ciertas partes del país y una economía en decadencia. Luego, cuando Enrique alcanzó la madurez, se produjo la última derrota contra Francia en el final de la guerra de los Cien Años (1337-1453). Los barones ingleses estaban en desacuerdo acerca de cómo lidiar con Francia: adoptar una estrategia más agresiva como lo había hecho Enrique V, negociar algún tipo de acuerdo o bien olvidarse de la Europa continental por completo. Uno de los problemas era el dinero y el enorme gasto de las campañas militares en el extranjero. Enrique, que se dejaba llevar fácilmente por quienquiera que le llamara la atención, se mostró indeciso justo cuando más se requería de decisión.
RICARDO, EL DUQUE DE YORK, TENÍA DOS COSAS A SU FAVOR: PRIMERO, ERA EL BISNIETO DEL REY EDUARDO III. SEGUNDO, ERA EL HOMBRE MÁS RICO DE INGLATERRA.
Enrique VI también fue lo suficientemente imprudente como para involucrarse en las disputas personales entre sus barones, polarizando aún más el reino. Esta situación no hizo sino empeorar en 1445 con la decisión de Enrique de casarse con Margarita de Anjou (muerta en 1482), sobrina de Carlos VII de Francia (que reinó de 1422-1461). Algunos barones vieron esto como un acuerdo de paz con los franceses y la influencia clara de Margarita sobre el rey, quien era en exceso maleable y nada inclinado hacia la guerra, fue otra razón de discordia. Como si la impopularidad de Enrique no pudiera hundirse más, su elección de favoritos, y en especial el odiado Guillermo de la Pole, conde de Suffolk, le proporcionó aún más enemigos. Incluso los plebeyos no estaban contentos, tal y como lo indica la rebelión de 1450 liderada por Jack Cade en protesta por los altos impuestos, la corrupción percibida en la corte y la ausencia de justicia local. Puede que los plebeyos no tuvieran ninguna influencia directa en el Gobierno, pero es posible que esta disputa les diera a los nobles deseosos de derrocar el régimen una excusa más allá de sus propios intereses. Con todos estas tensiones, y dados los problemas mentales de su abuelo materno Carlos VI de Francia (que reinó de 1380-1422) quizás no sea tan sorprendente que Enrique tuviera una crisis mental en el 1453. Probablemente se la provocó la derrota final ante Francia y la pérdida de todo territorio inglés en el continente excepto por Calais. Enrique se puso tan enfermo que no podía moverse ni reconocer a nadie. En esta situación, el reino necesitaba un regente y a partir de ahí los problemas del Estado comenzaron a multiplicarse cuando Inglaterra se dividió en dos grupos enfrentados.
Los barones de Inglaterra habían estado incrementando su riqueza y poder como consecuencia de la correspondiente desaparición de la corona. Los historiadores han notado un fenómeno al que llaman «feudalismo bastardo». Parte de este proceso fue el debilitamiento del control de la corona sobre la tierra, la riqueza y el poder político a nivel local. Los grandes propietarios gobernaban sus áreas como reyes y podían crear sus propios ejércitos privados. Con el tiempo, algunos de estos barones se volvieron tan ambiciosos que, recordado el éxito de Enrique Bolingbroke, incluso se consideraron dignos del papel de rey de Inglaterra. Con un poco de sangre real en las venas, un barón podía persuadir a otros para que lo siguieran, especialmente a los barones que estaban en desgracia con el rey del momento. Algunos historiadores han llamado a estas figuras políticas tan poderosas «los todopoderosos» ya que fueron capaces de derrocar al monarca legítimo. Además, ahora que las guerras en Francia habían terminado, estos hombres «todopoderosos» podían emplear a todos sus elementos armados y sus riquezas para sus ambiciones privadas en casa.
El más poderoso de estos barones en dicho periodo fue Ricardo, duque de York. Ricardo tenía dos cosas a su favor: primero, era el bisnieto del rey Eduardo III de Inglaterra y el sobrino del conde de March quien había afirmado ser el legítimo heredero de Ricardo II de Inglaterra (que reinó de 1377-1399). Segundo, era el hombre más rico del país. Ambos factores aunados con la ambición y el talento militar del duque lo convirtieron en una amenaza muy seria para la posición ya de por sí poco segura de Enrique en el trono. Cuando Enrique sufrió su primer episodio de locura, la elección obvia como regente fue Ricardo y de hecho fue nombrado protector del reino en el 1454.
sin duda LA GUERRA AFECTÓ A LA NOBLEZA, de la que mató DE UNA U OTRA FORMA A LA MITAD DE LOS SEÑORES DE LAS 60 FAMILIAS NOBLES DE INGLATERRA.
Curiosamente, la opinión sobre el reinado de Enrique era tan mala que se vio a Ricardo como el campeón de la reforma. Puede que el duque estuviera empeñado en limpiar la corte y ordenar el reino, pero al final jugaría sus cartas para ganar el premio mayor: la corona. Primero, Ricardo quiso que lo nominaran heredero oficial de Enrique (el rey no tenía hijos en ese momento). El duque tenía poderosos aliados, en especial los Neville de Middleham que estaban ansiosos por tener aliados en común contra su enemigo personal, la poderosa familia Percy. No obstante, Ricardo también tenía dos enemigos importantes: Margarita de Anjou, que detestaba al duque, y Edmundo Beaufort, conde de Somerset, también descendiente de Eduardo III y un noble tan ambicioso como cualquiera. La amenaza del conde de Somerset se resolvió al final en el campo de batalla: murió en St. Albans el 22 de mayo de 1455, la primera batalla de la guerra de las Rosas. La reina Margarita demostró ser una oponente mucho más difícil cuando tomó el relevo de su marido loco y dirigió los ejércitos contra el duque de York. Después de la derrota en Ludlow, en la batalla del puente de Ludford el 12 de octubre de 1459, Ricardo se vio obligado a huir a Irlanda. Mientras tanto, el Parlamento de 1459, el llamado «Parlamento de los demonios» lo reconoció como un traidor y desheredó a sus descendientes.
Al regresar a Inglaterra después de que su hijo Eduardo derrotara a la reina Margarita en Northampton el 10 de julio de 1460, el duque de York persuadió a Enrique, quien estaba por ahora en la Torre de Londres, para que lo nombrara su heredero oficial, una decisión que se ratificó en el Acta de Acuerdo del 24 de octubre. Sin embargo, con la codiciada corona casi en sus manos, Ricardo fue asesinado durante la batalla de Wakefield el 30 de diciembre de 1460 por los monárquicos liderados, una vez más, por la reina. La cabeza de Ricardo se exhibió en una pica en Micklegate en York, adornada con una corona de papel para recordarle a todo el mundo que no había sido más que un mero usurpador. Sin embargo, esto no fue el final de los yorkistas, sino solo el comienzo de un ascenso aún mayor.
El hijo de Ricardo, llamado Eduardo, asumió el rol de cabeza de la casa de York y enemigo número uno del rey y la reina. Eduardo de York tenía un as en la manga: su gran aliado, el inmensamente rico Ricardo Neville, conde de Warwick (1428-1471) que era tan poderoso que se lo conocía como el «hacedor de reyes». Eduardo demostró ser un líder que valía la pena respaldar cuando ganó la sangrienta batalla de Towton en marzo de 1461, la más grande y larga de las batallas en la historia inglesa. Enrique VI fue depuesto y Eduardo se convirtió en Eduardo IV, el primer rey coronado de la casa de York el 28 de junio del 1461. La batallas se volvieron mucho más cruentas después de la interrupción del reinado de Eduardo, cuando su antiguo aliado Warwick se volvió contra él y reinstaló a Enrique VI en el 1470 (la llamada «restauración»). Eduardo recuperó su trono en el campo de batalla al año siguiente en las batallas de Barnet el 14 de abril y de Tewkesbury el 4 de mayo del 1471, y el conde de Warwick y el único hijo de Enrique VI fueron asesinados en el proceso. La reina Margarita fue encarcelada y Enrique fue asesinado en la Torre de Londres el 21 de mayo de 1471. Fue un asunto sangriento, pero parecía que los York habían ganado la guerra.
Ricardo III y Enrique Tudor
Ricardo, duque de Gloucester (nacido en 1452), era el hermano menor de Eduardo IV y sería el siguiente personaje central en este mortal juego de tronos. Ricardo había peleado lealmente junto a su hermano antes de que él se convirtiera en rey y cuando Eduardo murió inesperadamente, probablemente de un derrame cerebral en el 1483, Ricardo vio la oportunidad para un ascenso dramático. Oficialmente, Eduardo fue sucedido por su hijo, también llamado Eduardo (nacido 1470), pero solo tenía 12 años. Una vez más, los barones rondaban a un joven monarca luchando por la supremacía y el más amenazador de todos era su tío Ricardo.
Sin ser coronado aún, el joven Eduardo V de Inglaterra y su hermano, también de nombre Ricardo (nacido en 1473), fueron encarcelados en la Torre de Londres donde se los conoció como «los príncipes de la Torre», mientras que el reino quedaba en manos del protector del reino, ni más ni menos que Ricardo el duque de Gloucester. A los príncipes se los vio varias veces en los terrenos de la Torre durante el verano, pero después desaparecieron. En general, la gente creyó que Ricardo los había asesinado, una acusación generalizada adoptada por los historiadores posteriores durante el reinado de la dinastía Tudor y por William Shakespeare (1564-1616), quien también describió el reinado de Ricardo mucho más sombrío de lo que probablemente fue en realidad. Significativamente, el hombre que más se benefició con la muerte de Eduardo V fue su tío, quien se hizo coronar como Ricardo III el 6 de julio de 1483 en la abadía de Westminster. Sin embargo, tomar el trono a través de crimen tan terrible solo le ocasionó problemas; incluso los yorkistas se sorprendieron y, en consecuencia, la guerra de las Rosas tomó otro giro dramático.
Los lancastrianos, aunque purgados por Eduardo IV, no estaban acabados del todo y estaban liderados por Enrique Tudor. Enrique tenía algo de sangre real en sus venas a través de la estirpe ilegítima de Beaufort que descendía de Juan de Gante, hijo de Eduardo III. No era una gran conexión real, a pesar de la legitimación de la estirpe de Beaufort en el 1407, pero era lo mejor que podían presentar los Lancaster ya que Enrique VI no había dejado ningún heredero. A pesar de esto, Enrique Tudor logró reunir a su alrededor algunos aliados muy útiles. Además de los ofendidos expartidarios de York, estaban los Woodville (Elizabeth Woodville había sido la reina de Eduardo IV), el duque de Buckingham y al lotro lado del canal, donde se encontraba Enrique en exilio, Carlos VIII de Francia (que reinó de 1483-1498), quien buscaba desestabilizar Inglaterra y mantenerla fuera de sus territorios.
Quizás la chispa que reavivó la guerra de las Rosas fue la muerte del heredero de Ricardo III en 1484 (otro Eduardo más). Ahora no había más que un solo hombre que se interponía entre Enrique Tudor y el trono, y era profundamente impopular.En agosto de 1485, Enrique Tudor desembarcó con un ejército de mercenarios franceses en Milford Haven (en el sur de Gales) y marchó a enfrentarse con el Ejército de Ricardo en los campos de Bosworth en Leicestershire el 22 de agosto de 1485. Allí, Ricardo fue abandonado por algunos de sus aliados más importantes: sir Guillermo Stanley y sir Enrique Percy. El rey murió cuando se lanzó a una carga precipitada sobre el propio Enrique Tudor. El nuevo rey fue coronado como Enrique VII de Inglaterra (que reinó de 1485-1509) el 30 de octubre de 1485. Enrique todavía tendría que enfrentarse a un último intento yorkista centrado en el pretendiente Lambert Simnel, pero dicho intentó fue finiquitado en la batalla de los campos de Stoke en junio del 1487. Esta fue la última batalla en la guerra de las Rosas, aunque hubo pequeños levantamientos yorkistas durante la siguiente mitad del siglo.
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El impacto de la guerra de las Rosas
Además del evidente intercambio en el trono entre los reyes lancastrianos y los yorkistas, una de las consecuencias más significativas de la guerra para la historia fue la fundación de la casa de los Tudor con Enrique VI. Enrique se casó con Isabel de York, hija de Eduardo IV, en el 1486 uniendo así ambos bandos. El rey incluso creó un nuevo símbolo para esta nueva dinastía: La rosa Tudor que combinaba las rosas de los Lancaster y la de los York. El hijo de Enrique lo sucedió como Enrique VIII de Inglaterra (que reinó de 1509-1547) y los Tudor, que gobernaron hasta 1603, gobernarían durante lo que se considera una Edad de Oro en Inglaterra.
Las guerras no habían afectado a la mayoría de la población en general, ya que era un conflicto generalmente restringido a la nobleza, incluso si algunas batallas dentro de las campañas causaron muerte, destrucción y disrupciones en las áreas donde ocurrieron. De hecho, hubo 13 campañas distintas repartidas en menos de 24 meses de combate físico durante todo el periodo. Muchas áreas del país no se vieron afectadas en absoluto, pero sin duda las guerras afectaron a la nobleza, ya que mataron de una u otra forma a la mitad de los señores de las 60 casas nobles de Inglaterra. Esto se debe a que en muchas de las escaramuzas solo participaron los nobles, y al viejo hábito de tomar rehenes para pedir rescate ya no funcionaba porque la gente no quería o no podía pagar y por tanto había que eliminar a los oponentes de manera permanente. Además, aunque muchos barones se beneficiaron de las guerras, al final el rey recuperó el control firme de su reino, pudo supervisar los impuestos mucho mejor que antes y confiscó las propiedades de familias extintas y de oponentes políticos. Para la mayoría de la gente, estas transferencias de la riqueza de unas manos a otras no significó nada; puede que, para el final de las guerras, los nombres hubiesen cambiado, pero la élite que constituía el 3% de la población seguía poseyendo el 95% de la riqueza.
Finalmente, la guerra de las Rosas ha dejado una marca indeleble en la cultura inglesa, ya que sus giros, vueltas y traiciones han inspirado tanto a historiadores como a escritores de ficción desde entonces. Los propagandistas de los Tudor estaban ansiosos por exagerar la destrucción de las guerras y la villanía de los yorkistas para mostrarse a sí mismos de una mejor manera y a sus monarcas como los salvadores del país. William Shakespeare (1564-1616) estaba particularmente interesado en el periodo que forma un trasfondo para sus obras históricas Enrique VI y Ricardo III que nos han brindado algunos de los personajes más memorables del dramaturgo y de sus versos más citados. Incluso en el siglo XXI, la guerra de las Rosas continúa inspirando a autores como George R. R. Martin, cuyas novelas, a su vez, han proporcionado temas y personajes para la serie de televisión Juego de Tronos.
Soy un periodista mexicano que encontró la pasión en la vida como entusiasta de la historia, mis especialidades son la historia medieval inglesa, la historia precolombina y la historia mexicana.
Mark es el director de Publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 24 febrero 2020. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.