Eduardo el Viejo

Michael McComb
por , traducido por Natalia Arias Rodríguez
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Miniature of Edward the Elder (by Unknown Artist, Public Domain)
Miniatura de Eduardo el Viejo Unknown Artist (Public Domain)

Eduardo el Viejo, cuyo reinado duró del 899 al 924, fue hijo de Alfredo el Grande (que gobernó del 871 al 899) y el rey de los anglosajones a principios del siglo X. Se le conoce por vencer en batalla a los vikingos de Anglia Oriental y de las Tierras Medias Orientales, así como por consolidar el control de su dinastía sobre el sur de Inglaterra.

En 865, poco más de una década antes de que naciese Eduardo, el gran ejército pagano invadió Inglaterra, destruyó las dinastías reales de varios reinos ingleses, entre los que se encontraban Anglia Oriental, Mercia y Northumbria, y estableció un Gobierno vikingo por estos territorios. Cayó en manos del padre de Eduardo, el rey Alfredo de Wessex, liderar a la resistencia inglesa. Derrotó a los vikingos en la batalla de Edington en 878 y aceptó un tratado de paz con su líder Guthrum (que falleció en el año 890). Este se retiró al este para gobernar la mayor parte del territorio al que comúnmente se le llamaba Danelaw, que había sido conquistado por el gran ejército. Alfredo dedicó las dos décadas siguientes a fortificar Wessex, hacer una reforma en el Ejército y a promover el aprendizaje y la alfabetización entre sus súbditos. También sometió a Mercia a su dominio, tras lo cual tomó el título de «rey de los anglosajones», dando a entender su reinado sobre los mercios y los sajones de Wessex.

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Eduardo sucedió a su padre en 899. La mayor parte de lo que sabemos sobre su reinado procede de una colección de escrituras de las propiedades rurales y de la Crónica anglosajona, donde le describen como un rey guerrero incansable y triunfador. Su epíteto, el Viejo, no se usó a lo largo de su vida, sino más tarde para poder distinguirle de su bisnieto, Eduardo el Mártir, que reinó entre 975 y 978. Aunque los cronistas medievales y los historiadores modernos le consideran un buen rey, Eduardo queda relegado a menudo a la sombra de su ilustre padre. No obstante, últimamente hay un mayor interés por Eduardo debido a la serie de televisión The Last Kingdom, en la que es interpretado por Timothy Innes. Sin embargo, la serie muestra a Eduardo como un rey que tiene problemas para salir de la sombra de su padre y muchos de sus logros son acreditados a Uhtred de Bebbanburg, el protagonista de la serie.

Primeros años

Eduardo llevó al ejército de Wessex a la victoria contra los vikingos en la batalla de Farnham.

Eduardo nació en torno a los años comprendidos entre 874 y 877. Sus padres, Alfredo y Ethelswitha (una noble de Mercia que falleció en 902), se casaron en el 868. Además de Eduardo, el matrimonio tuvo cuatro hijos más: Ethelfleda, que se casó con el señor de Mercia y después gobernó el territorio (muerta en 918); Ethelgiva, que se convirtió en la abadesa de Shaftesbury; Elfrida (muerta en 929), que se casó con el conde de Flandes; y otro hijo, Ethelweard (muerto en 920). Las menciones más antiguas sobre Eduardo en fuentes contemporáneas provienen de la obra La vida del rey Alfredo de Asser del obispo Asser, un cura galés y un académico en la corte de Alfredo. En ella relata que Eduardo pasó su juventud en la corte del rey, estudió textos religiosos y seculares y aprendió a mostrar «humildad, afabilidad y gentileza hacia todos». Eduardo también se instruyó en combate y, cuando todavía era un adolescente, llevó al ejército de Wessex a la victoria contra los vikingos en la batalla de Farnham, en el año 893. Parece ser que se convirtió por esas mismas fechas en un miembro habitual del consejo del rey y se casó con una mujer llamada Egwina, de la que se conoce poco. No obstante, el matrimonio tuvo un hijo, Athelstan (muerto en 939), y una hija, Edith.

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Great Viking Army in England, 865-878 CE
El Gran ejército pagano en Inglaterra, 865-878 d.C. Hel-hama (CC BY-SA)

En los últimos años del reinado de su padre, a Eduardo le concedieron el título de rex (rey), lo cual implica que había sido nombrado diarca junto a su padre o, más bien, que le habían dado su propio reino en Kent para darle experiencia en el gobierno antes de heredar el trono. La primogenitura (sucesión de padre a hijo) no se había establecido plenamente en Wessex; la sucesión todavía era electiva hasta cierto punto. La corona pasaba a ser del aetheling (príncipe), que era elegido por la nobleza. El principal rival de Eduardo por el trono fue su primo Ethelwold (muerto en 902), que era hijo del rey Etelredo de Wessex, el hermano de Alfredo que reinó desde el 865 hasta el 871. Como la mayoría de la nobleza anglosajona le debía su puesto a Alfredo, estaba dispuesta a apoyar a Eduardo. No obstante, su experiencia en combate y en la monarquía fue un gran aliciente para asegurar el apoyo de los nobles.

Sucesión al trono y primeros años de reinado

Eduardo pasó gran parte de su vida en las líneas fronterizas, liderando a su ejército y supervisando la construcción de fortificaciones.

Alfredo falleció el 26 de octubre del año 899. Como era de esperar, la nobleza de Wessex apoyó la sucesión de Eduardo. Sin embargo, Ethelwold se rebeló en su contra al estar insatisfecho con su nuevo rey. Se le expulsó rápidamente de Wessex, aunque regresó un par de años después con el refuerzo de varios líderes vikingos de York y Anglia Oriental. A pesar de haber derrotado a una parte del ejército de Eduardo en la batalla de Holme en 902, Ethelwold fue asesinado en combate, por lo que su rebelión se dio por concluida. Con la ausencia de Ethelwold, Eduardo se había desplazado para consolidar su reinado en Wessex. El 8 de junio del año 900 tuvo lugar su coronación en el distrito real de Kingston-upon-Thames. Por esa misma época dejó de lado a Egwina y se casó con Elfleda, hija de un antiguo señor de Wiltshire, puesto que al ser de mayor estatus social que la primera esposa del rey se la consideraba una consorte más adecuada. Con Wessex asegurada, Eduardo desvió su atención a Mercia. El gobernador de Mercia, el señor Etelredo (que reinó del 881 al 911), heredó un reino debilitado y empequeñecido debido a ataques vikingos y a una guerra con los galeses. Se sometió al rey Alfredo en el año 883 y aceptó la soberanía de Wessex, aunque poseía cierto grado de autonomía en Mercia. Su alianza fue consolidada aun más con el matrimonio entre Etelredo y la hija de Alfredo, Ethelfleda, y con la cesión del control de Londres a Mercia en el 886. Etelredo ya tenía una buena relación con su cuñado Eduardo, puesto que le había acompañado en la batalla contra los vikingos en 893. Estaba satisfecho con el hecho de seguir reconociendo la autoridad de Wessex sobre Mercia bajo su nuevo rey, como lo había estado con Alfredo. En el año 903, su esposa y él acudieron a la corte de Eduardo y se les reconoció como poseedores del «mando y poder sobre el pueblo de Mercia bajo el mencionado rey [Eduardo]». Como último ademán de unidad dinástica, Eduardo puso a su hijo Athelstan a cargo de Etelredo y Ethelfleda, lo cual demostró aun más su compromiso con las relaciones entre Mercia y Wessex.

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Asegurar el apoyo de la Iglesia en su sucesión también era de vital importancia durante los primeros años de reinado de Eduardo, ya que afianzaba su legitimidad como rey. Por suerte, el arzobispo Plegmund de Canterbury, que gobernó del 890 al 914/923 y era seguidor devoto del rey Alfredo, estaba satisfecho con la idea de apoyar el reinado del nuevo monarca y supervisar su coronación. Eduardo también adoptó un enfoque práctico para la reforma de la Iglesia. Después de consultarlo con el papado en el 908, trabajó con el arzobispo Plegmund para reestructurar la Iglesia de Wessex. Dividieron los grandes obispados tradicionales de Sherborne y Winchester en cinco y crearon nuevas sedes en Crediton, Ramsbury y Wells. Esto redujo el tamaño de cada obispado, lo cual garantizó que cada obispo pudiera administrarlo mejor y ofrecer una mejor atención pastoral a los sajones.

England Around 910 CE
Inglaterra circa 910 Philg88 (CC BY-SA)

La batalla de Tettenhall

Los conflictos con los vikingos continuaron tras la batalla de Holme en 902 hasta que se acordó la paz en 906. No obstante, Eduardo reavivó la guerra tres años después al enviar un ejército de mercios y sajones a Danelaw. Tenía la intención de capturar los restos de san Oswaldo de la abadía de Bardney, en el condado de Lincolnshire. San Oswaldo, un rey inglés del siglo VII, fue martirizado en una batalla contra los paganos, lo cual le convirtió en un santo y en una figura de unidad importante entre los ingleses. Se llevaron sus restos a la iglesia de Gloucester en Mercia, a la que renombraron como priorato de San Oswaldo en su honor. El ejército del rey permaneció en territorio enemigo durante cinco semanas en las que hizo incursiones por toda la zona rural. Como venganza, los líderes vikingos de York lanzaron una redada dentro de Mercia. Eduardo les ordenó a los ejércitos de Mercia y Wessex interceptar a los vikingos en cuanto se retiraran hacia el norte. Ambas facciones se encontraron en agosto de 910 en Staffordshire y lucharon en la batalla de Tettenhall, en la cual, según la Crónica anglosajona, el ejército de Eduardo «puso al ejército vikingo en fuga y mató a miles de sus hombres». Entre las bajas se encontraban los reyes daneses Eowils y Halfdan, así como varios señores y jefes de clanes de Danelaw. La derrota debilitó bastante a la amenaza vikinga de York y dejó a los vikingos del sur de Danelaw aislados y desprotegidos del peligro durante los años venideros.

Etelredo de Mercia falleció un año después de la batalla y fue enterrado en el priorato de San Oswaldo en Gloucester. Al no tener ningún heredero varón, Ethelfleda sucedió a su esposo y recibió el título de «señora de los mercios». Esta decisión fue sencilla para los mercios, ya que Ethelfleda ya había estado actuando como regente o diarca en nombre de su esposo, puesto que este estaba enfermo y, en ocasiones, incapacitado hacia el final de su vida. A Eduardo le pareció bien permitir que los mercios escogiesen al sucesor de Etelredo por sí mismos y, probablemente, le agradó que apoyaran la sucesión de su hermana. Esto aseguró la continuación de sus buenas relaciones con Mercia.

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Statue of Aethelflaed
Estatua de Ethelfleda Elliot Brown (CC BY)

La campaña en Danelaw

Poco después de la sucesión de Ethelfleda, esta le traspasó el control de las tierras que rodean Oxford y Londres a Eduardo. Esto probablemente se hizo debido a la cesión anterior de Londres al señor Etelredo en 886 por parte del rey Alfredo, por lo que estos territorios volverían a ser de Wessex tras la muerte de Etelredo. No obstante, también podría haberse realizado como preparación para una campaña ofensiva en Danelaw, la cual Eduardo ya había empezado a planificar. Los hermanos acordaron dividirse las responsabilidades militares. Las tierras traspasadas a Eduardo actuarían como un trampolín desde el que podría impulsar su invasión hacia la zona controlada por los vikingos de Anglia Oriental y el sureste de las Tierras Medias. A su vez, Ethelfleda se centraría en defender las fronteras de Gales, ahuyentar las incursiones nórdico-gaélicas en el noroeste y combatir contra las ciudades danesas al este de sus fronteras. La estrategia de Eduardo dependía de la construcción o fortificación de burgos (asentamientos fortificados), ya fuera en sus fronteras, donde podía lanzar ataques contra el territorio vikingo cercano, o en el territorio ya conquistado, puesto que eran útiles para controlar la población y los territorios de los alrededores.

La campaña de Eduardo se desarrolló de manera progresiva. Desde 912 a 914 construyó nuevos burgos en Hertford y Buckingham, mientras que en el este hizo incursiones en la parte de Essex controlada por los vikingos y estableció un burgo en Witham y, después, en Maldon. Algunos líderes vikingos se rindieron pacíficamente, quizás por temor al ejército de Eduardo y por su incapacidad de resistir sus avances. Cabe destacar que Thurkytel, el conde de Bedford, se había sometido al rey en 915 y le había permitido fortificar la ciudad. Por lo general, los ejércitos vikingos evitaban hacer batalla campal contra Eduardo, por lo que la mayor parte del conflicto tuvo lugar en fortalezas. Esto se demostró en 917, fecha en la que una coalición de ejércitos vikingos asaltó los nuevos burgos de Eduardo en las fronteras de Towcester, Bedford, Maldon y Wigmore (se desconoce el paradero de este burgo, pero se estima que se encuentra en Essex). Todos estos ataques fueron vencidos por los defensores de la ciudad. Ese mismo año, Eduardo adoptó un enfoque más agresivo y conquistó varias fortalezas danesas, como la de Tempsford y la de Colchester. El asedio de Tempsford supuso una batalla decisiva que provocó las muertes de un rey vikingo y dos condes. Finalmente, poco antes de acabar el año 917, algunos líderes del sur de Danelaw pidieron la paz y le juraron lealtad a Eduardo. Sir Frank Stenton alabó con el tiempo la campaña y la describió como «una de las campañas militares mejores defendidas y decisivas en toda la Alta Edad Media» (335). Fue de gran éxito para Eduardo, ya que derrotó la amenaza vikinga en Anglia Oriental, Essex y Northamptonshire y demostró su competencia como líder militar y estratega.

Mercia y el norte

En el oeste, las operaciones militares de Ethelfleda imitaban los triunfos de su hermano. Impuso el poder mercio sobre los galeses y construyó burgos en sus fronteras para reforzar las defensas. Se hizo con las fortalezas danesas de Leicester y Derby y, para 918, comenzó a hacer negociaciones para controlar York. Sin embargo, falleció el doce de junio de 918 en Tamworth y su cuerpo fue sepultado en el priorato de San Oswaldo, junto a su esposo. Al principio se apoyó la idea de su hija Elfwynn como nueva gobernante de Mercia. No obstante, para diciembre de 918, quizás debido a la creencia de que su sobrina no era una gobernante tan eficaz como lo había sido su madre, Eduardo tomó el control de Mercia, destituyó a Elfwynn y la envió a Wessex. Después de esto no se sabe nada más de su vida. El papel de la nobleza mercia en esta transferencia de poderes es incierta, pero parece ser que no se opusieron a la toma de poder de Eduardo. Después de todo, Eduardo era mitad mercio por parte de madre y, probablemente, poseía el respeto del ejército de Mercia, puesto que había luchado junto a ellos. Sin embargo, el historiador medieval Enrique de Huntingdon cuestionó el modo de proceder de Eduardo. Pensaba que al rey le importaba poco «la justicia del acto» cuando destituyó a Elfwynn. Los acontecimientos posteriores demostrarían que algunos en Mercia compartían este sentimiento.

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St Oswald's Priory, Gloucester
Priorato de San Oswaldo, Gloucester Philip Halling (CC BY-SA)

Tras tomar el control de Mercia, varios reyes galeses que habían reconocido la soberanía de Ethelfleda se sometieron a Eduardo. Después, retomó su campaña en el este; tras hacerse con el control de Stamford a principios de año, avanzó hacia el norte y conquistó Nottingham, donde gran parte de los colonos daneses de las Tierras Medias Orientales se sometieron a su dominio.

En la misma época en la que Eduardo anexionó Mercia, el rey Ragnall, un líder vikingo que reinó desde 918 a 921 y que era infame por aterrorizar a los irlandeses, a los northumbrios y a los escoceses, se nombró a sí mismo rey de York, y así evitaba cualquier posibilidad de que la ciudad se sometiese al control de Mercia. Para contener la amenaza que implicaba Ragnall, Ethelfleda ya había formado anteriormente alianzas con los reinos de Strathclyde y Escocia y construyó burgos al norte de sus fronteras. Eduardo heredó esta estrategia de su hermana, construyó nuevos burgos en Bakewell, Manchester y Thelwall y prosiguió la cooperación con sus aliados en el norte. Parece ser que esta alianza llevó en 920 a un encuentro diplomático en Bakewell. La Crónica anglosajona describe el encuentro de la siguiente manera: «Eduardo ha sido escogido como padre y señor por el rey de Escocia, y por los escoceses, y por el rey Ragnall, y por todos los northumbrios, así como por el rey de Strathclyde, y por todos los británicos de Strathclyde». Es probable que la crónica exagere el papel de Eduardo en el acuerdo descrito. Más que una sumisión generalizada de los gobernantes del norte a Eduardo, es probable que el acuerdo de Bakewell fuera un tratado de paz que Eduardo y sus aliados del norte habían presionado a Ragnall aceptar. Aunque llevar la paz al norte fuera un gran logro, es incierto cuanto duró el tratado de Bakewell. Ragnall falleció al año siguiente, en 921. El trono de York lo heredó su hermano, el rey Sihtric, que reinó desde 921 a 927 y que parece ser que no mantuvo la paz con Eduardo y sus aliados.

Familia, muerte y legado

Eduardo pasó gran parte de su vida en las líneas fronterizas, liderando a su ejército y supervisando la construcción de fortificaciones. Es innegable que pasó largas épocas de su reinado lejos de Wessex. Sin embargo, mantenía contacto frecuente con su esposa, Elfleda, puesto que el matrimonio tuvo ocho hijos, además de los dos que tuvo Eduardo en su primer matrimonio. No obstante, dejó de lado a Elfleda en el año 919 y Eduardo se casó con Edgiva, hija de un antiguo señor de Kent. Juntos tuvieron cuatro hijos, por lo que Eduardo fue padre de un total de catorce hijos.

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Aethelstan
Athelstan, rey anglosajón Corpus Christi College, Cambridge (Public Domain)

Hay ciertas pruebas que muestran el descontento mercio al final del reinado de Eduardo, como la rebelión del condado de Chester en 924. Eduardo la reprimió rápidamente antes de retirarse a Cheshire, a su propiedad cercana en Farndon. Allí murió por causas desconocidas el 17 de julio de 924. Transportaron su cuerpo al sur y lo enterraron en New Minster, Winchester, una iglesia que fundó en homenaje a su padre. Los planes de sucesión de Eduardo son inciertos, pero parece ser que implicaban una especie de acuerdo de poder compartido entre su hijo mayor, Athelstan, que se quedaría con Mercia, y su segundo hijo Ethelweard, que gobernaría Wessex. No obstante, Ethelweard murió pocas semanas después de fallecer su padre, lo cual permitió que Athelstan se hiciese con el control de Mercia y Wessex. Tres años después de comenzar su reinado, en 927, Athelstan conquistó York y se le reconoció como el primer rey de Inglaterra. Su trono lo sucedieron sus hermanos pequeños: el rey Edmundo, que reinó de 939 a 946, y el rey Edred, que gobernó de 946 a 955 y continuó con éxito los esfuerzos de Athelstan por establecer el control en el norte de Inglaterra. Las hijas de Eduardo también extendieron la influencia de su reino al casarse con reyes y duques de toda Europa. En concreto, su hija Edgiva se casó con Carlos el Simple, rey de Francia Occidental desde 898 a 922, mientras que su otra hija Edith se casó con Otón el Grande, el futuro rey de Alemania desde 936 a 973. Por otro lado, algunas de sus hijas se decantaron por una vida religiosa y entraron en conventos de Winchester y Wilton.

Eduardo se recuerda principalmente debido a sus conquistas militares en Anglia Oriental y las Tierras Medias Orientales. Esta expansión del territorio a través de los sucesores de Eduardo permitió que se cumplieran las que podrían haber sido las aspiraciones de su padre para unificar Inglaterra. Y aun así, Eduardo fue mucho más que un mero guerrero eficaz que ganó batallas y expandió sus fronteras. Sin duda, le interesaba la reforma administrativa, como se puede ver en su reorganización de la Iglesia de Wessex, y a menudo se le acredita la introducción del sistema de condados en Mercia. Aunque se piensa que Eduardo no compartía el interés por los avances académicos de su padre, muchos de los antiguos mentores de Alfredo, entre los que se encontraban el obispo Asser y el arzobispo Plegmund, fueron grandes consejeros para Eduardo. Además, según Guillermo de Malmesbury, un historiador del siglo XII, los hijos de Eduardo fueron educados para que «puedan prosperar al gobernar el Estado, pero no como campesinos, sino como filósofos». Asimismo, fue sin duda un estadista eficaz que logró mantener la estabilidad en Wessex a pesar de sus frecuentes ausencias de su tierra natal. Colaboró con sus aliados para alcanzar objetivos comunes frente a la oposición vikinga y, al establecer su dominio sobre Mercia en 918, centralizó el control del creciente reino inglés en beneficio propio y de sus sucesores.

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Preguntas y respuestas

¿Por qué se le llamaba «el Viejo» a Eduardo?

Al rey Eduardo el Viejo se le llamaba así no porque fuese el hijo mayor de Alfredo el Grande, sino para poder distinguirle de otro rey: su bisnieto, Eduardo el Mártir, rey de Inglaterra desde el año 975 al 978.

¿Quién sucedió a Eduardo el Viejo?

A Eduardo el Viejo le sucedió en el 924 su hijo mayor, Athelstan (muerto en el año 939).

Bibliografía

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Sobre el traductor

Natalia Arias Rodríguez
Natalia es una estudiante de Traducción e Interpretación que adora por encima de todo cualquier cosa relacionada con las humanidades. También le encanta la literatura y, como fan de la historia, su género favorito es la fantasía épica.

Sobre el autor

Michael McComb
Michael Mccomb se graduó de la universidad Manchester Metropolitan con una Maestría en Historia en el 2022 y ha escrito para las revistas Historians Magazine, Collector, Medieval Living y Lessons from History.

Cita este trabajo

Estilo APA

McComb, M. (2026, marzo 16). Eduardo el Viejo. (N. A. Rodríguez, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16989/eduardo-el-viejo/

Estilo Chicago

McComb, Michael. "Eduardo el Viejo." Traducido por Natalia Arias Rodríguez. World History Encyclopedia, marzo 16, 2026. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16989/eduardo-el-viejo/.

Estilo MLA

McComb, Michael. "Eduardo el Viejo." Traducido por Natalia Arias Rodríguez. World History Encyclopedia, 16 mar 2026, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-16989/eduardo-el-viejo/.

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