Shulgi de Ur (que reinó de 2029-1982 a.C.) se considera el rey más grande del período III de Ur en Mesopotamia (2047-1750 a.C.). Era hijo de Ur-Nammu (que reinó de 2047-2030 a.C.), que fundó la Tercera Dinastía de Ur y su madre era hija del rey Utu-Hegal de Uruk (su nombre no se conoce), quien lideró el levantamiento contra la ocupación gutia.
Shulgi (o también Culgi, Dungi y Sulgi) heredó un reino estable después de que su padre muriera en batalla contra los gutios y procedió a expandir el legado de su padre y elevar así a Sumeria a cotas culturales aún más altas. Era un hombre culto que reformó las escuelas de escribas y aumentó la alfabetización por toda la región, uno de sus mayores logros, a la vez que también alentó desarrollos en la interpretación musical porque él mismo era un músico consumado.
Asignó fondos para el mantenimiento continuo de las ciudades, mejoró los caminos existentes y construyó otros nuevos e incluso instituyó las primeras posadas de carretera para que los viajeros pudieran detenerse, descansar, comer y beber mientras viajaban (una innovación que más adelante adoptaría el Imperio aqueménida, en torno a 550-330 a.C.). Otro logro fue el Código de Ur-Nammu, que o bien instituyó él o continuó con el código que llevaba el nombre de su padre, el código legal más antiguo existente en el mundo. Se declaró a sí mismo un dios en vida y parece que la gente lo adoró tras su muerte.
Su reinado está bien documentado ya que contaba con muchos escribas que realizaban inscripciones sobre sus logros, pero esta documentación se ha cuestionado por ser inexacta. Aunque parece estar claro que Shulgi reinó bien, la mayoría de los documentos relacionados con los detalles de su gobierno son los que él mismo había ordenado escribir, incluido el famoso poema, Un poema de alabanza de Shulgi. Los cronistas posteriores lo acusarían de irreverencia y falsificación de informes, pero parece ser que las evidencias arqueológicas respaldan su versión del gobierno bastante bien. Con regularidad se le atribuye haber iniciado o alentado el renacimiento de la cultura sumeria, un periodo conocido como el Renacimiento sumerio.
Primeros años de reinado y la carrera de Shulgi
El gobierno de Ur-Nammu había estabilizado la región, lo que la permitió prosperar tras la expulsión de los gutios y, gracias al poema La muerte de Ur-Nammu y su descenso al inframundo, se había convertido en un héroe casi mítico poco después de su muerte.
Cabría esperar que a su sucesor le costase distinguirse del anterior gobernante, pero no parece que fuera el caso con Shulgi. Para garantizar la estabilidad de su reino, creó un Ejército permanente que organizó en unidades especializadas en propósitos militares específicos. Un soldado de infantería ya no era un «soldado» sin más, sino que estaba especializado en ciertas tácticas, formaciones y objetivos en el campo de batalla.
Una ver formado y entrenado, condujo a su Ejército contra los gutios que quedaban en la región para vengar la muerte de su padre y asegurar sus fronteras. Para recaudar dinero para este ejército, inició una política sin precedentes que consistía en cobrarles impuestos a los templos y los complejos religiosos, algo que, aunque puede que fuera poco popular entre los sacerdotes, podría haber aumentado su popularidad entre la población general que por una vez no tenía que sufrir un aumento de impuestos.
El estudioso Stephen Bertman apunta que «Fue el hijo de Ur-Nammu, Shulgi, el que hizo realidad sus sueños imperialistas» con la expansión del reino de Ur desde el sur de Mesopotamia cerca de Eridu subiendo por el valle del Tigris hasta Nínive en el norte (57). Esta área se corresponde a grandes rasgos con la zona que va desde el actual Kuwait en el sur hasta el norte de Irak. El reino se mantenía de manera eficiente gracias a una administración central unificada instituida por Ur-Nammu y mejorada por Shulgi, y estaba protegido por el Ejército permanente, que también lo amplió: como el Ejército no precisaba de movilización, podía responder con rapidez a cualquier disturbio en las fronteras. Una vez asegurado el Estado, Shulgi se pudo dedicar a fomentar el arte y la cultura, igual que había hecho su padre.
Introdujo un calendario nacional y estandarizó la medición del tiempo para que todo el reino reconociese el mismo día y la misma hora, lo que sustituyó el antiguo método por el que cada región contaba el tiempo y los días a su manera. También instituyó reformas agrícolas y estandarizó los pesos y medidas para garantizar un comercio justo en los mercados. Antes de las reformas de Shulgi, los precios variaban (en ocasiones, mucho) entre los bienes comerciados en Ur y los mismos que se comerciaban en Nippur. Todos los documentos se escribían en sumerio (en vez del idioma estatal tradicional, el acadio), puede que en un esfuerzo por diferenciar el reinado de Shulgi de los anteriores.
Aun así, parece que se presentaba ante sus súbditos deliberadamente como un nuevo Naram-Sin de Acadia (que reinó de 2261-2224 a.C.), el último gran gobernante del Imperio acadio. Ur-Nammu también había entendido el valor de vincular su reinado con el de los reyes acadios legendarios, pero Shulgi fue más lejos al autoproclamarse un dios, igual que hiciera Naram-Sin, y firmar los documentos con el determinante divino.
A pesar de que sus logros fueron muchos, parece que seguía sintiendo que lo único que había hecho era continuar con las políticas y los proyectos de construcción de su padre. El erudito Paul Kriwaczek escribe:
La construcción de los zigurats de Ur-Nammu continuó hasta bien entrado el reinado de su hijo, algo que le planteó a Shulgi el problema de encontrar la manera de establecer su propia personalidad sobrehumana en la conciencia de su pueblo. Así que decidió correr. (156)
En un solo día, Shulgi corrió de Nippur a Ur, una distancia de 160 kilómetros (100 millas), para poder oficiar los festivales religiosos en ambas ciudades, y luego corrió de regreso a Nippur; es decir, que completó una carrera de 322 kilómetros (200 millas) en un día. La motivación para realizar tal carrera queda clara en una de sus inscripciones más conocidas, Un poema de alabanza de Shulgi:
Para que mi nombre se establezca para los días lejanos y nunca caiga en el olvido, que no abandone los labios de los hombres,
Para que mis alabanzas se extiendan por todo el país,
Para que me elogien en todas las tierras,
Yo, el corredor, me levanté con mi fuerza, todo listo para la carrera
Desde Nippur hasta Ur
Y me propuse recorrer, como si solo fuera una distancia de una «hora doble»
Como el león que no se cansa de su virilidad me levanté,
Me eché una faja en los lomos
Agité los brazos cual paloma que huye fervientemente de una culebra,
Extendí las rodillas como el ave Anzu con los ojos alzados hacia la montaña.
(Versos 36-45; Kramer, 286)
Sin duda la carrera cumplió su objetivo, ya que se asoció a Shulgi con este acontecimiento, y con una gran resistencia, en las crónicas posteriores. También se alabaron su valentía y su determinación porque la carrera tuvo lugar en medio de una terrible tormenta. El Poema de alabanza continúa así:
Aquel día la tormenta aullaba, la tempestad se arremolinó/El viento del norte y el viento del sur rugieron con violencia/Los rayos devoraron los cielos junto a los siete vientos/La tormenta ensordecedora hizo temblar la tierra.
(Versos 60-63; Kramer, 287)
De hecho, Shulgi se hizo tan famoso por esta carrera que poco después se convirtió en una figura popular que aparecía en la poesía erótica de toda Mesopotamia y que destacaba por su virilidad y su resistencia como el amante de la diosa Inanna. En cuanto a la famosa carrera, Kriwaczek escribe lo siguiente:
¿Podría haberlo hecho realmente? Una generación anterior de asiriólogos pensó que era una hazaña imposible y la desechó como un mito. Sin embargo, las consideraciones más recientes sugieren lo contrario. Un artículo del Journal of Sport History (Revista de la historia deportiva) cita dos récords relevantes: «Durante las primeras cuarenta y ocho horas de la carrera a pie de Sídney a Melbourne de 1985, el ultramaratonista Yannis Kouros recorrió 460 kilómetros. Logró esta distancia impresionante sin parar a dormir». En la década de 1970 un atleta británico corrió en una pista y completó 160 kilómetros en once horas y treinta y un minutos. No hay razón para pensar que los sumerios eran menos capaces físicamente. Al fin y al cabo, su mundo era mucho más físico que el nuestro: la velocidad, la fuerza y la resistencia habrían sido mucho más importantes para ellos de lo que lo son para nosotros. (157)
La carrera de Shulgi lo hizo famoso por todo el país, tal y como esperaba, y marcó una diferenciación importante del reinado de su padre. Mientras que Ur-Nammu se había presentado a sí mismo frente a su pueblo como una figura paternal y un guía, Shulgi reclamó el estatus de un dios. Realizó la carrera en el séptimo año de su reinado y, a partir de entonces, pudo hacer lo que quiso. En Mesopotamia era costumbre nombrar los años en honor a las grandes hazañas del rey; normalmente eran victorias militares, pero el año de la carrera pasó a conocerse a partir de entonces como «El año en el que el rey hizo el viaje de ida y vuelta de Ur a Nippur en un día». La historia de su carrera se grabó poco después del evento y se enviaron escribas a todos los rincones del reino para recitarla en los templos y presentar a Shulgi frente a su pueblo como un rey aún más grande que su padre.
Reinado tardío y controversia
Su campaña de relaciones públicas fue un gran éxito. Las Crónicas mesopotámicas describen a Shulgi como «divino» y «el corredor más rápido» y cuentan que proporcionó alimentos a las ciudades con generosidad, en especial a la ciudad sagrada de Eridu. Se hablaba de él como un hermano del dios sol Shamash y esposo de la diosa Inanna, según los himnos y las canciones que muy probablemente encargó o puede que compusiera él mismo. Cuando decidió expandir su reino hacia el norte, el Ejército lo siguió a la campaña sin cuestionarlo, y tomó la región de Anshan (la región occidental del actual Irán).
Sus continuas políticas de tributación de los templos y complejos de templos y la estandarización de pesos, medidas, tiempo y días en todo el reino habían despojado a las diversas ciudades de sus identidades regionales y, en menor grado, de su independencia económica (el factor financiero parece bastante insignificante ya que muchas ciudades continuaron prosperando económicamente después de la caída de Ur), y sin embargo no hay evidencia de conflictos internos o referencias a ninguna revuelta en los registros de su reinado.
No obstante, se ha cuestionado esta versión pacífica y próspera de la administración de Shulgi porque primero, como ya se ha señalado, la historia proviene de documentos emitidos por el Estado y, lo que es más importante, los escritores posteriores afirmaban que Shulgi había falsificado a propósito esos documentos para presentarse como el más grande de los reyes de Mesopotamia.
Las mismas crónicas que lo presentan como divino también afirman que «Shulgi, hijo de Ur-Nammu, proporcionó comida abundante a Eridu, que está en la costa. Pero tenía tendencias criminales y la propiedad del Esaglia y Babilonia que se llevó como botín [...] hizo que su cuerpo se consumiera y lo mató» (CM, Tablilla A, 20:28-30). Otro pasaje de las Crónicas afirma que durante el reinado de Shulgi, «compuso una estela falsa, escritos insolentes, sobre los mitos de purificación de los dioses, y los dejó para la posteridad» (CM, 27).
Ambas afirmaciones habrían representado ofensas serias para las sensibilidades mesopotámicas de cualquier época y región, ya que consideraban que la documentación exacta del pasado era de enorme importancia. La afirmación de que Shulgi se llevó las propiedad del Esaglia (el templo) en Babilonia ya es en sí muy seria, ya que los bienes del templo no le pertenecían a la ciudad particular, sino al dios de esa ciudad; pero luego mentir sobre ello por escrito y presentar las mentiras como si fuera historia verdadera habría sido intolerable.
Las Crónicas mesopotámicas (también conocidas como Crónicas de Babilonia) son una historia de las actividades de los reyes de Mesopotamia compilada por los escribas en algún momento del primer milenio a.C. a partir de fuentes más antiguas. A pesar de que los eruditos han creído durante mucho tiempo que se compusieron en Babilonia, hay razones para creer que las compilaron diferentes escribas en lugares diferentes bajo la dirección del Imperio asirio, probablemente por orden del rey Asurbanipal (que reinó de 668-627 a.C.) en Nínive.
Es totalmente posible, incluso muy probable, que los escribas posteriores escribieran desde cierto punto de vista para hacer avanzar sus propios intereses y editaran u omitieran detalles del pasado al componer las Crónicas, pero resulta poco probable que se inventaran incidentes por completo y los hicieran pasar por historia verdadera. Lo más probable es que se estuvieran basando en la tradición de la literatura naru de Mesopotamia, que tomaba información «fáctica» y la embellecía para lograr un efecto específico con el fin de transmitir valores culturales clave, tales como la admiración por el rey y la obediencia al mismo.
La referencia al saqueo perpetrado por Shulgi del Esaglia en Babilonia implica que Babilonia se reveló durante el reinado de Shulgi, algo que los documentos de la administración no recogen, y, de haber ocurrido, es probable que otras regiones de su reino tampoco sintieran tanta estima por Shulgi como dan a entender los documentos oficiales del Estado. Babilonia era una ciudad tan famosa en la historia de Mesopotamia por rebelarse contra el gobierno exterior como lo era en la Biblia por su depravación. Si hubiese que elegir una ciudad gobernada por Shulgi para rebelarse, habría sido Babilonia, y aunque el saqueo de cualquier templo se hubiese considerado un crimen serio, saquear el Esaglia de Babilonia se habría considerado el peor de todos. Otros reyes posteriores, tales como los asirios Tukulti Ninurta I y Senaquerib, fueron asesinados por su irreverencia al profanar el templo de Babilonia, y ese también podría haber sido el destino de Shulgi.
La gran muralla y la muerte de Shulgi
Hacia el final de su reinado, Sumeria tenía cada vez más problemas por las incursiones de la tribu nómada conocida como los amorreos. Shulgi hizo construir un muro de 250 km (155 millas) de largo a lo largo de la frontera oriental de su reino para mantener fuera a los amorreos, pero, como no tenía nada en los extremos que los detuviera, los nómadas invasores podían rodearlo sin más. Los elamitas también estaban en la frontera, pero, al menos durante el reinado de Shulgi, el Ejército de Ur fortificó el muro para mantenerlos a raya.
Shulgi murió tras un reinado de 46 años y fue sucedido por su hijo Amar-Sin (que reinó de 1981-1973 a.C.), quien derrotó a los elamitas y fortificó el muro. A este lo sucedió su hermano pequeño Shu-Sin (que reinó de 1972-1964 a.C.), quien le dedicó más esfuerzos al muro, aplastó revueltas en las comunidades amorreas que se habían establecido en el reino e intentó emular el reinado de su padre y mantener la dinastía. Después vino su hijo Ibbi-Sin (que reinó de 1963-1940 a.C.), que fue perdiendo poco a poco los territorios del reino construido por Ur-Nammu y Shulgi. Kriwaczek comenta:
A pesar de todos los esfuerzos por fortificarlo, el muro no fue suficiente para mantener a raya a los bárbaros del oeste. Sus incursiones continuaron, empeorando así los problemas de un imperio moribundo. (161)
Ibbi-Sin fue el último rey de la Tercera Dinastía de Ur y, para el final de su reinado, el vasto reino había quedado reducido a la ciudad de Ur, que acabaría cayendo en manos de los elamitas.
La muerte de Shulgi es un tema tan controvertido como los documentos que describen su reinado. Los estudiosos siguen repitiendo cosas como «Puede que Shulgi muriera de manera violenta a manos de un asesino, junto con sus consortes Geme-Ninlila y Shulgi-Shimti» (Bertman, 105) o «Puede que Shulgi sufriera una muerte violenta en una revuelta en palacio» (Leick, 160), pero no está claro si estas afirmaciones son ciertas o no. Los sospechosos principales a los que aluden los estudiosos modernos siempre son los hijos de Shulgi, pero, para que hubiesen podido asesinar a su padre y después asumir el gobierno, habrían necesitado el apoyo de los oficiales de la corte y de su familia o se podrían haber apoyado en el descontento del pueblo con la esperanza de que este apoyara un golpe.
El estudioso Piotr Michalowski ha confirmado que Shulgi-Shimti todavía estaba viva después del funeral de Shulgi y que «un texto datado un mes después de la muerte del monarca menciona una entrega de ganado del rebaño [de Geme-Ninlila], pero eso no indica si ella estaba viva o muerta» (290). Shulgi-Shimti era la esposa de Shulgi, y está documentado que ejercía una influencia considerable en la corte. Geme-Ninlila era la concubina de Shulgi, pero también ocupaba un puesto de honor en la corte y era una exitosa empresaria por derecho propio.
No hay prueba alguna de que la corriente de la opinión popular se hubiese vuelto contra Shulgi o de que hubiese habido un complot lanzado por los propios miembros de la corte. El supuesto asesinato de Shulgi queda sugerido por las Crónicas mesopotámicas, que vinculan su supuesto saqueo del Esaglia en Babilonia con su muerte. Como ya se ha dicho antes, se sabe de reyes posteriores durante el periodo asirio que fueron asesinados por sus hijos por cometer ese mismo crimen contra los dioses, de manera que puede que los escritores asirios y babilonios posteriores interpretaran la historia de Shulgi a la luz de lo que sabían de su propia historia.
También es posible que la sección que falta de ese pasaje dijera algo que daría sentido a una versión muy diferente de la muerte de Shulgi. Puede que Shulgi fuera asesinado por sus crímenes contra los dioses, o puede que muriera de causas naturales, pero la afirmación repetida de que su reina y consorte fueron asesinadas con él no se puede mantener, así como tampoco se puede sostener que lo mataran sus hijos.
Conclusión
A pesar de que se han cuestionado los registros estatales que documentan su reinado, los indicios arqueológicos de la época respaldan las afirmaciones de que el reinado de Shulgi fue próspero y de que los logros de los que presumía sucedieron realmente, si bien no exactamente tal y como los describen. Durante su reinado mejoraron los caminos, se expandió el reino, la economía era robusta, se construyeron posadas, se estandarizaron el calendario y la medición del tiempo, así como los pesos y medidas y la alfabetización y las artes florecieron.
Todavía se sigue discutiendo si es culpable de haberse inventado algunos aspectos de su vida y su reinado, pero no cabe demasiada duda de que era un hombre de inmenso talento en lo relativo a la administración y el mundo militar, de gran imaginación, determinación y carisma. Cabe preguntarse si se merece el título que todavía conserva como el rey más grande del período III de Ur, pero, al comparar sus logros con sus deficiencias, los primeros superan a los segundos, y ciertamente no hubo ningún rey posterior de este periodo que estuviera a su altura.
