Pérdicas

Donald L. Wasson
por , traducido por Rosa Baranda
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Battle of Hydaspes mosaic (by Jorge António, Public Domain)
Mosaico de la batalla del Hidaspes Jorge António (Public Domain)

Pérdicas (muerto en 321 a.C.) fue uno de los comandantes de Alejandro Magno y, tras su muerte, custodio del tesoro, regente de Filipo III y Alejandro IV y comandante del Ejército real. Cuando Alejandro Magno cruzó el Helesponto y arrojó su lanza a las costas de Asia Menor, él y su Ejército real comenzaron un viaje de diez años que los llevaría al corazón de Asia y amasarían un imperio diferente a todos cuales habían existido hasta entonces. Sin embargo, la repentina muerte del joven rey en 323 a.C. dejó a un vasto reino sin líder, sumido en la confusión; no había ni un heredero inmediato ni nadie nombrado sucesor. Pérdicas tomó el control de la situación para ofrecer una solución. Con el anillo de sello del rey en la mano, intentó mantener el imperio intacto. Por desgracia, otros individuos leales al rey tenían una opinión diferente al respecto. Al final, los diferentes comandantes del Ejército tomaron cada uno posesión de una pequeña parte del territorio y a Pérdicas no le quedó más que una oportunidad ínfima de reconstruir lo que ya se había echado a perder.

Principios de su carrera

Pérdicas tomó el control de la situación para ofrecer una solución. Con el anillo de sello del rey en la mano, intentó mantener el imperio intacto.

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Gran parte de lo que la historia sabe sobre Pérdicas no es halagador, ya que está empañado por su presentación hostil en la historia de Ptolomeo sobre Alejandro y su conquista de Persia. Ptolomeo I y Pérdicas llevaban enfrentados y en desacuerdo el uno con el otro desde Babilonia, un conflicto que al final conduciría a la muerte de Pérdicas. Sin embargo, más allá de la historia de Ptolomeo, la mayoría de las versiones fiables dicen que tenía más o menos la misma edad que Alejandro (o posiblemente algún año más) y que era hijo de Orontes, un noble macedonio de la casa de Orestes, una familia real que alguna vez había gobernado un reino independiente pequeño en las tierras altas macedónicas pero cuyo poder les había sido arrebatado por Filipo II, el padre de Alejandro.

Philip II of Macedon
Filipo II de Macedonia Fotogeniss (CC BY-SA)

En un principio, Pérdicas era un paje en la corte imperial en Pella, pero en 336 a.C. se convirtió en miembro de la infantería de élite de Filipo II como portador de escudo o hipaspista. Más tarde, ese mismo año, mientras servía como guardaespaldas del rey, Pérdicas fue uno de muchos que persiguieron a Pausanias, el asesino de Filipo. El motivo para el asesinato: Pausanias creía que el rey lo había traicionado y quiso vengarse. Cuando se le quedó la bota atrapada en una vid al intentar montarse en su caballo, sus perseguidores lo asesinaron inmediatamente. La historia todavía debate si Olimpia, la madre de Alejandro, tuvo algo que ver con la muerte de su esposo o no. Muchos siguen creyendo que animó a Pausanias a matar a Filipo para asegurar el ascenso de Alejandro al trono. Uno de estos era Plutarco, que escribió lo siguiente en su Vida de Alejandro Magno:

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...cuando descubrió que no podía obtener reparaciones por la vergüenza sufrida a causa de Filipo, esperó la oportunidad y lo asesinó. La culpa de tal acto se atribuyó principalmente a Olimpia, de quien se dice que alentó y exasperó al joven enfurecido a vengarse... (11)

Revuelta de Tebas

Junto con Parmenio, Ceno, Clito el Negro y Ptolomeo, el joven Pérdicas era uno de los grandes hombres que Alejandro heredó de su padre. Poco después de la muerte de Filipo II, las rebeliones estallaron por toda Grecia; principalmente, Tebas, Atenas, Tesalia y Tracia se rebelaron. A instancias del orador Demóstenes de Atenas, muchos griegos creían que Alejandro no era capaz de gobernar y no lo veían más que como un joven venido a más. El nuevo rey se dispuso a demostrar que era tan bueno como su padre, si no más. Durante estas rebeliones, Pérdicas luchó junto al joven Alejandro en Iliria y, cuando la revuelta estalló en Tebas, porque creían que Alejandro había muerto en Iliria, siguió al rey al sur. Plutarco escribió: «... él [Alejandro] marchó inmediatamente a través del paso de las Termópilas y le dijo a Demóstenes, que lo había llamado crío mientras estaba en Iliria... que aparecería como un hombre frente a las murallas de Atenas» (12).

Alexander the Great in Combat
Alejandro Magno en combate Warner Brothers (Copyright, fair use)

Un enorme ejército compuesto de macedonios, así como de aliados de Platea, Orcómeno y Tespias se presentó frente a las murallas de Tebas, esperando cualquier señal de rendición. Según el historiador Philip Freeman en su libro Alejandro Magno, Alejandro se enfureció («una furia imponente», 63) y decidió no esperar a que se rindieran; quería hacer un ejemplo de Tebas, especialmente después de que lo llamaran tirano.

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Como «un joven soldado ansioso que quería impresionar a su rey» (Freeman, 63), Pérdicas, como capitán de la guardia, acampó al sureste de Tebas. Sin consultar con Alejandro asaltó las puertas de la ciudad y, antes de que nadie tuviera tiempo de darse cuenta, estaba dentro de las murallas, seguido inmediatamente por otro batallón; el asalto había comenzado y con él «los gritos llenaron el ambiente» (Freeman, 64). Aunque algunos relatos difieren, Alejandro no tuvo más alternativa que seguir adelante con el asalto. Freeman escribió que el resultado final de la batalla fue de «valentía inusual mezclada con la carnicería y el horror» (64), ya que 6.000 tebanos perdieron la vida y otros 30.000 fueron capturados. La ciudad fue arrasada. La caída de Tebas había servido su propósito, ya que las ciudades del resto de Grecia dejaron de rebelarse. Pérdicas había demostrado ser un comandante capaz, pero esa demostración tuvo un precio. En Las campañas de Alejandro, el historiador Arriano escribió que «Pérdicas salió herido mientras intentaba atravesar la segunda empalizada; se lo llevaron de vuelta a la base, pero la herida era seria y le salvaron la vida con gran dificultad» (58).

Campaña persa y la muerte de Alejandro

Pérdicas siguió a Alejandro a través de Asia Menor y luchó contra los persas en el Gránico, en Issos y en Gaugamela. Durante toda la campaña persa recibió varios ascensos: de taxiarca que lideraba una brigada de pezhetairoi a servir como guardaespaldas en 330 a.C. Antes de que el Ejército se encontrara con el rey Poros en el río Hidaspes, enviaron a Pérdicas y Hefestión en avanzada a través del paso de Khyber con tres batallones y la mitad de la caballería de la compañía para reunir suministros y prepararse para cruzar el río. Tras la victoria contra el rey Poros, Pérdicas apareció después junto a Alejandro en su enfrentamiento contra los malios, donde el rey recibió una de las heridas más serias, una flecha que le perforó el pulmón. Supuestamente, fue Pérdicas el que le sacó la flecha.

Alexander Sarcophagus
Sarcófago de Alejandro James Carnehan (CC BY)

Fue en Babilonia, donde Alejandro yacía en su lecho de muerte, cuando Pérdicas ascendió a la prominencia. Fue allí donde el rey le entregó su anillo de sello a su recién nombrado quiliarca Pérdicas; antes había recibido la promoción a quiliarca o gran visir tras la inesperada muerte de Hefestión. Una vez muerto el rey (el 10 de junio de 323 a.C.), el imperio que había construido se sumió en el caos. Lamentablemente, Alejandro no había nombrado a un sucesor. La historia nos dice que sus últimas palabras fueron «al mejor», pero nadie entendió lo que quería decir. Aunque su esposa Roxana estaba embarazada del futuro Alejandro IV, no había nadie que gobernara el imperio así que Pérdicas asumió el control por iniciativa propia. También asumió el control del cuerpo del rey, con la intención de devolverlo a una tumba en Macedonia. De hecho, a pesar de las creencias de los demás comandantes, muchos están de acuerdo en que Pérdicas era una buena elección. Por lo que se sabe, era de sangre real y tenía una carrera militar distinguida. Y, aunque había muchos que lo despreciaban, especialmente Ptolomeo I, él personalmente creía que era capaz de manejar una crisis.

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Guerras de Sucesión

La cuestión de quién debería gobernar obligó a los comandantes a llegar a un acuerdo. Pérdicas eligió apoyar o bien al medio hermano de Alejandro, Filipo Arrideo (a quien la mayoría consideraba un simple), o bien esperar a que naciera el bebé de Roxana; Filipo serviría como Filipo III hasta que Alejandro IV, nacido en agosto de 323 a.C. tuviera la edad suficiente para gobernar. El encuentro no salió bien. Aunque nadie apoyaba seriamente al hijo de Alejandro, Heracles, nacido de su amante Barsine, Meleagro, comandante de infantería, lideró una revuelta corta en favor de Filipo III por encima de Alejandro IV; al niño no nato se lo despreció por ser solo mitad macedonio. La revuelta se silenció cuando Pérdicas mató a Meleagro en un santuario adonde había ido en busca de refugio. Para asegurar la ascensión al trono de su hijo, Roxana, con la bendición de Pérdicas, envenenó a la otra esposa de Alejandro, Estatira (hija de Darío) y a su hermana Dripetis (esposa de Hefestión) y las arrojó a un pozo. Plutarco escribió:

Roxana, que estaba embarazada... celosa de Estatira... las mató a ella y a su hermana y arrojó sus cuerpos a un pozo que después llenaron de tierra, no sin el conocimiento y la ayuda de Pérdicas, quien en la época inmediatamente después a la muerte del rey... ejerció la máxima autoridad. (72)

Diadochi Satraps 323 BCE
Sátrapas diádocos 323 a.C. Fornadan (CC BY-SA)

Al final, aunque los comandantes en un principio aceptaron el plan de Pérdicas, optaron por dividirse el reino entre ellos. Se encontraron en el salón del trono de Babilonia: Ptolomeo I optó por gobernar Egipto, Antípatro se quedó con Macedonia y Grecia y Antígono I Monóftalmos recibió la mayor parte de Asia Menor. Pérdicas no recibió ningún territorio ni satrapía y en vez de eso se convirtió en custodio del tesoro, en regente de Filipo III y Alejandro IV y comandante del Ejército real. Para espiar a Ptolomeo, Pérdicas eligió a Cleómenes de Náucratis, que se quedó en Egipto como ministro de finanzas. Por desgracia, el plan de reunificar el imperio nunca se llegaría a cumplir. Los comandantes y sus descendientes se enfrentarían unos a otros durante tres décadas en las guerras de Sucesión.

Tras la muerte de Alejandro, Pérdicas, con el anillo de sello del rey en su mano, intentó mantener el imperio intacto.

El matrimonio se convirtió en un problema para Pérdicas, al menos cuando intentó utilizarlo con fines políticos. Cuando Alejandro intentó casar a sus comandantes con esposas persas, Pérdicas recibió a la hija del gobernador de Medea. Más tarde, poco se sabe de su esposa persa, planeó casarse con la hija de Antípatro, Nicea, y formar una alianza ventajosa; también estaba arreglado que Ptolomeo se casaría con otra hija de Antípatro, Eurídice. Mientras tanto, la hermana ahora viuda de Alejandro Magno, Cleopatra, viajó a Asia Menor y puso la mira en Pérdicas. Antípatro y Olimpia ambos lo querían como un posible yerno; Antípatro quería casarlo con Nicea, mientras que Olimpia quería que se casase con Cleopatra. Pérdicas se enfrentaba a un dilema: el matrimonio con Nicea lo pondría en concordancia con los demás generales, pero casarse con la heredera de Epiro y Macedonia, Cleopatra, lo llevaría al trono de Pella. Al final se casó con Nicea; sin embargo, envió a Eumenes, que comandaba sus fuerzas en Asia Menor, a Sardis en Asia Menor para informar a Cleopatra de que planeaba rechazar a Nicea y casarse con ella, en una traición total a Antípatro. Por desgracia, cuando Cleopatra se enteró de que ya se había casado, rechazó su oferta.

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Esta sensación de traición combinada con el avance de Pérdicas y Eumenes en Asia Menor no les dejaron demasiadas opciones a Antípatro y su compañero regente Crátero, así que se unieron a Antígono en una guerra (322 -321 a.C.) que sacó a Pérdicas del poder a la fuerza. En un principio, Antígono y su hijo Demetrio quisieron refugiarse en Macedonia cuando Eumenes entró en Asia Menor. La guerra terminaría con la muerte de Crátero y el aislamiento de Eumenes, y Antípatro se llevó a Filipo III y Alejandro IV a Macedonia. La reina regente, Olimpia, no estaba contenta con este resultado.

Muerte y legado

Pérdicas no había participado en la guerra en Asia Menor, en vez de eso, en 321 a.C. estaba de camino a Egipto. Ptolomeo I se había apoderado del cuerpo de Alejandro en Siria y lo envió a Menfis, desde donde después se transfirió a Alejandría. Los dos hombres llevaban discutiendo amargamente desde Babilonia, y como Ptolomeo se llevó el cuerpo del rey y asesinó a Cleómenes, Pérdicas creía que no tenía más opción que invadir Egipto, derrotar a Ptolomeo y hacerse tanto con sus territorios como con su tesoro. Sin embargo, tras tres intentos inútiles, no consiguió cruzar el Nilo. Con el fracaso de su tercer y último intento, y la pérdida de 2.000 soldados, la lealtad de sus hombres empezó a desvanecerse porque habían visto morir a demasiados de sus amigos. Las deserciones fueron en aumento, los sobornos dejaron de funcionar. Al final, tres de sus oficiales otrora leales, Peitón, Antígenes y Seleuco, entraron en su tienda y lo apuñalaron.

Pérdicas fue un comandante capaz y leal tanto a Alejandro como al imperio había creado. Su único sueño era mantener el reino hasta que se pudiera reunificar bajo un solo líder, Alejandro IV, el hijo de Alejandro Magno. Por desgracia, no era demasiado popular entre muchos de los comandantes más viejos, especialmente Ptolomeo I de Egipto, y la oportunidad de reunificación murió con la división del territorio en Babilonia. Al final, Pérdicas perdió el control y su guerra con Ptolomeo desembocó en su muerte. Las guerras de Sucesión continuarían otras tres décadas, pero los descendientes de Ptolomeo gobernarían Egipto hasta los días de Julio César. La adorada Macedonia del rey caería en manos del Imperio romano y el sueño imperial de Alejandro pereció con él.

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Sobre el traductor

Rosa Baranda
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.

Sobre el autor

Donald L. Wasson
Donald ha enseñado Historia de la Antigüedad, de la Edad Media y de los Estados Unidos en el Lincoln College (Normal, Illinois) y, desde que estudió a Alejandro Magno, siempre ha sido y será un estudiante de historia. Le encanta transmitir conocimientos a sus alumnos.

Cita este trabajo

Estilo APA

Wasson, D. L. (2025, noviembre 20). Pérdicas. (R. Baranda, Traductor). World History Encyclopedia. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11344/perdicas/

Estilo Chicago

Wasson, Donald L.. "Pérdicas." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, noviembre 20, 2025. https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11344/perdicas/.

Estilo MLA

Wasson, Donald L.. "Pérdicas." Traducido por Rosa Baranda. World History Encyclopedia, 20 nov 2025, https://www.worldhistory.org/trans/es/1-11344/perdicas/.

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