Tiberio (42 a.C. - 37 d.C.) fue el segundo emperador romano, de 14 a 37 d.C. Hijo adoptivo de Augusto, tuvo una vida larga y atormentada al servicio del Imperio romano antes de convertirse en princeps (emperador) en 14 d.C. Aunque nunca fue popular, su reinado empezó con buen pie. Sin embargo, sus celos del heredero Germánico y su indiferencia durante los juicios por traición orquestados por el prefecto pretoriano Lucio Elio Sejano hicieron que perdiera la poca popularidad que tenía en el Senado romano. Se pasó los últimos años de su vida solo, en reclusión voluntaria en la isla de Capri, hasta su muerte en 37 d.C.
Infancia y familia
El 16 de noviembre del año 42 a.C., Tiberio ClaudioNerón nació en medio de un apocalipsis.El asesinato de Julio César dos años antes había sumido al mundo romano en el caos y la guerra civil. Después de que los asesinos de César, liderados por Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, recibieran su sangriento final en los campos de la batalla de Filipos, los herederos de César formaron una alianza para compartir el poder conocida como el Segundo Triunvirato y ahora gobernaban mediante el terror. Proscribieron y liquidaron a los romanos prominentes sospechosos de traición y confiscaron sus propiedades. Nadie estaba a salvo, ni siquiera la gens Claudia, la antigua y distinguida familia patricia en la que había nacido Tiberio. Su padre, también llamado Tiberio Claudio Nerón, era muy consciente de la larga historia de virtud republicana de su familia y trató de hacer todo lo posible para preservar las libertades de la agonizante República romana.
Al crecer bajo el techo del hombre más poderoso de Roma, Tiberio recibió una educación excelente.
En poco tiempo, el triunvirato se fracturó, enfrentando a uno de los triunviros, Octaviano, hijo adoptivo de César, contra otro, Marco Antonio. Considerando que Octavio era el mayor de los males, el Tiberio el Mayor se decantó por Antonio. Se llevó a su esposa, Livia Drusila, y a su hijo pequeño y huyó, primero a Sicilia y luego a Grecia, perseguido durante todo el camino por los soldados de Octaviano. Una vez, mientras huían por Grecia, la familia protagonizó una dramática huida a través de un incendio forestal, con las llamas pisándoles los talones e incluso chamuscando la ropa y el pelo de Livia. En el año 39 a.C., Octaviano y Antonio firmaron un tratado de paz que concedía la amnistía a todos los exiliados políticos, como Tiberio Nerón y su familia. Cuando regresaron a Roma, la joven y bella Livia no tardó en captar la atención de Octaviano. Comenzaron una aventura amorosa y, después de que Livia diera a luz a su segundo hijo, Druso, se divorciaron de sus respectivos cónyuges. Cuando Octavio y Livia se casaron en el año 38 a.C., Tiberio Nerón entregó a la novia como si fuera su padre.
El joven Tiberio y su hermano Druso se criaron con su padre durante los años siguientes, hasta la muerte de este en el año 33 a.C. Aunque solo tenía 9 años, Tiberio pronunció el panegírico en el funeral. Después, los hermanos pasaron al cuidado de su madre y su padrastro, a quien la ciudad pronto reconocería como princeps («primer ciudadano») de Roma y le concedería un nuevo nombre: Augusto. Al crecer bajo el techo del hombre más poderoso de Roma, Tiberio recibió una excelente educación. Se formó en los clásicos griegos y latinos, desarrolló una afinidad por la filosofía y se convirtió en un experto en oratoria y poesía. Como Augusto no tenía hijos propios, Livia esperaba colocar a sus propios hijos como herederos y animó a su marido a acelerar sus carreras políticas. En el año 24 a.C., de acuerdo con sus deseos, Tiberio, de 17 años, recibió el cargo de cuestor y, unos años más tarde, se casó con Vipsania, hija de Marco Agripa, la mano derecha de Augusto. Fue un comienzo brillante para una vida que estaba destinada a ser turbulenta y problemática.
A lo largo de la siguiente década, los hijos de Livia dedicaron gran parte de su tiempo a campañas militares, luchando contra los enemigos de Roma desde los Alpes nevados hasta las aguas del Danubio y los oscuros bosques de Alemania. Aunque Tiberio nunca fue tan popular como su encantador hermano menor, el pueblo romano apreciaba su austeridad y su comportamiento serio. Su rostro pálido y sombrío y sus hombros anchos y encorvados parecían indicar que llevaba sobre sus espaldas el legendario legado de la familia Claudia. En el año 13 a.C., fue elegido cónsul por primera vez, poco después del nacimiento de su único hijo, al que llamó Druso en honor a su querido hermano. Al año siguiente, Augusto decidió que era hora de elevar a sus dos hijastros en la línea de sucesión. Para fortalecer sus lazos con la familia Augusta, le ordenó a Tiberio que se divorciara de Vipsania para casarse con Julia la Mayor, hija de Augusto.
Pare que es algo que Tiberio llevó muy mal, porque estaba sinceramente enamorado de Vipsania. En una ocasión, cuando se encontró con su exmujer en público, Tiberio, con el corazón roto, la siguió con «los ojos llenos de lágrimas y la mirada llena de tristeza» (Suetonio, Tiberio, 7). Augusto no se alegró al enterarse de lo sucedido y tomó medidas para asegurarse de que los dos nunca volvieran a verse. En cuanto a su nueva esposa, Julia, parace que ambos se odiaban el uno al otro.
Sin embargo, no tuvo que compartir su lecho durante mucho tiempo, ya que a menudo se encontraba fuera en campaña, ampliando las fronteras del imperio. Entre los años 12 y 9 a.C., desempeñó un papel importante en la conquista de Panonia, en Europa Central. Pero apenas tuvo tiempo de disfrutar de su victoria cuando recibió una terrible noticia: mientras lideraba las tropas en Germania, su hermano Druso se había caído del caballo y estaba a las puertas de la muerte. Tiberio corrió al campamento de Druso, pero cuando llegó descubrió que su hermano ya había fallecido. Desolado, Tiberio acompañó el cuerpo de vuelta a Roma, recorriendo toda la distancia a pie.
Para entonces, Augusto había adoptado a sus dos jóvenes nietos, Cayo César y Lucio César, como sus herederos. El pueblo romano parecía tan enamorado de estos príncipes como Augusto, colmándolos de amor y elogios cada vez que aparecían en actos públicos. Para Tiberio, que había dedicado su vida al servicio de Roma, verse superado por dos niños sin experiencia era más humillante de lo que podía soportar. En el año 6 a.C., cuando Augusto le ordenó que dirigiera una campaña en Oriente, Tiberio se negó rotundamente y, en su lugar, anunció que se retiraba.
Tras una discusión con el princeps, Tiberio abandonó Roma y se marchó a Rodas, donde pasó los siguientes años leyendo literatura griega y conversando con filósofos. Pero si Tiberio esperaba que la distancia hiciera que sus compatriotas lo echaran más de menos, se equivocó; en pocos años, había caído prácticamente en el olvido en Roma. Al darse cuenta de su error, le solicitó a Augusto en varias ocasiones que le permitiera regresar a casa, pero este se lo negó cada vez. Ese respeto que había tardado décadas en labrarse se había ido deteriorando hasta un punto peligroso. Una vez, en una cena, un compañero ebrio del joven Cayo César se ofreció a ir a Rodas y traer la cabeza del «exiliado». Aunque Cayo le dijo que no, la historia alarmó a Tiberio, que se dio cuenta de que se había quedado sin poder.
De un plumazo, Augusto había perdido a sus dos herederos y se vio obligado a reexaminar la línea de sucesión.
No obstante, justo cuando Tiberio estaba en su momento más bajo, el destino intervino. Primero, Lucio César murió tras una repentina enfermedad en el año 2 d.C. Luego, menos de 14 meses después, Cayo también murió inesperadamente. De un plumazo, Augusto había perdido a sus dos herederos y se vio obligado a replantearse la línea de sucesión. Aunque adoptó a su único nieto superviviente, el adolescente Agripa Póstumo, se dio cuenta de que el chico era demasiado joven e inexperto para sucederle. Por lo tanto, se vio obligado a recurrir a Tiberio, que era ahora uno de los únicos candidatos adultos que quedaban en pie. Augusto adoptó formalmente a Tiberio; ahora conocido como Tiberio Julio César, el sombrío general era finalmente el heredero de su padrastro. Pero, a su vez, Tiberio tuvo que adoptar a su apuesto y popular sobrino, Germánico, que se convertiría en el segundo en la línea de sucesión al trono.
Tiberio regresó a Roma, un regreso a casa que se vio aún más agraciado por el hecho de que su odiada esposa, Julia, estuviese en el exilio por adulterio (donde acabaría muriendo). En el año 9 d.C., dirigió un ejército a Dalmacia con Germánico como uno de sus lugartenientes. Para el año 13 d.C., el anciano Augusto le había otorgado poderes iguales a los suyos, de manera que en la práctica era coprinceps. Astuto como siempre, Augusto lo había hecho para garantizar una transición fluida del poder, ya que sentía que su propia mortalidad se acercaba. De hecho, el 19 de agosto del año 14 d.C., murió a la edad de 75 años. No estaba contento con la persona a la que dejaba como sucesor. Tras su última conversación con Tiberio, el princeps moribundo aparentemente lamentó el destino del pueblo romano, que ahora se vería «aplastado entre tales implacables mandíbulas» (citado en Holland, 183). Augusto no sería el único miembro de la casa de César que moriría ese año. Por esas mismas fechas, el joven Agripa Póstumo fue asesinado por uno de sus propios guardias. Aunque Tiberio siempre negaría su participación, muchos sospecharon que él había dado la orden, para eliminar su último obstáculo al poder.
Primeros años de reinado
El 17 de septiembre del año 14 d.C., Tiberio compareció ante el Senado. Al igual que Augusto antes que él, hizo gala de una falsa modestia, fingiendo renuencia a gobernar como princeps: ya tenía más de 50 años y su vista estaba fallando, dijo; que gobernara el Senado. Pero los senadores conocían el juego de la política y le rogaron que tomara el relevo de su padrastro, preguntándole: «¿Hasta cuándo, oh César, permitirás que la República carezca de un líder?» (citado en Holland, 186). Así, confirmado en sus poderes, Tiberio se esforzó inicialmente por demostrar que era amigo del Senado. Asistía con frecuencia a las reuniones, les permitía a los senadores expresar libremente sus opiniones y mantenía la discreción sobre las suyas propias. También privó a los plebeyos de su derecho a votar a los magistrados: a partir de entonces, los cónsules se elegirían en la Cámara del Senado. Aunque esto complació a muchos aristócratas conservadores, a Tiberio le desagradó la rapidez con la que el Senado se había sometido a él. En una ocasión, mientras salía del Senado, comentó que los senadores bien podían ser esclavos.
Era infame por su tacañería y siempre que podía buscaba formas de ahorrar dinero. En un célebre incidente, les sirvió a sus invitados tan solo medio jabalí, argumentando que «era tan bueno como uno entero» (Suetonio, Tiberio, 34). Redujo los costes de los juegos y los espectáculos de gladiadores, para gran disgusto de las masas. Pero quizás el ejemplo más trascendental de su frugalidad fue su decisión de suspender cualquier nueva conquista militar. Las campañas militares eran caras, y Tiberio optó por recortar gastos utilizando al Ejército simplemente para defender las fronteras existentes. Con algunas excepciones, entre las que destaca la invasión de Britania en el año 43 d.C., sus sucesores se mantuvieron fieles a esta política y las fronteras del Imperio romano permanecieron prácticamente inalteradas. Pero, aunque Tiberio quería sin duda ahorrar dinero, tenía un motivo oculto para detener las futuras conquistas, ya que no quería que ningún general se hiciera tan popular como para desafiarlo. Porque Tiberio era realmente un hombre celoso.
Estos celos se manifestaron de forma desagradable con respecto al heredero de Tiberio, Germánico. En el año 14 d.C., Germánico sofocó un motín entre las legiones de la frontera del Rin y pasó los dos años siguientes ganándose la gloria en la batalla contra las tribus germánicas. En el año 17 d.C., Tiberio le ordenó a Germánico que regresara y le concedió un triunfo romano; mientras el joven y apuesto general desfilaba por las calles en su carro, vitoreado por las masas, el sombrío y poco carismático princeps se iba molestando más y más. Al año siguiente, Tiberio envió a Germánico en misión diplomática a las provincias orientales. Cuando llegó a Antioquía, Germánico entró en conflicto con el gobernador de Siria, Cneo Calpurnio Pisón; se rumoreaba que Pisón actuaba siguiendo órdenes secretas de Tiberio para socavar la autoridad de Germánico a cada paso. La rivalidad entre los dos hombres se fue intensificando hasta el 10 de octubre del año 19 d.C., cuando Germánico murió tras una breve enfermedad. Se extendió el rumor de que Pisón lo había envenenado, tal vez a instancias de Tiberio. Pisón fue convocado a Roma para ser juzgado por el asesinato, pero se suicidó antes de que se dictara sentencia.
El ascenso de Sejano
La muerte de Germánico significaba que el hijo natural de Tiberio, Druso el Joven, era ahora el heredero. Aunque era mucho más vividor que su heroico hermano adoptivo, Druso sin duda tenía el carisma y la popularidad necesarios para el papel. En el año 21 d.C., ocupó el cargo de cónsul junto a su padre, una clara señal de su ascenso. Pero la nueva posición de Druso lo puso en la mira de un hombre peligroso y ávido de poder. Lucio Elio Sejano era el prefecto de la Guardia Pretoriana y se había pasado los últimos años aumentando su influencia sobre el princeps poco a poco. Tiberio confiaba ciegamente en Sejano (en una ocasión incluso se refirió a él como «mi compañero en mis tribulaciones») y a menudo ascendía a sus partidarios a altos cargos del Gobierno. Druso veía claramente que Sejano se estaba extralimitando y no ocultaba su odio hacia él. En el año 23 d.C., su rivalidad llegó a un punto álgido cuando Druso le dio un puñetazo en la boca a Sejano. Poco después, Druso murió; naturalmente, la gente comenzó a rumorear que había sido envenenado por el prefecto pretoriano.
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Tanto si Sejano había asesinado a Druso como si no, decidió allanar su camino hacia el poder pisoteando a otros miembros de la familia imperial. A continuación, puso en su punto de mira a Agripina la Mayor, viuda de Germánico, que llevaba mucho tiempo sospechando que Tiberio estaba detrás de la muerte de su marido. A Sejano no le costó mucho convencer al princeps de que Agripina estaba conspirando contra él para poner a uno de sus propios hijos en el trono. Las tensiones entre ambos llegaron a tal punto que Agripina rechazó una manzana que Tiberio le ofreció durante una cena, creyendo que estaba envenenada. Con la aprobación de Tiberio, Sejano comenzó a arrestar a muchos de los aliados de Agripina en el Senado y a acusarlos de maiestas, un delito vago asociado con la traición. Un senador se suicidó, mientras que varios otros fueron exiliados. Después de dejarla aislada políticamente, exiliaron a Agripina a la árida isla de Pandateria, donde murió de hambre poco después. Sus dos hijos mayores también fueron exiliados y murieron en circunstancias sospechosas.
En el año 26 d.C., Tiberio se retiró a la isla de Capri, mientras que Sejano permaneció en Roma, actuando como si fuera el portavoz del princeps.
En el año 26 d.C., Tiberio abandonó Roma para siempre y se retiró a la isla de Capri, en la bahía de Nápoles. Sejano permaneció en Roma, actuando como si fuera el portavoz del princeps. Purgó a sus enemigos políticos en las clases senatorial y ecuestre, acusándolos de maiestas; muchos fueron ejecutados. Pero, a pesar de tener todo el mundo romano en sus manos, Sejano seguía estando a merced de Tiberio. En el año 31 d.C., la antigua cuñada de Tiberio, Antonia la Menor, le envió una carta en la que acusaba a Sejano de conspirar para usurpar el trono. En octubre de ese año, el Senado convocó a Sejano y le leyó una carta de Tiberio en la que lo condenaba como traidor, tras lo cual fue arrestado, juzgado y ejecutado. En los meses siguientes, sus parientes cercanos y sus partidarios políticos también fueron ejecutados. Arrojaron sus cuerpos en las escaleras Gemonías antes de arrastrarlos con ganchos y arrojarlos al Tíber. Para horror del Senado, los juicios por traición no cesaron tras la caída de Sejano, sino que se aceleraron. El nuevo prefecto pretoriano, Nevio Sutorio Macrón, era tan hábil como su predecesor a la hora de detectar traiciones y la sangre siguió corriendo. Según el historiador Suetonio:
No pasaba un solo día sin que se produjera una ejecución... muchos fueron acusados y condenados junto a sus propios hijos... de los que fueron citados para defender sus casos, algunos, por deseo de evitar la miseria y la desgracia de lo que sabían que era su inevitable condena, bebieron veneno en el Senado; hubo otros que se cortaron las venas en sus casas, pero estos, como sus heridas podían vendarse, fueron llevados a prisión, aunque entre convulsiones y medio muertos.
(Suetonio, Tiberio, 61)
Capri y la muerte
Mientras se celebraban en Roma los temidos juicios por traición, Tiberio pasó sus últimos años recluido en Capri. De hecho, ni siquiera regresó a Roma para el funeral de su madre, Livia, cuando se murió en el año 29 d.C. Los romanos desconfiaban por naturaleza de la privacidad excesiva, así que no tardaron en extenderse rumores maliciosos sobre las actividades crueles y depravadas que estaba llevando a cabo el viejo princeps. Según una historia, un pescador que había subido a la isla para regalarle un salmonete lo sorprendió; Tiberio ordenó a sus guardias que capturaran al pobre hombre y le frotaran la cara con el pescado. También se dice que se entregó a sus fantasías sexuales más perversas, entre las que se incluía hacer que niños pequeños nadaran entre sus piernas, aunque resulta imposible saber con certeza cuántas de estas historias eran ciertas y cuántas eran rumores.
Para el año 35 d.C., Tiberio se dio cuenta de que necesitaba reforzar su propia línea de sucesión. Había dos candidatos: Cayo César, el único hijo superviviente de Germánico y Agripina, más conocido por su apodo Calígula, y el nieto adolescente del princeps, Tiberio Gemelo. Tiberio acabó nombrándolos a ambos herederos conjuntos en su testamento, aunque intuía la propensión de Calígula a la crueldad y comentó que estaba criando una víbora para el pueblo romano. El 16 de marzo del año 37 d.C., Tiberio murió a la edad de 77 años. Aunque era un anciano que había estado enfermo, algunas fuentes antiguas acusan a Calígula de haber acelerado su muerte asfixiándolo con las sábanas. Según otra versión, Tiberio, que llevaba varios días postrado en cama, llamó a sus sirvientes. Como nadie acudió, intentó levantarse, pero se desplomó y murió. De vuelta en Roma, el pueblo celebró su muerte gritando: «¡Al Tíber con Tiberio!». Pero si sintieron alivio por haberse liberado de su tiranía, pronto descubrirían que les esperaba un tirano aún peor.
El emperador romano Tiberio es conocido por ser el sucesor de Augusto y por recluirse cuando su heredero, Germánico, murió.
¿Quiénes eran la madre y el padrastro de Tiberio?
La madre de Tiberio se llamaba Livia Drusila, mientras que su padrastro era el emperador Augusto. Su verdadero padre era Tiberio Claudio Nerón.
¿Cómo llegó Tiberio a ser emperador?
Tiberio se convirtió en emperador tras la muerte del emperador Augusto en 14 d.C. Augusto había estado preparando a sus dos nietos Cayo César y Lucio César, hijos de Julia, para la sucesión. Augusto obligó a Tiberio a divorciarse de su amada esposa, Vipsania, para casarse con Julia. Cuando los hijos de Julia murieron, Tiberio pasó a ser el siguiente en la línea de sucesión.
¿Qué provocó el cambio de personalidad de Tiberio?
La muerte de Germánico, que estaba amenazando el trono del emperador, provocó un cambio en la personalidad de Tiberio, que se fue volviendo cada vez más cruel contra aquellos que sospechaba que estaban intrigando contra él.
¿Qué le pasó a Tiberio en los últimos años de su reinado?
En los últimos años de su reinado, Tiberio se trasladó a Capri en 26 d.C, porque los rigores de llevar el imperio lo superaron; dejó su rutina diaria en manos del guardia pretoriano Lucio Elio Sejano. Se volvió más paranoico e impuso más juicios por traición mientras seguía en Capri, donde acabó muriendo en 37 d.C.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Harrison Mark es un investigador histórico y escritor para World History Encyclopedia. Se graduó de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Oswego, donde estudió historia y ciencias políticas.
Escrito por Harrison W. Mark, publicado el 05 March 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.