Dado que la Edad de Piedra abarca alrededor del 99 % de nuestra historia tecnológica humana, parecería que hay mucho de qué hablar al mirar el desarrollo de las herramientas en este período. A pesar de nuestra dependencia de un registro arqueológico a veces escaso, sin duda ese es el caso.
La Edad de Piedra indica el gran intervalo de tiempo durante el cual la piedra se utilizaba ampliamente para hacer útiles. Hasta la fecha, las primeras herramientas de piedra se han datado a hace aproximadamente 2,6 millones de años. El final de este período se establece con el primer uso del bronce, que no ocurrió al mismo tiempo en todas partes;Oriente Próximo fue el primero en entrar en la Edad del Bronce alrededor de 3300 a.C. Es necesario reconocer que la piedra no era, ni mucho menos, el único material que utilizaban para crear herramientas durante esta época, aunque sí es la más resistente a la degradación y, por lo tanto, sobrevive un poco mejor que las alternativas.
Es importante darse cuenta de que las formas elegidas para dividir la Edad de Piedra en minipartes (como se verá a continuación) dependen del desarrollo tecnológico y no de los límites cronológicos. Dado que estos desarrollos no se produjeron al mismo tiempo en todas las zonas, es imposible contar con intervalos de fechas estrictos. Claro que este método presenta algunas dificultades, ya que somos nosotros los que determinamos las características que definen a cada cultura de herramientas líticas. Al igual que todos los modos de clasificación de creación artificial, simplifican demasiado las cosas y dejan muchas zonas grises, como por ejemplo cuando se trata de los períodos de transición. Sin embargo, mientras se tenga esto presente, sigue siendo una forma útil de agregar algún tipo de estructura a un período muy extenso.
Se concibe que la Edad de Piedra está formada por las siguientes etapas:
El Paleolítico abarca el período desde las primeras herramientas de piedra conocidas, datadas hace unos 2,6 millones de años, hasta el fin de la última glaciación, hace unos 12.000 años. Está subdividido en el Paleolítico Inferior (entre hace unos 2,6 millones de años y unos 250.000 años), el Paleolítico Medio (entre hace unos 250.000 años y unos 30.000 años) y el Paleolítico Superior (entre hace unos 50.000/40.000 años y unos 10.000 años; algunas de estas culturas persistieron hasta la época en la que el hemisferio septentrional empezó a calentarse de nuevo). Además, dentro de estos marcos se han identificado varias culturas líticas, algunas de las cuales se mencionan a continuación.
Durante el Mesolítico, los humanos se adaptaron al clima más cálido, desde hace alrededor de 12.000 a.C. hasta la transición a la agricultura, que se produjo en distintos momentos en diferentes regiones; la primera de estas transiciones fue alrededor de 9000 a.C. en Oriente Próximo (que, debido a su gran velocidad, se saltó el Mesolítico por completo). En el otro extremo, la agricultura no se difundió al norte de Europa hasta el año 4000 a.C.
Así, el Neolítico tampoco tiene un punto de partida cronológico claro, sino que está definido por la transición a un modo de vida más sedentario basado en la agricultura y el pastoreo. La introducción del bronce marca el final del Neolítico, lo cual se produjo gradualmente en varias zonas desde alrededor de 3300 a.C. en adelante.
En 2010, se alegó que la evidencia más antigua del uso de herramientas debía empujarse más atrás, a hace 3,3 millones de años, mucho antes de los primeros Homo que recorrieron la tierra, cuya primera aparición se había retrocedido recientemente a hace unos 2,8 millones de años. Se considera que nuestro supuesto ancestro, el Australopithecus afarensis contemporáneo, es el que produjo las marcas en huesos de bóvidos en un yacimiento en Dikika, Etiopía. Además, un descubrimiento en Turkana occidental, Kenia, de herramientas líticas datadas en 3,3 millones de años parecen reafirmar la idea de que los humanos podrían no haber sido los primeros fabricantes de herramientas.
El uso de herramientas más antiguo justificado de forma apropiada data de hace 2,6 millones de años.
Sin embargo, una evaluación más crítica de ambos yacimientos ha llevado a los investigadores a rechazar estos reclamos. Las marcas de Dikika también las podrían haber hecho los dientes de un cocodrilo o el pisoteo de un animal y, en el yacimiento de Turkana occidental, los materiales de estratos más recientes podrían haberse introducido en el depósito más antiguo, por lo que la fecha sería incorrecta. Hasta que no se hayan descartado estas posibilidades, la evidencia se debe considerar insuficiente.
Sin embargo, esto no significa que los seres humanos fuesen los únicos de los que se podía concebir que usasen herramientas. Todos los homininos que existían en esa época antigua pueden haber usado alguna clase de tecnología de piedra en mayor o menor medida. Los homininos son un grupo que consiste en humanos modernos, especies humanas extintas y nuestros ancestros inmediatos, especies más estrechamente relacionadas con los humanos modernos que ninguna otra. Estos incluyen no solo a los miembros del género Homo, sino también a Australopithecus (al que pertenece Lucy), Paranthropus y Ardipithecus. Muchos antropólogos argumentan que Homo fue probablemente el usuario y creador de herramientas más habitual, ya que el tamaño de su cerebro creció más rápidamente durante el primer millón de años tras el uso de herramientas más antiguo del cual se tiene una justificación adecuada hace 2,6 millones de años, y el tamaño de sus dientes se redujo. Esto solo podría haber pasado si había herramientas para compensar la presencia de dientes más pequeños. Sin embargo, es posible que solo sea cuestión de esperar hasta que surja la primera documentación fehaciente del uso de herramientas por parte de individuos que no pertenezcan al género Homo.
Si bien algunos animales utilizan algún tipo de herramienta, como los chimpancés, que usan palitos para buscar termitas, el proceso de manufactura de estos primeros artefactos de piedra es único de los homininos. A pesar de la sencillez de las primeras herramientas líticas, igual muestran una forma deliberada y controlada de fracturar la roca mediante el uso de golpes de percusión, algo que destaca una clara innovación conductual.
El Paleolítico Inferior
El Paleolítico Inferior empieza con la primera evidencia que tenemos de tecnología de piedra (también conocida como lítica), que hasta ahora se ha datado hace alrededor de 2,6 millones de años y proviene de yacimientos de Etiopía. Dos industrias se han reconocido en este período, a saber la olduvayense y la achelense. Dura hasta hace aproximadamente 250.000 años, hasta el inicio del Paleolítico Medio.
El Olduvayense
La industria olduvayense recibe su nombre de la Garganta de Olduvai, en Tanzania, y abarca la industria de piedra más antigua visible en nuestro registro arqueológico. Se caracteriza por núcleos simples y lascas hallados junto a algunos artefactos golpeados, como percutores de piedra, y a la presencia esporádica de huesos de animales que muestran marcas de corte.
Si bien el Olduvayense no tiene un final claro y coexistió un tiempo con la industria achelense posterior (que empezó hace unos 1,7 millones de años), en general los arqueólogos creen que terminó hace alrededor de un millón de años. Los yacimientos olduvayenses que se conocen provienen principalmente de África (de lugares como Etiopía, Kenia y Sudáfrica), pero más adelante se observa la diseminación de esta industria hacia Oriente Próximo y el este de Asia, probablemente llevada por Homo erectus.
En estos yacimientos, se utilizaban tecnologías simples para convertir materiales como lava volcánica, cuarzo y cuarcita en herramientas mediante técnicas conocidas como la percusión con percutor duro y la técnica bipolar, en la que se usaba un yunque de piedra como base para apoyar el núcleo mientras se lo golpeaba con un martillo de piedra. De esta manera, convertían los núcleos en hachuelas, raspadores potentes, percutores de piedra y esferoides, lascas y fragmentos extraídos de núcleos rotados y manipulados, y piezas retocadas, como raspadores y punzones. Está claro que los primeros humanos eran habilidosos y sabían cómo aprovechar una pieza al máximo, ya que los yacimientos a menudo muestran docenas de núcleos lascados acompañados de miles de productos de lasca, lo que indica la extracción de muchas lascas por percusión del mismo núcleo.
Estos humanos probablemente utilizaban estas primeras herramientas para descuartizar animales, cortar plantas e incluso tallar madera.
Estos humanos probablemente utilizaban estas primeras herramientas para descuartizar animales (no siempre los que cazaban ellos mismos, sino probablemente los que encontraban ya muertos cuando era posible), cortar plantas e incluso tallar madera. Los investigadores se han metido en la piel de los primeros humanos y han realizado experimentos mediante los cuales demostraron que las lascas olduvayenses permiten el descuartizamiento exitoso de animales muertos de diversos tamaños, desde mamíferos pequeños hasta los que pesaban cientos de kilos, lo que refleja la variedad de huesos que suelen encontrarse en estos yacimientos. Abrían los huesos y los cráneos con un percutor de piedra para acceder a la médula nutritiva y al jugoso cerebro en su interior. La piedra es simplemente muy resistente al tiempo, pero no habría sido lo único que estas personas utilizaban en sus vidas cotidianas. Es probable que se utilizara una gran variedad de materiales, desde cuero y corteza para crear recipientes hasta madera para crear palos de cavar, lanzas o garrotes y herramientas para excavar hechas de cuerno o hueso.
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El Achelense
Mientras que el Olduvayense seguía en pleno auge y acababa de llegar al este de Asia gracias a las hábiles manos de Homo erectus, África se volvió el anfitrión inicial de una segunda industria de herramientas: el Achelense (entre hace 1,7 millones de años hasta hace unos 250.000 años, así llamada por St. Acheul en Francia), que se difundió por todo Eurasia poco después. Durante este período, las herramientas adquirieron formas nuevas: las bifaces grandes, como las hachas de mano, los picos, las cuchillas y los cuchillos, permitieron que el Homo erectus contemporáneo, y más adelante Homo heidelbergensis, pudiera procesar mejor lo que cazaba y recolectaba.
Estas bifaces (es decir, de dos caras, con la superficie trabajada de ambos lados) representan un nuevo elemento en la fabricación de herramientas. Se hacían a partir de lascas grandes que se extraían de núcleos de rocas o de guijarros y nódulos más grandes. Las herramientas se moldeaban de forma más extensa que antes, como se observa en la gran variedad de herramientas retocadas hábilmente, como cuchillos rebajados, punzones y raspadores laterales. Sin embargo, son las hachas de mano y las cuchillas en particular las que atestiguan la capacidad para crear objetos simétricos con materiales de piedra, algo que indica una aptitud cognitiva y habilidades motrices superiores a las observadas en la industria olduvayense.
Más exactamente, la presencia de herramientas moldeadas significaba que se necesitaba una técnica más delicada y, efectivamente, ahora se utilizaban materiales más suaves, como madera, hueso, asta, marfil o piedras suaves como percutores en lo que se conoce como la técnica con percutor suave. El sílex o pedernal se volvió un material popular, y al usar esta técnica para trabajar este y las lavas y cuarcitas ya conocidas, se producían lascas más delgadas que luego se perfeccionaban.
La industria achelense fue exitosa y estaba muy extendida. Se encuentra no solo en toda África y Eurasia, sino también en Oriente Próximo, el subcontinente indio y Europa occidental. Aquí, para fines del Achelense, algunos hallazgos impresionantes de lanzas de madera afiladas en Schöningen, Alemania (datadas en al menos hace 300.000 años), y en Clacton, Inglaterra, brindan las primeras pruebas de caza activa y de armas apropiadas designadas para la caza. Estas se han atribuido a Homo heidelbergensis. Durante la glaciación, Europa habría presentado algunos desafíos bajo la forma de condiciones climáticas a veces más bien frígidas, sobre todo en determinadas latitudes, pero los patrones de uso de los raspadores laterales achelenses sugieren que se utilizaban para raspar cueros de animales, que luego podían convertirse en prendas de ropa sencillas. No me sorprendería si la manta para acurrucarse resultara ser mucho más antigua de lo que pensamos.
Curiosamente, aunque la forma de las hachas de mano varía enormemente en el tiempo y espacio, ciertos yacimientos achelenses muestran formas y tamaños recurrentes que hacen que parezca que sus creadores estaban todos suscritos a la misma revista sobre fabricación de herramientas, ya que parece que todos seguían las mismas normas estilísticas de producción.
El Paleolítico Medio
El Paleolítico Medio (entre hace unos 250.000 y 30.000 años, a veces llamado «Musteriense» por el yacimiento de Le Moustier, en Francia) marca un alejamiento de la popularidad ilimitada de las hachas de mano y cuchillas visibles durante todo el Achelense. En vez de eso, el foco yace en las formas retocadas de lascas producidas a partir de núcleos cuidadosamente preparados mediante lo que se conoce como la técnica Levallois, una técnica que también se utilizó hasta cierto punto a principios y a fines del Paleolítico.
El uso de esta técnica implicaba una preparación cuidadosa del núcleo de pedernal, realizando primero un esbozo para darle una cara aplanada y luego diseñando una plataforma específica para la extracción de lascas. De esta forma, los creadores de herramientas podían controlar la forma de la lasca que querían extraer. A partir de estas lascas, se creaban formas retocadas como raspadores laterales, puntas, denticulados y a veces hojas, que están bien representadas en muchos de estos conjuntos. Los fabricantes de herramientas utilizaban técnicas con percutor duro y suave para lograr las formas deseadas.
Aparte de la piedra, la tecnología para hacer lanzas de madera que tuvo sus raíces en el Achelense continuó durante el Paleolítico Medio, como se observa en el yacimiento de Lehringen, Alemania, donde se halló una lanza con una punta curtida por el fuego asociada con un cadáver de elefante. En esta industria también se encuentran puntas de hueso, aunque son poco frecuentes.Además, se han hallado puntas de piedra con la base adelgazada, lo que podría indicar que se las había preparado para encajarlas en el asta de una lanza. El descubrimiento de las herramientas de piedra con mango de brea más antiguas que se conocen en Europa también cae dentro de este período general correspondiente a esta industria y, junto con las puntas de piedra mencionadas antes, ayuda a defender el desarrollo de herramientas compuestas en el Paleolítico Medio. El uso de brea como adhesivo para enmangar puntas de flecha y objetos similares también se conoce de varios yacimientos del Mesolítico europeo y del Neolítico, así que recién aparece mucho después en el tiempo.
Todo lo mencionado antes insinúa que puede que estos humanos del Paleolítico Medio fueran bastante avanzados. Se ha argumentado que la planificación y los pasos necesarios para utilizar la técnica del núcleo preparado con éxito, por ejemplo, habrían demandado una cantidad considerable de talento del fabricante. El principio del enmangamiento parecería reforzar esta noción. Sin embargo, es difícil decir si este avance se habría limitado mayormente a la esfera tecnológica, o si se puede tomar como que significa un avance más general en las capacidades humanas, como el concerniente a la inteligencia social y ambiental.
Sin embargo, está claro que los humanos se extendieron por el planeta a entornos cada vez más desafiantes y conquistaron la mayor parte de las zonas de África y Eurasia, que incluían desde climas tropicales y templados hasta periglaciares, excepto los desiertos áridos, los bosques tropicales más densos y las tundras más al norte o árticas. A fines de este período (que se superpone con el Paleolítico Superior), los humanos incluso llegaron a la lejana Australia hace alrededor de 40.000 años, que estaba conectada con Papúa Nueva Guinea gracias a los niveles del mar más bajos en esa época. Los homininos que coinciden con el período de esta industria son los Homo sapiensarcaicos, incluidos los neandertales, y los humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens).
El Paleolítico Superior
Existen zonas donde el Paleolítico Medio continuó durante un tiempo, mientras que en otras se adoptaron las características propias del Paleolítico Superior (entre hace unos 50.000/40.000 años y 10.000 años), lo que demuestra el típico lío causado por esta forma de clasificación de la tecnología. Esta industria retrocedió junto con las capas de hielo de la última glaciación o edad de hielo, después de lo cual el clima se hizo más cálido. Se la conoce mejor por los yacimientos ocupados por los humanos anatómicamente modernos y en general se la asocia con ellos, pero una parte también cae dentro del período de las últimas poblaciones de neandertales, que desaparecieron del registro fósil hace aproximadamente 30.000 años.
Durante el Paleolítico Superior, se produjo una enorme proliferación. Se creaban herramientas de hoja líticas, pero el énfasis cambió de la piedra a artefactos hechos de materiales como hueso, asta y marfil. Se hacían agujas y puntas con estos materiales no líticos, que se prestaban muy bien a estas formas refinadas, y su presencia indica que las prendas cosidas deben haber sido la norma desde hace 20.000 años en adelante. Incluso empezaron a aparecer logros tecnológicos como los propulsores de lanzas, los alisadores de mango, los arpones y el arco y flecha. Un propulsor de lanza es básicamente un asta larga con un gancho en el extremo donde se encajaba una flecha, lo que aumentaba tanto la distancia como la velocidad del proyectil lanzado por las manos capaces de un cazador con buen ojo. Algunos de estos estaban magníficamente decorados con grabados, o incluso estaban tallados con la forma de un animal; la cultura magdaleniense de la Europa occidental ofrece algunos ejemplos impresionantes de esto. Hacia fines del Paleolítico Superior, se utilizaban flechas (y, por lógica, arcos), como lo indica su hallazgo en un yacimiento en Stellmoor, Alemania, y están implícitas por el tamaño pequeño de muchas de las puntas que aparecen en esta industria. Estos artefactos mecánicos representan un gran salto en el avance de las tecnologías de caza y armamento.
Las tecnologías de hoja son típicas de la industria lítica y muestran lascas elongadas que se fabricaban con percutor suave o mediante percusión indirecta: se utilizaba un percusor para golpear un punzón colocado en el borde de un núcleo de hoja. Las hojas resultantes podían convertirse en toda una gama de formas de herramientas como cuchillos rebajados, buriles y raspadores frontales. La diversidad de las tecnologías del Paleolítico Superior significaba que algunas de ellas, como la industria solutrense de España y Francia y las culturas de Clovis y Folsom en el Nuevo Mundo, estaban enfocadas en las puntas bifaciales, que tal vez se fabricaron mediante la técnica con percutor suave o por lascado a presión. Otras tecnologías, como la africana y algunas del centro y este de Asia, enfatizaban las hojas pequeñas conocidas como hojuelas y los microlitos geométricos (pequeñas hojas o fracciones de hojas de pedernal) que se convertían en herramientas compuestas y proyectiles mediante la colocación de un mango.
Durante el Paleolítico Medio y Superior, los humanos modernos se las arreglaron para llegar a Australia hace alrededor de 40.000 años. Sin embargo, no fue hasta relativamente tarde en el Paleolítico Superior que vemos la primera evidencia de que los humanos cruzaron el estrecho de Bering y hacia las Américas, donde llegaron hace al menos 15.000 años. La cultura más visible allí es la cultura Clovis (entre hace alrededor de 13.500 y 13.000 años), famosa por sus puntas de lanza acanaladas y a menudo asociada con restos de mamut. Para este momento, los humanos habían conquistado todos los continentes habitables (la Antártida no entra dentro de lo que se podría considerar ningún criterio realista) y climas viables, desde el tropical y desértico hasta el frío polar, mediante el uso de esta nueva gama de herramientas para explotar su entorno con eficacia y adaptarse a todas estas temperaturas diferentes.
El Mesolítico
La forma en la que los humanos se adaptaron a nuevos terrenos y a una variedad más amplia de climas durante todo el Paleolítico Superior es un buen precursor del tipo de adaptabilidad que se requirió cuando terminó la última glaciación o edad de hielo hace unos 12.000 años. El clima se volvió más cálido y, en consecuencia, los niveles del mar subieron, las áreas costeras bajas se inundaron y se creó, por ejemplo, el canal de la Mancha; también empezaron a aparecer bosques más densos. De manera importante, muchos mamíferos prehistóricos gigantes, como el mamut lanudo, se extinguieron gradualmente, probablemente debido al clima y tal vez también por los cazadores humanos, lo que tuvo un impacto en el tipo de recursos alimenticios disponibles para los cazadores-recolectores contemporáneos. Durante el Mesolítico, que abarcó desde fines de la edad de hielo hasta la transición a la agricultura (que sucedió en distintos momentos en diferentes regiones), los humanos se adaptaron a estos entornos cambiantes. Mientras que la agricultura no llegó al norte de Europa hasta alrededor de 4000 a.C., en Oriente Próximo el Mesolítico apenas empezó en absoluto, ya que fue el primer lugar donde se produjo el salto a la agricultura en alrededor de 9000 a.C.
La herramienta arquetípica del Mesolítico (aunque también aparece en otras industrias) es el microlito, una pequeña hoja o una fracción de una hoja de pedernal, con frecuencia de tan solo 5 mm de longitud y 4 mm de grosor. Golpear un pequeño núcleo podía producir el resultado deseado, como también una técnica mediante la cual se entallaba una hoja más grande y luego se desprendía una pequeña parte de ella. Un subproducto de esto son astillas de desecho diminutas conocidas como microburiles, que le da su nombre a la técnica. Los microlitos se podían utilizar como puntas de armas o de flechas, o también se podían enmangar varios microlitos juntos para crear bordes cortantes en las herramientas. A principios del Mesolítico, estos microlitos parecen haber estado muy estandarizados en relación con la misma clase de artefactos de fines del Mesolítico, lo cual puede contener pistas sobre las distintas maneras en las que estos individuos cazaban.
El enorme porcentaje de puntas de flecha presentes en los conjuntos del Mesolítico insinúa que, con bastante probabilidad, la carne que ingerían estos cazadores-recolectores la proveían arqueros habilidosos.
Aunque las decoraciones exquisitas e imaginativas observadas en el Paleolítico Superior están mayormente ausentes del Mesolítico, estos microlitos muestran un desarrollo hacia un tipo de herramientas compuestas muy sofisticado y versátil que, además, era mucho más eficiente respecto del uso de los recursos líticos que las industrias anteriores. El enorme porcentaje de puntas de flecha presentes en los conjuntos del Mesolítico insinúa que, con bastante probabilidad, la carne que ingerían estos cazadores-recolectores la proveían arqueros habilidosos. Los tipos de presas que estas flechas podían derribar incluían desde animales pequeños, como aves y peces, hasta animales más grandes, como onagros y gacelas, que se podían matar con flechas cinceladas. También se fijaban púas a las flechas que, como los experimentos han demostrado, eran muy eficaces, ya que causaban heridas enormes y amplias una vez que la punta de la flecha había penetrado en su objetivo. Cuanto más grande la herida, mayor el daño interno y más extensa la pérdida de sangre.
Sin embargo, a pesar de que las armas de estos pueblos del Mesolítico eran muy capaces de derribar bestias enormes, y como la cantidad de bestias enormes fue descendiendo durante esta época, tuvieron que buscar otras alternativas. Afortunadamente, estos cazadores-recolectores lograron adaptarse a una dieta más variada y usaban sus flechas para cazar muchos animales diferentes así como para desarrollar equipos de pesca sofisticados, a saber, las primeras redes y anzuelos conocidos. Incluso utilizaron azadones y hachas para despejar árboles no deseados y, en este período, se han hallado tanto canoas como esquíes. Las azuelas de hueso servían como palos de cavar para arrancar tubérculos, mientras que los punzones se podían utilizar para procesar plantas y trabajar el cuero de un animal. Los raspadores, que también se utilizaban para despellejar, afinar y alisar los cueros, eran muy populares a fines del Mesolítico junto con otras herramientas de hueso y asta de uso similar.
De forma sorprendente, parece que estos pueblos podían ponerse en contacto con sociedades lejanas para intercambiar bienes y herramientas, como se observa en la difusión de la obsidiana mediterránea y del pedernal de color chocolate polaco. Se debe enfatizar que, en esta era, hubo mucha variación regional.
El Neolítico
Con la llegada de la agricultura entre alrededor de 9000 a.C. en Oriente Próximo y hasta alrededor de 4000 a.C. antes de que se diseminara hasta el norte de Europa, los estilos de vida de las sociedades en cuestión obviamente cambiaron drásticamente. Esta es la única parte de la Edad de Piedra en la que estas sociedades ya no son cazadoras-recolectoras. Sin embargo, según lo insinúa la forma en la que elegimos dejar que esta edad termine con el inicio del uso del bronce (en Oriente Próximo, en alrededor de 3300 a.C.), durante el Neolítico todavía se usaban herramientas líticas.
A pesar de este enorme cambio a un estilo de vida más sedentario, está claro que algunas tradiciones mesolíticas siguieron existiendo hasta muy entrado el Neolítico. Algunos ejemplos son el uso de tecnologías de hueso y asta y de puntas de proyectil. Se han hallado cuchillos de cosecha y hoces tanto en el Paleolítico como en el Mesolítico, ya que tenían otros usos antes de la agricultura, pero adquirieron popularidad en este nuevo contexto. Con respecto a las técnicas para trabajar la piedra, como la pulverización y perforación, que eran comunes incluso en el Paleolítico posterior, ahora habían adquirido una dimensión totalmente nueva y se aplicaban con mucha más intensidad que antes.
El mayor efecto sobre la tecnología parece surgir de los requisitos económicos de mantener a una población más grande (que las bandas de cazadores-recolectores), como las aldeas. Tal estilo de vida totalmente sedentario habría disminuido la necesidad de elaborar herramientas ligeras y fáciles de transportar por el terreno (se ha argumentado que existe un contraste entre incluso los cazadores-recolectores más sedentarios y los agricultores sedentarios). Un buen ejemplo de un equipo que un individuo no habría podido llevar de un lado a otro es el telar, un artefacto conocido casi exclusivamente por los agricultores y que facilitaba la producción textil. Es concebible que las herramientas utilizadas en la producción textil fueran unas de las primeras en aparecer a principios del Neolítico. En un yacimiento neolítico en Siria, se han hallado implementos, como barrenas y escariadores, que pueden haberse utilizado para trabajar la madera o unir piezas de madera mediante clavijas y objetos similares.
Si todos estos usos suenan demasiado pacíficos, no se alarmen. Los humanos no serían humanos si no mostraran también un lado violento. El registro arqueológico del Neolítico incluye muchas hachas, y también se conocen acervos enteros de hachas de pedernal. Sin embargo, también utilizaban otros materiales aparte del pedernal. Estas herramientas caen en la categoría de herramientas de piedra para moler, estaban cuidadosamente pulidas y se podían encajar en mangos de madera. Sin embargo, en lugar de imaginarse a hordas desenfrenadas de guerreros agitando hachas, muchas de estas se habrían utilizado para trabajar y talar árboles en vez de atacar a los pueblos vecinos.
Lamentablemente, con el paso del tiempo y la transición de la prehistoria a la historia, pasando por las edades de bronce y de hierro hasta llegar a la actualidad, el uso (y el potencial de matar) de las armas solo parece haber aumentado de forma exponencial. Yo, por mi parte, prefiero las piedras antiguas y otras herramientas de la Edad de Piedra.
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Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Emma estudió Historia e Historia de la Antigüedad. Durante su maestría, se centró en Heródoto, así como en la jugosa política de las cortes antiguas, pero más recientemente ha estado inmersa en todo lo relacionado a la prehistoria.
Escrito por Emma Groeneveld, publicado el 21 diciembre 2016. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.