En 1882 los británicos tomaron el canal de Suez, vía marítima ubicada en Egipto que enlaza el Mediterráneo con el mar Rojo; 75 años después lo restituyeron a regañadientes. Su captura en el siglo XIX provocó un escándalo internacional tan perjudicial para la reputación de Gran Bretaña como el que ocasionó la famosa crisis de Suez de mediados del siglo XX. Una sucesión de Gobiernos británicos consideró que el canal constituía un eslabón estratégico entre la metrópoli y el Imperio británico, sobre todo en relación con la India. Los británicos mantuvieron el control sobre el canal durante dos guerras mundiales, pero al final se vieron obligados a retirarse cuando el líder nacionalista Gamal Abdel Nasser asumió el poder en Egipto, y Estados Unidos y las Naciones Unidas rechazaron la intervención militar británica-francesa-israelí de 1956.
El propósito de una vía acuática artificial entre el Mediterráneo y el mar Rojo, idea concebida ya en la Antigüedad, consistía en reducir el tiempo de navegación de los buques entre Europa y Asia al evitar la larga ruta que rodeaba el cabo de Buena Esperanza, en África meridional. Este atajo ahorraría alrededor de 5.556 kilómetros de recorrido marítimo, unas 3.000 millas náuticas, entre, por ejemplo, Londres y Bombay (hoy Mumbai). Además, un pasaje de este tipo facilitaría el comercio entre Europa y los Estados del África oriental.
el canal de suez resultó un éxito rotundo, favorecido por la aparición casi simultánea de los buques de vapor.
A partir de la década de 1840 se estableció una ruta terrestre para viajeros y mercancías a través del istmo de Suez. El desarrollo inicial del itinerario estuvo a cargo del teniente británico Waghorn. Personas y mercancías viajaban en barco hasta Alejandría, situada en la costa mediterránea; allí desembarcaban y continuaban hasta Suez, en la costa del mar Rojo, en barcazas fluviales y caravanas de camellos, donde abordaban otro buque para proseguir el viaje. El arreglo era un tanto incómodo e inapropiado para transportar cargas pesadas, pero en comparación con la ruta del cabo, ahorraba cuatro semanas a la travesía. En la década de 1850 el célebre George Stephenson (1781-1848), diseñador del primer ferrocarril de pasajeros impulsado por vapor, introdujo mejoras en el trayecto terrestre mediante la construcción de una línea entre Alejandría y El Cairo. Las ventajas de abrir una vía marítima que permitiera a un mismo navío completar la totalidad del trayecto y transportar cualquier tipo de carga resultaban evidentes.
Una empresa privada francesa, la Compagnie Universelle du Canal Maritime de Suez, construyó el canal de Suez. La obra, iniciada en 1859, consistía en atravesar el istmo de Suez. El Gobierno egipcio arrendó los terrenos por un término de 99 años y adquirió alrededor del 45% de las acciones de la compañía del canal. De forma paradójica, los británicos se opusieron al proyecto, por un temor paranoico a que una potencia rival controlara el canal y bloqueara su uso, o incluso lo utilizara para atacar sus colonias en otras partes del mundo. También abrigaban dudas acerca de la factibilidad de construir una vía de esas características. El capaz ingeniero francés Ferdinand de Lesseps (1805-1894) concibió y supervisó el proyecto, ejecutado con mano de obra egipcia. Por fortuna, la naturaleza llana y arenosa del terreno facilitó la excavación, lo que hizo innecesario el uso de esclusas. El canal, de unos 160 km de longitud (100 millas), se completó en 1869 y se inauguró con una fastuosa ceremonia el 17 de noviembre.
El canal de Suez tuvo un gran éxito, impulsado en parte por la coincidente invención de las naves de vapor, capaces de transportar cargas mucho mayores que los veleros y aptas para sortear las adversas condiciones de navegación del mar Rojo. Dado que las embarcaciones de vela aún representaban el 90% de la flota mercante británica, entonces la mayor del mundo, la ruta del cabo de Buena Esperanza continuó prosperando a pesar del canal. Sin embargo, con el paso del tiempo y el reemplazo paulatino de la navegación a vela por la de vapor, el tráfico del canal creció de manera significativa. Durante el primer año de servicio circularon 436.000 toneladas de carga por la vía, y una década después la cifra se había disparado a más de 5 millones de toneladas. En 1910 la carga transportada sobrepasó los 16 millones de toneladas. La presencia permanente de asesores británicos y franceses en el Gobierno egipcio reflejaba la importancia del canal para ambos países.
La toma británica
El paso estratégico de Suez benefició, en particular, al Imperio británico, poseedor de una amplia red de dominios en Asia y en lugares aún más lejanos, entre ellos la India británica, China, y Australasia. Por esta razón en 1882 los británicos tomaron el control del canal, en una acción muy controvertida. Para justificar la intervención, el Gobierno británico alegó que Egipto, entonces parte nominal del decadente Imperio otomano, se encontraba en bancarrota por causa de sus costosas campañas coloniales en Sudán, y que el Gobierno enfrentaba una revuelta nacionalista. Una fuerza naval británica bombardeó a Alejandría durante diez horas el 11 de julio, en un ataque en que se dispararon unos 3.000 proyectiles. Más adelante, en agosto, un contingente de 40.000 hombres al mando de Garnet Wolseley (1833-1913) se apoderó del canal. A continuación, Wolseley derrotó la rebelión dirigida por Ahmed Urabi el 13 de septiembre, en la batalla de Tel-el-Kebir. El Gobierno francés también había concebido llevar a cabo una intervención militar, pero la Asamblea Nacional de Francia no respaldó la idea. Urabi fue desterrado a Ceilán, la actual Sri Lanka, y se estableció una guarnición de 5.000 hombres en el canal.
Ante la ausencia de un Gobierno egipcio viable, el Reino Unido abandonó su intención inicial de ejercer un control temporal y optó por convertir a Egipto en un protectorado de facto. Los británicos pensaron que podían legitimar la toma por el hecho de que poseían 177.000 de las 400.000 acciones del canal. En busca de liquidez, en 1875 el gobernante egipcio, o jedive, había vendido acciones por 4 millones de libras, equivalentes en la actualidad a 400 millones de libras. Otro argumento, quizá más decisivo, con que los británicos justificaban su flagrante comportamiento imperialista era que el 82% de los buques que transitaban por el canal eran de su propiedad. El 13% del comercio mundial de Gran Bretaña pasaba a través del canal.
El Gobierno británico no estaba del todo satisfecho con encontrarse en una posición de controlar un estado en bancarrota, como explica el historiador P. Curtin:
La retirada pondría en peligro la ruta de Suez hacia la India y disgustaría a los acreedores británicos de Egipto; permanecer, en cambio, situaba a Gran Bretaña, no al jedive, frente a esos mismos acreedores europeos. El resultado fue un protectorado británico informal que perduró hasta 1914 bajo diversas ficciones legales. A la larga, aquel protectorado equivalió al control británico de Egipto, aunque la presión internacional ejercida por otras potencias europeas limitaba de manera considerable la libertad de acción británica. (319)
Un aspecto relevante era que la mayor parte de la deuda egipcia estaba en manos de bancos británicos. La posición del jedive fue restablecida, pero la corrupción estaba generalizada. Los británicos designaron a un oficial como sirdar, o comandante en jefe del ejército egipcio. El cargo civil de mayor autoridad era el de agente y cónsul general británico, que tenía la potestad de nombrar y destituir a los miembros del gabinete egipcio, incluido el primer ministro, y sus recomendaciones debían aceptarse sin discusión. En la práctica se otorgó gran autonomía al jedive, y los británicos tendieron a no inmiscuirse en asuntos internos de naturaleza no comercial, como el gobierno local, el sistema judicial, y la policía.
El Gobierno francés, que durante mucho tiempo había considerado a Egipto su dominio colonial particular, no estaba en lo absoluto satisfecho con el giro que tomaron los acontecimientos en 1882. La crisis diplomática y otros asuntos coloniales pendientes de solución condujeron a la Conferencia de Berlín de los años 1884 y 1885, que fijó las normas que debían seguir las potencias europeas para adquirir nuevas colonias, cuestión que dio inicio, o al menos aceleró, el denominado reparto de África.
En 1888 el Gobierno británico había llegado a la conclusión de que para proteger a Egipto y al canal del dominio de otras potencias, en particular de Rusia, debía permanecer de manera indefinida en Egipto. Con el fin de garantizar a sus rivales imperiales que Gran Bretaña no monopolizaría la vía, las principales potencias europeas suscribieron en 1888 la Convención de Constantinopla, instrumento que preservaba la neutralidad del canal. La continua fricción entre británicos y franceses en torno a Egipto se reflejó en la intensificación de su rivalidad en otras partes de África, en particular en el Incidente de Fashoda de 1898, en que Francia reclamó con audacia el sur de Sudán, exigencia que a la postre fracasó.
el canal de suez seguía considerándose vital para los intereses comerciales británicos, en especial por el desarrollo de la industria petrolera en el oriente medio.
Una colonia británica
En 1914 Gran Bretaña declaró a Egipto bajo su protectorado y mantuvo el control del país durante toda la Primera Guerra Mundial de 1914-1918. Ese mismo año los británicos pusieron fin al estatus del canal como vía marítima internacional. El Imperio británico comenzó a desmoronarse en el mundo de la posguerra. Egipto obtuvo la independencia en 1922, aunque Gran Bretaña mantuvo el control de su política exterior y de la defensa. La ocupación militar británica no terminó hasta 1936, con la firma del tratado angloegipcio. El canal constituyó una notable excepción a la retirada, puesto que a pesar de recuperar la condición de vía acuática internacional, mantuvo la presencia militar británica. La Zona del Canal de Suez, nombre que recibió, contaba con una guarnición de 38.000 efectivos del ejército británico. Ante la expansión imperial de Italia y Japón a finales de la década de 1930, el canal siguió teniendo una importancia crucial para Gran Bretaña en caso de necesitar desplegar tropas con rapidez hacia África oriental o el Lejano Oriente. Durante esta década, dos tercios del total de buques que atravesaban el canal eran británicos.
Gran Bretaña defendió a Egipto contra las fuerzas alemanas e italianas durante la campaña del norte de África en la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945. El país fue la principal base británica en los teatros de guerra del Medio Oriente y el Mediterráneo oriental. La Segunda Batalla de El Alamein fue la más decisiva de las libradas en este frente, puesto que aseguró que Egipto y el canal de Suez permanecieran bajo control británico. En ella el 8.º Ejército británico, dirigido por el general Bernard Montgomery (1887-1976) logró una victoria decisiva frente al Afrika Korps alemán, comandado por el general Erwin Rommel (1891-1944).
Aunque India obtuvo la independencia en 1947, para los intereses comerciales británicos, en particular los relacionados con el desarrollo de la industria petrolera en el Medio Oriente, el canal de Suez continuaba siendo una pieza clave. Durante la década de 1950, una oleada de colonias británicas logró la independencia. Frente a esta situación poco podía hacer el Gobierno británico, dado que la opinión pública favorecía la descolonización y en todo caso, Gran Bretaña había perdido parte del poder económico que necesitaba para mantener una presencia militar coercitiva en todo el mundo.
Después de la Segunda Guerra Mundial, las relaciones angloegipcias sufrieron un nuevo deterioro por causa de la participación de Gran Bretaña en la creación del estado de Israel, y de su decisión de aliarse con Irak y Turquía. En julio de 1956 el coronel Gamal Abdel Nasser (1918-1970), acérrimo líder nacionalista, anunció la nacionalización de la Compañía del Canal de Suez. Nasser había alcanzado el poder cuatro años antes mediante un golpe militar, y había derrocado al rey Farouk de Egipto. Farouk había reinado desde 1936, pero era en extremo impopular, debido, en lo fundamental, a su postura anglófila. La nacionalización constituyó, al menos en parte, una represalia frente a la retirada de los fondos que Estados Unidos y Gran Bretaña habían destinado a la construcción de la presa de Asuán. El proyecto se vio comprometido cuando se descubrió que Nasser adquiría armas de sus rivales de la Guerra Fría: la Unión Soviética y el bloque del este.
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Crisis de Suez de 1956
La declaración de Nasser desencadenó la crisis de Suez, también conocida como segunda guerra árabe-israelí, guerra de Suez o Agresión Tripartita. El canal seguía teniendo una importancia crucial para el transporte marítimo británico, y en específico, para el tráfico de buques cisterna petroleros. Anthony Eden (1897-1977), primer ministro británico, describió la acción de Nasser con la frase «nos tenía agarrados por el cuello» (Smith, 105). Eden buscaba el apoyo de los Estados Unidos para derrocar a Nasser e instaurar un gobierno prooccidental. Eden le escribió al presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower (1890-1969) para expresarle su convicción de que Nasser intentaría impulsar la retirada de todas las fuerzas militares occidentales del mundo árabe, lo cual a la postre permitiría a la Unión Soviética aumentar su influencia y presencia en la región. Eisenhower, convencido de que su opinión pública no aprobaría una respuesta militar y de que correspondía a las Naciones Unidas gestionar la disputa, rehusó involucrar a las fuerzas militares de Estados Unidos en el asunto. Además, a Estados Unidos no le disgustaba en lo absoluto observar la disminución de la influencia británica en el Medio Oriente, puesto que ambos países rivalizaban en el creciente negocio del petróleo de la región.
Gran Bretaña, Francia e Israel estaban preparados para luchar por el control del canal y para derrocar a Nasser. Los británicos veían el nacionalismo panárabe de Nasser como una amenaza para sus intereses en el Medio Oriente, mientras los franceses rechazaban su apoyo al Frente de Liberación Nacional, FLN, que había iniciado la guerra contra su antigua colonia de Argelia. Israel, por su parte, buscaba debilitar a cualquier movimiento de alcance amplio que pudiera unificar al mundo árabe en su contra.
En un acuerdo secreto, Israel se comprometía a atacar a Egipto para que Gran Bretaña y Francia pudieran intervenir en calidad de mediadores y protectores del canal. El ataque recibió el nombre en clave de Operación Mosquetero. Las fuerzas israelíes invadieron Egipto el 29 de octubre, y a continuación Gran Bretaña y Francia exigieron a Egipto la retirada de sus tropas a una distancia de 16 kilómetros (10 millas) a cada lado de la Zona del Canal. El Gobierno egipcio rechazó el ultimátum, y las fuerzas aéreas británicas y francesas comenzaron a bombardear Egipto el 31 de octubre. A partir del 5 de noviembre tropas británicas y francesas atacaron a Egipto desde el Mediterráneo. Las tropas desembarcaron en Port Said y capturaron una sección del canal. Egipto respondió con el bloqueo del canal mediante el hundimiento deliberado de buques en su parte de la vía.
Las acciones de los agresores recibieron una amplia condena mundial, incluida la de los Estados Unidos y la Unión Soviética en las Naciones Unidas. Una moción presentada en las Naciones Unidas exigió un inmediato cese del fuego. Así, la Guerra de Suez concluyó apenas dos semanas después. En diciembre, Gran Bretaña se vio obligada a emprender una total y humillante retirada del país. El Gobierno egipcio prometió indemnizar a los accionistas de la Compañía del Canal. El canal se despejó y reabrió en abril de 1957.
La reputación de Eden había sufrido un daño irreparable por causa de la crisis de Suez. Las críticas abarcaron desde incompetencia diplomática hasta acusaciones de haber engañado al Parlamento. Eden alegó problemas de salud y renunció al cargo de primer ministro en enero de 1957. La crisis provocó una fuerte caída de la libra esterlina, que fue apuntalada por un crédito estadounidense condicionado a la evacuación total de las fuerzas británicas desplegadas en Egipto. Las relaciones angloestadounidenses se recompusieron, pero muchos países del golfo Pérsico comenzaron a desconfiar de Gran Bretaña por su participación en una guerra contra un estado árabe. La crisis de Suez constituyó una dura lección para los británicos porque dejó en claro que la época del Imperio británico y de su influencia global llegaba a su fin. A partir de entonces Gran Bretaña solo podría aspirar a influir de manera significativa en los asuntos mundiales por medio de alianzas con potencias como Estados Unidos.
Interesado en el estudio de las migraciones, costumbres, las artes y religiones de distintas culturas; descubrimientos geográficos y científicos. Vive en La Habana. En la actualidad traduce y edita libros y artículos para la web.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 07 mayo 2026. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.