Batallas y conquistas del Imperio otomano (1299-1683)

Artículo

Syed Muhammad Khan
por , traducido por Antonio Elduque
Publicado el 29 junio 2021
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Disponible en otros idiomas: inglés, turco

Extendiéndose por tres continentes y ejerciendo su dominio sobre el Mar Negro y el Mediterráneo, el Sultanato otomano (1299-1922) fue una superpotencia militar global entre los siglos XV y XVII. Desde el momento de su creación, en 1299, el Imperio otomano se expandió rápidamente, sobre todo a expensas de las potencias europeas y de los estados musulmanes rivales vecinos de los turcos.

Death of King Władysław Jagiellończyk
Muerte del rey Vladislao Jagellón
Stanisław Chlebowski (Copyright, fair use)

Lo que empezó como un pequeño principado o beylicato (beylik) en la actual Anatolia, pronto absorbió grandes zonas de la Europa meridional y oriental, Crimea, territorios de Oriente Medio, áreas extensas del norte de África, y la región del Cáucaso, además de islas importantes del Mediterráneo. Aunque el imperio perdió buena parte de su territorio tras una costosa derrota en las murallas de Viena en 1683, el pasado militar de los turcos otomanos es relevante, incluso en el mundo moderno, y su legado queda perfectamente reflejado en numerosos monumentos repartidos por lo que en su día denominaron orgullosamente como Osmanli Devleti (el Imperio otomano).

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Contexto histórico

El sultanato selyúcida fue la primera gran potencia imperial turca musulmana.

El siglo XI fue testigo de la expansión de una tribu túrquica musulmana, procedente del corazón de la estepa asiática, una tierra plagada de luchas brutales y disputas incesantes por su dominio. Tras arrasar Persia, la tribu selyúcida comenzó a avanzar hacia el oeste, donde se encontró con el entonces poderoso Imperio bizantino (330-1453), una mera reliquia de su gloria pasada, pero todavía con una gran influencia en la región.

El sultanato selyúcida (1037-1194) fue la primera gran potencia imperial turca musulmana; en 1055 conquistó Bagdad, la metrópolis de los califatos islámicos, pasando a ejercer su dominio sobre el decrépito e impotente Califato abasí (750-1258), cuyos gobernantes solamente podían ocupar sus mentes con historias de su glorioso pasado, enterrado hacía tiempo en las arenas del tiempo, tras la muerte de su gran líder Harun al-Rashid (r. 786-809).

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Para los turcos, sin embargo, fue la primera vez en que resultaron decisivos para establecer el dominio del Islam en territorios inexplorados, y su primera víctima fue el decadente Imperio bizantino. En 1071, el joven y ambicioso sultán Alp Arsalan (r. 1063-1072) se enfrentó a un ejército bizantino, superior en número, pero logró una impresionante victoria en la batalla de Manzikert (actual Mazagirt).

Battle of Manzikert
Batalla de Manzikert
O.Mustafin (Public Domain)

Esa derrota devastadora debilitó el control de Anatolia por parte de los bizantinos, y los turcos empezaron a desplazarse masivamente hacia esas tierras de pastoreo, estimulados además por la tremenda amenaza del siglo XIII en Asia Central – los mongoles. Descendientes del caudillo mongol Gengis Kan (r. 1206-1227), pronto alcanzaron Anatolia, que entonces albergaba sólo una parte del antiguamente poderoso Reino Selyúcida, el Sultanato de Rum, que fue aniquilado fácilmente por la maquinaria militar de los mongoles y pasó a ser su vasallo en 1243.

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La consecuencia fue la aparición de varios pequeños estados dispersos, conocidos como los beylicatos (beyliks) de Anatolia, más o menos independientes, luchando unos con otros. Pero el líder de uno de ellos, Osmán Gazi (r. ca. 1299-1324), se lanzó en pos de su gran ambición: construir un estado que pudiera hacer sombra incluso a los más poderosos de la tierra. Ese fue el comienzo del Imperio otomano.

Consolidación de Anatolia

Osmán I gobernaba en Bitinia, un beylicato fronterizo con los territorios bizantinos, al oeste. Sólo veía la gloria en la ġazā, una especie de guerra santa para la conquista de las tierras no musulmanas, y se denominó a sí mismo gazi (o ghazi). Sobre todo mediante guerra de guerrillas, Osman comenzó a presionar sobre el Imperio bizantino. Aunque sus conquistas no fueron importantes y no vivió para ver la culminación de su mayor victoria, la conquista de Prusa (Bursa), Osmán había puesto en marcha al coloso turco.

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El siglo XIV fue testigo de más conquistas en Asia Menor, con el hijo de Osmán, Orhan Ghazi (r. 1323/34-1362), heredero del reino, arrasando Nicea (Iznik) en 1331 y Nicomedia (Izmit) en 1357. La anexión de territorios en Anatolia se hizo tanto por la diplomacia como por las continuas guerras de los otomanos. No obstante, esa unificación y centralización no logró pacificar a algunas tribus prominentes, que querían retener su autonomía regional y no carecían en absoluto de la voluntad ni los medios para hacerlo.

Los karamánidas, una tribu turca rival, buscó la ayuda de Timur (alias Tamerlán, r. 1370-1405) un destacado e implacable líder turco-mongol, para frenar las ambiciones territoriales hacia el oeste del sultán Bayezid I (1389-1402). Este, que se había bautizado a sí mismo como Yilderim (que significa rayo), vencedor en 1396 de la batalla de Nicópolis contra una coalición europea, no quiso postrarse ante Timur, lo que desató la ira de este contra Anatolia.

Painting of Osman I
Retrato de Osman I
Unknown (Public Domain)

En 1402 tuvo lugar la batalla de Ankara, la derrota más desastrosa para los otomanos en su propia tierra; el sultán Bayezid fue capturado por las fuerzas de Timur y su imperio hundido en las profundidades del tumulto, el caos y la división. El Interregno otomano (1402-1413) que siguió, fue una guerra civil, que se prolongó una década, en la que se dilapidaron recursos preciosos, pero cuando Mehmed I (r. 1413-1421) emergió como triunfador del conflicto, los otomanos estaban en camino de convertirse en más poderosos que nunca.

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En los años siguientes se restauraron las fronteras otomanas y, con la ascensión al trono de Mehmed II (r. 1444-1446 y 1451-1481), el Imperio de Trebisonda y los karamánidas pasaron a ser estados tributarios en 1461 y 1468, respectivamente. Un imperio turco rival del este, los Ak-Koyunlu, presionaron brevemente contra Anatolia, pero Mehmed detuvo su avance en la batalla de Otlukbeli (1473). Los últimos vestigios de un gobierno local independiente en Anatolia (ramazánidas y dulkadiris) no fueron más que un espacio amortiguador entre los otomanos y sus vecinos del sur: el Sultanato mameluco.

En su apuesta por el dominio absoluto y para asegurar su reino contra un posible ataque envolvente por parte de sus rivales safávidas chiítas de Irán, por el este, y los mamelucos, por el sur, el sultán Selim I (r. 1512-1520), que previamente había arrebatado a los persas el control de la Anatolia oriental, se anexionó esos territorios de amortiguación en 1516, antes de continuar con una conquista general de los territorios mamelucos. A principios del siglo XVI, los otomanos ejercían su control total sobre Anatolia.

Conquistas en Europa (Rumelia)

Los otomanos se referían a sus posesiones al otro lado de los Dardanelos como Rumelia. Esa provincia surgió de las semillas sembradas en tiempos de Orhan Ghazi, cuyas tropas plantaron los estandartes otomanos en Galípoli (1354), como parte de su acuerdo con el emperador bizantino Juan VI Cantacuceno (r. 1347-1354), que afrontaba una guerra civil en sus territorios. Esa colaboración, nacida de la necesidad, pronto terminó, con otomanos y bizantinos nuevamente en conflicto, que resultó favorable a los turcos, con rápidos progresos en Rumelia, conquistando Adrianópolis (Edirne) (ca. 1362), seguida de la Tracia y el sur de Bulgaria (1363-1365), Sofía (1385), Niš (1386) y Salónica (1387).

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Esos rápidos avances no pasaron desapercibidos, y el poder colectivo de los nobles y reyes europeos se desató contra los otomanos en una serie de campañas militares definidas vagamente como cruzadas. Sin embargo, esos esfuerzos fueron en su mayoría inútiles, sobre todo a partir de la victoria otomana en Kosovo (1389), tras la cual buena parte de Bulgaria, el norte de Grecia y Valaquia fueron anexionados, en 1395. Otro intento de ataque colectivo contra los otomanos no consiguió su objetivo, al ser rechazado por el sultán Bayezid I, que infligió un serio golpe a las fuerzas europeas en Nicópolis (1396).

The Battle of Nicopolis (1396 CE)
Batalla de Nicópolis (1396 d.C.)
Unknown Artist (Public Domain)

Tras la derrota de Ankara en 1402, que encendió la chispa de una intensa guerra civil, los otomanos volvieron al frente europeo, conquistando Serbia en 1439. Nuevamente los europeos formaron un ejército conjunto para hacer frente al sultán Murad II (1421-1444), que contraatacó con todas sus fuerzas y consiguió la victoria en la batalla de Varna (1444). Es interesante el hecho de que la batalla fue ganada solamente gracias a una fracción de las fuerzas del sultán, un cuerpo de infantería profesional y bien entrenado, conocido como los jenízaros, que mantuvieron su posición y derrotaron al enemigo en un punto clave.

Mehmed II declaró a Constantinopla como la nueva capital de su imperio, que siguió siéndolo hasta que fueron borrados los últimos vestigios de la autoridad otomana, siglos más tarde.

En 1451, cuando el sultán Mehmed II sucedió a su padre, a su muerte, el único espacio vacío entre el reino otomano en el este y el oeste eran los residuos del Imperio bizantino, confinado dentro de las legendarias murallas de Teodosio de Constantinopla, la que había sido una capital de un enorme territorio. Mehmed el Conquistador lanzó su ofensiva, asediando la ciudad durante meses, hasta que el asalto final logró la caída de Constantinopla en 1453. Entró victorioso en la ciudad y la declaró nueva capital de su imperio, que siguió siéndolo hasta que fueron borrados los últimos vestigios de la autoridad otomana, siglos más tarde.

Esta victoria representó un nuevo impulso para las ambiciones imperialistas de Mehmed, que se manifestaron en la conquista total de Serbia (1459), seguida de la caída de Morea (1460) en Grecia, Bosnia (1463) y Otranto (1480) en Italia, desde donde el sultán soñaba en asolar el país y conquistar Roma. Italia se salvó de ese destino por la muerte del sultán, que fue celebrada en toda Europa.

Mehmed II Conquers Constantinople
Mohamed II Conquista Constantinopla
Jean-Joseph Benjamin-Constant (Public Domain)

La cúspide de la ambición otomana se alcanzó con Solimán I (r. 1520-1566), también conocido como Solimán el Magnífico, que atacó por su frontera europea conquistando Belgrado (1521), lo que abría la puerta para la conquista de Hungría. El sultán pronto aprovechó la oportunidad con un gran ejército, logrando una victoria decisiva contra el joven rey húngaro Luis II (r. 1516-1526), en la batalla de Mohács, en 1526, tras la cual se anexionó gran parte del reino del monarca derrotado - la mayor parte de Hungría. Tres años después, Solimán lanzó otra campaña con éxito a través de Hungría, pero tuvo que regresar sin lograr la victoria culminante ante las murallas de Viena (1529).

En 1566, Solimán el Magnífico, pasada ya su juventud, encontró su fin en el sitio de Szigetvár, un fuerte húngaro insignificante desde el punto de vista estratégico, pero muy bien defendido. Con él murió el espíritu guerrero de los sultanes otomanos, muy pocos de los cuales aspirarían a alcanzar el mismo nivel de destreza militar y grandeza de sus predecesores. El declive del poder otomano fue paulatino y todavía hubo victorias en Europa, sobre todo en Podolia, Ucrania, en 1672.

Sin éxito en la modernización del ejército y en el establecimiento de un control rígido del reino, los gobernantes otomanos posteriores quedaron atrás, frente a sus rivales europeos, en la carrera por la hegemonía imperial. De nuevo ante las murallas de Viena, la capital austríaca, los turcos tuvieron que retirarse derrotados (1683), para ya no volver nunca más a inspirar el mismo nivel de terror en el corazón de Europa.

Hegemonía en la región del Mar Negro y el Mediterráneo

Crimea, entonces bajo la hegemonía de los tártaros (1441-1783), aceptó como soberano a Mehmed II en 1475, garantizando el dominio otomano sobre el Mar Negro durante los tres siglos siguientes. En el Mediterráneo, la isla de Rodas, donde los Caballeros Hospitalarios habían establecido su cuartel general y desde donde asaltaban a los barcos de peregrinos, se rindió a Solimán el Magnífico en 1523, tras una defensa valiente y desesperada de la ciudad. Sin embargo, los otomanos no consiguieron conquistar Malta (1565) donde los hospitalarios habían establecido su nueva base.

Al llegar al poder Mehmed II, el ejército otomano flaqueaba en un aspecto: la armada. El joven sultán se propuso crear una flota titánica para llenar ese vacío, aunque carente de grandes barcos, lo que la hacía inútil en enfrentamientos navales directos. Por ejemplo, durante el sitio de Constantinopla, una flotilla de cuatro naves genovesas, de las cuales sólo tres eran militares, logró romper el gran bloqueo naval otomano de la ciudad asediada, dándole un respiro.

Battle of Preveza 1538 CE
Batalla de Preveza (1538 d.C.)
Ohannes Umed Behzad (Public Domain)

Sin embargo, Solimán el Magnífico iba a cubrir también ese vacío con naves nuevas y mejoradas. También nombró a Jeireddín Barbarroja (1478-1546), un temible comandante naval, que había sido rival de los otomanos y fue persuadido de unirse a ellos, como Gran Almirante, en 1533. Barbarroja logró la supremacía otomana en los mares, frente a los europeos, y culminó su carrera con una victoria impresionante contra una coalición naval en Préveza (1538).

El hijo de Solimán, Selim II (r. 1566-1574) envió una fuerza expedicionaria naval a la conquista de Chipre, que se logró en 1570, pero a la que siguió el desastre naval de la batalla de Lepanto (1571), en la que la flota otomana fue destruida por una coalición llamada la Liga Santa. Aunque el sultanato se recuperó de los efectos inmediatos de esa derrota, su posición ya no fue nunca más indiscutible. La última adición a los territorios del imperio en el Mediterráneo fue Creta, en 1669.

Guerras otomano–persas

La rivalidad entre los otomanos suníes y sus vecinos chiitas al este, la Dinastía safávida (1501-1736), comenzó cuando el primer gobernante safávida, el shah Ismail (r. 1501-1524) declaró al chiismo islámico como religión oficial de su imperio y proclamó abiertamente su hostilidad contra las potencias vecinas, todas suníes. El sultán Selim I solicitó a sus vecinos la invasión, pero Ismail rechazó todas las incursiones, para a continuación penetrar en la Anatolia oriental. La respuesta de Selim I fue el inicio de las guerras otomano-persas, que se prolongarían a lo largo de tres siglos, demostrándose inútiles y agotadoras para ambos bandos. Para empezar, Selim masacró a los simpatizantes safávidas en Anatolia y forzó al shah a enfrentársele en la batalla de Chaldiran (1514), donde aniquiló a las fuerzas persas, muy expertas, aunque inferiores en número, con sus armas de fuego y el cuerpo de élite de los jenízaros, lo que obligó al shah a huir, presa del pánico.

La batalla de Chaldiran fue el primer conflicto militar importante contra los persas, aunque las siguientes batallas serían cada vez más difíciles. Con su victoria, Selim consiguió zonas del norte de Irak y Azerbaiyán, e incluso llegó a conquistar la capital safávida de Tabriz, aunque tuvo que retirarse debido a su vulnerabilidad táctica y a cuestiones logísticas. El hijo de Selim, el sultán Solimán, continuó la lucha de su padre hacia el este, conquistando Tabriz y Bagdad en 1534. Esta última, antigua capital abasí, fue una adición muy simbólica al reino otomano.

Suleiman the Magnificient
Solimán el Magnífico
Kunsthistorisches Museum (Public Domain)

Las hostilidades se detuvieron temporalmente en 1555 con el tratado de Amasya y, durante aproximadamente los tres siglos siguientes, las relaciones entre otomanos y persas verían alternativamente treguas y confrontaciones violentas. Durante ese período, sultanes ambiciosos hicieron intentos vehementes de afirmación de su superioridad militar sobre sus rivales. El sultán Murad IV (r. 1623-1640), por ejemplo, lanzó una ambiciosa campaña, logrando reconquistar Bagdad de los safávidas, en 1639. Las guerras otomano-persas se prolongaron durante dos siglos más, aunque las hostilidades finalizaron con los tratados de Erzurum (1823 y 1847), que delimitaron las fronteras entre los dos reinos, y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas partes, cuyos beneficios todavía perduran.

Conquista de Oriente Medio y avances en el Norte de África

Tras su campaña de 1514 contra el Irán chiita, Selim redirigió sus esfuerzos de expansión territorial. El objetivo pasó a ser el sultanato mameluco de Egipto, Levante e Hijaz, que era favorable al Irán safávida y que había dado refugio político a príncipes otomanos rebeldes.

Aniquilando a ramazánidas y dulkadiris en 1516, los últimos beylicatos independientes de Anatolia, que actuaban como espacios amortiguadores entre otomanos y mamelucos, Selim dejó claras sus intenciones de continuar hacia el sur. Los dos ejércitos se encontraron en la batalla de Marj Dabiq (1516), al norte de Alepo, donde Selim destruyó al ejército mameluco utilizando sus armas de fuego. Aniquilados los mamelucos, sus territorios fueron cayendo bajo dominio otomano: Siria, Levante e Hijaz no tardaron en rendirse.

Selim I in Egypt
Selim I en Egipto
Gloya Borski (Public Domain)

En 1517, Selim se había hecho con todos los territorios mamelucos, incluido Egipto; comparado con su victoria sobre los safávidas, el conflicto otomano-mameluco de 1516-1517 fue un triunfo muy superior. No obstante, la continua lucha militar se cobraría finalmente su peaje sobre el propio Selim, que murió en 1520, no sin antes haber doblado el tamaño de su imperio, en menos de una década. El sultán también había anexionado Argelia en 1517; Túnez cayó bajo el control de Solimán en 1534, que se consolidó mediante sucesivas expediciones militares.

En Oriente Medio, Selim II ordenó la conquista de Yemen (1567-1570) tras la cual consiguió avances en Túnez (1574) y en Fez, Marruecos (1578).

Desintegración territorial

En 1529, la fuerza titánica de Solimán el Magnífico asedió Viena, pero no logró conquistarla, a pesar de su abrumadora superioridad numérica, debido en parte a las dificultades para afrontar el invierno y la falta de preparación. A pesar del fracaso en Viena, sus campañas en Europa tuvieron un éxito notable aunque, más de un siglo después, los otomanos ya no estuvieron en las mismas condiciones para conquistar Viena que en 1529.

Second Siege of Vienna 1683 CE
Segundo sitio de Viena (1683 d.C.)
Frans Geffels (Public Domain)

Cuando aparecieron nuevamente ante las murallas de la capital austríaca, en 1683, fueron derrotados otra vez de forma estrepitosa, lo que representó un punto de inflexión en el destino del Imperio otomano, que marcó la paulatina pérdida de territorios, hasta que no quedó nada fuera de lo que es la moderna Turquía, formada en 1922 como consecuencia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

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Bibliografía

Sobre el traductor

Antonio Elduque
Soy doctor en Química y trabajo en el sector biomédico. También licenciado en Humanidades, especialmente aficionado a la Historia. Me gusta traducir porque obliga a una lectura lenta y cuidadosa, buscando el sentido del texto más que el significado de las palabras.

Sobre el autor

Syed Muhammad Khan
Muhammad es biólogo, entusiasta de la historia y escritor independiente, que ha contribuido activamente a la Enciclopedia desde 2019.

Cita este trabajo

Estilo APA

Khan, S. M. (2021, junio 29). Batallas y conquistas del Imperio otomano (1299-1683) [Battles & Conquests Of The Ottoman Empire (1299-1683)]. (A. Elduque, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1791/batallas-y-conquistas-del-imperio-otomano-1299-168/

Estilo Chicago

Khan, Syed Muhammad. "Batallas y conquistas del Imperio otomano (1299-1683)." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. Última modificación junio 29, 2021. https://www.worldhistory.org/trans/es/2-1791/batallas-y-conquistas-del-imperio-otomano-1299-168/.

Estilo MLA

Khan, Syed Muhammad. "Batallas y conquistas del Imperio otomano (1299-1683)." Traducido por Antonio Elduque. World History Encyclopedia. World History Encyclopedia, 29 jun 2021. Web. 07 ago 2022.

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