Santo Tomé y Príncipe son islas ubicadas en el golfo de Guinea en África Occidental. Estas se encontraban deshabitadas antes de que los portugueses las colonizaran a partir de 1486. Tan involucradas estaban con el comercio de esclavos que llegaron a ser conocidas como las Islas de los Esclavos; allí reunían a miles de africanos occidentales y los transportaban a plantaciones en colonias como el Brasil portugués.
En las islas, se cultivaban cañas de azúcar y las plantaciones requerían esclavos del continente que se adquirían a través del comercio con Estados como el Reino de Benín y el Reino del Congo. Cuando las plantaciones en América generaron una gran nueva demanda de esclavos, Santo Tomé y Príncipe actuaron como una estación recolectora para el traslado de humanos a través del Atlántico. Con el tiempo, las enfermedades tropicales redujeron a la población europea al mínimo, por lo que la mayor parte de la población libre tenía una ascendencia mixta europea y africana. Las islas se independizaron de Portugal en 1975 y se convirtieron en la República Democrática de Santo Tomé y Príncipe.
Geografía y clima
Las dos islas de Santo Tomé y Príncipe, junto con algunos islotes rocosos asociados, se encuentran en el golfo de Guinea en la costa sureña de África Occidental. Las islas principales son una mezcla de zonas llanas y montañosas de volcanes aparentemente inactivos. El Pico de Santo Tomé es el punto más alto del grupo y alcanza una altura de 2.024 metros (6.640 pies). La inclinación con la que estas montañas descienden hacia el mar implica que no hay puertos de aguas profundas. La superficie total de las islas es 964 kilómetros cuadrados (372 millas cuadradas).
Situadas justo en el ecuador, su clima es tropical con una larga temporada de lluvias y, alguna vez, las islas estuvieron cubiertas por selva tropical en su totalidad. Por el lado positivo, el suelo volcánico fértil, la larga temporada de cultivo y la lluvia abundante hicieron a las islas óptimas para el cultivo de muchos productos alimenticios importantes como la caña de azúcar durante la colonización. Por el lado negativo, las enfermedades tropicales, en particular la malaria, se propagaron sin control en las islas cuando fueron pobladas y continúan siendo un problema hoy en día.
Asentamiento
La Corona portuguesa ya había colonizado con éxito tres archipiélagos: Madeira (1420), las Azores (1439) y Cabo Verde (1462) en el Atlántico frente a las costas de África Occidental. Estas islas fueron puntos estratégicos muy útiles para los navíos portugueses que atravesaban el imperio y, además, se habían logrado cultivar para producir bienes para el comercio. Desde África Occidental, se habían importado esclavos para trabajar en plantaciones de trigo, caña de azúcar y algodón. Para 1470, los portugueses ansiaban tener una base aún más cercana a los mercados comerciales lucrativos en la zona sur de África Occidental. Los marineros portugueses descubrieron las dos islas deshabitadas de Santo Tomé y Príncipe y las consideraron candidatas ideales para convertirlas en esa base. El asentamiento sucedió primero en Santo Tomé, pero no comenzó hasta 1486.
Como sucedió con la colonización portuguesa de las Azores, Madeira y Cabo Verde, la Corona dividió las islas y distribuyó «capitanías» (donatarias) como parte del sistema de feudalismo para incentivar a los nobles a financiar su desarrollo. Cada «capitán» o donatario recibió la responsabilidad de establecerse y desarrollar su área a cambio de privilegios judiciales y financieros. En consecuencia, los «capitanes», por su parte, distribuyeron sectores de las haciendas a sus seguidores para que las desarrollaran; estas eran parcelas de tierra conocidas como semarias. Los hombres que recibían dicho terreno tenían la responsabilidad de despejarlo y comenzar la cultivación dentro de un periodo establecido. En muchos casos, las capitanías se convirtieron en cargos hereditarios. Más tarde, el modelo de donatarias se aplicaría a otros territorios coloniales portugueses, en especial en Brasil.
Al igual que con la colonización portuguesa de Madeira y las otras islas atlánticas, los colonos provenían de una variedad de orígenes. Había portugueses, tanto de Portugal como de las colonias atlánticas (en especial Cabo Verde), judíos en busca de la libertad religiosa, hijos de los judíos que fueron forzados a separarse de sus familias en Portugal, indeseados de Portugal como los deportados y una serie de otros europeos que deseaban comenzar una nueva vida. Los africanos libres también vinieron a las islas y los matrimonios interraciales crearon una población significativa de personas mestizas. Los habitantes blancos nunca superaron los 1.000 y, para 1600, había menos de 200.
Una de las razones principales del declive en la población europea fueron las enfermedades tropicales que plagaban las islas. En efecto, tal era su reputación, que más de un potencial gobernador rechazó el nombramiento de la Corona portuguesa, o lo asumió pero en realidad nunca se presentó en las islas. Como señala una de las descripciones anónimas, que data de la primera mitad del siglo XVI:
A lo largo del año, los habitantes blancos del pueblo [en Santo Tomé] suelen sufrir una especie de fiebre intermitente cada ocho o diez días de la siguiente manera: primero llega el frío y luego el calor, y todo pasa en dos horas de acuerdo con la constitución de cada persona. Esta queja la tienen aquellos que viven de forma permanente allí y están acostumbrados a hacerse sangrías tres o cuatro veces al año. No obstante, para los extranjeros que llegan allí en barcos, la primera fiebre que los afecta suele durar 20 días y a menudo es fatal.
(Newitt, 60-61)
En 1486, la Corona portuguesa les otorgó una licencia a los isleños para comerciar en el continente. En consecuencia, los mercantes y exploradores de las islas establecieron puestos de intercambio a lo largo de la costa tan al sur como Luanda (en la actual Angola). Al principio, los comerciantes estaban interesados en adquirir tales bienes como el oro, la pimienta y el marfil, pero estos pronto pasaron a un segundo plano ante el tráfico humano. Este negocio fue el responsable del punto máximo de prosperidad de la isla desde alrededor de 1530 hasta 1560. En 1534, se estableció el obispado de Santo Tomé y tuvo, con bastante ambición, jurisdicción sobre toda la costa de África hasta el sur, donde se encuentra el cabo de Buena Esperanza.
Esclavitud
Como sucedió en las islas atlánticas portuguesas, se sembró la caña de azúcar en el siglo XVI, donde el clima húmedo contribuyó a un rápido crecimiento. No obstante, esta humedad dificultaba secar por completo la caña y por eso el azúcar que se producía en las islas nunca fue de la más alta calidad. Como una industria laboriosa, las plantaciones (roças o fazendas) requerían de muchos plantadores y cosechadores, y un molino de agua o engenbo para procesar la caña. Santo Tomé solo tenía dos molinos de este tipo en 1517, pero tuvo 60 para 1550. Un visitante anónimo, que redactó en 1550, señaló que las islas en ese momento producían 150.000 arrobas de azúcar por año, que es alrededor de 2,25 millones de kilogramos (5 millones de libras). Por desgracia, justo cuando la industria comenzaba a prosperar, el auge de las plantaciones más grandes y modernas de Brasil en la década de 1550 contribuyó al declive de este cultivo en Santo Tomé y Príncipe a partir de la década de 1580.
Los esclavos, tanto hombres como mujeres, eran transportados desde el continente para que trabajaran en las plantaciones de azúcar, en especial desde el Reino de Benín y el Reino del Congo en el siglo XVI. Estos esclavos vivían en aldeas rudimentarias dentro de las mismas plantaciones y tenían permitido cultivar alimentos para su propio sustento en pequeñas parcelas de tierra durante los fines de semana.
Los portugueses intercambiaban prendas de algodón, seda, porcelana esmaltada, espejos de cristal, cuchillos y cuentas de vidrio por esclavos. A medida que la demanda de esclavos crecía, los comerciantes de Santo Tomé y Príncipe trataban de eliminar a los reyes del Congo, quienes eran en esencia los intermediarios entre ellos y los mercantes en el interior de África. Los europeos y los mestizos comenzaron a enviar sus propias partidas de caza de esclavos hacia el interior e incluso atraparon a los congoleses. Por el otro lado, los reyes del Congo resentían la interferencia cultural y religiosa europea en sus asuntos y no tardaron en apreciar las recompensas que obtenían cuando ellos mismos enviaban esclavos a Europa y excluían a los portugueses. Como consecuencia del declive de sus relaciones a partir de mediados del siglo XVI, los europeos se desplazaron aún más hacia el sur hasta la región de Ndongo para encontrar esclavos.
Con el declive de la industria azucarera, las islas al menos se beneficiaban del éxito de los cultivos en América, donde requerían que los esclavos trabajaran en las plantaciones. De esta manera, las islas se convirtieron en un centro de la red de trata que trasladaba a los esclavos africanos hacia Europa, el norte de África y a través del Atlántico a América, en particular al Caribe español y Brasil. Las islas actuaron como un punto de encuentro para los esclavos y como un lugar para reponer los suministros para los barcos que trasladarían el cargamento humano.
Las rebeliones de los esclavos
En comparación con las otras islas coloniales portuguesas en el Atlántico, Santo Tomé y Príncipe tenían poblaciones de esclavos mucho más grandes y esto al final causó algunos serios problemas. En pocas palabras, los colonos europeos no lograron controlar a los esclavos. Las causas fueron la deterioración de las condiciones de vida en las plantaciones mientras la industria de la caña de azúcar entraba en declive y la falta de cualquier autoridad militar, a excepción de una milicia local e ineficaz. Ocurrieron grandes sublevaciones en 1574 y 1586. Muchos esclavos escaparon al interior montañoso, donde ya había pandillas de africanos renegados de Angola y desde donde atacaban las plantaciones con frecuencia. En 1595-96, un líder de los esclavos llamado Amador, que se autoproclamó el Rey de los Esclavos, casi consigue controlar toda la isla de Santo Tomé. Estas rebeliones de los esclavos fueron otra razón para que los pocos europeos restantes y los colonos mestizos abandonaran las islas e intentaran iniciar una nueva vida en las florecientes plantaciones de caña de azúcar en el Brasil portugués.
Historia posterior
La competencia por el comercio entre las potencias europeas se intensificó en el siglo XVII. Los piratas eran otra amenaza constante a las islas, como también lo eran los barcos que hacían escalas en ellas. Los navíos de los neerlandeses atacaron ambas islas en 1598-99 e incluso se apoderaron de Santo Tomé durante siete años desde 1641 hasta 1648.
Tras caer una vez más en manos portuguesas, luego de que la Corona les enviara una expedición, los franceses atacaron las islas en 1711. Santo António en Príncipe, con un puerto superior, se convirtió en la capital en 1753 y reemplazó a Santo Tomé en la isla homónima. Esto era un reflejo del cambio de suerte para las dos islas principales después de que Príncipe existiera siempre en la sombra de la otra. En 1777-78, los portugueses entregaron las pequeñas islas de Anobón (Pagalu) y Bioko (antes conocido como Fernando Poo) para apaciguar a los españoles que deseaban entrometerse en la trata de esclavos. Los portugueses nunca habían intentado colonizar estas islas rocosas y Bioko tenía sus propios habitantes africanos incluso antes de que los portugueses arribaran en 1470.
Desde comienzos del siglo XIX, el cacao y el café se cultivaron con un éxito relativo en las islas y el primero de estos todavía predomina hoy en día. Se continuó importando esclavos desde el continente para que trabajaran en estas plantaciones; un intercambio que no se prohibió hasta 1908. Incluso en el siglo XX, cuando los obreros africanos (en su mayoría de Angola y Mozambique) debían ser repatriados luego de cierta cantidad de años, las condiciones de vida no eran muy distintas de las que sus predecesores esclavos habían tenido que soportar.
Santo Tomé y Príncipe se independizó de Portugal en 1975, pero la mala gestión de las plantaciones del país suscitó la continuidad de una producción baja de la misma forma en que lo había hecho anteriormente durante el largo periodo de negligencia colonial. El catolicismo romano sigue siendo la religión más practicada y el portugués se mantiene como el idioma oficial. El comercio con Portugal y los Países Bajos continúa dominando la economía del país.
