Las leyendas que rodean al rey Arturo y sus caballeros han encantado e intrigado a la gente durante siglos y su popularidad continúa en la actualidad. Sin embargo, tal y como ocurre con cualquier figura famosa, surge la pregunta de si la leyenda está basada o no en hechos reales. A lo largo de los años se han sugerido muchas personas diferentes como el «Arturo histórico», pero la respuesta más razonable es que esté basado en un líder británico de los siglos V o VI d.C.
Las fuentes tempranas nombran a Arturo el héroe de la batalla del monte Badon o describen a un guerrero con atributos similares. El historiador Nennio (siglo IX d.C.) es el primer escritor en presentar a Arturo como un gran líder histórico de los britanos, y los escritores posteriores apoyan esta opinión. En la actualidad, los eruditos de la leyenda de Arturo como John Morris, Norris J. Lacy y Geoffrey Ashe siguen apoyando la afirmación de que Arturo era histórico y citan su nombre como una prueba de ello: Arthur es la versión galesa del nombre romano Artorius; en las regiones de Britania y Gales era común ponerles nombres romanos a los niños durante la ocupación romana y las historias de Arturo son en origen creaciones de los escritores galeses. El nombre se hace más popular a finales del siglo VI d.C., lo que sugiere que había un héroe anterior que inspiró esta práctica.
Otros eruditos afirman que Arturo fue un personaje ficticio desde el principio y citan la ausencia de mención alguna sobre él en las fuentes más tempranas de cualquier región. Este argumento cuestiona por qué, si existió alguna vez un rey tan magnífico como Arturo, no se menciona en ningún registro histórico de su supuesta época. Esta pregunta se planteó ya desde el principio del desarrollo de las leyendas que comienzan con la obra Historia de los reyes de Gran Bretaña de Geoffrey de Monmouth (en torno a 1100 - alrededor de 1155 d.C.) publicada en 1136 d.C. Aunque hay referencias a Arturo anteriores a la obra de Geoffrey, nadie había escrito un relato completo de su reinado ni de sus logros antes de Historia de los reyes de Gran Bretaña, que afirmaba que Arturo era un gran rey que no solo gobernó Gran Bretaña, sino que también conquistó la mayor parte de Europa y derrotó a Roma. El libro de Geoffrey fue un éxito de ventas, pero hubo muchos que dudaron de su valor histórico. El monje inglés Ranulf Higden (en torno a 1280-1364 d.C.) expresa esta opinión en una sección de su Polychronicon (en torno a 1327 d.C.):
Muchos hombres se preguntan sobre este Arturo, a quien solo Geoffrey ensalza tanto, cómo podrían ser ciertas las cosas que se dicen sobre él, porque, tal y como repite Geoffrey, conquistó treinta reinos. Si sometió al rey de Francia y mató a Lucio, el procurador de Roma en Italia, entonces resulta inaudito que las crónicas de Roma, de Francia y de los sajones no mencionasen a un príncipe tan noble en sus historias, cuando sí mencionaban cosas nimias de hombres más bajos. (Brengle, 11)
El argumento de Higden sigue siendo válido hoy en día. En general está aceptado que Geoffrey se inventó la mayor parte de su «historia» y afirmó que era cierta basándose en un libro que le había dado un amigo, algo que también se inventó. Geoffrey afirmó que lo único que hacía era traducir ese libro antiguo al latín cuando, en realidad, lo que estaba haciendo era crear las historias para dotar a Gran Bretaña de un pasado ilustre. No cabe duda de que la leyenda de Arturo comienza con Geoffrey, pero casi con certeza hubo un Arturo real que inspiró la leyenda.
Gran Bretaña después de Roma
El Arturo histórico habría vivido durante el período caótico posterior a la retirada de Roma de Gran Bretaña. Julio César había dirigido tropas por primera vez a Gran Bretaña en 55 y 54 a.C., pero las legiones romanas llegaron en masa en 43 d.C. bajo el reinado de Claudio. Los romanos ocuparían Gran Bretaña hasta el año 410 cuando las últimas tropas se retiraron al continente para defender el debilitado Imperio romano de Occidente, pero en realidad Roma había estado retirando sus guarniciones de Gran Bretaña durante décadas antes de ese momento.
Durante más de 300 años, el pueblo de Gran Bretaña había estado acostumbrado a la protección romana de las incursiones periódicas de pictos y escoceses, y en el siglo IV la confederación sajona se separó en el continente y empezaron a aparecer inmigrantes e incursores sajones en las costas surorientales de Gran Bretaña. El pueblo le pidió ayuda a Roma y los emperadores enviaron las tropas que pudieron hasta el año 410, cuando los godos invadieron Roma y todas las tropas disponibles tuvieron que regresar al continente. A los britanos les dijeron que tendrían que aprender a montar sus propias defensas y dejó de lidiar con ellos.
La primera historia en tocar el tema proviene del monje romano britano Gildas (en torno a 500-570 d.C.). En su obra Sobre la ruina y conquista de Britania intenta explicar por qué está sufriendo el país y atribuye el problema a reyes egoístas que se preocupan más por sí mismos que por sus súbditos. La obra de Gildas es más una lección subjetiva sobre el pecado y el arrepentimiento que un tratado objetivo de la historia, pero, aun así, incluye información importante sobre la Britania romana y la era que siguió a la retirada de Roma.
Las primeras fuentes
Gildas documenta los llamados «gemidos de los británicos», los mensajes que enviaron a Roma para pedir ayuda y la negativa de esta. Presenta a los sajones como perros salvajes que se abalanzaron sobre la tierra y fueron destruyendo todo lo que encontraban a su paso hasta que los britanos los derrotaron en la batalla del monte Badon, que data de alrededor de 460 d.C.
Es el primero que menciona la batalla del monte Badon y la victoria britana sobre los sajones, pero nunca menciona a Arturo. En vez de eso, cita a Ambrosio Aureliano como el líder que reúne a los britanos después de la invasión sajona y los lleva a la victoria en la batalla. A Ambrosio lo describe como el último de los romanos, de noble cuna, cuyos padres parece que han muerto a manos de los sajones.
Su designación como «último de los romanos» o «el único de los romanos» es un término que se ha aplicado a muchos que encarnaban los valores más altos y las mayores virtudes de la antigua civilización romana en diferentes épocas de la historia. Ambrosio Aureliano aparece en la primera parte de la obra de Gildas, que proporciona la historia de Gran Bretaña, como la encarnación de estas virtudes. Gildas elige exaltarlo como un verdadero héroe cristiano para destacar la diferencia entre un buen líder que cuida de su pueblo y los cinco reyes de su tiempo a los que critica y condena en la segunda parte de su obra. Dado que Gildas se ocupa principalmente de la yuxtaposición del pecado y la virtud, algo que explora en la tercera sección de su obra, en la que critica al clero laxo, cabe la posibilidad de que embellezca el carácter de Aureliano para demostrar lo que quiere decir. Hay quienes dicen que esta caracterización daría lugar más tarde a las leyendas que rodean a Arturo.
El monje inglés Beda (672-735 d.C.) sigue el ejemplo de Gildas en su Historia eclesiástica del pueblo inglés, publicada en 731 d.C. Beda nunca menciona a Arturo y, sirviéndose de Gildas como fuente, también afirma que el líder de los britanos era Ambrosio Aureliano. En su obra, Ambrosio se define más claramente como un líder cristiano cuyos padres fueron asesinados por los sajones en su invasión. Gana la batalla del monte Badon con la ayuda de Dios y luego sigue adelante y cosecha más victorias. La caracterización que hace Beda de Ambrosio también se ha contado como una fuente para la figura de Arturo.
El monje galés Nennio (siglo IX d.C.) en su Historia de Gran Bretaña es el primero en mencionar a Arturo por nombre. Los eruditos no están de acuerdo sobre si fue una sola persona la que escribió la obra o varias, y la fecha de composición fijada alrededor de 828 d.C. es discutida, pero se acepta que la obra de Nennio es en gran medida histórica. Según Nennio, después de que los romanos abandonaran Gran Bretaña, los pictos y escoceses comenzaron a invadir a voluntad. Un rey llamado Vortigern, al no recibir ninguna ayuda de Roma, invitó a los sajones para que lo ayudaran. Según el estudioso Ward Rutherford, puede que lo hiciera siguiendo una política tradicional celta de colaboración conocida como celsine (135).
Los celtas practicaban la celsine a menudo y consistía en que una persona o grupo más débil se pusiera bajo la protección de una autoridad más fuerte en tiempos de necesidad. Después, una vez había pasado la crisis, el acuerdo se disolvía. En este caso, como señala Rutherford, puede que Vortigern pensara que podía usar la política de celsine para controlar a los sajones, sin tener en cuenta que un pueblo no celta podía decidir no cumplir el pacto. Y eso es exactamente lo que sucedió, según Nennio. Una vez derrotados los pictos y los escoceses, los sajones se volvieron contra los britanos. En ese momento ya no quedaba nadie en Gran Bretaña a quien pedir ayuda, y los britanos tenían que encargarse del problema ellos mismos. Es ahí donde Arturo entra en la historia.
Nennio describe a Arturo como un dux bellorum (jefe de guerra) quien, si los britanos seguían la misma política que los godos, habría sido un guerrero formidable elegido para dirigir a las diferentes tribus contra un enemigo común. Esta práctica entre los godos impedía que un único jefe de una tribu específica reclamara superioridad sobre los demás, ya que todos los jefes habrían acordado elegir al jefe de guerra.
Por tanto, Arturo no habría sido un rey sino un líder temporal elegido en tiempos de conflicto basándose en sus habilidades particulares. Nennio afirma que Arturo ganó doce batallas contra los sajones y sitúa el del monte Badon como el conflicto final en el que derrotan a los sajones por completo. Su relato del monte Badon coincide con las fuentes anteriores, pero las amplía y, además, tal y como dice en el prefacio, se está basando en varias fuentes diferentes que Beda y Gildas no usaron nunca. La obra de Nennio, según dice él, es una compilación de información de muchas fuentes diferentes que «acumuló juntas» para tratar de relatar una historia completa de Gran Bretaña. Al hacerlo, incluye eventos que se aceptan como históricos, pero también introduce aspectos legendarios de Arturo que obviamente son exageraciones o mitos.
Afirma que Arturo poseía habilidades sobrehumanas y que él solo mató a 960 sajones en la carga del monte Badon y «hubo una gran matanza de ellos por virtud de nuestro señor Jesucristo y por la virtud de santa María la Virgen, su madre» (Brengle, 5). Nennio también relata las cualidades mágicas de un cairn (un túmulo) en la región de Buelt sobre el que descansa una piedra con la huella del perro de Arturo, Cabal; si alguien lleva la piedra lejos, volverá a su lugar original al día siguiente. Este mismo tipo de historia se cuenta en relación con la tumba del hijo de Arthur, Anir: cada vez que alguien la mide, la tumba es de una longitud diferente.
Estos aspectos místicos de la figura de Arturo dejan claro que ya era una figura legendaria en el siglo IX. Los Anales de Gales de alrededor de la misma época también mencionan a Arturo y afirman que llevó la cruz de Cristo en su escudo durante los tres días de la batalla del monte Badon y que salió victorioso gracias a su profunda devoción a Dios. Los Anales de Gales datan la batalla en el año 516 d.C. y también mencionan la batalla de Camlann de 537 d.C. en la que mueren Arturo y Mordred.
Otra obra galesa que cita a Arturo es el poema elegíaco Y Gododdin (pronunciado «A godoin») que conmemora los que murieron en la lucha contra los anglos en la batalla de Catraeth en torno a 600 d.C. Arturo no aparece en el poema, pero se alude a él en comparación con otro guerrero al que se elogia. El poeta escribe sobre el coraje y la valentía de Gwawruddur, pero dice que «no era precisamente Arturo». Si se pudiera datar el poema de manera concluyente poco después de la batalla, entonces sería la primera referencia literaria a la figura de Arturo; por desgracia, el único manuscrito existente data del siglo XIII d.C. y se cree que muchos de los detalles en la obra los añadieron los escribas posteriores.
Malmesbury, Huntingdon y Geoffrey de Monmouth
El historiador William de Malmesbury (en torno a 1095 - alrededor de 1143 d.C.), en su obra Hechos de los reyes británicos (en torno a 1125 d.C.), continúa la tradición de Arturo como una figura histórica al expandir el relato de Nennio. Malmesbury era un historiador de renombre, todavía muy apreciado, que se basó en los relatos de Beda y Nennio (y, por extensión, de Gildas), así como, quizás, en otros registros que ahora se han perdido. Describe a Vortigern como el rey débil y fácil de manipular de los britanos que trajo a los sajones a Gran Bretaña, pero, al mismo tiempo, señala que la muerte de un rey, incluso uno tan débil como Vortigern, hace quebrar la moral de los britanos y los deja indefensos. Su sucesor, Ambrosio «último de los romanos», reúne al pueblo «con el distinguido servicio del guerrero Arturo» y derrota a los sajones. Malmesbury escribe:
Este es el Arturo que siguen alabando las historias de los britanos, ciertamente no alguien a quien ensoñar en mitos falsos, sino alguien a quien proclamar en historias veraces; por cierto, alguien que durante mucho tiempo sostuvo su patria tambaleante y avivó el espíritu quebrado de sus compatriota en la guerra. Al final, en el asedio del monte Badon, confiando en la imagen de la madre de nuestro Señor, que había cosido en su armadura, se levantó solo contra novecientos enemigos y los arrojó al suelo con una increíble matanza. (Brengle, 8)
Otro historiador muy respetado, Enrique de Huntingdon (en torno a 1088-1157 d.C.) desarrolla la historia aún más en su obra Historia de los ingleses (en torno a 1129 d.C.). Huntingdon sigue la narración de Nennio de las doce batallas que culminaron en la gran victoria en el monte Badon, pero afirma que después los sajones se reagruparon y recibieron los refuerzos de reclutas enviados por otras regiones del continente. Huntingdon describe a Arturo como un «guerrero poderoso» que «vence constantemente», pero agrega los elementos de duda y dificultad a su relato de la batalla del monte Badon. Relata que los britanos no presentaron un frente unido, perdieron 440 hombres en un solo día y solo Arturo recibió la ayuda de Dios en el conflicto. Huntingdon presenta una batalla realista en la que los britanos no salen victoriosos en el primer día como por arte de magia y en la que Arturo tiene que luchar para derrotar a su enemigo.
Puede que fuera el pesimismo de Huntingdon, la petición de Malmesbury de proclamar a Arturo en «historias veraces» o simplemente la ambición de escribir un relato definitivo sobre el héroe, pero, fuera cual fuese la motivación, estas fuentes se reunieron para crear la primera obra completa sobre la historia del rey Arturo: Historia de los reyes de Gran Bretaña, de Geoffrey de Monmouth.
Desde su aparición en el año 1136 d.C. hasta nuestros días, la Historia de los reyes de Gran Bretaña le ha dado forma a la leyenda artúrica. De hecho, la literatura artúrica se define por la forma latina del nombre de Geoffrey (Galfridius): cualquier cosa escrita antes de la obra de Geoffrey se conoce como pregalfridiana y todo lo que viene después es galfridiano o posgalfridiano. Considerado el padre de la leyenda artúrica, Geoffrey hizo más que limitarse a compilar historias más antiguas o, como dijo él, traducirlas de un libro antiguo; creó la figura del rey Arturo que desarrollarían otros escritores posteriores para acabar creando el rey legendario.
Geoffrey combina aspectos históricos y míticos en su relato. Afirma que Ambrosio es el tío de Arturo, hermano de Uther Pendragon, y el heredero legítimo al trono a quien Vortigern le ha negado su herencia. Una vez que Vortigern está muerto, Ambrosio se convierte en rey y lucha contra los sajones hasta que muere y Uther toma el trono. Su historia sigue más o menos el mismo curso que la de Ambrosio y después lo sucede su hijo Arturo. Esta parte de la historia de Geoffrey es consistente con las historias anteriores; hubo una invasión sajona que fue detenida por un gran rey británico. Pero luego pasa a documentar el reinado brillante y extenso de Arturo y es ahí donde Arturo se eleva de la historia a la leyenda.
El Arturo histórico
Se han sugerido muchos candidatos a ser el «verdadero» Arturo: El líder militar romano Lucio Artorio Casto (siglo III); el rey britano Riotamo (en torno a 470); el héroe galés Caradoc Vreichvras (en torno a siglo VI); el rey sajón Cerdic (519-534); el hijo de Ambrosio Aureliano o el propio Ambrosio (en torno a siglo V); el príncipe escocés y jefe de guerra Artur mac Aedán de Dal Riata (en torno al siglo VI). A pesar de que puede que todos ellos tengan algunas de las cualidades del Arturo legendario, ninguno las tiene todas y algunos, como Casto, no tienen casi ninguna.
Resulta difícil justificar que Casto fuera el verdadero Arturo porque vivió mucho antes de la época del rey, en una región diferente y compartía su nombre, pero ninguna de sus cualidades. Tampoco se puede decir que Cerdic, rey de los sajones, fuera Arturo cuando se los presenta como dos personas diferentes, enemigas incluso. Ambrosio Aureliano se cita como rey de Arturo, no el propio Arturo, aunque cabe la posibilidad de que Arturo fuera su hijo. Caradoc Vreichvras se menciona como un caballero noble y rey galés que sirvió a las órdenes de Uther Pendragon y de Arturo; no tiene ninguna de las cualidades de Arturo. Riotamo, que probablemente es el mejor candidato, luchó contra un enemigo completamente diferente, los godos, en una región completamente diferente, la Galia. En el caso de Artur mac Aedán, el príncipe escocés nunca se convirtió en rey y no tiene asociación alguna con la región donde discurren los cuentos artúricos.
Teniendo en cuenta las fuentes tempranas de la leyenda y su desarrollo posterior, es totalmente posible que el Arturo de la historia no fuera ninguna de las personas mencionadas, ni ninguna otra que se haya podido sugerir; lo más probable es que el rey Arturo se basara en un jefe de guerra llamado Arturo de los siglos V o VI d.C. que se convirtió en un campeón del pueblo en un momento difícil. A la hora de buscar al Arturo histórico, no tiene sentido alejarse demasiado de las fuentes originales que lo mencionan por primera vez. No tiene por qué haber ningún gran misterio en torno a la identidad «real» del rey: lo más probable es que el verdadero rey Arturo fuera un rey británico llamado Arturo.
