Sapor I (que reinó en 240-270 d.C.) está considerado uno de los reyes más importantes del Imperio sasánida por haber ampliado su reino, por su política de tolerancia religiosa, por sus proyectos de construcción y por haber recopilado las escrituras zoroástricas (el Avesta). Era hijo de Ardacher I (que reinó de 224 - en torno a 240), fundador del imperio.
Su padre lo nombró su corregente y lo llevó a las campañas militares para que aprendiera el arte de la guerra. Ardacher fue un hábil líder militar; no solo derrotó al rey parto Artabano IV (que reinó de 213-224) en numerosas batallas, sino que al final lo mató y derrocó al Imperio parto, tras lo cual lo sustituyó por el suyo propio. Sapor I aprendió bien las lecciones que le enseñó su padre y las utilizó eficazmente contra sus propios enemigos, sobre todo contra Roma.
En el transcurso de sus guerras con Roma, Sapor I demostró ser un adversario astuto e impredecible. Se distinguió por ser el primer gobernante extranjero en capturar a un emperador romano en combate (el emperador Valeriano, que reinó en 253-260) y le iba bien en su guerra de conquista contra Roma hasta que se enemistó con el gobernador romano de Siria, Odaenato (fallecido hacia el 267), quien lo derrotó en batalla y lo expulsó del territorio romano. Tras Odaenato, Sapor I no volvió a emprender ninguna acción contra Roma, ni tampoco lo hizo su hijo y sucesor, Ormuz I (que reinó de 270 - en torno a 273 d.C.), quien mantuvo una tregua inestable con Roma a lo largo de su reinado.
Aunque Sapor I deseaba que lo recordaran como un gran rey guerrero, poseía otros talentos igualmente impresionantes. Era un administrador brillante, instauró políticas de tolerancia religiosa y fomentó las artes y la cultura. El motivo arquitectónico del minarete abovedado se desarrolló durante su reinado y llegaría a definir sus proyectos arquitectónicos y los de la región y la cultura hasta nuestros días.
A menudo se le atribuye también el impresionante arco conocido como Taq Kasra en la capital, Ctesifonte, aunque también se ha atribuido al monarca posterior, Cosroes I, que reinó de 531-579 d.C. Sapor I fue un monarca popular al que honrarían mediante inscripciones y, en especial, la estatua colosal de Sapor I, situada en la cueva de Sapor, en el actual Irán.
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Sapor I tenía al menos dos hermanos, pero parece que ya desde pequeño era el favorito de su padre. Ardacher I era vasallo del rey parto Artabano IV (a veces citado erróneamente como Artabano V), quien consideraba que él y su familia eran unos alborotadores. El padre de Ardacher, Papak, había tomado el control del distrito de Istakhr, donde se encontraban las ruinas de la gran ciudad persa de Persépolis. Como antigua capital del Imperio persa, Persépolis tenía una gran importancia para el Imperio parto, que reivindicaba la legitimidad de su reinado a través de su asociación con la antigua gloria de los persas. Tras la muerte de Papak, Ardacher mantuvo el control de Istakhr, desafiando la autoridad de Artabano IV como rey y sus peticiones de que cediera la región.
Cuando Ardacher murió hacia el año 241 d.C., Sapor I asumió el título tradicional persa de la monarquía, Rey de Reyes.
Cuando Artabano IV se cansó de tolerar esta situación, envió al rey vasallo de Juzestán contra Ardacher, pero no logró nada. Después, Artabano IV se enfrentó personalmente a Ardacher en batalla y este lo derrotó en ambas ocasiones; de hecho, la segunda vez murió. Después, Ardacher fundó la dinastía sasánida (llamada así por su antepasado Sasan) sobre las ruinas del Imperio parto. Sapor I acompañó a su padre en todas estas campañas.
Mientras Ardacher consolidaba su poder, el rey parto de Armenia, Cosroes I, reunió un ejército para oponerse a él y formó alianzas con varias potencias, entre ellas el reino de Kushan y Roma. Ardacher no esperó a que Cosroes I lanzara un ataque, sino que movilizó sus fuerzas y atacó primero. El rey de Kushan se rindió y Cosroes I fue derrotado. Ardacher envió entonces a Sapor I contra Roma en Mesopotamia hacia el año 230 d.C.
Aunque los escritores romanos afirman que Sapor I fue derrotado en batalla por el emperador Alejandro Severo, lo único que lograron los romanos fue detener el avance de Sapor I. No hay ninguna prueba de que los romanos se hicieran con ningún territorio sasánida ni de ninguna victoria romana decisiva digna de mención. Ardacher y Sapor I siguieron adelante y, en los años siguientes, tomaron varias ciudades y pueblos romanos importantes. Ardacher se estaba cansando del gobierno y la guerra, por lo que nombró a Sapor I su corregente en esa época, hacia el año 240 d.C.; cuando murió más tarde ese mismo año o a principios de 241 d.C., Sapor I asumió el título tradicional persa de la monarquía, el Rey de Reyes.
Administración y tolerancia religiosa
Sapor I y su padre fueron grandes constructores cuyos palacios y templos mostraban una serie de innovaciones, como entradas abovedadas y minaretes, que se convirtieron en un elemento básico de la arquitectura iraní posterior. Junto con su esposa principal, Azadokht Shahbanu (Shahbanu es un título que significa «Dama del Rey»), Sapor I fundó el centro de aprendizaje y primer hospital universitario, GundeSapor, que se convertiría en el mayor centro intelectual de su época y en el modelo para los posteriores hospitales y universidades. Gundeshapur fue el primer hospital universitario en el que los jóvenes aspirantes a médicos aprendían de médicos mayores y con más experiencia. Ardacher I y Sapor I también comprendieron la importancia de la fe religiosa para unificar un imperio o una nación, por lo que convirtieron su propia religión, el zoroastrismo, en la religión oficial del Estado.
Aun así, Sapor I también reconoció que la diversidad fomentaba la vitalidad y, por ello, desde el inicio de su reinado, se adhirió a una política de tolerancia religios que les permitía a cristianos, judíos y otras confesiones practicar su religión libremente. Este ambiente de tolerancia permitió el desarrollo de una de las religiones más influyentes del mundo antiguo, el maniqueísmo, cuyo fundador, Mani (216-274 d.C.), era parte de la corte de Sapor I. Los cristianos tenían permiso para construir iglesias y los judíos sinagogas, a pesar de que sus enseñanzas estaban en desacuerdo con la religión estatal y, en ocasiones, eran antagónicas a ella.
El zoroastrismo, con su visión del universo en constante lucha entre las fuerzas del bien y del mal, la luz contra la oscuridad, encajaba perfectamente en un Estado cuyo enfoque era principalmente la guerra. Sapor I se veía a sí mismo como líder de las fuerzas de la luz y se comportaba en consecuencia, fomentando la práctica pacífica de todas las religiones en su reino y dedicando a sus escribas a la traducción y revisión de obras religiosas y filosóficas. Al mismo tiempo, además de encargar la construcción de grandes proyectos arquitectónicos, dirigió a sus ejércitos contra aquellos a quienes consideraba las fuerzas de la oscuridad.
Guerra con Roma
Aunque Sapor I fue un administrador y gobernante capaz cuyo reinado está descrito con elogiosas palabras por todos excepto por los escritores romanos, se consideraba ante todo un rey guerrero e intentó ejemplificar este ideal. Conquistó fortalezas y ciudades romanas en Mesopotamia e impulsó a su Ejército a conquistar más territorio, ampliando considerablemente el reino que había heredado de su padre.
Sapor I aprovechó al máximo la confusión en Roma para ampliar aún más su reino.
Era tan hábil en la batalla como en la administración burocrática y obtuvo varias victorias contra Roma después de que Alejandro Severo fuera asesinado por sus propias tropas durante una campaña en Germania en el año 235 d.C. El asesinato de Severo sumió a Roma en el caótico período conocido como la crisis del siglo III (235-284 d.C.), durante el cual más de 20 emperadores subirían y caerían en casi 50 años. Sapor I aprovechó al máximo la confusión en Roma para ampliar aún más su reino.
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Al regresar para hacer campaña contra los romanos en Mesopotamia, el emperador Gordiano III (que reinó de 238-244 d.C.), que entonces solo tenía 17 años, lo detuvo. Gordiano III era un soldado y estadista sin experiencia que dependía en gran medida de los consejos y estrategias de su suegro y prefecto pretoriano, Cayo Timesiteo, un líder experto y un comandante capaz. En un principio, las fuerzas de Gordiano III derrotaron a las de Sapor I, perocuando Timesiteo se murió a causa de la peste, la situación se invirtió; Gordiano III carecía de talento natural para la guerra y de capacidad para contrarrestar las estrategias de Sapor I. Tras una serie de reveses para las fuerzas romanas, Gordiano III fue asesinado por sus propias tropas, que luego lo sustituyeron como emperador por un comandante popular, Filipo el Árabe (que reinó de 244-249 d.C.).
Filipo comprendió que necesitaba liberarse de la guerra con Sapor I para hacer frente a los muchos otros retos que asediaban a Roma. Firmó la paz con Sapor I y le pagó 500.000 denarios como parte del tratado. Según las inscripciones de Sapor I, Filipo también aceptó que Roma se convirtiera en tributaria, pero esta afirmación se ha cuestionado. Filipo le cedió a Sapor I el territorio disputado de Armenia, pero no tardó en incumplir el tratado y reclamar la región, algo que, obviamente, acabó con la paz y volvió a reavivar las hostilidades.
Sapor I volvió a atacar a los romanos en Mesopotamia y conquistó la provincia romana de Siria, tomando la ciudad de Antioquía. Antioquía era uno de los centros urbanos más importantes de la antigua Roma, y su conquista no podía quedar sin respuesta. El emperador Valeriano marchó contra Sapor I y lo expulsó de la ciudad, pero entonces la peste azotó al ejército romano y se vio obligado a replegarse tras las murallas de Antioquía.
Sapor I sitió la ciudad, y Valeriano tuvo que rendirse. Acompañado por su alto mando, salió al encuentro de Sapor I, esperando que los tratara según las reglas de combate a las que estaban acostumbrados, pero, en vez de eso, los hicieron prisioneros. Sapor I no consideraba que las «fuerzas de la oscuridad» fueran dignas de negociación. El ejército sasánida intensificó entonces el asedio de la ciudad, bajo la dirección de Ormuz I, hijo de Sapor I, y Antioquía cayó. Según la leyenda, Sapor I utilizaría a Valeriano como escabel cada vez que quería montar a caballo, y cuando el emperador finalmente murió, mandó rellenar su cuerpo con paja y lo expuso en el palacio para que lo vieran los dignatarios visitantes.
Sapor I y Odaenato
Roma se encontraba en un estado de caos casi constante en aquella época, ya que nombraban a un emperador tras otro que resultaba decepcionante para las tropas, el Senado, el pueblo o los tres a la vez, y lo acababan ejecutando en favor de otro comandante militar. Durante la crisis del siglo III, elevar a un hombre a la posición suprema de emperador de Roma era casi una sentencia de muerte, pero esto no impidió que un hombre ambicioso tras otro compitiera continuamente por el trono.
En la frontera oriental del Imperio pomano, la ciudad de Palmira, en Siria, estaba gobernada por un hombre llamado Odaenato, que parece que consideraba que Sapor I sería una apuesta más segura que cualquiera de los emperadores de Roma para mejorar su suerte. Le envió a Sapor I una oferta de alianza, pero este la rechazó; le respondió que Odaenato no era su igual y que, lejos de pensar que pudieran ser aliados, el gobernador romano debía aspirar a convertirse en vasallo de Sapor I.
Odaenato se sintió insultado y, alegando que estaba movilizando sus fuerzas para liberar a Valeriano de los sasánidas, marchó contra Sapor I. Tenía a su mando una tropa de soldados beduinos, que conocían el terreno tan bien como el ejército sasánida, y sus propias tropas sirias estaban totalmente aclimatadas al clima de la región, a diferencia de las de Gordiano III o Valeriano, que habían sido desplegadas desde Roma. Odaenato derrotó a Sapor I y lo expulsó a él y a su ejército de los territorios romanos.
La victoria de Sapor I sobre Valeriano fue una de sus últimas. En cuanto a las campañas de Odaenato, el estudioso Philip Matyszak señala cómo Sapor I «descubrió que un ejército romano bien dirigido seguía siendo la mejor fuerza de combate del mundo» (239). Sapor I perdió rápidamente todos los avances que había logrado y se retiró a sus propias fronteras. Odaenato fue recompensado por sus servicios a Roma con el ascenso al rango de gobernador de toda la provincia de Siria. Cuando fue asesinado durante una partida de caza hacia el año 267 d.C., el gobierno pasaría a manos de su joven hijo, pero el poder lo ejercería su esposa Zenobia (que reinó de 267-272 d.C.), quien fundaría el Imperio de Palmira.
Conclusión
Tras su derrota a manos de Odaenato, Sapor I se centró en los asuntos internos y en la guerra con las naciones situadas en sus otras fronteras. Mantuvo una paz precaria con Roma, pero nunca volvió a actuar contra ella. Continuó fomentando un alto nivel de alfabetización y cultura en su corte, que debía servir de modelo para el resto de los ciudadanos. Matyszak señala que «los nobles persas de la época de Sapor eran personas cultas de las que se esperaba que tuvieran conocimientos de literatura y artes. Muchos jugaban al ajedrez, al polo o a una forma primitiva de tenis» (242). Sapor I mantuvo un imperio estable y próspero hasta su muerte, cuando le sucedió Ormuz I, quien continuaría sus políticas, pero nunca fue un monarca tan eficaz como lo había sido su padre.
La mayoría de los escritores de la Antigüedad elogian regularmente el reinado de Sapor I como un ejemplo de rey noble y guerrero formidable. Está considerado uno de los mayores monarcas sasánidas junto con Sapor II (que reinó de 309-379 d.C.), Kavad I (que reinó de 488-496 y de 498-531 d.C.) y Cosroes I. Entre las obras de arte más destacadas del periodo sasánida se encuentra la estatua colosal de Sapor I, que mide 6,7 metros (21 pies) de altura y está tallada a partir de una única estalagmita en una cueva (conocida como la Cueva de Sapor) en el actual Irán. La leyenda afirma que la cueva también alberga la tumba de Sapor I, pero esto nunca se ha demostrado.
La estatua es una pieza tallada con gran detalle, que en la Antigüedad estaba decorada con joyas y fue creada con tal esmero que, incluso en su actual estado ruinoso, la imagen del gran rey sigue siendo impresionante y da una idea de la grandeza de su reinado. Aunque fue derrotado por las fuerzas romanas al mando de Odaenato, conservó su reino y continuó con sus políticas de justicia, tolerancia religiosa, grandes proyectos arquitectónicos y difusión cultural, un legado que transmitió a su hijo, que lo mantendría. A excepción de los escribas romanos, todos los demás escritores de la Antigüedad elogian constantemente su reinado por todos estos logros, y en la actualidad se sigue considerando un Rey de Reyes, con el mismo nivel de respeto del que gozó en vida.
Traductora de inglés y francés a español. Muy interesada en la historia, especialmente en la antigua Grecia y Egipto. Actualmente trabaja escribiendo subtítulos para clases en línea y traduciendo textos de historia y filosofía, entre otras cosas.
Joshua J. Mark no solo es cofundador de World History Encyclopedia, sino también es el director de Contenidos. Anteriormente fue profesor en el Colegio Marista de Nueva York, donde enseñó historia, filosofía, literatura y escritura. Ha viajado extensamente y vivió en Grecia y en Alemania.
Escrito por Joshua J. Mark, publicado el 16 noviembre 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.