Cayo Mario (en torno a 157-86 a.C.) fue un destacado militar y político a quien se le atribuye haber rescatado a Roma de la ruina. Aun así, su prestigio se vio seriamente comprometido tras su caída definitiva. Si dejamos de lado sus malas artes, este personaje debería ser recordado por sus grandes hazañas políticas y militares, y el imborrable legado que dejó en Roma.
Primeros años de vida
Cayo Mario nació alrededor del año 157 a.C., en el seno de una familia plebeya en una aldea italiana llamada Cereatae, muy cerca de Arpino. Ningún miembro de su linaje ocupó un cargo político. Incluso, él mismo reconoció haber crecido en un hogar de bajos recursos, por lo que resultaba poco probable que llegara a ser una persona importante.
Cayo Mario formó parte de una legión de Roma y sirvió con integridad durante su juventud. Luego, se valió de sus vínculos sociales con romanos de gran poder e influencia y destacó por su brillante servicio militar. Gracias a estas relaciones, entró al mundo de la política y avanzó por cada una de las etapas de la carrera política, el cursushonorum. Primero, fue elegido como tribuno militar, después como tribuno de la plebe en 119 a.C., pretor en 115 a.C., y posteriormente fue asignado como gobernador de una provincia en Hispania Ulterior. Durante los primeros años de su carrera política, demostró ser un político muy hábil y dedicado. De hecho, Cayo Mario «ocupó diferentes puestos administrativos, se desempeñó de manera eficiente y demostró las capacidades necesarias para ocupar cargos de mayor jerarquía» (Salustio, La guerra de Jugurta, 63.5).
La guerra de Jugurta
Tras concluir su gestión pública, la carrera política de Cayo Mario se paralizó. En ese periodo, se casó con una mujer de noble estirpe o patricia llamada Julia, quien años más tarde tendría un sobrino famoso, Julio César. Sin embargo, el retiro de Mario de la vida pública duraría muy poco. En el año 109 a.C., se le ordenó al cónsul Quinto Cecilio Metelo poner fin al vergonzoso conflicto con el astuto rey Jugurta de Numidia. Por su parte, Metelo eligió a Cayo Mario como su lugarteniente, lo que resultó ser una gran oportunidad para él. Ambos viajaron a África para preparar a las legiones e intentaron enfrentarse a Jugurta, pero Cayo Mario muy pronto concluyó que Metelo carecía de liderazgo y que su estrategia era demasiado conservadora.
CAYO MARIO LE ARREBATÓ INFAMEMENTE EL MANDO A METELO DE LA CAMPAÑA EN NUMIDIA Y LUEGO SE HIZO CON ÉL.
Entonces, Cayo Mario viajó a Roma donde introdujo una estrategia de campaña en la que beneficiaba a los estratos más bajos de la sociedad y demonizaba a la aristocracia. De momento su estrategia funcionó y fue elegido por amplia mayoría para ocupar el puesto de cónsul en el año 107 a.C. Posteriormente, movido por un cálculo político, le arrebató el mando infamemente a Metelo de la campaña en Numidia y luego se hizo con él.
Cayo Mario muy pronto reclutó un ejército más grande en el que se incluía a voluntarios de los estratos más pobres, lo que contravenía las políticas romanas y llevó a cambiar la estrategia prevista para Numidia. Luego, se propuso enfrentar a Jugurta. Cayo Mario infligió durísimas derrotas a la coalición de Jugurta, lo que provocó la muerte de decenas de miles de enemigos de Roma y ejerció una fuerte presión a los aliados númidas. Hacia el año 105 a.C., un supuesto amigo de Jugurta acordó en capturar y entregar al astuto rey a los romanos.Sila, uno de los hábiles oficiales de Cayo Mario, fue testigo de la caída definitiva de Jugurta. La captura de Jugurta marcó el final del conflicto, todo gracias a la intervención militar de Cayo Mario y al refuerzo de las tropas.
The Romans: Antiquity's Ultimate Transformative Culture
by Mark Cartwright
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No habría mucho tiempo para celebrar, ya que la poderosa tribu bárbara de los cimbrios tomaron y pusieron en peligro a la República Romana. Los cimbrios establecieron una temible alianza con los teutones, los ambrones y otras tribus para poner en aprietos a Roma. Como respuesta, en el año 105 a.C., Cayo Mario fue elegido inconstitucionalmente in absentia para su segundo consulado y se le encomendó la tarea de defender a la República de la coalición bárbara. Tras su victoria sobre las tribus bárbaras, Cayo Mario viajó hacia el norte con su ejército, los entrenó y los preparó para una campaña que podría determinar el destino de Roma. Sin embargo, las tribus bárbaras resultaron ser un hueso duro de roer. Le tomó dos años a Cayo Mario para reorganizarse y, cada año, el pueblo de Roma lo reelegía inconstitucionalmente como cónsul.
Finalmente, en el año 102 a.C., los soldados de Cayo Mario dieron aviso del avance de los bárbaros quienes estaban formados en dos columnas, o posiblemente tres. En seguida, Cayo Mario fue al encuentro de estas tribus, pero prefirió enfrentarse a ellas una por una, no sin antes que estas cometiesen un error táctico. Primero, venció y masacró de manera metódica a los ambrones y luego hizo lo mismo con los teutones en las proximidades de Aquae Sextiae. En segundo lugar, luego de haber sido reelegido cónsul en el año 101 a.C. Cayo Mario tuvo un encuentro con los cimbrios y los derrotó contundentemente, lo que puso punto final a la antigua disputa. Durante esta guerra, los romanos habían exterminado aproximadamente a 360.000 bárbaros y habían capturado a otros 150.000, que fueron vendidos como esclavos.
Durante la larga trayectoria de Cayo Mario como comandante militar, demostró ser un líder vanguardista que implementó muchas reformas que se mantuvieron en las legiones durante muchos años. Mientras se preparaban para luchar contra Jugurta en África, Cayo Mario reclutó a romanos de todas las clases sociales para su ejército, incluidos los pobres. Esta decisión contravenía las políticas romanas de la época. Sin embargo, contribuyó a aumentar el reclutamiento de soldados y se impuso como el procedimiento estándar en la antigua Roma.
Durante la guerra cimbria, Cayo Mario hizo todo lo posible para deshacerse de los animales de carga que ralentizaban la marcha, con el fin de que sus tropas fueran más rápidas y ágiles. Por tanto, se requería que los legionarios cargaran con la mayor parte de sus propios suministros. Aunque muchos soldados se quejaron de esta carga adicional, la verdad es que la reforma resultó lógica y efectiva, por lo que se mantuvo durante mucho tiempo. En una decisión que carecía de sentido táctico, a Cayo Mario también se le atribuye haber comenzado la costumbre de coronar los estandartes de los legionarios romanos con un águila de plata. En un principio, se decoraban los estandartes con la imagen de un animal, pero el águila se convirtió en un símbolo perdurable para las legiones gracias a Cayo Mario.
El sexto consulado de Cayo Mario
Después de la guerra cimbria, Cayo Mario regresó a Roma, un pueblo agradecido que lo consideraba uno de los fundadores de Roma y le otorgó su segundo gran triunfo e incluso se ofrecieron libaciones en su honor. A ese punto, él se presentó para el puesto de cónsul una vez más, con la firme decisión de sobornar a los votantes para asegurarse una victoria. Una vez en el cargo en el año 100 a.C., se alió con algunos políticos inescrupulosos como Saturnino, quien orquestó una revuelta en contra del Estado. Cayo Mario reaccionó de inmediato y logró neutralizar exitosamente a Saturnino. A pesar de ello, un número significativo de romanos le dieron la espalda a Cayo Mario, porque sabían que él, desde un principio, se asoció con un forajido asesino y sedicioso. Así pues, su influencia, que un día fue enorme, se vio afectada en cierta medida.
Durante los años siguientes, Cayo Mario mantuvo un perfil discreto como miembro veterano del Senado romano, pero para el año 91 a.C., se había desatado una revuelta cerca de Roma provocada por los aliados italianos de la República. Este evento desató la desastrosa guerra Social o de los Aliados. La élite romana gobernante le ordenó a Mario y a otros militares destacados a liderar las tropas romanas contra los italianos. Cayo Mario cumplió la orden y dirigió competentemente a las legiones durante el año 90 a.C. Sin embargo, después de la primera temporada de campaña, se retiró por cuestiones de salud, según él mismo refiere. Aunque se presume que se vio forzado a abandonar su puesto por la presión de sus opositores en el Senado.
Dificultades para ocupar el mando mitridático
Cuando la guerra Social parecía llegar a su fin, el rey Mitrídates de Ponto resurgía como el enemigo número uno de Roma. Entonces, Cayo Mario deseaba comandar las legiones contra el belicoso rey, pero fue Sila quien recibió el mando mitridático. Luego de su partida para preparar a las tropas para su próxima misión, Cayo Mario instó al inescrupuloso tribuno Sulpicio a impulsar una medida para que el pueblo romano le concediese el mando de la guerra contra Mitrídates. Lo logró, pero en vez de respetar la voz del pueblo, Sila, a traición, hizo que sus tropas se volvieran contra Roma en el año 88 a.C. Tras intentar repeler el feroz ataque de los legionarios de Sila con una chusma reclutada a último momento, Cayo Mario se vio forzado a abandonar la Ciudad Eterna. Entonces, Sila pudo recuperar el control que había perdido.
Antes de partir por segunda vez para derrotar a Mitrídates, Sila declaró a Cayo Mario como enemigo del Estado, se ofreció una recompensa por su cabeza y lo sentenció a muerte. Finalmente, Cayo Mario vivió como un fugitivo atormentado, tuvo que soportar muchas humillaciones y escapó de la muerte en más de una ocasión. Como último recurso, huyó a África, donde se libró de sus enemigos y, de a pocos, logró formar un pequeño contingente militar para su posterior regreso a Roma. Hacia el año 87 a.C., los dos cónsules de la República, Cinna y Octavio, se encontraban en medio de acaloradas discusiones, lo que le dio a Cayo Mario la oportunidad de regresar. Fue entonces que navegó rumbo a Italia junto con su pequeña tropa y se ofreció a servir diligentemente al cónsul Cinna.
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Regreso a Roma
En efecto, Cayo Mario le brindó su apoyo a Cinna y, al poco tiempo, el cónsul agregado de Cinna quedó en evidencia y lo obligaron a rendirse, lo que les permitió a Cinna y Cayo Mario regresar a Roma. Sin embargo, no fueron recibidos como grandes triunfadores. Alguna vez, Cayo Mario salvaguardó Roma con hidalguía, pero esta vez, él y su socio, Cinna, se concentraron en resolver sus deseos de venganza personal. Luego, se encargaron de masacrar a sus enemigos sin someterlos a un juicio previo. Algunos historiadores del pasado, quienes sentían aversión hacia Cayo Mario, señalan que se trataba de una purga generalizada. «Los investigadores más tenaces pueden atribuirle la responsabilidad solo de siete de las 14 víctimas que se le conocen a Cayo Mario» (Carney, 67). Seguramente, el número de víctimas pudo haber sido mucho mayor en aquel pogromo deshumano. Sin embargo, no se compara con el derramamiento de sangre que causó Sila, que supuestamente acabó con la vida de miles de personas. Aun así, la desenfrenada sed de venganza de Cayo Mario arruinó la reputación que tanto le costó construir.
A pesar del escenario de violencia y muerte que causaron, Cayo Mario y Cinna volvieron a presentar sus candidaturas para el consulado del siguiente año. Ambos fueron reelegidos como era de esperarse. Es así, como Cayo Mario alcanzó su séptimo consulado, convirtiéndose en el romano que ocupó este cargo más veces hasta ese entonces; sin embargo, no logró completar su mandato. A pocos días de haber iniciado, su cuerpo y mente empezaron a debilitarse y hacia mediados de enero del año 86 a.C., murió de pleuresía a la edad de 70 años aproximadamente. Es probable que despidieran a Cayo Mario con honores, pero no fue la última vez que los romanos supieron de él. Años después, cuando Sila regresó a Roma tras vencer a Mitrídates, cobró represalias en contra de sus enemigos. Les ordenó a sus subordinados exhumar los restos de Cayo Mario y, en un acto de extremo desprecio, se deshicieron de él como si fueran basura. Este «fue un ignominioso final y la máxima deshonra para quien alguna vez fue héroe y terminó convirtiéndose en un paria de Roma» (Hyden, 253).
Brenda es originaria de la magnífica ciudad de Lima, Perú. Es una estudiante del último año de traducción e interpretación profesional en UPC. Se ha especializado en revisión, control de calidad lingüístico y perfeccionamiento de traducciones.
Marc Hyden es un experto en historia romana, director de Asuntos Gubernamentales Estatales en un centro de estudios en Washington D.C. y columnista de un periódico de distribución sindicada.
Escrito por Marc Hyden, publicado el 09 octubre 2017. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.