Isócrates (436-338 a.C.) fue un antiguo retórico ateniense, caracterizado como uno de los oradores más prominentes de su época, incluso cuando parece que se restringió a los discursos escritos y no a la oratoria por sí misma. Sus trabajos más notables como Contra los Sofistas, Antidosis, Panegírico, A Filipo, y Panatenaico le han valido el reconocimiento tanto en audiencias antiguas como contemporáneas.
Vida temprana e influencias
Isócrates nació en Atenas cinco años antes del inicio de la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Sus primeros años ciertamente estuvieron marcados por el conflicto armado, si bien la riqueza de su familia pudo haberle proporcionado un alivio para hacer frente a los infortunios que debía enfrentar un ciudadano ateniense. De hecho, si se cree a la tradición, su padre, Teodoro, fue un diseñador de flautas o aulós y era el orgulloso propietario de un taller aparentemente exitoso.
El primer trabajo de Isócrates con la retórica tuvo que haber surgido de sus interacciones con un puñado de reconocidos maestros, como lo fue Tisias (en torno al siglo V a.C.), quien era considerado uno de los fundadores del arte vocal de la retórica. Además, su probable asociación con sofistas como Pródico de Ceos (en torno a 465-395 a.C.) y Gorgias (483-375 a.C.), así como con el oligarca Terámenes (muerto en torno a 404 a.C.) debió de influir en sus futuras creencias cívicas. Más adelante Isócrates se casó con Platana, hija de otro sofista, Hipias (finales del siglo V a.C.). Finalmente, como revelan los testimonios antiguos, el legado de su familia continuó con la adopción de Afareo (siglo IV a.C.), el hijo de su esposa de un matrimonio anterior.
Oficio
en la atenas clásica era costumbre que los discursos en los juzgados los escribiera un especialita conocido como logógrafo.
La guerra del Peloponeso le proporcionó a Isócrates una línea de trabajo temporal en la escritura de discursos, como logógrafo. Proveía de discursos a otros ciudadanos, como era costumbre en la Atenas clásica, en la que los especialistas escribían los discursos de la corte legal (dikasteria).Trapecítico, Súplica especial contra Calímaco, y Eginética, entre otros, se consideraban ejemplos de discurso prestigiosos pero sin duda manipuladores. Esta práctica reveló también los privilegios que tenía un ciudadano adinerado a expensas de los atenienses pobres. Sin duda, contratar al mejor logógrafo, y con toda seguridad al más caro, aseguraba argumentos más irresistibles en la corte.
Sin embargo, la fama de Isócrates no emergió de este tipo de trabajo; prefería ofrecer sus logoi (discursos) como profesor de retórica, aún cuando se refiriera a ella como filosofía. Por este motivo, en 390 a.C., abrió una escuela en la que sus creencias políticas aristocráticas indujeron una lucha de intereses con otro demagogo, el famoso antimacedonio Demóstenes (en torno a 384-322 a.C.). Más aún, las creencias de Isócrates impartidas en su escuela generaron polémicas con otras figuras prominentes de la filosofía griega como Platón (428/427-348/347 a.C.) y luego con Aristóteles (384-322 a.C.).
Isócrates justificaba su cambio de profesión hacia la educación como medio para compensar sus pérdidas financieras luego de la guerra. Parece que indagaba profundamente en materias cívicas atenienses, ya que logró recolectar una sustancial fortuna que lo colocó entre los 1.200 atenienses más ricos. Con la riqueza acumulada, invirtió en la armada, ganándose el título de trierarca. Además de presentarse como benefactor de Atenas, Isócrates aspiraba a ser un educador moral y distinto de los que aprovechaban los discursos públicos para enriquecerse a sí mismos. Por lo visto, para él era más noble amasar una fortuna a través de la educación. Más aún, recibió fuertes críticas cuando describió «la común percepción del discurso como predominantemente oral», renunciando a «la palabra hablada como medio político» (Mihardy y Too, 6). Isócrates justificó esta noción admitiendo que su ausencia de valor era responsable de su incapacidad para hablar públicamente. Sin embargo, el fomento de su propio interés quizás puede excusarse por su exceso de honestidad.
De acuerdo con los relatos tradicionales, fue el mentor de muchas figuras históricas respetadas como Nicocles, rey de Salamina (374/3-361 a.C.); hizo amistad con el padre de este último, Evágoras (411-374 a.C.), el antiguo rey de la ciudad chipriota. El general ateniense Timoteo (fallecido en 354 a.C.) y los oradores Hipérides (en torno a 390-322 a.C.), Andorción (nacido entre 415 y 405, muerto después de 346 a.C.), e Iseo (siglo IV a.C.) se contaban también entre sus estudiantes. Además, inspiró y enseñó a historiadores prominentes como Teopompo (en tonro a 380-315 a.C.) y Éforo de Cime (en torno a 400-330 a.C.). El declive del prestigio político de Timoteo en la década de 350 a.C. coincidió con el retiro de Isócrates de la pedagogía en el año 85. Según antiguos relatos, cuando se enteró de la victoria de Filipo II de Macedonia en la batalla de Queronea en 338, el rétor ateniense se dejó morir de hambre. Sin embargo, este testimonio se contradice en su última carta A Filipo, en la que pidió al rey macedonio dirigir las fuerzas griegas contra el poderoso Imperio persa.
Isócrates interactuó con la gran comunidad helénica en general por vía escrita. Al mantener la distancia respecto de la oratoria de la época, pudo examinar cuestiones políticas más significativas; particularmente las relacionadas con el dominio de Atenas sobre las ciudades-Estado griegas. Además, sus obras reflejaban su esperanza por la unidad de las ciudades-Estado ante la inminente amenaza que planteaba por el Imperio aqueménida, así como la urgencia de un liderazgo fuerte y capaz.
Aunque Isócrates ha recibido poca atención en el estudio moderno de la filosofía, algunos académicos contemporáneos afirman que el intelectual ateniense influenció a Cicerón (106-43 a.C.), cuyos escritos sobre retórica han sido el tema de mayor atención e investigación hasta el presente. Quizás por esta razón, fue bien conocido como escritor político en la Antigüedad y el Renacimiento y, según Cicerón, fue el más grande preceptor de retórica en su día.
En total, se han relacionado 60 obras con Isócrates, pero hoy en día solamente se le atribuyen 30. Todas las fechas de sus obras son aproximadas.
A Demónico (374-370 a.C.)
A Nicocles (374 a..C)
Nicocles (372-365 a.C.)
Panegírico (380 a.C.)
A Filipo (346 a.C.)
Arquídamos (366 a.C.)
Areopagítico (357 a.C.)
De la Paz (355 a.C.)
Evágoras (370-365 a.C.)
Encomio de Helena (370 a.C.)
Busiris (391-385 a.C.)
Panatenaico (342-339 a.C.)
Contra los Sofistas (390 a.C.)
Plataico (373-371 a.C.)
Antidosis (354-353 a.C.)
Del equipo de caballos (397-396 a.C.)
Trapecítico (393 a.C.)
Súplica especial contra Calímaco (402 a.C.)
Eginética (391-390 a.C.)
Contra Lóquites (394 a.C.)
Contra Eutino, sin testigos (403 a.C.)
A Dionisio (368 a.C.)
A Filipo I (342 a.C.)
A Filipo II (338 a.C.)
A Antípatro (340 a.C.)
A Alejando (342 a.C.)
A los hijos de Jasón (359 a.C.)
A Timoteo (345 a.C.)
A los gobernantes de los mitileneos (350 a.C.)
A Arquídamos (356 a.C.)
Estilo
Las obras de Isócrates han sido distintivas gracias a sus estilos literarios diferentes. Mientras que su prosa puede revelar un tono elegante y atractivo, puede percibirse la influencia del estilo de Gorgias. En uno de sus escritos Contra los Sofistas, enfatiza la importancia de una «habilidad natural superior», y mientras describe las técnicas literiarias que deben seguirse para un discurso exitoso, sus características «oraciones períodicas» largas resaltan con un claro sentido de estructura y racionalidad por el uso de proposiciones bien equilibradas:
Las formas necesarias de cada tema, unirlas entre ellas para arreglarlas adecuadamente, y luego, no errar los contextos sino embellecer el discurso entero apropiadamente con consideraciones, y decir las palabras de manera rítmica y musical.
Contra los Sofistas (13.16-17)
El estilo de escritura de Isócrates se define por la ausencia hiatos, de repetición de vocales en dos palabras seguidas. Estos rasgos, entre otras cosas, crean dificultades adicionales para los traductores modernos. Asimismo, estas peculiaridades pueden malquistar el interés de los lectores modernos, ya que su prosa tiende a verse como extraña y menos directa. Los lectores pueden notar a veces cierta arrogancia en sus textos; sin embargo, debemos siempre considerar cuán común era esta tendencia en la Antigüedad.
Isócrates prefería llamar a su práctica «filosofía» y «expresión del logos» en vez de retórica. Los expertos actuales piensan que puede que esta evasión fuese intencional con motivo de separar sus ideas de las de Platón, quien usaba «retórica» para criticar la enseñanza de hablar en público. Así, Isócrates intentaba usar el término filosofía para designar estas enseñanzas, para oponerse a Platón de manera indirecta.
Estudié el grado en antropología social, en la Pontificia Universidad Católica de Chile, desde el 2016 al 2020. Fui estudiante de intercambio en la UNAM, Ciudad de México, el primer semestre de 2018. Máster en Lógica de la Universidad de Valladolid.
Un historiador, que obtuvo un título de licenciatura en Historia y Etnología en Grecia, así como un título de maestría en Historia Antigua en los Países Bajos. A Athanasios le fascina la historia antigua de las culturas marítimas y nómadas.
Escrito por Athanasios Fountoukis, publicado el 17 octubre 2022. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.