Guillermo III de Inglaterra (también Guillermo II de Escocia (que reinó de 1689 a 1702), se convirtió en el rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda tras la Revolución gloriosa de 1688. Guillermo, el príncipe protestante de Orange, fue invitado a gobernar en conjunto con su esposa María II de Inglaterra (1689-1694), hija del rey depuesto Jacobo II de Inglaterra (1685-1688), que era católico. Guillermo pasó la mayor parte de su reinado en una guerra indecisa con Francia y no fue popular en su reino adoptivo.
Primeros años
Guillermo de Orange nació el 4 de noviembre de 1650 en el palacio de Binnenhof, en La Haya. Su padre era Guillermo II de Orange y su madre, María Estuardo, hija de Carlos I de Inglaterra (que reinó entre 1625 y 1649). El padre de Guillermo murió antes de que naciera, y perdió a su madre cuando tenía solo 10 años de edad. Ambos habían sucumbido a la viruela. En consecuencia, Guillermo se convirtió en el príncipe de Orange de inmediato, nombre que deriva del pequeño principado cerca de Avignon, en el sur de Francia. El historiador constitucional R. Starkey describe la función exacta de Guillermo como príncipe de Orange de la siguiente manera:
El jefe de la Casa de Orange no era soberano en la República Holandesa, sino el primero entre iguales. En cambio, la soberanía residía en los estados de las siete provincias. Sin embargo, desde que Guillermo el Silencioso había liderado la revuelta holandesa contra España a fines del siglo XVI, sus descendientes, como príncipes de Orange, se nombraban stadholder, o gobernador, de cada una de las provincias, y capitán general y almirante de las Fuerzas Armadas de la república.
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La casa real holandesa estaba en decadencia, había voces antimonárquicas poderosas en los Países Bajos y el país estaba bajo amenaza de Francia, pero la fuerza de carácter de Guillermo y sus lazos con Inglaterra serían su salvación. El príncipe visitó Inglaterra en 1670, le entregaron dos títulos universitarios honorarios y tuvo una audiencia con su tío Carlos II de Inglaterra (que reinó entre 1660 y 1685). Las relaciones familiares del rey inglés no le impidieron ir a la guerra con los Países Bajos en 1672. Durante este conflicto, Guillermo se convirtió en el capitán y almirante general de las Fuerzas Armadas holandesas combinadas. En 1675, el príncipe se lastimó el brazo mientras luchaba contra los franceses, y eso tras sobrevivir una epidemia de viruela el año anterior.
La preocupación principal de Guillermo para los Países Bajos era que este grupo de estados estaba bajo una amenaza cada vez más seria de la Francia católica, que estaba expandiendo su territorio por todo el continente europeo. La Armada holandesa no podía luchar contra Inglaterra y Francia a la vez. Este fue uno de los motivos por los que Guillermo se casó con la princesa María, hija del (futuro) Jacobo II en Whitehall el 4 de noviembre de 1677. María era considerada bastante hermosa, mientras que Guillermo era bajo, encorvado, tenía una nariz aguileña y los dientes negros, y su carácter no ayudaba, ya que era taciturno y carecía de sentido del humor. A pesar de la disparidad física, la pareja terminó creando un vínculo fuerte, aunque Guillermo tuvo al menos una amante (Elizabeth Villiers) y había rumores de que le gustaban los hombres jóvenes. La importancia diplomática del matrimonio pareció tener el efecto deseado cuando Luis XIV de Francia (que reinó de 1643 a 1715) firmó un tratado de paz con los Países Bajos en 1678.
Guillermo de Orange era el nieto de Carlos I de Inglaterra y el yerno de Jacobo II.
Guillermo era protestante calvinista, y María se había criado como protestante ante la insistencia del Parlamento inglés, que temía que su padre católico Jacobo (que se había convertido en 1668) tuviera planes de restituir el catolicismo como la religión estatal cuando sucediera a su hermano mayor Carlos II de Inglaterra. De hecho, cuando Jacobo se convirtió en rey en 1665, empezó a ubicar a católicos en cargos públicos prominentes e insistió que se toleraran ciertas prácticas católicas. Además, el rey era un autoritario que ignoraba ciertas leyes y aplicaba otras cuando le convenía. Incluso destituyó al Parlamento en noviembre de 1685 y no lo volvió a revocar mientras estuvo en el trono. La última gota fue cuando Jacobo finalmente tuvo un hijo, nacido el 10 de junio de 1688: Jacobo Francisco Eduardo. El rey era católico, la reina, María de Módena (fallecida en 1718), era católica y ahora, seguramente, su heredero sería católico.
Cuando, en junio de 1688, varias figuras protestantes prominentes en Inglaterra invitaron a Guillermo de Orange a invadir y convertirse en el rey, este aceptó de buen gusto. Guillermo era el nieto de Carlos I de Inglaterra y el yerno de Jacobo II y era protestante, de modo que los Países Bajos podían ser un aliado muy útil con su poderosa Armada y conexiones comerciales. El príncipe de Orange ya estaba planificando una invasión incluso sin la invitación, y respondió que meramente había estado esperando que soplara un «viento protestante» favorable. La amenaza siempre presente de Francia había permitido que Guillermo disfrazara su flota de 60 buques de guerra como una precaución puramente defensiva.
Los incentivos de Guillermo habrían sido las dos rebeliones durante el reinado de Jacobo II: la rebelión de Argyll en Escocia en mayo de 1685 y la rebelión de Monmouth en el sudoeste de Inglaterra entre junio y julio del mismo año. Ambos fueron asuntos relativamente menores y se suprimieron fácilmente tras atrapar y ejecutar a sus respectivos líderes, pero le mostraron a Guillermo que obtendría al menos algo de apoyo para cambiar el régimen de vuelta a una monarquía protestante. El apoyo y las celebraciones públicas de la exoneración de varios obispos protestantes prominentes a quienes Jacobo había esperado encarcelar fue otra indicación de que el reino estaba lejos de estar unificado en su apoyo del statu quo.
La invasión
El primer intento de Guillermo de llegar a Inglaterra por mar fue aplastado por una tormenta, pero persistió y desembarcó con un ejército de entre 15.000 y 21.000 hombres en Devon el 5 de noviembre de 1688. El ejército era una fuerza experimentada formada por holandeses, ingleses, escoceses, daneses, hugonotes e incluso un contingente de Surinam. El príncipe llevó incluso una imprenta para poder diseminar más fácilmente la propaganda a favor del protestantismo. Cuando desembarcó en Brixham, Guillermo calmó a los ingleses que encontró diciéndoles: «Vengo a hacer el bien. Estoy aquí por el bien de todos» (Cavendish, 338).
Guillermo marchó lentamente hacia el este, a Londres, a través de un clima desfavorable. Mientras tanto, Jacobo quedó aislado, abandonado por expartidarios como John Churchill e incluso su propia hija Ana. La reina abandonó Inglaterra por la seguridad de Francia en diciembre. Jacobo sufrió deserciones más importantes entre los altos oficiales de su ejército, y hubo revueltas inmediatas a favor de Guillermo en Cheshire, Yorkshire y Nottinghamshire. Luego, tras sufrir una extraña serie de hemorragias nasales, el rey decidió abandonar el campo de batalla y seguir a su esposa. Es posible que estuviera sufriendo una crisis mental en este momento, ya que estaba totalmente convencido de que estaba destinado a sufrir el mismo destino terrible que su padre. La reina María logró cruzar el Canal, pero el rey no, a pesar de estar disfrazado de mujer. Unos pescadores lo vieron y lo llevaron prisionero a Kent. Para este momento, Guillermo ya estaba en Londres y decidió que lo mejor que podía hacer con su rival y suegro era permitirle irse a Francia como lo había deseado. Guillermo había logrado la hazaña notable de dirigir la primera invasión exitosa de Inglaterra desde su tocayo Guillermo el Conquistador (que reinó de 1066 a 1087) en 1066.
La versión oficial era que Jacobo había abdicado, y así lo registró el Parlamento el 23 de diciembre de 1688, el día que Jacobo había partido de Inglaterra. Guillermo se convirtió en Guillermo III de Inglaterra mediante un decreto del Parlamento el 13 de febrero de 1689. Este cambio de régimen se conoció como la Revolución gloriosa porque había ocurrido de forma totalmente pacífica (o casi, ya que hubo algunos ataques a casas y capillas católicas durante la marcha de Guillermo a Londres). Ciertamente no había habido batallas o revueltas a nivel del país en apoyo de ninguno de los bandos. Los historiadores whig (a favor de los protestantes) también creían que la revolución había sido «gloriosa» porque había preservado las instituciones existentes de poder, lo cual era cierto, pero la relación entre estas se había alterado, un cambio que solo se intensificó con el tiempo.
El premio dorado de Guillermo tenía algunas limitaciones. La primera era que Guillermo tenía que gobernar en conjunto con su esposa, ahora María II de Inglaterra, aunque en la práctica solo él tenía el poder soberano. Los «whig» de la Cámara de los Comunes (la cámara baja del Parlamento) querían un gobierno conjunto entre Guillermo y María. La opinión de María era que Guillermo debía gobernar como regente de su padre; no tenía ninguna ambición de gobernar sola. Los «tories» de la Cámara de los Lores (la cámara alta del Parlamento) habían querido que María gobernara sola, ya que así se preservaba la tradición de la sucesión, pero Guillermo no quiso conformarse con nada menos que el papel de un rey. En consecuencia, Guillermo III de Inglaterra y María II de Inglaterra fueron coronados en una ceremonia conjunta en la abadía de Westminster el 11 de abril. Su reinado conjunto suele llamarse simplemente «el reinado de Guillermo y María», y las monedas acuñadas del momento mostraban a los dos monarcas juntos.
La segunda limitación la impuso el Parlamento cuando concibieron una nueva forma de gobierno: una monarquía constitucional. Durante los próximos años, el Parlamento aprobó un aluvión de leyes que limitaban los poderes de la monarquía. Atrás habían quedado los días en que los monarcas autoritarios podían destituir al Parlamento por capricho. Ahora, las dos instituciones gobernaban al unísono, un acuerdo establecido por la Carta de Derechos del 16 de diciembre de 1689.
El Parlamento tenía la máxima autoridad en las áreas clave de aprobación de leyes y recaudación de impuestos. También se involucró mucho más en la contabilidad del dinero que se gastaba con fines estatales, sobre todo en el ejército y la armada. La monarquía ahora estaba financiada no por los impuestos que pudiera recaudar o las tierras que pudiera vender, sino por dinero de la Lista Civil emitida por el Parlamento, empezando por la Ley de la Lista Civil de 1697. El rey se lamentaba en privado de que «los Comunes lo usaban como un perro (…). En verdad un rey de Inglaterra (…) es la peor figura del cristianismo» (Starkey, 401).
A Guillermo tal vez no le haya gustado que controlaran su cartera, pero esto significaba que no podía, como tantos de sus predecesores habían hecho antes que él, destituir al Parlamento durante largos períodos y revocarlo solamente cuando se quedaba sin dinero. Y el rey necesitaba muchísimo dinero, ya que estaba decidido a usar su nueva posición para finalmente enfrentarse a los franceses en el campo de batalla y por mar y terminar su dominio de Europa. Así empezó la enormemente costosa guerra de los Nueve Años (1688-1697), durante la cual la Liga de Augsburgo (más tarde llamada la Gran Alianza y formada por potencias como los Países Bajos, el Sacro Imperio Romano Germánico y Gran Bretaña) se enfrentó a Francia. La guerra no tuvo un ganador claro, pero Guillermo sufrió derrotas importantes en Steenkerke, en 1692, y en Neerwinden, en 1693. El rey consiguió una victoria notable contra los franceses en Namur en septiembre de 1695. La guerra se terminó con el tratado de Ryswick firmado el 20 de septiembre de 1697, en el que, entre otras cosas, Luis XIV de Francia (que reinó entre 1643 y 1715) reconocía a Guillermo como el rey legítimo de Inglaterra, Escocia e Irlanda.
Mientras tanto, la lista de limitaciones sobre Guillermo en Gran Bretaña continuaba. A partir de entonces, ningún monarca podía mantener su propio ejército permanente. Solo el Parlamento podía declarar la guerra y cualquier nuevo monarca debía jurar en su coronación que defendería a la Iglesia protestante. Ningún católico o individuo casado con una católica podía volver a ser rey o reina. Para asegurar que el Parlamento no abusara del poder que se le había otorgado, se celebrarían elecciones cada tres años y se garantizaría la libertad de expresión en sus dos cámaras. Finalmente, se aprobó la Ley de Tolerancia en mayo de 1689 que, aunque no fue lo que el Guillermo calvinista había esperado, protegía los derechos de los disidentes protestantes (es decir, los no conformistas), que conformaban el 7 % de la población. Tras un período de persecución bajo los Estuardo, ahora podían adorar libremente a quien quisieran y establecer sus propias escuelas. La Ley de Tolerancia no se aplicaba a católicos ni a judíos.
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Jacobo II no estaba muerto, sino en el exilio y, con el tiempo, alentado por Luis XIV, intentó recuperar su trono. Tras desembarcar en Irlanda en marzo de 1689, tuvo un éxito inicial, pero un asedio de 105 días de la Londonderry (Derry) protestante fracasó. Luego, la llegada del rey en persona con un gran ejército inglés-holandés, superior al de Jacobo tanto en armas como en entrenamiento, le dio la victoria final en la batalla de Boyne el 1 de julio de 1690. El 75 % de Irlanda era católica y, aunque le siguió una guerra de guerrillas, el país se encontró una vez más con un rey protestante, y se firmó un acuerdo de paz, el tratado de Limerick, el 3 de octubre de 1691.
En Escocia, el apoyo de los jacobitas (palabra que proviene de Jacobo II, del latín Jacobus) había sido particularmente fuerte en las tierras altas, pero, en las ciudades, había más apoyo por el Guillermo protestante. La primera vez que el príncipe de Orange desembarcó en Inglaterra, hubo disturbios comprensivos en Edimburgo, donde los católicos y sus propiedades fueron atacados. Una convención se reunió para decidir a quién apoyar, y el 11 de abril de 1689 se tomó la decisión a favor de Guillermo. Al mismo tiempo, la Declaración de Derechos establecía la monarquía allí en términos similares a los declarados en la Carta de Derechos inglesa. María y Guillermo gobernaron de forma conjunta en Escocia cuando aceptaron la corona allí el 11 de mayo de 1689. Hubo una revuelta jacobita liderada por el vizconde Dundee que derrotó a un ejército que apoyaba a Guillermo en Killiecrankie el 27 de julio de 1689. Luego, el 21 de agosto, sufrieron un revés en Dunkeld, donde «Bonnie» Dundee murió. Mientras tanto, se estableció el Gobierno de Escocia bajo el control de la Iglesia presbiteriana.
En febrero de 1692, las divisiones en Escocia se ampliaron cuando los Campbell mandaron masacrar a los partidarios de Jacobo del clan MacDonald en Glencoe. Este trágico incidente se basó totalmente en un malentendido, ya que los MacDonald habían estado en camino a jurarle lealtad al nuevo rey, pero se habían demorado por una tormenta de nieve; los Campbell tomaron esta demora como una negación de su lealtad. Jacobo II murió en 1701 mientras estaba exiliado en Francia, pero su hijo Jacobo (el Viejo Pretendiente) y su nieto Carlos (el Joven Pretendiente) mantuvieron la llama de la rebelión en las tierras altas. Sin embargo, dos revueltas jacobitas en 1715 y 1745 fracasaron, y ya no hubo vuelta atrás para la turbulenta Casa Real de los Estuardo.
La pareja monárquica formaba un buen equipo. María representaba la continuidad con la línea de los Estuardo, lo inglés y la devoción, mientras que Guillermo, a pesar de la falta de calidez de parte de sus súbditos adoptivos, al menos representaba el poder militar protestante. Como el propio rey declaró: «Él debía conquistar enemigos y ella debía ganar amigos» (Starkey, 404). Guillermo era conocido por sus modales abruptos y audiencias muy breves. Era asmático, de modo que evitaba Londres y el palacio de Whitehall debido al aire húmedo del río Támesis. La pareja prefirió construir un nuevo hogar juntos y, así, convirtieron la casa de Nottingham en el palacio de Kensington. Otra de sus residencias favoritas era Hampton Court. Los pasatiempos principales de Guillermo eran cazar, crear jardines formales y coleccionar muebles.
Tanto Guillermo como María buscaban modernizar la monarquía. Ambos estaban en contra de algunas de las tradiciones más dudosas asociadas con el supuesto poder místico de los soberanos. Una de estas era el «Toque del rey», la creencia de que un rey o reina podía curar ciertas enfermedades meramente tocando al enfermo. Guillermo abolió la tradición por completo. También abandonó la tradición según la cual el monarca lavaba los pies de los plebeyos los Jueves Santos.
Este probaría ser un reinado conjunto breve. María contrajo viruela en diciembre de 1694 y murió en el palacio de Kensington el 28 de ese mes. La difunta reina fue enterrada en la abadía de Westminster tras una impresionante ceremonia en la que destacó la música compuesta por Henry Purcell (fallecido en 1695). Guillermo estaba angustiado por la muerte de María, de tan solo 32 años, y se negó a casarse de nuevo. Cuando los parlamentarios le ofrecieron formalmente sus condolencias, el rey estaba tan abrumado por la emoción que fue incapaz de responder. En 1696, sobrevivió un secuestro e intento de asesinato por parte de simpatizantes jacobitas, pero, en todo caso, esto provocó una mayor simpatía del público por Guillermo. No obstante, siguió habiendo una sospecha mutua entre el soberano y sus súbditos, uno de los motivos por los que el rey insistió en mantener una guardia personal formada por la Guardia azul holandesa (hasta que el Parlamento ordenó su destitución en 1699).
Muerte y sucesor
Guillermo murió el 8 de marzo de 1702 en el palacio de Kensington. Había sufrido una infección luego de caerse de su caballo y romperse la clavícula en febrero. El caballo del rey se había tropezado con la madriguera de un topo en Richmond Park, una trivialidad que causó la muerte del rey en dos semanas. El rey fue enterrado en la abadía de Westminster tras un funeral inusualmente simple a medianoche, que más que nada ilustraba que Guillermo nunca había sido totalmente aceptado por sus súbditos.
Guillermo y María habían sufrido la pérdida de tres bebés nacidos muertos, así que no tenían herederos directos. En consecuencia, la hermana de María, Ana (nacida en 1665), que había sido la heredera oficial desde febrero de 1695, se convirtió en reina y luego reinó sobre un reino unido como reina de Gran Bretaña e Irlanda desde 1707 hasta 1714.Ana, reina de Gran Bretaña, fue la última de los monarcas Estuardo y le sucedió Jorge I de Gran Bretaña (que reinó de 1714 a 1727) de la Casa de Hannover. La fuerza conjunta de la monarquía y el Parlamento, combinada con las reformas económicas y una gran inversión y modernización de la Marina Real, ahora la más poderosa del mundo, significaba que Gran Bretaña entró en el siglo XVIII lista para enfrentarse al mundo y crear un imperio de tamaño y riqueza sin precedentes.
Guillermo III de Inglaterra fue conocido por la Revolución gloriosa de 1688, durante la cual le arrebató el trono pacíficamente a Jacobo II de Inglaterra, quien abdicó. Los sucesos fueron más violentos en Escocia e Irlanda, pero Guillermo regresó la monarquía británica al protestantismo y, durante su reinado, se inició una monarquía constitucional.
¿Por qué Guillermo era conocido como el príncipe de Orange?
Guillermo, príncipe de Orange, era holandés, pero lo llamaban así porque su familia controlaba el pequeño principado de Orange, en el sur de Francia.
¿Por qué gobernaron juntos Guillermo III y María II?
Guillermo III y María II gobernaron juntos porque el Parlamento quería continuar la línea directa de monarcas Estuardo a través de María, pero también contar con el poderoso aliado de los Países Bajos a través de Guillermo.
¿Quién sucedió a Guillermo III de Inglaterra?
Guillermo III de Inglaterra, que no tuvo hijos, fue sucedido por su cuñada Ana, reina de Gran Bretaña, en 1702.
Soy traductora pública, literaria y científico-técnica de inglés al español y me apasiona todo lo relacionado con la arqueología, la historia y la religión.
Mark es el director de publicaciones de World History Encyclopedia y tiene una maestría en Filosofía Política (Universidad de York). Es investigador, escritor, historiador y editor a tiempo completo. Entre sus intereses se encuentra particularmente el arte, la arquitectura y el descubrimiento de las ideas que todas las civilizaciones comparten.
Escrito por Mark Cartwright, publicado el 15 septiembre 2022. El titular de los derechos de autor publicó este contenido bajo la siguiente licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Por favor, ten en cuenta que el contenido vinculado con esta página puede tener términos de licencia diferentes.